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Perspectivas de la Economía Y Cuestiones de Política Económica

Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
June 2003
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Cuando se publicó la última edición de Perspectivas de la economía mundial en septiembre de 2002, se esperaba que la recuperación mundial mantuviera un ritmo moderado, pero se consideraba que el riesgo fundamental era que las proyecciones debieran revisarse a la baja. En definitiva, la actividad en el segundo y tercer trimestres de 2002—salvo en Europa occidental—resultó más dinámica de lo que se esperaba; en consecuencia, actualmente se estima que el crecimiento del PIB global durante la totalidad del año será de 3%, es decir, 0,2 puntos porcentuales más alto de lo que se había proyectado (gráfico 1.1 y cuadro 1.1). Pero desde entonces la recuperación ha perdido impulso, sobre todo en los países industriales, en el contexto de una creciente incertidumbre en el período previo a la guerra en Iraq y de la persistencia de las repercusiones adversas causadas por el estallido de la burbuja de precios en el mercado bursátil. La producción industrial se ha estancado en la mayoría de los países avanzados, paralelamente a una desaceleración del crecimiento del comercio mundial; en los mercados de trabajo hay un exceso de oferta, y los indicadores anticipados—salvo unas pocas excepciones—en general se han deteriorado (gráfico 1.2). Por otra parte, mientras que la inversión fija mundial ha comenzado a repuntar, no parece ser aún lo suficientemente firme como para sostener la recuperación si se desacelera el crecimiento del consumo, que junto con el cambio en el ciclo de las existencias, ha sido hasta el momento el sostén clave de la demanda.

Gráfico 1.1.Indicadores mundiales1

(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)

Se prevé que la recuperación siga siendo moderada en 2003, con un retorno a la tendencia de crecimiento mundial en 2004.

1La franja sombreada indica proyecciones del personal técnico del FMI. Los agregados se calculan tomando como base ponderaciones de la paridad del poder adquisitivo, salvo indicación contraria.

2Tasa de crecimiento medio en los distintos países, agregadas usando ponderaciones de la paridad del poder adquisitivo; las cifras globales varían con el tiempo a favor de los países de crecimiento más rápido, debido a lo cual la linea adquiere una tendencia ascendente.

3Promedio ponderado en función del PIB de las tasas de rendimiento de los bonos del Estado a 10 años (o el vencimiento más próximo a 10 años) descontada la tasa de inflación en Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Canadá No se incluye Italia antes de 1972.

4Promedio simple de los precios de entrega inmediata de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai y West Texas Intermedíate.

Cuadro 1.1.Panorámica de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)
Proyecciones

actuales
Diferencias con las

proyecciones de

septiembre de 20021
200120022003200420022003
Producto mundial2,33,03,24,10,2–0,5
Economías avanzadas0,91,81,92,90,1–0,6
Estados Unidos0,32,42,23,60,2–0,4
Zona del euro1,40,81,12,3–0,1–1,2
Alemania0,60,20,51,9–0,3–1,5
Francia1,81,21,22,4–1,1
Italia1,80,41,12,3–0,3–1,2
Japón0,40,30,81,00,8–0,3
Reino Unido2,01,62,02,5–0,1–0,4
Canadá1,53,42,83,2–0,6
Otras economías avanzadas1,62,72,53,20,1–0,8
Economías asiáticas recientemente industrializadas0,84,64,14,5–0,1–0,8
Países en desarrollo3,94,65,05,80,3–0,3
África3,63,43,95,20,3–0,3
América0,6–0,11,54,20,2–1,5
Brasil1,41,52,83,5–0,2
Oriente Medio y Turquía21,44,55,14,90,90,4
Países en desarrollo de Asia5,76,56,36,50,4
China7,38,07,57,50,50,3
India4,24,95,15,9–0,1–0,6
ASEAN-432,64,33,94,30,7–0,3
Países en transición5,14,14,04,10,2–0,5
Europa central y oriental3,02,93,44,30,2–0,4
Comunidad de Estados Independientes y Mongolia6,34,84,44,00,2–0,5
Rusia5,04,34,03,5–0,1–0,9
Excluida Rusia9,15,85,34,90,60,4
Partida informativa
Crecimiento mundial según tipos de cambio de mercado1,21,92,23,20,2–0,6
Volumen del comercio mundial (bienes y servicios)0,12,94,36,10,8–1,8
Importación
Economías avanzadas–1,12,14,75,90,4–1,5
Países en desarrollo2,25,44,78,01,6–2,4
Países en transición11,86,36,13,1–0,7–2,0
Exportación
Economías avanzadas–1,02,03,85,80,8–1,6
Países en desarrollo3,35,13,77,61,9–2,8
Países en transición5,66,35,92,71,1–0,3
Precios de los productos básicos (dólares de EE.UU.)
Petróleo4–13,92,824,2–19,42,325,0
No combustibles (media basada en ponderaciones de la exportación mundial de productos básicos)–5,43,89,42,3–0,43,7
Precios al consumidor
Economías avanzadas2,21,51,91,70,10,2
Países en desarrollo5,85,45,85,1
Países en transición16,311,19,47,4–0,30,6
Tasa interbancaria de oferta de Londres a seis meses (LIBOR, porcentaje)
Sobre los depósitos en dólares de EE.UU.3,71,91,73,5–0,2–1,5
Sobre los depósitos en euros4,23,32,42,5–0,1–1,4
Sobre los depósitos en yenes japoneses0,20,10,10,3
Nota: Se ha partido de la hipótesis de que los tipos de cambio efectivos reales se mantienen constantes a los niveles vigentes durante el período comprendido entre el 7 de febrero y el 7 de marzo de 2003.

Utilizando ponderaciones actualizadas de la paridad del poder adquisitivo (PPA), que se resumen en el cuadro A del apéndice estadístico.

Incluye Malta.

Incluye Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Promedio simple de los precios de entrega inmediata de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai y West Texas Intermediate. En 2002 el precio medio del petróleo fue $25,00 el barril; se supone que el precio será $31,00 en 2003 y $25,00 en 2004.

Nota: Se ha partido de la hipótesis de que los tipos de cambio efectivos reales se mantienen constantes a los niveles vigentes durante el período comprendido entre el 7 de febrero y el 7 de marzo de 2003.

Utilizando ponderaciones actualizadas de la paridad del poder adquisitivo (PPA), que se resumen en el cuadro A del apéndice estadístico.

Incluye Malta.

Incluye Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Promedio simple de los precios de entrega inmediata de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai y West Texas Intermediate. En 2002 el precio medio del petróleo fue $25,00 el barril; se supone que el precio será $31,00 en 2003 y $25,00 en 2004.

Gráfico 1.2.Indicadores corrientes y anticipados

(Variación porcentual de la tasa anual con respecto al trimestre previo, salvo indicación contraria)

La recuperación de la producción industrial y el comercio mundiales se ha desacelerado y la mayoría de los indicadores anticipados han dado un giro a la baja.

Fuentes: Haver Analytics. Confianza de las empresas: Estados Unidos, Asociación Nacional de Gerentes de Compras: zona del euro, Comisión Europea; Japón, Banco de Japón. Confianza de los consumidores: Estados Unidos. The Conference Board; zona del euro, Comisión Europea; Japón, Agencia de Planificación Económica.

1Australia, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Japón, Noruega, Nueva Zelandia, Reino Unido, Suecia, Suiza y la zona del euro.

2Argentina, Brasil, Chile, China, Colombia, Corea, Filipinas, RAE de Hong Kong, Hungría, India, Indonesia, Israel, Malasia, México, Pakistán, Perú, Polonia, República Checa, Rusia, Singapur, Sudáfrica, Tailandia, provincia china de Taiwan, Turquía y Venezuela.

3Los datos de T1–T4 de 2002 correspondientes a China, India y Rusia se han interpolado.

Tras registrar un fortalecimiento en el último trimestre de 2002, los mercados financieros maduros sufrieron un revés a principios de 2003; en los mercados de acciones las cotizaciones bajaron 40%–60% con respecto a los valores máximos de principios de 2000 (gráfico 1.3)1. Ello parece deberse, en gran medida, al aumento de los riesgos y la incertidumbre respecto a la situación geopolítica y a la atonía con que se está produciendo la recuperación, que se está compensando en parte con una cierta mejora en la disposición de los inversionistas a asumir riesgos. Al mismo tiempo, se mantuvo la depresión de los mercados de bonos, como consecuencia de las expectativas de bajo crecimiento, al tiempo que se redujeron las primas de riesgo de las empresas, sobre todo para los efectos comerciales de alto rendimiento, a lo que contribuyó quizás una cierta disminución de la inquietud por los problemas de gestión empresarial. En los mercados de divisas, el dólar de EE.UU. volvió a depreciarse en diciembre, como resultado de la preocupante situación geopolítica y de la fuerte dependencia de la afluencia de capital extranjero que continúa teniendo Estados Unidos. Para mediados de marzo, el dólar de EE.UU. se había depreciado un 14%, en cifras ponderadas por el comercio exterior, con respecto al máximo registrado a principios de 2002. La depreciación del dólar vino acompañada de sendas apreciaciones del euro y del yen japonés de un 13% y un 4%, respectivamente. No obstante, desde mediados de marzo, al aumentar en forma acusada las expectativas de que la guerra comenzaría de inmediato—y concluiría rápidamente—se han revertido estas tendencias: se ha observado un repunte en los mercados bursátiles mundiales, ha aumentado el rendimiento de los bonos y el dólar de EE.UU. se ha apreciado frente a casi todas las principales monedas. En el momento en que se está preparando el presente informe, se mantiene la inestabilidad en los mercados y es posible que se produzcan oscilaciones en cualquier dirección, dependiendo de cómo evolucione la situación geopolítica.

Gráfico 1.3.Evolución de los mercados financieros maduros

Pese al repunte del apetito de riesgo, los mercados de acciones permanecen débiles, y el dólar de EE.UU. ha comenzado a depreciarse una vez más.

Fuentes: Bloomberg Financial Markets, LP; State Street Bank; Banco de Pagos Internacionales, y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Calculada como la diferencia entre la tasa de los bonos del Estado a 10 años y la tasa de interés a tres meses.

2Indicadores del apetito de riesgo del FMI/State Street.

En los mercados emergentes, han mejorado las condiciones de financiamiento, a lo que contribuyeron una actitud más favorable con respecto a Brasil y, hasta hace poco, Turquía después de las elecciones que tuvieron lugar en estos países, el efecto del respaldo financiero concreto o previsible de la comunidad internacional, incluido el Fondo Monetario Internacional (FMI), y una cierta mejora en la disposición de los inversionistas a asumir riesgos. En 2002, los flujos netos de capital aumentaron en todas las grandes regiones, salvo en América—donde la inversión extranjera directa registró una fuerte reducción—aunque siguen siendo moderados en comparación con los niveles históricos (cuadro 1.2). Desde octubre las primas de riesgo de los mercados emergentes se redujeron acusadamente (gráfico 1.4), aunque ha comenzado a observarse una mayor selectividad frente a estos mercados. En algunos mercados clave—entre ellos Rusia, Europa oriental y México—las primas bajaron drásticamente, en ciertos casos hasta niveles sin precedentes. En cambio, en los casos en que aún se perciben riesgos considerables, en especial en algunos países de América del Sur y Turquía, las primas siguen siendo relativamente altas. Análogamente, se observa una clasificación selectiva en los mercados primarios, donde—pese a un acusado repunte de las emisiones desde noviembre—solo han logrado acceso al mercado unos pocos prestatarios de América Latina cuyos títulos reciben la calificación de inversión especulativa, y por lo tanto la mayoría de ellos no ha podido prefinanciar en un grado significativo sus necesidades de crédito para 2003. Los mercados emergentes de acciones han evolucionado, en general, a la par de los mercados de acciones maduros; en los mercados de divisas, fuera de Europa oriental y Sudáfrica, los tipos de cambio se han mantenido constantes en términos generales o han bajado ponderados por el comercio exterior (esto último principalmente en algunos países de América Latina y Asia, entre ellos China y la RAE de Hong Kong, cuyas monedas están estrechamente vinculadas al dólar de EE.UU.)

Cuadro 1.2.PIB real, precios al consumidor y desempleo en economías avanzadas(Variación porcentual anual y porcentaje de la población activa)
PIB realPrecios al consumidorDesempleo
200120022003200420012002200320042001200220032004
Economías avanzadas0,91,81,92,92,21,51,91,75,96,46,66,5
Estados Unidos0,32,42,23,62,81,62,32,34,85,86,25,9
Zona del euro11,40,81,12,32,62,32,01,58,08,38,88,7
Alemania0,60,20,51,92,41,31,00,77,88,28,88,8
Francia1,81,21,22,41,81,92,01,68,68,89,19,1
Italia1,80,41,12,32,72,62,41,69,59,09,39,1
España2,72,02,23,12,83,63,22,810,511,411,410,9
Países Bajos1,20,30,61,85,13,92,42,22,02,33,44,3
Bélgica0,80,71,12,22,41,61,21,26,77,37,77,8
Austria0,70,91,52,42,31,81,51,43,64,14,54,1
Finlandia0,71,62,12,82,72,22,01,79,19.39,59,1
Grecia4,14,03,63,63,73,93,83,010,49,99,89,7
Portugal1,60,5–0,31,84,43,73,22,14,15,16,87,0
Irlanda5,75,93,34,54,04,74,43,23,94,45,35,3
Luxemburgo1,00,51,54,02,72,12,01,72,62,83,23,3
Japón0,40,30,81,0–0,7–0,9–0,7–0,65,05,45,55,4
Reino Unido22,01,62,02,52,12,22,82,75,15,25,45,3
Canadá1,53,42,83,22,52,03,12,17,27,67,66,9
Corea3,06,15,05,34,12,83,53,23,83,03,03,0
Australia2,73,83,03,74,43,02,72,56,76,36,05,7
Taiwan, provincia china de–2,23,53,23,7–0,20,30,84,65,24,94,8
Suecia1,11,91,62,12,72,02,71,94,04,04,24,2
Suiza1,10,10,61,71,00,70,70,21,92,84,34,0
Hong Kong, RAE de0,62,33,03,3–1,6–3,0–1,6–1,05,17,37,06,6
Dinamarca1,41,61,42,12,22,42,52,24,95,05,25,1
Noruega1,41,61,52,03,01,33,12,53,63,94,24,0
Israel–0,9–1,00,52,21,15,72,81,09,410,310,710,1
Singapur–2,42,23,03,51,0–0,40,91,73,34,44,54,0
Nueva Zelandia32,44,22,73,02,72,71,92,05,35,25,45,3
Chipre4,12,02,24,32,02,84,32,03,03,23,43,3
Islandia2,9–0,51,62,96,64,82,22,51,42,53,02,5
Partidas informativas
Principales economías
avanzadas0,71,61,72,82,11,31,71,65,96,56,86,6
Unión Europea1,61,01,32,42,52,32,21,87,47,78,08,0
Economías asiáticas recientemente industrializadas0,84,64,14,51,91,01,81,94,14,14,03,9

Basados en el índice armonizado de precios al consumo de Eurostat.

Los precios al consumidor se basan en el índice de precios al por menor, excluidos los intereses hipotecarios.

Precios al consumidor, excluidas las tasas de interés.

Basados en el índice armonizado de precios al consumo de Eurostat.

Los precios al consumidor se basan en el índice de precios al por menor, excluidos los intereses hipotecarios.

Precios al consumidor, excluidas las tasas de interés.

Gráfico 1.4.Situación financiera de los mercados emergentes

Las condiciones del financiamiento de los mercados emergentes han mejorado en los últimos meses, pero los diferenciales para algunos países siguen siendo elevados y las emisiones en el mercado primario aún son modestas.

Fuentes: Bloomberg Financial Markets, LP. J.P. Morgan Chase y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Media de la correlación cruzada móvil en 30 días de los diferenciales de deuda para los mercados emergentes.

La incertidumbre geopolítica también ha tenido un efecto importante en los mercados de productos básicos. Los precios del petróleo mostraron una considerable volatilidad durante gran parte de 2002, pero posteriormente, a finales de 2002 y principios de 2003, subieron drásticamente debido a una mayor probabilidad de guerra en Iraq y a perturbaciones de la oferta relacionadas con la crisis política en Venezuela (véase apéndice 1.1, “Mercados de productos básicos”). Pese a la decisión adoptada por la OPEP a principios de enero de elevar el volumen de producción fijado como meta en 1,5 millones de barriles diarios, los precios siguieron subiendo, y para mediados de marzo habían llegado a un nivel máximo de $34 el barril. Desde entonces, como reflejo de la evolución de los mercados financieros antes mencionada, los precios registraron un fuerte descenso ante la expectativa de que la guerra comenzaría pronto y sería corta, pero persiste en el mercado una extraordinaria volatilidad. Los precios de los productos básicos no combustibles también subieron sustancialmente en 2002, sobre todo en el caso de los alimentos, los productos para la preparación de bebidas y las materias primas agrícolas, aunque siguen siendo bajos en comparación con los niveles históricos. Si bien esta situación fue provocada en parte por la recuperación mundial, la principal causa fueron las condiciones climáticas adversas imperantes en parte de América del Norte, Australia, Brasil y África; si las condiciones mejoran, es probable que los precios de los productos básicos no combustibles vuelvan a aumentar solo moderadamente en 20032.

Cuatro características de la coyuntura actual parecen especialmente pertinentes para evaluar las perspectivas mundiales:

  • La incertidumbre geopolítica y de otra naturaleza, y cómo resolverla. En el período previo a la guerra en Iraq, la incertidumbre geopolítica se agudizó enormemente, en parte debido a la tendencia al alza (hasta hace poco) de los precios del petróleo y del oro. Este aumento ya está produciendo un efecto sustancial: cabe destacar que la revisión al alza de los precios del petróleo desde la última edición de Perspectivas de la economía mundial, y todos los factores de incertidumbre que esta conlleva, explican gran parte de la revisión a la baja del crecimiento mundial previsto para 2003. Obviamente, mucho depende ahora de la rapidez con que se resuelva el conflicto, del grado en que se logre contener dentro de Iraq y del daño a la infraestructura y otras instalaciones, todo lo cual es imposible de predecir a esta altura (véase apéndice 1.2, “¿Cómo afectará la guerra en Iraq a la economía mundial?”). A diferencia de la situación imperante antes del conflicto de Oriente Medio de 1991, los mercados—sobre todo desde mediados de marzo—parecen estar fijando los precios previendo que la situación se resolverá de manera rápida y con un costo relativamente bajo. Consiguientemente, los riesgos de que la situación sea más favorable de lo esperado si el resultado es benigno, aunque reales, probablemente sean menores que los riesgos de una situación más desfavorable si los problemas resultan ser peores de lo previsto.
  • El grado de persistencia del efecto negativo del estallido de la burbuja de precios en los mercados de acciones. En la mayoría de los países, es probable que el efecto directo de la caída de las cotizaciones bursátiles sobre el crecimiento de la demanda haya registrado su mayor intensidad a finales de 2002 o que lo haga en el primer semestre de 2003; con posterioridad, si dichas cotizaciones no siguen bajando, el efecto negativo sobre el crecimiento del PIB—aunque todavía significativo—debería comenzar a reducirse. Esto también coincide en términos generales con lo sucedido en el pasado, ya que la experiencia indica que el crecimiento del PIB comienza a recuperarse plenamente dos a tres años después de que estalla la burbuja de precios de las acciones (véase capítulo II). Sin embargo, subsisten motivos de considerable incertidumbre, entre los que cabe señalar el impacto en los balances de los bancos y compañías de seguro en Japón y algunos países europeos. En el sector empresarial, el excedente de capacidad, las pérdidas de los planes de pensiones de prestaciones definidas y un nivel aún alto de endeudamiento de las empresas representan—en diferente grado—un lastre para la inversión en las tres principales zonas monetarias (capítulo II).
  • Las acusadas diferencias en el estímulo macroeconómico en curso en las zonas monetarias clave. En Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido, se han aplicado una política monetaria y una política fiscal considerablemente más expansivas que en la zona del euro y Japón en respuesta a la desaceleración mundial (gráfico 1.5), en parte debido a que en los dos últimos casos el margen de maniobra es menor. Se prevé que en 2003 se mantendrá este fenómeno, reforzado por la evolución reciente de los tipos de cambio, lo que tenderá a agudizar la dependencia mundial del crecimiento de Estados Unidos.

Gráfico 1.5.Distensión de las políticas monetarias y fiscales en los principales países avanzados

(Porcentaje)

En Estados Unidos y el Remo Unido se han aplicado políticas monetarias y fiscales significativamente más expansionistas que en la zona del euro y Japón.

Fuente: Estimaciones del personal técnico del FMI.

1La mejora de la balanza fiscal estructural de Japón en el período 2000–02 es consecuencia de los costos que genera por una sola vez el apoyo a la banca en el año base y que equivalen al 1.2% del PIB en 2000. frente a cero en 2002. Si se excluye ese apoyo (y se incluye el seguro social), la balanza estructural en realidad se deterioró en casi 1% del PIB.

  • Las variaciones de las principales monedas. Como se mencionó antes, el dólar de EE.UU. se depreció acusadamente durante el último año, lo cual es en general positivo dada la persistencia de grandes desequilibrios en la economía mundial, según se analiza con mayor detalle más abajo. Sin embargo, la incertidumbre geopolítica también parece haber influido; en consecuencia, es probable que persista la volatilidad en los mercados de divisas en el futuro inmediato, con oscilaciones significativas en ambas direcciones según evolucionen los acontecimientos. Estas oscilaciones tienen importantes efectos en la actividad y la inflación, sobre todo cuando—como en Japón—las autoridades tienen relativamente poco margen de maniobra para aplicar una política compensatoria3.

Las proyecciones de referencia elaboradas por el personal técnico del FMI se basan en el supuesto de que a corto plazo se despeje en términos generales la incertidumbre en torno al conflicto en Iraq, con escasas repercusiones fuera de la región, y que, consiguientemente, el efecto en la economía mundial sea limitado. Partiendo de esta base, se prevé que la recuperación mundial continuará durante 2003, aunque a un ritmo relativamente moderado, y que el crecimiento del PIB en las principales zonas monetarias se mantendrá por debajo del potencial hasta el final del año (gráfico 1.6). Para la totalidad del año, las proyecciones indican un crecimiento mundial de 3,2%, es decir, 0,2 puntos porcentuales más alto que en 2002, respaldado por una reducción de la incertidumbre geopolítica, un gradual desvanecimiento de los factores que frenan el crecimiento, descritos anteriormente, el estímulo de política económica aún en ciernes, y un giro en el ciclo de las existencias. Se esperaría que la política monetaria mantuviera una postura acomodaticia: en la zona del euro es posible una mayor expansión, en Estados Unidos y otros países se aplazaría por lo menos hasta fines de 2003 el aumento de las tasas de interés, y en Japón se mantendría la política de tasa de interés cero.

Gráfico 1.6.Perspectivas mundiales

(Variación porcentual respecto a cuatro trimestres antes)

En la mayoría de las regiones, el crecimiento del PIB será menos dinámico de lo inicialmente previsto, y en Estados Unidos y la zona del euro no se acercará a su potencial sino hasta finales de 2003

Fuentes: Haver Analytics y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Australia, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Japón, Noruega, Nueva Zelandia, Reino Unido, Suecia, Suiza y la zona del euro.

2Corea, RAE de Hong Kong, provincia china de Taiwan y Singapur.

3Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

4Hungría, Israel, Pakistán, Polonia, República Checa, Rusia, Sudáfrica y Turquía.

5Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela.

Un examen de los distintos países y regiones muestra la siguiente situación:

  • En lo que respecta a los países industriales, se espera que Estados Unidos siga encabezando la reactivación, aunque las proyecciones indican que el crecimiento del PIB será algo menor que en 2002; la atonía actual quedará compensada en parte por una recuperación de la confianza y la inversión y por un mayor estímulo fiscal (cuadro 1.3). En la zona del euro, en un contexto en que la demanda sigue estando deprimida, la política fiscal mantiene una tónica restrictiva y el euro se está apreciando, las proyecciones muestran una fuerte reducción del crecimiento. La situación en Alemania es motivo de especial inquietud ya que se prevé por tercer año consecutivo un crecimiento del PIB muy inferior al 1% y se están haciendo más evidentes las tensiones en el sector financiero. También se prevé que el crecimiento del PIB sea mediocre en Japón, donde persiste la deflación y se espera que el crecimiento de la demanda interna siga reduciéndose.
Cuadro 1.3.Flujos netos de capital a las economías de mercados emergentes1(Miles de millones de dólares de EE.UU.)
1995199619971998199920002001200220032004
Total2
Flujos netos de capital privado3208,4228,375,753,496,051,138,885,990,5113,2
Inversión privada directa neta95,0109,5136,0148,8156,8149,0170,5139,2147,6146,7
Inversión privada de cartera neta48,894,648,51,741,412,1–38,5–36,6–3,510,3
Otros flujos netos de capital privado64,624,2–108,8–97,1–102,2–110,1–93,2–16,7–53,6–43,7
Flujos oficiales netos28,3–2,856,383,014,0–3,838,825,8–1,9–18,0
Variación de las reservas4–117,5–109,9–62,0–53,5–86,8–113,3–118,5–209,0–199,0–141,1
Partida informativa
Cuenta corriente5–93,5–90,4–71,8–51,334,0125,784,1114,3135,765,6
África
Flujos netos de capital privado311,310,09,010,413,74,86,05,510,08,3
Inversión privada directa neta1,93,57,86,39,47,822,48,911,110,8
Inversión privada de cartera neta2,52,87,03,78,2–2,2–9,1–1,2–1,40,6
Otros flujos netos de capital privado6,93,7–5,90,4–3,9–0,8–7,3–2,30,3–3,1
Flujos oficiales netos5,7–2,23,24,22,03,01,62,21,32,1
Variación de las reservas4–2,5–7,9–11,12,8–3,5–13,2–11,9–1,4–12,0–11,2
América
Flujos netos de capital privado339,165,358,763,350,250,534,72,127,659,4
Inversión privada directa neta21,035,251,156,158,157,165,938,536,042,7
Inversión privada de cartera neta7,044,128,323,719,621,22,8–6,56,415,9
Otros flujos netos de capital privado11,0–14,0–20,8–16,5–27,5–27,8–33,9–29,8–14,90,9
Flujos oficiales netos20,03,914,615,50,7–4,323,718,47,0–21,2
Variación de las reservas4–22,9–29,0–13,28,48,7–3,60,8–1,3–17,7–10,9
Oriente Medio y Turquía6
Flujos netos de capital privado38,29,516,910,2–3,9–18,8–38,3–25,3–6,01,9
Inversión privada directa neta6,44,75,26,25,37,710,57,312,712,2
Inversión privada de cartera neta2,01,8–0,9–13,2–3,2–13,4–22,0–14,2–8,3–2,4
Otros flujos netos de capital privado–0,33,012,617,1–6,0–13,1–26,9–18,4–10,4–7,9
Flujos oficiales netos4,45,95,93,63,7–2,56,312,53,76,1
Variación de las reservas4–11,6–22,2–19,49,7–6,4–27,3–4,9–8,0–51,5–28,5
Países en desarrollo de Asia7
Flujos netos de capital privado398,4123,212,0–44,96,3–18,315,569,518,413,8
Inversión privada directa neta52,653,756,459,360,353,046,555,357,456,7
Inversión privada de cartera neta22,732,87,1–17,914,44,3–13,5–18,1–3,0–7,0
Otros flujos netos de capital privado23,136,6–51,5–86,3–68,4–75,5–17,632,3–35,9–35,9
Flujos oficiales netos4,3–12,717,126,14,23,2–6,0–10,2–5,8–1,8
Variación de las reservas4–43,1–46,6–15,0–67,9–78,9–49,0–84,6–166,9–87,6–79,5
Partida informativa
RAE de Hong Kong
Flujos netos de capital privado3–3,5–7,111,7–8,51,120,7–6,6–8,9–17,7–20,4
Países en transición
Flujos netos de capital privado351,420,2–20,914,529,832,920,934,140,429,9
Inversión privada directa neta13,012,315,520,823,823,425,229,230,324,4
Inversión privada de cartera neta14,613,16,95,42,42,43,23,42,73,2
Otros flujos netos de capital privado23,8–5,1–43,3–11,83,67,1–7,41,57,42,2
Flujos oficiales netos–6,02,215,533,73,5–3,113,22,9–8,2–3,1
Variación de las reservas4–37,4–4,2–3,3–6,5–6,7–20,1–18,0–31,4–30,2–11,0
Partidas informativas
Exportadores de combustibles
Flujos netos de capital privado321,9–7,9–35,0–8,4–14,5–28,7–43,1–40,9–13,4–12,6
Exportadores de productos no combustibles
Flujos netos de capital privado3186,5236,2110,661,8110,579,881,9126,8103,8125,8

Los flujos netos de capital comprenden la inversión directa neta, la inversión de cartera neta y otros flujos netos de inversión a largo y corto plazo, incluidos los empréstitos oficiales y privados. Los mercados emergentes incluyen los países en desarrollo, los países en transición, Corea, Singapur, la provincia china de Taiwan e Israel.

No incluye la RAE de Hong Kong.

Debido a limitaciones de datos, “otros flujos netos de capital privado” podría incluir algunos flujos oficiales.

EI signo menos indica un aumento.

La suma del saldo en cuenta corriente, los flujos netos de capital privado, los flujos oficiales netos y la variación de las reservas equivale, con signo contrario, a la suma de la cuenta de capital y financiera y los errores y omisiones. Los saldos en cuenta corriente por región figuran en el cuadro 27 del apéndice estadístico.

Incluye Israel y Malta.

En este cuadro, pertenecen a este grupo Corea, Singapur y la provincia china de Taiwan.

Los flujos netos de capital comprenden la inversión directa neta, la inversión de cartera neta y otros flujos netos de inversión a largo y corto plazo, incluidos los empréstitos oficiales y privados. Los mercados emergentes incluyen los países en desarrollo, los países en transición, Corea, Singapur, la provincia china de Taiwan e Israel.

No incluye la RAE de Hong Kong.

Debido a limitaciones de datos, “otros flujos netos de capital privado” podría incluir algunos flujos oficiales.

EI signo menos indica un aumento.

La suma del saldo en cuenta corriente, los flujos netos de capital privado, los flujos oficiales netos y la variación de las reservas equivale, con signo contrario, a la suma de la cuenta de capital y financiera y los errores y omisiones. Los saldos en cuenta corriente por región figuran en el cuadro 27 del apéndice estadístico.

Incluye Israel y Malta.

En este cuadro, pertenecen a este grupo Corea, Singapur y la provincia china de Taiwan.

  • En los mercados emergentes, el crecimiento del PIB previsto para 2003 se ha reducido moderadamente, en parte debido al deterioro de las perspectivas para los países industriales. En los países de mercados emergentes de Asia, el crecimiento superó las expectativas en 2002, sobre todo en China, y se prevé que en 2003 se mantenga un crecimiento vigoroso; sin embargo, la desaceleración registrada en los últimos tiempos a escala mundial en el sector de tecnología de la información, de mantenerse, repercutirá negativamente en las economías de reciente industrialización y en los países de la ASEAN–4 (Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia), y la reciente eclosión del síndrome respiratorio agudo severo (SRAS) plantea un riesgo para la actividad en varios países. En general, la demanda interna se fortaleció, pero en la mayoría de los países no tiene la firmeza suficiente para respaldar una recuperación autosostenida, y la región sigue registrando un superávit de balanza de pagos muy elevado frente al resto del mundo (cuadro 1.3). En América Latina, después de una profunda recesión en 2001–02, la actividad comenzó a repuntar. Sin embargo, subsisten considerables factores de vulnerabilidad en varios países, entre ellos Argentina, Brasil y Uruguay, y la crisis política ha tenido un grave impacto en la actividad económica en Venezuela. En Oriente Medio, muchos países se han visto beneficiados por el aumento de los precios del petróleo, pero la situación de la región en materia de seguridad sigue afectando muy negativamente a la actividad, incluso en los países con estrechas relaciones económicas con Iraq y en Israel y Cisjordania y Faja de Gaza. El crecimiento del PIB en Turquía ha superado las expectativas, pero el nuevo gobierno se enfrenta a grandes desafíos, sobre todo ante las recientes desviaciones de la política económica y el impacto de la guerra en Iraq. El crecimiento del PIB también ha mantenido un sólido nivel en los países en transirían, aunque en Rusia las demoras en la realización de las reformas han deteriorado las perspectivas para la inversión. En Europa central y oriental, el crecimiento del PIB sigue estando respaldado por una fuerte entrada de inversión extranjera directa a medida que se aproxima el ingreso en la UE, lo cual contrarresta el efecto de una menor demanda de la zona del euro.
  • En cuanto a los países más pobres, el crecimiento del PIB en África sigue siendo relativamente resistente ante la desaceleración mundial, lo cual es reflejo de mejores políticas macroeconómicas y mayor estabilidad, el avance en la resolución de los conflictos regionales, el alza de los precios de los productos básicos y el alivio de la deuda en el marco de la Iniciativa para los países pobres muy endeudados (PPME). Si bien se espera que el crecimiento del PIB aumente en 2003, impulsado por la continuidad de la recuperación mundial, las perspectivas se ven ensombrecidas por perturbaciones adversas. Las malas condiciones climáticas—cuyos efectos se vieron agravados por problemas de gestión de gobierno y por la pandemia del VIH/SIDA—provocaron una grave hambruna en África meridional, el cuerno de África y el Sahel occidental, que afecta actualmente a 38 millones de personas. Los continuos disturbios en Zimbabwe y la crisis política en Cote d’Ivoire también han tenido consecuencias graves para estos países y sus vecinos. La inflación mundial sigue siendo muy baja;

se espera que los precios al consumidor suban menos del 2% en 2003 en los países avanzados y poco menos del 6% en los países en desarrollo. Dada la expectativa de que la brecha de producción en Estados Unidos y la zona del euro siga ampliándose en el corto plazo, y ante la persistencia de una deflación moderada en Japón, varios observadores han expresado la preocupación de que la deflación abierta se convierta en un problema más generalizado. Si bien no puede descartarse que los niveles de precios bajen durante períodos breves en países específicos—de hecho, la inflación en Alemania fue cercana a cero en el segundo semestre de 2002, y es considerable el riesgo de que los precios mantengan una tendencia descendente durante un corto período—los riesgos de una espiral deflacionaria sostenida parecen ser pequeños actualmente (véase recuadro 1.1, “¿Podría la deflación convertirse en un problema mundial?”). Las expectativas inflacionarias se mantienen controladas, y parece improbable que el excedente de capacidad productiva y la brecha de producción en la mayoría de los países aumenten a niveles que modifiquen drásticamente dichas expectativas. Sin embargo, dado que la deflación puede acarrear grandes costos, estas preocupaciones refuerzan las razones para preferir una orientación monetaria acomodaticia en la actual coyuntura, y subrayan la importancia de que los bancos centrales den señales claras de que actuarán con determinación y preventivamente para evitar la deflación si surgiera la necesidad.

Si bien, conforme al escenario de referencia, se prevé una recuperación sostenida pero a un ritmo moderado, con la guerra en Iraq, cuyas consecuencias no pueden conocerse en estos momentos, las perspectivas están plagadas de incertidumbre. Por consiguiente, es probable que los indicadores anticipados—como los de los precios de los activos y los indicadores de confianza—sigan siendo muy volátiles y difíciles de interpretar hasta que se reduzcan esas incertidumbres. En un tono más positivo, si la incertidumbre que rodea a la situación en Iraq se disipara en forma relativamente rápida, a partir del segundo semestre de 2003 la actividad económica mundial podría recibir un impulso mayor de lo previsto actualmente, que tendría su origen tanto en un repunte de la confianza como en el descenso de los precios del petróleo (como lo demuestra la reciente caída de los precios del crudo, que en el momento en que se prepara este informe son notablemente más bajos de los supuestos para 2003 en esta edición de Perspectivas de la economía mundial). Considerando, además, que las empresas de Estados Unidos y Europa registran saldos de caja relativamente altos—como se analiza en la edición de marzo de 2003 de Global Financial Stability Report—es posible que la inversión pueda reaccionar con relativa rapidez aunque los balances generales de las empresas no sean todavía sólidos. Asimismo, el aumento sostenido de la productividad en Estados Unidos sigue siendo un importante factor positivo (véase recuadro 1.2, “¿Ha muerto la Nueva Economía?”).

Con todo, los riesgos—a semejanza de lo que se indicaba en la última edición de Perspectivas de la economía mundial—siguen apuntando, sin lugar a dudas, a un deterioro de la situación, tanto mayor cuanto más se prolongue la guerra. Aparte de los riesgos concretos en los principales países industriales, incluidos Japón y, en menor medida, Alemania, hay que considerar los siguientes:

  • La posibilidad de que un conflicto más prolongado y destructivo en Iraq tenga un grave impacto en la actividad mundial, en forma de alzas del precio del petróleo, una caída de la confianza empresarial y de los consumidores, un descenso de las cotizaciones bursátiles y un aumento de las primas de riesgo (apéndice 1.2). Si bien las estimaciones cuantitativas están sujetas a una enorme incertidumbre, de producirse esta situación, se desaceleraría—e incluso podría frenarse por completo—la ya de por sí frágil recuperación de los países industriales. También afectaría gravemente a los países de mercados emergentes—sobre todo a los importadores de petróleo muy endeudados, al aumentar las primas—y a los países más pobres que sufrirían el doble impacto de la subida de precios de sus importaciones de petróleo y la caída de los precios de sus exportaciones de productos básicos no petroleros. Es más, aun suponiendo que la guerra concluya rápidamente, podrían persistir durante algún tiempo incertidumbres importantes, tanto en Oriente Medio como fuera de la región. Para hacer frente a este problema es importante que la comunidad internacional actúe sin demora a fin de reestablecer la confianza y solucionar las diferencias producidas en los días anteriores a la guerra y, sobre todo, velar por que estas diferencias no se contagien al ámbito económico. A tal efecto, reviste particular importancia la adopción de políticas macroeconómicas que mejoren la situación y avanzar cuanto antes en la búsqueda de soluciones, basadas en la cooperación, a los problemas más importantes que la comunidad internacional seguirá enfrentando una vez terminada la guerra, siguiendo las líneas de actuación que se describen más adelante.

Recuadro 1.1.¿Podría la deflación convertirse en un problema mundial?

Últimamente, la preocupación por la deflación mundial—definida como una caída sostenida de un índice de precios agregados, como el índice de precios al consumidor (IPC)—ha aumentado de manera sensible ante el reconocimiento de que la deflación en Japón sigue siendo un problema importante, el brote del fenómeno en China y otros mercados emergentes asiáticos, y los temores de que el estallido de la burbuja bursátil haya dado lugar a un exceso considerable de la capacidad, que seguirá siendo un lastre para los precios, especialmente en vista de la débil recuperación mundial y las incertidumbres geopolíticas. Este entorno también siembra inquietudes ante la posibilidad de que los impulsos deflacionarios se transmitan de un país a otro a través de vínculos comerciales, empresariales y financieros. Se trata de la segunda vez en los últimos cinco años—la primera fue tras la crisis de Asia—que los riesgos de una deflación generalizada han pasado a primer plano (Roach, 2002). Sin embargo, esta vez la situación de la economía mundial es particularmente incierta a raíz de una proliferación de las vulnerabilidades.

Un antecedente clave de estos temores es la marcada baja de las tasas de inflación en los últimos años. En los países industriales, la inflación del IPC ha disminuido a una media de menos del 2%, un nivel no registrado desde los años cincuenta (véase el gráfico). En las economías de mercados emergentes, las tasas de inflación son las más bajas que se registran desde finales de los años sesenta. Las ventajas sustanciales de una inflación baja son la eficiencia en la asignación de recursos y la menor incertidumbre. Pero una inflación muy baja—inferior al 2% más o menos—en medio de perturbaciones negativas de la demanda puede agravar el riesgo de deflación (véase Perspectivas de la economía mundial, abril de 2002).

La deflación puede derivarse de perturbaciones provocadas por la oferta o por la demanda. En el primer caso, el descenso de los precios podría ser el resultado de aumentos de la productividad e innovaciones tecnológicas, y podría ir acompañado de un repunte en el crecimiento del producto. Por el contrario, las perturbaciones relacionadas con la demanda—como la ruptura de una burbuja de precios de los activos—suelen coincidir con una desaceleración, o una caída, de la actividad económica. La deflación, no obstante, rara vez es benigna. Aun si se produjera una perturbación favorable sobre la oferta, y salvo el caso poco probable de que todos los sectores se vieran igualmente afectados, una disminución generalizada de los precios puede ser problemática si los salarios son rígidos a la baja. Esto se debe a que los sectores que no experimentan mejoras de la productividad, con salarios rígidos y precios a la baja, pueden verse afectados por costos laborales reales más altos y pérdidas de la competítividad. Sea cual fuere el origen de la perturbación, la deflación, particularmente cuando es imprevista, conduce a una redistribución del ingreso de los deudores a favor de los acreedores; es decir, de los grupos muy propensos a gastar hacia los menos propensos, lo cual contrae la demanda. Además, la imposibilidad de que las tasas de interés caigan por debajo de cero entorpece la eficacia de la política monetaria—una inquietud importante si el producto se debilita—y puede distorsionar profundamente la intermediación del crédito a causa de la depreciación de las garantías prendarias.

Países industriales: Tasa promedio de inflación

(Índice de precios al consumidor, porcentaje)
Incidencia de la deflación y la baja inflación1(Porcentaje)
1980–841985–901991–961997–20021997–992000–02
Deflación
Todos los países0,93,21,211,49,713,1
Países industriales0,03,72,57,46,58,3
Países de mercados emergentes1,62,80,314,111,916,3
Deflación e inflación inferiores al 1%
Todos los países1,89,85,023,524,822,3
Países industriales0,111,810,223,731,016,3
Países de mercados emergentes3,28,31,423,420,726,3

Número de meses-país con inflación interanual inferior al 1% o negativa, como porcentaje del total. Datos basados en 35 principales economías de mercados emergentes y países industriales.

Número de meses-país con inflación interanual inferior al 1% o negativa, como porcentaje del total. Datos basados en 35 principales economías de mercados emergentes y países industriales.

La principal preocupación es que un período transitorio de caída de los precios pueda traducirse en una espiral deflacionaria más sostenida y autoalimentada, causada por un afianzamiento de las expectativas con respecto a la baja de los precios, la postergación del consumo y la inversión, y una menor disposición al riesgo. Históricamente, estas situaciones acarrean el aumento de la carga de la deuda real, numerosas quiebras, presión sobre los bancos y el colapso de la demanda, lo cual propicia una espiral descendente y autoalimentada de la actividad económica, el empleo, las utilidades y los precios (Krugman, 2002).

En el momento actual, solo Japón ha padecido deflación sostenida y acompañada de una persistente atonía de la actividad económica; la RAE de Hong Kong, China, Singapur y la provincia china de Taiwan también han experimentado períodos de descenso de los precios. Sin embargo, en el grupo de las economías industriales y grandes mercados emergentes, los casos de descensos del IPC han aumentado, pasando de aproximadamente el 1% de los países en el primer quinquenio de los noventa a más del 13% en los últimos tres años, con un incremento bastante más agudo en los mercados emergentes (véase el cuadro). Dado que el IPC está sujeto a un sesgo por exceso de entre ½% y 1% (porque no incluye posibles sustituciones ni productos nuevos o mejorados), una inflación del 1% o menos podría, en la práctica, aproximarse a la estabilidad de precios, o incluso a la deflación. De ser así, es posible que una deflación leve ya esté afectando a un porcentaje mucho más elevado de las economías industriales y de mercados emergentes.

De cara al futuro, varios factores podrían intensificar las presiones deflacionarias. El ritmo de la recuperación mundial probablemente seguirá siendo lento, como reflejo de las preocupaciones geopolíticas y la continuación de las repercusiones de la baja en los precios de las acciones. Esto último, particularmente por su impacto sobre los balances de las empresas y las instituciones financieras, podría restringir la actividad más de lo que actualmente se prevé. Los precios de la vivienda, que han aumentado notablemente en muchos países y por ende han ayudado a paliar el efecto de las contracciones bursátiles sobre el consumo, podrían sufrir una corrección y debilitar aún más la demanda de los hogares. También ha habido una disminución importante del crédito del sector privado en muchos países, ocasionada no solo por la atonía de la demanda sino también, en varios casos, por las dificultades del sector bancario.

Continúa la presión sobre las utilidades de las empresas y, si bien los mercados de trabajo han podido capear este temporal mejor que en ocasiones anteriores, el crecimiento de los ingresos laborales ha empezado a desacelerarse. Las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial parecen indicar que las brechas de producción—que ya son considerables en muchos países—probablemente aumenten a corto plazo hasta alcanzar niveles que tenderían a exacerbar las presiones a la baja de los precios. Aunque la propensión al riesgo parece haberse estabilizado, la volatilidad de los mercados financieros persiste en un entorno de mayor riesgo e incertidumbre.

Estas reflexiones indican que en el futuro próximo bien podría producirse un aumento del número de países con problemas de deflación, o un empeoramiento en los países que ya la padecen. Además, la vulnerabilidad a la deflación podría ser mayor si el margen de maniobra de las políticas monetaria y fiscal estuviera limitado. No obstante, el riesgo de una deflación mundial generalizada, o incluso de una espiral deflacionaria en las economías principales, parece reducido: los mercados y las instituciones financieras hasta el momento siguen demostrando un buen grado de resistencia; la carga de la deuda de las empresas y los hogares parece manejable; y en la mayoría de los países todavía hay margen para realizar ajustes en las políticas1. La probabilidad de que la deflación se importe también parece remota dada la baja participación en el comercio mundial de los países que la experimentan. En el caso de China, la alta productividad, aunada a un tipo de cambio fijo de facto, ha provocado caídas pronunciadas de los precios en algunos sectores; pero aun en este caso las participaciones generales del país en el comercio mundial son demasiado pequeñas como para extender la deflación entre los socios comerciales.

De todos modos, una eventual propagación de la deflación es motivo de preocupación. Las autoridades disponen de los instrumentos para cortarle el paso, siempre y cuando intervengan de manera rápida y anticipada (Rogoff, 2002). Si las vulnerabilidades a la deflación son altas, se debe dejar que los estabilizadores fiscales automáticos funcionen con total libertad, y si la magnitud de los riesgos lo justificara, unas medidas fiscales discrecionales y bien orientadas podrían ayudar a estabilizar la demanda. En cuanto a la política monetaria, es importante que las metas de inflación sean lo suficientemente altas como para reducir al mínimo los riesgos de deflación (en vista del sesgo por exceso del IPC y los costos de la deflación). No alcanzar las metas de inflación debería ser tan preocupante como lo fue en el pasado rebasarlas; es decir, el esfuerzo por cumplir las metas debe ser simétrico (Bernanke, 2002). Además, tal como lo ilustra el caso de Japón, la deflación puede ser difícil de prever: a mediados de los años noventa, tanto los estudios de hogares y empresas como los mercados financieros hacían pensar, hasta el momento mismo en que comenzó la deflación, que la inflación moderada continuaría (Ahearne y otros, 2002). Por lo tanto, los responsables de la política deben mantenerse alertas contra el aumento de los riesgos, y ciertos casos podrían justificar la adopción de posturas monetarias más acomodaticias de lo estrictamente exigido por la coyuntura.

Nota: El autor principal de este recuadro es Manmohan Kumar.1Véase un análisis detallado en Kumar y otros (2003).
  • La recuperación sigue dependiendo esencialmente de la evolución de las perspectivas de Estados Unidos. Habida cuenta de las deficiencias que se observan tanto en Japón como en la zona del euro, esto es, probablemente, algo inevitable—e incluso necesario—en el corto plazo. No obstante, el beneficio a corto plazo se obtiene a expensas de un aumento de la vulnerabilidad en el mediano plazo, sobre todo, del incremento de los desequilibrios mundiales (el fuerte déficit en cuenta corriente de Estados Unidos y los notables superávit de Japón, los mercados emergentes de Asia y, en menor medida, de la zona del euro) (cuadro 1.4). Estos desequilibrios podrían ajustarse sin graves problemas; de hecho, esta posibilidad ha aumentado algo con la depreciación del dólar de EE.UU. durante el pasado año, aunque la moneda estadounidense todavía parece estar significativamente sobrevalorada. Sin embargo, los desequilibrios siguen siendo motivo de grave inquietud, sobre todo porque, a diferencia de finales de la década de los noventa, la situación fiscal de Estados Unidos hoy día es notablemente deficitaria. En primer lugar, a juzgar por la experiencia histórica, una reducción del déficit en cuenta corriente de Estados Unidos se asociaría, probablemente, a tasas de crecimiento más bajas en ese país; dado que apenas hay indicios de que, actualmente, ello se vaya a compensar con un crecimiento más sólido en la zona del euro y Japón, la situación podría tener importantes repercusiones a escala mundial. En segundo lugar, persiste el riesgo de que se produzca un ajuste desordenado—que conlleve otra fuerte depreciación del dólar de EE.UU. y la acusada apreciación de otras monedas—especialmente si esa apreciación se concentrase en un número de países relativamente pequeño4.
Cuadro 1.4.Saldo en cuenta corriente en algunas economías(Porcentaje del PIB)
2001200220032004
Economías avanzadas–0,8–0,8–1,0–0,9
Estados Unidos–3,9–4,8–5,3–5,1
Zona del euro10,31,11,11,1
Alemania0,22,52,62,6
Francia1,82,12,11,9
Italia–0,60,3
España–2,6–2,1–1,8–1,8
Países Bajos2,83,02,82,2
Bélgica4,03,83,03,4
Austria–2,2–0,6–0,8–1,1
Finlandia6,56,76,16,2
Grecia–6,2–6,5–7,1–6,8
Portugal–9,4–7,9–7,0–6,9
Irlanda–0,3–0,3–0,9–1,1
Luxemburgo9.310,410,09.8
Japón2,12,82,73,0
Reino Unido–1,7–1,9–2,0–2,3
Canadá2,81,51,62,0
Corea2,01,30,30,5
Australia–2,4–3,9–4,2–3,9
Taiwan, provincia china de6,49,18,68,8
Suecia3,94,23,43,5
Suiza8,911,110,610,8
Hong Kong, RAE de7,511,410,910,6
Dinamarca2,62,53,94,2
Noruega15,413,814,511,5
Israel–2,0–2,1–2,3–2,2
Singapur19,021,522,220,5
Nueva Zelandia–2,8–3,4–4,6–4,5
Chipre–4,3–5,4–5,0–4,0
Islandia–4,30,8–0,4–0,5
Partidas informativas
Principales economías avanzadas–1.4–1,6–1,7–1,6
Unión Europea2–0,20,30,40,3
Zona del euro2–0,20,90,90,9
Economías asiáticas recientemente industrializadas5,87,06,26,1

Calculado como la suma de los saldos de cada uno de los países de la zona del euro.

Corregido según discrepancias en las declaraciones sobre transacciones dentro de la zona.

Calculado como la suma de los saldos de cada uno de los países de la zona del euro.

Corregido según discrepancias en las declaraciones sobre transacciones dentro de la zona.

Recuadro 1.2.¿Ha muerto la Nueva Economía?

“Que en paz descanse la Nueva Economía. Fue una fiesta divertida” (Dudley, 2002). Aunque el desplome de la Bolsa y la desaceleración económica en Estados Unidos han desbaratado muchas de las esperanzas de los defensores de la Nueva Economía, el mayor aumento de la productividad del trabajo evidenciado en el segundo quinquenio de los noventa ha resultado flexible. La magnitud exacta del aumento depende de las fechas que se elijan para el cálculo y de la metodología que se utilice para ajustar los datos al ciclo económico, pero hoy en día hay un consenso casi universal de que el aumento de la productividad tendencial del trabajo en Estados Unidos subió de alrededor del 1½ %, entre mediados de los años setenta y mediados de los noventa, a aproximadamente 2¼% desde 1995 (véase el gráfico). Este aumento es ligeramente inferior a la estimación del aumento del 1% que predominaba hace un par de años. En este recuadro se analiza lo publicado recientemente acerca de los vínculos que existen entre la tecnología de la información (TI) y el crecimiento de la productividad del trabajo, a modo de actualización del capítulo sobre la revolución informática en la edición de octubre de 2001 de Perspectivas de la economía mundial

Si bien el mayor aumento de la productividad del trabajo está claramente relacionado con la TI, se debate todavía el tamaño real de los diferentes canales. El crecimiento de la productividad del trabajo se puede descomponer en los aportes a la productividad total de los factores (PTF) y la intensificación del capital, es decir, el aumento del nivel de capital por trabajador. No cabe duda de que los avances tecnológicos han potenciado el crecimiento de la PTF en la fabricación de equipos de TI. En los últimos años, los precios de las computadoras han seguido bajando rápidamente, ya que la capacidad de los chips (microplaquetas) semiconductores se duplica aproximadamente cada 18-24 meses, fenómeno bautizado como “ley de Moore”. La pronunciada baja de los precios de la capacidad de computación obviamente ha estimulado la inversión real en computadoras, pero hay cierta polémica en cuanto a la medida en que la intensificación del capital vinculado a la TI ha contribuido al aumento de la productividad del trabajo. Oliner y Sichel (2002) calculan que esa intensificación, junto con el crecimiento de la PTF en la fabricación de TI, explica con creces el mayor aumento de la productividad del trabajo.

Aumento de la productividad del trabajo en Estados Unidos1

(Porcentaje)

Fuentes: Dirección de Estadísticas Laborales de Estados Unidos y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Variación de la producción por hora en el sector privado no agrícola desde los cuatro trimestres previos. Tendencia basada en un filtro Hodrick-Prescott con un parámetro de atenuación de 6400

Sin embargo, Gordon (2003) indica que estos cálculos exageran el aporte de la intensificación del capital vinculado a la TI, dado que la inversión en TI parece haber sido necesaria, pero no suficiente, para generar ganancias en la productividad del trabajo. Concretamente, los datos empresariales del sector del comercio minorista, responsable de gran parte de la aceleración de la productividad del trabajo a nivel agregado, revelan que todo el aumento de esa productividad en Estados Unidos durante los años noventa provino de nuevos establecimientos, y no de los que ya existían en 1990, al margen del número de computadoras que compraran (Sieling, Friedman y Dumas, 2001, y Foster, Haltiwanger y Krizan, 2002). Dicho de otro modo, las ventajas de una mayor inversión en TI se sintieron solo al ir acompañadas de una remodelación a fondo del establecimiento en sí.

Como corolario del planteamiento de que la intensificación del capital vinculado a la TI no contribuyó tanto al aumento observado de la productividad del trabajo, cabe decir que una aceleración de la PTF, sin tener en cuenta la producción de TI, pudo haber tenido cierta influencia. En efecto, Jorgenson, Ho y Stiroh (2002) observan una variación de negativa a positiva en el aumento de la productividad total de los factores en el sector que utiliza TI. En el sector minorista por ejemplo, es posible que al menos una parte del mayor aumento de la productividad del trabajo se deba a los cambios administrativos de las grandes empresas que se produjeron paralelamente con las inversiones en TI. Esto concuerda con el hecho de que, en Europa, los sectores que utilizan la TI (minorista, mayorista y bursátil) no registraron una aceleración de la productividad como la de sus similares en Estados Unidos (van Ark, Inklaar y McGuckin, 2002), a raíz de la mayor dificultad para efectuar cambios administrativos a causa de impedimentos estructurales (reglamentos sobre el uso de tierras, leyes de contratación de trabajadores sindicalizados y normas laborales restrictivas)1. Otros indicios de aumento de la productividad total de los factores en los sectores que utilizan TI son la correlación positiva entre la aceleración de dicha productividad y los índices de intensidad de la TI, como la razón de gasto en TI con respecto al PIB (Haacker y Morsink, 2002).

De cara al futuro, el efecto de la revolución de la TI en el aumento de la productividad básica del trabajo dependerá en gran medida de tres factores: el ritmo de innovación tecnológica en el sector de la TI, la tasa de respuesta de la inversión ante nuevas reducciones de los precios de los bienes de TI y la capacidad de las empresas para reorganizar la producción a fin de sacarle provecho a la TI. En primer lugar, hay consenso en torno al hecho de que la innovación tecnológica en la producción de TI continuará a paso acelerado, aunque tal vez no al ritmo vertiginoso de finales de los años noventa (Jorgenson, 2001). Como la producción de TI representa un porcentaje creciente del producto total, la innovación tecnológica en este sector probablemente seguirá alimentando el crecimiento de la productividad del trabajo.

En segundo lugar, se sigue debatiendo sobre la medida en que la oferta cada vez más barata de bienes de TI generará demanda entre los usuarios finales. Los optimistas, como DeLong (2002), sostienen que, al igual que antes, la disminución de los precios seguirá abriendo nuevos frentes, ya que la TI podría resultar útil en una amplísima gama de procesos de producción. Así, la inversión en TI como porcentaje del PIB nominal de Estados Unidos, que pasó de aproximadamente el 1% en 1960 a alrededor del 5½% en 2000, subirá aún más. No obstante, los escépticos sostienen que el gasto en TI a finales de los años noventa obedeció a un conjunto excepcional de factores, y que la inversión nominal en TI como porcentaje del PIB probablemente se reducirá en los próximos 10 años. En concreto, Gordon (2003) señala el freno de la inversión en TI a causa del exceso de capacidad en equipos de telecomunicaciones, el potencial limitado del comercio electrónico, el menor ritmo de innovación de los programas informáticos en relación con el de los equipos y los obstáculos para la adopción de la banda ancha en los hogares.

Tercero, es probable que el aumento de la PTF fuera del sector de la TI mejore a raíz de la reorganización de la producción con miras a aprovechar la TI, como ya lo hizo el sector minorista. David (1990) señala que transcurrió casi medio siglo antes de que la economía de Estados Unidos pudiese acumular la experiencia necesaria con los motores eléctricos que le permitiera empezar a aprovechar todo su potencial. Asimismo, Crafts (1985) demuestra que, en la primera revolución industrial, la fuerte contribución de la maquinaria a vapor y textil al crecimiento de la economía británica se produjo a mediados del siglo XIX, mucho después de la etapa de más rápido crecimiento de la productividad en esos sectores a comienzos de ese mismo siglo. Probablemente pasará algún tiempo antes de que se pueda determinar la mejor manera de reconfigurar la actividad económica para aprovechar la TI.

En resumen, la TI ha propiciado un mayor aumento de la productividad del trabajo en Estados Unidos, que ha resistido la desaceleración económica. Tanto el incremento de la PTF en la fabricación de TI como la intensificación del capital vinculado a ese sector ya han fomentado un aumento de la productividad; la ambigüedad de los datos macroeconómicos respecto de una aceleración generalizada de la PTF en relación con la TI no debe sorprender, dado que este efecto suele hacerse sentir de manera más bien paulatina. En el futuro previsible, es probable que la innovación tecnológica en el sector productor de TI continúe a paso acelerado. Conforme siga bajando el precio de la capacidad de computación, seguramente irán surgiendo nuevos usos para la TI que incentivarán la inversión, con lo cual se mantendrá una base para el crecimiento futuro de la productividad, aunque con menor intensidad que durante la segunda mitad de los años noventa. De ahí en adelante, como se ha visto, mucho seguirá dependiendo del ritmo en que las mejoras de la productividad se difundan en otros sectores de la economía, un proceso que a lo mejor apenas está empezando.

Nota: El autor principal de este recuadro es James Morsink.1Cada vez hay más pruebas de la incidencia de los obstáculos estructurales en la atenuación del aumento de la productividad del trabajo. Véanse, por ejemplo, Gust y Marquez (2002), Scarpetta y Tressel (2002), Vijselaar (2002) y Nicoletti y Scarpetta (2003).
  • No puede descartarse la posibilidad de que se produzcan nuevas pérdidas en los mercados financieros maduros. Si bien, según las proyecciones, la relación precio/beneficios se sitúa en niveles próximos a los promedios históricos y las expectativas de beneficio se han reducido con respecto a los niveles optimistas de antes, no hay que descartar la posibilidad de que—tras un prolongado período de sobrevaloración—los mercados sufran un reajuste excesivo a la baja, que tendría un efecto directo en la demanda e intensificaría las presiones actuales sobre las empresas e instituciones financieras. Las pérdidas, mayores de lo previsto, de los planes de pensiones con prestaciones definidas o la aparición de nuevos escándalos en el sector empresarial podrían exacerbar esos riesgos. En el Reino Unido, Australia, algunos de los países europeos más pequeños y, en menor medida, en Estados Unidos los precios de la vivienda han alcanzado niveles sorprendentemente altos en un contexto de caídas en los mercados bursátiles (capítulo II). Correspondientemente, la posibilidad de una desaceleración—o incluso de un ajuste abrupto—es también motivo de inquietud. De cara al futuro, a medida que mejoren las perspectivas de crecimiento, la posibilidad de que se produzca una acusada caída del precio de los bonos a largo plazo—que dados los bajos niveles que registran las tasas de interés es ahora muy alto—constituye también un riesgo (como se analiza en detalle en Global Financial Stability Report).
  • En varias economías de mercados emergentes—sobre todo de América Latina y Turquía—se siguen observando importantes factores de vulnerabilidad. Pese a que las condiciones de financiamiento han mejorado últimamente, es posible que el reciente aumento de la disposición de los inversionistas a asumir riesgos no dure mucho tiempo. Una nueva reducción de los diferenciales—que es necesaria para asegurar la viabilidad de la deuda en varios países—podría depender, básicamente, de que se fortalezcan las variables fundamentales de la economía, más que de una mejora del entorno externo. Y, si bien los efectos de contagio son escasos por ahora (gráfico 1.4), todavía es posible que—como ocurrió en el pasado—el aumento de las dificultades en un país tenga un impacto significativo en otros países que se encuentran en una situación similar.

Estos riesgos son más preocupantes dadas la fragilidad de la recuperación mundial y la probabilidad de que la economía mundial esté perdiendo capacidad de resistencia frente a las perturbaciones. En el frente macroeconómico, la notable distensión de la política monetaria en los dos últimos años ha consumido una gran proporción del margen de maniobra—aunque no todo—disponible y también se han limitado las posibilidades de aplicar una política fiscal más expansiva. Y, si bien los mercados financieros mundiales han dado prueba de una sorprendente capacidad de resistencia, las perturbaciones de los dos últimos años se han cobrado un tributo. La situación es especialmente preocupante en Japón, pero también en algunos países de Europa en los que se han reducido drásticamente los márgenes de seguridad del sistema bancario. Además, la situación financiera de los aseguradores se ha deteriorado significativamente. Una de las consecuencias ha sido que se ha reducido su papel en el mercado de instrumentos derivados sobre créditos, lo que ha menoscabado la capacidad de los bancos para evitar el riesgo de crédito y, posiblemente, su disposición a otorgar créditos. Estos dos factores podrían limitar la capacidad del sistema financiero para absorber nuevas perturbaciones y respaldar la recuperación más adelante.

En este contexto, las autoridades tanto de los países industriales como de los países de mercados emergentes siguen enfrentando un entorno de gran incertidumbre y riesgo. Considerando que las presiones inflacionarias son, en general, muy moderadas, los principales países industriales deberían seguir aplicando una política monetaria acomodaticia, que brinde cierta seguridad frente a la incertidumbre geopolítica y otros riesgos de empeoramiento de la situación. No obstante, está claro que las autoridades tendrán que ser flexibles y adaptarse rápidamente a las nuevas circunstancias. Si la incertidumbre que rodea la guerra en Iraq se disipa en el corto plazo, quizá no sea necesario un mayor estímulo. Pero, si el conflicto se prolongase y se extendiese a otros países, podría ser necesario un nuevo estímulo en las políticas, sobre todo si—como muy bien podría ocurrir—dominaran los efectos negativos de una perturbación de esa naturaleza sobre la demanda. (La situación se complicaría aún más si la subida de los precios del petróleo diera lugar a una segunda ronda de presiones sustanciales sobre los precios y algunos bancos centrales se encontrasen frente a un difícil dilema.)

Por lo que respecta a las principales regiones, las prioridades clave en materia de políticas parecen ser las siguientes:

  • En los paises industriales deben seguir aplicándose políticas macroeconómicas acomodaticias. En Estados Unidos, tras el recorte de las tasas de interés en 50 puntos básicos en noviembre de 2002, parece apropiada por el momento la orientación actual de la política monetaria. Si bien las propuestas del Gobierno estadounidense en materia tributaria son positivas desde una perspectiva de eficiencia, existe el riesgo de que resulten procíclicas y, de aplicarse plenamente, deteriorarían notablemente la situación de las finanzas públicas en el mediano plazo. En la zona del euro también se han rebajado las tasas de interés, la última vez en marzo; dado que se prevé un descenso de la inflación, cabría considerar la posibilidad de proceder a nuevos recortes, que serían necesarios si las perspectivas siguieran siendo poco optimistas o si el euro vuelve a apreciarse significativamente. Dada la difícil situación fiscal a mediano plazo, parece apropiado aplicar algunas medidas fiscales restrictivas de carácter estructural en los países más grandes de la zona, a pesar del impacto a corto plazo sobre la demanda (cuadro 1.5). No obstante, debe permitirse el pleno funcionamiento de los estabilizadores automáticos en torno a una trayectoria de ajuste orientada a la norma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, consistente en alcanzar situaciones presupuestarias próximas al equilibrio, aunque como resultado se incurriese en 2003 en déficit superiores al tope establecido, que es del 3% del PIB. En Japón, a pesar de las medidas adoptadas recientemente, es necesario aplicar una política monetaria más categórica para combatir la deflación. También hay que dar los primeros pasos para sanear las finanzas públicas en el mediano plazo, a fin de comenzar a poner freno a los altos y crecientes niveles de deuda pública, a menos que se adopten medidas de mayor alcance para reestructurar los sectores empresarial y financiero, que en el corto plazo podrían representar un lastre para la economía.
Cuadro 1.5.Balanza fiscal y deuda del gobierno general en las principales economías avanzadas1(Porcentaje del PIB)
1987–96199719981999200020012002200320042008
Principales economías avanzadas
Saldo efectivo–3,8–2,1–1,6–1,2–0,3–2,0–3,7–4,3–3,7–1,3
Brecha de producción2–0,3–0,4–0,4–0,10,7–1,0–1,8–2,5–2,3
Saldo estructural–3,6–1,8–1,4–1,1–1,0–1,7–3,0–3,2–2,7–1,3
Estados Unidos
Saldo efectivo–4,2–1,3–0,10,51,2–0,7–3,6–4,6–3,8–1,7
Brecha de producción2–1,2–0,50,31,11,6–1,2–1,8–2,6–2,1
Saldo estructural–3,8–1,1–0,20,10,6–0,4–2,9–3,6–3,1–1,7
Deuda neta54,657,053,449,043,943,245,348,149,347,1
Deuda bruta68,670,366,663,557,757,759,261,562,057,3
Zona del euro
Saldo efectivo–2,6–2,3–1,30,1–1,5–2,2–2,4–2,00,0
Brecha de producción2–1,4–0,8–0,40,7–0,1–1,4–2,5–2,4–0,1
Saldo estructural3–1,6–1,6–0,9–1,3–1,6–1,6–1,1–0,8
Deuda neta62,961,460,858,757,958,258,157,055,0
Deuda bruta75,473.772,670,269,269,469,969,361,8
Alemania4
Saldo efectivo–2,4–2,7–2,2–1,51,1–2,8–3,6–3,6–2,7–0,4
Brecha de producción20,4–0,6–0,5–0,30,7–0,4–1,7–2,7–2,5
Saldo estructural3–2,1–1,9–1,6–1,1–1,7–2,5–2,5–1,8–1,0–0,4
Deuda neta31,253,453,354,952,852,253,856,356,953,5
Deuda bruta46,461,060,961,260,259,561,263,764,260,9
Francia
Saldo efectivo–3,6–3,0–2,7–1,6–1,3–1,4–3,1–3,5–3,00,5
Brecha de producción2–0,8–3,1–1,8–1,10,6–1,2–2,4–2,3
Saldo estructural3–3,0–1,0–1,6–1,0–1,6–1,5–2,5–2,1–1,50,5
Deuda neta32,649,649,848,847,548,249,450,951,844,8
Deuda bruta41,659,359,558,557,256,859,160,661,554,4
Italia
Saldo efectivo–10,0–2,7–2,8–1,6–0,6–2,6–2,3–2,4–2,3–0,8
Brecha de producción20,2–1,2–1,3–1,7–0,8–0,9–2,5–3,3–3,0
Saldo estructural3–9,9–1,9–2,2–0,9–1,5–2,4–2,0–1,2–1,0–0,8
Deuda neta101,5113,8110,1108,4104,5103,7101,099,897,488,0
Deuda bruta107,3120,2116,4114,6110,4109,5106,7105,4102,992,9
Japón
Saldo efectivo–0,7–3,8–5,5–7,1–7,4–7,2–7,7–7,4–6,5–1,9
Excluida la seguridad social–3,4–5,8–7,1–8,6–8,5–7,4–7,6–7,2–6,4–2,4
Deuda neta20,91,1–1,5–2,5–1,1–1,8–2,6–2,9–3,0–0,1
Saldo estructural–1,0–4,2–5,0–6,1–7,0–6,5–6,7–6,4–5,4–2,0
Excluida la seguridad social–3,6–6,1–6,8–8,0–8,2–7,0–7,0–6,6–5,8–2,4
Deuda neta13,427,838,045,457,565,474,081,888,191,4
Deuda bruta73,897,2108,4121,5135,7144.8154,4162,4168,6164,1
Reino Unido
Saldo efectivo–3,6–2,20,21,14,00,9–1,2–2,6–2,8–2,3
Brecha de producción2–0,20,20,5–0,30,1–0,2–0,9–1,5–1,5
Saldo estructural3–3,5–2,11,11,70,9–0,9–1,8–1,8–2,3
Deuda neta28,845,542,540,334,433,133,333,134,636,2
Deuda bruta43,050,647,444,941,838,838,539,040,642,1
Canadá
Saldo efectivo–6,10,20,11,73,11,81,41,41,41,4
Brecha de producción20,2–0,9–0,80,51,2–0,8–0,7–0,7–0,2
Saldo estructural–6,10,80,51,62,52,21,91,91,61,5
Deuda neta73,185,681,875,665,461,257,152,748,735,1
Deuda bruta105,1118,8115,3112,6102,1100,995,088,782,963,5
Nota: La metodología y los supuestos específicos para cada país se analizan en el recuadro A1 del apéndice estadístico.

Los datos sobre la deuda se refieren al final de año; en el caso del Reino Unido se refieren al final de marzo. No siempre es posible comparar los datos de la deuda de los distintos países. Por ejemplo, los datos de Canadá incluyen una partida no capitalizada de las jubilaciones de los funcionarios públicos que ascendía a casi el 18% del PIB en 2001.

Porcentaje del PIB potencial.

No incluye ingresos de carácter excepcional provenientes de la venta de licencias de telefonía móvil equivalentes al 2,5% del PIB en 2000 en el caso de Alemania, 0,1% del PIB en 2001 y 2002 en Francia, 1,2% del PIB en 2000 en Italia, y 2,4% del PIB en 2000 en el Reino Unido. Tampoco incluye ingresos de carácter excepcional provenientes de transacciones de activos sustanciales.

Los datos anteriores a 1990 se refieren a Alemania occidental. En lo que respecta a la deuda neta, la primera columna se refiere a 1988-94. A partir de 1995, el gobierno general se hizo cargo de las obligaciones de amortización y servicio de la deuda del Fondo Fiduciario Alemán (y de varios otros organismos). Esta deuda es equivalente al 8% del PIB, y el correspondiente servicio de la deuda representa entre ½% y 1% del PIB.

Nota: La metodología y los supuestos específicos para cada país se analizan en el recuadro A1 del apéndice estadístico.

Los datos sobre la deuda se refieren al final de año; en el caso del Reino Unido se refieren al final de marzo. No siempre es posible comparar los datos de la deuda de los distintos países. Por ejemplo, los datos de Canadá incluyen una partida no capitalizada de las jubilaciones de los funcionarios públicos que ascendía a casi el 18% del PIB en 2001.

Porcentaje del PIB potencial.

No incluye ingresos de carácter excepcional provenientes de la venta de licencias de telefonía móvil equivalentes al 2,5% del PIB en 2000 en el caso de Alemania, 0,1% del PIB en 2001 y 2002 en Francia, 1,2% del PIB en 2000 en Italia, y 2,4% del PIB en 2000 en el Reino Unido. Tampoco incluye ingresos de carácter excepcional provenientes de transacciones de activos sustanciales.

Los datos anteriores a 1990 se refieren a Alemania occidental. En lo que respecta a la deuda neta, la primera columna se refiere a 1988-94. A partir de 1995, el gobierno general se hizo cargo de las obligaciones de amortización y servicio de la deuda del Fondo Fiduciario Alemán (y de varios otros organismos). Esta deuda es equivalente al 8% del PIB, y el correspondiente servicio de la deuda representa entre ½% y 1% del PIB.

  • En los mercados emergentes, la situación sigue variando notablemente de un país a otro. En los que tienen dificultades de financiamiento externo, las políticas macroeconómicas han de seguir orientándose a restablecer la confianza externa; en otros—sobre todo en muchos países de Asia—hay más margen de maniobra respecto a las políticas para hacer frente a las perturbaciones negativas. Como se indicó anteriormente, varios países de mercados emergentes podrían verse gravemente afectados si se prolongase la guerra en Iraq y, en algunos casos, podría ser necesario que la comunidad financiera internacional brindase asistencia adicional.
  • Es necesario actuar con un mayor sentido de urgencia en la aplicación de políticas que permitan reducir la dependencia mundial de Estados Unidos y fomentar una ordenada reducción de los desequilibrios mundiales en el mediano plazo. Como se viene argumentando desde hace ya tiempo en Perspectivas de la economía mundial, es preciso realizar un esfuerzo multilateral y diversificado que incluya la adopción de medidas para hacer frente con determinación a los graves problemas de los sectores empresarial y financiero de Japón, la aceleración de las reformas de los mercados de trabajo y productos en Europa, el restablecimiento de una situación fiscal sólida a mediano plazo en Estados Unidos y el cambio de las fuentes externas de crecimiento por fuentes internas en los mercados emergentes de Asia, por ejemplo, emprendiendo nuevas reformas en los sectores financiero y empresarial (en China también sería deseable una mayor flexibilidad cambiaria). Cuanto más amplios sean los esfuerzos en este sentido, menor será la carga de un eventual ajuste para los países o regiones y mejores las perspectivas de una resolución ordenada. No obstante, y pese a algunas medidas adoptadas en Japón que, aunque oportunas, no dejan de ser parciales, los progresos en los últimos seis meses han sido limitados (aunque, si se llevan a la práctica, las propuestas anunciadas recientemente por las autoridades alemanas parecer ser un paso importante en esa dirección); además, si en Estados Unidos se adoptan las medidas presupuestarias propuestas por el gobierno, el presupuesto seguirá registrando déficit significativos hasta bien entrada la próxima década. Más allá de los aspectos multilaterales, esta falta de progresos hace que, a mediano plazo, aumenten significativamente los factores de vulnerabilidad y se reduzcan las perspectivas de crecimiento en las distintas economías. Por ejemplo, como se analiza en el capítulo IV, si la zona del euro redujera las rigideces de sus mercados de trabajo y productos hasta los niveles de Estados Unidos, a mediano plazo el PIB podría experimentar un aumento de 10 puntos porcentuales.
  • El saneamiento de las finanzas públicas sigue siendo una prioridad a mediano plazo en todo el mundo. En los países industrializados, la deuda pública alcanza ya niveles muy altos en Japón y en parte de la zona del euro y casi todos los países sufren presiones fiscales cada vez más intensas como consecuencia del envejecimiento de la población. Si bien a corto plazo el margen para aplicar una política más restrictiva está limitado inevitablemente por la actual situación cíclica, en muchos casos es necesario adoptar nuevas medidas para asegurar la viabilidad en el mediano plazo, entre otras, la reforma de los sistemas de pensiones, salud y bienestar, y en algunos casos es preciso poner freno a la notable actividad económica sumergida. Por lo que respecta a los mercados emergentes, el volumen y la estructura de la deuda pública son factores importantes de vulnerabilidad económica en América Latina, y la acumulación de deuda pública—incluidos los pasivos no registrados en el balance—es otro motivo de creciente preocupación en algunos mercados emergentes de Asia, como India y China. Entre las principales prioridades, cabe señalar la reforma de la administración pública, la ampliación de la base imponible y la mejora de la administración tributaria, la necesidad de mejorar la gestión de gobierno y la reducción de los pasivos contingentes (por ejemplo, reforzando los sistemas bancario y de pensiones).
  • En los países más pobres, la prioridad esencial es poner en práctica las políticas necesarias para reducir la pobreza y avanzar hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Para ello será menester, entre otras cosas, incrementar en forma duradera el crecimiento del PIB que, sobre todo en África subsahariana, sigue situándose en niveles mucho más bajos de los necesarios para alcanzar dichos objetivos. Si bien es necesario tomar medidas en muchas áreas, una prioridad esencial es fortalecer las instituciones, tema central de la presente edición de Perspectivas de la economía mundial. Como se analiza en el capítulo III, la calidad de las instituciones nacionales desempeña un papel clave a la hora de explicar las diferencias en los niveles de ingreso, las tasas de crecimiento y la volatilidad del crecimiento entre unos países y otros. Las mejoras en esta materia podrían tener un profundo efecto en los resultados económicos: por ejemplo, de mantenerse invariables las demás condiciones, las estimaciones del capítulo III indican que el PIB real per cápita en los países de África subsahariana podría ser un 80% más alto si sus instituciones estuviesen a la par de las de los países en desarrollo de Asia.

Pese a que la importancia de las instituciones no ofrece dudas, no existe un camino sencillo o único para alcanzar el éxito. Se necesita adaptar, en cierta medida, lo que ha funcionado en otros lugares, así como innovar para ajustarse a las circunstancias, historia y cultura de cada país. También es esencial que los países se identifiquen con las reformas. Dicho esto, tampoco hay que olvidar que los incentivos externos con frecuencia han desempeñado un importante papel complementario. Por ejemplo, el proceso de adhesión a la Unión Europea (UE) parece haber sido un factor crucial en las mejoras recientes de la calidad de las instituciones en Europa central y oriental, al igual que lo han sido los requisitos de acceso a la OMC en China y otros países. En otros casos, incluida la Nueva Asociación para el Desarrollo de África (NEPAD), que hace un fuerte hincapié en el desarrollo institucional, se prevé que los compromisos colectivos y la presión de los pares sean los mecanismos impulsores.

Los esfuerzos de los países más pobres para mejorar su gestión económica y sus instituciones han de ir acompañados de asistencia adicional de los países industriales. Pese a los recientes y oportunos aumentos de los flujos de ayuda, la asistencia de la mayoría de los países se sitúa todavía muy por debajo del objetivo del 0,7% del PNB fijado por las Naciones Unidas; en forma más inmediata se requiere asistencia adicional para hacer frente a la hambruna en África. Como aspecto incluso más importante, es necesario tomar medidas rápidamente para que los países más pobres tengan un acceso más expedito a los mercados de los países industriales, sobre todo en materia de productos agrícolas. En 2001, el respaldo al sector agrícola en los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) ascendió a más de $300.000 millones, seis veces el nivel de la asistencia oficial para el desarrollo, y representó casi un tercio de los ingresos de los agricultores de dichos países5. El Director Gerente del FMI señaló hace poco que si se desea reducir seriamente la pobreza en los países en desarrollo, hay que hacer frente a esa discrepancia ya mismo6. Al respecto, resulta especialmente desafortunado el aparente retraso de las negociaciones comerciales multilaterales en el marco de la Ronda de Doha y es necesario que todas las partes interesadas redoblen sus esfuerzos para tratar de eliminar los principales obstáculos que bloquean el camino, especialmente en lo relativo a la agricultura y la salud pública. De hecho, si se pudiese avanzar en la resolución de estos problemas en la próxima reunión ministerial de la OMC en Cancún, o incluso antes, podría redundar significativamente en el restablecimiento de la confianza a escala mundial.

Estados Unidos y Canadá: ¿Cuánto tiempo durará la atonía en Estados Unidos?

En el segundo semestre del año pasado la economía de Estados Unidos fue perdiendo el impulso que había adquirido a fines de 2001 al emerger de la recesión, y en el cuarto trimestre de 2002, en particular, la tasa de crecimiento se redujo a niveles muy bajos (gráfico 1.7). Al margen del efecto favorable del ciclo de existencias, la actividad se benefició en el primer semestre de 2002 de una serie de factores—el auge del refinanciamiento del crédito hipotecario, incentivos para la compra de automóviles y recortes tributarios—que respaldaron el gasto de los consumidores. No obstante, debido al aumento de la oferta en el mercado laboral—la tasa de desempleo alcanzó un 6% al final del año—y a la volatilidad de las cotizaciones bursátiles, la confianza de los consumidores se deterioró acusadamente y el consumo se frenó en el cuarto trimestre, en tanto que la debilidad de la demanda, la capacidad ociosa y el nivel aún alto de las primas sobre crédito (que alcanzaron un máximo en octubre) restringieron la inversión. La lentitud de la reactivación en el exterior y el hecho de que el dólar se mantenga fuerte se han traducido en una aportación considerablemente negativa por el lado de las exportaciones netas.

Gráfico 1.7.Ciclo económico de Estados Unidos1

(Variación porcentual respecto a cuatro trimestres antes)

El repunte de la actividad económica, la inversión y las utilidades empresariales durante esta reactivación ha sido menos pujante que en una recuperación típica. Sin embargo, la productividad—que se ha mantenido estable durante la desaceleración—se ha recuperado más rápido de lo habitual durante la reactivación.

Fuentes: Haver Analytics y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Las zonas sombreadas indican proyecciones del personal técnico del FMI.

2Promedio simple de ciclos mínimos anteriores.

3Utilidades empresariales no financieras antes de impuestos, ajustadas en función de la valuación de existencias y el consumo de capital.

4Sector empresarial no agrícola: producción por hora de todo el personal.

A principios de 2003, si bien los factores básicos en que se apoyan las perspectivas a mediano plazo—especialmente la productividad—se mantienen sólidos, parecería que la atonía solo desaparecerá lentamente, en especial debido al impacto de la incertidumbre geopolítica sobre la inversión. Parece poco probable que el consumo de los hogares pueda seguir respaldando la actividad como ocurrió en los últimos años. La deuda de los hogares ha seguido aumentando más rápidamente que el ingreso disponible, en tanto que su riqueza ha bajado significativamente porque los aumentos de precios en el mercado de la vivienda han contrarrestado solo en parte las pérdidas en el mercado de acciones; es probable que ya no quede margen para incrementar el gasto por medio del refinanciamiento del crédito hipotecario, y actualmente los descuentos del sector automotriz pertenecen al pasado. Asimismo, la confianza de los consumidores se mantiene deprimida y hay exceso de oferta en el mercado laboral, en tanto que las empresas siguen siendo objeto de presiones para reducir los costos a fin de respaldar el aumento de las utilidades implícito en las cotizaciones bursátiles actuales, en un entorno de estancamiento de las ventas. La información empírica sobre el gasto de capital es ambigua: si bien el componente de nuevos pedidos en el índice del Instituto de Gestión de la Oferta (ISM) aumentó acusadamente a principios de 2003, los actuales riesgos e incertidumbres relativos a la situación geopolítica, la persistente falta de confianza de los inversionistas, el elevado endeudamiento de las empresas y la escasez de capital de riesgo hacen pensar que la reactivación inicial será lenta. No obstante, es probable que el estímulo de política en preparación—resultante de la reducción de la tasa de los fondos federales a 1¼% en noviembre del año pasado, el considerable cambio de sentido del saldo estructural unificado y, de materializarse, los recortes impositivos propuestos y anunciados por el Gobierno de Estados Unidos en enero—ayude a consolidar una recuperación que se iniciará en el segundo semestre pero a una tasa que no superará un 2,2% para el conjunto de 2003.

Si bien la posibilidad de que se disipe rápidamente la incertidumbre geopolítica plantea el riesgo de una revisión al alza de las proyecciones, los demás riesgos parecen apuntar a una revisión a la baja. Evidentemente, el riesgo más inmediato se refiere a las perspectivas de una larga guerra con Iraq, lo cual perjudicaría la situación fiscal temporalmente. Si a ello se suman los altos precios del petróleo, la menor confianza y la caída de las cotizaciones en el mercado bursátil, podría registrarse una recesión doble, incluso de seguir aplicándose una política monetaria más expansiva. Más allá de esas consideraciones, otro riesgo clave es si los excesos del período de la burbuja se han corregido del todo. Aunque la información empírica sobre el excedente de capital tras el auge de la inversión a fines de los años noventa es confusa, los indicadores de utilización de la capacidad señalan que el volumen de recursos ociosos en la economía es significativo, incluidos los sectores de tecnología de la información, aerolíneas, automotores y energía. Las cotizaciones bursátiles—que aún reflejan un significativo repunte implícito de las utilidades—son otra fuente de riesgo, en vista de la incertidumbre en torno a la velocidad de reactivación de las ventas y del limitado efecto futuro que tendrán los recortes de costos sobre las utilidades. La posibilidad de que los precios de la vivienda disminuyan tras los considerables aumentos observados en ciertas zonas metropolitanas sigue siendo una preocupación, porque en los últimos años la riqueza inmobiliaria ha desempeñado una función estabilizadora. Un tercer riesgo se refiere a la lentitud del ajuste del déficit en cuenta corriente de Estados Unidos, que actualmente se financia principalmente por la vía del endeudamiento. Este factor podría provocar una súbita caída del dólar, que a su vez crearía presiones al alza sobre las tasas de interés e interrumpiría la reactivación tanto en Estados Unidos como en el extranjero.

Estos riesgos se ven atenuados, sin embargo, por las notables cifras de productividad de la economía de Estados Unidos. Con miras al futuro, los datos recientes son motivo de un optimismo cauteloso: del mismo modo que el desempleo disminuyó menos de lo habitual durante la desaceleración, el producto ha crecido sin un aumento significativo de la tasa de creación de empleos durante la recuperación, y la productividad se ha mantenido muy sólida. No obstante, sigue siendo incierta cuál será la magnitud de los beneficios que genere la revolución del sector de TI a mediano plazo; según estudios recientes, el sector se ha beneficiado en términos de la productividad multifactorial, pero la información empírica sobre dichos beneficios, más allá de los que pueden atribuirse a la intensificación del uso de capital, sigue siendo ambigua (recuadro 1.2). Una sólida tasa de aumento de la productividad sigue siendo esencial para respaldar el ingreso a mediano plazo y, por ende, reducir el riesgo de que las utilidades, las cotizaciones bursátiles, la inversión y el crecimiento económico sean inferiores de lo previsto.

La respuesta de la política monetaria ante esta atonía de la economía parece ser apropiada. La decisión de la Reserva Federal, en noviembre, de reducir la tasa de los fondos federales en 50 puntos básicos debería traducirse en un repunte más vigoroso en el segundo semestre de este año. En el futuro, aunque la política monetaria tendrá que seguir ajustándose a la evolución de los riesgos, las autoridades tienen margen para seguir reduciendo las tasas si las perspectivas económicas se deterioran. Con respecto a la política fiscal, las propuestas presupuestarias del gobierno para el ejercicio 2004—cuyo costo estimado asciende a 1½% del PIB en los ejercicios 2003 y 2004—son inquietantes a la luz de la función ya desempeñada por los recortes de la tasa de interés para garantizar la reactivación y del costo incierto de la guerra, que aún no se ha incluido en el análisis, sobre todo en vista del deterioro de la situación fiscal hasta la fecha (que es mayor en términos estructurales que en todas las desaceleraciones de las últimas cuatro décadas) y del impacto negativo sobre la trayectoria del déficit a mediano plazo (que seguirá siendo objeto de presiones derivadas del mayor costo de la seguridad social y los planes de salud para ancianos e incapacitados, y de un gasto discrecional proyectado que sigue siendo optimista). Actualmente el objetivo debería ser, más bien, crear un marco en que la meta sea equilibrar el presupuesto (excluida la seguridad social) a lo largo del ciclo, sustentado en reformas que amplíen la base de generación de ingresos (por ejemplo, reduciendo el gasto tributario de los hogares y empresas) y en reformas de la seguridad social y los seguros de salud (Medicare) para mejorar la situación financiera de estos programas a mediano plazo. La rigurosa aplicación de reglas reforzadas de gestión empresarial, incluidas las disposiciones de la ley Sarbanes/Oxley y la nueva normativa del mercado bursátil, sigue siendo esencial para reestablecer la confianza de los inversionistas.

En Canadá, es nuevamente probable que la tasa de crecimiento de 2,8% proyectada para este año supere la de los otros grandes países industriales. No obstante, además de que las perspectivas siguen siendo inciertas debido a la lenta reactivación en Estados Unidos desde mediados de 2002, no cabe duda de que se verían negativamente afectadas de materializarse los riesgos de resultados inferiores a los previstos en la economía estadounidense. Hasta la fecha, la atonía de Estados Unidos se ha transmitido principalmente a través de su menor gasto en automóviles y otros bienes duraderos, factor que contribuyó a la notable desaceleración de la producción industrial en el segundo semestre de 2002; asimismo, la confianza de los consumidores y de las empresas se ha reducido. Pese a que el producto se situaba en un nivel cercano al potencial, las tasas de interés se mantuvieron constantes entre mediados de 2002 y principios de 2003 tras el aumento acumulativo de 75 puntos básicos en el primer semestre de 2002, lo cual fue una respuesta apropiada en vista de que las expectativas inflacionarias se mantuvieron fuertemente ancladas, y del peso asignado al riesgo de que el crecimiento fuese menor de lo previsto. En marzo, mes en que la inflación subyacente había superado la banda del 1% al 3% fijada como meta, el Banco de Canadá decidió elevar la tasa para operaciones a 24 horas otros 25 puntos básicos, y en los próximos meses es posible que siga siendo necesario retirar el estímulo monetario, sobre todo si se despeja rápidamente la incertidumbre geopolítica. Pese a que la acertada gestión fiscal también ha contribuido a respaldar la recuperación (tanto por el efecto de los estabilizadores automáticos como la adopción de medidas discrecionales) y ha permitido seguir reduciendo el saldo de la deuda pública, las presiones generadas por el envejecimiento de la población y por el nivel aún alto de la proporción deuda/PIB subrayan la importancia de perseverar en el compromiso de reducir la deuda y efectuar reformas que contengan el aumento de los costos de atención de la salud.

Europa occidental: Débil crecimiento (sobre todo en Alemania) y retraso en la recuperación

El crecimiento económico en la zona del euro siguió siendo decepcionante en el segundo semestre del año, sobre todo en Alemania, y las perspectivas no son halagüeñas. Si bien el aumento de las exportaciones contribuyó a iniciar la recuperación a principios de 2002, no ha servido para lograr después un repunte vigoroso de la demanda interna. El consumo—estimulado por la subida de los salarios reales y el impacto de los generosos estabilizadores automáticos sobre el salario líquido—aumentó en forma moderada, al tiempo que continuaron los recortes de la inversión debido a la moderación de la demanda, las desfavorables perspectivas en materia de beneficios y las rigideces del mercado de trabajo que fomentan la retención de mano de obra. A juzgar por los indicadores, la recuperación en 2003 será débil: se mantendrán la depresión del clima de consumo y la atonía de la producción industrial y habrá un leve aumento del desempleo. Para el conjunto del año 2003, se proyecta un crecimiento del 1,1%, alrededor de un 1¼% menos que lo previsto en la edición de Perspectivas de la economía mundial, de septiembre de 2002, y muy por debajo del potencial.

A pesar del deterioro de la confianza, es probable que el consumo vuelva a sostener la actividad este año, a medida que el impacto decreciente de las anteriores sacudidas de los precios eleve el ingreso real disponible. Otros factores positivos son el ciclo de las existencias—los estudios indican que el proceso de agotamiento puede haber llegado ya a su fin—y las exportaciones, que reflejan el efecto de un cierto fortalecimiento de la demanda mundial, que contrarresta el efecto de la apreciación del euro. Las perspectivas respecto a la inversión—que ha sufrido una contracción continua desde mediados de 2000—son más endebles dada la probabilidad de que se amplíen las brechas de producción y aumente la capacidad ociosa este año, el clima empresarial sea poco propicio y se produzca un endeudamiento excesivo de las empresas.

Además, cabe el riesgo de que estas perspectivas tan poco alentadoras empeoren aún más. Un factor inmediato de incertidumbre guarda relación con la posibilidad de que se prolongue la guerra en Iraq, especialmente por el impacto que ello podría tener en los precios del crudo y en la confianza. Aparte de esto, otro factor clave es el comportamiento de las empresas y la posibilidad de más ajustes de los balances ante la caída de las cotizaciones bursátiles (mayor en Europa que en Estados Unidos), lo que podría repercutir no solo en la inversión, sino también en el empleo y el consumo. También es posible que las tensiones financieras tengan un mayor impacto (incluido el impacto de las pérdidas en las carteras de acciones de las aseguradoras de vida y los fondos de pensiones). Las interacciones entre la debilidad de los bancos y las empresas—especialmente en Alemania, donde los bancos están registrando menos beneficios, está aumentando el número de casos de insolvencia de las empresas, siguen cayendo los precios de la propiedad, y los descensos de las cotizaciones bursátiles han erosionado las reservas de capital encubiertas—podrían intensificar la aversión al riesgo por parte de los bancos y socavar el proceso de concesión de crédito (recuadro 1.3).

Dentro de este panorama general, el estancamiento de la economía sigue siendo un problema especialmente preocupante en Alemania, tanto más por la falta de evidencia de que la situación esté cambiando y dado que la producción industrial, la confianza del sector empresarial y las ventas al por menor están en continua caída y que la tasa de desempleo se sitúa en el nivel más alto del trienio. Además, las políticas macroeconómicas ofrecerán un apoyo menor que en otros países de la zona del euro (gráfico 1.8), ya que la contracción fiscal prevista, que se logrará en parte elevando los impuestos y los pagos a la seguridad social, ya está afectando la actitud de los consumidores. En el caso de Francia, las perspectivas también son menos optimistas, debido, entre otros factores, al deterioro de la confianza de los consumidores y a la sobreoferta de mano de obra. En Italia, el lento ritmo de la recuperación en el segundo semestre de 2002 y los bajos niveles en que se sitúa la confianza de las empresas y los consumidores indican que el repunte de la actividad económica será más lento de lo que se había previsto. Por lo que respecta a los otros países, para este año se prevé un crecimiento relativamente robusto en España, Grecia e Irlanda, debido, entre otras cosas, a que las condiciones monetarias son relativamente favorables en la medida en que la inflación se sitúa por encima de la media de la zona. En cambio, en Bélgica y los Países Bajos es probable que la actividad sea menos vigorosa, mientras que en Portugal se prevé una contracción del producto dado que todavía persiste la dificil situación fiscal creada tras sobrepasarse, en 2001, el tope impuesto al déficit en el marco del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, y habida cuenta del aumento de las tensiones financieras como consecuencia de los altos niveles de endeudamiento de los hogares y las empresas.

Gráfico 1.8.Divergencias en cuanto a coyuntura cíclica, balanza fiscal estructural y tasas de interés reales en la zona del euro

A pesar de su brecha de producción relativamente alta (y creciente), Alemania e Italia están en condiciones de experimentar contracciones fiscales relativamente grandes en 2003. y Alemania registrará tasas de interés real relativamente elevadas.

El aspecto más positivo por lo que se refiere a las perspectivas de crecimiento es que la inflación se reducirá notablemente en 2003–04 (siempre y cuando los precios del petróleo bajen conforme a las proyecciones del escenario de referencia). Los primeros indicios de esta tendencia, que se han visto reforzados por la reciente fortaleza del euro, se observaron ya hacia finales del año pasado. Si bien los recientes acuerdos salariales firmados en Alemania podrían impedir que la inflación se redujera demasiado, los riesgos de deflación son probablemente mayores en este país que en el resto de los países industriales con la excepción de Japón (recuadro 1.1). En este contexto y, teniendo en cuenta las perspectivas más favorables en materia de estabilidad de precios en toda la zona del euro, el Banco Central Europeo tornó una decisión acertada al aplicar una política monetaria menos restrictiva a finales de 2002 y principios de 2003. No habría que descartar la posibilidad de recortar nuevamente las tasas de interés y, de hecho, habría que tomar medidas si la recuperación sigue siendo débil o si el euro continúa apreciándose. El examen que realiza el BCE de manera continua con respecto a su política monetaria es encomiable y podría ayudar a entender mejor cómo interpreta la institución su objetivo de estabilidad de precios y cómo aplica, en la práctica, la estrategia de los dos pilares.

Recuadro 1.3.¿En qué medida la atonía de la banca explica el estancamiento de Alemania?

En los últimos años, el sistema bancario de Alemania se ha visto sometido a una creciente presión a causa de la poca rentabilidad y el deterioro de la calidad del crédito, así como el efecto de la desaceleración mundial. Al mismo tiempo, los balances de las empresas también han sufrido tensiones: al igual que en Estados Unidos y el resto de la zona del euro, en Alemania las empresas se endeudaron más durante el auge reciente, con el consiguiente aumento apreciable del coeficiente de apalancamiento1. Como lo ha demostrado la experiencia en otros países (particularmente Japón en la década de los noventa), la combinación de tensiones en los sectores bancario y empresarial puede repercutir gravemente en el crecimiento, y hace reflexionar sobre la medida en que esos problemas, por el momento menos graves en Alemania que en Japón, pueden haber contribuido a los recientes resultados decepcionantes de la economía alemana y las implicaciones en cuanto al ritmo de recuperación.

La debilidad del sistema bancario de Alemania se deriva de una rentabilidad estructuralmente baja aunada a la fase descendente del ciclo. La baja rentabilidad es consecuencia de varios factores: una dependencia excesiva de actividades con margen de interés reducido, relaciones de costos persistentemente altas y la participación tradicionalmente elevada de la intermediación financiera pública. Para mejorar su rentabilidad, los bancos han procurado diversificarse incrementando sus actividades basadas en comisiones (como el corretaje de acciones), reduciendo personal y cerrando redes de sucursales costosas; pero hasta la fecha estas medidas han surtido efecto solo de manera parcial: las actividades basadas en comisiones disminuyeron acusadamente durante la desaceleración, y la inflexibilidad de los mercados laborales de Alemania ha hecho más difícil la reducción del exceso de personal, si bien los renovados esfuerzos desplegados en 2002 tuvieron cierto éxito. Las dificultades de los bancos privados también se han agudizado a causa de deficiencias en la planificación estratégica y la competencia de los bancos públicos subvencionados (principalmente debido a los menores costos de captación de fondos derivados de las garantías públicas). La restricción de las fusiones entre instituciones con diferente condición jurídica (por ejemplo, Landesbanken sujetos a su Land o estado, bancos de ahorro sujetos a su municipio) también ha reducido el alcance de la consolidación del sector, lo que ha dado origen a una de las economías con mayor proliferación de bancos en Europa, a pesar de ciertas fusiones que se produjeron en años recientes entre algunas instituciones más pequeñas.

La situación financiera y el crecimiento del crédito de los bancos alemanes también han sufrido mucho los efectos de la fase de contracción. Si bien las cifras correspondientes a los préstamos improductivos no parecen haber aumentado—los supervisores reciben información periódicamente, pero el público no tiene acceso oportuno a los datos de todo el sistema—, el rápido aumento de las quiebras hasta niveles que se acercan a los máximos es un indicio del probable empeoramiento de la calidad del crédito2. Asimismo, como se señala en este recuadro y en el capítulo II, los balances de las empresas están sometidos a una tensión creciente, por lo cual los bancos se han mostrado menos dispuestos a conceder préstamos con los márgenes de antes, y los estudios de las empresas parecen indicar que la obtención de crédito se ha tornado más difícil3.

El estallido de la burbuja bursátil también ha incidido bastante en los bancos alemanes, los cuales, al ser universales, están autorizados para poseer acciones de otras empresas. Hasta hace poco, utilizaban las ganancias de capital derivadas de esas tenencias para acumular reservas y crear un margen que les permitía compensar las utilidades bajas de años menos prósperos. A pesar de la escasa información sobre el valor actual de las reservas, los analistas de mercado estiman que ya podrían haberse agotado en su mayoría. (La venta de acciones suscitada por la reforma tributaria de 2000, que desgravaba las ganancias de capital efectivas, también mermó las reservas.) No obstante, las reservas no realizadas solo pueden sumarse al capital de nivel 2 si la relación del capital de nivel 1 está por encima del 4,4%, e incluso así son limitadas, lo que significa que en Alemania el efecto de las tenencias bursátiles en la capitalización es menos importante que en Japón. Si bien los precios de la vivienda también han bajado tras el auge inmobiliario que siguió a la unificación, la incidencia en los bancos ha sido limitada gracias a la aplicación de coeficientes prudentes entre el principal del préstamo y el valor del activo respaldado. Además, la mayoría de los precios inmobiliarios inflados parecían haberse concentrado en la parte oriental del país—Berlín concretamente—y hasta el momento solo unos pocos bancos de la región se han visto afectados.

¿En qué medida puede el débil crecimiento del crédito registrado últimamente en Alemania atribuirse a la contracción de la demanda suscitada por la desaceleración y en qué medida a los problemas de fondo del sistema bancario? Ciertos análisis econométricos recientes parecen indicar que los factores que influyen en la demanda de crédito (tales como las previsiones de las tasas de interés y el crecimiento) no bastan para explicar la intensidad y duración de la desaceleración del sector crediticio, y que aquellos que influyen en la voluntad de los bancos para prestar—representada mediante indicadores de su situación financiera, como la capitalización adecuada y las reservas para préstamos incobrables—son justificativos adicionales (véase el gráfico)4. Estos resultados, junto con otros datos obtenidos, obviamente indican que los factores relacionados con la oferta han repercutido en cierta medida en la restricción del crecimiento del crédito5.

Aumento del crédito1

1Crédito otorgado a empresas nacionales y particulares.

(Variación porcentual trimestral)

¿Podría la mala situación de los bancos alemanes afectar al resto de Europa o el mundo? Una vía fundamental de contagio serían los vínculos interbancarios entre las instituciones alemanas y las instituciones extranjeras, aunque revisten importancia mayormente para los bancos privados más grandes y para los Landesbanken (bancos estatales)6. Si surgieran problemas de liquidez, el “Liquiditáts Konsortialbank”, de propiedad de un consorcio bancario que incluye el banco central, está en condiciones de aliviar la falta de liquidez a corto plazo de los bancos pequeños y medianos, pero no se han definido los mecanismos exactos que se utilizarían para solucionar una situación similar en un banco grande. Una segunda vía es la restricción del crédito que los bancos alemanes ofrecen a empresas extranjeras no bancarias: alrededor del 15% del total de préstamos a empresas no bancarias se destina fuera de Alemania. Las estadísticas del Banco de Pagos Internacionales (BPI) hasta fines de septiembre de 2002 indican que el volumen total de crédito de los bancos alemanes ya ha descendido del tope alcanzado a finales de septiembre de 2001, en un 3% ($55.000 millones) para países desarrollados y un 6% ($12.000 millones) para países en desarrollo.

En general, es evidente que el menor crecimiento del crédito se debe en parte a la desaceleración cíclica, pero es probable que también incida la atonía de la banca. Según la mayoría de los analistas, por el momento los problemas no son sistémicos7, pero podrían agravarse con el tiempo, especialmente si la recuperación económica se demora y si no se corrige el deterioro de los balances y la rentabilidad de las empresas. Si bien no hay soluciones rápidas, los bancos deberían concentrarse en mejorar la capacidad para elevar su rentabilidad con políticas que faciliten las consolidaciones en el sector, la supresión de puestos y la eliminación de las garantüas públicas a fin de que todos los intermediarios bancarios estén en igualdad de condiciones. Otro factor clave para la pronta definición de soluciones es una mayor transparencia y disponibilidad de la información sobre la situación financiera de los bancos, ya que a la larga abaratarán el costo de abordar los problemas. Alemania ya está participando en el programa de evaluación del sector financiero (PESF) del FMI, que debería propiciar un análisis más a fondo sobre la situación del sector financiero y la idoneidad de los mecanismos de supervisión.

Nota: La autora principal de este recuadro es Laura Kodres.1Véanse el capítulo II y Jaeger (2003).2Es posible que el aumento de las declaraciones de quiebra no se deba exclusivamente a la poca pujanza de la economía. Hace poco se enmendó la ley de quiebras de Alemania para facilitar a las compañías la declaración y la salida de la quiebra como empresas en marcha.3Véase Creditreform (2002).4Véanse FMI (2002) y Banco Federal de Alemania, 2002.5La pequeña y mediana empresa puede verse particularmente afectada al no haber estado acostumbrada a buscar financiamiento de otras fuentes, como los bancos extranjeros. Hay quienes piensan que la adopción anticipada de técnicas de gestión del riesgo de crédito en virtud del Nuevo Acuerdo de Capital de Basilea, que puede haber detectado nuevos riesgos, también ha incidido en la disminución de la oferta de préstamos.6Estos bancos cuentan con aproximadamente un tercio del total de préstamos nacionales y gozan de garantías explícitas del Estado hasta 2005.7Moody’s Bank Risk Monitor, noviembre de 2002.

Durante el pasado año, persistieron las presiones fiscales en la zona del euro, que registró, en conjunto, un déficit del 2¼% del PIB (frente a las proyecciones del 1% contempladas en el programa de estabilidad). Además, Alemania fue, tras Portugal, el segundo país que sobrepasó el límite del 3% establecido en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. En 2003, se prevé que el déficit de la zona aumentará algo más, hasta el 2½% del PIB, y que Alemania y Francia registrarán déficit de alrededor del 3½% del PIB. Aunque es probable que Alemania emprenda un importante ajuste estructural en un intento por reducir el déficit por debajo del tope establecido en dicho Pacto en 2004, la reducción proyectada en el caso de Francia depende esencialmente de que persevere hasta el final en las recientes medidas de restricción del gasto. En Italia la inquietud sigue centrándose en torno al gran componente de medidas temporales incluidas en el presupuesto de 2003 y al uso generalizado de las amnistías fiscales, que ponen en riesgo el cumplimiento de las obligaciones tributarias en el futuro. A corto plazo, el dilema está en como evitar que se creen fuerzas contrarias, debido a una excesiva compresión (sobre todo, en Alemania, recurriendo a medidas especiales de fomento del ingreso en lugar de emprender reformas fiscales duraderas), sin comprometer la credibilidad del propio Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Para ello es necesario seguir reduciendo los déficit estructurales con miras a alcanzar, a mediano plazo, el objetivo de una posición próxima al equilibrio, aunque permitiendo la plena interacción de los estabilizadores automáticos. A más largo plazo, la mayoría de las economías de la zona tendrán que reforzar aún más la situación de sus finanzas públicas—probablemente mucho más allá de lo que estipula el Pacto de Estabilidad y Crecimiento—a fin de crear el margen necesario para reducir la presión fiscal y hacer frente a los gastos por concepto de pensiones y atención de la salud que conlleva el envejecimiento de la población.

Si bien las medidas adoptadas en los últimos años para racionalizar el seguro de desempleo y reducir la cuña fiscal en el mercado laboral europeo han contribuido a fomentar la creación de empleo (especialmente a tiempo parcial y con bajo nivel de calificación) y a flexibilizar dicho mercado, el desempleo sigue siendo alto y la tasa de actividad—especialmente entre los mayores de 55 años—es todavía mucho más baja que en otras economías avanzadas. Intensificando las medidas para racionalizar las prestaciones por desempleo, que siguen siendo generosas, y simplificando la complicada reglamentación laboral, se podría avanzar notablemente en la resolución del problema del desempleo y se estimularía el crecimiento potencial a mediano plazo (véase el capítulo IV). A este respecto, resultan muy oportunas las propuestas presentadas recientemente por las autoridades alemanas a fin de mejorar los incentivos al trabajo y comenzar a desmontar los mecanismos que protegen en exceso el empleo. En la zona del euro, las medidas que se adopten para flexibilizar en mayor grado el mercado de trabajo deberán combinarse con un enfoque que permita acelerar la integración del sector financiero—incluida la ampliación del proceso Lamfalussy respecto a la legislación por la vía rápida para los sectores de banca y seguros—y liberalizar el mercado interno de servicios (con la adopción de las normas de armonización que limitan las operaciones minoristas entre países).

Por lo que respecta a las otras grandes economías europeas, la fortaleza de la demanda interna ha contribuido a sostener un vigoroso crecimiento en el Reino Unido. Si bien el gasto de los hogares—que se mantuvo sólido el año pasado cuando la burbuja potencial de los precios de la vivienda coadyuvó a un fuerte incremento de la riqueza en los sectores relacionados con la vivienda—podría reducirse algo en 2003 (habida cuenta del endeudamiento de los hogares, que ha alcanzado niveles récord, y de la caída de las cotizaciones bursátiles), esta reducción debería compensarse con la fortaleza sostenida de la demanda del sector público y una moderada recuperación de las exportaciones netas, lo que se traduciría en un crecimiento del PIB del 2%. Aunque desde el año 2000 el estímulo fiscal—impulsado por la demanda generalizada de mejores servicios públicos en el contexto de un marco sólido basado en reglas—ha ayudado a respaldar el crecimiento, es necesario mantenerse alerta para salvaguardar la eficiencia del gasto. En febrero, y en vista del deterioro de las perspectivas de las demandas externa e interna, el Banco de Inglaterra redujo su tasa de interés de intervención en 25 puntos básicos (a 3,75%) por primera vez desde noviembre de 2001. Si la balanza de riesgos se inclina más a la baja y los precios de la vivienda siguen en descenso, quizás haya margen para una mayor distensión de la política monetaria.

En cuanto a las otras economías, se prevé que Dinamarca, Noruega y Suecia registren este año un crecimiento de alrededor del 1½%, cifra similar a la observada en 2002. El consumo se reforzará gracias al sólido aumento del ingreso disponible en el contexto de un mercado laboral con escasez de mano de obra, aunque los bajos niveles de confianza empresarial podrían limitar el repunte de la actividad en el sector manufacturero y la inversión de las empresas durante este año. Dado que, según las previsiones, la inflación básica se reducirá entre el próximo año y el siguiente por debajo de los respectivos objetivos debido en parte a que la recuperación de la economía mundial es más lenta de lo esperado, Suecia y Noruega hicieron lo correcto al aplicar una política monetaria más expansiva a finales de 2002 y principios de 2003. En Suiza, la economía se ha ido estancando y, a juzgar por los indicadores anticipados, la recuperación se producirá más tarde y será más débil que en la zona del euro, debido en parte a que el franco suizo ha vuelto a apreciarse. El banco central suizo reaccionó adecuadamente reduciendo, a finales del pasado año, 25 puntos básicos la tasa de interés que utiliza como objetivo. Si la economía no da señales de recuperación en el segundo semestre de este año, como indican las proyecciones actuales, se justificaría una mayor distensión de la política monetaria, posiblemente en forma de intervención en el mercado de divisas.

Japón: La situación endeble de la economía subraya la necesidad de poner fin a la deflación

La arraigada deflación y las sombrías perspectivas económicas en Japón ponen de manifiesto la apremiante necesidad de adoptar medidas decididas para reestablecer una inflación positiva. Este es el cuarto año consecutivo en que caen los precios de los bienes y servicios, fenómeno sin precedente en los países industriales en los últimos 50 años. Una deflación persistente es peligrosa porque limita la flexibilidad de la política monetaria, incrementa la carga de la deuda real y crea incentivos para postergar el gasto, lo cual refuerza la deflación y crea el riesgo de una espiral deflacionaria. Las expectativas son un factor determinante de la persistencia, y hay motivos para pensar que las expectativas deflacionarias están intensificándose (gráfico 1.9). En los últimos cuatro años, la inflación del IPC ha sido más negativa que el pronóstico a un año y, en consecuencia, las expectativas iniciales se están ajustando a la baja. Las expectativas deflacionarias se están generalizando, y una proporción cada vez mayor de encuestados prevén que los precios bajarán en lugar de subir. Por último, según una encuesta reciente, la mayoría de las personas estima que la deflación durará al menos dos años más.

Gráfico 1.9.Las expectativas de deflación se agravan en Japón

(Porcentaje)

En los últimos años, las cifras de inflación del IPC han resultado más negativas que las pronosticadas un año antes; una proporción cada vez mayor de encuestados prevé una caída de precios, y la mayoría señala que la deflación se prolongará por lo menos dos años más.

Fuentes: Consensus Forecasts y Ministerio de Economía, Comercio e Industria.

1Los datos previstos se refieren a los de Consensus Forecasts de enero del año anterior y los efectivos a los de Consensus Forecasts de diciembre del año en curso.

2Proporción de encuestados que prevé una caída de precios menos la proporción de aquellos que prevén un aumento.

3Encuesta del Ministerio de Economía, Comercio e Industria, agosto de 2002.

La reactivación iniciada en el segundo trimestre de 2002 parece haber perdido impulso. Según revisiones de los datos de cuentas nacionales, el PIB del primer semestre de 2002 fue significativamente más alto que la tasa estimada cuando se preparó la edición de Perspectivas de la economía mundial de septiembre de 2002, lo cual contribuyó a una revisión al alza de la estimación de crecimiento para el conjunto del año. No obstante, en el cuarto trimestre de 2002 la recuperación se frenó a medida que la demanda interna disminuyó notablemente, reflejo de la fuerte caída de la tasa de crecimiento del consumo y de la reducción de las existencias. Además, los indicadores económicos mensuales apuntaban a que la actividad económica del cuarto trimestre fuera menos vigorosa que lo señalado por los datos de cuentas nacionales. El excedente de capacidad se mantuvo en niveles sustanciales, en un entorno en que el desempleo se situaba en tasas sin precedentes, la utilización de la capacidad manufacturera estaba disminuyendo y las tasas de desocupación de oficinas en Tokio crecían.

Con miras al futuro, es poco probable que la economía pueda recuperarse significativamente en el corto plazo. Se prevé que el consumo privado se mantenga estancado, debido a las difíciles condiciones del mercado laboral. Según la encuesta Tankan realizada en marzo de 2003, se prevé un cierto deterioro de la situación de las empresas en el segundo trimestre de 2003, y las expectativas de las empresas con respecto a las ventas, utilidades e inversión fija durante el ejercicio que cierra en marzo de 2004 son variadas. En los mercados financieros, las cotizaciones bursátiles han bajado a los niveles más bajos de los últimos 20 años, reflejo del deterioro de los mercados de acciones internacionales, las inquietudes acerca de las perspectivas de los bancos y de las empresas muy endeudadas, y de la incertidumbre en torno a la viabilidad de la reactivación. El rendimiento de los bonos públicos a 10 años se ha reducido a menos de 80 puntos básicos (tasa sin precedente). Como reflejo de los bajos niveles de los indicadores recientes y del descenso de las cotizaciones bursátiles, se ha revisado a la baja, a 0,8%, la proyección del crecimiento económico para 2003.

Los riesgos se inclinan predominantemente hacia una revisión a la baja de las proyecciones. En el futuro inmediato, los riesgos geopolíticos constituyen una preocupación central. Una guerra prolongada en Iraq podría tener un impacto significativo en el crecimiento económico, debido a los efectos del aumento de los precios del petróleo, la reducción de las cotizaciones bursátiles y la menor confianza de los consumidores y los inversionistas, sobre todo en vista de la endeble situación económica de Japón y la fragilidad de las instituciones financieras. En términos generales, el riesgo más significativo sigue siendo que se agraven los problemas bancarios, posiblemente como consecuencia de nuevos descensos de las cotizaciones bursátiles o de medidas poco acertadas para fortalecer los bancos, por ejemplo, obligándolos a contabilizar los préstamos con problemas de cobro sin prever mecanismos adecuados para la recapitalización de los bancos. Otro riesgo afín es la posibilidad de una contracción del crédito, ya que algunos bancos podrían frenar la concesión de préstamos para tratar de elevar sus coeficientes de capitalización.

Para mejorar las perspectivas de crecimiento a mediano plazo es esencial adoptar medidas decididas para poner fin a la deflación. Pese a los esfuerzos desplegados por el Banco de Japón para frenar la deflación mediante una distensión monetaria cuantitativa, entre otras formas, aumentando a fines de 2002 el nivel de reservas bancarias fijado como meta y efectuando compras directas de bonos públicos, los precios siguen bajando, en parte porque el proceso inflacionario es impulsado en el mismo grado por las expectativas sobre la política monetaria futura como por las condiciones monetarias actuales. A fin de frenar las expectativas deflacionarias, que están profundamente arraigadas, el Banco de Japón podría actuar y comunicarse de manera más categórica. Al respecto, podría anunciar claramente al público que está dispuesto a hacer todo lo necesario para reestablecer la inflación dentro de un plazo razonablemente corto, y que a mediano plazo fijará como meta una tasa de inflación positiva para minimizar el riesgo de encontrarse nuevamente ante opciones limitadas por haber llevado las tasas de interés a su nivel más bajo posible, que es cero. De registrarse una fuerte depreciación del yen, es probable que el efecto regional pueda contenerse gracias a la tendencia a adoptar tipos de cambio flexibles, reforzar las reservas y reducir el saldo de la deuda externa.

Aunque el hecho de reestablecer una inflación positiva incidirá favorablemente en las perspectivas a mediano plazo, podrían cosecharse mayores frutos complementando la aplicación de medidas decididas de distensión monetaria cuantitativa con una reestructuración de gran alcance de los sectores bancario y empresarial. Actualmente, el elevado volumen de préstamos incobrables y la fragilidad de la base de capital reducen el interés de los bancos en conceder crédito. El nuevo plan de las autoridades para reforzar el sector, anunciado en octubre de 2002, contempla una serie de medidas positivas y ha alentado a algunos bancos a reforzar su base de capital incrementando sus fondos privados. Sin embargo, debe hacerse más para resolver los problemas bancarios. Concretamente, es necesario acelerar la constitución de reservas adecuadas contra préstamos incobrables, mejorar el cálculo del capital reglamentario, reformar la ley para facilitar la inyección de capital público a los bancos en dificultades, incrementar la rentabilidad de los bancos e incluir en el plan a los bancos más pequeños y los bancos regionales.

Será esencial avanzar más rápidamente en la reestructuración bancaria para agilizar la reestructuración de las empresas, ya que la falta de reservas contra préstamos incobrables reduce el interés de los bancos en llevar a cabo la reestructuración o liquidar empresas. A fin de fomentar la reestructuración de empresas, los bancos deben contar con reservas adecuadas contra préstamos incobrables, y estar sujetos a plazos para ponerse de acuerdo en efectuar reestructuraciones realistas con empresas viables o en liquidar las que no sean viables. Asimismo, será importante limitar la participación del Estado en este proceso, por ejemplo, limitando la función de la corporación de revitalización industrial a la compra de préstamos incobrables de los bancos y a su reventa al sector privado, en lugar de permitir que seleccione a las empresas afortunadas que serán reestructuradas con el respaldo de fondos públicos. También se requieren medidas que faciliten la reasignación de la mano de obra y la desregulación en los sectores de comercio minorista, bienes raíces y servicios de salud. Puesto que algunas de estas reformas podrían incidir negativamente en el empleo a corto plazo, es importante que se cuente con redes de protección social adecuadas.

En 2003 se proyecta que el déficit estructural del gobierno general disminuirá ligeramente. A menos que se adopten medidas estructurales de mayor alcance, se justificaría un saneamiento más gradual de las finanzas públicas dados los altos niveles del déficit presupuestario y de la deuda pública. Podría avanzarse más en el establecimiento de una estrategia creíble a mediano plazo para sanear las finanzas públicas y poner en marcha reformas fiscales clave, como la del sistema de seguridad social, la desafectación de los ingresos tributarios relacionados con las carreteras y la reforma de las empresas de carreteras públicas. También se requieren medidas para reforzar la base impositiva, por ejemplo, la reducción del umbral del impuesto sobre la renta, el establecimiento de números de identificación para los contribuyentes y la eliminación de las deducciones.

América Latina: Se reducen las primas de riesgo pero la vulnerabilidad sigue siendo significativa

Toda la región de América Latina registró en 2001–02 la peor desaceleración de los últimos 20 años, y las perspectivas siguen siendo inciertas. En el segundo semestre de 2002 se recuperó la producción industrial y las cifras preliminares indican un crecimiento moderado del PIB real (gráfico 1.10). Este giro favorable se debe principalmente al aumento de las exportaciones netas, dado que las fuertes depreciaciones del tipo de cambio real de principios del año impulsaron las exportaciones y restringieron las importaciones. Los indicadores de los mercados financieros mejoraron un poco después de octubre, debido a que hubo una mayor predisposición al riesgo a nivel general y menor incertidumbre política en Brasil. Si bien se fortalecieron los mercados de acciones, siguen siendo elevadas las primas sobre las tasas de interés de los bonos soberanos y las condiciones de financiamiento son aún difíciles para los prestatarios cuya calificación crediticia no llega al grado de inversión no especulativa.

Gráfico 1.10.Actividad económica e indicadores financieros de algunos países de América1

(Variación porcentual interanual, salvo indicación contraria)

La actividad económica se estabilizó en el segundo semestre de 2002, gracias a un cambio de tendencia de las exportaciones netas, mientras que el consumo y la inversión superaron su nivel mínimo. Los diferenciales de bonos se han reducido, pero siguen siendo elevados, y las cotizaciones de las acciones parecen haber llegado al mínimo.

Fuentes: Bloomberg Financial Markets, LP, y Haver Analytics.

1Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela.

2índice MSCI.

3EMBI +

En 2002 hubo una considerable variación en los resultados económicos de los países (cuadro 1.6). Las contracciones del producto en algunos países fueron consecuencia de la crisis económica argentina y de sus repercusiones en Uruguay y Paraguay, así como de la crisis política que aún persiste en Venezuela. Brasil también se vio afectado por una actitud más cauta del mercado, pero tras las elecciones presidenciales de octubre surgieron claras señales de que las medidas macroeconómicas futuras tenderán a proteger la estabilidad macroeconómica, y esto hizo que los inversionistas comenzaran a sentirse más seguros. México y Chile sufrieron en menor grado el deterioro de las condiciones de financiamiento externo gracias a su sólido historial en la aplicación de medidas de política y a su relativamente alta integración en la economía mundial.

Cuadro 1.6.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos países de América(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
200120022003200420012002200320042001200220032004
América0,6−0,11,54,26,48,711,06,9–2,8–1,0–1,1–1,6
Argentina–4,4–11,03,04,5–1,125,922,313,0–1,78,37,86,7
Brasil1,41,52,83,56,88,414,05,5–4,6–1,7–1,5–2,3
Chile2,82,03,14,83,62,53,32,9–1,8–0,9–1,5–1,1
Colombia1,41,62,03,37,86,35,64,3–1,9–2,0–0,8–1,6
Ecuador5,13,03,55,237,712,67,45,5–2,4–6,6–5,9–3,9
México–0,30,92,33,76,45,04,33,3–2,9–2,2–2,2–3,1
Perú0,65,24,04,52,00,22,52,5–2,0–2,0–1,9–2,0
Uruguay–3,1–10,8–2,04,54,414,027,921,2–2,91,22,31,6
Venezuela2,8–8,9–17,013,412,522,437,540,93,18,14,95,6
América Central31,91,92,43,17,35,45,54,9–5,9–5,2–5,8–5,7
Países del Caribe41,92,82,33,17,55,410,04,6–4,1–4,3–4,0–3,7
Otros países de América Latina51,9–0,31,23,34,04,99,56,9–3,2–3,8–3,9–3,8

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye Belice, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua y Panamá.

Incluye Antigua y Barbuda, Antillas Neerlandesas, Las Bahamas, Barbados, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, República Dominicana, Saint Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Suriname y Trinidad y Tabago.

Incluye Bolivia y Paraguay.

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye Belice, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua y Panamá.

Incluye Antigua y Barbuda, Antillas Neerlandesas, Las Bahamas, Barbados, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, República Dominicana, Saint Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Suriname y Trinidad y Tabago.

Incluye Bolivia y Paraguay.

En la mayoría de los países no hubo demasiado margen de maniobra para la aplicación de políticas macroeconómicas que permitieran amortiguar el impacto de los embates externos. Las grandes necesidades de financiamiento del sector público y la elevada carga de la deuda obligaron a los gobiernos a reaccionar ante la reducción de la recaudación de impuestos (porque a su vez fue menor la actividad económica) y el aumento de los pagos de servicio de la deuda (al aumentar los pagos por concepto de intereses) mediante la adopción de una política fiscal más restrictiva para mantener bajo control las necesidades de empréstitos y apuntalar la confianza de los inversionistas. De la misma manera, la vulnerabilidad de los sistemas financieros a las presiones que sufrieron los balances generales debido a la depreciación de la moneda nacional—reflejo de la fuerte dolarización de la deuda pública y de los depósitos en bancos privados—forzó a muchos países a responder ante la debilidad de su moneda con una política monetaria más restrictiva e intervenciones para defender su moneda en el mercado cambiario. En cambio, algunos países con finanzas públicas más sólidas y una inflación más baja pudieron recortar las tasas de interés e incrementar el gasto público.

Las perspectivas económicas siguen siendo frágiles y dependen de lo que ocurra en Estados Unidos, aunque a corto plazo son en general más favorables en los países con fundamentos más firmes en su política económica. En el futuro inmediato siguen preocupando mucho los riesgos geopolíticos: la mayoría de los países sufrirán las consecuencias si se prolonga la guerra en Iraq, porque probablemente esto deteriorará las condiciones del financiamiento externo, desacelerará el crecimiento mundial y elevará los costos de la energía para los países importadores de petróleo. En términos más generales, en las previsiones se supone que se disipa la incertidumbre política en la región y se amplía el acceso a los mercados internacionales de capital. Dado que todavía hay un gran volumen de inversiones en América Latina, si la situación se tornase adversa—por ejemplo, se declarara una cesación de pagos sin orden ni concierto—podría producirse una venta masiva de muchos activos latinoamericanos, con la posible excepción de México y Chile, prestatarios calificados con grado de inversión no especulativa. A fin de mejorar las perspectivas de crecimiento a mediano plazo y reducir la posibilidad de crisis futuras, sigue siendo prioritario en muchos países de la región reducir la deuda pública, orientar la política monetaria hacia una inflación baja con flexibilidad cambiaría, intensificar la intermediación financiera dentro del país, aliviar las fragilidades de los balances relacionadas con una fuerte dolarización informal, liberalizar aún más el comercio exterior, avanzar con las reformas del mercado de trabajo, mejorar las redes de protección social y combatir la corrupción (para fomentar el apoyo popular a las medidas que se adopten y asegurar la sostenibilidad de las reformas).

En cuanto a lo sucedido en los distintos países, en Argentina hay indicios de que puede ya haber pasado lo peor de la crisis. Desde mediados de 2002 hubo una recuperación moderada del PIB real y un vigoroso crecimiento de la producción industrial y la construcción, está subiendo la confianza de los consumidores y bajó el desempleo, lo que en parte refleja un mayor número de beneficiarios de los programas de apoyo al empleo. Durante 2002 se redujo aproximadamente 70% el tipo de cambio, pero los precios al consumidor solo aumentaron 40% (debido a que la economía estaba deprimida y se impuso un estricto control al gasto público), lo que supone una significativa depreciación real. En los últimos meses se apreció la moneda, se produjo una baja acusada de las tasas de inflación mensuales, bajaron las tasas de interés y se registró un constante incremento en los depósitos bancarios del sector privado. Con todo, el PIB real sigue siendo casi 20% más bajo que en 1998, el desempleo es de alrededor del 18%, los índices de pobreza son aún elevadísimos y las señales de estabilización de los precios reflejan en parte la aplicación continua de controles a las tarifas de los servicios públicos. Entre los factores importantes de fragilidad de las perspectivas cabe mencionar los riesgos de inflación que suscita la liberación prevista en 2003 de los depósitos bancarios congelados, los amparos judiciales para acelerar la devolución de esos depósitos y las presiones sobre el gasto público en el período previo a los comicios de abril. Las máximas prioridades de la política económica son fortalecer el ancla monetaria y la credibilidad del marco fiscal y dar nuevos pasos para reforzar sustancialmente el sistema bancario.

En Brasil, el compromiso del nuevo gobierno de mantener la estabilidad macroeconómica, que destacó el Presidente Lula da Silva como prerrequisito de su programa de trabajo en el ámbito social, ayudó a reducir la incertidumbre en los mercados financieros. Desde el último trimestre del año pasado se registró una fuerte baja de las primas sobre las tasas de interés de los bonos soberanos, subieron las cotizaciones bursátiles y hubo una moderada apreciación de la moneda. Según las previsiones, el PIB real se acelerará un poco este año en tanto que bajará la tasa de inflación de 12 meses. No obstante, siguen siendo difíciles las condiciones del financiamiento externo, como reflejo de la fuerte necesidad de renovación de la deuda pública y la sensibilidad de la dinámica de la deuda ante el tipo de cambio y las tasas de interés. La vulnerabilidad de las perspectivas subraya la importancia de ejecutar plenamente el programa económico del gobierno, con una política fiscal suficientemente restrictiva que sea congruente con una reducción de la razón deuda/PIB en el mediano plazo, reformas tributarias y del régimen jubilatorio, una política monetaria orientada al reestablecimiento de un bajo nivel de inflación dentro del marco de objetivos explícitos de inflación, y nuevos avances en la reforma estructural.

En Venezuela, la crisis política que está afectando al país interrumpió la producción normal de petróleo y acrecentó la incertidumbre en el sector no petrolero. Se calcula que el PIB real se contrajo sensiblemente en el segundo semestre de 2002 y que la inflación pasó de 20% en junio (año a año) a 31% en diciembre. Aun tras la reciente resolución de la huelga en la empresa petrolera nacional, las proyecciones prevén una contracción del 17% del PIB real y un aumento de la inflación a fin de año a alrededor de 40% en 2003. La recuperación económica, si ha de ser sostenida, dependerá de la resolución de la crisis política de manera tal que mejore la confianza de consumidores e inversionistas. Para resolver la dificultad inmediata de recuperar la estabilidad macroeconómica es necesario satisfacer las grandes necesidades de empréstitos del gobierno y eliminar los controles de cambios y de precios que fueron impuestos recientemente.

En el resto de la región andina, varios países avanzaron en el fortalecimiento de sus fundamentos económicos gracias a la aplicación de programas de ajuste de amplia base, pero persisten importantes vulnerabilidades internas y externas. En Colombia, el Gobierno puso en práctica importantes reformas fiscales, como la ampliación de la base del IVA, la reforma del régimen jubilatorio (aunque se requieren más medidas—que están en consideración—para resolver el tema de los pasivos jubilatorios del régimen de reparto), y comenzó a flexibilizar el mercado laboral. En Perú se inició la primera etapa de la reforma tributaria y comenzaron los preparativos para una firme descentralización fiscal, a la vez que se reforzó la meta de inflación; existe, no obstante, la necesidad de acelerar aún más las reformas estructurales y de realizar un seguimiento activo y directo de evolución del sistema bancario. El nuevo gobierno de Ecuador actuó rápidamente para corregir la difícil situación de las finanzas públicas, ajustando los precios de la energía y congelando los sueldos del sector público; será crucial, sin embargo, respetar estrictamente el tope de gastos establecido en la nueva Ley Orgánica de Responsabilidad, Estabilización y Transparencia Fiscal, en tanto se avanza en la liquidación de los bancos cerrados y las reformas de la administración pública y aduanera. En Bolivia, en cambio, la inestabilidad política y el déficit fiscal cada vez mayor socavaron la confianza en el sistema bancario, lo que debilitó todavía más los balances de bancos y empresas. Es necesario que se adopten rápidamente medidas tendientes a reducir el déficit y que se pongan en práctica programas de reestructuración de empresas y bancos para lograr una estabilidad macroeconómica duradera.

En México y Chile se registraron resultados económicos relativamente positivos, sustentados por políticas en general bien concebidas y altos grados de integración en la economía mundial. En México, el presupuesto público para 2003 sigue siendo razonablemente congruente con la reducción de la deuda pública a mediano plazo, aunque las inquietudes sobre una actividad económica que aún es débil moderaron el ritmo del ajuste fiscal. La política monetaria, adecuadamente orientada a reducir la inflación, tuvo que adoptar una tónica más restrictiva, varias veces en los últimos meses, para contrarrestar las presiones inflacionarias que emanan de fuertes incrementos del salario nominal y de la depreciación de la moneda. Se está fortaleciendo más la supervisión regulatoria del sistema bancario. Para impulsar el crecimiento en el mediano plazo se requieren nuevas reformas estructurales, entre ellas del impuesto sobre el valor agregado y del sector de generación de electricidad, además de la desregulación del código laboral. En Chile, la deuda pública es baja, la política monetaria se basa en un régimen de objetivos explícitos de inflación y un tipo de cambio flotante, las reservas internacionales oficiales son altas y el sistema bancario es sólido. El presupuesto para 2003 permite el funcionamiento de los estabilizadores automáticos e incorpora programas de respaldo al empleo, en tanto que se mantiene, como es debido, un saldo estructural sin variaciones. Durante el curso de 2002 se redujo la tasa de interés indicativa de la política económica, lo que ayudó a que comenzara a recuperarse la demanda interna, manteniéndose la inflación en la mitad inferior de la banda fijada como meta. La credibilidad a mediano plazo de la meta de inflación pudo constatarse en las bajas primas sobre las tasas de interés de los nuevos efectos no indexados que emitió el Banco Central.

La región de Asia y el Pacífico: ¿Depende ahora menos el crecimiento de la evolución mundial?

Los resultados económicos de la región de Asia y el Pacífico (excluido Japón) han sido extraordinarios, con un aumento del PIB real superior al 6% en 2002, habiendo registrado las economías de Asia oriental relativamente abiertas y más pequeñas un repunte especialmente acusado con respecto a 2001 (cuadro 1.7). Este pujante crecimiento—en momentos en que la reactivación ha sido relativamente débil en los países industriales—ha llevado a preguntarse si las economías asiáticas son ahora menos dependientes de la demanda de países fuera de la región tras la apertura de China a raíz de su ingreso en la OMC y el aumento del comercio interregional. En vista de que se está desacelerando el dinámico crecimiento de la exportación observado en el primer semestre de 2002, es importante para las perspectivas responder si el crecimiento de Asia se ha vuelto más autosostenido, sobre todo si persiste la atonía mundial registrada en el sector de los productos electrónicos desde mediados de 2002.

Cuadro 1.7.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos países de Asia(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
200120022003200420012002200320042001200220032004
Países emergentes de Asia35,06,36,06,32,61,82,33,12,83,52,72,3
Economías asiáticas recientemente industrializadas0,84,64,14,51,91,01,81,95,87,06,26,1
Corea3,06,15,05,34,12,83,53,22,01,30,30,5
Hong Kong, RAE de0,62,33,03,3–1,6–3,0–1,6–1,07,511,410,910,6
Singapur–2,42,23,03,51,0–0,40,91,719,021,522,220,5
Taiwan, provincia china de–2,23,53,23,7–0,20,30,86,49,18,68,8
ASEAN-42,64,33,94,36,65,95,34,95,05,33,12,7
Filipinas43,24,64,04,06,13,14,04,00,43,80,30,5
Indonesia3,43,73,54,011,511,99,08,44,94,22,22,2
Malasia0,44,25,05,81,41,82,52,58,37,77,55,6
Tailandia1,95,24,24,31,70,61,70,95,46,02,82,6
Asia meridional54,14,75,15,83,84,14,25,3–0,21,10,60,1
Bangladesh5,34,45,25,51,62,45,24,5–2,20,5–2,0
India4,24,95,15,93,84,34,15,50,90,50,2
Pakistán3,64,65,05,13,13,13,94,00,44,03,00,8
Antiguas economías de planificación centralizada67,27,97,57,50,7–0,60,31,61,51,81,31,0
China7,38,07,57,50,7–0,80,21,51,51,91,41,1
Vietnam5,05,86,27,0–0,44,03,83,32,2–1,4–2,1–1,5

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye países en desarrollo de Asia, economías asiáticas recientemente industrializadas y Mongolia.

Para la balanza en cuenta corriente, las previsiones provisionales del personal técnico del FMI están sujetas a revisión una vez que las autoridades de Filipinas den a conocer las estadísticas de importación ajustadas correspondientes a 2002.

Incluye Bangladesh, India, Maldivas, Nepal, Pakistán y Sri Lanka.

Incluye Camboya, China, Mongolia, República Democrática Popular Lao y Vietnam.

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye países en desarrollo de Asia, economías asiáticas recientemente industrializadas y Mongolia.

Para la balanza en cuenta corriente, las previsiones provisionales del personal técnico del FMI están sujetas a revisión una vez que las autoridades de Filipinas den a conocer las estadísticas de importación ajustadas correspondientes a 2002.

Incluye Bangladesh, India, Maldivas, Nepal, Pakistán y Sri Lanka.

Incluye Camboya, China, Mongolia, República Democrática Popular Lao y Vietnam.

Varios factores parecen indicar, sin embargo, que el entorno mundial sigue proporcionando el impulso fundamental para la actividad económica regional, aunque la continuación de la reforma en China y en el resto de la región ha contribuido al pujante crecimiento registrado en los últimos tiempos. En primer lugar, la exportación—que es elevada en relación con el PIB—sigue guardando una estrecha correlación con la actividad económica de los países industriales. Segundo, gran parte del aumento del comercio regional obedece al fuerte crecimiento de la importación de China, que ha sido el destino de mayor crecimiento para las exportaciones de otros países de la región (gráfico 1.11). Si bien parte de este aumento de la importación ha estado vinculado con la demanda interna, una elevada proporción parece relacionada, a su vez, con el acelerado aumento de la exportación de China, que depende del ciclo mundial. Tercero, si bien las políticas macroeconómicas acomodaticias y las reformas del sector financiero han ayudado a estimular el gasto, la demanda interna—sobre todo la inversión—depende mucho de los ingresos de exportación, sobre todo en los países que tienen un gran sector de bienes transables.

Gráfico 1.11.Demanda externa y crecimiento en Asia

(Variación porcentual interanual)

La demanda externa ha sido un factor importante para la recuperación de Asia. China ha sido un mercado importante para las exportaciones de otras economías de la región, pero estas han dependido principalmente de la solidez de las exportaciones de ese país, que sigue estando sujeta al ciclo económico mundial.

Fuentes: CEIC Data Company Limited; FMI, Direction of Trade Statistics. Source OECD, y estadísticas aduaneras de China.

1Incluyen importaciones para procesamiento y de empresas con inversión extranjera.

En consecuencia, si bien se considera que el fortalecimiento previsto de la economía mundial sostendrá un crecimiento del PIB real de aproximadamente 6% en la región durante el período 2003–04, las incertidumbres mundiales actuales plantean el riesgo de que los resultados no estén a la altura de esta previsión. Una guerra prolongada en Iraq produciría un efecto negativo en Asia a través del aumento de los precios del petróleo (la mayoría de los países de Asia son importadores de petróleo), un crecimiento menos dinámico en los socios comerciales y menores precios en el mercado de acciones. Algunos países también se verían afectados por la reducción de los ingresos correspondientes a las remesas y el turismo, así como por un menor acceso a los mercados internacionales de capital. Además, de persistir la atonía de la demanda de productos electrónicos, las exportaciones se resentirían, lo que a su vez perjudicaría la producción industrial, el consumo y la inversión. Un pujante crecimiento en China amortiguaría solo una parte de los efectos en otros países de la región, pese a su creciente importancia como socio comercial. Las tensiones con Corea del Norte y el reciente brote de SRAS en varios países de la región constituyen riesgos adicionales para las perspectivas.

Con el telón de fondo de un vigoroso crecimiento económico, los mercados de acciones de Asia registraron resultados relativamente buenos en 2002, sobre todo en el primer trimestre, y las bolsas de India, Indonesia, Pakistán y Tailandia resistieron la tendencia mundial y registraron ganancias durante el año. Las primas de los bonos soberanos de la región se redujeron en el primer semestre de 2002, pero en general se han ampliado desde entonces. Si bien la mayoría de las monedas de países con regímenes flexibles se han apreciado frente al dólar de EE.UU., en cifras nominales efectivas se han depreciado debido a la apreciación del yen frente al dólar, mejorando aún más la competitividad de las exportaciones de la región.

Con la inflación en gran medida controlada—de hecho, los precios están descendiendo en varios países—y los riesgos de las perspectivas principalmente a la baja, en general resulta apropiada una actitud de espera para la política macroeconómica, aunque hay que seguir insistiendo en la reforma estructural.

  • En general, resulta aconsejable mantener políticas monetarias acomodaticias, y es posible imprimirles una tónica más expansiva aun si el crecimiento pierde impulso. La mayoría de los países también pueden dejar que operen los estabilizadores fiscales automáticos ante un desfallecimiento de la reactivación. Los países con situaciones fiscales sólidas, como Corea, tienen posibilidades de aplicar una política discrecional más expansiva de ser necesario, pero aquellos cuyo déficit y nivel de endeudamiento son más elevados están más limitados, por lo cual las autoridades se verán obligadas a sacrificar los objetivos de gestión de la demanda a corto plazo ante la necesidad de iniciar el saneamiento fiscal. No obstante, en India, Indonesia y Filipinas, el saneamiento fiscal es esencial para reducir los elevados niveles de deuda.
  • El avance en la reforma estructural ha sido desigual, pero los países que han progresado con mayores bríos en este sentido han registrado reactivaciones más sólidas. Entre las cuestiones fundamentales figuran la resolución de los problemas planteados por los préstamos en mora (China, Filipinas, Indonesia, Tailandia); el refuerzo de las leyes de insolvencia para facilitar la renegociación de la deuda y la reestructuración financiera de las empresas (Corea, Filipinas, India, Tailandia), y la devolución de los bancos a manos privadas para que se apliquen prácticas de intermediación basadas en el mercado (Corea, Indonesia).

Entre las economías recientemente industrializadas (ERI), Corea ha registrado el crecimiento más pujante, pero las recientes medidas del gobierno encaminadas a moderar el crecimiento del crédito de los hogares han contribuido a desacelerar el consumo privado. En la provincia china de Taiwan la actividad económica también ha repuntado con fuerza, pero en Singapur la reactivación ha sido menor y más desigual. En la RAE de Hong Kong la demanda interna sigue debilitada debido a que el consumo se ha visto socavado por las presiones deflacionarias, el aumento del desempleo y el descenso de los precios de los activos. En lo que respecta a los países de la ASEAN–4, el consumo privado ha impulsado el crecimiento en Tailandia y en menor grado en Malasia, donde también ha tenido lugar un considerable estímulo fiscal. En Filipinas, el crecimiento de 2002 superó las expectativas, pero la situación fiscal y la incertidumbre en cuanto al financiamiento externo presentan riesgos para las perspectivas, y el peso ha sufrido presiones a la baja. En Indonesia, el crecimiento ha sido estable, pero las proyecciones se han revisado a la baja tras el ataque terrorista en Bali.

En China, el PIB real creció un 8% en 2002. El fuerte crecimiento de la exportación se ha sustentado en el ingreso de China en la OMC, una participación más dinámica del sector privado en la actividad exportadora y el traslado de instalaciones extranjeras de producción a China, lo que también ha impulsado el gasto en inversión. La importación ha crecido con fuerza, estimulando a otras economías de la región; la inversión extranjera directa ha cobrado impulso y las reservas aumentaron $76.000 millones en 2002 (la mayor contribución a la acumulación de reservas, por valor de $170.000 millones, registrada en el año entre las economías emergentes de Asia). Ante la necesidad que tiene China de facilitar el ajuste en el marco de la transformación estructural actual, podría ser aconsejable la flexibilización paulatina del régimen cambiario, sobre todo en vista de la sólida posición externa del país. Mientras tanto, las moderadas presiones deflacionarias observadas desde fines de 2001 se han atenuado en los últimos meses. La política fiscal ha sido propicia para la actividad económica, pero en vista de los elevados pasivos contingentes relacionados con la reforma de los bancos y del sistema de jubilaciones y dado que las perspectivas de crecimiento siguen siendo alentadoras, hace falta iniciar un ajuste. La reforma de la banca y de las empresas estatales sigue ocupando el primer lugar en el temario de la reforma estructural.

En India, el crecimiento cobró impulso en 2002 pese a la grave sequía que afectó desfavorablemente a la producción agrícola. La inflación ha aumentado en los últimos meses, pero sigue siendo moderada. La posición externa ha seguido fortaleciéndose, lo cual ofrece una buena oportunidad para flexibilizar aún más el régimen cambiario y acelerar la liberalización del comercio. El elevado déficit fiscal del gobierno general, que ha llegado al 10% del PIB en los últimos años, sigue sin controlar, por lo cual es imperioso establecer una estrategia creíble de saneamiento fiscal. Se han adoptado medidas satisfactorias encaminadas a abrir más la economía a la inversión extranjera directa y a adoptar un sistema de fijación de precios de los productos petroleros basado más en el mercado, pero se necesitan más esfuerzos encaminados hacia la aprobación de otras reformas clave, entre ellas una pronta aprobación del proyecto de ley de responsabilidad fiscal. También hacen falta medidas adicionales para reforzar el sector financiero, basándose en los avances logrados hasta el momento, entre ellos la aprobación de la ordenanza sobre titulización y la reestructuración de un importante fondo de inversiones. La situación de Pakistán ha seguido mejorando, con una aceleración del crecimiento del PIB real, una inflación controlada y un fortalecimiento de la balanza de pagos. No obstante, se requieren medidas encaminadas a reducir el déficit fiscal a fin de reducir las vulnerabilidades. En Bangladesh, se necesita una estrategia de reforma integral—que incluya medidas encaminadas a incrementar los ingresos del Gobierno y fortalecer los bancos estatales—para hacer frente a las vulnerabilidades y sostener la reciente mejora en las cifras de crecimiento y balanza de pagos.

En Australia y Nueva Zelandia, el ritmo de crecimiento ha sido dinámico, pero se prevé una moderación de la actividad económica. La demanda interna, impulsada por la vivienda, ha sido pujante en ambos países, con la ayuda de tasas de interés bajas y fuertes corrientes de inmigración en el caso de Nueva Zelandia. Como reflejo de la incertidumbre en torno a las perspectivas mundiales, tanto el Banco de la Reserva de Australia como el Banco de la Reserva de Nueva Zelandia han mantenido una política monetaria invariable desde mediados de 2002. Mientras tanto, el último acuerdo en torno a las metas de política de Nueva Zelandia ha asignado al Banco de la Reserva de Nueva Zelandia la responsabilidad de mantener la tasa de inflación media entre 1% y 3% a mediano plazo. La situación fiscal en ambos países sigue siendo sólida. La reforma reciente del régimen de asistencia social de Australia habrá de incrementar los incentivos para que los desempleados trabajen, en tanto que la política pública de Nueva Zelandia sigue enfocada a estimular la innovación y el desarrollo de las capacidades técnicas.

Candidatos a la Unión Europea: La adhesión pone de relieve los problemas fiscales pendientes

El acuerdo histórico alcanzado tras la conclusión de la Cumbre de Copenhague el pasado mes de diciembre, que allana el camino para la ampliación de la Unión Europea en 10 nuevos miembros en mayo de 2004, pone de relieve tanto los progresos realizados en los 10 últimos años para transformar estos países en economías de mercado eficientes, como los desafíos que aún se les plantean a las autoridades, más allá de la adhesión, para cumplir los requisitos que entraña la adopción del euro. Aunque la naturaleza de los ajustes necesarios varía de un país a otro, la necesidad de austeridad fiscal seguirá siendo, probablemente, uno de los principales objetivos de la política económica, no solo por las presiones sobre el gasto que presupondrá el cumplimiento de las normas de la UE en materia de medio ambiente y la absorción de los fondos para el desarrollo (que requiere cofinanciamiento fiscal por parte de los países), sino también por toda una serie de factores propios de cada país, como los elevados déficit en cuenta corriente, la excesiva fortaleza de los tipos de cambio, las presiones demográficas y la precaria actitud de los mercados (gráfico 1.12). El momento de la incorporación al mecanismo de tipos de cambio II (MTC II) probablemente será también un elemento que impulsará el saneamiento de las finanzas públicas; los países más retrasados en el proceso seguirán enfrentando, con toda probabilidad, la volatilidad de los flujos de capital y de los tipos de cambio, lo que podría frustrar el objetivo de adoptar sin demora el euro.

Gráfico 1.12.La adhesión a la Unión Europea revela los problemas fiscales del futuro en algunos países candidatos1

(Porcentaje del PIB)

Los acuerdos de adhesión recientemente concluidos constituyen un parámetro más para el ajuste fiscal, que en ciertos casos también está justificado por fuertes déficit en cuenta corriente y altos niveles de deuda pública.

1Los datos correspondientes a 2002 y 2003 son proyecciones del personal técnico del FMI.

2Los datos deben tratarse con precaución porque ciertas actividades cuasifiscales no figuran en el balance del gobierno general y los países aún no han adoptado el Sistema Europeo de Cuentas 1995 (SEC 1995).

3Promedio ponderado de Estonia, Letonia y Lituania.

4Deuda bruta.

Afortunadamente, en el próximo período el ajuste fiscal se producirá, probablemente, en un entorno macroeconómico propicio, en general, en los países candidatos que han dado muestras de una gran capacidad de recuperación durante la desaceleración mundial, a pesar de que el repunte en la Unión Europea haya sido menos vigoroso de lo previsto (cuadro 1.8). De hecho, aparte de Polonia, estos países han logrado registrar tasas de crecimiento del 2% al 6% en 2002, ya que la solidez de la demanda interna ha contribuido a contrarrestar el impacto del descenso de las exportaciones. Para el año en curso, se prevé que en los países candidatos el crecimiento sobrepase los niveles de 2002, dado que la absorción del sector privado sigue siendo sostenida y se observa una moderada recuperación de la demanda externa.

Cuadro 1.8.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos países candidatos a ingresar en la Unión Europea(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
200120022003200420012002200320042001200220032004
Países candidatos a ingresar en la Unión Europea3,93,94,521,115,810,27,5–2,8–3,3–3,6–3,4
Turquía–7,56,75,15,054,445,024,714,52,3–1,0–1,8–1,1
Excluido Turquía3,02,83,44,39,85,74,74,7–4,6–4,2–4,4–4.3
Estados bálticos6,35,85,35,72,71,72,72,7–6,5–7,5–6,5–5,9
Estonia5,05,04,95,25,84,33,62,9–6,1–10,1–5,0–5,1
Letonia7.96,15,56,02,51,93,03,0–9,6–8,7–8,5–7,1
Lituania5,95,95,35,71,30,32,12,5–4,8–5,4–5,8–5,4
Europa central2,22,12,83,96,22,82,63,5–4,2–4,0–4,2–4,2
Eslovenia3,02,93,23,88,47,55,75,00,21,81,91,7
Hungría3,83,33,63,99,25,35,34,8–3,4–4,1–4,8–4,6
Polonia1,01,32,64,15,51,91,12,4–3,9–3,5–3,7–4,0
República Checa3,12,01,93,34,71,81,13,0–5,7–5,3–5,8–5,3
República Eslovaca3,34,44,04,27,33,38,87,5–8,6–8,2–6,6–6,3
Europa meridional y sudoriental4,84,24,75,025,116,912,39,5–5,7–4,2–4,7–4,4
Bulgaria4,04,05,05,57,55,83,04,1–6,2–3,4–5,5–4,6
Chipre4,12,02,24,32,02,84,32,0–4,3–5,4–5,0–4,0
Malta–0.82,72,83,32,92,22,02,0–4,7–6,1–6,5–6,5
Rumania5,74,94,95,034,522,516,211,6–6,0–3,4–4,5–4,5

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Las perspectivas de crecimiento durante este año en muchos países de la región están sujetas a una serie de riesgos comunes. Un riesgo inmediato sería la posibilidad de que se prolongue la guerra en Iraq, lo que afectaría a las economías de Europa central y a Bulgaria por el alza de los precios del petróleo y la reducción de las exportaciones a la Unión Europea (habida cuenta de los estrechos lazos comerciales). Rumania y los países bálticos podrían verse menos afectados debido a que también son productores de petróleo y reciben ingresos por tránsito de este producto, pero Turquía podría sufrir las graves consecuencias de una guerra prolongada en Iraq, que incidiría negativamente en los ingresos por turismo y exportación, intensificaría las presiones sobre las tasas de interés y la inflación y deterioraría la posición exterior y las perspectivas de refinanciamiento de la deuda. Además, dado que la mejora de las perspectivas depende en gran medida de la recuperación en Europa occidental, si la recuperación es menor en la Unión Europea este año, toda la región se vería afectada por una moderación del crecimiento de las exportaciones, de los flujos de inversión extranjera directa y del gasto de capital: el impacto del precario crecimiento de Europa occidental sobre las exportaciones de los países candidatos ya se hizo evidente en el segundo semestre del pasado año. Un tercer riesgo importante guarda relación con la propia política fiscal, en el sentido de que si no se logra poner freno a los excesivos déficit, se podría deteriorar la actitud de los mercados y reducir la actividad económica en los países que registran abultados déficit fiscales o fuertes presiones demográficas sobre los planes de pensiones estatales.

Por lo que respecta a las economías nacionales, Polonia sigue registrando la posición cíclica más débil de la región. Pese a que hay indicios de que la economía se está revitalizando tras dos años de crecimiento deslucido, las elevadas tasas de desempleo, las perspectivas inciertas de que se produzca una recuperación de la inversión y la dependencia del repunte de la economía alemana son otros factores de riesgo. A pesar de la adopción de una política monetaria más expansiva durante el pasado año y a principios de 2003, las tasas de interés reales siguen siendo altas en relación con la posición cíclica de la economía, y el déficit fiscal continúa siendo un riesgo para la confianza de los mercados. Ambos factores ponen de relieve la necesidad de rectificar la combinación de medidas de política. Dado que la deuda del gobierno general ascenderá al 50% del PIB este año (frente al 40% registrado en 2000), la ausencia de ajuste estructural en el presupuesto para 2003 es un riesgo. Es esencial adoptar medidas de austeridad fiscal—incluido el reciente conjunto de reformas fiscales—a fin de permitir el margen de maniobra necesario para una mayor distensión monetaria, que se justifica por la falta de presiones infladonarías en la economía. Es necesario acelerar el proceso de privatización para fomentar la reestructuración de las empresas y reducir el recurso a los mercados de capital.

La posición cíclica de Hungría es mucho más sólida que la de Polonia, pero también en este caso es necesario reequilibrar la combinación de políticas para fomentar el crecimiento y la estabilidad macroeconómica. De hecho, si bien se prevé que durante este año se mantenga la expansión en Hungría, el principal desafío en materia de políticas está en frenar el aumento del déficit público, que ascendió al 9½% del PIB en 2002, así como el consiguiente desequilibrio de la balanza de pagos, que se financia en su mayoría por medio de la deuda. Si para hacer frente a ese desafío se adoptasen medidas de moderación salarial en el sector público, se contribuiría a atenuar algunos factores de riesgo conexos, entre ellos, la inflación salarial relativamente rápida que afecta a toda la economía y la pérdida de competitividad. En este contexto, es apropiado el considerable ajuste fiscal que prevén las autoridades para este año y que debe complementarse con reformas estructurales para lograr una mejor combinación de gasto corriente y gasto de capital. Las medidas de austeridad fiscal y la moderación salarial ayudarían también a aliviar la presión que soporta la política monetaria, que ha registrado conflictos entre el tipo de cambio húngaro y los objetivos de inflación, como lo demuestran los recortes en cadena de las lasas de interés realizados recientemente para hacer frente a las presiones alcistas sobre el forint, a pesar de la inflación que, según las proyecciones, habría de mantenerse por encima del valor fijado como meta para finales de 2003.

Como consecuencia de las recientes reclasificaciones a la baja de la deuda soberana también se ha prestado atención al tamaño del déficit fiscal de la República Checa, donde se prevé un crecimiento sostenido del 2% durante el presente año. Esa atención responde a las perspectivas relativamente lentas de ajuste de los saldos fiscales a las normas de Maastricht en el mediano plazo, a las presiones demográficas también relativamente adversas y a la necesidad de dar a la política monetaria mayor flexibilidad para poder hacer frente a perturbaciones negativas (incluido un mayor fortalecimiento de la corona) ahora que las tasas de interés internas se han reducido por debajo de la tasa del BCE. En Eslovaquia, donde la recuperación económica está ganando impulso, el significativo endurecimiento de la política fiscal en el presupuesto de 2003 es una respuesta adecuada al aumento de las entradas de capital. No obstante, de mantenerse dichas entradas, sería necesario realizar un esfuerzo fiscal aun mayor, sobre todo tras la sustancial reducción de las tasas (150 puntos básicos) el pasado mes de noviembre.

Por lo que respecta a Europa sudoriental, las economías de Bulgaria y Rumania siguieron creciendo a un ritmo vigoroso en 2002 y forman parte del grupo de países con crecimiento más rápido de la región. No obstante, en Bulgaria se prevé un fuerte déficit en cuenta corriente y en Rumania altas tasas de inflación, lo que acentúa la necesidad de adoptar restricciones presupuestarias y emprender reformas estructurales para aumentar la eficiencia y la rentabilidad de las empresas estatales. En este contexto, el objetivo de que el déficit no supere el 0,7% del PIB en 2003 en Bulgaria, representa un factor clave para reducir el déficit de la balanza de pagos y debería complementarse con medidas estructurales para mejorar la administración tributaria y la gestión del gasto. En Rumania, el fuerte incremento del salario mínimo en enero y las pérdidas constantes de las empresas estatales podrían obstaculizar el proceso de desinflación y ponen de manifiesto la necesidad de lograr el ajuste fiscal previsto en el presupuesto de 2003 y de intensificar aún más las limitaciones presupuestarias de las empresas estatales.

Las economías de los países bálticos siguieron registrando un sólido crecimiento el pasado año, a pesar de la desaceleración en la UE, ya que la demanda interna—sostenida por el bajo nivel de desempleo, el rápido crecimiento de los salarios reales y el repunte de los proyectos de inversión relacionados con la adhesión a la UE y a la OTAN—ha compensado la atonía resultante de la caída de las exportaciones netas. El favorable historial en materia de implementatóon de las medidas de política también ha contribuido a mejorar la calificación de la deuda soberana el pasado año. No obstante, los abultados déficit en cuenta corriente representan un riesgo permanente para las perspectivas y subrayan la necesidad de seguir progresando en el proceso de saneamiento de las finanzas públicas a mediano plazo, que se está viendo sometido a presiones como consecuencia del incremento de los gastos asociados al ingreso en la UE y, en ciertos casos, al ciclo electoral. En vista de estas presiones, es necesario examinar con atención las prioridades de gasto del gobierno y sus compromisos en materia de recortes impositivos para evitar que el proceso de ajuste fiscal pierda impulso en el período 2003–04 y asegurar la credibilidad de los objetivos de equilibrio presupuestario en el mediano plazo, que son elementos cruciales para hacer frente al riesgo de que se produzcan crisis de confianza en los mercados ante grandes déficit externos.

En Turquía, el año pasado los resultados fueron mejores de lo esperado, pero la situación económica y financiera se deterioró a principios de 2003, produciéndose un acusado aumento de las primas de riesgo que contrarrestó la favorable reacción de los mercados frente al nuevo gobierno constituido tras las elecciones de noviembre pasado. El motivo fundamental parece ser las desviaciones de las políticas fiscal y bancaria—que han exacerbado los factores de vulnerabilidad asociados con el refinanciamiento de la deuda pública turca—y la situación geopolítica. Para mantener la confianza, es urgente que las autoridades establezcan un buen historial fiscal, entre otras formas, manteniendo su compromiso de lograr un superávit primario del 6½% del PNB con la estricta aplicación de medidas complementarias. Con la aprobación de la reciente legislación sobre amnistía fiscal se ha perdido una magnífica oportunidad para fortalecer el cumplimiento de las obligaciones tributarias en el futuro. La adopción sin demora de medidas vigorosas, especialmente en el ámbito fiscal, es el único medio para despejar las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda. También se necesita un sólido marco presupuestario para respaldar la desinflación este año y la transición hacia un sistema basado en metas explícitas de inflación. Sigue siendo crucial avanzar con firmeza en las reformas estructurales, incluidas las que afectan a los bancos y las empresas estatales, así como en el proceso de privatización.

Comunidad de Estados Independientes: La solidez del sector petrolero encubre las deficiencias de otros sectores

Los resultados económicos recientes han sido relativamente satisfactorios en los países de la CEI, pero la desaceleración de la inversión, en particular en Rusia, es un motivo de preocupación a mediano plazo. En 2002 el crecimiento del PIB real en la región se mantuvo en un buen nivel, impulsado por la firmeza de los precios de la energía (cuadro 1.9 y gráfico 1.13). Los países exportadores netos de energía, que representan en conjunto más del 75% del PIB de la CEI, aumentaron el valor y el volumen de las exportaciones de petróleo durante 2002, como consecuencia del alza de los precios del petróleo y el incremento de su cuota de mercado. A pesar de la solidez de los precios del petróleo, en general la balanza en cuenta corriente de los países exportadores de petróleo se deterioró debido al fuerte aumento del consumo privado impulsado por cuantiosos aumentos de los salarios reales en Rusia y por la inversión extranjera directa relacionada con el petróleo en Azerbaiyán. En los países importadores de petróleo, los efectos negativos de la subida de los precios de este producto sobre el crecimiento y la balanza en cuenta corriente fueron menos intensos habida cuenta de una mayor demanda de exportaciones como consecuencia del repunte de la actividad económica en los países exportadores de petróleo. En Ucrania, el crecimiento fue más moderado tras aumentar a un ritmo excepcionalmente rápido en 2001, en parte debido a la desaceleración registrada en el sector metalúrgico, que, a su vez, estuvo vinculada a las limitaciones de acceso a los mercados impuestas por otros países.

Cuadro 1.9.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en la Comunidad de Estados Independientes(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
200120022003200420012002200320042001200220032004
Comunidad de Estados Independientes6,44,84,43,920.414,512,39,17,76,97,64,4
Rusia5,04,34,03,520,716,013,49,710,58,810,16,3
Excluido Rusia9,25,85,34,919,911,610,17,6–0,31,0–0,8–2,3
Países en una etapa más avanzada de la reforma9,96,56,05,59,42,75,14,70,21,8–0,3–2,4
Armenia9,612,97,06,03,11,12,21,8–8,9–5,1–6,9–6,1
Azerbaiyán9,910,69,28,81,52,82,72,5–0,9–12,6–29,7–34,6
Georgia4,55,44,84,54,75,65,05,0–5,0–6,7–13,7–13,3
Kazajstán13,59,58,58,08,35,96,45,0–3,2–1,81,9–0,7
Moldova6,17,25,05,09,85,34,66,0–6,0–7,2–8,2–8,2
República Kirguisa5,3–0,55,25,07,02,13,94,0–1,2–2,3–3,8–4,3
Ucrania9,24,64,54,012,00,85,05,03,77,64,72,8
Países en una etapa menos avanzada de la reforma34,64,13,83,754,739,224,415,1–1,9–1,2–2,8–2,9
Belarús4,74,74,03,561,142,628,618,9–2,3–1,9–2,2–2,9
Tayikistán10,27,56,04,038,612,29,55,3–7,1–4,2–4,0–3,9
Uzbekistán3,82,83,14,048,938,821,111,6–1,00,3–3,8–2,6
Partidas informativas
Exportadores netos de energía46,14,84,43,919,214,812,59,39,27,68,85,2
Importadores netos de energía57,14,64,44,025,013,711,48,40,73,10,6–0,4
CEI–765,95,55,25,222,516,910,66,9–2,6–5,0–12,7–13,6

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

No se dispone de datos actualizados sobre Turkmenistán.

Incluye Azerbaiyán, Kazajstán, Rusia y Turkmenistán.

Incluye Armenia, Belarus, Georgia, Moldova, República Kirguisa, Tayikistán, Ucrania y Uzbekistán.

Incluye Armenia, Azerbaiyán, Georgia, Moldova, República Kirguisa, Tayikistán y Uzbekistán

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

No se dispone de datos actualizados sobre Turkmenistán.

Incluye Azerbaiyán, Kazajstán, Rusia y Turkmenistán.

Incluye Armenia, Belarus, Georgia, Moldova, República Kirguisa, Tayikistán, Ucrania y Uzbekistán.

Incluye Armenia, Azerbaiyán, Georgia, Moldova, República Kirguisa, Tayikistán y Uzbekistán

Gráfico 1.13.La solidez del petróleo oculta las deficiencias de los demás sectores en Rusia

El favorable crecimiento del PIB ha disfrazado la contribución cada vez menor de la inversión: la solidez de los ingresos petroleros ha ocultado el deterioro de la balanza fiscal no petrolera y el rápido aumento de la masa monetaria podría intensificar las presiones inflacionarias.

Fuentes: Haver Analytics y estimaciones del personal técnico del FMI

1Operaciones del presupuesto federal (compromisos).

Se prevé que el crecimiento en la región disminuirá ligeramente en 2003, ya que el repunte derivado del alza de los precios del petróleo quedará compensado con creces por la desaceleración de la inversión en el sector no petrolero. En Rusia, la inversión fija está disminuyendo debido al estancamiento de las reformas estructurales; se prevé que la productividad total de los factores aumente anualmente alrededor del 1½%–2% en los próximos años, es decir, un 1½%–2% anual menos que el aumento registrado en las economías de Europa oriental que más han avanzado en el proceso de reformal7. El riesgo más importante para las perspectivas es una guerra prolongada en Iraq, que tendría efectos desiguales en los países exportadores de petróleo, pero sin duda perjudicaría a los países importadores de petróleo. Los países exportadores de petróleo se beneficiarían del alza de los precios del petróleo, pero se verían afectados por la desaceleración del crecimiento económico mundial. Los países muy endeudados—Georgia, Moldova, República Kirguisa y Tayikistán, que son importadores de energía y exportadores de productos básicos no combustibles—se verían afectados por los cambios adversos en la relación de intercambio y por el deterioro de las condiciones financieras mundiales. En cambio, una fuerte caída de los precios del petróleo que podría producirse al final de la guerra tendría consecuencias adversas para los países exportadores de petróleo.

El alza de los precios del petróleo ha contribuido a mejorar los saldos fiscales de algunos países exportadores de energía, aunque, en Rusia, el saldo fiscal no petrolero se ha deteriorado. El aumento del déficit no petrolero en Rusia en 2002 obedeció al aumento de los salarios, el incremento del gasto en seguridad y las pérdidas de ingresos relacionadas con la reforma tributaria en curso. Debido a que el estímulo fiscal ejerce presión al alza sobre la inflación y el tipo de cambio real y deja poco margen de maniobra para nuevos gastos en infraestructura y reformas estructurales, no sería útil en estos momentos aplicar nuevos recortes tributarios si no se compensan con reducciones de los gastos. Y lo que es más importante, sería conveniente establecer algún mecanismo institucional para evitar que la política fiscal sea excesivamente sensible a las fluctuaciones de los precios del petróleo, como los fondos del petróleo existentes en Azerbaiyán y Kazajstán. Si bien se prevé que los saldos fiscales de la mayoría de los países importadores de petróleo se mantendrán en general estables en 2003, el elevado nivel de deuda pública sigue representando una amenaza para la viabilidad fiscal en la mayoría de los siete países de bajo ingreso de la CEI (el Grupo de la CEI–7 comprende Armenia, Azerbaiyán, Georgia, Moldova, República Kirguisa, Tayikistán y Uzbekistán).

En 2002 la inflación siguió reduciéndose en la mayoría de los países de la CEI, favorecida en algunos casos por el descenso de los precios de los alimentos debido a las buenas cosechas. Sin embargo, el dinero en sentido amplio siguió creciendo rápidamente en muchos países, en parte debido a los esfuerzos por corregir la apreciación del tipo de cambio. De cara al futuro, existe el riesgo de que la remonetización (el aumento de la demanda de dinero) no pueda mantener el rápido ritmo de crecimiento del dinero en sentido amplio, lo que podría generar presiones inflacionarias. En algunos países, incluido Rusia, la inflación podría reducirse de forma sostenida introduciendo una mayor flexibilidad cambiaría y, en última instancia, formulando una política monetaria basada en una estrategia de objetivos explícitos de inflación e instrumentos de política monetaria más eficaces.

En la mayoría de los países la rápida expansión monetaria está vinculada con las altas tasas de crecimiento del crédito bancario, lo que es un motivo de preocupación porque puede comprometer la solidez de los sistemas bancarios. El rápido crecimiento del crédito representa una amenaza para la calidad de los activos, dada la limitada capacidad de los bancos para realizar evaluaciones adecuadas del riesgo de crédito y de las deficiencias en materia de supervisión bancaria en muchos países. Un riesgo conexo es el alto nivel de dolarización del crédito en muchos países, lo que podría deteriorar rápidamente la calidad del crédito si se depreciaran los tipos de cambio. Además, las tasas de interés reales para operaciones en la moneda nacional siguen siendo altas en muchos países, debido a la falta de protección de los acreedores. Por lo tanto, una de las prioridades es fortalecer la supervisión y los sistemas bancarios para reforzar los derechos de los acreedores, así como establecer mecanismos para evitar la interferencia injustificada del gobierno en las operaciones bancarias. Es especialmente importante hacer efectivo el cumplimiento estricto y uniforme de las normas prudenciales, en especial las relativas a la concentración de riesgos frente a un solo prestatario.

Fuera del sector financiero, la intensificación de las reformas estructurales contribuiría a fortalecer las perspectivas de crecimiento a mediano plazo. El ritmo de las reformas estructurales se desaceleró, en general, en 2002 en los países más grandes (Rusia, Ucrania y Kazajstán), debido a la resistencia de grupos de intereses y, en los países exportadores de energía, a la liberalización de las restricciones financieras relacionadas con el alza de los precios del petróleo. Los progresos logrados varían de un país a otro, pero el ímpetu de la reforma es evidente en la República Kirguisa, Armenia y Tayikistán. Las dificultades para seguir avanzando, incluso en los casos en que el entorno macroeconómico es relativamente favorable, en el ámbito de las medidas de política que no generan beneficios inmediatos y evidentes ponen de relieve el valor de establecer un ancla externa para las reformas estructurales (como se señala en el capítulo III).

África: La estabilidad y las reformas siguen siendo esenciales para el crecimiento

Durante 2000–01, África mantuvo en general su capacidad de resistencia frente a la desaceleración económica mundial (gráfico 1.14), favorecida por mejores condiciones de seguridad, el fortalecimiento de la estabilidad macroeconómica y el alivio de la deuda en el marco de la Iniciativa para los países pobres muy endeudados (PPME). No obstante, a pesar de la recuperación mundial y el aumento de los precios de los productos básicos no combustibles, el crecimiento del PIB de la región se redujo en 2002, debido a la disminución de la producción de petróleo en Nigeria y a nuevas perturbaciones adversas. Concretamente, las condiciones climáticas desfavorables dieron lugar a una fuerte reducción de la producción agrícola en muchos países del Cuerno de África, África meridional y el Sahel occidental en el segundo semestre de 2002. Esta situación, junto con la escasez de alimentos agravada por la inadecuada gestión de gobierno y la pandemia del VIH/SIDA, ha dado lugar a una hambruna desastrosa que afecta a unos 38 millones de personas. Además, la persistencia de disturbios en Zimbabwe y la insurrección en Côte d’Ivoire han tenido efectos adversos en el crecimiento de estas economías y los países vecinos (en particular, los países sin litoral como Malí, Burkina Faso y Níger, que ya no pueden utilizar las instalaciones del puerto de Abidján).

Gráfico 1.14.Las perturbaciones propias de cada país inciden mucho en el crecimiento de África

Las correlaciones del crecimiento con respecto al de los países del G–7 se han reducido acusadamente desde 2000, en parte por perturbaciones positivas propias de cada país, como la mejora de la seguridad. El crecimiento del PIB en el continente sigue siendo muy variado, mucho más que en los países en desarrollo en su conjunto.

1No incluye los paises de África subsahariana

De cara al futuro, se prevé que el crecimiento del PIB de África se incrementará hasta alcanzar el 4% en 2003 (nivel ligeramente inferior al 2% en términos de PIB per cápita), impulsado por el continuo fortalecimiento de las políticas, la recuperación mundial y el alza de los precios de los productos básicos no combustibles (cuadro 1.10). Sin embargo, este resultado dependerá en forma crítica del rápido mejoramiento de las condiciones climáticas y de una notable evolución favorable de las condiciones de seguridad en África occidental8. Además, como se señala en el apéndice 1.2, si la guerra en Iraq se prolonga, o si sus secuelas son más graves de lo previsto actualmente, el continente podría verse notablemente afectado. Si bien la situación sería beneficiosa para los países exportadores de petróleo, muchos de los países más pobres tendrían que hacer frente a una perturbación considerable de la relación de intercambio debido al descenso de los precios de los productos básicos no combustibles y al alza de los precios del petróleo y, en algunos casos, a la disminución del turismo.

Cuadro 1.10.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos países de África(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
200120022003200420012002200320042001200220032004
África3,63,43,95,213,09,310,17,6–0,1–1,8–0,5–0,9
Magreb4,13,34,54,32,62,23,33,17,24,45,84,1
Argelia2,13,13,54,34,21,44,24,012,98,612,78,7
Marruecos6,54,55,53,40,62,82,02,04,82,91,52,0
Túnez5,21,95,06,01,93,13,32,9–4,3–3,7–4,5–3,3
Subsahariana33,83,54,26,421,612,213,910,3–3,9–5,8–3,9–4,1
Cuerno de África6,15,03,26,21,82,35,95,4–7,4–7,5–6,9–7,6
Etiopía7,75,0–2,06,4–7,1–7,24,53,0–4,2–6,4–7,8–6,6
Sudán5,35,05,86,24,96,05,05,0–10,3–9,6–8,3–10,6
Grandes Lagos2,34,14,55,354,67,05,94,0–3,9–4,5–5,7–6,9
Congo, Rep. Dem. del–2,13,05,06,0356,725,713,36,1–4,7–3,3–4,1–8,1
Kenya1,21,21,83,15,82,04,82,4–3,5–4,3–6,2–7,2
Tanzania5,65,96,06,05,24,74,23,8–1,5–2,6–3,7–4,2
Uganda5,56,65,76,24,5–2,01,03,5–6,8–6,8–7,5–8,0
África meridional2,92,73,06,835,238,846.431,8–4,8–5,3–5,1–2,9
Angola3,217,14,710,6152,6108,975,619,3–2,06,68,31,9
Zimbabwe–8.8–12,8–11,05,176,7140,0450,0350,0–9,7–12,3–13,9–9,5
África occidental y central4,03,15,06,712,07,78,16,3–2,7–6,0–2,1–2,7
Ghana4,24,54,75,032,914,511,86,5–6,6–2,2–5,6–4,6
Nigeria2,80,56,74,218,912,915,312,62,7–8,01,8–0,8
Zona del franco CFA4,94,53,98,94,23,63,32,8–6,7–4,8–4,1–3,4
Camerún5,34,34,75,02,84,53,42,7–1,7–3,7–6,3–7,0
Côted’Ivoire0,10,5–2,03,04,43,54,03,5–2,00,11,7–0,1
Sudáfríca2,83,02,83,25,710,08,55,7–0,10,1–0,8–0,5
Partidas informativas
Importadores de petróleo3,83,33,75,211,98,59,37,3–2,4–3,2–3,6–2,8
Exportadores de petróleo3,03,64,84,916,812,313,08,46,22,08,14,6

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

No incluye Sudáfrica.

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

No incluye Sudáfrica.

Las políticas macroeconómicas de África han mejorado considerablemente en los últimos años. Si bien la inflación sigue siendo un motivo de grave preocupación en varios países, en particular Zimbabwe y Angola, y en menor medida, Somalia y Nigeria, en la mayoría de ellos se sitúa ahora en niveles de un solo dígito, favorecida por una considerable reducción de los déficit fiscales desde mediados de los años noventa. Sin embargo, la gestión macroeconómica de los sustanciales recursos naturales de África—que han contribuido al desarrollo económico y social del continente en menor medida de lo que podría haberse esperado—sigue siendo un motivo de preocupación. Ello es evidente en particular en los países exportadores de petróleo de África, cuyas políticas fiscales se han basado con frecuencia en la evolución a corto plazo de los precios del petróleo, lo que ha causado períodos de auge y caída. Un enfoque basado en mayor medida en reglas, por ejemplo acumular ingresos del petróleo cuando los precios sean más altos que la media, podría contribuir a reducir esta inestabilidad macroeconómica; además, puesto que los recursos del petróleo pueden agotarse, debería considerarse en mayor medida la equidad intergeneracional (como se ha hecho en Chad). Los problemas de gestión de gobierno también han sido un motivo de preocupación, lo que pone de relieve la necesidad de fortalecer las instituciones jurídicas y las capacidades para hacer efectivo el cumplimiento de las leyes, así como la necesidad de una mayor transparencia, por medios tales como auditorías independientes y publicadas de las cuentas del gobierno y de las empresas petroleras nacionales y extranjeras. Estas consideraciones también son importantes, en distinta medida, para la gestión de otros recursos naturales.

La tarea más ardua que enfrenta África sigue siendo establecer las condiciones necesarias para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en especial, la reducción sostenida de la pobreza. En vista de las tendencias actuales, muchos países de África subsahariana no lograrán estos objetivos salvo que el PIB aumente vigorosamente y llegue a niveles próximos a los registrados en los países en desarrollo de Asia en las últimas dos décadas. Este objetivo tan ambicioso solo puede lograrse si mejora sustancialmente el clima poco propicio, en general, a la inversión privada. Se estima que la tasa de rentabilidad del capital en África es un tercio más baja que en otras regiones; desde los años ochenta, el stock de capital privado por trabajador se ha reducido un 20% y se sitúa actualmente en alrededor de un tercio del nivel de Asia meridional (Collier y Gunning, 1999). Además, fuera del sector de recursos naturales, la inversión extranjera directa sigue siendo muy baja (con algunas excepciones como Mauricio, Mozambique y Uganda, que han logrado mejorar considerablemente el clima de inversión).

Como se subraya en la Nueva Asociación para el Desarrollo de África (NEPAD), para mejorar el clima de inversión deberán adoptarse medidas en varios ámbitos a fin de lograr, entre otras cosas, reestablecer la paz y la estabilidad política; mejorar la infraestructura, la salud y la educación; reforzar la prestación de servicios públicos; liberalizar los mercados, incluido el comercio; mejorar la gestión de gobierno, y hacer frente a la pandemia del VIH/SIDA (véase recuadro 3.3). Un elemento común de todas estas medidas es el fortalecimiento de las instituciones, al que la NEPAD presta atención especial: como se señaló en el capítulo III, el fortalecimiento de las instituciones en África hasta el nivel alcanzado en Asia contribuiría, siendo iguales las demás condiciones, a aumentar el PIB del continente africano en un 80%. Como se señala en la última edición de Perspectivas de la economía mundial, se sigue progresando en los ámbitos señalados anteriormente, pero queda mucho por hacer, tanto en cada uno de los países, como a escala regional, donde se tiene por delante la ardua tarea de transformar el proyecto de la NEPAD en una realidad (el paso siguiente consistirá en poner en marcha un proceso eficaz de examen por los pares). Los esfuerzos desplegados por África deben verse respaldados, a su vez, por una mayor asistencia de la comunidad internacional, incluidos un mayor volumen de ayuda, alivio de la deuda y, sobre todo, mayor acceso a los mercados. La eliminación de las medidas proteccionistas de los países industriales sobre sus exportaciones agrícolas contribuiría a aumentar el PIB de África subsahariana en 0,6% a corto plazo y en porcentajes mucho mayores a largo plazo.

En cuanto a las economías más grandes de la región, Sudáfrica sigue registrando tasas de crecimiento económico moderadamente sólidas. Se han reducido las vulnerabilidades externas y en 2002 la balanza en cuenta corriente registró un superávit modesto, casi se eliminó la posición neta a término del Banco de la Reserva de Sudáfrica y las primas sobre la deuda soberana se mantuvieron en niveles bajos comparados con la tendencia histórica. El rand, que se depreció fuertemente a lo largo de 2001, se ha apreciado alrededor del 30% frente al dólar de EE.UU., gracias al alza de los precios de los metales y las tasas de interés internas relativamente altas. De todas formas, como la inflación se mantiene muy por encima del objetivo, la política monetaria deberá seguir siendo cautelosa para lograr el objetivo de inflación del 3%–6% previsto para 2004. No obstante, como el déficit fiscal en 2002/03 probablemente será menor del previsto originalmente, el presupuesto para 2003/04 permite aplicar una política ligeramente más expansiva a mediano plazo, lo que contribuirá a hacer frente a las necesidades sociales urgentes de Sudáfrica. A mediano plazo, la cuestión esencial es reducir los muy altos niveles de desempleo y pobreza, aplicando medidas encaminadas, entre otras cosas, a fomentar la inversión extranjera directa e intensificar la reforma del mercado de trabajo.

En Nigeria, los desequilibrios macroeconómicos se han incrementado considerablemente en los últimos dos años, hasta llegar a niveles insostenibles. A pesar del alza de los precios del petróleo, el déficit fiscal ha aumentado fuertemente, y la deuda a corto plazo y los atrasos externos frente a acreedores oficiales han seguido creciendo. Recientemente, la producción de petróleo se ha visto afectada por los enfrentamientos étnicos en la zona del delta, rica en petróleo. La política fiscal expansiva, combinada con una política cambiaría inflexible en el primer semestre de 2002, dio lugar a una caída sustancial de las reservas internacionales. A pesar de los esfuerzos por limitar los gastos de capital y de la gestión, ligeramente más flexible, del tipo de cambio desde el segundo semestre de 2002, la situación sigue siendo sumamente difícil, y Nigeria es muy vulnerable a una caída de los precios del petróleo. Además, la actual orientación acomodaticia de la política monetaria podría realimentar las presiones inflacionarias. Si bien el presupuesto para 2003 aprobado por la Asamblea Nacional generaría un superávit en el escenario utilizado como referencia en Perspectivas de la economía mundial con respecto a los precios del petróleo, también podría registrarse un déficit importante si se mantuviera la reciente trayectoria a la baja; asimismo resulta prioritario aplicar una política monetaria más restrictiva y flexibilizar aún más el tipo de cambio a fin de reducir las presiones sobre las reservas externas. Tras las elecciones de abril, el nuevo gobierno deberá afrontar el desafío de romper de forma decisiva con las políticas de auge y caída que se han estado aplicando—según lo descrito anteriormente—y aplicar al mismo tiempo medidas más enérgicas para reducir el gasto público a niveles sostenibles a mediano plazo, en particular en la administración pública.

En Argelia, la actividad económica sigue viéndose afectada por los disturbios civiles y la violencia política, y—al igual que en muchos países del Magreb y Mashreq—el alto nivel de desempleo sigue siendo un motivo de grave preocupación. La situación macroeconómica se mantiene sólida, con niveles bajos de inflación; la balanza en cuenta corriente ha registrado un superávit, y la deuda externa neta se ha reducido de forma sostenida. Se prevé que el crecimiento del PIB repuntará moderadamente en 2003, favorecido por una recuperación de la producción de hidrocarburos y de cereales, pero sigue situándose muy por debajo del nivel necesario para reducir sustancialmente el desempleo en los próximos años. Dado que la inversión ya se sitúa en niveles muy altos, una cuestión clave es mejorar su eficiencia aplicando medidas más vigorosas a fin de fomentar el desarrollo del sector privado, incluidas en particular la reducción del tamaño del Estado, la modernización de los complicados procedimientos administrativos, la racionalización del acceso a la tierra y la reforma del sector bancario.

Oriente Medio: Gestión de la transición demográfica

A diferencia de la mayoría de las demás regiones, el crecimiento del PIB en Oriente Medio siguió perdiendo impulso en 2002 (cuadro 1.11), como consecuencia de la disminución de la producción de petróleo resultante de la reducción de los contingentes de producción de la OPEP, los efectos secundarios de los ataques del 11 de septiembre sobre el turismo y la continuidad de la difícil situación política y de seguridad. Dentro de este marco, sin embargo, el panorama varía considerablemente de un país a otro y los países en los que las reformas han avanzado más rápidamente en los últimos años han tendido a experimentar un mayor crecimiento económico. Los desequilibrios macroeconómicos—con la importante excepción de Líbano—son, en general, moderados, aunque las presiones fiscales en varios países siguen siendo un factor de vulnerabilidad. A largo plazo, el principal desafío para la región sigue siendo lograr la aceleración sostenida del crecimiento del PIB necesaria para reducir el desempleo y absorber el rápido crecimiento de la fuerza de trabajo.

Cuadro 1.11.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos países de Oriente Medio(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
200120022003200420012002200320042001200220032004
Oriente Medio34,03,95,14,88,19,29,79,17,34,99,04,2
Exportadores de petróleo44,14,45,85,310,111,512,111,310,06.411,65,6
Arabia Saudita1,22,14,03,1–0,8–0,41,11,07,86,413,76,3
Irán, Rep. Islámica del5,76,06,55,911,415,517,015,04,82,32,7–1,1
Kuwait–1,1–0,92,02,11,72,02,02,026,121,417,612,4
Mashreq54,02,33,13,51,82,32,82,7–1,6–0,9–1,6–1,8
Egipto3,52,03,03,52,42,53,02,7–0,3–0,4
Jordania4,24,95,05,51,81,82,51,8–0,14,30,20,9
Partida informativa
Israel–0,9–1,00,52,21,15,72,81,0–2,0–2,1–2,3–2,2

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye Arabia Saudita, Bahrein, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Irán (República Islámica del), Iraq, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Omán, Qatar, República Árabe Siria y Yemen (República del).

Incluye Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Irán (República Islámica del), Iraq, Kuwait, Libia, Omán y Qatar.

Incluye Egipto, Jordania, Líbano y República Árabe Siria.

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye Arabia Saudita, Bahrein, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Irán (República Islámica del), Iraq, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Omán, Qatar, República Árabe Siria y Yemen (República del).

Incluye Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Irán (República Islámica del), Iraq, Kuwait, Libia, Omán y Qatar.

Incluye Egipto, Jordania, Líbano y República Árabe Siria.

Para 2003, las proyecciones indican un repunte del crecimiento del PIB en toda la región, respaldado por el aumento de los precios y de la producción de petróleo, la continuación de la reactivación mundial y la moderación de las perturbaciones anteriores. No obstante, las perspectivas incluyen considerables riesgos de deterioro de la situación, entre los que destacan los relacionados con la guerra en Iraq (apéndice 1.2). Si bien el aumento de los precios y la producción de petróleo ha beneficiado a los países productores, los países importadores de la región están sufriendo las consecuencias, y algunos ya están experimentando una caída del turismo y perturbaciones en los flujos de comercio e inversión. Los países que tienen estrechos vínculos económicos con Iraq, sobre todo Jordania y Siria, serán los más afectados y—sobre todo si la guerra se prolonga—los países que ya están sufriendo dificultades económicas se verán sometidos a presiones adicionales, especialmente los vulnerables a la subida de los precios del petróleo y a la disminución de los ingresos por el turismo. Es posible que, una vez terminado el conflicto, los precios del petróleo desciendan acusadamente—como lo ha puesto de manifiesto la reciente evolución del mercado de crudo (apéndice 1.1)—, lo cual tendría consecuencias importantes para los países exportadores de petróleo de la región.

Entre los principales países productores de petróleo, la economía de Irán ha registrado resultados muy favorables en los dos últimos años, con un aumento de la confianza externa en la gestión y las perspectivas económicas que se ha reflejado en el éxito de dos emisiones de eurobonos en el segundo semestre de 2002. No obstante, con una inflación en aumento, se requieren medidas adicionales para controlar el aumento de la liquidez, entre las que se destaca la necesidad de proceder a un ajuste del déficit fiscal no petrolero de mayor alcance que lo que se contempla en el presupuesto aprobado para 2003/04. También debe mantenerse un estrecho seguimiento del rápido y sostenido crecimiento de los agregados de crédito y de sus consecuencias para la solidez del sistema bancario. En Arabia Saudita, la reducción de los precios del petróleo y el exceso de gasto presupuestario dieron lugar a un deterioro de la situación fiscal en 2001 y 2002. Si bien la reciente subida de los precios del crudo imprimirá un impulso temporal a los ingresos correspondientes a 2003, con la deuda pública interna acercándose al 90% del PIB al final de 2002, las autoridades deben poner en marcha sin demora sus planes para alcanzar el equilibrio presupuestario o un ligero superávit en 2005 mediante la ampliación de la base tributaria no petrolera y medidas de austeridad en el gasto. Con miras al futuro, una cuestión importante para Arabia Saudita y otros países del Consejo para la Cooperación en el Golfo (CCG) será la creación del marco institucional de políticas macroeconómicas necesario para avanzar hacia la unión económica y monetaria propuesta para 2010.

En Egipto, tras una desaceleración después de los atentados del 11 de septiembre, el crecimiento del PIB podría haber comenzado a recuperarse a finales de 2002 gracias al aumento del turismo. Sin embargo, la reactivación todavía no está firmemente afianzada y la guerra en Iraq probablemente originará un nuevo descenso del turismo. Con la adopción de un régimen cambiario más flexible se produjo una notable depreciación desde mediados de 2000. No obstante, resurgió el mercado paralelo, lo que refleja una continua escasez de divisas en el mercado oficial. La introducción de un régimen de flotación libre a finales de enero de 2003 fue, por lo tanto, bien recibida y tiene el potencial de reducir la vulnerabilidad de Egipto frente a las perturbaciones externas, pero debe ir acompañada de medidas encaminadas al uso de cotizaciones de equilibrio del mercado por parte de los bancos. De cara al futuro, la mayor flexibilidad cambiaría habrá de complementarse con una estrategia monetaria reforzada (la reciente introducción de nuevos instrumentos monetarios y de un mercado para operaciones a un día es un importante paso adelante). En el frente fiscal, es loable el moderado ajuste previsto para el ejercicio 2002/03, y probablemente se necesitarán nuevos refuerzos fiscales a mediano plazo para hacer frente a la aparición de tensiones presupuestarias y al aumento de la deuda neta del sector público (que se sitúa ahora en torno al 60% del PIB). Por lo que respecta al resto del Mashreq, la evolución macroeconómica en Jordania ha sido relativamente favorable, gracias a un auge de las exportaciones, aunque—como ya se señaló—el país es vulnerable a fenómenos geopolíticos. En Líbano, pese a la considerable mejora de los dos últimos años, el déficit fiscal sigue siendo muy elevado (15% del PIB), mientras que la deuda interna bruta se sitúa en un nivel del 175% del PIB. La continuación del saneamiento fiscal propuesto en el presupuesto de 2003, junto con la estrategia de las autoridades de efectuar privatizaciones a gran escala, la búsqueda de financiamiento externo en condiciones concesionarias (en una reciente conferencia de donantes se comprometieron $4.300 millones) y la negociación de reducciones en el costo que representan para los bancos nacionales los intereses de la deuda pública, son medidas que, si se implementan y materializan plenamente, podrían reducir sustancialmente el coeficiente de endeudamiento en el mediano plazo, pero la dinámica de la deuda pública sigue siendo muy difícil.

Para la mayoría de los países de Oriente Medio y Norte de África, el principal desafio es la futura transición demográfica, ya que el fuerte crecimiento de la población en las dos últimas décadas se traducirá en un rápido crecimiento de la fuerza de trabajo (gráfico 1.15). Para absorber este crecimiento, y también para reducir las altísimas tasas de desempleo de la región, el crecimiento del empleo tendrá que intensificarse acusadamente, en muchos casos, a tasas mucho más altas que en el pasado. En estas circunstancias, será esencial elevar la productividad del trabajo, en parte a través de un aumento de la inversión, pero el factor más importante serán las reformas encaminadas a revitalizar el sector privado e incrementar la eficiencia en el uso del trabajo y el capital. Las prioridades varían de un país a otro, pero, en todos los casos, la reforma del Estado y sus instituciones, la liberalización del comercio, la inversión y los precios, la reforma y la privatización de las empresas públicas, y las reformas del mercado de trabajo son aspectos fundamentales. Si bien se está avanzando en estas áreas—sobre todo en Irán y Jordania, y en diversos grados en el resto de la región—las reformas suelen ser incompletas y, en algunos países, aún no se han iniciado algunas de las más fundamentales. Como se indicaba en la última edición de Perspectivas de la economía mundial, dado el carácter relativamente cerrado de muchas economías de la región, los beneficios que traería consigo una mayor integración regional e internacional podrían ser muy grandes.

Gráfico 1.15.Gestión de la transición demográfica en Oriente Medio y Norte de África

Un desafio fundamental de los próximos años es elevar el crecimiento del PIB y del empleo en toda la región a fin de absorber el rápido crecimiento de la fuerza laboral y reducir las altas tasas de desempleo.

Fuentes: Banco Mundial, World Development Indicators, 2002, y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Véase Dhonte, Bhattacharya y Yousef (2001).

Israel ha sufrido la recesión más profunda de su historia, a raíz de los efectos conjuntos del estallido de la burbuja del sector de tecnología de la información y el aumento de la inseguridad en la región. La situación se ha hecho más difícil por la pérdida temporal de confianza en la formulación de la política macroeconómica a mediados de 2002, que vino acompañada de un fuerte descenso del shekel, lo que ha restringido considerablemente el campo de maniobra de las autoridades en materia de política económica. Si bien el crecimiento del PIB ha empezado a repuntar, las demandas interna y externa siguen siendo muy débiles y la economía aún es vulnerable a los riesgos geopolíticos. En vista del alto nivel del déficit fiscal y de la inquietud que suscita la evolución de la deuda pública, es esencial proceder a un saneamiento de las finanzas públicas. Aunque en el presupuesto de 2003 se dio un paso loable en este sentido, el nuevo gobierno debe tomar con urgencia medidas adicionales (como lo demuestra el hecho de que los ingresos tributarios hayan sido menores de lo previsto). Con los riesgos inflacionarios a la baja, probablemente hay margen para aplicar una política monetaria más expansiva en el futuro, sobre todo, si se fortalece el shekel. La situación en Cisjordania y Faja de Gaza sigue siendo muy difícil, con una caída en picado de la actividad económica y una destrucción generalizada de la infraestructura como consecuencia del deterioro de la seguridad. Se requerirá una considerable asistencia de la comunidad internacional para la reconstrucción y el desarrollo.

Apéndice 1.1. Mercados de productos básicos9

En el segundo semestre de 2002 continuó la recuperación de los precios de los productos primarios, impulsados principalmente por una serie de perturbaciones de la oferta. Para el conjunto del año, el índice global de los precios de los productos primarios aumentó más de 3% medido en dólares de EE.UU., con lo que se ha contrarrestado, en parte, la disminución registrada en 2001. El aumento observado durante el año, sobre todo en el segundo semestre, fue mucho mayor, registrándose en diciembre de 2002 subidas de los precios del petróleo y de los productos primarios no combustibles del 50% y el 17%, respectivamente, en relación con el mismo período del año pasado.

Petróleo

Tras bajar hasta menos de $20 el barril a finales de 2001, a medida que fue desacelerándose la actividad económica mundial y las perspectivas de crecimiento se tornaron más sombrías, el precio del crudo subió en forma sostenida durante 2002 hasta situarse en $34 el barril, aproximadamente, a principios de marzo de 2003 (véase gráfico 1.16)10. Los precios del mercado de futuros también registraron un acusado ascenso, observándose durante el período señalado aumentos de los contratos a 12 meses de alrededor de $8 el barril. No obstante, a mediados de marzo, cuando se inició la acción militar en Iraq, los precios de entrega inmediata y de futuros volvieron a caer en forma notable.

Gráfico 1.16.Precios y producción petrolera

Fuentes: Bloomberg Financial Markets, LP. OPEP y Organismo Internacional de Energía.

1Los circuios indican aumentos de la meta de producción de la OPEP y los cuadrados, rebajas de dicha meta.

2No incluye Iraq.

El alza de los precios del crudo, al menos hasta fines de 2002, parece obedecer principalmente a las percepciones del mercado sobre posibles perturbaciones de la oferta, más que a una escasez real de petróleo. La evolución de la situación geopolítica en el último año, sobre todo, la intensificación de las tensiones entre Estados Unidos e Iraq por las inspecciones de armas realizadas por las Naciones Unidas, causó inquietud con respecto a una posible acción militar en Oriente Medio, región que concentra casi dos tercios de las reservas mundiales comprobadas de petróleo. En consecuencia, los precios del crudo subieron acusadamente, pese a la significativa expansión de la producción mundial a lo largo del año. De hecho, según datos del Organismo Internacional de Energía (OIE), en noviembre de 2002 la producción mundial de petróleo (unos 78,6 millones de barriles por día) fue casi 3% más alta que en el primer trimestre y 2½% mayor que en el último trimestre de 2001. Si bien la OPEP redujo su meta de producción al principio de 2002 y, en enero, la producción cayó a los niveles más bajos de los últimos años, posteriormente registró un aumento sostenido. En noviembre de 2002, la producción de los países miembros de la OPEP, excluido Iraq (OPEP–10), se situaba en un nivel de un 10% (equivalente a unos 2,4 millones de barriles por día) por encima de la meta de la OPEP–10, y de un 7% y un 4% más alto que en el primer trimestre de 2002 y el último trimestre de 2001, respectivamente.

Sin embargo, a principios de diciembre, la huelga general en Venezuela que prácticamente frenó la producción petrolera en ese país ocasionó una fuerte contracción de la oferta en los mercados internacionales de petróleo. Asimismo, los precios aumentaron como consecuencia del llamado de la OPEP a los países miembros, a mediados de diciembre, para que redujeran la producción efectiva hasta un nuevo nivel meta que, aunque mayor que el anterior, representaba un recorte de casi un 5% (unos 1,5 millones de barriles por día) con respecto a la producción efectiva de la OPEP-10 en noviembre. No obstante, dado que en Venezuela se mantenía la huelga y la producción estaba disminuyendo acusadamente, otros países miembros de la OPEP incrementaron su suministro en un intento por cubrir la insuficiencia de la oferta11y, a mediados de enero, se anunció que los países de la OPEP–10 elevarían su producción en otros 1,5 millones de barriles por día. Aunque en Venezuela la producción se recuperó gradualmente—a fines de marzo se situaba, según los informes, en un nivel equivalente a las tres cuartas partes del vigente antes de la huelga—la intensificación de las tensiones entre Estados Unidos e Iraq en torno a las inspecciones de armas siguieron ejerciendo presiones sobre los precios hasta principios de marzo. Pese a que los precios del petróleo bajaron acusadamente al iniciarse la guerra en Iraq, la volatilidad de los precios siguió aumentando a medida que los mercados fueron reaccionando a la situación militar en Iraq y a los disturbios civiles en Nigeria, que, al parecer, redujeron la producción de crudo nigeriano a finales de marzo en 800.000 barriles por día.

Además, es posible que la evolución efectiva y prevista de la demanda de petróleo explique, en parte, el alza del precio del crudo en el último año. Tras aumentar a una tasa media anual del 1,5% en los años noventa, la tasa de crecimiento del consumo mundial de petróleo se redujo ligeramente a menos de 0,5% en 2001. A medida que la actividad económica internacional comenzó a recuperarse a principios 2002 y mejoraron las perspectivas, aumentaron las proyecciones de la demanda de petróleo. Si bien la reactivación mundial en el segundo semestre del año resultó ser menos vigorosa de lo previsto, y pese a que, según estimaciones del OIE, el consumo de petróleo en 2002 ha crecido aproximadamente al mismo ritmo que en 2001, las perspectivas actuales de la actividad económica mundial a corto plazo parecen ser más alentadoras que a finales de 2001. En los últimos meses, las temperaturas más bajas de lo previsto en el Hemisferio Norte y el mayor uso del petróleo como fuente de energía en Japón en sustitución de la energía nuclear también han incrementado el consumo, sobre todo del combustible para calefacción. De hecho, tanto el OIE como la Dirección de Información sobre Energía, de Estados Unidos, proyectan que la tasa de crecimiento del consumo aumentará a más del 1% en 2003. Por lo tanto, al margen de la evolución geopolítica en Oriente Medio el año pasado y de las recientes interrupciones del suministro en Venezuela y Nigeria, es probable que los precios del crudo a principios de 2003 habrían sido ligeramente más altos que en el mismo período del año pasado.

Las perspectivas a corto plazo del precio del petróleo parecen guardar estrecha relación con la situación geopolítica en Oriente Medio y otras regiones, y con el consiguiente efecto de esos acontecimientos sobre la oferta de crudo. A corto plazo, la evolución de los precios dependerá de la duración de la guerra en Iraq, de la magnitud de los daños a las instalaciones de producción y los oleoductos, y de la reacción de otros productores. También es probable que a corto plazo la situación en Nigeria y Venezuela tenga repercusiones importantes para los precios mundiales del petróleo.

La experiencia de la perturbación de la oferta de petróleo en 1990–91, que se tradujo en un súbito pero breve aumento de los precios, puede resultar útil para evaluar el efecto que la guerra en Iraq tendrá a corto plazo sobre el precio del crudo. La invasión de Kuwait por Iraq en agosto de 1990, el consiguiente embargo del petróleo iraquí y la disminución de la producción de Kuwait retiraron del mercado internacional unos 4 millones de barriles de crudo al día. Al conjugarse estos factores con la intensificación de las tensiones militares y el consiguiente riesgo para los yacimientos petrolíferos de países vecinos, la perturbación de la oferta elevó los precios del mercado de entrega inmediata hasta un nivel medio de más de $35 el barril en el período comprendido entre mediados de septiembre y mediados de octubre, frente a unos $18 el barril en julio. Después de mediados de octubre, los precios empezaron a bajar a medida que otros países de la OPEP, sobre todo Arabia Saudita, cubrieron la falta de suministro. En enero de 1991, tras iniciarse la acción militar de la coalición contra Iraq, los precios volvieron a disminuir ligeramente, pero la volatilidad siguió siendo alta hasta mediados de marzo. En ese momento, estaban actuando dos factores contrapuestos. En primer lugar, la producción mundial, excluidas las de Iraq y Kuwait, se situaba en un nivel cercano al de plena capacidad, y había una considerable incertidumbre respecto a las posibilidades de que Iraq reanudara sus exportaciones, en qué momento y en qué condiciones. En segundo lugar, la actividad económica mundial se había deteriorado considerablemente y las perspectivas de reactivación eran inciertas, lo que entrañaba perspectivas sombrías para la demanda de petróleo.

Los recientes análisis del OIE apuntan a que la acción militar en Iraq podría traducirse en una pérdida transitoria en la oferta mundial de petróleo de unos 3 millones de barriles al día, cifra ligeramente inferior a la que causó la perturbación de la oferta en 1990–9112. La contracción de la oferta como consecuencia de la guerra podría, evidentemente, contrarrestarse, en parte, con un nuevo incremento de la producción de los países de la OPEP, excluidos Iraq y Venezuela que, según estimaciones del OIE, tienen una capacidad ociosa de unos 1,7 millones de barriles diarios13, y con una nueva recuperación de la producción de Venezuela. Además, es posible que haya margen para que los principales productores no pertenecientes a la OPEP incrementen su producción, al menos temporalmente. El recurso a las reservas petroleras estratégicas que mantienen los países miembros del OIE también sería una forma de cubrir la insuficiencia temporal de oferta14. De hecho, al iniciarse la guerra, los mercados parecieron creer que el efecto sobre la oferta sería limitado, como indica el fuerte descenso inicial del precio del petróleo. Sin embargo, si la guerra diese lugar a una pérdida de producción iraquí durante un período prolongado, o de seguir reduciéndose la producción en Nigeria, o si vuelve a haber dificultades en Venezuela, podría registrarse una contracción significativa de la oferta mundial, sobre todo, teniendo en cuenta que las existencias mundiales de petróleo se sitúan en niveles insólitamente bajos15.

Si la guerra en Iraq termina sin provocar efectos secundarios significativos en los países vecinos y si los daños a las instalaciones de producción son limitados, es de prever que la capacidad de producción de Iraq podrá reestablecerse a los niveles vigentes antes de la guerra (unos 2,8 millones de barriles diarios) en un período razonablemente corto. La producción de Venezuela y Nigeria también se recuperará gradualmente una vez que se resuelvan las tensiones políticas actuales, a condición de que las instalaciones de producción no sufran daños de gran magnitud. En esas circunstancias, es factible que el precio del crudo se estabilice en un nivel muy inferior a $30 el barril. De hecho, puesto que otros países han incrementado su producción notablemente en los últimos meses, es posible que el mercado internacional de petróleo enfrente una situación de exceso de oferta y de descenso de los precios aun mayor una vez que se repongan las existencias. Asimismo, existe un riesgo considerable de que el conflicto se prolongue y/o las instalaciones de producción sufran daños graves. En ese caso, es probable que la reciente caída de los precios del crudo dure poco tiempo y que, si repuntan, se mantengan altos durante un período considerable.

Productos primarios no combustibles

En el segundo semestre de 2002 los mercados de productos agropecuarios se vieron afectados principalmente por factores climatológicos y de otro tipo que incidieron en la oferta. Concretamente, la aparición del fenómeno climatológico de El Niño en el Océano Pacífico, de intensidad moderada, causó estragos en los cultivos y provocó sequías generalizadas en algunas regiones y, posteriormente, lluvias persistentes en otras. Sin embargo, pese a que el repunte de la demanda fue menor de lo previsto, la contracción de la oferta redujo en cierta medida las existencias y ejerció presiones sobre los precios de los productos primarios. Si bien se prevé que la demanda se reactivará en 2003, a medida que se recupere gradualmente la actividad económica mundial, es probable que el efecto sobre los precios mundiales de los productos básicos agropecuarios se vea atenuado por una producción más alta, debido a condiciones climatológicas más normales y la promulgación de la Ley Agropecuaria de Estados Unidos de 2002, que incrementa el respaldo financiero y amplía los servicios de apoyo para cultivos nuevos. No obstante, aunque los precios se mantengan en niveles similares a los de finales de 2002, el nivel medio en 2003 será significativamente más alto que el promedio del año pasado. Sin embargo, de materializarse los riesgos que amenazan la recuperación de la economía mundial, las perspectivas de los precios de los productos básicos no combustibles serían sin duda menos favorables, sobre todo en el caso de productos como los metales industriales, cuyos precios fluctúan más en sintonía con las tendencias del ciclo económico.

La grave sequía en Estados Unidos, Canadá y Australia dio lugar a un fuerte aumento de los precios de los cereales en el tercer trimestre (gráfico 1.17). Entre mayo y octubre el precio del trigo aumentó más de 50%, y hacia finales del año bajó ligeramente cuando ingresó al mercado la mayor producción de Argentina, Brasil, la Unión Europea y varios países de la CEI. Los precios de las harinas y los aceites vegetales siguieron aumentando acusadamente en el segundo semestre del año. A finales de 2002, el precio del aceite de palma se recuperó hasta alcanzar los niveles más altos desde 1998, debido al reducido crecimiento de la producción en Malasia y al repunte de la demanda en India y Pakistán. El precio del aceite de soya, un sustituto del aceite de palma, también registró un fuerte aumento hacia fines del año, ante las perspectivas de que la cosecha fuese menor en Estados Unidos y ante las condiciones climáticas desfavorables en Brasil y en Argentina, que son grandes productores de soya. Los precios de los productos para la preparación de bebidas también subieron, especialmente en el último trimestre de 2002. El precio del cacao registró un acusado incremento como consecuencia de los efectos negativos que tuvo sobre la producción y las exportaciones la situación política en Cote d’Ivoire, el mayor productor del mundo. El precio del café, sobre todo de la variedad robusta, repuntó en el cuarto trimestre debido a los daños que, como resultado de las condiciones climatológicas, sufrió la cosecha en Brasil, y de las fuertes revisiones a la baja de las estimaciones de la cosecha actual de Vietnam, también atribuibles a la sequía y a un cierto grado de sustitución de cultivos.

Gráfico 1.17.Mercados de productos básicos no combustibles

Fuentes: Semiconductor Equipment and Materials International, Semiconductor Industry Association y estimaciones del personal técnico del FMI.

Por lo que respecta a los insumos industriales, los precios de las materias primas agropecuarias también registraron un incremento notable, sobre todo en el segundo semestre del año, debido principalmente a factores de oferta. En el último trimestre el precio de la lana aumentó considerablemente ya que los rebaños en Australia, el mayor productor mundial, sufrieron una drástica reducción como consecuencia de la grave sequía. El precio del algodón subió hacia finales de año como resultado de las inundaciones que dañaron la cosecha en Estados Unidos y del aumento de la demanda en China. También subió el precio de la madera, impulsado por una demanda más vigorosa en el sector de la vivienda de Estados Unidos y China, y por las persistentes tensiones entre Estados Unidos y Canadá en el comercio de este producto.

Durante el último año los precios de los metales industriales siguieron, en general, una trayectoria paralela a los cambios en las perspectivas de la actividad económica mundial. A principios de 2002, a medida que estas se fortalecieron, los precios de los metales registraron una recuperación. Cuando la reactivación mundial perdió impulso en el segundo y tercer trimestres, los precios se estabilizaron y, posteriormente, bajaron ligeramente. Sin embargo, a finales de 2002 volvieron a repuntar situándose de nuevo en los niveles registrados en el segundo trimestre. No obstante, con excepción del níquel, las existencias se mantuvieron en niveles relativamente altos y es probable que frenarán las subidas de los precios a corto plazo. Las tensiones geopolíticas, el ritmo más lento de la reactivación mundial y la persistente debilidad de los mercados financieros se han reflejado en un aumento de la demanda de metales preciosos. El precio del oro subió más de un 25% durante el pasado año alcanzando, a principios de 2003, los niveles más altos registrados en los seis últimos años y, después, bajó ligeramente en febrero y marzo.

Mercados de semiconductores

La reactivación observada a principios de 2002 en los mercados de semiconductores se debilitó notoriamente en el segundo semestre del año, a medida que se desaceleró la actividad económica mundial. La tasa de aumento de las ventas mundiales de semiconductores, que aumentó considerablemente en el primer trimestre de 2002, se redujo durante el resto del año. La razón pedidos/facturación de equipo manufacturero de semiconductores en Estados Unidos y Canadá—ampliamente reconocida como el principal indicador de actividad del sector de semiconductores—se redujo acusadamente en el tercer trimestre para volver a alcanzar un valor próximo a la unidad a finales de 2002 al disminuir el volumen de facturación16. A corto plazo, las perspectivas del sector podrían verse afectadas por una capacidad ociosa que, según los analistas de mercado, sigue siendo relativamente alta, tanto para las tecnologías nuevas como para el sector de semiconductores en general.

El ritmo de facturación y de nuevos pedidos de computadoras y equipo electrónico en Estados Unidos también registró una acusada disminución el año pasado. De hecho, en el segundo semestre, se redujeron los pedidos y la facturación. El crecimiento más lento de la demanda externa se reflejó en un comportamiento más deficiente de las exportaciones, sobre todo de productos electrónicos, en muchas de las economías de mercados emergentes de Asia en las que el sector de TI representa una proporción relativamente grande de la actividad industrial. La importante excepción, sin embargo, fue China, que, pese a la caída de las exportaciones de productos electrónicos en el segundo trimestre de 2002—al igual que las otras economías asiáticas—, experimentó una mejora sostenida en el segundo semestre, debido, probablemente, al aumento de las subcontrataciones de la producción de empresas estadounidenses y canadienses, así como de otras economías de Asia, con empresas chinas.

Apéndice 1.2. ¿Cómo afectará la guerra en Iraq a la economía mundial?17

Las consecuencias humanas y sociales de la guerra en Iraq obviamente son de suma importancia, pero el impacto económico del conflicto también podría ser considerable y, en vista de las incertidumbres actuales—incluidas la duración y la intensidad de la guerra—, es imposible predecir sus consecuencias económicas con cierta precisión18. En el presente apéndice se examinan los principales canales de transmisión a través de los cuales la guerra podría incidir en la actividad económica, se evalúa en términos cualitativos su posible impacto sobre la economía mundial y en las principales regiones del mundo y, por último, se examinan las medidas de política macroeconómica que podrían adoptarse para hacer frente a la situación.

Principales canales de transmisión

La guerra en Iraq afectará a la economía mundial a través de una serie de factores:

  • Precios del petróleo. Puesto que Iraq es uno de los principales productores y exportadores de petróleo, la interrupción de sus entregas hará que suban los precios, aunque el alcance del incremento dependerá de cómo reaccionen los países de la OPEP con respecto a la producción (véase apéndice 1.1). Los precios del petróleo afectan a la actividad económica mundial causando desplazamientos en la relación de intercambio (los beneficiarios de la subida de los precios gastan menos que los perjudicados), la oferta agregada (el petróleo es un importante insumo en la producción) y la inflación (dependiendo de la reacción de los salarios, los precios y la política monetaria). Se estima que un aumento sostenido de $5 por barril en el precio del crudo reduce el crecimiento mundial en un 0,3%, aproximadamente, al cabo de un año (cuadro 1.12).
Cuadro 1.12.Impacto de un aumento permanente del precio del petróleo de $5 el barril, al cabo de un año(Porcentaje del PIB)
PIB realBalanza

comercial
PIB mundial−0,30,0
Países industriales–0,3–0,2
Estados Unidos–0,4–0,1
Zona del euro–0,4–0,1
Japón–0,2–0,2
Otros–0,20,2
Países en desarrollo–0,20,2
De los cuales:
América Latina–0,10,0
Asia–0,4–0,5
Países de mercados emergentes de Europa y África0,10,2
Fuente: Estimaciones del personal técnico del FMI basadas en FMI (2000).
Fuente: Estimaciones del personal técnico del FMI basadas en FMI (2000).
  • Efectos sobre la confianza. La guerra podría deprimir aún más la confianza de los consumidores y los empresarios, con consecuencias negativas sobre el gasto de consumo e inversión. El impacto probablemente será mayor si las hostilidades vienen acompañadas de ataques terroristas en otras regiones del mundo. Si bien es sumamente difícil cuantificar el volumen del impacto potencial, los efectos podrían ser considerables. Por ejemplo, una perturbación sostenida de la confianza de un nivel semejante a la que se produjo tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 reduciría el crecimiento en Estados Unidos en casi 1% y algo menos en otros países (cuadro 1.13).
Cuadro 1.13.Efectos de la confianza empresarial sobre la actividad económica en algunos países industriales(Porcentaje del PIB, salvo indicación contraria)
Impacto sobre el PIB real del descenso

de una desviación estándar en la

variación mensual de la confianza
Descenso de la confianza entre

agosto y octubre de 2001

(número de desviaciones estándar)
Impacto acumulado sobre la

actividad si el descenso

de la confianza fuera sostenido
Estados Unidos–0,234,2–1,0
Alemania–0,203,7–0,7
Francia–0,151,9–0,3
Italia–0,223,0–0,7
Reino Unido–0,230,5–0,1
Fuente: Cuadro 2.2 de la edición de diciembre de 2001 de World Economic Outlook.
Fuente: Cuadro 2.2 de la edición de diciembre de 2001 de World Economic Outlook.
  • Incertidumbre en los mercados financieros. El aumento de la incertidumbre geopolítica probablemente hará que suban las primas de riesgo en los mercados financieros y bajen las cotizaciones bursátiles. Una caída sostenida de las cotizaciones del 10% podría producir un efecto importante sobre la actividad económica, a través de efectos riqueza sobre el consumo y la inversión, sobre todo en países en los que la propiedad accionaria está muy difundida (cuadro 1.14). En los países cuyos bancos poseen grandes tenencias de títulos de renta variable, un descenso de las cotizaciones bursátiles podría reducir el capital de los bancos e intensificar el riesgo de una compresión del crédito, sobre todo cuando el sistema bancario ya se encuentra en dificultades. Los flujos de capital que reciben los mercados emergentes probablemente también disminuirán, lo que ejercería una presión especial sobre los países que tienen grandes necesidades de financiamiento externo.
Cuadro 1.14.Efectos del mercado bursátil sobre la actividad económica en algunos países industriales
Efecto de una baja del 10%

en la capitalización bursátil1

(porcentaje)
Ventas al por menorInversión
Estados Unidos–1,3–1,5
Japón–2,4–2,4
Alemania
Francia–0,5
Reino Unido–1,5–3,0
Canadá–1,5–2,9
Países Bajos–0,7–0,8
Estados Unidos y Canadá y Reino Unido2–1,4–2,5
Europa continental2–0,4
Fuente: Edison y Sløk (2001 y 2002).

Efecto dos años después de una baja de la capitalización bursátil (no se incluyen los sectores de telecomunicaciones, medios de comunicación y tecnología de la información). Las estimaciones solo se incluyen si son estadísticamente significativas.

Promedio simple.

Fuente: Edison y Sløk (2001 y 2002).

Efecto dos años después de una baja de la capitalización bursátil (no se incluyen los sectores de telecomunicaciones, medios de comunicación y tecnología de la información). Las estimaciones solo se incluyen si son estadísticamente significativas.

Promedio simple.

  • Ingresos por viajes, turismo y remesas. La incertidumbre geopolítica ha hecho que la gente esté menos dispuesta a viajar, sobre todo al extranjero. Ello afectará a los países que dependen de los ingresos relacionados con el turismo, y perjudicará a algunos sectores, en particular las aerolíneas. Algunos países también podrían verse afectados por el descenso de los ingresos por concepto de remesas que envían los trabajadores expatriados en Oriente Medio.

Impacto económico mundial y regional

A todas luces, resulta difícil cuantificar el impacto de la guerra en Iraq sobre la economía mundial, aunque cuanto mayor sea la duración e intensidad del conflicto, mayor será su probable costo económico. La situación en Iraq ya ha afectado a la economía mundial en los últimos meses por su impacto en los precios del petróleo, los mercados financieros y la confianza. En vista de que estos fenómenos ya se habían descontado en las proyecciones de referencia de Perspectivas de la economía mundial, si la incertidumbre que rodea al conflicto en Iraq se resuelve en el corto plazo con pocos efectos secundarios fuera de la región, el efecto adicional sobre la economía mundial probablemente será bastante reducido y, obviamente, no sobrepasará los márgenes de error habituales que acompañan las proyecciones de referencia. En efecto, es posible que si las incertidumbres actuales se disipan en forma relativamente rápida, se pueda dar al crecimiento mundial en lo que resta del año y en años posteriores un impulso mayor de lo que se supone actualmente en las proyecciones de referencia. En este contexto, los precios del petróleo bajaron en general y los mercados de renta variable se recuperaron en los días inmediatamente anteriores al inicio de la guerra, aunque los mercados han seguido registrando una fuerte volatilidad.

Una guerra prolongada tendría efectos desfavorables más significativos sobre el crecimiento mundial. Si bien la producción petrolera de Iraq se verá afectada durante mucho tiempo, y si otros países de la OPEP no compensan la producción perdida, los precios del petróleo podrían aumentar hasta un nivel considerablemente superior al de referencia previo a la guerra y permanecer en ese nivel durante varios meses. Probablemente habría un descenso más sostenido de la confianza empresarial y de los consumidores—sobre todo si la guerra viene acompañada de atentados terroristas en otras regiones del mundo—mientras que la mayor incertidumbre geopolítica podría originar caídas en las cotizaciones bursátiles en todo el mundo, y los prestatarios que no tengan una calificación de crédito superior, entre ellos muchos prestatarios soberanos de mercados emergentes, podrían sufrir un fuerte incremento en sus primas de riesgo y tener dificultades para acceder a los mercados de capital. Si bien la cuantificación del impacto de estas perturbaciones sobre el crecimiento es muy difícil, es posible que en caso de un conflicto prolongado el crecimiento del PIB real per cápita mundial caiga hasta niveles próximos a cero, frente al 2% registrado en el escenario de referencia, y tampoco podría descartarse una recesión mundial (definida por el FMI como un crecimiento negativo del PIB real per cápita).

Los países industriales podrían verse afectados a través de los tres canales previamente descritos. En conjunto, los países industriales se verían perjudicados por el alza de los precios del petróleo ya que en su mayoría son importadores de crudo (Estados Unidos y la zona del euro serían los más afectados). La confianza empresarial y de los consumidores también se resentiría, mientras que las caídas de los mercados de renta variable podrían afectar a todos los países, pero sobre todo a aquellos en los que las acciones representan una parte relativamente grande de la riqueza de los hogares. El sistema financiero de varios países también podría sufrir considerables tensiones—originadas, entre otros factores, por el descenso de las cotizaciones de las acciones, el aumento de los préstamos en mora y la exposición al riesgo de los mercados emergentes—lo que podría reducir su disposición a otorgar préstamos. En algunos países, el incremento de los gastos de defensa podría dar un impulso a la demanda que contrarreste en parte estos efectos, pero también haría más difícil el logro de las metas presupuestarias a mediano plazo.

En los países en desarrollo, los efectos desfavorables de una guerra más larga serían mayores en las regiones que dependen más del petróleo importado y de los flujos de financiamiento externo, que son más susceptibles al ciclo económico mundial y que están más próximas al escenario de la guerra.

  • En Oriente Medio, el impacto económico del conflicto probablemente será muy desigual de un país a otro. Los países exportadores de petróleo ya se están beneficiando del aumento de los precios del crudo, pero la incertidumbre que conlleva la guerra está deprimiendo el gasto de inversión y el turismo en la región y está desviando recursos hacia las actividades militares. Los países que se encuentran cerca de Iraq, o que tienen estrechas relaciones económicas con este país, se verán perjudicados por la pérdida de donaciones y comercio, y quizá por el costo que entraña la afluencia de refugiados. Los países que ya están sufriendo dificultades económicas podrían verse gravemente afectados por la guerra.
  • En América Latina, el alza de los precios del petróleo beneficiará a los exportadores de la región, pero perjudicará a otros países. Los países que dependen de exportaciones no petroleras a Estados Unidos y otros países industriales sufrirán los efectos de la atonía de la demanda en los países avanzados, mientras que la reducción de la preferencia de los inversionistas por la deuda de los mercados emergentes podría tener un efecto negativo sobre los países que tienen grandes necesidades de financiamiento externo. El turismo también podría resentirse si se reducen los viajes provenientes de los países industriales. En general, un conflicto de mayor duración afectaría negativamente a la mayoría de los países de la región, y la vulnerabilidad del sector financiero de algunos países podría amplificar los efectos de las perturbaciones externas.
  • La mayoría de los países de mercados emergentes de Asia son importadores de petróleo, y su alto grado de apertura comercial también los hace muy sensibles a la evolución del ciclo económico mundial. Algunos países también podrían verse afectados por un descenso de las cotizaciones de las acciones, la reducción de los ingresos por concepto de remesas de trabajadores de países de Oriente Medio y de los ingresos por turismo, y el menor acceso a los mercados internacionales de capital. En consecuencia, una guerra más prolongada podría producir un considerable efecto negativo sobre el crecimiento de Asia, aunque es improbable que cree grandes dificultades externas en la mayoría de los países, habida cuenta de que los niveles de reservas de la región son, en general, elevados y su deuda externa se sitúa en niveles bajos.
  • Muchos países pobres importadores de petróleo, entre ellos los de África subsahariana y la CEI, se verían afectados doblemente por el alza de los precios del petróleo y descenso de los precios de los productos básicos no combustibles y, en algunos casos, por la caída del turismo. Esto, además de reducir el crecimiento, afectaría seriamente su balanza en cuenta corriente. No obstante, dadas la exposición relativamente baja de estos países al ciclo económico mundial y su falta de acceso a los mercados internacionales de capital, se verían menos afectados a través de otros canales de transmisión.

Medidas de política

Las medidas de política apropiadas para hacer frente a las consecuencias económicas de la guerra en Iraq dependerán de la gravedad y la importancia relativa de las perturbaciones resultantes de la demanda y de la oferta. Si la incertidumbre que rodea a la situación en Iraq se despeja en el corto plazo, es probable que dichas perturbaciones sean menores, en cuyo caso las medidas de política apropiadas serían, probablemente, semejantes a las del escenario de referencia. Si el conflicto resultase más prolongado, lo más probable es que se requieran medidas de política adicionales. Si bien un incremento de los precios del petróleo intensificaría las presiones inflacionarias—aunque la transmisión de los precios del petróleo a la inflación no es igual en todos los países—ello quizá se compensaría con creces por los efectos deflacionarios del deterioro de la confianza y el aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros. De hecho, si la guerra afecta considerablemente a la actividad económica mundial, cabría el riesgo de una deflación en países donde la inflación ya se encuentra en un nivel bajo.

  • La primera línea de defensa debe ser la política monetaria, que es la que se puede modificar con mayor rapidez ante un cambio en las perspectivas macroeconómicas. Las economías avanzadas se verían obligadas a recortar las tasas de interés, mientras que en Japón habría argumentos aún más sólidos a favor de una expansión cuantitativa, más decidida, respaldada por un compromiso público de acabar con la deflación19. Si la deflación se convirtiera en una amenaza en otros países habría que recurrir con determinación a las medidas monetarias.
  • La función apropiada de la política fiscal dependería de la gravedad de la desaceleración y de la situación presupuestaria de cada país. Si la guerra afecta considerablemente a la actividad económica, debería permitirse el funcionamiento de los estabilizadores automáticos en la mayoría de los países, e incluso habría que reconsiderar cuál sería el ritmo indicado de saneamiento fiscal para la zona del euro y Japón. Si la desaceleración es bastante pronunciada, tal vez haya que considerar la posibilidad de aplicar medidas fiscales discrecionales.
  • Las políticas del sector financiero tendrían que centrarse en mantener la estabilidad sistémica. Los bancos centrales tendrían que estar dispuestos a proporcionar liquidez para garantizar un funcionamiento ordenado y eficiente de los mercados financieros. Si la estabilidad sistémica no se encuentra amenazada, los problemas de cada institución financiera deben abordarse mediante mecanismos de mercado que permitan su ordenada resolución y la salida del mercado. Si hubiera riesgos sistémicos, se requerirían medidas enérgicas para fortalecer el sistema bancario, incluida, en caso necesario, la inyección de fondos públicos para fortalecer el capital de los bancos, con sujeción a una estricta condicionalidad. Además, podría resultar útil adoptar medidas adicionales para reestablecer la conflanza de los inversionistas en la contabilidad y la gestión empresarial.
  • Las reformas estructurales serían difíciles de aplicar en un entorno de desaceleración del crecimiento, pero si se pudieran lograr avances se daría un impulso a la confianza. Debe darse prioridad a la reforma de los sistemas de pensiones y de atención de la salud (para calmar las inquietudes con respecto a los efectos a mediano plazo del aumento de los déficit fiscales) y a la liberalización multilateral del comercio en el marco de la Ronda de Doha.
  • En caso de un significativo deterioro de la situación económica mundial, podría pedirse a la comunidad internacional que proporcione asistencia adicional a los países de bajo ingreso y respaldo financiero a corto plazo a los países que experimentan dificultades temporales de financiamiento.
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1

Véase en Global Financial Stability Report, abril de 2003, un análisis detallado de la evolución reciente de los mercados financieros.

2

Si bien se prevé que los precios de los productos no combustibles suban 9% en promedio en 2003, esto se debe en su mayor parte al efecto de arrastre del aumento registrado por los precios en 2002.

3

Por ejemplo, es probable que, de no modificarse el resto de las condiciones, las oscilaciones cambiarias registradas en el último año produzcan un aumento de precios de ½% a 1% en Estados Unidos durante los próximos dos años, y un descenso similar de los precios en la zona del euro.

4

Véase un análisis detallado de estas cuestiones en “¿En qué medida preocupan los desequilibrios externos?”, Perspectivas de la economía mundial, septiembre de 2002.

5

Véase “¿Cómo afectan las políticas agrícolas de los países industriales a los países en desarrollo?”, Perspectivas de la economía mundial, septiembre de 2002.

6

“Strengthening the Framework for the Global Economy”, alocución de Horst Köhler en la ceremonia de entrega del premio de economía social de mercado que concede la Fundación Konrad Adenauer Berlín, 15 de noviembre de 2002.

7

La desaceleración de la inversión fija en Rusia en 2002 también obedeció en parte a que se eliminó la posibilidad de las empresas de deducir el gasto en inversiones.

8

En parte debido a los efectos de las graves perturbaciones imprevistas, las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial sobre el crecimiento en África siempre han sido excesivamente optimistas; entre 1991 y 2000, el crecimiento del PIB proyectado en abril para el año en curso fue en promedio 1,2 puntos porcentuales más alto que el efectivamente registrado.

9

Los principales autores de este apéndice son Aasim Husain, Bright Okogo y Ximena Cheetham. Ivan Guerra y Paul Nicholson prestaron servicios auxiliares de investigación.

10

Salvo indicación contraria, las referencias a los precios del petróleo guardan relación con el promedio simple del precio del petróleo de entrega inmediata de West Texas Intermediate, U.K. Brent y Dubai.

11

La disminución de la producción de crudo en Venezuela en diciembre ascendió a unos 2 millones de barriles por día; si se incluyen los productos petroleros, el descenso fue de unos 2,5 millones de barriles por día. Sin embargo, en febrero de 2003, la producción de la OPEP—10 fue de 600.000 barriles más por día que en noviembre, mientras que la continua insuficiencia en la producción de crudo de Venezuela (1,1 millones de barriles de crudo y 600.000 barriles de productos petroleros al día en la última semana febrero) se compensó con creces con el incremento de la producción en otros países miembros de la OPEP—10.

12

A principios de 2003, la producción de crudo de Iraq se situaba, en promedio, en unos 2,5 millones de barriles al día; según estimaciones, las exportaciones de Iraq ascienden, aproximadamente, a 2 millones de barriles diarios. Según el OIE, unos 700.000 barriles diarios de la producción de Kuwait podrían verse afectados en caso de una acción militar contra Iraq (véase Oil Market Report, OIE, marzo de 2003).

13

Algunas estimaciones de la capacidad ociosa de la OPEP, incluidas las de los propios países miembros de la organización, son significativamente más altas.

14

En enero de 1991, por ejemplo, el OIE activó su plan de contingencias para hacer frente a la posibilidad de perturbaciones de la oferta. El plan contempla reducciones de las existencias estratégicas de los países miembros del OIE (incluidas las reservas de petróleo estratégicas de Estados Unidos) del orden de 2,1 millones de barriles diarios.

15

La pérdida de producción en Venezuela en diciembre y enero, y el aumento del consumo de petróleo en Estados Unidos y Japón, han ejercido presiones a la baja sobre las existencias de crudo. En Estados Unidos, que importa de Venezuela un 15% de su consumo interno de petróleo, las existencias del sector petrolero a principio de 2003 estaban en los niveles más bajos de los casi últimos 30 años. Las existencias de la OCDE, excluido Estados Unidos, también disminuyeron acusadamente en los últimos meses, pero en febrero de 2003 se situaban en niveles similares a los mínimos estacionales de mediados de los años noventa.

16

Cuando esta razón es menor que la unidad significa que hay señales de contracción de la facturación a corto plazo. Entre septiembre y noviembre de 2002 se redujo a aproximadamente 0,8, para volver a situarse por encima de 0,9 entre diciembre y enero, debido principalmente al descenso de las facturaciones.

17

Los principales autores de este apéndice son Tim Callen y James Morsink.

18

En los documentos presentados en la conferencia “After the Attack on Iraq: Economic Consequences”, realizada en el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, Washington, el 12 de noviembre de 2002, se discutieron varios escenarios posibles en caso de guerra en Iraq. Nordhaus (2002) examina el posible impacto de una guerra sobre la economía de Estados Unidos.

19

Las posibilidades de aplicar una política monetaria más expansiva podrían verse limitadas si las alzas de los precios del petróleo pueden producir efectos secundarios importantes sobre la inflación.

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