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Capítulo II. Dos temas de actualidad para los países en desarrollo

Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
May 2005
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Este capítulo contiene dos ensayos dedicados a los países en desarrollo. El primero trata de los determinantes de las afluencias de remesas de trabajadores y su impacto; el segundo, de los orígenes de la volatilidad del producto en estas economías. Estos temas son de especial interés, por una parte, en vista de la sustancial magnitud y el rápido crecimiento de las remesas; y por la otra, teniendo en cuenta que las condiciones macroeconómicas mundiales son relativamente favorables en este momento y, por lo tanto, ofrecen la oportunidad de ocuparse de algunos aspectos de la política económica que influyen en la fluctuación del producto.

Como lo señala el primer ensayo, las remesas enviadas a los países en desarrollo han ido aumentando de manera sostenida en los últimos 30 años y actualmente rondan los $100.000 millones anuales. Para muchas economías en desarrollo, las remesas son la fuente más grande de divisas, por encima de los ingresos por exportaciones, la inversión extranjera directa (IED) y otras afluencias de capital privado. Las remesas también han sorprendido por su capacidad de adaptación frente a la desaceleración de la actividad económica. El ensayo sostiene que pueden contribuir a mejorar las perspectivas de desarrollo de un país, mantener la estabilidad macroeconómica, amortiguar el impacto de los shocks perjudiciales y reducir la pobreza. Las remesas permiten a las familias mantener o incrementar el gasto en productos de consumo básico, vivienda, educación y formación de pequeñas empresas, promoviendo a la vez el desarrollo del sector financiero en las economías en desarrollo que funcionan básicamente con operaciones en efectivo. Por lo tanto, se cristalizarían beneficios considerables al abaratar el envío de las remesas; por ejemplo, eliminando las barreras al ingreso y la competencia en este mercado. Según el análisis, otra de las razones por las cuales las restricciones cambiarias y otras limitaciones parecidas exigen cautela son los efectos negativos que podrían causar en las remesas. Pero corresponde señalar aquí, a título de advertencia, que los proveedores de servicios de remesas deben estar sujetos a reglamentaciones adecuadas para disminuir el riesgo de lavado de dinero o financiamiento del terrorismo. Al mismo tiempo, en la medida de lo posible se debe evitar que los marcos regulatorios tengan repercusiones negativas en el costo de envío de las remesas.

La volatilidad del crecimiento del producto ejerce efectos negativos a largo plazo en el crecimiento, el bienestar y la desigualdad del ingreso, sobre todo en los países en desarrollo. De acuerdo con el segundo ensayo, en los últimos años la volatilidad del producto ha ido disminuyendo en la mayor parte de los países de mercados emergentes y en desarrollo, pero aun así sigue siendo considerablemente más intensa que en los países industriales. Y a diferencia de lo que ocurre en estos últimos, en los países de mercados emergentes y en desarrollo la volatilidad del producto está determinada por factores nacionales; para aliviarla, por lo tanto, las políticas internas tienen un papel clave. Según el análisis, aunque en los últimos años estos países han realizado grandes adelantos en el fortalecimiento de las políticas macroeconómicas y estructurales, pueden y deben renovar el empeño por reducir más la volatilidad del producto. Varias reformas se destacan por su importancia, sobre todo en África subsahariana y América Latina: una aplicación más estricta de la política fiscal, nuevos avances en el desarrollo del sector financiero, y la concreción de reformas estructurales para diversificar el aparato productivo y disminuir la vulnerabilidad a los shocks que repercuten en la relación de intercambio.

Remesas de trabajadores y desarrollo económico

Las corrientes de remesas de trabajadores destinadas a países en desarrollo han aumentado de manera constante durante los últimos 30 años, hasta rondar los $100.000 millones anuales en la actualidad. Esta tendencia probablemente persista a medida que la población siga envejeciendo y que aumente la presión migratoria de las economías en desarrollo sobre las economías avanzadas. Para muchas economías en desarrollo, las remesas son la fuente más grande de divisas, por encima de los ingresos por exportaciones, la IED y otras afluencias de capital privado. Además, han sorprendido por su capacidad de adaptación frente a las desaceleraciones y las crisis económicas.

Como resultado, las remesas y su impacto despiertan creciente interés en los círculos de política como el G-8, en los centros de estudios económicos y entre los posibles proveedores. Las remesas se perfilan cada vez más como una fuente relativamente ventajosa de financiamiento externo para los países en desarrollo, capaces de contribuir a fomentar el desarrollo y suavizar las crisis. Pero no por eso dejan de crear inquietud, sobre todo acerca de un uso indebido para blanquear divisas y financiar el terrorismo. Lamentablemente, hasta la fecha las remesas no han sido objeto de muchos estudios multinacionales sistemáticos. Partiendo de esta base, el presente ensayo documenta algunas de sus características más relevantes, analiza los hechos conocidos sobre sus determinantes y su impacto, y destaca algunos de los retos y oportunidades más importantes desde el punto de vista de la política económica, entre ellos la manera de promoverlas y reglamentarlas.

Las crecientes afluencias de remesas de trabajadores no son más que uno de los muchos canales a través de los cuales las corrientes de migración mundial —también en aumento— pueden influir en el bienestar de un país en desarrollo. Desde una perspectiva positiva, los emigrantes suelen encontrar mejores oportunidades en el extranjero y pueden adquirir conocimientos y experiencia que les resultan valiosos si deciden regresar a su país de origen. Además, la emigración puede estimular el desarrollo de redes comerciales, promover la inversión y el comercio internacional, y servir de poderoso aliciente a la actividad filantrópica de las colectividades exiliadas. Como contrapartida, la “fuga de cerebros” y la pérdida de capital humano especializado pueden empañar las perspectivas de desarrollo para quienes deciden no emigrar; por ejemplo, alterando la base imponible. Sin embargo, este ensayo no pretende hacer un análisis profundo de la migración.

Hechos estilizados

En términos generales, las remesas de trabajadores son una de las fuentes más grandes de financiamiento externo para los países en desarrollo. La afluencia total de remesas se quintuplicó entre 1980 y 2003 hasta llegar a $91.000 millones; es decir, un 1,6% del PIB de los países en desarrollo. Ese monto no está muy por debajo del total de IED procedente del exterior y supera a todas las demás afluencias de capital privado (gráfico 2.1)1. Corresponde señalar que estas cifras reflejan estadísticas oficiales de la balanza de pagos. Como se explica en el apéndice 2.1, se trata de datos problemáticos, ya que probablemente no incluyen las remesas enviadas por canales informales (como las redes de hawala, las sumas en efectivo transportadas por amigos y familiares, y las remesas en especie). En consecuencia, es posible que el volumen real de remesas esté sustancialmente subestimado2.

Gráfico 2.1.Remesas de trabajadores y otros flujos de divisas hacia los países en desarrollo1

(1970–2003)

Las remesas hacia los países en desarrollo han ido en constante aumento. Actualmente, están casi al nivel de la inversión extranjera directa (IED) y superan en magnitud a los flujos de capital privado no relacionado con la IED y a la asistencia oficial.

Fuentes: FMI, Balance of Payments Statistics Yearbook, y cálculos del personal técnico del FMI.

1 El apéndice 2.1 contiene una definición completa de los componentes de las remesas.

A nivel regional, América y los países en desarrollo de Asia en particular han experimentado un fuerte aumento de las afluencias de remesas, y en la actualidad absorben el grueso del total de remesas recibidas (gráfico 2.2). En términos absolutos, los cinco receptores más grandes de remesas en 1990–2003 fueron India, México, Filipinas, Egipto y Turquía (gráfico 2.3). Pero como porcentaje del PIB, las remesas son especialmente elevadas en las economías de bajo ingreso o de pequeño tamaño (entre ellas, islas y enclaves), como Lesotho, Tonga, Samoa, Kiribati y Cabo Verde. En 24 países representaron en promedio más del 5% del PIB en 1990–2003, y son muy voluminosas en comparación con otras fuentes de divisas como la ayuda o las exportaciones.

Gráfico 2.2.Remesas: Remitentes y receptores1

(Miles de millones de dólares de EE.UU.; 1970–2003)

Actualmente, Estados Unidos es por lejos la fuente más grande de remesas. Del lado receptor, entre los países en desarrollo, los de América y los de Asia absorben el grueso de los flujos de remesas.

Fuentes: FMI, Balance of Payments Statistics Yearbook, y cálculos del personal técnico del FMI.

1 El apéndice 2.1 contiene una definición completa de los componentes de las remesas.

2 Los grupos regionales se basan en los actuales agrupamientos de países utilizados en Perspectivas de la economía mundial. Solo se incluyen países en desarrollo.

Gráfico 2.3.Países en desarrollo: Veinte principales receptores de remesas1

(Promedio de 1990–2003)

En términos absolutos, Filipinas, India y México y son los receptores más grandes de remesas, pero hay muchas economías pequeñas (generalmente pequeñas enclaves) en las cuales las remesas equivalen al 5% del PIB o más.

Fuentes: FMI, Balance of Payments Statistics Yearbook, y cálculos del personal técnico del FMI.

1 El apéndice 2.1 contiene una definición completa de los componentes de las remesas. Los datos se refieren al monto bruto promedio de las remesas en todos los años del período 1990–2003 sobre los que se dispone de datos.

Los datos sobre las salidas de remesas son aún más incompletos que los de las entradas. Las principales fuentes de remesas registradas son Estados Unidos, Arabia Saudita, Suiza, Alemania y Francia (gráfico 2.2). Desde fines de la década de 1990, Estados Unidos ha sido por lejos la fuente más grande de remesas, que ascendieron a $34.000 millones en 2003. Las remesas procedentes de Arabia Saudita reflejan el número sustancial de trabajadores asiáticos migrantes empleados en el país desde la primera explosión de los precios del petróleo, pero las remesas no se han incrementado desde mediados de los años noventa.

Las remesas son una fuente relativamente estable de financiamiento externo, ya que no sufren las fluctuaciones que suelen acompañar a las afluencias de capital privado. En la década de 1980 y 1990, las remesas recibidas se mantuvieron dentro de un pequeño porcentaje (1%–1,6%) del PIB de los países en desarrollo (gráfico 2.1). Las afluencias de capital privado no relacionado con la IED, las exportaciones e incluso la ayuda oficial y la IED fueron más volátiles (gráfico 2.4). Además, las remesas no exhiben el mismo comportamiento marcadamente procíclico que caracteriza a las afluencias de capital no relacionado con la IED; de hecho, en muchos países han registrado un fuerte aumento después de ocurrida una crisis económica (por ejemplo, Indonesia después de 1997, Ecuador después de 1999 y Argentina después de 2001).

Gráfico 2.4.Remesas y otros flujos de divisas: Volatilidad y comportamiento cíclico1

(1980–2003)

Comparadas con otros flujos, las remesas hacia los países en desarrollo son muy estables y relativamente poco procíclicas. Eso las convierte en una fuente interesante de financiamiento externo.

Fuentes: FMI, Balance of Payments Statistics Yearbook, y cálculos del personal técnico del FMI.

1 El apéndice 2.1 contiene una definición completa de los componentes de las remesas.

2 La volatilidad se define como la desviación estándar de la relación entre la afluencia pertinente y el PIB.

3 El comportamiento cíclico se define como la correlación entre la afluencia pertinente desestacionalizada y el PIB desestacionalizado.

Impacto de las remesas en el desarrollo

A un nivel muy general, las remesas ayudan a aliviar las restricciones presupuestarias de los países receptores, permitiéndoles aumentar el consumo de bienes duraderos y no duraderos. También facilitan una mayor acumulación de capital humano (a través de la educación y de la atención de la salud) y más inversiones físicas y financieras (por ejemplo, en bienes inmuebles para uso residencial o en la creación de pequeñas empresas). Este aumento del gasto puede a su vez influir en una amplia variedad de facetas del desarrollo3. Por ejemplo, el crecimiento del producto a largo plazo podría acelerarse como resultado de las nuevas inversiones en capital físico y humano, sobre todo si existen instituciones y un sistema financiero bien desarrollados que permitan una intermediación eficaz y un uso eficiente de las remesas. Como contrapartida, una afluencia sustancial de remesas podría privar a los países receptores de incentivos para trabajar (Chami, Fullenkamp y Jahjah, 2003) o causar una apreciación real del tipo de cambio con una contracción concomitante de los sectores de bienes transables (el “mal holandés”).

Aun si las remesas apenas afectan al crecimiento, pueden tener un marcado impacto en el bienestar. En la medida en que los estratos más pobres de la sociedad dependen de las remesas para satisfacer sus necesidades básicas de consumo, el aumento de estas estaría vinculado a la disminución de la pobreza, y quizá de la desigualdad4. Y dado que las remesas son relativamente estables, los países que las reciben en volúmenes sustanciales quizá tengan menos predisposición a fluctuaciones perjudiciales, ya sea del producto, del consumo o de la inversión. En casos extremos, las remesas podrían reducir la probabilidad de una crisis financiera. Estas posibilidades adquieren más peso si se tiene en cuenta que, a diferencia de las afluencias de capital, las remesas son transferencias unilaterales que no crean obligaciones de servicio de la deuda ni de otro tipo.

Como primer paso, se sometieron a prueba estas hipótesis usando datos de una amplia muestra formada por un máximo de 101 países, durante el período 1970–2003. La muestra y los datos se describen en detalle en el apéndice 2.1. También se presentan por separado los resultados correspondientes a una submuestra de un máximo de 50 economías relativamente más dependientes de las remesas (concretamente, las que tienen un coeficiente promedio remesas/PIB superior al 1%). En el recuadro 2.1 se analiza más detalladamente el impacto de las remesas —y de la emigración a nivel más general— en los países del Caribe, un grupo de economías pequeñas caracterizadas por afluencias muy voluminosas de remesas.

Un factor importante para el análisis es que las remesas pueden influir en las variables económicas de interés, como el crecimiento del producto, y a la vez verse afectadas por ellas. En los países y períodos en que el crecimiento es relativamente débil, las remesas pueden incrementarse porque hay más emigración y también porque los trabajadores que ya viven en el extranjero envían más ayuda financiera a las familias que dejaron en sus países de origen. Esa endogeneidad sesgaría los resultados de cualquier análisis de regresión simple. Este ensayo intenta soslayar al máximo ese problema recurriendo al método de las variables instrumentales5. Los principales resultados del análisis son:

  • Con un marco multinacional normal de regresión del crecimiento, no existe un vínculo directo estadísticamente significativo entre el crecimiento del producto real per cápita y las remesas (cuadro 2.1)6. Tampoco existe una relación significativa entre las remesas y algunas de las demás variables, como los niveles de educación y los coeficientes de inversión, utilizados como variables de control en la regresión del crecimiento. Además, estos resultados siguen siendo válidos independientemente del nivel de desarrollo financiero de la economía receptora. Se ha argumentado que el impacto de las remesas en el crecimiento puede hacerse sentir con especial fuerza en ciertos sectores, como el de los bienes inmuebles de uso residencial: es posible que los emigrantes estén especialmente dispuestos a remesar fondos cuando ello les permite afianzar sus vínculos con el país de origen (Bouhga-Hagbe, 2004). De hecho, la actividad del sector de la construcción parece estar correlacionada con las afluencias de remesas, pero en este caso el tamaño de la muestra es muy limitado.
  • Pasando al vínculo entre la pobreza y las remesas, si estas tienen por objetivo principal financiar el consumo básico, puede que influyan en la pobreza, aun cuando el impacto en el crecimiento sea mínimo. De hecho, los resultados llevan a pensar que hay un fuerte vínculo entre la pobreza —medida según el recuento de pobreza o la brecha de pobreza— y las remesas (véase el cuadro 2.1; Adams y Page, 2003, y Adams, 2004a, llegan a resultados parecidos). El impacto puede parecer pequeño desde el punto de vista económico: en promedio, un aumento de 2½ puntos porcentuales del coeficiente remesas/PIB7 está asociado a una disminución de menos de medio punto porcentual en la proporción de personas que viven en la pobreza. Pero el análisis neutraliza por separado el impacto del ingreso promedio y de la desigualdad, para los cuales se utiliza como variable sustitutiva el coeficiente de Gini, y estas variables probablemente estén a su vez influenciadas por las remesas8. Por lo tanto, el verdadero impacto de las remesas en la pobreza podría ser sustancialmente mayor.
  • En cuanto al vínculo entre la volatilidad y las remesas, según ciertos estudios microeconómicos las remesas juegan un papel crítico, ya que reducen la vulnerabilidad de los individuos a shocks tales como catástrofes naturales o guerras civiles (Rapoport y Docquier, 2005). En este caso, los resultados indican que la presencia de remesas también frena la volatilidad de la inversión, el consumo y el producto agregado (cuadro 2.1)9. Además, el impacto es fuerte desde el punto de vista económico: cuando el coeficiente remesas/PIB aumenta 2½ puntos porcentuales, la volatilidad del producto disminuye en promedio una sexta parte. Lo notable es que al incrementarse las remesas, se reduce la magnitud de la “peor caída” del producto durante el período que abarca la muestra, lo que confirma que las remesas pueden contribuir a amortiguar las crisis y las recesiones. Debido a las limitaciones de los datos, no es posible someter a prueba la hipótesis de que las afluencias de remesas pueden ayudar a reducir la probabilidad de una crisis de la balanza de pagos; sin embargo, las remesas muestran una asociación positiva significativa con las calificaciones crediticias de la deuda soberana. En términos generales, esta es una prueba contundente de que las afluencias de remesas facilitan la estabilización de la actividad económica en los países receptores.
Cuadro 2.1.Resultados de la regresión: Impacto de las remesas de trabajadores
Impacto de las remesas de trabajadores4
Variable dependienteMuestra

completa
Dependiente

de remesas5
Crecimiento1
Crecimiento del producto–0,30–0,27
Educación–0,431,93
Inversión0,480,12
Pobreza2
Recuento de pobreza–0,02*–0,02*
Brecha de pobreza–0,01*–0,01*
Volatilidad3
Volatilidad del producto–0,29**–0,17**
Peor caída del producto–0,74**–0,63**
Volatilidad del consumo–0,45**–0,19*
Volatilidad de la inversión–1,31**0,01
Calificación crediticia0,22**0,22**

El “crecimiento del producto” se mide en términos reales per cápita. La “educación” se mide en base a la tasa de matriculación a nivel secundario. La “inversión” se mide según el coeficiente inversión/PIB.

Todos los indicadores de la pobreza están basados en el consumo o, a falta de ese dato, en el ingreso, y están expresados logarítmicamente. El recuento de pobreza se define como la proporción de la población que se encuentra por debajo de la línea de pobreza. La brecha de pobreza se define como el porcentaje promedio en que los pobres se encuentran por debajo de la línea de pobreza. La línea de pobreza se define como $1,08 por día a precios internacionales de 1993.

Todas las variables se miden en términos reales per cápita. La “volatilidad” se define como la desviación estándar de la tasa de crecimiento anual. La “peor caída” se define como la mayor disminución porcentual anual.

Las remesas de trabajadores se miden según el coeficiente remesas/PIB, excepto en el caso de las regresiones de la pobreza, en las cuales el coeficiente remesas/PIB está expresado logarítmicamente. Los coeficientes están estandarizados: indican cuántas desviaciones estándar cambiará la variable independiente si las remesas de trabajadores aumentan una desviación estándar. Las cifras marcadas en negrita y seguidas de * o de ** expresan significancia al nivel del 10% o del 5%, respectivamente. Las demás variables de control se describen en detalle en el apéndice 2.1.

Las economías “dependientes de remesas” son aquellas en las cuales el coeficiente remesas/PIB supera el 1%.

El “crecimiento del producto” se mide en términos reales per cápita. La “educación” se mide en base a la tasa de matriculación a nivel secundario. La “inversión” se mide según el coeficiente inversión/PIB.

Todos los indicadores de la pobreza están basados en el consumo o, a falta de ese dato, en el ingreso, y están expresados logarítmicamente. El recuento de pobreza se define como la proporción de la población que se encuentra por debajo de la línea de pobreza. La brecha de pobreza se define como el porcentaje promedio en que los pobres se encuentran por debajo de la línea de pobreza. La línea de pobreza se define como $1,08 por día a precios internacionales de 1993.

Todas las variables se miden en términos reales per cápita. La “volatilidad” se define como la desviación estándar de la tasa de crecimiento anual. La “peor caída” se define como la mayor disminución porcentual anual.

Las remesas de trabajadores se miden según el coeficiente remesas/PIB, excepto en el caso de las regresiones de la pobreza, en las cuales el coeficiente remesas/PIB está expresado logarítmicamente. Los coeficientes están estandarizados: indican cuántas desviaciones estándar cambiará la variable independiente si las remesas de trabajadores aumentan una desviación estándar. Las cifras marcadas en negrita y seguidas de * o de ** expresan significancia al nivel del 10% o del 5%, respectivamente. Las demás variables de control se describen en detalle en el apéndice 2.1.

Las economías “dependientes de remesas” son aquellas en las cuales el coeficiente remesas/PIB supera el 1%.

Recuadro 2.1.Las remesas de los trabajadores y la emigración en la región del Caribe

El Caribe es la región que recibe el mayor volumen de remesas, como porcentaje del PIB, y en la que se registra la tasa más alta de emigración, con muestras de una masiva fuga de cerebros1. Por lo tanto, se trata de un caso idóneo para estudiar los factores determinantes y los efectos de las remesas y la emigración.

En la última década los flujos de remesas hacia el Caribe han aumentado a un ritmo constante, mientras que otras fuentes externas de fondos han disminuido. Así, las remesas constituyen hoy en día la segunda fuente de financiamiento externo en el Caribe, superada solo por los flujos de capital privado. Entre 1990 y 2002 las remesas se incrementaron del 3% al 13% del PIB de la región (véase el gráfico). En cambio, durante el mismo período, la inversión extranjera directa (IED) disminuyó del 11% al 7%, mientras que la ayuda oficial para el desarrollo (AOD) se redujo del 4% al 1% del PIB. En 2002, de los 30 principales países receptores de remesas, en relación con el PIB, 8 eran caribeños (Haití, Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, la República Dominicana, Saint Kitts y Nevis y San Vicente y las Granadinas).

Remesas, IED y AOD recibidas por el Caribe1

(1990–2002; porcentaje del PIB)

Fuentes: FMI, Balance of Payments Statistics Yearbook (BOPSY); Banco Mundial, World Development Indicators; OCDE; autoridades nacionales, y cálculos del personal técnico del FMI.

1 Las remesas se calculan como la suma de los siguientes rubros de la balanza de pagos: remesas de trabajadores, remuneración de empleados y transferencias de emigrantes. La IED se expresa en términos de flujos brutos.

Las remesas que se envían al Caribe son una fuente importante de financiamiento de la inversión privada. Con datos de 1980–2002 correspondientes a 13 países caribeños, Mishra (2005b) analiza su impacto macroeconómico. Las estimaciones (basadas en un modelo de regresión de datos de panel que tiene en cuenta los efectos fijos de cada país y año) demuestran que las remesas tienen un efecto estadística y económicamente significativo en la inversión privada. Un aumento de 1 punto porcentual en las afluencias de remesas hace subir la inversión privada en 0,6 puntos porcentuales (todas las cifras en relación con el PIB). Este resultado contrasta mucho con la idea generalizada de que las remesas se destinan principalmente al consumo, pero es compatible con los estudios a escala microeconómica que se analizan en el texto principal, según los cuales las remesas tienen un efecto notable en las inversiones en bienes raíces, pequeñas empresas y agricultura.

Otros datos también apuntan a que, en los países que reciben más remesas, el consumo real privado es menos volátil. Una vez más, los estudios microeconómicos tratados en el texto principal indican que las remesas funcionan como un seguro y aumentan considerablemente cuando se producen shocks perjudiciales (la región del Caribe es una de las más vulnerables a las catástrofes naturales; véase Rasmussen, 2004). Hasta ahora pocos estudios han confirmado esta hipótesis del seguro a nivel macroeconómico. Sin embargo, Mishra (2005b) señala que las remesas hacia el Caribe efectivamente aumentan tras una perturbación negativa en el producto, pero con retraso. Una reducción de un 1% en el PIB real está relacionada con un incremento de las remesas de alrededor del 3% dos años más tarde.

El volumen de remesas que recibe el Caribe no resulta sorprendente si se tiene en cuenta que las tasas de emigración de la región son las más altas del mundo: aproximadamente un 12% de la fuerza de trabajo ha emigrado a países de la OCDE. No obstante, las tasas agregadas de emigración ocultan una variación importante en la clasificación de los emigrantes según sus aptitudes; concretamente, la tasa de emigración es mucho más alta entre los trabajadores que han recibido más escolaridad. Una mayoría de países caribeños ha perdido más de la mitad de su fuerza de trabajo con educación terciaria (más de 12 años de escolaridad) y más del 30% de su fuerza de trabajo con educación secundaria (9 a 12 años de escolaridad). La fuerza laboral con educación terciaria en Jamaica y Guyana disminuyó durante 1970–2000 en un 89% y un 83%, respectivamente, a causa de la emigración hacia los países de la OCDE. De hecho, casi todas las naciones caribeñas figuran en la lista de los 20 países con las mayores tasas de migración del segmento terciario (Docquier y Marfouq, 2004; Mishra, 2005a). Esto se debe probablemente a una combinación de factores de atracción (sueldos más altos en el extranjero), factores de rechazo (escasas oportunidades de empleo local para las personas muy instruidas) y costos de migración bajos (en especial por la cercanía geográfica a Estados Unidos).

Mishra (2005a) señala que los costos de la emigración de los trabajadores calificados son sin duda importantes. Los cálculos basados en un marco de demanda-oferta de mano de obra indican que las variaciones de la oferta y los salarios de la mano de obra local debidas a la emigración de los trabajadores muy calificados ocasionan pérdidas en el bienestar de los trabajadores y productores que permanecen en el país de origen. A estas pérdidas se suman otros costos para la economía, como el gasto del gobierno en la educación de los emigrantes y la baja de la productividad de los que se quedan en el país. Frente a esto, los que migran experimentan, como es de suponer, importantes mejoras en su bienestar.

Los países del Caribe pueden adoptar dos estrategias con respecto a la migración y las remesas: 1) introducir reformas en favor del crecimiento para mejorar el clima de inversión y crear incentivos para retener a los trabajadores más calificados, y 2) procurar potenciar las ventajas de la emigración por intermedio de las colectividades exiliadas, creando redes para fomentar el comercio, el turismo y la inversión; aprovechando los conocimientos, aptitudes y activos de los emigrantes, y atrayendo remesas cada vez más eficientes.

Quizá los trabajadores más calificados serían menos propensos a emigrar si la educación superior se reorientara de tal manera que dotara a los estudiantes con las aptitudes en demanda en la región, sobre todo en los sectores de servicios, que tienen preponderancia en estas economías. Esta reorientación podría comprender, por ejemplo, el establecimiento de escuelas de hotelería para atender las necesidades del turismo. En vista de los fuertes subsidios a la educación terciaria, los gobiernos también tienen que formular políticas para garantizar que los emigrantes asimilen como propios los costos de su educación.

También hay margen para que las ventajas que la migración supone para el crecimiento se intensifiquen, por ejemplo, con medidas que incentiven las remesas. Como se indica en el texto principal, las remesas pueden estimular el bienestar y el crecimiento, gracias a su efecto en las inversiones en capital físico y humano, entre otras cosas. El uso de las remesas para financiar el desarrollo implica una oportunidad y un desafío. Por un lado, las remesas son cuantiosas y están en aumento, mientras que la ayuda y la inversión extranjera directa han ido disminuyendo; esto hace pensar que la importancia de las remesas como fuente de financiamiento de la inversión solo puede aumentar.

Por otro lado, no es sencillo formular políticas para incentivar las remesas y encauzarlas hacia fines productivos. Según los datos de este recuadro, las remesas ya están teniendo un im portante efecto beneficioso en las economías caribeñas. Es menester que los gobiernos garanticen un entorno favorable para los flujos de remesas y que, en lo posible, lo refuercen reduciendo algunas barreras (por ejemplo, los altos costos de transacción y las demoras excesivas en la compensación de cheques)2.

Nota: El autor de este recuadro es Prachi Mishra. Los datos citados provienen principalmente de Mishra (2005a).1 La región del Caribe comprende Antigua y Barbuda, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, la República Dominicana, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Suriname y Trinidad y Tabago.2 Véase en Suki (2004) un análisis a fondo, en el contexto de la República Dominicana, sobre reformas específicas y a nivel microeconómico que los gobiernos podrían promover.

El impacto de las remesas, sobre todo en el crecimiento del producto, puede ser difícil de detectar si se utilizan únicamente datos macroeconómicos. Primero, como ya se ha señalado, no es sencillo distinguir la dirección exacta de los vínculos, un problema que quizá no sea posible solucionar del todo con técnicas de variables instrumentales. Además, algunos de los canales en acción, como los que funcionan a través de la acumulación de capital humano, podrían ser detectables solo a lo largo de períodos muy prolongados. Por eso quizá resulten más convincentes otros estudios que usan datos a nivel de hogares y que generalmente se basan en extensas encuestas o en censos nacionales. Estos, en su mayoría, llegan a la conclusión de que los hogares que reciben remesas brindan significativamente más educación a los hijos, emprenden en mayor escala la creación de pequeñas empresas y acumulan más activos; además, el impacto de las remesas es especialmente intenso entre los hogares más pobres, que están sujetos a más restricciones de crédito10. En general, hay buenas razones para pensar que las remesas pueden ser un importante estímulo al crecimiento, aunque se necesitan más estudios para comprender exactamente cómo funcionan.

Ahora bien, al igual que cualquier otra afluencia de divisas, las remesas pueden crear los problemas característicos del mal holandés. Por ejemplo, pueden producir una apreciación real del tipo de cambio y un alza de los precios inmobiliarios11, con efectos negativos para quienes no tienen la buena fortuna de recibir remesas. Pero nuestro análisis coincide con Rajan y Subramanian (2005) en que, a diferencia de la ayuda oficial o de los ingresos provenientes de recursos naturales, las remesas no ejercen un efecto sistemáticamente negativo sobre la capacidad de competencia de un país, incluso en los sectores de bienes transables, los que requieren un uso intensivo de la mano de obra o los que emplean trabajadores poco calificados. Parte de la explicación puede ser que, como las remesas benefician a agentes privados y no a los gobiernos, no arrastran las mismas posibilidades de estimular la corrupción o el derroche. A su vez, en vista de su relativa estabilidad, parece poco probable que las remesas produzcan volatilidad en el tipo de cambio real o que requieran los difíciles ajustes que se hacen necesarios en otros sectores de bienes transables, a menudo asociados con fluctuaciones de las exportaciones de recursos naturales.

Hasta ahora, el análisis se ha centrado en los resultados históricos. Pensando en el futuro, los flujos de remesas también podrían aprovecharse para acelerar el desarrollo financiero en los países receptores. Concretamente, en la medida en que sea posible convencer a los beneficiarios de que las conviertan en depósitos en instituciones financieras, las remesas pueden poner a una parte más grande de la población en contacto con el sistema financiero formal, ampliando la disponibilidad del crédito y de instrumentos de ahorro como los préstamos para la educación, las hipotecas y las cuentas de ahorro. El propio desarrollo de la actividad financiera tendrá a su vez efectos positivos sobre el crecimiento y el desarrollo, tanto de manera directa como al promover un aprovechamiento más eficaz de las remesas. En ese sentido, los bancos que las canalizan están descubriendo que las remesas (y los correspondientes cargos que cobran las instituciones financieras) son efectivamente titulizables, como otros derechos de crédito futuros (Ketkar y Ratha, 2001). Por ejemplo, desde 1994 ha habido casi 40 emisiones de bonos respaldados por remesas en América Latina, por un valor superior a $5.000 millones. Para algunos bancos de países en desarrollo, esta posibilidad de titulización ha sido una manera interesante de poder emitir instrumentos de primera calidad y reducir así sustancialmente los costos de endeudamiento.

Si bien es cierto que las remesas producen beneficios económicos sustanciales, existe el riesgo de que se las utilice para facilitar el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo. El recuadro 2.2 aborda estas importantes inquietudes (véase también El-Qorchi, Maimbo y Wilson, 2003) y destaca la necesidad de encuadrar dentro del sector formal la actividad de los proveedores informales de servicios de remesas estableciendo un marco regulatorio apropiado. La reglamentación debe ser clara y simple, y no debería obstaculizar la circulación de las remesas ni sumir a los sistemas de remesas en una mayor clandestinidad.

Determinantes de las remesas

En vista de que las remesas de trabajadores tienen un impacto generalmente positivo en la economía, es importante individualizar los factores capaces de fomentarlas. Por lo tanto, aquí se presenta una breve reseña de los estudios hechos sobre sus determinantes. Como estos trabajos suelen limitarse a un solo país, con un escaso análisis integral, el presente ensayo toma datos basados en una amplia muestra de países.

El análisis de las remesas puede realizarse con dos teorías generales: la del “altruismo” y la de “cartera”12. La teoría del altruismo está basada en la economía del hogar: lo que mueve las remesas es la preocupación del trabajador migrante por las necesidades de ingreso y consumo de la familia que dejó en su país de origen. Según la teoría de cartera, por el contrario, el trabajador migrante percibe un ingreso y debe distribuir sus ahorros entre activos ubicados en el país de origen y en el país anfitrión. En este caso, el motor principal de las remesas es el deseo de inversión. Muchos estudios combinan ambas teorías en sus análisis empíricos.

Recuadro 2.2.El control de las remesas

Las remesas son una fuente importante de financiamiento para muchos países. Como se indica en el texto principal, probablemente un alto porcentaje de remesas se movilice a través de sistemas informales. El uso de este tipo de servicios puede entrañar un riesgo concreto de lavado de dinero y financiamiento del terrorismo1. Es necesario contrarrestar este riesgo incorporando a los proveedores de servicios informales en el sector formal mediante la adopción de un marco reglamentario. Pero ese marco debe tener en cuenta —y evitar en la medida de lo posible— todo impacto negativo en el costo de envío de las remesas y en los incentivos para el suministro de servicios de remesas.

El marco reglamentario, tanto en los países remitentes como en los receptores, debe centrarse en los proveedores de servicios de remesas que no están sujetos a ningún tipo de supervisión financiera reglamentaria o prudencial que prevea el cumplimiento de los requisitos de la labor antilavado de dinero y la lucha contra el financiamiento del terrorismo (ALD/LFT). Los bancos y otras instituciones financieras que envían remesas pero que ya están bajo la supervisión de las autoridades pertinentes (incluidos los requisitos ALD/LFT) no estarían obligados a someterse a este marco reglamentario.

A efectos de reglamentación, el Grupo de Acción Financiera sobre el Blanqueo de Capitales (GAFI) —encargado de fijar normas internacionales— indica, en virtud de su Recomendación Especial VI, que los países deben autorizar o registrar a los proveedores de servicios de transmisión de dinero o títulos valores, y que estos deben cumplir los requisitos ALD/LFT. Los países deberán elegir un sistema de inscripción o habilitación teniendo en cuenta sus circunstancias particulares y las prácticas reglamentarias históricamente aceptadas. El GAFI ha reconocido que la supervisión de las autoridades debe ser flexible y proporcional al riesgo de uso indebido.

Los sistemas de inscripción y habilitación son otras dos maneras de implantar un marco reglamentario para los proveedores de servicios, ambas compatibles con las recomendaciones del GAFI. Los sistemas de inscripción no imponen muchas barreras a la participación en el sistema financiero, pero crean la necesidad de contar con recursos suficientes para que los supervisores verifiquen posteriormente el cumplimiento de los requisitos ALD/LFT, usando información obtenida durante el proceso de solicitud. Los sistemas de habilitación filtran la participación en la etapa de solicitud a fin de garantizar la idoneidad de los proveedores de servicios, lo cual puede reducir el grado de verificación del cumplimiento más tarde. Al concentrarse más en la fase de solicitud, los requisitos iniciales de los sistemas de habilitación pueden reducir el número de proveedores que desean participar.

Los proveedores de servicios de remesas deben ser consultados antes de expedir las reglamentaciones y los requisitos correspondientes. Estos proveedores por lo general buscan protegerse contra los fondos producto del delito, e incluso apoyan la adopción de reglamentación oficial para evitar verse implicados con delincuentes en actividades de lavado de dinero o financiamiento del terrorismo. Las consultas también son importantes a la hora de elegir entre un mecanismo de inscripción o de habilitación, ya que les permitirán a las autoridades sondear el interés de los proveedores de servicios informales en participar en uno u otro marco. Si los proveedores ya están agremiados, la tarea de las autoridades será más fácil. Caso contrario, estas tendrán que encontrar otras formas de obtener las opiniones de los proveedores que van a estar sujetos a la reglamentación, tales como fomentar la creación de gremios y apoyar la autorregulación para facilitar la transición de los proveedores hacia un sistema oficial.

Los requisitos deben ser claros y sencillos —ya sea que se trate de un sistema de inscripción o de habilitación— y pueden incluir, dependiendo del sistema elegido, un proceso de solicitud, la obligación de verificar antecedentes, inspecciones directas o a distancia y programas de cumplimiento.

  • Como la mayoría de los proveedores de servicios de remesas son pequeñas empresas, los procedimientos de solicitud deben ser directos y sencillos. Se debe exigir la renovación anual de la autorización otorgada, de tal manera que los organismos reguladores estén en contacto con los proveedores por lo menos una vez al año. Las autoridades deben ser capaces de identificar al proveedor principal, pero tienen que prestar especial atención a los proveedores que son agentes, concesionarios o filiales de proveedores más grandes que cuentan con redes amplias.
  • Los propietarios y gerentes de las empresas de servicios de remesas tienen que ser identificados y sometidos como mínimo a una verificación de antecedentes. Es posible que los países que optan por un sistema de habilitación tengan que realizar pruebas completas de solvencia y honestidad para impedir que personas con antecedentes delictivos sean propietarias o gerentes de oficinas de transmisión de dinero. Se debe denegar la autorización a solicitantes que hayan estado implicados en delitos financieros o que tengan antecedentes de insolvencia.
  • Para garantizar el cumplimiento de las reglamentaciones, se debe someter a los países a inspecciones directas y a supervisión a distancia. A tales efectos, a los proveedores de servicios se les podría exigir que declaren y presenten ciertos datos financieros y otro tipo de información. De este modo se puede mejorar la información sobre los flujos financieros y la manera en que los organismos reguladores conceptualizan el negocio de las remesas.
  • En las actuales circunstancias, un factor de vulnerabilidad que aún está pendiente es la liquidación de saldos, ya que los proveedores de servicios pueden seguir recurriendo a mecanismos formales e informales para tales fines. Este es un aspecto que probablemente seguirá siendo impreciso para los supervisores y que requerirá más análisis.
  • Si a partir de una evaluación basada en los riesgos se determina que el sector de las remesas es susceptible a abusos de lavado de dinero y financiamiento del terrorismo, todos los proveedores de servicios deberán adoptar el programa de cumplimiento ALD/LFT.

Los requisitos ALD/LFT comprenden la obligación de identificar debidamente al cliente, conservar documentos y denunciar las transacciones sospechosas.

  • La documentación adecuada para identificar a los clientes es un requisito reglamentario estricto de todas las actividades del sector financiero, incluidos los servicios de remesas. Este requisito puede acarrear dificultades para los clientes, entre los que se cuentan trabajadores inmigrantes ilegales o indocumentados. Los países han abordado este problema de varias maneras. Una posibilidad consiste en fijar el monto de efectivo por encima del cual es necesaria la identificación en un nivel superior al del monto medio de las remesas. Algunos países permiten el uso de tarjetas de identificación emitidas por un consulado nacional.
  • Es esencial que los proveedores de servicios conserven la documentación, para lo cual algunos países han ideado formatos sencillos o han proporcionado a los proveedores programas informáticos para simplificarles la tarea. Se necesitan pautas para garantizar que las transacciones sean transparentes y dejen un rastro verificable, a fin de facilitar la labor de los investigadores cuando se detecten abusos.
  • El requisito relativo a los informes de operaciones sospechosas podría suponer dificultades para los proveedores de servicios. A fin de mejorar la calidad y la cantidad de estos informes es menester llevar a cabo labores de concientización, educación y capacitación.

Las sanciones que los países deben imponer por el incumplimiento de los requisitos reglamentarios pueden ser de dos niveles. Primero, las autoridades deberán tener potestad para aplicar medidas a los proveedores que se abstengan de inscribirse o habilitarse. Segundo, los proveedores inscritos o habilitados que incumplan los requisitos de supervisión o ALD/LFT deben estar sujetos a sanciones similares a las que se imponen a otras instituciones financieras, y que van desde las advertencias y multas hasta la revocación de los permisos de funcionamiento.

Los siguientes son algunos otros aspectos importantes del marco reglamentario.

  • En los países en desarrollo, donde los beneficiarios suelen estar en zonas apartadas o sin acceso a los bancos y otras instituciones financieras, los clientes pueden seguir utilizando principalmente los servicios informales de remesas. En estos casos, la implantación de un marco reglamentario eficaz será particularmente difícil.
  • Las autoridades nacionales pueden esgrimir argumentos de protección del consumidor para animar a los clientes a usar los servicios de proveedores inscritos o habilitados. Hay que tener en cuenta dos aspectos. En primer lugar, para desalentar las operaciones fraudulentas o las estafas, las autoridades deben organizar campañas de concientización y educación para informar a los clientes de las opciones, los derechos y los riesgos relacionados con el uso del sistema de remesas. Se deben presentar claramente las ventajas de operar con un proveedor inscrito o habilitado en lugar de uno informal. En segundo lugar, las autoridades deben garantizar que las comisiones y los tipos de cambio sean transparentes.
  • Para que el marco reglamentario resulte eficaz, los supervisores deberán tener los conocimientos, la capacidad y los recursos necesarios para controlar y exigir el cumplimiento. Además, si se quiere atraer a los proveedores de servicios hacia el sistema regulado, el marco reglamentario no debe imponerles una carga excesiva desde el punto de vista administrativo o económico.

La adopción de un marco reglamentario eficaz para las remesas incrementará la ya pesada carga administrativa que soportan las autoridades supervisoras, sobre todo en los países en desarrollo. Al trasladar completamente los costos de financiamiento del marco reglamentario a los proveedores de servicios —y por ende a sus clientes—, se podría contribuir a la subsistencia del sector informal. Por lo tanto, la comunidad internacional tiene que cooperar con los países para ayudarlos a lograr el cumplimiento de las normas internacionales, especialmente mediante la prestación de asistencia técnica.

Nota: Los autores principales de este recuadro son Chee Sung Lee y Maud Bökkerink.1Kapur (2004), entre otros, sostiene que las remesas son un mecanismo importante para el financiamiento del terrorismo, las guerras civiles y los movimientos separatistas, y que en Somalia un porcentaje importante de las remesas sirvió para armar a las guerrillas rurales que derrocaron al gobierno en enero de 1991. Otros ejemplos son el apoyo en Suecia al Movimiento Aceh Libre, en Canadá a los Tigres de Liberación de la Tierra Tamil, y en el Reino Unido a la causa de Cachemira.

No cabe duda de que a nivel general los flujos de remesas están estrechamente vinculados a las trayectorias migratorias13 (aunque un análisis conjunto integral de las remesas y la migración está más allá de las ambiciones de este ensayo)14. El presente análisis parte de los estudios publicados para concentrarse en cinco amplios grupos de variables que podrían afectar a las remesas (alterando ya sea la población migrante o el promedio de remesas por trabajador migrante).

  • La actividad económica en el país anfitrión de los trabajadores migrantes. La mejora de las perspectivas económicas del país anfitrión aumenta las oportunidades de empleo y los sueldos de los migrantes. Esto les permite enviar más remesas y también puede alentar la emigración en el país de origen, lo cual a su vez incrementa las remesas futuras. Empíricamente, la actividad económica del país anfitrión se mide usando el “producto mundial”15, en el cual se incluyen los precios mundiales del petróleo como variable de control adicional.
  • La actividad económica en el país de origen de los trabajadores migrantes. Los trastornos que sufran el producto, el empleo y los sueldos en el país de origen reducen el ingreso de los familiares que pueda haber dejado el trabajador migrante. Nuevamente, esto puede alentar a los emigrantes a enviar más remesas y empujar a más gente a emigrar. En este caso, la actividad económica en el país de origen se mide con el PIB nacional, usando un valor retrasado para evitar en lo posible problemas de endogeneidad.
  • Las instituciones y políticas económicas del país de origen. La presencia de restricciones cambiarias y las primas que cobra el mercado negro pueden desalentar el envío de remesas. En estas condiciones es más probable que las remesas no se encaucen por canales oficiales, como los bancos, sino más bien a través de canales informales y exentos de sistemas de registro; también es posible que se las mantenga en moneda extranjera en efectivo. La inestabilidad macroeconómica, expresada en forma de inflación elevada o sobrevaluación del tipo de cambio real, puede tener efectos parecidos. Por el contrario, el desarrollo del sector financiero puede estimular las remesas al facilitar y abaratar el envío y la recepción. Empíricamente, en este ensayo se miden las instituciones y políticas económicas utilizando: un indicador de la presencia de múltiples sistemas cambiarios; un indicador de las restricciones a los depósitos en moneda extranjera; las primas del mercado negro; la profundidad del sector financiero, medida según la relación entre los depósitos bancarios, los activos bancarios o la capitalización bursátil y el PIB, y la inflación.
  • Riesgos generales en el país de origen. La inestabilidad política, o la falta de suficiente orden público, puede desalentar el envío de remesas —al menos con propósitos de inversión—, por ejemplo por el riesgo de expropiación o robo. Para esos riesgos usamos como variable sustitutiva los indicadores de riesgo político y orden público tomados de la guía internacional sobre el riesgo país (International Country Risk Guide).
  • Oportunidades de inversión. Si la inversión en el país anfitrión ofrece más rentabilidad que en el país de origen, es posible que los migrantes conserven sus ahorros en el país anfitrión, en lugar de enviarlos en forma de remesas al país de origen. En este ensayo, la variable sustitutiva de las oportunidades de inversión en el país anfitrión por oposición al país de origen es la tasa interbancaria de oferta de Londres (LIBOR) ofrecida por los bancos estadounidenses16.

El análisis utiliza datos anuales tomados de un panel de 87 países durante el período 1980–2003. Las décadas de 1980 y 1990 también se analizaron por separado, pero los resultados no se presentan aquí porque son parecidos a los de la muestra global. Los datos se describen con más detalle en el apéndice 2.1. Se calculó una regresión con datos de panel en la cual la variable dependiente era las remesas de los trabajadores como proporción del PIB de la economía receptora. En toda la regresión neutralizamos los efectos fijos propios de cada país17 y una tendencia temporal.

En términos generales, los resultados de la regresión confirman que las políticas y las reglamentaciones pueden ser una influencia importante en las afluencias de remesas (cuadro 2.2). Más concretamente, el producto mundial tiene un impacto positivo estadísticamente significativo sobre las remesas: cuando la actividad económica del país anfitrión se fortalece, aumentan las remesas que los migrantes envían a su país de origen18. A su vez, el nivel del producto del país de origen tiene un impacto negativo significativo en las remesas, lo cual concuerda con nuestra anterior conclusión de que las remesas ayudan a suavizar las fluctuaciones. La presencia de múltiples tipos de cambio también puede ejercer un efecto negativo significativo en las remesas. Solamente en el caso de un número limitado de países se dispone de datos sobre las primas del mercado negro y las restricciones a los depósitos en moneda extranjera, pero dentro de esta submuestra ambas variables tienen un impacto negativo significativo sobre las remesas. En el plano económico, los efectos de las políticas y las reglamentaciones son bastante fuertes: la eliminación total de todas las distorsiones y restricciones cambiarias está asociada a un aumento de las remesas de 1–2 puntos porcentuales del PIB19. Ni el desarrollo financiero ni los indicadores generales del riesgo político o del orden público tuvieron un impacto significativo en las remesas20. Por último, las oportunidades relativas de inversión, para las cuales se utilizó como variable sustitutiva la tasa LIBOR estadounidense, tampoco tuvieron un efecto significativo sobre las remesas; el hecho de que las remesas se vean poco afectadas por la tasa de rentabilidad quizás explique en parte su relativa estabilidad, en comparación con muchos otros tipos de flujo de capital.

Cuadro 2.2.Resultados de la regresión: Determinantes de las remesas de trabajadores1
Modelos3
Variables explicativas2IIIIII
Producto mundial1,44**5,56**1,47**
Producto en el país de origen–2,52**–3,20**–2,11**
Doble tipo de cambio–0,59**–0,52**
Restricciones a los depósitos de divisas en el extranjero–0,79**
Depósitos bancarios/PIB0,03

Las remesas de trabajadores se miden según el coeficiente remesas/PIB.

El “producto mundial” es el logaritmo del PIB real promedio ponderado de los países socios, con los factores de ponderación indicados en el texto. El “producto en el país de origen” es el logaritmo del valor retrasado del PIB real per cápita (tomado de Penn World Tables). “Doble tipo de cambio” y “Restricciones a los depósitos de divisas en el extranjero” son indicadores con un valor de 1 si estas prácticas existen y de 0 en caso contrario (de acuerdo con Annual Report on Exchange Arrangements and Exchange Restrictions, 2003, del FMI). Por último, “Depósitos bancarios/PIB” denota el total de depósitos a la vista, a plazo fijo e imposiciones en bancos de depósito como proporción del PIB. Otras variables de control son el riesgo político y el orden público (tomados de International Country Risk Guide), la tasa LIBOR a seis meses ofrecida por los bancos estadounidenses, los precios mundiales del petróleo, los efectos fijos propios de cada país y una tendencia temporal.

Las cifras marcadas en negrita y seguidas de * o de ** expresan significancia al nivel del 10% o del 5%, respectivamente.

Las remesas de trabajadores se miden según el coeficiente remesas/PIB.

El “producto mundial” es el logaritmo del PIB real promedio ponderado de los países socios, con los factores de ponderación indicados en el texto. El “producto en el país de origen” es el logaritmo del valor retrasado del PIB real per cápita (tomado de Penn World Tables). “Doble tipo de cambio” y “Restricciones a los depósitos de divisas en el extranjero” son indicadores con un valor de 1 si estas prácticas existen y de 0 en caso contrario (de acuerdo con Annual Report on Exchange Arrangements and Exchange Restrictions, 2003, del FMI). Por último, “Depósitos bancarios/PIB” denota el total de depósitos a la vista, a plazo fijo e imposiciones en bancos de depósito como proporción del PIB. Otras variables de control son el riesgo político y el orden público (tomados de International Country Risk Guide), la tasa LIBOR a seis meses ofrecida por los bancos estadounidenses, los precios mundiales del petróleo, los efectos fijos propios de cada país y una tendencia temporal.

Las cifras marcadas en negrita y seguidas de * o de ** expresan significancia al nivel del 10% o del 5%, respectivamente.

Cabe señalar que el pago de remesas suele acarrear costos de transacción significativos (tanto por los cargos explícitos como por los diferenciales del tipo de cambio), y en algunos casos también demoras. No hay datos sistemáticos multinacionales organizados en series temporales sobre esos costos (véanse algunas estimaciones en el gráfico 2.5), pero el tema ha recibido considerable atención en el caso de las remesas enviadas desde Estados Unidos hacia América Latina21. A continuación esbozamos algunos de los hechos estilizados y las observaciones fundamentales. En primer lugar, los costos de transacción han disminuido significativamente en los últimos años, pero todavía suelen representar como mínimo el 5%–10% del monto de la remesa. Segundo, los costos de transacción varían sustancialmente de país a país. Parecen ser especialmente bajos en algunos mercados de gran volumen, como el de las remesas enviadas a México; esto quizá se deba a que los proveedores de servicios de remesas tienen más competencia o a que pueden distribuir costos de infraestructura fijos entre un mayor número de clientes. Tercero, cada baja de los costos de transacción —incluso suponiendo que no varíe el volumen de remesas enviadas— se traduciría automáticamente en un aumento de las remesas recibidas por los países en desarrollo. Eso también podría promover la circulación de las remesas por canales formales, en lugar de canales informales que funcionan a base de efectivo.

Gráfico 2.5.Costo de envío de una remesa de $200 desde Estados Unidos

El costo de envío de las remesas varía significativamente según el país. En los últimos 15 años ha aumentado la competencia y se ha reducido el costo, que aun así sigue siendo muy alto en algunos casos.

Fuentes: Western Union, Women’s World Banking, y cálculos del personal técnico del FMI.

1 El costo de envío de las remesas se calcula como la diferencia porcentual, en febrero de 2005, entre el valor de $200 en la moneda local de un país, convertidos al tipo de cambio oficial, y el pago efectivo que realiza Western Union tras descontar todos los cargos por el servicio y por la operación de cambio.

Conclusiones y retos para la política económica

En muchos países en desarrollo, las remesas son una fuente de divisas muy grande, mucho más estable y menos procíclica que otras. Pueden ayudar a mejorar las perspectivas de desarrollo de un país, mantener la estabilidad macroeconómica, aliviar el impacto de los shocks perjudiciales y reducir la pobreza. Asimismo, permiten a las familias mantener o aumentar los gastos de consumo básicos, como alimentación, vivienda, educación y creación de pequeñas empresas; y también pueden promover el desarrollo del sector financiero en economías en desarrollo que funcionan básicamente con transacciones en efectivo.

Sin embargo, para poder aprovechar al máximo las posibilidades que ofrecen los flujos de remesas, habrá que afrontar varios retos críticos para la política económica.

  • Aunque en los últimos años el costo de envío de remesas ha bajado, sigue siendo muy variable y en varios casos todavía es elevado. En la medida de lo posible, habrá que reducirlo, eliminando las barreras al ingreso y la competencia en el mercado de las remesas, entre otras medidas. Por ejemplo, las autoridades podrían publicitar las opciones disponibles para la transferencia de fondos y sus correspondientes costos.
  • Se podrían emplear diferentes políticas macroeconómicas y cambiarias para promover o desalentar las remesas, sobre todo las que circulan a través del sistema financiero formal. El impacto potencial es algo que las autoridades deberían tener en cuenta, sobre todo si las afluencias de remesas (reales o potenciales) son significativas para el país. Por ejemplo, del análisis surgen nuevas razones para actuar con cautela en lo concerniente a las restricciones cambiarias, tales como las limitaciones a los pagos personales o la presencia de múltiples sistemas cambiarios. Hasta cierto punto, las políticas macroeconómicas inestables y los desajustes de los tipos de cambio también pueden frenar las remesas.
  • Los hogares podrían aprovechar las remesas recibidas para tener más acceso a los servicios bancarios y financieros. Las probabilidades de que eso ocurra serían mayores si los intermediarios financieros oficiales, como los bancos y las instituciones de microfinanciamiento, participaran más activamente en el mercado de las remesas. También en este caso, los gobiernos podrían ayudar reduciendo las barreras al ingreso.
  • Los proveedores de servicios de remesas deben estar debidamente regulados y supervisados para evitar en la medida de lo posible el riesgo de lavado de dinero, financiamiento del terrorismo o estafa al consumidor. Pero los marcos reglamentarios deben tener en cuenta —y en lo posible evitar— todo lo que influya negativamente en el costo de envío de las remesas y en el incentivo para suministrar estos servicios.
  • Se necesita mejor información sobre la magnitud y las fuentes de las remesas, tanto las que entran como las que salen. Sin esos datos será sumamente complicado abordar otras tareas difíciles (como la regulación de las remesas o la creación de productos financieros que atiendan las necesidades de remitentes y destinatarios).
  • Como cualquier otra afluencia de divisas, las remesas conllevan el riesgo de generar problemas típicos del mal holandés. En general, esto no parece haber perjudicado mucho el desempeño económico, pero sí plantea la posibilidad de que las autoridades deban aceptar una mayor flexibilidad cambiaria si las afluencias de remesas sufren variaciones sustanciales.

La volatilidad del producto en los países de mercados emergentes y en desarrollo

La autora principal de este ensayo es Dalia Hakura, junto con Christopher Otrok en calidad de consultor. Stephanie Denis se encargó de la investigación.

Una fuerte volatilidad del producto puede tener efectos negativos para el crecimiento económico, el bienestar y la pobreza, sobre todo en los países en desarrollo (véase el recuadro 2.3). Aunque la volatilidad del crecimiento del producto se ha atenuado en los países de mercados emergentes y en desarrollo en los últimos años, aún varía de región en región —es mucho más intensa en África subsahariana que en Asia— y es muy superior a los niveles registrados en los países industriales, lo cual da motivo para creer que todavía queda considerable margen para reducirla (gráfico 2.6). A ese objetivo contribuiría la comprensión de sus determinantes en los países de mercados emergentes y en desarrollo, como guía para la formulación de las políticas económicas.

Gráfico 2.6.Volatilidad del crecimiento del producto

(Desviación estándar móvil en 10 años de las tasas de crecimiento del producto real per cápita, media de cada grupo)1

Pese a haberse atenuado mucho en ambos grupos en las últimas décadas, la volatilidad del crecimiento del producto sigue siendo considerablemente más elevada en los países de mercados emergentes y en desarrollo que en los países industriales.

Fuentes: Penn World Tables, versión 6.1, y cálculos del personal técnico del FMI.

1 Los datos de 1979 se refieren a la desviación estándar de las tasas de crecimiento per cápita durante el período 1970–79; los datos de l980, al período 1971–80, y así sucesivamente.

Recuadro 2.3.¿Por qué es perjudicial la volatilidad?

Los economistas se han esforzado por comprender la compleja relación entre la volatilidad del producto y los resultados económicos a largo plazo. En los años ochenta se creía que el efecto de la volatilidad en el crecimiento y el bienestar económicos era apenas escaso, y por eso no revestía mayores problemas. Los estudios realizados en los años noventa llegan a una conclusión muy diferente: la volatilidad del producto puede en realidad reducir el crecimiento a largo plazo y podría suponer un fuerte deterioro del bienestar1. Además, las crisis financieras que han atravesado varios países de mercados emergentes y en desarrollo en los últimos 20 años han puesto de manifiesto el efecto dañino de los episodios de alta volatilidad en la igualdad de los ingresos y la pobreza. En este recuadro se examinan algunos estudios recientes sobre las repercusiones de la volatilidad del producto en el crecimiento económico, el bienestar y la pobreza.

Efecto en el crecimiento

La volatilidad del producto podría perjudicar el crecimiento económico de varias maneras2. Uno de los vínculos clave entre la volatilidad y el crecimiento es la inversión. Por ejemplo, al crear una mayor incertidumbre con respecto a los rendimientos futuros, la volatilidad del producto podría frenar la inversión y reducir el crecimiento. Las imperfecciones del mercado relacionadas con las limitaciones de crédito o el acceso deficiente a los mercados financieros mundiales también podrían intensificar el efecto negativo de la volatilidad a corto plazo en el crecimiento a largo plazo en los países de mercados emergentes y en desarrollo, ya que esos tipos de imperfecciones limitan mucho el abanico de opciones de financiamiento de los proyectos de inversión a largo plazo (Aghion et al., 2004).

Usando distintas metodologías y conjuntos de datos, varios estudios empíricos apuntan a una relación negativa entre la volatilidad del producto y el crecimiento económico (véase el gráfico)3. Kose, Prasad y Terrones (2005) señalan que los países sujetos a una mayor volatilidad del producto registran, en promedio, menos crecimiento que los países más estables. Por otro lado, la relación negativa entre la volatilidad y el crecimiento es significativa en términos de magnitudes económicas: un incremento de 1 punto porcentual en la desviación estándar del crecimiento del producto está relacionado con una disminución de 0,16 puntos porcentuales en la tasa promedio de crecimiento de un país en desarrollo.

Crecimiento del producto y volatilidad, 1960–20001

(Porcentaje)

Fuente: Kose, Prasad y Terrones (2005).

1 El gráfico comprende 85 países, de los cuales 22 son industriales.

2 Tasa promedio anual de crecimiento del PIB real per cápita durante el período 1960–2000.

3 Desviación estándar del PIB real per cápita durante el período 1960–2000.

La relación empírica entre volatilidad y crecimiento depende de varios factores, tales como las características estructurales de un país y la índole y el origen de la volatilidad.

  • Los países en desarrollo con instituciones menos sólidas y mercados financieros menos desarrollados son más susceptibles al efecto perjudicial de la volatilidad en el crecimiento. El grado de integración comercial en la economía mundial también afecta al carácter de la relación entre volatilidad y crecimiento. Las economías que están más abiertas a los flujos comerciales y cuentan con una base diversificada de exportaciones son capaces de resistir niveles más altos de volatilidad con una menor incidencia negativa en su crecimiento4.
  • La fuente de la volatilidad es otro factor. Por ejemplo, la volatilidad derivada de la discrecionalidad de la política fiscal podría distorsionar las decisiones de ahorro e inversión y entorpecer particularmente el crecimiento económico (Fatás y Mihov, 2003).

Efecto en el bienestar

La volatilidad del producto podría acarrear fuertes costos desde el punto de vista del bienestar porque incide en la dinámica del consumo, y la estabilidad de los patrones de consumo de las personas es un factor determinante del bienestar económico (Wolf, 2005). La volatilidad del producto podría hacer más pronunciadas las fluctuaciones del consumo, lo cual a su vez reduciría el bienestar económico. Según estudios recientes, la volatilidad del consumo a lo largo del ciclo económico está en efecto relacionada con costos elevados para el bienestar, costos que en los países desarrollados llegan a representar hasta un 8% del consumo vitalicio (Barlevy, 2004). Además, los costos para el bienestar debidos a la volatilidad del producto son mucho más altos en los países en desarrollo, donde la volatilidad del consumo es, en promedio, dos o tres veces más alta que en los países desarrollados. Pallage y Robe (2003) señalan que el costo para el bienestar atribuible a la volatilidad en los países de bajo ingreso podría ser entre 10 y 30 veces más elevado que las estimaciones correspondientes a una economía desarrollada típica. Aparte de estar sujeta a una variedad de shocks externos e internos sumamente volátiles, la falta de mercados financieros desarrollados, junto con el limitado acceso de los países en desarrollo a los mercados financieros internacionales, eleva los costos para el bienestar derivados de la volatilidad en estos países.

Efecto en la pobreza

La volatilidad del producto podría exacerbar la pobreza porque a los pobres, que son los que menos acceso tienen a los mercados financieros, les resulta difícil diversificar los riesgos de su ingreso, que suele provenir de un reducido conjunto de fuentes principales, a saber, las remuneraciones de su trabajo y las transferencias del gobierno. Es más, como los pobres dependen mucho de varios servicios públicos, incluida la educación y la salud, las variaciones del gasto público los afectan directamente. El hecho de que en la mayoría de los países en desarrollo la política fiscal sea procíclica agudiza las repercusiones negativas de la volatilidad en la pobreza, sobre todo durante las crisis. Además, los pobres por lo general carecen de instrucción y aptitudes necesarias, lo cual limita su capacidad para pasar de un sector a otro de acuerdo con las condiciones económicas.

Estudios empíricos recientes indican que el efecto de la volatilidad en la pobreza es significativamente negativo y causal (Laursen y Mahajan, 2005), y que parece ser más acentuado en los países en desarrollo de bajo ingreso de Oriente Medio y Norte de África y de África subsahariana. Por otro lado, los países de mercados emergentes han experimentado un aumento de la pobreza, acompañado de un empeoramiento de la distribución del ingreso, durante los períodos de extrema volatilidad vinculados a crisis financieras.

En resumen, los estudios recientes demuestran el efecto pernicioso de la volatilidad en el crecimiento económico, el bienestar y la pobreza. Se deduce de estos resultados que las políticas de estabilización orientadas a reducir la volatilidad del producto podrían ser muy beneficiosas para mejorar el crecimiento a largo plazo, aumentar el bienestar y reducir la pobreza en los países de mercados emergentes y en desarrollo.

Nota: El autor principal de este recuadro es Ayhan Kose.1 Véanse reseñas recientes en Kose, Prasad y Terrones (2005) y en Aizenman y Pinto (2005).2 La teoría económica no explica claramente el efecto de la volatilidad en el crecimiento. De hecho, en algunos estudios teóricos se sostiene que la volatilidad podría estimular el crecimiento económico (Blackburn, 1999; Imbs, 2004; y Tornell, Westermann y Martínez, 2004). Por ejemplo, algunas de estas teorías hacen hincapié en que los proyectos de inversión muy volátiles y más riesgosos podrían arrojar beneficios más jugosos que los de proyectos menos volátiles y redundar en tasas de crecimiento más elevadas.3 Véanse Ramey y Ramey (1995), BID (1995), Martin y Rogers (2000), Fatás (2002), Hnatkovska y Loayza (2005), y Kose, Prasad y Terrones (2005).4 No obstante, cabe señalar que la apertura comercial que da lugar a una mayor especialización de productos podría incrementar la volatilidad y perjudicar el crecimiento.

Contra este telón de fondo, el presente ensayo examina las principales tendencias de la volatilidad del crecimiento del producto en los países de mercados emergentes y en desarrollo y analiza los factores que más las impulsan. En particular, aborda las siguientes cuestiones:

  • ¿Hasta qué punto ha disminuido la volatilidad en las regiones de los mercados emergentes y los países en desarrollo?
  • Las fluctuaciones del producto en estos países, ¿en qué medida se deben a sucesos económicos mundiales y regionales o a factores específicamente nacionales? Los sucesos mundiales y regionales, ¿han adquirido más importancia relativa (por ejemplo, a causa del estrechamiento de las vinculaciones comerciales y financieras entre países) y más estabilidad? ¿O son los factores propios de cada país los que se han estabilizado, posiblemente gracias al fortalecimiento de las instituciones y las políticas económicas internas?
  • ¿Cuáles son las variables institucionales y de política económica que más influyen a la hora de explicar la volatilidad del producto en los países de mercados emergentes y en desarrollo?

Este ensayo utiliza varias técnicas nuevas para responder a estas preguntas. También pone en primer plano las diferencias entre las regiones de mercados emergentes y países en desarrollo, desde el punto de vista tanto de los factores que promueven la volatilidad del producto como del impacto que tienen en ella las mejoras de las políticas y las instituciones.

Hechos estilizados sobre la volatilidad en las regiones de mercados emergentes y países en desarrollo

La volatilidad del crecimiento del producto en los países de mercados emergentes y en desarrollo se ha atenuado en las tres últimas décadas, pero sigue siendo considerablemente más intensa que en los países industriales. Además, si se toma a los países de mercados emergentes y en desarrollo como un todo, esa disminución oculta diferencias entre las tendencias regionales22. Concretamente, en Asia meridional y China, Oriente Medio y Norte de África (OMNA) y los países de la zona del franco CFA en África subsahariana, la volatilidad ha disminuido de manera sostenida (gráfico 2.7). En América Latina se ha mantenido constante a un nivel relativamente elevado, y en Asia oriental se ha agudizado desde 1997. Analizando las distintas regiones de mercados emergentes y países en desarrollo durante el período 1970–2003, se observa que el mínimo de volatilidad se registró en promedio en los países de Asia, y el máximo, en los de África subsahariana.

Gráfico 2.7.Volatilidad del crecimiento del producto por región

(Desviación estándar móvil en 10 años de las tasas de crecimiento del producto real per cápita; media de cada grupo)

La volatilidad del crecimiento del producto se ha atenuado en todas las regiones, excepto Asia oriental y América Latina.

Fuentes: Penn World Tables, versión 6.1, y cálculos del personal técnico del FMI.

Para aclarar el porqué de estas diferencias regionales, se elaboró un modelo de factores dinámicos que descompone las fluctuaciones del crecimiento del producto real per cápita. Esta técnica detecta y estima movimientos comunes o fuerzas subyacentes (los “factores”) que podrían estar provocando las fluctuaciones del producto en los países (véanse los detalles en el apéndice 2.2). Concretamente, el modelo usado para este ensayo descompone las fluctuaciones del producto en tres factores:

  • Un factor mundial general, que refleja los sucesos que afectan al crecimiento del producto real per cápita ocurridos en todos los países.
  • Un factor regional, que refleja los sucesos que afectan al crecimiento del producto real per cápita ocurridos en todos los países de una determinada región.
  • Un factor propio de cada país, onacional, que refleja los sucesos que afectan específicamente al crecimiento del producto real per cápita ocurridos en un determinado país.

Estos factores captan los cambios de las fuerzas subyacentes que mueven a estas economías (es decir, trastornos en la política monetaria y fiscal, shocks petroleros, perturbaciones de la productividad, etc.), cuya importancia relativa va cambiando con el tiempo y puede variar según el país. Por ejemplo, el comovimiento entre países de las variables que influyen en el crecimiento del producto —como las principales tasas de interés internacionales y los precios del petróleo— quedaría reflejado por el factor mundial. El factor regional, a su vez, captaría un shock que se desborda de un país de una región a otra región porque la calidad de sus instituciones económicas o políticas o la etapa de desarrollo económico en la que se encuentran son parecidas. Por su parte, los cambios en la aplicación de la política macroeconómica o los cambios estructurales que influyen en el crecimiento del producto en un país determinado quedarían reflejados en el factor nacional23.

La estimación del factor mundial capta los máximos y mínimos cruciales que tocó el crecimiento del PIB mundial durante los últimos 34 años, incluidos la crisis petrolera de los años setenta, las recesiones de principios de los ochenta y los noventa, la explosión de la burbuja tecnológica a principios de la década de 2000 y la reciente recuperación de la economía mundial (gráfico 2.8). Al igual que el crecimiento mundial efectivo, el factor mundial es menos volátil durante la segunda mitad del período que abarca la muestra.

Gráfico 2.8.Factor mundial y crecimiento mundial efectivo

(Variación porcentual anual; eliminada la media)

La estimación del factor mundial capta los máximos y mínimos cruciales que tocó el crecimiento del PIB mundial durante los últimos 34 años, incluidas la crisis petrolera de los años setenta, las recesiones de principios de los ochenta, la explosión de la burbuja tecnológica y la reciente recuperación mundial.

Fuentes: Penn World Tables, versión 6.1, y cálculos del personal técnico del FMI.

1 El apéndice 2.2 contiene más detalles sobre la estimación del factor mundial. El factor mundial fue redimensionado para que tenga la misma varianza que el crecimiento mundial efectivo.

2 El crecimiento mundial efectivo representa las tasas de crecimiento del PIB real per cápita de todos los países estudiados, ponderadas según la paridad del poder adquisitivo.

Las estimaciones de los factores regionales también captan fluctuaciones cíclicas bien conocidas (gráfico 2.9)24. Por ejemplo, el factor “Asia oriental” muestra que la crisis de 1997–98 domina el ciclo de la región; el factor “América del Sur” capta la crisis de la deuda de principios de la década de 1980 y los problemas de fines de la década de 1990, y el factor “CFA” señala pronunciadas fluctuaciones en los años setenta y principios de los ochenta —reflejo de las repetidas sequías y perturbaciones de la relación de intercambio—, aunque la volatilidad ha disminuido recientemente. Por otra parte, algunos de los demás factores no dan muestra de ciclos regionales discernibles.

Gráfico 2.9.Factores regionales1

(Variación porcentual anual; eliminada la media)

Los factores regionales reflejan fluctuaciones cíclicas bien conocidas, como la crisis de 1997–98 de Asia oriental, la crisis de la deuda de principios de los años ochenta en América del Sur, y las repetidas sequías y los shocks de la relación de intercambio que sufrieron los países de la zona del franco CFA en los años setenta y principios de los ochenta.

Fuentes: Penn World Tables, versión 6.1, y cálculos del personal técnico del FMI.

1 El apéndice 2.2 contiene más detalles sobre la estimación de los factores regionales. También se estimó un factor “otros países industriales” pero no se lo incluyó en el gráfico.

Para estudiar la importancia de los tres factores a la hora de explicar la volatilidad del producto en un país determinado, se calcula qué proporción de la varianza del crecimiento del producto real per cápita es atribuible a cada uno de ellos. Los resultados sugieren que los factores nacionales influyen más en las fluctuaciones del producto de los países de mercados emergentes y en desarrollo que en las de los países industriales (gráfico 2.10). Por ejemplo, el factor nacional explica más del 60% de la volatilidad del producto en alrededor del 90% de los países de mercados emergentes y en desarrollo, frente a apenas un 40% de los países industriales. El factor mundial explica menos del 10% de las fluctuaciones del producto en más del 60% de los países de mercados emergentes y en desarrollo, pero entre 10% y 20% de esas variaciones en casi la mitad de los países industriales.

Gráfico 2.10.Contribuciones a la volatilidad del crecimiento del producto real per cápita, 1970–20041

(Porcentaje de países en el eje de ordenadas; el eje de abscisas es el señalado)

Los factores nacionales influyen más en las fluctuaciones del producto de los países de mercados emergentes y en desarrollo que en las de los países industriales. Por ejemplo, el gráfico muestra que el factor nacional explica más del 60% de la volatilidad del producto en alrededor del 90% de los países de mercados emergentes y en desarrollo, frente a apenas un 40% de los países industriales.

Fuentes: Penn World Tables, versión 6.1, y cálculos del personal técnico del FMI.

1 Un 20% explicado por un factor abarca a los países en los cuales ese factor explica un 10%–20% de las variaciones del producto; un 30% explicado por un factor abarca a los países en los cuales ese factor explica 20%–30% de las variaciones del producto, y así sucesivamente.

El análisis de las contribuciones de los factores a la volatilidad del producto revela que en todas las regiones de mercados emergentes y países en desarrollo, excepto Asia oriental, por lo menos un 60% de la volatilidad del producto es atribuible a factores nacionales (cuadro 2.3). Además, a diferencia de los países industriales, en todas las regiones de mercados emergentes y países en desarrollo el factor regional indica una proporción más grande de la volatilidad que el factor mundial. La contribución del factor nacional a las fluctuaciones del producto en Asia oriental es aproximadamente la misma que en los países industriales, mientras que la contribución del factor regional es muy grande, debido mayormente a la crisis financiera de Asia oriental que provocó fuertes pérdidas del producto en forma simultánea en toda la región. De hecho, al calcular el modelo para el período 1970–96, el factor mundial parece adquirir más relevancia y el factor regional parece perderla, lo cual lleva a pensar que Asia oriental parece tener más bien los atributos de los países industriales.

Cuadro 2.3.Factores que contribuyen a la volatilidad del crecimiento del producto real per cápita1(Promedio de cada grupo en términos porcentuales)
MundialRegionalNacional
África subsahariana
Países CFA5,718,276,1
Países no CFA6,810,282,1
Oriente Medio y Norte de África3,815,980,3
América Latina12,613,773,7
Asia meridional y China15,620,663,8
Asia oriental11,041,847,2
Asia oriental (1970–96)18,015,866,3
Países de mercados emergentes y en desarrollo9,316,973,8
Países industriales24,321,754,0
Fuente: Cálculos del personal técnico del FMI.

El cuadro muestra la parte de la varianza del crecimiento del producto atribuible a cada factor.

Fuente: Cálculos del personal técnico del FMI.

El cuadro muestra la parte de la varianza del crecimiento del producto atribuible a cada factor.

¿Cómo se explica la disminución tendencial de la volatilidad del producto en la mayoría de las regiones de mercados emergentes y países en desarrollo? Para responder a esa pregunta, se estimó el modelo de factores dinámicos durante dos períodos: 1970–86 y 1987–200425. Los resultados sugieren que la volatilidad del producto se atenuó principalmente gracias a una menor volatilidad de los factores nacionales (cuadro 2.4)26. En todas las regiones, con la excepción de América Latina, por lo menos un 70% de la disminución de la varianza del crecimiento del producto es atribuible al factor nacional27. En los países industriales, en cambio, ese porcentaje ronda un 50%.

Cuadro 2.4.¿Cómo se explican las disminuciones de la volatilidad del producto desde 1970–86 hasta 1987–2004?1(Promedio de cada grupo en términos porcentuales)
Disminución de la varianza del crecimiento del productoContribución del factor a la disminución
MundialRegionalNacional
África subsahariana
Países CFA–40,0–2,1–5,8–32,1
Países no CFA–53,2–6,9–8,3–38,0
Oriente Medio y Norte de África–60,7–0,5–17,4–42,7
América Latina–12,1–3,4–2,8–5,9
Asia meridional y China–12,0–0,9–2,9–8,2
Países de mercados emergentes y en desarrollo–34,2–3,2–6,8–24,2
Países industriales–4,1–1,1–0,8–2,3
Fuente: Cálculos del personal técnico del FMI.

En los cálculos figuran únicamente los países que experimentaron una disminución de la volatilidad desde el período 1970–86 hasta el período 1987–2004. Por eso no se incluye a los países de Asia oriental. El cuadro muestra la contribución de cada factor a la disminución de la varianza del crecimiento del producto desde el período 1970–86 hasta el período 1987–2004.

Fuente: Cálculos del personal técnico del FMI.

En los cálculos figuran únicamente los países que experimentaron una disminución de la volatilidad desde el período 1970–86 hasta el período 1987–2004. Por eso no se incluye a los países de Asia oriental. El cuadro muestra la contribución de cada factor a la disminución de la varianza del crecimiento del producto desde el período 1970–86 hasta el período 1987–2004.

Análisis transversal de la volatilidad del producto

A continuación se examinan los determinantes de la volatilidad del producto en una sección transversal de 51 países de mercados emergentes y en desarrollo. A diferencia de estudios anteriores de la volatilidad, la variable dependiente usada en la regresión es la desviación estándar del componente nacional del crecimiento del PIB real per cápita durante el período 1970–2003, derivada de las estimaciones del modelo de factores dinámicos. Así se eliminan los efectos de los shocks mundiales y regionales, y es posible comprender mejor la importancia que tienen las distintas políticas e instituciones internas.

Los determinantes de la volatilidad del producto estudiados aquí pueden agruparse en cuatro categorías generales28.

  • Estabilidad de las políticas macroeconómicas. Una mayor volatilidad de la política fiscal —medida como la desviación estándar del gasto público ajustado en función de las variaciones cíclicas— causa una mayor volatilidad del producto (Fatás y Mihov, 2003)29. Del mismo modo, una política monetaria poco estricta que da lugar a una inflación elevada crea incertidumbre, perjudica la inversión y agrava la volatilidad (Acemoglu et al. 2003). Los resultados de la regresión (cuadro 2.5) parecen indicar que la agudización de la volatilidad de la política fiscal y el alza de la inflación están asociadas a un incremento de la volatilidad, pero solo los efectos fiscales son significativos30.
  • Integración comercial y financiera. Los estudios teóricos no dan una idea clara de los efectos de la integración comercial y financiera sobre la volatilidad del producto. La apertura del comercio exterior puede contribuir a suavizar la volatilidad si da lugar a una mayor especialización dentro de las industrias nacionales y si estimula el comercio de insumos intermedios, pero también puede dejar a los países expuestos a shocks externos si fomenta la especialización en un producto o si el país tiene instituciones débiles o una estructura de producción no diversificada (Kose, Prasad y Terrones, 2003). La apertura del comercio exterior está positiva y significativamente asociada a la volatilidad propia del país en el análisis por regresión, aunque el aumento de la apertura entre los períodos 1970–86 y 1987–2003 apenas influyó en la volatilidad de la mayoría de los países de mercados emergentes y los países en desarrollo. Además, la apertura del comercio exterior es un fuerte estímulo para el crecimiento (Berg y Krueger, 2003); según un estudio reciente, los países más abiertos al comercio exterior pueden soportar una mayor volatilidad sin perjudicar las perspectivas de crecimiento a largo plazo (Kose, Prasad y Terrones, 2005). También se analizó el impacto que tienen en la volatilidad del producto las restricciones a la cuenta corriente y de capital, sin encontrar ninguna relación significativa.
  • Desarrollo del sector financiero. Los resultados indican que los países con sectores financieros más desarrollados —es decir, los que tienen un coeficiente crédito al sector privado/PIB con un nivel inicial más elevado— tienen un producto significativamente menos volátil31. Esto concuerda con el hecho de que un sistema financiero más desarrollado contribuye a aliviar las limitaciones de financiamiento de las empresas, sobre todo durante las desaceleraciones de la economía, lo cual reduce la volatilidad del producto (véanse, por ejemplo, Easterly, Islam y Stiglitz, 2000, y Raddatz, 2003).
  • Calidad de las instituciones. La mala calidad de las instituciones atenta contra la solidez de las políticas y la capacidad de reacción de las economías frente a shocks exógenos, agravando la volatilidad y el riesgo de crisis. En este análisis, la variable “calidad institucional” tiene el signo esperado, pero no es significativa. Esto, sin embargo, no significa que la calidad de las instituciones carezca de importancia desde el punto de vista de la volatilidad en los países de mercados emergentes y en desarrollo. Las regresiones por variables instrumentales demuestran que una mejor calidad institucional está asociada a un desarrollo más avanzado del sector financiero y a una menor volatilidad fiscal, lo cual parece indicar que estas variables son el medio a través del cual la calidad institucional incide en la volatilidad32. Asimismo, la edición de abril de 2003 de Perspectivas de la economía mundial muestra la fuerte correlación que existe entre la solidez de las políticas macroeconómicas, la calidad de las instituciones y la volatilidad del producto33.
  • Otras características estructurales. Las conclusiones indican que la volatilidad de la relación de intercambio está asociada a una mayor volatilidad del producto, pero que la flexibilidad cambiaria tiene un efecto amortiguador. Aunque el régimen cambiario no es significativo de por sí, la combinación de la volatilidad de la relación de intercambio con una variable que refleja la flexibilidad cambiaria durante el período de la muestra es negativa y significativa, lo cual confirma que la asociación entre los shocks de la relación de intercambio y la volatilidad del producto es más pronunciada si el régimen cambiario es fijo y no flexible (aunque es evidente que un tipo de cambio fijo puede ofrecer otros beneficios, por ejemplo como promotor de la disciplina monetaria y fiscal)34.
Cuadro 2.5.Resultados de la regresión de la volatilidad1
Variables explicativas
Volatilidad de la política fiscal21,67
Tasa de inflación30,002
Calidad institucional4–0,26
Comercio exterior/PIB0,04
Restricciones a la cuenta corriente y de capital2,64
Nivel inicial de desarrollo del sector financiero5–9,05
Volatilidad de la relación de intercambio0,62
Volatilidad de la relación de intercambio combinada con la flexibilidad cambiaria6–0,29
Flexibilidad cambiaria62,25
Ingreso relativo inicial7–2,25
Clima tropical–1,53
R20,44
Prueba de Sargan (valor p)80,93
Número de observaciones51
Fuente: Cálculos del personal técnico del FMI.

La variable dependiente es la desviación estándar del componente nacional del crecimiento del PIB real per cápita durante el período 1970–2003. La regresión se estima aplicando una técnica de variables instrumentales en la cual las variables endógenas son “calidad institucional” y “apertura del comercio exterior”. Al igual que en la edición de abril de 2003 de Perspectivas de la economía mundial, la parte de la población que habla uno de los principales idiomas de Europa occidental, la parte que habla inglés y el fraccionamiento etnolingüístico se utilizan como instrumentos de la variable “calidad institucional”. La participación en el comercio exterior proyectada en Frankel y Romer (1999) se utiliza como instrumento de la variable “apertura del comercio exterior”. Las cifras marcadas en negrita expresan significancia estadística al nivel del 5% y las marcadas en negrita y bastardillas, al nivel del 10%.

La volatilidad de la política fiscal se mide como la desviación estándar del gasto público ajustado en función de las variaciones cíclicas, como lo hacen Fatás y Mihov (2003).

La inflación es la tasa de inflación anual promedio durante el período 1970–2003.

La variable “calidad institucional” se mide como el promedio de tres índices tomados de la guía internacional sobre el riesgo país (International Country Risk Guide).

El desarrollo del sector financiero se mide como el coeficiente crédito al sector privado/PIB en 1970.

La flexibilidad cambiaria se mide con un índice cuyos valores aumentan cuanto más tiempo se mantuvo un régimen más flexible en un país durante el período 1970–2001.

El ingreso relativo inicial es el nivel del PIB real per cápita comparado con el de Estados Unidos en 1970.

Este es el valor p proveniente de la prueba de Sargan de la validez de los instrumentos utilizados en la regresión.

Fuente: Cálculos del personal técnico del FMI.

La variable dependiente es la desviación estándar del componente nacional del crecimiento del PIB real per cápita durante el período 1970–2003. La regresión se estima aplicando una técnica de variables instrumentales en la cual las variables endógenas son “calidad institucional” y “apertura del comercio exterior”. Al igual que en la edición de abril de 2003 de Perspectivas de la economía mundial, la parte de la población que habla uno de los principales idiomas de Europa occidental, la parte que habla inglés y el fraccionamiento etnolingüístico se utilizan como instrumentos de la variable “calidad institucional”. La participación en el comercio exterior proyectada en Frankel y Romer (1999) se utiliza como instrumento de la variable “apertura del comercio exterior”. Las cifras marcadas en negrita expresan significancia estadística al nivel del 5% y las marcadas en negrita y bastardillas, al nivel del 10%.

La volatilidad de la política fiscal se mide como la desviación estándar del gasto público ajustado en función de las variaciones cíclicas, como lo hacen Fatás y Mihov (2003).

La inflación es la tasa de inflación anual promedio durante el período 1970–2003.

La variable “calidad institucional” se mide como el promedio de tres índices tomados de la guía internacional sobre el riesgo país (International Country Risk Guide).

El desarrollo del sector financiero se mide como el coeficiente crédito al sector privado/PIB en 1970.

La flexibilidad cambiaria se mide con un índice cuyos valores aumentan cuanto más tiempo se mantuvo un régimen más flexible en un país durante el período 1970–2001.

El ingreso relativo inicial es el nivel del PIB real per cápita comparado con el de Estados Unidos en 1970.

Este es el valor p proveniente de la prueba de Sargan de la validez de los instrumentos utilizados en la regresión.

La mejora de las principales variables explicativas —desarrollo del sector financiero, volatilidad de la política fiscal, volatilidad de la relación de intercambio y flexibilidad del régimen cambiario— ha sido un factor importante en la reducción de la volatilidad en muchos países de mercados emergentes y en desarrollo. En los de OMNA, la disminución de la volatilidad de la política fiscal se destaca como el elemento decisivo que amortiguó la volatilidad del producto entre 1970–86 y 1987–2003, ya que explica el 17% de la reducción global de la volatilidad (gráfico 2.11)35. En los países de la zona del franco CFA, la profundización del sector financiero explica hasta el 21% de la reducción global de la volatilidad. En Asia meridional y China y en los países de África subsahariana fuera de la zona del franco CFA, el principal factor estabilizador parece haber sido la disminución de la volatilidad de la relación de intercambio en combinación con la flexibilización del régimen cambiario. Pero aun a pesar de estas mejoras, la volatilidad de la relación de intercambio sigue siendo un componente significativo de la volatilidad en muchos países de África subsahariana (gráfico 2.12).

Gráfico 2.11.Descomposición de la disminución de la volatilidad del producto entre 1970–86 y 1987–20031

(Porcentaje de la variación de la volatilidad explicada; un porcentaje positivo denota una disminución de la volatilidad)

La mejora del desarrollo del sector financiero, de la volatilidad de la política fiscal, de la volatilidad de la relación de intercambio y de la flexibilidad del régimen cambiario ha sido el factor principal en la disminución tendencial de la volatilidad en los países de mercados emergentes y en desarrollo, aunque la importancia relativa de estos componentes varía según el país y la región.

Fuentes: Beck, Demirgüç-Kunt y Levine (1999); Fatás y Mihov (2003); Reinhart y Rogoff (2002), y cálculos del personal técnico del FMI.

1 Esta cifra indica la contribución de las principales variables a los cambios de la volatilidad global de los componentes nacionales del crecimiento del producto entre 1970–86 y 1987–2003 que se pueden explicar por medio de las estimaciones de la regresión de corte transversal.

2 El nivel inicial de desarrollo del sector financiero se mide como el coeficiente crédito al sector privado/PIB en 1970 y 1987, respectivamente.

3 Medida como la desviación estándar del gasto público ajustado en función de las variaciones cíclicas estimado para 1960–86 y 1987–2000, respectivamente (véase Fatás y Mihov, 2003).

4 Suma de los efectos de las variaciones de la volatilidad de la relación de intercambio y la combinación de la volatilidad de la relación de intercambio con la flexibilidad cambiaria.

Gráfico 2.12.Reacción de la volatilidad del crecimiento del producto a un aumento de la volatilidad de la relación de intercambio equivalente a una desviación estándar

(Porcentaje)

Debido en parte a la inflexibilidad cambiaria, los shocks que golpearon a la relación de intercambio durante 1970–2003 fueron el factor más influyente en la volatilidad del producto en los países de la zona del franco CFA.

Fuente: Cálculos del personal técnico del FMI.

Los causantes más importantes de la disminución de la volatilidad en los respectivos países de cada región coinciden en términos generales con los que influyen en la región como un todo. En el caso de Senegal, por ejemplo, la reducción de la volatilidad de la política fiscal explica el 30% de la disminución de la volatilidad, y el desarrollo del sector financiero, el 20%. La situación es parecida en Egipto e Israel: a la atenuación de la volatilidad de la política fiscal y al desarrollo del sector financiero les corresponde entre 40% y 50% de la variación de la volatilidad. En Kenya, por otra parte, la reducción de la volatilidad de la relación de intercambio combinada con la flexibilización del régimen cambiario fue lo que más contribuyó a suavizar la volatilidad.

En los últimos años, muchas regiones de mercados emergentes y países en desarrollo han logrado reducir decisivamente la volatilidad económica, pero todavía se puede hacer mucho más. Si bien la reforma será necesaria en toda una variedad de campos económicos, el análisis revela que los siguientes tienen una importancia especial. La estabilización de la política fiscal podría jugar un papel significativo a la hora de reducir la volatilidad en África subsahariana: si la volatilidad del gasto público ajustado en función de las variaciones cíclicas disminuyera al nivel de Asia oriental, la volatilidad del producto perdería 1,1 puntos porcentuales en los países de la zona del franco CFA y 0,9 puntos porcentuales en los que no pertenecen a la zona (gráfico 2.13). Esto equivale a alrededor del 15% de la volatilidad del producto causada por el factor nacional. Esa estabilización fiscal también beneficiaría a países de otras regiones (sobre todo de América Latina) y la profundización del sector financiero, a los de África subsahariana. Si África subsahariana lograra aumentar el coeficiente crédito al sector privado/PIB al promedio de la región de Asia meridional y China, que tiene el nivel inicial de desarrollo del sector financiero más elevado de la muestra, la volatilidad de su producto disminuiría alrededor de 1,2 puntos porcentuales; es decir, aproximadamente un 20% de la volatilidad del producto atribuible al factor nacional.

Gráfico 2.13.Volatilidad del producto y mejora de las políticas1

La adopción de políticas fiscales que promuevan la estabilidad y la mejora del nivel de desarrollo del sector financiero ayudaría a atenuar la volatilidad, sobre todo en África subsahariana y América Latina.

Fuente: Cálculos del personal técnico del FMI.

1 Las cifras muestran la variación de la desviación estándar de la tasa de crecimiento per cápita del PIB real anual promedio si una región determinada mejoró las políticas para alcanzar la calidad de otras regiones.

2 Medida como la desviación estándar del gasto público ajustado en función de las variaciones cíclicas estimado para 1960–2000 (véase Fatás y Mihov, 2003).

3 Medida según el total inicial de crédito privado en relación con el PIB (véase Beck, Demigürç-Kunt y Levine, 1999).

Conclusiones y recomendaciones para la política económica

La volatilidad del producto tiene efectos negativos para el crecimiento económico a largo plazo, el bienestar y la desigualdad del ingreso, sobre todo en los países en desarrollo; por lo tanto, lograr atenuarla puede ser una contribución importante a la mejora del crecimiento y del bienestar. Pese a una tendencia decreciente durante las tres últimas décadas, la volatilidad del producto de la mayoría de las regiones de mercados emergentes y países en desarrollo sigue siendo más elevada que la registrada en los países industriales. El análisis presentado en este ensayo muestra que en los países de mercados emergentes y en desarrollo la volatilidad del producto está motivada por factores nacionales, lo cual pone de relieve el papel crítico que juegan las políticas internas. Por lo tanto, aunque estos países han realizado grandes adelantos para fortalecer las políticas macroeconómicas y estructurales en los últimos años, aún queda trabajo por hacer.

La alentadora situación actual de la economía mundial ofrece una buena oportunidad para dedicar atención a las fuentes de la volatilidad del producto en los países de mercados emergentes y en desarrollo. Aunque los campos en los que se necesitan reformas para reducir la volatilidad y estimular el crecimiento son variados, algunos se destacan por su importancia según el presente análisis.

  • Las políticas fiscales por lo general han intensificado las fluctuaciones del producto y, por lo tanto, la volatilidad, sobre todo en África subsahariana y América Latina. Para frenar la volatilidad fiscal, es necesario un control más estricto del gasto durante las reactivaciones cíclicas, con el objeto de engrosar el superávit presupuestario y reducir la deuda. Sería útil al respecto afianzar las instituciones presupuestarias (véanse el capítulo III de Perspectivas de la economía mundial de septiembre de 2003, y Kaminsky, Reinhart y Végh, 2004).
  • Las regiones de mercados emergentes y países en desarrollo con los sectores financieros menos desarrollados (África subsahariana y América Latina) tienen en promedio una mayor volatilidad del producto. Si se lograra promover el desarrollo de un sector financiero debidamente regulado y supervisado, sería más fácil aliviar las limitaciones de financiamiento, sobre todo durante las desaceleraciones económicas, y los países tendrían así más margen para absorber los shocks.
  • La volatilidad de la relación de intercambio está asociada a una mayor volatilidad del crecimiento del producto. Una manera de reducir la incidencia de los shocks que repercuten en la relación de intercambio es a través de reformas estructurales que promuevan la diversificación del aparato productivo, aunque esto también podría exigir un compromiso con políticas a más largo plazo. El ensayo también ilustra de qué forma la flexibilidad cambiaria puede amortiguar el impacto de las perturbaciones de la relación de intercambio en la volatilidad del producto.
Apéndice 2.1. Remesas de trabajadores y desarrollo económico: Composición de la muestra, fuentes de datos y métodos

La autora principal de este apéndice es Angela Cabugao.

Este apéndice contiene más detalles sobre los datos utilizados en el primer ensayo, y en particular describe la serie temporal con la cual se construyó un indicador de las remesas de trabajadores.

Para calcular el impacto de las remesas se usó un panel con un máximo de 101 economías, tanto avanzadas como en desarrollo, durante el período 1970–200336. El análisis de los determinantes de las remesas se basa en un panel con un máximo de 92 economías en desarrollo durante el período 1980–2003. Las clasificaciones regionales coinciden con los agrupamientos utilizados actualmente en Perspectivas de la economía mundial.

Salvo indicación en contrario, el total de remesas es la suma de tres partidas tomadas del anuario de estadísticas de balanza de pagos publicado por el FMI (Balance of Payments Statistics Yearbook, o BOPSY): “Remuneración de empleados”, “Remesas de trabajadores” y “Transferencias de emigrantes”37. En el recuadro 2.4 se describen en detalle estas partidas y los problemas que plantean los datos. Siguiendo la pauta de las notas de BOPSY sobre cada país, la partida “Remuneración de empleados” está excluida del total de remesas de los siguientes países: Argentina, Australia, Azerbaiyán, Barbados, Belice, Benin, Brasil, Cabo Verde, Camboya, China, Côte d’Ivoire, Ecuador, El Salvador, Guyana, Italia, Panamá, República Dominicana, Rwanda, Senegal, Seychelles, Turquía y Venezuela38. En general, la partida “Otras transferencias corrientes” no está incluida en la definición del total de remesas. Sin embargo, BOPSY aclara específicamente que las remesas de los migrantes figuran bajo “Otras transferencias corrientes” en el caso de Kenya, Malasia y la República Árabe Siria.

Recuadro 2.4.Datos de la balanza de pagos sobre las remesas de trabajadores

Conceptos y fuentes de datos

No existe una definición universalmente aceptada de las remesas. En términos amplios, esa es la denominación que reciben las transferencias unilaterales enviadas por trabajadores migrantes a sus familiares en sus países de origen. En la práctica, los usuarios y analistas de datos consideran remesas a una variedad de transacciones iniciadas por personas que viven o trabajan fuera de sus países de nacimiento u origen (otros han llegado a incluir en esta categoría a las donaciones enviadas por organizaciones de beneficencia). Los componentes de las estadísticas de la balanza de pagos que más a menudo se mencionan específicamente como remesas son “Remuneración de empleados” (parte del componente “Renta” de la cuenta corriente), “Remesas de trabajadores” (parte de “Transferencias corrientes” en la cuenta corriente) y “Transferencias de emigrantes” (parte de la cuenta de capital)1.

De acuerdo con el Manual de Balanza de Pagos, quinta edición (FMI, 1993; que en adelante abreviaremos MBP5), “Remesas de trabajadores” son transferencias corrientes hechas por migrantes que están empleados en otra economía, de la cual son residentes. Por lo general se trata de trabajadores que se mudan a otra economía por un año como mínimo. “Remuneración de empleados” comprende sueldos, salarios y otras prestaciones (en efectivo o en especie) que los trabajadores no residentes perciben por el trabajo que realizan para residentes de otros países. Se trata por lo general de trabajadores fronterizos y de temporada, además de otras categorías como el personal local de las embajadas. Por último, “Transferencias de emigrantes” son los recursos financieros que surgen de la migración (cambio de residencia) de personas de una economía a otra. Los datos de estas partidas los recopilan las autoridades estadísticas competentes de los países miembros del FMI. Partiendo de esa base, el Departamento de Estadística del FMI elabora los cuadros publicados en el anuario de estadísticas de balanza de pagos (Balance of Payments Statistics Yearbook, o BOPSY).

Problemas para los usuarios de datos

La compilación de datos varía según el país, en parte debido a diferentes interpretaciones de las definiciones y clasificaciones del MBP5. Así lo demuestra la parte tres de BOPSY, que describe las fuentes y métodos empleados por los países miembros2. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los defectos y omisiones se deben a la dificultad de obtener todos los datos necesarios. Para captar todos los flujos vinculados a las remesas habría que utilizar una variedad de fuentes de datos, tarea compleja en algunos casos. Las transacciones entre hogares, sobre todo las que se valen de canales informales (por ejemplo, el envío de efectivo por correo o por sistemas como el hawala) son sumamente difíciles de registrar y con frecuencia no figuran en los datos oficiales. Por lo tanto, los datos no son perfectamente comparables entre un país y otro, ni son igual de completos y fidedignos. Es posible que en algunos casos las remesas efectivas estén significativamente subvaloradas3.

Ocasionalmente, la manera en que los usuarios desean acceder a los datos no coincide del todo con los conceptos del marco de la balanza de pagos. Por ejemplo, las cuentas que tienen los migrantes en sus países de origen pueden estar a disposición de sus familiares en ese país (por ejemplo, a través de cajeros automáticos bancarios). Sin embargo, los depósitos que los migrantes efectúan en esas cuentas no se consideran remesas. De acuerdo con el Libro de texto de balanza de pagos del FMI (FMI, 1996), “el dinero que un inmigrante remite para efectuar un depósito en su propia cuenta bancaria en el extranjero representa una inversión financiera … y no una transferencia” (página 100); por lo tanto, no constituye una remesa (y se lo contabiliza como un activo de inversión de la economía remitente). Esto implica una contrapartida, ya que la parte remitente adquiere un derecho frente al banco extranjero que captó el depósito. Las extracciones de esa cuenta podrían constituir una remesa, pero parece muy poco probable que se contabilice debidamente una transacción de esa índole4.

Hay salvedades parecidas para algunos casos de circulación física transfronteriza de bienes. Cuando un migrante viaja a su país de origen, allí está considerado como un visitante. Los efectos personales que lleve consigo no se clasifican como exportaciones en el país de residencia ni como importaciones en el país de origen. Sin embargo, los efectos personales que les regale a sus familiares que viven en el país de origen constituyen remesas. Es poco probable que los datos aduaneros capten debidamente esas transacciones. Lo mismo sucede con el dinero en efectivo que el migrante transporta a su país de origen.

Los usuarios de los datos pueden estar interesados en la renta fija que recibe un país de parte de los trabajadores fronterizos y de temporada que viven en el extranjero. Bajo “Remuneración de empleados”, las estadísticas de la balanza de pagos muestran la remuneración bruta que las empresas residentes les pagan a los empleados no residentes y la remuneración que reciben los residentes de empleadores no residentes. Sin embargo, como es probable que parte de esos ingresos se gasten en la economía anfitriona, el país de origen no los recibe como renta neta. “Los gastos personales de los trabajadores de temporada y fronterizos no residentes de la economía donde están empleados … deberán registrarse en viajes” (MBP5, párrafo 271). Pero los datos registrados en viajes también incluyen los gastos personales de otras personas que viajan por negocios o por motivos personales. Por lo tanto, es difícil, en el mejor de los casos, determinar cuáles son las contrapartidas necesarias para calcular la renta neta derivada de los trabajadores fronterizos y de temporada.

Algunos usuarios se interesan fundamentalmente en los datos bilaterales sobre las corrientes de remesas. Aunque es posible clasificar las corrientes según el país copartícipe, ese no es un procedimiento común dentro del marco de la balanza de pagos y en la práctica puede tropezar con limitaciones. El MBP5 esboza una clasificación voluntaria por países como elemento complementario; aunque cabría alentar esa práctica, es poco probable que dé lugar a una matriz mundial sobre las remesas a menos que tenga una adopción generalizada.

Mejora de las prácticas de compilación y orientación conceptual

En vista de la magnitud y del crecimiento constante de los flujos de remesas, es necesario mejorar la calidad de los datos. Como muchas deficiencias se deben a las dificultades que existen para encontrar y utilizar fuentes, la disponibilidad y calidad de los datos mejorarán si se refinan las prácticas de selección y compilación. El FMI proporciona a los países miembros asesoramiento y asistencia técnica en materia de compilación para que puedan continuar depurando las estadísticas de la balanza de pagos.

De igual importancia es la tarea de mejorar la base conceptual para medir las remesas. El MBP5 no define a los trabajadores ni a los migrantes. Según el Libro de texto de balanza de pagos, las remesas de trabajadores son “transferencias efectuadas por inmigrantes contratados por entidades de la economía en la cual el inmigrante es considerado residente”, mientras que las transferencias efectuadas por trabajadores inmigrantes autónomos “no se clasifican como remesas de trabajadores sino como transferencias corrientes” (página 100). Esta atención especial al empleo y la falta de definición de migrante llevan a dos planteamientos.

  • Ante la creciente movilidad internacional y el derrumbe de los modelos laborales tradicionales, quizá sea difícil seguir centrándose en los trabajadores. ¿Habría que ocuparse de todos los migrantes, al margen de su condición laboral y fuente de ingresos?
  • No hay una orientación clara sobre los migrantes, ya que la única distinción que hace el MBP5 es entre residentes y no residentes (visitantes). ¿Se necesita una definición clara de migrante como unidad de origen de las remesas? O como alternativa, ¿se deberían considerar remesas a todas las transferencias entre hogares, sin tener en cuenta el lugar de residencia?

Estos y otros temas ocupan actualmente al Comité del FMI sobre Estadísticas de Balanza de Pagos, que está trabajando en el Manual de Balanza de Pagos en coordinación con otros foros, como el Subgrupo Técnico de las Naciones Unidas sobre la circulación de personas físicas. Este año se abordará la actualización de la orientación conceptual. Pero los usuarios de los datos y sus necesidades son variados. Aun fuera del marco de la balanza de pagos no existe una definición aceptada de las remesas; de ahí la dificultad para satisfacer las necesidades de los usuarios de datos, que a menudo parecen cambiar constantemente. El Departamento de Estadística del FMI se mantiene en consulta con los usuarios para poder llegar a una concepción común de las remesas y de las necesidades concretas en materia de datos5.

Nota: El autor principal de este recuadro es Jens Reinke. El recuadro se basa en una monografía (“Remittances in the Balance of Payments Framework”) presentada durante una conferencia internacional sobre la medición de remesas “International Technical Meeting on Measuring Migrant Remittances” que se celebró en Washington el 24 y 25 de enero de 2005.1 Los usuarios de datos con frecuencia señalan que el concepto “remesas de trabajadores” es demasiado estrecho por sí solo. Como consecuencia, en este recuadro se incluyen transacciones registradas bajo otros encabezamientos y se explican los problemas que plantea un uso armonizado de esos datos.2 Por ejemplo, algunos países consideran residentes de sus propias economías a los ciudadanos de un país que trabajan en el extranjero un año o más —y por lo tanto contabilizan los ingresos que estos perciben como remuneración de empleados— porque esos nacionales mantienen estrechos vínculos con su país de origen. Sin embargo, la mayoría de los países aplica en principio la regla de un año.3 Según estudios sobre numerosos países, resumidos en Puri y Ritzema (1999), las transferencias informales representan entre el 10% y el 55% del total de remesas.4 Por ejemplo, en India los depósitos en rupias de no residentes (que en la actualidad superan los $30.000 millones) no se contabilizan como remesas. Pero como la rupia no es una moneda convertible, estos depósitos no vuelven al depositante no residente en la fecha de vencimiento.5 Hace poco, el Departamento de Estadística y el Banco Mundial sirvieron de anfitriones de una reunión sobre remesas que congregó a compiladores y usuarios del mundo entero. Para más detalles, véase www.worldbank.org/data/remittances.htm.

Además, se incorporaron ajustes o adiciones a la serie de las remesas sobre la base de la información proporcionada por el economista del FMI encargado del respectivo país y por las autoridades nacionales:

1.Bosnia y Herzegovina:El economista encargado suministró los datos de 1998–2003.
2.Bulgaria:Las remesas incluyen “Otras transferencias corrientes”.
3.Caribe:El economista encargado suministró los datos de 1991–200239.
4.Irán, República Islámica del:Se utiliza “Otras transferencias corrientes” en sustitución de “Remesas”.
5.Lesotho:El economista encargado suministró los datos de 1982–2003.
6.Líbano:El economista encargado suministró los datos de 1997–2003.
7.Macedonia, ex República Yugoslava de:El economista encargado suministró los datos de 1993–97.
8.Moldova:El economista encargado suministró los datos de 2000.
9.Níger:El economista encargado suministró los datos de 1995–2003.
10.República Eslovaca:El economista encargado suministró los datos de 1999–2003.
11.Rumania:El economista encargado suministró los datos de 2000–03.
12.Tayikistán:El economista encargado suministró los datos de 1997–2001.
13.Ucrania:El economista encargado suministró los datos de 2000.
14.Venezuela:El economista encargado suministró los datos de 1997–03.

A falta de datos sobre las remesas, se excluyó del análisis a los siguientes países: Angola, Bahamas, Bahrein, Bhután, Brunei Darussalam, Burundi, Canadá, Emiratos Árabes Unidos, Estado Islámico del Afganistán, Iraq, Kuwait, Liberia, Libia, Qatar, la República Democrática del Congo, Singapur, la provincia china de Taiwan, Uzbekistán, Vietnam y Zambia.

En todas las regresiones se usa el coeficiente remesas/PIB, excepto en los análisis de la pobreza y las remesas en los cuales ese coeficiente está expresado logarítmicamente. A continuación se detallan otras variables fundamentales.

  • Doble tipo de cambio. Este indicador especifica si un país tiene más de un tipo de cambio que se puede utilizar para distintos propósitos o en diferentes entidades. Está tomado de Annual Report on Exchange Arrangements and Exchange Restrictions, 2003 (AREAER), publicado por el FMI.
  • Restricciones a los depósitos de divisas en el extranjero. Este indicador, extraído también de AREAER, especifica si los residentes tienen permitido mantener cuentas en divisas en el extranjero. Todas las regresiones incluyen además las siguientes variables de control:
  • Ecuación de crecimiento del producto: Logaritmo del ingreso inicial, educación, logaritmo de la esperanza de vida, inversión, inflación, saldo presupuestario, apertura del comercio exterior y desarrollo financiero.
  • Ecuaciones de educación e inversión: Logaritmo del ingreso inicial, logaritmo de la esperanza de vida, apertura del comercio exterior y desarrollo financiero.
  • Ecuaciones de pobreza: Logaritmo del ingreso promedio y del coeficiente de Gini.
  • Ecuaciones de volatilidad: Logaritmo del ingreso inicial, proporción de la agricultura dentro del PIB, apertura del comercio exterior, sobrevaluación del tipo de cambio real y calidad institucional.
  • Determinantes de la ecuación de remesas: Riesgo político, orden público, tasa LIBOR a 6 meses ofrecida por los bancos estadounidenses, precios mundiales del petróleo, efectos fijos propios de cada país y una tendencia temporal.
Apéndice 2.2. La volatilidad del producto en los países de mercados emergentes y en desarrollo: Cobertura por país, metodología y datos

La autora principal de este apéndice es Dalia Hakura, con la colaboración de Christopher Otrok.

Este apéndice describe en detalle los agrupamientos regionales y la cobertura por país, el modelo de factores dinámicos, y las definiciones de las variables y las fuentes de datos que se utilizaron en el segundo ensayo.

Agrupamientos regionales y cobertura por país

Este apéndice muestra la composición de los agrupamientos regionales usados en este estudio. Dentro de esa clasificación, a los efectos de la estimación del modelo de factores dinámicos, América Latina se subdivide en: 1) América Central y el Caribe y 2) América del Sur, y los países industriales, en: 1) países del G-7 y 2) otros países industriales, para expresar las diferencias entre los respectivos ciclos regionales. La división de los países en regiones parece ser idónea para la definición de un “factor regional”, ya que si existe proximidad geográfica entre países, es probable que los afecten los mismos shocks, ya sean meteorológicos o en la relación de intercambio. Además del aspecto geográfico del agrupamiento, existen otros factores, como los vínculos comerciales y financieros o el grado de coordinación de la política económica (por ejemplo, la paridad que mantienen desde hace tanto tiempo los países de la zona del franco CFA, originalmente con el franco francés y ahora con el euro), que justifican ciclos regionales comunes. Los países industriales aparecen juntos no por razones geográficas, sino más bien por la etapa de desarrollo económico en la que se encuentran y por la calidad de sus instituciones.

Países industriales

Países del G-7. Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, el Reino Unido.

Otros países industriales. Australia, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Grecia, Noruega, Nueva Zelandia, los Países Bajos, Portugal, Suecia y Suiza.

América Latina

América Central y el Caribe. Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, la República Dominicana y Trinidad y Tobago.

América del Sur. Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.

Oriente Medio y Norte de África

Argelia, Egipto, Irán, Israel, Jordania, Marruecos, Siria, Túnez y Turquía.

África subsahariana

Países de la zona del franco CFA. Burkina Faso, Camerún, Côte d’Ivoire, Gabón, Guinea-Bissau, Malí, Níger, la República del Congo, Senegal y Togo.

Países fuera de la zona del franco CFA. Botswana, Burundi, Etiopía, Gambia, Ghana, Kenya, Madagascar, Malawi, Mozambique, Namibia, Nigeria, Sierra Leona, Sudáfrica, Tanzanía, Uganda y Zambia.

Asia meridional y China

Bangladesh, China, India, Pakistán y Sri Lanka.

Asia oriental

Corea, Filipinas, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia.

El modelo de factores dinámicos

Los modelos de factores dinámicos son una generalización de los modelos de factores estáticos usados comúnmente en psicología. El móvil de estos modelos, cada vez más difundidos en el campo de la economía, es que existen unos pocos factores comunes detrás de las fluctuaciones registradas en grandes secciones transversales de las series temporales macroeconómicas. Aunque se trata de factores no observables que no se pueden rotular claramente como “shocks a la productividad” o “shocks monetarios”, estos modelos parten de la base de que unos pocos shocks agregados son las fuerzas fundamentales que mueven a la economía. Por ende, los factores no observados son índices de una actividad común que ocurre ya sea en un conjunto completo de datos (por ejemplo, actividad mundial) o en subconjuntos de datos (por ejemplo, una región determinada).

Uno de los objetivos de este tipo de estudio es estimar estos factores no observados y utilizarlos para cuantificar tanto la magnitud como la naturaleza del comovimiento en un conjunto de datos pertenecientes a una serie temporal40. El modelo de factores dinámicos descompone cada variable observable (como el crecimiento del producto de Nigeria) en componentes comunes a todas las variables observables o a un subconjunto de variables y ruido idiosincrásico.

El modelo utilizado en este ensayo tiene un bloque de ecuaciones para cada región bajo estudio; cada bloque regional contiene una ecuación correspondiente al crecimiento del producto (Y) en cada país que lo descompone en un componente mundial, un componente regional y un componente nacional o idiosincrásico. Por ejemplo, el bloque de ecuaciones para la primera región (G-7) es:

donde:

US = Estados Unidos

Global = Mundial

Japan = Japón

France = Francia

La misma forma se repite en cada una de las nueve regiones del sistema.

En este sistema, el factor mundial es el componente común a todos los países. La sensibilidad del crecimiento del producto de cada país al factor mundial depende de b, la carga del factor. Hay también un factor regional que refleja el comovimiento entre los países de una región.

El modelo capta el comovimiento dinámico permitiendo que el término “factor” (f) y el término “nacional” (c) sean procesos autorregresivos (independientes). Es decir, cada término “factor” o “nacional” depende de valores propios rezagados y una innovación independiente e idénticamente distribuida de una variable (ut):

siendo ϕ (L) un polinomio de retraso y teniendo ut una distribución normal. Todas las cargas de factores (b) y los polinomios de retraso son independientes entre sí. El modelo se calcula por medio de técnicas bayesianas, como lo describen Kose, Otrok y Whiteman (2003) y Otrok, Silos y Whiteman (2003)41.

Para medir la importancia de cada factor a la hora de explicar la volatilidad del crecimiento del producto, se calculan descomposiciones de la varianza que descomponen la volatilidad del crecimiento del producto en componentes debidos a cada factor. La fórmula de descomposición de la varianza se deriva aplicando el operador de varianza a cada ecuación del sistema. Por ejemplo, para la primera ecuación:

No hay términos de productos cruzados entre los factores, ya que son ortogonales entre sí. La varianza del crecimiento del producto real per cápita atribuible al factor mundial es entonces:

Para entender la razón de las disminuciones tendenciales de la volatilidad del producto, se estima el modelo de factores dinámicos en dos períodos: 1970–86 y 1987–2004. Se calcula la contribución de cada factor a la variación de la volatilidad global. Por ejemplo, la contribución del factor mundial a la disminución de la varianza del crecimiento del producto, var(YUS,1987–04) – var(YUS,1970–86) es

Definiciones y fuentes de los datos

Esta sección describe las fuentes de los datos sobre el PIB real per cápita utilizados para estimar el modelo de factores dinámicos, así como también los datos con los cuales se realizó la regresión de corte transversal. Los datos del análisis de factores dinámicos incluyen proyecciones para 2004, pero estas no forman parte de la regresión. Debido a la disponibilidad de datos, la regresión se limitó a 51 países de mercados emergentes y en desarrollo.

El crecimiento del PIB real per cápita se mide usando datos sobre el PIB real per cápita en dólares de valor constante (precios internacionales, año base 1996) tomados de Penn World Tables, versión 6.1. Los datos de Penn World Tables abarcan el período 1970–2000. Para extender la serie hasta 2004, se utilizaron tasas de crecimiento del PIB real per cápita calculadas con información tomada de la base de datos de Perspectivas de la economía mundial.

La volatilidad del componente nacional del crecimiento del producto se mide como la desviación estándar de la tasa de crecimiento del componente nacional del crecimiento del PIB real per cápita durante el período 1970–2003, derivada de las estimaciones del modelo de factores dinámicos.

La volatilidad de la política fiscal se mide como la desviación estándar del gasto público ajustado en función de las variaciones cíclicas durante el período 1960–2000 de acuerdo con las estimaciones de Fatás y Mihov (2003). Este dato se obtiene como la desviación estándar del valor residual de una regresión por variables instrumentales del crecimiento del gasto público sobre el crecimiento del producto, el desfase de un período del crecimiento del gasto público, diversas variables de control del gasto público y una tendencia temporal.

La tasa de inflación es el crecimiento anual promedio del índice de precios al consumidor registrado durante el período 1970–2004 (el período en el que se dispone de datos confiables). Los datos están tomados de World Development Indicators del Banco Mundial.

La calidad institucional es el promedio de tres índices publicados en la guía internacional sobre el riesgo país (International Country Risk Guide, o ICRG) durante 1984–2003. Los índices son: 1) corrupción (el grado de todas las formas de corrupción, como clientelismo, nepotismo y lazos sospechosamente estrechos entre políticos y empresarios); 2) Estado de Derecho (la solidez e imparcialidad del sistema jurídico y el grado de cumplimiento de la ciudadanía con las leyes), y 3) calidad burocrática (la solidez y competencia profesional de la burocracia para gobernar sin cambios drásticos de las políticas ni interrupción de los servicios públicos). Los índices se extienden en una escala de 1 a 12; los valores altos denotan buenas instituciones.

La apertura del comercio exterior se define como la suma de las importaciones y exportaciones de bienes y servicios (de acuerdo con las estadísticas de la balanza de pagos), dividida por el PIB. Los datos están tomados de World Development Indicators.

Las restricciones a la cuenta corriente y de capital son el promedio de los cuatro índices publicados por el FMI en Annual Report on Exchange Arrangements and Exchange Restrictions durante el período 1970–2003. Los índices son: 1) restricciones a la cuenta corriente; 2) restricciones a la cuenta de capital; 3) restricciones a los ingresos de exportación, y 4) multiplicidad de regímenes cambiarios. Cada índice tiene un valor de uno si el país impone una restricción y de cero en caso contrario.

El nivel inicial de desarrollo del sector financiero se mide como el coeficiente crédito al sector privado/PIB en 1970 o el primer año del que se conoce ese dato antes de 1990. La fuente de los datos es Beck, Demirgüç-Kunt y Levine (1999; banco de datos de 2003).

La volatilidad de la relación de intercambio se mide como la desviación estándar de la variación anual de la relación de intercambio en 1970–2003. La fuente es la base de datos de Perspectivas de la economía mundial.

La flexibilidad cambiaria es el promedio, calculado durante el período 1970–2001, de un índice con un valor de 1 los años en que un país aparece clasificado con un régimen fijo, un valor de dos los años en que un país aparece clasificado con un régimen intermedio, y un valor de tres los años en que un país aparece clasificado con flotación libre. Para diferenciar entre los regímenes cambiarios se utiliza la “clasificación natural” de facto elaborada por Reinhart y Rogoff (2004). En los casos en que un país aparecía clasificado con una caída libre, se aplicó como reemplazo la clasificación secundaria de Reinhart y Rogoff (2004).

El ingreso relativo inicial es el nivel del PIB real per cápita comparado con el de Estados Unidos en 1970. Los datos sobre el PIB real per cápita a precios constantes de 1996 se tomaron de Penn World Tables.

El clima tropical es una variable ficticia para los países ubicados en zonas de clima tropical. La fuente de los datos es Global Development Network Growth Database del Banco Mundial.

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1Véase también un análisis de las tendencias recientes en Ratha (2003).
2Sin embargo, los sistemas de recopilación de datos parecen haber mejorado en las dos últimas décadas. Las remesas también parecen haberse desplazado de los canales informales a los canales formales como consecuencia de una flexibilización general de las restricciones cambiarias y de una reglamentación más estricta, sobre todo después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Por lo tanto, es probable que el nivel real de las remesas siga estando subestimado, pero es posible que su tasa de crecimiento esté sobreestimada.
3Rapoport y Docquier (2005) hacen un estudio y un análisis más a fondo de este tema.
4En contraposición, los hogares más pobres y menos instruidos quizá se beneficien relativamente poco de las remesas, en primer lugar porque tienen menos capacidad para costearse la posibilidad de emigrar (Chiquiar y Hanson, 2005), y también porque las políticas inmigratorias de las economías avanzadas suelen favorecer a los trabajadores calificados con una ocupación permanente (Carling, 2004).
5Basándonos en el trabajo de Rajan y Subramanian (2005), como instrumentos de las remesas aplicamos dos variables geográficas y culturales fundamentales, que son factiblemente exógenas y que probablemente tengan una relación causal con la migración y, por ende, con los flujos de remesas. Se trata de: 1) la distancia geográfica entre el país receptor de las remesas (“país de origen”) y el país que acoge a la mayor parte de sus trabajadores migrantes (“país anfitrión”), y 2) la presencia de un idioma común en ambos. Como estos instrumentos no permiten suficiente variación a lo largo del tiempo, es imposible estimar el impacto de las remesas usando una especificación por paneles.
6Según Faini (2002, 2004), existe una relación positiva significativa entre el crecimiento y las remesas en una comparación multinacional, pero sus resultados no resisten otras especificaciones. De acuerdo con Chami, Fullenkamp y Jahjah (2003), hay una relación negativa significativa entre el crecimiento y las remesas, pero los instrumentos que utilizan estos autores no parecen idóneos para el problema de la endogeneidad.
7Aproximadamente el aumento observado en México durante los últimos 25 años, equivalente a una desviación estándar entre países.
8De hecho, cabe suponer que las remesas influyen en la pobreza, alterando ya sea el ingreso promedio o la desigualdad. Como los datos sobre la pobreza, el ingreso y las remesas se miden con relativa frecuencia, mientras que los datos sobre la desigualdad se actualizan de manera irregular, el impacto medido de las remesas sobre la pobreza probablemente refleje parte del efecto que surge a través del impacto de las remesas en la desigualdad. Adams y Page (2003) hacen un análisis más detallado.
9El otro ensayo que integra este capítulo, “La volatilidad del producto en los países de mercados emergentes y en desarrollo”, analiza más a fondo la volatilidad del producto. Como el tema central del presente ensayo es distinto, la definición de la volatilidad es levemente diferente, y siendo menor el tamaño de la muestra, se ha utilizado una especificación más limitada en las ecuaciones de la regresión.
10El impacto positivo de las remesas lo confirman, entre otros, Adams (2004b) en el caso de la educación y la inversión inmobiliaria en Guatemala; Woodruff y Zenteno (2004) y Massey y Parrado (1998) en el caso de la capacidad empresarial en México; Yang (2004) en el caso de la educación y la capacidad empresarial en Filipinas; Cox, Edwards y Ureta (2003) en el caso de la educación en El Salvador; Hanson y Woodruff (2003) en el caso de la educación en México; Taylor, Rozelle y deBrauw (2003) y Rozelle, Taylor y deBrauw (1999) en el caso de la productividad de las cosechas en China; McCormick y Wahba (2001) en el caso de la capacidad de empresa en Egipto; Adams (1991, 1998) en el caso de la inversión inmobiliaria en Egipto y Pakistán; Brown (1994) en el caso de la inversión comercial en Tonga y Samoa Occidental; y Lucas (1987) en el caso de la productividad de las cosechas y la acumulación ganadera en Sudáfrica. En contraposición, Ahlburg (1991) concluye que las remesas a Tonga y Samoa Occidental producen principalmente un aumento del consumo y rara vez financian inversiones productivas. Sin embargo, de acuerdo con Durand, Parrado y Massey (1996), en el caso de México, incluso el aumento del consumo financiado con remesas puede ejercer sustanciales efectos multiplicadores sobre el producto.
11Por ejemplo, Bourdet y Falck (2003) sostienen que el aumento de las remesas es la principal razón de la apreciación real del 14% que ha experimentado Cabo Verde en la última década. Igualmente, las afluencias de remesas en Armenia han ejercido en los últimos tiempos un efecto extraordinario sobre el mercado de la vivienda local, y los precios de los departamentos en el centro de Ereván ahora son parecidos a los de Estados Unidos y Canadá.
13En un panel de 22 economías avanzadas durante el período 1991–2000, existe una correlación fuerte y significativa entre las salidas de remesas y la presencia de trabajadores extranjeros (una vez neutralizados una tendencia temporal y los efectos fijos propios de cada país). Un aumento de dos puntos porcentuales (una desviación estándar intragrupo) del número de trabajadores extranjeros como proporción de la población está significativamente asociado a un aumento de ¼ de punto porcentual (0,6 desviaciones estándar intragrupo) de las salidas de remesas como proporción del PIB. Del mismo modo, Swamy (1981) muestra una fuerte relación entre las afluencias de remesas y el número de emigrantes en el caso de Grecia, Yugoslavia y Turquía.
14Además, en el caso de muchos países se dispone de muy pocos datos sobre la población migrante que vive en el extranjero y sus ingresos.
15Concretamente, un promedio ponderado del producto en los países extranjeros, aplicando como factores de ponderación: 1) la proporción de trabajadores migrantes del país de origen que reside en cada país extranjero o, a falta de ese dato, 2) las respectivas participaciones en el comercio internacional.
16No existen indicadores fiables de las tasas de rentabilidad internas de la mayoría de los países en desarrollo.
17Estos efectos fijos quizá reflejen el impacto que causan en las remesas muchas de las variaciones entre las corrientes migratorias de distintos países. Pero su presencia significa que no podemos estimar por separado el impacto de ningún factor geográfico, histórico o cultural mayormente libre de variaciones temporales que influya en los niveles de migración (como la distancia geográfica, o la presencia de un idioma o una frontera común, o la existencia de un mercado único entre los países anfitriones que acogen a los trabajadores migrantes y sus respectivos países de origen).
18Esto parece implicar que si bien las remesas suelen ser relativamente estables, pueden estar sujetas a shocks externos significativos, sobre todo si los trabajadores migrantes están muy concentrados en un país o sector. Un vívido ejemplo es el hecho de que la fuerte contracción del empleo en el sector minero sudafricano produjo un colapso de las remesas enviadas a Lesotho, que se redujeron de más del 50% del PIB en 1991–92 a menos del 20% en 2003–04. Por contraposición, los precios mundiales del petróleo no han tenido un efecto significativo en el promedio de remesas.
19Debido a la falta de datos sistemáticos, no se analiza aquí la influencia del tratamiento tributario de las remesas. Pero la experiencia parece demostrar que incentivos tales como las exenciones tributarias o los créditos preferenciales para los migrantes pueden tener una incidencia sustancial en la proporción de remesas canalizadas a través del sistema bancario. Por ejemplo, cuando Tayikistán dejó de tributarlas, las remesas registradas aumentaron de $4 millones en el primer trimestre de 2002 a $56 millones en el primer trimestre de 2004.
20Solo presentamos los resultados de la relación entre los depósitos bancarios y el PIB, pero la conclusión es la misma sea cual fuere el indicador del desarrollo financiero que se utilice.
21Las remesas a América Latina han sido estudiadas por Amuedo-Dorantes, Bansak y Pozo (2004), DeSipio (2000), Lindsay Lowell y de La Garza (2000, 2002), Meyers (1998), Orozco (2000, 2003, 2004a, 2004b), Suki (2004), Suro (2003) y Suro et al. (2002).
22En este ensayo se los agrupa en regiones de acuerdo principalmente con su ubicación geográfica: Asia oriental, Asia meridional y China, Oriente Medio y Norte de África, América Latina y África subsahariana. Esta última se subdivide a su vez en países de la zona del franco CFA y países fuera de la zona del franco CFA (véase la composición de cada región en el apéndice 2.2). China figura junto con Asia meridional porque su ciclo económico es más parecido al de Asia meridional que al de Asia oriental, pero los resultados presentados aquí no son sensibles a la clasificación de China. Se consideraron otras posibilidades de agrupamiento, basadas por ejemplo en el nivel de desarrollo y la estructura de producción (por ejemplo, economías de mercados emergentes, países exportadores de petróleo y productos primarios), pero ninguna revelaba ciclos regionales tan pronunciados como los que aparecen reflejados en este análisis.
23Cabe señalar que si un país depende mucho de un producto básico, ya sea como exportador o importador, una variación del precio de ese producto motivada por causas externas podría quedar reflejada en el factor nacional, a condición de que el producto en cuestión no tenga un impacto significativo en la economía mundial o regional.
24Además de los agrupamientos regionales ya mencionados, a los efectos de la estimación del modelo de factores dinámicos, América Latina se subdivide en “América Central y el Caribe” y “América del Sur”, y los países industriales, en “países del G-7” y “otros países industriales” para expresar las diferencias entre los respectivos ciclos regionales. Se incluyó en la muestra a los países industriales para poder estimar debidamente el factor mundial.
25Estos subperíodos reflejan una interrupción en la volatilidad del producto (véase Kose, Otrok y Prasad, 2005).
26Este cuadro incluye a los países en los cuales la volatilidad ha disminuido; por eso es diferente del gráfico 2.7, que muestra la volatilidad promedio de todos los países de una región. Esa diferencia tiene especial importancia en el caso de los países fuera de la zona del franco CFA, varios de los cuales experimentaron fuertes aumentos de la volatilidad durante el período 1987–2004.
27Aunque en términos globales la contribución del factor mundial es relativamente pequeña, hay que señalar que su carga ha aumentado en algunos países. De hecho, las variaciones de la carga de los factores hacen pensar que en promedio los países industriales, CFA y de OMNA se han hecho más sensibles al factor mundial. Sin embargo, en América Latina la contribución del factor mundial ha menguado. Lo más probable es que esto se deba al importante papel que jugó dicho factor en la volatilidad del producto latinoamericano en 1970–86; como la crisis de la deuda latinoamericana coincidió con la recesión de los países del G-7, el modelo la atribuye al factor mundial.
28Según los datos disponibles, en el análisis empírico se recurrió a variables sustitutivas comúnmente utilizadas en lugar de estas variables explicativas. El apéndice 2.2 contiene una explicación detallada. Se utilizó una técnica de estimación por variables instrumentales para dar cuenta de la posible endogeneidad de algunas variables explicativas.
29De acuerdo con varios estudios, la política fiscal es procíclica en muchos países de mercados emergentes y en desarrollo: el gasto público se expande durante las reactivaciones y los auges de precios de los productos básicos, y se contrae al debilitarse el crecimiento económico, bajar la recaudación y endurecerse las condiciones de financiamiento (capítulo III de Perspectivas de la economía mundial, septiembre de 2003, y Kaminsky, Reinhart y Végh, 2004). En este caso, el indicador de la volatilidad de la política fiscal tiene en cuenta las variaciones de las condiciones macroeconómicas, el gasto público anterior y una tendencia temporal.
30Las afluencias de ayuda —procíclicas y más volátiles que los ingresos fiscales (Bulíř y Haman, 2001)— también pueden ser un factor nacional que causa volatilidad en el producto. La variable fiscal puede captar el efecto de la volatilidad de las afluencias de ayuda: en la medida en que el gasto público varía según el momento en que se desembolsa la ayuda, los donantes podrían colaborar reduciendo la volatilidad de la asistencia para el desarrollo que proporcionan.
31Las series crédito al sector privado/PIB son, sin excepción, estacionarias en torno a una tendencia lineal, y por lo tanto los valores iniciales del período pueden considerarse exógenos. Además, los resultados aquí presentados se mantienen invariables si se utiliza el promedio del coeficiente crédito al sector privado/PIB durante 1970–2003 como variable explicativa (instrumentada a través de indicadores del origen jurídico francés o inglés y la esperanza de vida).
32Acemoglu y Johnson (2003) analizan la importancia que las instituciones protectoras de los derechos de propiedad tienen para el desarrollo financiero, la inversión y el crecimiento económico a largo plazo. Satyanath y Subramanian (2004) estudian los efectos de las instituciones democráticas en la política monetaria y la estabilidad macroeconómica.
33Otros estudios como “El crecimiento y las instituciones” (capítulo III de Perspectivas de la economía mundial de abril de 2003), según los cuales existe una asociación entre una mejor calidad institucional y una menor volatilidad en una regresión de corte transversal, generalmente incluyen países industriales en la muestra.
34Otras variables de la regresión son el nivel del ingreso real per cápita comparado con el de Estados Unidos —para neutralizar la posibilidad de que los países más ricos tengan menos volatilidad porque pudieron diversificar su base económica— y una variable ficticia que capta la tendencia de los países de clima tropical a tener un producto per cápita más bajo y más volátil. Pero ninguna de estas variables fue estadísticamente significativa. También se incluyeron indicadores de la estabilidad política y de los conflictos armados, así como de la proporción del PIB que corresponde a la producción agrícola, pero como no resultaron significativos —quizá porque están muy correlacionados con otras variables de la regresión como la calidad de las instituciones— se los excluyó de la regresión final presentada aquí.
35Estos porcentajes se refieren a la contribución de una variable al cambio de la volatilidad global que se puede explicar por medio de la regresión de corte transversal.
36Las regresiones del crecimiento, la pobreza y la volatilidad abarcan, respectivamente, 101, 90 y 58 países.
37Paola Giuliano y Marta Ruiz Arranz realizaron una contribución invalorable a la construcción de la serie temporal de las remesas.
38En el caso de la mayoría de estos países, BOPSY especifica que esta categoría no incluye información sobre los trabajadores fronterizos y de temporada.
39La composición de la región del Caribe figura en el recuadro 2.1. Los datos están tomados de Mishra (2005b).
40El otro objetivo principal es usar la información de la sección transversal de la serie temporal para pronosticar series únicas.
41La varianza de innovación de los factores (término de error en la ecuación autorregresiva de los factores) está normalizada. Esa normalización se basa en la varianza de las series básicas y determina la escala del factor (es decir, 0,1 ó 0,01). Esta dependencia del escalado explica por qué se tienen en cuenta únicamente las descomposiciones de la varianza o versiones de los factores con una escala adecuada (el factor multiplicado por la carga del factor, como en el cálculo de la disminución de la varianza que aparece abajo). El modelo se estima con datos sobre el crecimiento del producto de los cuales se ha eliminado la media, con una interrupción en 1986.

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