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Anexo. Exposición Sumaria de la Presidenta Interina

Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
December 2001
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La Presidenta Inteñna formuló las siguientes observaciones al término de la reunión del Directorio Ejecutivo en la que se examinó Perspectivas de la economía mundial, celebrada el día 7 de septiembre de 2001, antes de los atentados terroristas en Estados Unidos.

Los directores ejecutivos coincidieron en que las probabilidades de crecimiento en el plano mundial eran todavía menores que las previstas en Perspectivas de la economía mundial de mayo de 2001 y, en especial, tomaron nota de la considerable disminución del crecimiento registrada en Estados Unidos en el transcurso del año pasado; la gravedad del panorama económico en Japón; las menores posibilidades y la situación no tan pujante que se observa en Europa, y las proyecciones de crecimiento más bajas de los países de casi todas las regiones en desarrollo. Observaron, asimismo, que el aumento más lento del PIB en casi la totalidad de los países del mundo se produce paralelamente a una pronunciada declinación de la intensificación del comercio. En el caso de los mercados emergentes, las condiciones del financiamiento también han empeorado, en parte por las dificultades que enfrentan algunos países importantes, aunque mencionaron un indicio positivo: hasta la fecha, los efectos de contagio de este tipo de episodio han sido mucho más moderados que en ocasiones anteriores.

Los directores opinaron que hay una serie de factores interrelacionados que han contribuido a la desaceleración, entre ellos, una nueva evaluación de la rentabilidad de las empresas y el consiguiente ajuste de los precios de las acciones; un aumento de los precios de la energía y de los alimentos, y la aplicación anticipada de una política monetaria más restrictiva para contener las presiones de la demanda tanto en Estados Unidos como en Europa. Mencionaron en especial la forma en que influyeron las pronunciadas alzas y bajas de las cotizaciones bursátiles de las empresas de tecnología de la información (TI) y la brusca caída que sufrieron en consecuencia la inversión y la producción en este sector. En términos más generales, consideraron que la desaceleración, más veloz que la prevista, es asimismo atribuible a las fuertes—y cada vez más evidentes—vinculaciones comerciales y financieras entre los países.

Puesto que las autoridades en general flexibilizaron con prontitud las políticas macroeconómicas y el efecto de las crisis anteriores comienza ya a atenuarse, en opinión de los directores, hay una cierta probabilidad de que el crecimiento mundial comience a repuntar en el segundo semestre de 2001, pero no con la velocidad que se había previsto antes. Advirtieron, no obstante, que todavía prevalece el riesgo de que así no ocurra, principalmente porque la desaceleración está cada vez más sincronizada, porque algunas importantes economías de mercados emergentes enfrentan dificultades financieras y porque quizás un crecimiento más lento se traduzca en presiones en los sectores financieros y empresariales que muestran debilidad, en especial en Japón. Muchos directores recalcaron además que es necesario aplicar políticas adecuadas tendientes a asegurar que los desequilibrios que se crearon entre las principales zonas monetarias en estos últimos años de expansión—incluso el gran déficit en cuenta corriente de Estados Unidos que tiene su contrapartida en otros superávit de este tipo en otros países; la aparente sobrevaloración del dólar de EE.UU., las menores tasas de ahorro de los hogares en este país, y unos mercados bursátiles con cotizaciones todavía demasiado altas según las normas históricas, que tendrán que ir ajustándose ordenadamente al tiempo que respaldan las perspectivas de crecimiento mundial. En este sentido, varios directores observaron que en tanto la posición externa de Estados Unidos refleje la solidez de las oportunidades de inversión que ofrece en relación con las del resto del mundo, la aplicación de políticas orientadas en forma más decidida hacia el crecimiento por parte de otros países podría facilitar la superación de los desequilibrios mundiales. Unos cuantos mencionaron también que la firme posición del dólar estadounidense frente al euro—pese a haberse moderado un poco en las últimas semanas—podría inhibir la recuperación en este país y aminorar las posibilidades para distender la política monetaria en la zona del euro, y que, si persiste el fortalecimiento reciente del yen, tal vez se debiliten más las perspectivas económica de Japón.

Habida cuenta de estas incertidumbres y riesgos, los directores convinieron en que en todos y cada uno de los países del mundo es indispensable mantenerse alerta ante los acontecimientos y actuar con convicción en el frente de la política económica mientras que, en lo que a la macroeconomía se refiere, las economías avanzadas tendrán que seguir respaldando la actividad, y en Europa y Japón será esencial proceder con energía en materia de reforma estructural para fomentar el crecimiento a largo plazo. En el caso de los mercados emergentes, las perspectivas dependen sin duda de lo que ocurra en los principales países industriales. La situación es muy distinta en cada país pero los directores subrayaron que es menester mantener una política macroeconómica prudente y acelerar la reforma tanto estructural como institucional. Los organismos internacionales, entre ellos el FMI, deben seguir dispuestos y prontos para colaborar en estos esfuerzos y en la tarea de eliminar la presión del contagio, si ésta se intensifica.

Los directores recalcaron que unas nuevas negociaciones multilaterales sobre comercio serían beneficiosas en lo que se refiere a apoyar el crecimiento y a fortalecer un sistema de intercambio comercial basado en normas. Destacaron que las perspectivas de intensificar el comercio y abrir más los mercados en el marco de una nueva ronda ayudarán a restablecer la confianza, mejorar las probabilidades de crecimiento de todos los países, y contener las presiones proteccionistas en una época de creciente atonía. Los directores expresaron diversas opiniones en cuanto al posible alcance de una nueva ronda. Muchos respaldaron una negociación amplia y equilibrada que abarque tanto el acceso a los mercados como las normas de comercio, mientras que varios otros prefirieron concentrarse sobre todo en el programa ya establecido y cuestiones de ejecución vinculadas a los acuerdos existentes. Los directores estimaron que las metas de acceso al mercado deben ser ambiciosas y muchos de ellos favorecieron la liberalización de todos los sectores, mientras que otros hicieron hincapié en los grandes beneficios que acarrearía la liberalización en los sectores de la agricultura, los textiles y las prendas de vestir, donde todavía son altas las subvenciones y las barreras, para los países tanto desarrollados como en desarrollo y recalcaron que la finalidad de una nueva ronda debe ser tratar de resolver las inquietudes de los países en desarrollo, sobre todo los más pobres, que no han tenido una participación equivalente en el aumento del comercio mundial.

En vista de que lo ocurrido en otras épocas sugiere que la desaceleración del crecimiento repercutirá desproporcionadamente en las personas de escasos recursos, los directores insistieron en que se dé más importancia a la campaña mundial de lucha contra la pobreza. La responsabilidad primaria de superar este problema compete a los gobiernos nacionales de los países afectados y, al respecto, indicaron su satisfacción por la Nueva Iniciativa Africana anunciada por la Organización de la Unidad Africana, que destaca la función de este continente como autor, líder y responsable de la planificación y ejecución de las reformas. Casi todos los directores consideraron que era necesario acompañar esos esfuerzos con un renovado apoyo de parte de las economías avanzadas. Pidieron que hasta que se complete una nueva ronda de negociaciones comerciales, se ponga un mayor empeño en ampliar el acceso a los mercados de las exportaciones de los países más pobres, en el marco de un enfoque coherente con respecto a la mitigación de la pobreza, incluida la reducción de la deuda de conformidad con la Iniciativa reforzada para los PPME y el aumento de las corrientes oficiales de ayuda. Es también imperativo financiar la estrategia de lucha contra el VIH/SIDA y otras enfermedades.

Las principales zonas monetarias

Los directores observaron que, en estas zonas, el aumento de la producción ha seguido en baja durante el primer semestre de 2001. Si bien los indicadores más recientes dan señales dispares, casi todos opinaron que es razonable prever una paulatina recuperación en Estados Unidos durante el segundo semestre de 2001, pero reconocieron que aún restan algunas incertidumbres importantes, entre ellas, la evolución del aumento de la productividad; la solidez del gasto y el balance de los hogares—sobre todo, dadas las pérdidas en los mercados bursátiles y el creciente desempleo—; y la cuantía del exceso de inversión en la economía. En este contexto, coincidieron en que hay que seguir aplicando una política monetaria flexible, capaz de dar sostén si la actividad continúa decreciendo, y contener posibles presiones inflacionarias si la recuperación cobra una velocidad superior a la esperada. En opinión de los directores, las medidas tributarias adoptadas recientemente constituyen una reacción oportuna y apropiada ante la actual desaceleración, pero subrayaron que estas medidas y las relativas al gasto tendrán que ponerse en práctica de modo de garantizar el cumplimiento de las metas fiscales a mediano plazo.

Los directores manifestaron su honda preocupación por el deterioro de la situación económica de Japón, país en el que las perspectivas de una recuperación a corto plazo siguen siendo muy inciertas—sobre todo teniendo en cuenta la persistencia de una escasa confianza dentro del país, el debilitamiento de la demanda externa, y el limitado margen de maniobra en el frente macroeconómico. Notaron con optimismo la decisión anunciada por el nuevo gobierno de subsanar las debilidades fundamentales de los sectores bancario y empresarial y de seguir adelante con las reformas en términos más generales, e instaron a que se apliquen enérgicas medidas correctivas. Es cierto que estas medidas podrían desacelerar el crecimiento a corto plazo, pero los directores destacaron también el aumento de la confianza en las futuras perspectivas económicas de Japón que se obtendría con una resuelta implementación de una amplia serie de reformas. No obstante, sería importante que la política macroeconómica respaldara la actividad en la mayor medida posible. En este sentido, recomendaron que se aproveche toda la flexibilidad que permite el nuevo marco de política monetaria y que se actúe con cautela al eliminar los estímulos fiscales hasta que sea evidente que se ha iniciado la recuperación. Los directores recomendaron que en el cuarto trimestre se anuncie un moderado presupuesto complementario y también el cambio de prioridades—de obras públicas a gasto—para facilitar la reestructuración económica, incluidas las medidas reforzadas de seguridad social, y exhortaron a mantener este rumbo.

Los directores observaron que desde mediados de 2000 la evolución de las economías en la zona del euro ha ido perdiendo velocidad a consecuencia del menor aumento del ingreso real y de las exportaciones, al que han de sumarse los efectos secundarios de la desaceleración mundial, que reflejan la creciente vinculación internacional de los sectores empresarial y financiero. El tipo de cambio aún muy competitivo, la desaparición de ciertas perturbaciones recientes en los precios y la reducción de los impuestos deberían mejorar las posibilidades de recuperación pero, sin embargo, coincidieron en que persisten ciertas incertidumbres, sobre todo si dicha recuperación se demora en el plano mundial o si la confianza de los consumidores sigue vacilante. En vista de esta situación, los directores mostraron su satisfacción por la disminución de las tasas de interés dispuesta reciente por el Banco Central Europeo y sugirieron a las autoridades que continúen tratando de lograr el equilibrio entre la necesidad de mantener la credibilidad de la decisión tomada sobre la estabilidad de los precios y la conveniencia de recurrir a una mayor flexibilización, si se justifica. En la esfera fiscal, coincidieron en que debe permitirse la fluctuación de este ingreso de acuerdo con el ciclo, al tiempo que se mantienen las metas de gasto conforme a los programas de estabilidad a mediano plazo, aunque en opinión de algunos directores únicamente en los países que tienen una posición presupuestaria sólida, cabe pensar en un pleno funcionamiento de los estabilizadores automáticos. En términos generales, todos subrayaron cuán importante es acelerar las reformas estructurales, entre ellas, la de los mercados laborales y los sistemas públicos de jubilación, para poder intensificar el aumento del producto potencial, disminuir el desempleo y aliviar las futuras presiones fiscales.

Los países de mercados emergentes

Los directores observaron que en América Latina el crecimiento ha disminuido muchísimo, debido a varios factores: la desaceleración mundial, las menores entradas de capital, y una diversidad de factores que son específicos de cada país, incluida la difícil situación por la que atraviesa Argentina. Puesto que en general muchos países de la región tienen grandes necesidades de financiamiento externo, les queda relativamente poco margen para aplicar políticas monetarias y fiscales anticíclicas que sean propicias y, de hecho, algunos las han hecho más restrictivas para mantener la confianza externa y evitar una dinámica adversa en materia de deuda. En este contexto, los directores mostraron su satisfacción por el nuevo programa de ajuste anunciado en Argentina y subrayaron que es necesario implementar totalmente la ley de déficit cero y reformar los mecanismos fiscales entre el estado nacional y los provinciales, y también por el programa económico reforzado de Brasil y la aplicación de políticas fiscales más restrictivas en México. Destacaron que, no obstante, la situación sigue siendo endeble y que las autoridades tendrán que vigilar de cerca la forma en que evoluciona y estar dispuestas a tomar medidas adicionales si es necesario.

En el caso de la mayoría de los mercados emergentes de Asia, con la notable excepción de China, los directores mencionaron que el crecimiento ha perdido mucha velocidad a partir de mediados de 2000 y que se han visto afectados en especial los países expuestos a la desaceleración mundial del sector de la tecnología avanzada. Consideraron que las perspectivas de lograr un crecimiento más sólido en 2002 dependen principalmente de la recuperación de la economía mundial y del ciclo de la electrónica y, además, de lo que ocurra en la economía de Japón. Los directores estuvieron de acuerdo en que las políticas macroeconómicas deben seguir respaldando la actividad en la mayor medida posible, aunque en algunos casos no habrá muchas posibilidades de maniobrar en razón de los grandes niveles de déficit o de deuda. Asimismo, destacaron que habrá que tratar de superar con mayor celeridad las debilidades del sector financiero, y las de las empresas, al igual que otras debilidades estructurales. Al ponderar el dinamismo de la economía china, los directores alentaron a las autoridades para que sigan adelante con las reformas tendientes a afianzar el sector bancario y reestructurar las empresas estatales.

Los directores observaron que se prevé una cierta moderación del aumento del PIB en casi todos los países emergentes de Europa, básicamente por la desaceleración que se observa en Europa occidental. Si bien en cada país hay una combinación determinada de políticas a corto plazo que resulta adecuada según la situación cíclica, los directores convinieron en que las políticas a mediano plazo deben mantener un firme rumbo hacia el objetivo del ingreso a la UE y el saneamiento de las finanzas públicas, en especial porque es necesario disminuir los grandes déficit en cuenta corriente externa y ocuparse de las presiones que impone el envejecimiento de la población. Indicaron que las amplias reformas y las medidas de estabilización que está aplicando Turquía todavía no se han traducido en una disminución de las tasas internas de interés real que favorecerían el crecimiento y la sostenibilidad de la deuda y recalcaron que es fundamental seguir implementando cabalmente el programa para afianzar la confianza en el ámbito interno y externo.

Los directores manifestaron que en el caso de Rusia y otros países de la CEI, el crecimiento es relativamente sólido, después de haber declinado en relación con un nivel excepcionalmente alto en 2000. Las autoridades de Rusia y de otros países exportadores de energía deben encontrar el equilibrio entre lograr una situación de liquidez suficientemente restringida como para mantener una inflación baja y evitar una apreciación rápida y excesiva del tipo de cambio real. Recalcaron que preocupa mucho el gran volumen de deuda externa en varios de los países más pobres de la CEI, situación que habrá que seguir de cerca. En la mayoría de los países de esta región sigue siendo esencial acelerar la reforma estructural—sobre todo fortalecer las instituciones y la gestión de gobierno, reestructurar las empresas y el sector financiero y transformar el papel que compete al Estado.

Los directores señalaron que se prevé que el crecimiento será razonablemente sostenido en África en 2001, aunque las perspectivas dependerán de los acontecimientos externos y de la situación de cada país en materia de seguridad. Aunque los precios más altos del petróleo y el gas han permitido el repunte de los países exportadores de energía, en otros, la persistente debilidad de la mayoría de los precios de los productos básicos distintos del combustible siguen actuando como freno. Observaron que en un número cada vez mayor de países las sanas políticas macroeconómicas y estructurales que se aplican sirven de fundamento para el crecimiento, pero que en algunos las perspectivas de crecimiento y de reducción de la pobreza siguen oscurecidas por incertidumbres de índole económica y política, y hasta por constantes conflictos. Coincidieron en que es necesario tomar medidas en un frente muy amplio a fin de mejorar el clima para la inversión, la diversificación y el crecimiento; entre algunas medidas fundamentales cabe mencionar el fortalecimiento de los servicios de educación, de atención de la salud y otros prestados por el sector público, la resolución y prevención de los conflictos, el mejoramiento de la gestión de gobierno y la liberalización del comercio.

Los directores mencionaron que, en el Oriente Medio, se prevé que el crecimiento se moderará en 2001, debido a las menores cuotas de producción y los precios más bajos del petróleo, el debilitamiento de las perspectivas mundiales y el deterioro en materia de seguridad. Se mostraron satisfechos por la austeridad fiscal de los países productores de petróleo que procuran evitar los ciclos de auge y caída producidos por las fluctuaciones anteriores de estos precios y subrayaron la importancia de mantener una firme política macroeconómica, continuar con la liberalización del comercio y mejorar la situación de las empresas a fin de fomentar la diversificación y el crecimiento.

Los directores examinaron desde muchos ángulos el efecto de la revolución de la TI en la macroeconomía y expresaron que, hasta la fecha, esta revolución ha seguido a grandes rasgos lo ocurrido en anteriores revoluciones tecnológicas, con una fase inicial caracterizada por una pronunciada alza y una precipitada caída de los precios de las acciones de las empresas innovadoras y también de los bienes que aprovechan la nueva tecnología. Observaron que el rápido avance en producción de TI ya se ha traducido, gracias a la reducción de los precios relativos, en significativos beneficios económicos, incluso una mayor intensificación del uso de capital y un aumento del superávit del consumidor. A pesar de la retracción actual, en su opinión esta revolución seguirá teniendo un efecto positivo en la economía mundial durante bastante tiempo a medida que las actividades se reorganizan de modo de aprovechar la TI. Los directores destacaron que para muchos países es importante reforzar más las políticas estructurales, entre ellas las del mercado laboral y las que se relacionan con el mejoramiento de la formación de capital humano, a fin de facilitar la reorganización de la producción y permitir el pleno aprovechamiento de los beneficios de la TI.

Los directores mostraron su satisfacción por el análisis de las repercusiones que tiene la integración financiera en el plano internacional para los países en desarrollo. Puesto que en estudios empíricos se ha determinado que hay una relación positiva débil entre la liberalización de la cuenta de capital internacional y el crecimiento económico, consideraron que estos resultados tienen que evaluarse teniendo en cuenta una diversidad de factores, entre ellos la índole parcial de los análisis realizados hasta ahora, la medida en que los países incluidos en la muestra cumplen las condiciones preliminares tanto macroeconómicas como institucionales para lograr una exitosa liberalización de la cuenta de capital y los diversos efectos de los distintos tipos de entradas de capital en el mejoramiento de las perspectivas de crecimiento. Destacaron los significativos beneficios a largo plazo que puede tener la liberalización de esta cuenta por medio del aumento de la inversión interna y el desarrollo de los mercados financieros de los países y mencionaron en especial la provechosa función que cumple la inversión extranjera directa y las repercusiones que tiene la transferencia de tecnología en el resto de la economía. Al mismo tiempo coincidieron en que la apertura de los mercados financieros al resto del mundo es un proceso complejo y difícil que puede entrañar riesgos significativos, ya que expone a los países a la volatilidad financiera y a los bruscos cambios de dirección de los flujos de capitales. Por lo tanto, para los países en desarrollo, el desafío es maximizar, con el tiempo, los beneficios netos de la liberalización. Los directores estuvieron de acuerdo en que esto exige la implementación de unas políticas formuladas con detenimiento en una diversidad de áreas que tengan en cuenta las circunstancias específicas y la etapa de desarrollo de cada país. Tomando como base lo acontecido en los países, llegaron a la conclusión de que si bien no existe una regla simple para determinar la secuencia, la velocidad ni el orden que convienen la liberalización de la cuenta de capital, como norma, esas reformas necesitan el respaldo de una política macroeconómica coherente y de un marco institucional suficientemente sólido, sobre todo en el sector financiero.

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