Chapter

Capítulo I. Perspectivas y Desafíos de Política Económica

Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
December 2001
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Desde que se publicó la edición de mayo de 2001 de Perspectivas de la economía mundial, el panorama para 2001-02 se deterioró aún más y los riesgos de que los resultados sean más desfavorables que los proyectados se exacerbaron debido a los recientes atentados terroristas en Estados Unidos (véase el recuadro 1.1). Se redujeron las proyecciones de crecimiento para casi todas las regiones como reflejo de distintos factores, entre ellos, repercusiones más graves de las previstas de la desaceleración mundial en varias de ellas; el retraso de la recuperación de Estados Unidos; el aumento más débil de la demanda interna y de la confianza en Europa; las perspectivas de un período de crecimiento más lento en Japón dado que este país sigue emprendiendo reformas estructurales (aunque esto tendrá beneficios considerables en el mediano plazo); la continua contracción del gasto en tecnología de la información, que afecta en particular a Asia, y el deterioro de las condiciones de financiamiento en los mercados emergentes, sobre todo en América Latina. El aumento del PIB se está desacelerando en casi todas las regiones del mundo y al mismo tiempo se produce una aguda reducción del crecimiento del comercio exterior. Ante esta situación, muchos países—especialmente Estados Unidosadoptaron medidas macroeconómicas más expansivas, siendo las más recientes las de mediados de septiembre tras la ofensiva terrorista. Esto, aunado a la disminución paulatina de los precios del petróleo y de otras conmociones que contribuyeron a la desaceleración, ayudaría a sustentar la actividad económica y la confianza en el futuro. No obstante, persisten sustanciales incertidumbres y riesgos porque esta fase descendente del ciclo vuelve al mundo más vulnerable ante nuevos imprevistos y sigue existiendo el riesgo significativo de una desaceleración más profunda y prolongada. El reciente ataque terrorista ha acrecentado la incertidumbre. La difícil tarea que tienen ahora ante sí las autoridades es encontrar la mejor manera de poner límite a estos riesgos de que la situación siga deteriorándose y fomentar una resolución ordenada de los desequilibrios de la economía mundial en el mediano plazo.

Las nuevas proyecciones indican un crecimiento mundial del 2,6% en 20011 0,6 puntos porcentuales más bajo de lo que se preveía en la edición de mayo de 2001 de Perspectivas de la economía mundial, y arriba de 2 puntos porcentuales menos que el ritmo excepcionalmente rápido que caracterizó al año 2000 (cuadro 1.1 y gráfico 1.1). En las economías avanzadas, se proyecta un crecimiento de 1,3% en Estados Unidos, 0,2 puntos porcentuales menos que en la edición de mayo de 2001, y se espera que la actividad económica comience a repuntar moderadamente en el futuro a medida que comiencen a sentirse los efectos de la flexibilización adoptada previamente. Se han deteriorado más significativamente las perspectivas para otros países industriales. En la zona del euro, se han reducido 0,6 puntos porcentuales las proyecciones de crecimiento, ubicándose ahora en 1,8%, debido a una acusada contracción del aumento de la demanda interna, sobre todo en Alemania y las repercusiones más fuertes de lo previsto de la desaceleración mundial. Lo que más preocupa es que las perspectivas para japón son cada vez más sombrías. Según las proyecciones actuales, el PIB bajará 0,5% en 2001, arriba de un punto porcentual más de lo que se preveía anteriormente, por lo que probablemente Japón esté experimentando su cuarta recesión en los últimos 10 años2.

Cuadro 1.1.Panorámica de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial(Variación porcentual annual; salvo indicación contraria)
Proyecciones

actuales
Diferencia con las

proyecciones de

mayo de 20011
199920002001200220012002
Producto mundial3,64,72,63,5–0,6–0,4
Economías avanzadas3,43,81,32,1–0,6–0,6
Principales economías avanzadas3,03,41,11,8–0,5–0,6
Estados Unidos4,14,11,32,2–0,2–0,3
Japón0,81,5–0,50,2–1,1–1,3
Alemania1,83,00,81,8–1,1–0,8
Francia3,03,42,02,1–0,6–0,5
Italia1,62,91,82,0–0,2–0,5
Reino Unido2,33,12,02,4–0,6–0,4
Canadá5,14,42,02,2–0,3–0,2
Otras economías avanzadas4,95,31,93,3–1,1–0,5
Partidas informativas
Unión Europea2,73,41,82,2–0,6–0,6
Zona del euro2,73,51,82,2–0,6–0,6
Economías asiáticas recientemente industrializadas7,98,21,04,3–2,8–1,2
Países en desarrollo3,95,84,35,3–0,7–0,3
África2,52,83,84,4–0,4
América0,24,21,73,6–2,0–0,8
Brasil0,84,52,23,5–2,3–1,0
Oriente Medio, Malta y Turquía1,06,02,34,8–0,60,2
Países en desarrollo de Asia6,16,85,86,2–0,1–0,1
ASEAN-422,85,02,44,1–1,0–0,6
China7,18,07,57,10,5
India6,86,04,55,7–1,1–0,4
Países en transición3,66,34,04,1–0,1
Europa central y oriental2,03,83,54,2–0,4–0,2
Comunidad de Estados Independientes y Mongolia4,67,84,44,00,3–0,1
Rusia5,48,34,04,0
Excluida Rusia2,86,85,44,11,2–0,3
Volumen del comercio mundial (bienes y servicios)5,312,42,75,2−4,0−1,3
Importación
Economías avanzadas7,611,51,74,7–5,0–1,8
Países en desarrollo2,116,66,48,0–2,40,1
Países en transición–7,812,910,17,91,51,0
Exportación
Economías avanzadas5,011,51,74,5–4,5–1,7
Países en desarrollo4,615,15,06,6–2,1–0,4
Países en transición0,216,57,16,52,51,4
Precios de los productos primarios
Petróleo3
En DEG36,562,6–1,4–8,86,33,1
En dólares de EE.UU.37,556,9–5,0–8,64,63,2
Otros productos (promedio basado en ponderaciones de la exportación mundial de productos básicos)
En DEG–7,76,41,04,2–1,6–0,2
En dólares de EE.UU.–7,02,6–2,64,5–3,1
Precios al consumidor
Economías avanzadas1,42,32,41,70,3–0,1
Países en desarrollo6,86,05,95,10,20,3
Países en transición43,920,016,410,71,10,7
Tasa interbancaria de oferta de Londres a seis meses (LIBOR, porcentaje)
Sobre los depósitos en dólares de EE.UU.5,56,64,13,7–0,4–0,6
Sobre los depósitos en yenes0,20,30,20,1–0,2–0,4
Sobre los depósitos en euros3,04,64,33,9–0,1–0,2
Notas: Se ha partido de la hipótesis de que los tipos de cambio efectivos reales se mantienen constantes en los niveles vigentes durante el período comprendido entre el 23 de julio y el 17 de agosto de 2001

Utilizando ponderaciones actualizadas de la paridad de poder adquisitivo (PPA), que se resumen en el cuadro A del apéndice estadístico.

Incluye Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Promedio simple de los precios de entrega inmediata de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai y West Texas Intermedíate En 2000 el precio promedio del petróleo fue $28,21 el barril; se supone que el precio será $26,80 en 2001 y $24,50 en 2002

Notas: Se ha partido de la hipótesis de que los tipos de cambio efectivos reales se mantienen constantes en los niveles vigentes durante el período comprendido entre el 23 de julio y el 17 de agosto de 2001

Utilizando ponderaciones actualizadas de la paridad de poder adquisitivo (PPA), que se resumen en el cuadro A del apéndice estadístico.

Incluye Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Promedio simple de los precios de entrega inmediata de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai y West Texas Intermedíate En 2000 el precio promedio del petróleo fue $28,21 el barril; se supone que el precio será $26,80 en 2001 y $24,50 en 2002

Gráfico 1.1.Indicadores mundiales1

(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)

Se proyecta que el crecimiento mundial se desacelerará en forma pronunciada en 2001, y que la inflación se mantendrá en un nivel bajo.

1La franja sombreada indica proyecciones del personal técnico del FMI. Los agregados se calculan tomando como base ponderaciones de la paridad de poder adquisitivo, salvo indicación contraria.

2Tasa de crecimiento medio en los distintos países, agregadas usando ponderaciones de la paridad de poder adquisitivo; éstas varían gradualmente en favor de los países de crecimiento más rápido, debido a lo cual la línea adquiere una tendencia ascendente.

3Promedio ponderado en función del PIB de las tasas de rendimiento de los bonos del Estado a 10 años (o el vencimiento más próximo a 10 años) descontada la tasa de inflación en Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Italia, el Reino Unido y Canadá. No se incluye Italia antes de 1972.

Se han deteriorado también las perspectivas para la mayoría de los países en desarrollo y en transición. El crecimiento fue revisado a la baja en forma acusada en América, donde la actividad económica ha sufrido los efectos nocivos de las renovadas dificultades económicas de Argentina, así como incertidumbre política y otros choques, como la crisis de energía de Brasil, Se han desacelerado asimismo las entradas de capital en la mayoría de los países—con excepción de México—, lo que inquieta dadas las cuantiosas necesidades de financiamiento externo de la región. En las economías emergentes de Asia, si bien el crecimiento de China mantiene su capacidad de recuperación, muchos países han sido golpeados duramente por la desaceleración del crecimiento mundial y el giro desfavorable que ha tomado el ciclo del sector electrónico, cuyo impacto fue exacerbado por los vínculos comerciales intrarregionales y lo sucedido en Japón. Las perspectivas de crecimiento se debilitaron moderadamente también en el Oriente Medio debido a la baja de los precios del petróleo y a los recortes de la producción, además de la crisis que está padeciendo Turquía. El crecimiento proyectado en África se redujo, pero aún se espera que sea más alto que en 2000, gracias a que fueron mejores las condiciones climatológicas y menguaron los problemas de seguridad en varios países. En cambio, las perspectivas para las economías en transición permanecieron prácticamente iguales, y las repercusiones de un crecimiento más lento en Europa serían contrarrestadas por una recuperación más firme de la prevista en varios países de la Comunidad de Estados Independientes, sobre todo Ucrania.

Este pronóstico no ha sido ajustado tras los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos. Es obvio que lo sucedido recientemente tendrá repercusiones en la actividad económica en el corto plazo y exacerba los ya significativos riesgos de un deterioro mayor del previsto, tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo. El ataque fue una terrible tragedia humana y provocó grandes daños a la propiedad, pero su impacto directo en la actividad económica de Estados Unidos probablemente sea moderado (como ocurrió, por ejemplo, con el terremoto de Kobe, Japón, el 11 de enero de 1995 y cuyos daños fueron en todo caso un poco mayores); además, todo parece indicar que la infraestructura financiera resistió bien en todo el mundo. No obstante, los efectos indirectos pueden ser considerables, e incluyen la posibilidad de un deterioro sostenido de la confianza de los consumidores, las empresas y el sector financiero, de una fuga hacia activos de calidad en los mercados financieros, lo que podría agudizar las debilidades existentes vinculadas con la estabilidad financiera o el financiamiento, y de una mayor volatilidad de los precios del petróleo. Aunque sería aún prematuro hacer una evaluación completa de esos riesgos, los recientes recortes de las tasas de interés en Estados Unidos, Canadá y Europa, acompañados de una flexibilización adicional moderada en Japón, ayudarán a dar sustento a la confianza y a la actividad económica.

Recuadro 1.1.El ataque terrorista: Impacto en las perspectivas mundiales

La última serie de proyecciones cuantitativas que se presentan en esta edición de Perspectivas de la economía mundial se concluyeron poco antes de los trágicos atentados del 11 de septiembre. Cabe preguntarse cómo podrían interpretarse estas proyecciones tras lo sucedido. En el momento de enviar esta publicación a la imprenta no cabía duda de que el ataque estaba perjudicando la actividad económica en muchas regiones del planeta y de que había exacerbado los riesgos, ya significativos, de que los resultados fueran menos favorables de lo que indicaban las previsiones a corto plazo en todo el mundo, incluso en las economías de mercados emergentes. Es importante, sin embargo, colocar la situación económica actual en su justa perspectiva. Si bien subsiste una fuerte incertidumbre en torno a lo que está ocurriendo, no debe perderse de vista el hecho de que en los últimos años han mejorado los fundamentos económicos en muchos países y en muchos respectos y, desde una ópúca económica, esto hace al mundo menos vulnerable. Estas mejoras, aunadas a la dinámica respuesta de los bancos centrales de todo el mundo, reduciría los riesgos de que se produzcan contracciones prolongadas en la confianza de los consumidores y los empresarios, inquietud que dominará los próximos meses.

Evidentemente, el ataque tuvo un fuerte impacto inicial en los mercados financieros, aunque la experiencia sugiere que éstos pueden reaccionar en un principio de manera exagerada. Durante las dos semanas posteriores cayeron entre un 5% y un 15% los índices de los principales mercados bursátiles de Estados Unidos, Europa y Japón. La situación fue aún peor en muchos mercados emergentes, sobre todo en América Latina y Asia oriental. Se produjo asimismo una amplia fuga de activos hacia refugios de calidad, como se puso de manifiesto en el abrupto incremento de los diferenciales entre los bonos de alto rendimiento y los bonos de mercados emergentes. Los precios del petróleo, que aumentaron inmediatamente después del atentado, volvieron a bajar a niveles mucho más bajos que los que prevalecían antes del 10 de septiembre. Las fluctuaciones de las principales monedas han sido relativamente moderadas, y el dólar de EE.UU. de debilitó ligeramente frente al euro y el yen.

Las entidades reguladoras nacionales, las autoridades financieras y los participantes del mercado demostraron que el sistema financiero mundial puede seguir funcionando bien pese a las dificultades y a un acto extremista totalmente imprevisto. La política monetaria de las principales economías respondió con dinamismo en apoyo del sistema de pagos mundial y fortaleció la confianza y la actividad. Las autoridades monetarias de Estados Unidos, la zona del euro, Japón, Suiza, Canadá y el Reino Unido inyectaron una cuantiosa liquidez en forma directa. La Reserva Federal inició acuerdos de swap temporales con el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Inglaterra y el Banco de Canadá para facilitar el funcionamiento de los mercados financieros y suministrar liquidez en dólares. Además. La Reserva Federal decidió recortar 50 puntos básicos de las tasas de interés el 17 de septiembre, tras lo cual el Banco de Canadá, el BCE y el Banco Nacional de Suiza decidieron rápidamente reducciones de la misma magnitud. También bajaron las tasas el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón y las autoridades monetarias de otras economías, entre ellas Dinamarca, Suecia, Nueva Zelandia, la RAE de Hong Kong y Corea. En Estados Unidos, las asignaciones presupuestarias adicionales para fines de defensa, reconstrucción y rescate de las empresas de transporte aéreo también sustentarán la actividad económica.

Si se hace abstracción de la incertidumbre respecto a la posibilidad de que continúe el conflicto, ¿cuál sería el impacto económico directo de lo sucedido el 11 de septiembre? El ataque fue horrendo en términos de las vidas humanas perdidas, pero el daño económico directo—en relación con la economía general de Estados Unidos—sigue siendo relativamente moderado, aun cuando determinados sectores quedaron muy afectados, en especial el transporte aéreo, los seguros y el turismo. Aunque es difícil encontrar un paralelo cercano en la historia reciente, el daño directo es mucho más reducido que el que provocó el terremoto de Kobe en enero de 1995, el cual, se comprobó después, tuvo repercusiones muy limitadas en el crecimiento del producto japonés (recuadro 1.3). Los efectos potenciales indirectos de los ataques—sobre el ánimo y el gasto de los consumidores, la confianza de los empresarios y la aversión al riesgo—probablemente sean mucho más importantes, porque son mucho más difíciles de evaluar y dependerán en gran medida de la evolución de los aspectos no económicos tras los atentados.

En el ámbito económico, son varias las razones para abrigar optimismo pero con cierta cautela. En primer lugar, en la mayoría de las economías principales se percibe un considerable estímulo por parte de la política económica, incluso mayor del que se había previsto antes del ataque terrorista. En segundo lugar, los fundamentos económicos en todo el planeta son considerablemente más sólidos que hace unos años, lo que se manifiesta en una inflación más baja, saldos más favorables de las finanzas públicas, más credibilidad de la política monetaria y, en muchos mercados emergentes, regímenes cambiarios más flexibles y menos vulnerabilidad externa. Tercero, los atentados no afectan sustancialmente el aumento de la productividad básica en la economía de Estados Unidos y en otras partes, y en definitiva de eso depende la prosperidad económica (véase el capítulo III).

Al enviar esta publicación a la prensa la situación era muy cambiante y hubiese sido prematuro tratar de cuantificar las repercusiones del ataque en el crecimiento de Estados Unidos y otras regiones. Evidentemente habrá un efecto en el corto plazo sobre la actividad, sobre todo en la última parte del año, en Estados Unidos y en otros países, pero sigue siendo razonable prever el comienzo de una recuperación en el primer semestre del próximo año. En cuanto a las proyecciones de esta edición, es probable que el efecto sobre el crecimiento mundial previsto en 2001 sea moderado, porque lo que ocurre en el tercer y cuarto trimestres del año tiene un impacto limitado en la tasa de crecimiento promedio de todo el año. No obstante, en 2002, es probable que el crecimiento mundial sea inferior al 3,5% proyectado.

En resumen, se han exacerbado los riesgos de que los resultados concretos sean menos favorables de lo que indican las proyecciones, aun cuando los canales económicos sean prácticamente los mismos. Se ha dificultado por lo tanto la tarea de los encargados de formular las políticas, tanto en países industriales como en países en desarrollo. Los requisitos básicos siguen siendo los que se plantean en el texto de esta edición, a saber:

  • La vigorosa respuesta de la política monetaria al ataque terrorista fue adecuada y todavía queda margen de maniobra, en distinta medida según el caso, si fuera necesario tomar nuevas medidas. En Japón, sobre todo, hay margen para una política monetaria mucho más expansiva, aun teniendo en cuenta las acertadas medidas adoptadas después del ataque del 11 de septiembre. Desde el ángulo fiscal, habría que dejar que operen los estabilizadores automáticos. En lo demás, lo mejor quizá sea esperar y ver qué sucede.
  • En vista de la incertidumbre imperante en Estados Unidos, otros países—especialmente los europeos y Japón—tendrán que apoyarse más en el crecimiento generado internamente, lo que destaca aún más la importancia de hacer avanzar las reformas estructurales.
  • El deterioro de las perspectivas mundiales ha agravado sin duda alguna las dificultades a las que se enfrentan las economías emergentes. Como los mercados son cada vez más sensibles a los resultados de las medidas de política, sigue siendo fundamental mantener encauzadas reformas estructurales y medidas macroeconómicas prudentes.

La desaceleración mundial que se registró desde principios de 2000 es producto de varios factores relacionados entre sí, entre los que cabe señalar la revaluación de la rentabilidad de las empresas y el ajuste conexo de las cotizaciones bursátiles; el aumento de los precios de la energía en 2000, que duró más de lo que se preveía inicialmente, y la adopción de una política monetaria más restrictiva a fines de 1999 y 2000, sobre todo en Estados Unidos y en la zona del euro, como respuesta a las crecientes presiones de la demanda. El debilitamiento de la actividad mundial estuvo acompañado de una reducción de la confianza de las empresas y los consumidores, que comenzó en Estados Unidos pero después se propagó a Europa (gráfico 1.2), la adopción de condiciones crediticias más restrictivas para algunos mercados emergentes de crucial importancia y una mayor aversión al riesgo. Entre estos factores, desempeñaron un papel particularmente importante el auge y la caída de las cotizaciones de las acciones de las empresas que se dedican a la tecnología de la información (TI) y el inevitable colapso de la inversión y la producción de esa tecnología. Como se explica en el capítulo III, las últimas revoluciones tecnológicas se caracterizaron por auges financieros insostenibles, en la mayoría de los casos vinculados con un exceso significativo de inversión en el sector en cuestión y la subsiguiente corrección. No obstante, el último episodio se ha distinguido por la globalización de la producción de TI, de manera que la contracción del gasto en esa tecnología—que por el momento muestra pocas señales de modificarse—ha tenido repercusiones particularmente generalizadas.

Gráfico 1.2.Indicadores de la confianza de los consumidores y las empresas en algunos países de la Unión Europea, Japón y Estados Unidos1

En Estados Unidos comenzó a estabilizarse la confianza de las empresas y de los consumidores tras caer pronunciadamente desde fines de 2000; en Europa, la confianza de las empresas también se ha debilitado, y recientemente ha descendido la confianza de los consumidores.

Fuentes: Confianza de los consumidores: para Estados Unidos, Conference Board; para los países europeos, la Comisión Europea. Confianza de las empresas: para Estados Unidos, el Departamento de Comercio de Estados Unidos, Purchasing Managers Composite Diffusion Index; para los países europeos, la Comisión Europea, y para Japón, el Banco de Japón.

1Los indicadores no son comparables entre países.

2Porcentaje de respuestas que revelan expectativas de mejora de la situación menos porcentaje de respuestas que prevén un deterioro.

Los encargados de formular la política económica, en general, actuaron con rapidez para dar mayor flexibilidad a las medidas de carácter macroeconómico, pero el impacto de los embates, dada su magnitud, fue inevitablemente contundente. Es más, dado que se trata de conmociones a nivel mundial, y habida cuenta de la intensificación de los vínculos comerciales y financieros entre los países, dicho impacto fue más rápido y más extenso de lo que muchos esperaban (y en algunos casos fue exacerbado por factores específicos en determinados países). Como resultado neto, se registró un crecimiento más lento en casi todas las principales regiones del mundo, acompañado de una aguda contracción del crecimiento del comercio exterior (gráfico 1.3). Si bien esto último fue evidente en todas las regiones, la caída fue particularmente grave para muchos mercados emergentes de Asia, porque dependen mucho del comercio de TI.

Gráfico 1.3.Crecimiento del producto, la producción industrial y el comercio mundiales

(Variación porcentual con respecto a cuatro trimestres antes)

El crecimiento del producto y la producción industrial se ha debilitado en casi todas las regiones del planeta, y estuvo acompañado de una brusca desaceleración del crecimiento de los flujos comerciales.

Fuentes: Bancos centrales y ministerios de Hacienda, y Boletín Mensual del Banco Central Europeo.

1Canadá, Estados Unidos, Japón, Reino Unido y zona del euro.

2Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela.

3Corea, Filipinas, Indonesia, Malasia, provincia china de Taiwán, RAE de Hong Kong, Singapur y Tailandia.

4Hungría, Israel. Polonia, Pakistán, República Checa, Rusia, Sudáfrica y Turquía.

5Por definición, exportaciones más importaciones de la región.

Los mercados financieros se mantuvieron volátiles, en parte debido al rápido cambio de las expectativas sobre la duración y la profundidad de la desaceleración y recientemente la creciente aversión al riesgo y la extensa huida hacia un refugio de calidad tras los atentados terroristas. En los mercados maduros hubo una subida temporal de las cotizaciones bursátiles en abril y mayo, pero desde entonces cayeron sensiblemente al recibirse información de que las utilidades de las empresas seguían siendo débiles y se habían deteriorado las perspectivas de crecimiento. Los mercados de valores de todos los países industriales se desplomaron después de lo ocurrido el 11 de septiembre (gráfico 1.4); los rendimientos de los bonos del Estado se comportaron en función de lo que fue sucediendo, aunque recientemente subieron los de largos períodos de vencimiento. En la mayoría de los países industriales bajaron las tasas oficiales, lo que redujo las tasas de interés a corto plazo y esto, a su vez, hizo más pronunciadas las pendientes de las curvas de rendimientos, aunque en diferente grado. En los mercados cambiarios, el dólar de EE.UU. siguió apreciándose en términos efectivos nominales hasta fin de julio, como reflejo de la continua confianza en la fortaleza relativa de la economía de Estados Unidos, en tanto que el yen y el euro se mantuvieron relativamente débiles3. En agosto y septiembre, sin embargo, al agitarse las inquietudes en torno a las perspectivas de crecimiento de Estados Unidos, el dólar se depreció moderadamente ante la mayoría de las principales monedas, y el euro regresó casi a su nivel en relación con el dólar de principios de año.

Gráfico 1.4.Evolución de los mercados financieros

Los mercados bursátiles y las tasas de interés cayeron sensiblemente desde 2000, sobre todo tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Pese a que se registró cierto fortalecimiento reciente, el euro y el yen se mantienen relativamente débiles frente al dólar de EE.UU.

Fuentes: Bloomberg Financial Markets, LP; Banco Central Europeo; Departamento de Tesorería del FMI; Nikkei Telecom, y WEFA, Inc.

1Promedio del mes.

2Tasa de interés de los depósitos a tres meses; los datos para la zona del euro anteriores a enero de 1999 son los correspondientes a Alemania.

3Tasa de interés de los bonos públicos a 10 años. Los rendimientos en la zona del euro hasta diciembre de 1998 se calculan tomando como base el rendimiento armonizado de los bonos públicos de cada país ponderado en función del PIB. Por lo tanto, las ponderaciones son los montos nominales en circulación de los bonos públicos en cada banda de vencimiento.

En los mercados emergentes, incidieron en la evolución financiera los mercados maduros, pero también factores específicos de los países. Durante el primer semestre de 2001, el diferencial de EMBI+ siguió siendo volátil, y el efecto positivo de la reducción de las tasas de interés en Estados Unidos quedó contrarrestado por una creciente aversión al riesgo y en algunos casos por el deterioro de los fundamentos económicos. Si bien hasta junio bajaron los diferenciales de la mayoría de los países de mercados emergentes, hubo aumentos considerables en Argentina—que también afectaron a Brasil— y Turquía. En julio se intensificaron las dificultades en Argentina y Turquía, y sus diferenciales se ampliaron sensiblemente, con efectos secundarios en otros países emergentes, sobre todo latinoamericanos. Pero, en general los efectos de contagio han sido moderados hasta ahora, en parte porque los inversionistas, preocupados cada vez más por evitar riesgos, ya habían tendido a diversificarse retirando capitales en todos los mercados emergentes, salvo en los créditos de más alta calidad, y también como resultado de un nivel relativamente bajo de apalancamiento en los mercados financieros. En el momento de enviar a la imprenta esta edición de Perspectivas de la economía mundial, habían aumentado acusadamente los diferenciales en los mercados de alto rendimiento y emergentes como secuela de los atentados terroristas, lo que reflejó una amplia fuga hacia activos de calidad acompañada de bajas significativas en los mercados bursátiles emergentes. Tras un débil primer trimestre, los flujos de financiamiento bruto se mantuvieron relativamente sólidos en el segundo, pero después volvieron a caer. Para todo el año 2001, se proyecta que la afluencia neta de capitales a los mercados emergentes adquirirá un valor negativo por primera vez desde mediados de los años ochenta (cuadro 1.2)4. Es más, dado el abrupto deterioro de las condiciones de financiamiento que se viene dando desde junio y la creciente aversión mundial al riesgo, sigue latente la posibilidad de que los resultados sean inferiores a los previstos.

Cuadro 1.2.Flujos netos de capital a las economías de mercados emergentes1(Miles de millones de dólares de EE.UU.)
1993199419951996199719981999200020012002
Total
Flujos netos de capital privado2139,1147,5205,5234,4119,169,158,60,5–1,471,0
Inversión privada directa neta57,681,497,5120,0145,8155,9153,1147,3162,7158,2
Inversión privada de cartera neta87,6112,843,887,848,1–2,031,71,5–0,224,0
Otros flujos netos de capital privado–6,1–46,864,226,7–74,8–84,9–126,2–148,3–163,9–111,2
Flujos oficiales netos50,35,524,10,162,255,49,51,419,6–3,5
Variación de las reservas3–64,3–69,8–117,7–109,1–61,9–44,4–87,6–112,7–81,5–83,8
Partida informativa
Cuenta corriente4–117,3–72,7–91,6–95,7–70,0–52,639,1128,169,614,5
África
Flujos netos de capital privado22,913,412,212,78,89,810,83,510,812,0
Inversión privada directa neta3,23,32,94,88,46,98,47,611,811,4
Inversión privada de cartera neta0,93,53,12,86,93,78,7–1,73,13,8
Otros flujos netos de capital privado–1,36,66,25,0–6,5–0,8–6,2–2,4–4,1–3,3
Flujos oficiales netos4,43,24,1–2,52,13,61,8–0,3–0,1–7,1
Variación de las reservas32,8–5,7–1,9–9,1–10,61,9–3,6–13,3–10,5–9,3
Partida informativa
Cuenta corriente4–11,3–11,8–16,6–6,0–7,8–20,6–15,52,1–3,9–6,4
América
Flujos netos de capital privado237,442,441,663,868,372,744,636,739,057,8
Inversión privada directa neta12,223,224,940,556,560,863,462,867,254,5
Inversión privada de cartera neta45,563,73,439,725,417,710,85,16,711,8
Otros flujos netos de capital privado–20,3–44,413,2–16,4–13,6–5,8–29,6–31,2–34,9–8,5
Flujos oficiales netos30,47,817,85,816,015,17,08,111,26,2
Variación de las reservas3–20,74,0–23,3–29,0–13,88,77,6–3,16,0–2,9
Partida informativa
Cuenta corriente4–45,9–52,0–37,1–39,8–66,8–90,4–56,3–48,6–57,9–62,4
Oriente Medio, Malta y Turquía7
Flujos netos de capital privado226,716,88,111,822,411,9–1,1–26,0–34,0–1,8
Inversión privada directa neta3,24,96,64,95,66,85,87,35,711,2
Inversión privada de cartera neta6,77,72,00,7–0,9–12,1–4,4–9,7–4,21,8
Otros flujos netos de capital privado16,94,2–0,56,217,717,2–2,4–23,6–35,5–14,7
Flujos oficiales netos5,13,14,36,54,31,91,41,58,8–4,6
Variación de las reservas31,2–4,7–11,3–22,0–20,810,6–6,3–25,0–26,5–21,7
Partida informativa
Cuenta corriente4–31,4–6,2–5,25,03,0–24,411,959,558,833,9
Países en desarrollo de Asia5
Países en crisis6
Flujos netos de capital privado230,835,054,974,1–5,9–31,9–18,3–19,8–28,9–15,1
Inversión privada directa neta6,76,510,311,710,211,48,95,16,66,0
Inversión privada de cartera neta25,013,318,627,68,8–9,013,16,9–4,50,3
Otros flujos netos de capital privado–0,815,226,034,7–25,0–34,3–40,3–31,9–31,0–21,5
Flujos oficiales netos3,21,18,6–4,414,117,3–3,31,81,0–2,7
Variación de las reservas3–20,0–6,5–18,0–5,339,4–46,9–39,3–23,9–0,2–8,1
Partida informativa
Cuenta corriente4–13,5–23,2–39,1–53,0–25,569,762,946,031,628,6
Otros mercados emergentes asiáticos
Flujos netos de capital privado221,634,136,549,822,3–14,18,94,36,611,6
Inversión privada directa neta26,438,239,645,649,648,543,041,844,543,8
Inversión privada de cartera neta0,97,52,13,5–0,1–6,30,7–3,3–6,21,9
Otros flujos netos de capital privado–5,7–11,6–5,20,6–27,2–56,2–34,8–34,2–31,6–34,1
Flujos oficiales netos8,22,5–3,7–7,9–7,20,22,1–9,3–2,51,6
Variación de las reservas3–16,8–51,6–25,4–41,6–46,8–16,8–38,7–25,8–28,4–27,2
Partida informativa
Cuenta corriente4–7,218,38,014,951,141,537,941,527,216,0
Partida informativa
RAE de Hong Kong
Flujos netos de capital privado211,6–8,51,03,81,6–2,6
Países en transición
Flujos netos de capital privado219,75,752,122,33,220,713,62,05,16,4
Inversión privada directa neta6,05,313,112,415,621,623,622,726,931,3
Inversión privada de cartera neta8,717,114,613,48,04,02,84,35,04,3
Otros flujos netos de capital privado5,0–16,824,5–3,6–20,3–4,9–12,8–25,0–26,7–29,1
Flujos oficiales netos–1,1–12,2–7,12,632,917,20,5–0,41,33,1
Variación de las reservas3–10,9–5,3–37,8–2,1–9,4–1,9–7,2–21,6–21,9–14,6
Partida informativa
Cuenta corriente4–7,92,3–1,7–16,7–24,0–28,5–1,927,513,94,8

Los flujos netos de capital comprenden la inversión directa neta, la inversión de cartera neta y otros flujos netos de inversión a largo y corto plazo, incluidos los empréstitos oficiales y privados. Los mercados emergentes incluyen los países en desarrollo, los países en transición, Corea, Israel, la provincia china de Taiwan y Singapur.

Debido a las limitaciones de datos, “otra inversión neta” podría incluir algunos flujos oficiales.

EI signo menos indica un aumento.

La suma del saldo en cuenta corriente, los flujos netos de capital privado, los flujos oficiales netos y la variación de las reservas equivale, con signo contrario, a la suma de la cuenta de capital y los errores y omisiones.

Incluye Corea, la provincia china de Taiwan y Singapur.

Corea, Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Incluye Israel.

Los flujos netos de capital comprenden la inversión directa neta, la inversión de cartera neta y otros flujos netos de inversión a largo y corto plazo, incluidos los empréstitos oficiales y privados. Los mercados emergentes incluyen los países en desarrollo, los países en transición, Corea, Israel, la provincia china de Taiwan y Singapur.

Debido a las limitaciones de datos, “otra inversión neta” podría incluir algunos flujos oficiales.

EI signo menos indica un aumento.

La suma del saldo en cuenta corriente, los flujos netos de capital privado, los flujos oficiales netos y la variación de las reservas equivale, con signo contrario, a la suma de la cuenta de capital y los errores y omisiones.

Incluye Corea, la provincia china de Taiwan y Singapur.

Corea, Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Incluye Israel.

Durante los cinco primeros meses de 2001, el nivel general de inflación continuó aumentando en la mayoría de las economías avanzadas (con la importante excepción de Japón), bajo el impulso de un acusado aumento previo de los precios de la energía y—sobre todo en Europa—de los precios de los alimentos por las enfermedades que atacaron al ganado y el mal tiempo. También aumentó la inflación subyacente, pero en la mayoría de los países sigue siendo moderada. Se espera que vuelvan a bajar los precios del petróleo y de los alimentos en el resto del año (apéndice I) y que las presiones de la inflación subyacente se mantengan moderadas como resultado de una demanda débil, la creciente competítividad de los mercados de productos y la mayor credibilidad de la lucha contra la inflación de los bancos centrales en el decenio precedente (recuadro 1.2, en la pág. 13). Se proyecta, en consecuencia, un notable descenso para 2002 del nivel general de inflación en casi todas las economías avanzadas (cuadro 1.3), y los datos recientes sobre la inflación de los países más avanzados revelan que la expectativa es viable. En algunas circunstancias podría preocupar la inflación: por ejemplo, si el aumento de la inflación general en la zona de euro se traduce en aumentos de sueldos y salarios en 2002, si la economía estadounidense repunta significativamente más rápido de lo previsto, o si se deteriora el crecimiento subyacente de la productividad. No obstante, en la coyuntura actual, la balanza de los riesgos se inclina claramente hacia una actividad más débil y no hacia una mayor inflación.

Cuadro 1.3.PIB real, precios al consumidor y desempleo en economías avanzadas(Variación porcentual anual y porcentaje de la población activa)
PIB realPrecios al consumidorDesempleo
199920002001200219992000200120021999200020012002
Economías avanzadas3,43,81,32,11,42,32,41,76,45,86,06,2
Principales economías avanzadas3,03,41,11,81,42,32,31,66,15,75,96,3
Estados Unidos4,14,11,32,22,23,43,22,24,24,04,75,3
Japón0,81,5–0,50,2–0,3–0,6–0,7–0,74,74,75,05,6
Alemania1,83,00,81,80,72,12,51,38,27,57,57,9
Francia3,03,42,02,10,61,81,81,111,29,58,78,5
Italia1,62,91,82,01,72,62,61,611,410,69,59,1
Reino Unido12,33,12,02,42,32,12,22,46,05,65,25,3
Canadá5,14,42,02,21,72,73,12,37,66,87,47,3
Otras economías avanzadas4,95,31,93,31,32,43,02,27,36,26,36,1
España4,04,12,72,82,23,43,62,515,914,113,012,6
Países Bajos3,73,51,42,22,02,34,92,53,22,83,63,9
Bélgica2,74,01,72,01,12,72,51,78,87,07,17,3
Suecia4,13,61,72,50,51,02,52,25,64,74,14,1
Austria2,83,31,62,60,52,02,32,03,93,73,73,6
Dinamarca2,13,21,42,02,53,02,42,35,65,25,25,4
Finlandia4,05,72,02,61,33,02,61,910,39,89,910,4
Grecia3,44,34,33,82,22,93,53,112,011,310,910,7
Portugal3,43,41,61,72,22,84,32,54,44,03,94,1
Irlanda10,911,56,34,92,55,24,03,25,64,33,74,0
Luxemburgo7,38,54,24,31,03,21,51,32,92,62,72,6
Suiza1,53,51,61,70,81,61,41,52,71,91,81,9
Noruega1,12,31,92,22,33,13,52,93,23,43,33,3
Israel2,66,20,75,45,21,11,02,08,98,89,08,6
Islandia4,13,61,70,73,45,16,35,71,91,41,42,0
Chipre4,55,14,24,01,84,12,22,53,63,53,63,8
Corea10,98,82,54,50,82,34,43,46,34,14,03,5
Australia24,73,82,33,81,54,54,22,07,06,36,86,7
Taiwan, provincia china de5,46,0–1,04,00,21,30,10,82,93,04,64,8
Hong Kong, RAE de3,010,50,64,0–4,0–3,7–1,40,66,35,05,65,3
Singapur5,99,9–0,24,00,11,41,51,73,53,13,23,1
Nueva Zelandia23,83,71,82,91,12,72,72,26,86,05,55,7
Partida informativa
Unión Europea2,73,41,82,21,42,32,61,89,18,17,77,7
Zona del euro2,73,51,82,21,22,42,71,79,98,88,48,4

Los precios al consumidor se basan en el índice de precios al por menor, excluidos los intereses hipotecarios.

Precios al consumidor, excluidas las tasas de interés: en el caso de Australia, también se excluyen otras partidas de gran variabilidad.

Los precios al consumidor se basan en el índice de precios al por menor, excluidos los intereses hipotecarios.

Precios al consumidor, excluidas las tasas de interés: en el caso de Australia, también se excluyen otras partidas de gran variabilidad.

En general, la coyuntura actual se caracteriza por un nivel extraordinariamente alto de incertidumbre y riesgos, tanto en las economías avanzadas como en los mercados emergentes. En primer lugar, debido a la ampliación de la desaceleración económica actualmente no hay ninguna región importante que sustente la actividad mundial. Esto hizo a la economía mundial más vulnerable a los embates y exacerbó el riesgo de una fase descendente que se alimente a sí misma con consecuencias que podrían ser difíciles de predecir habida cuenta de los vínculos cada vez más fuertes y complejos que existen entre distintas economías (capítulo II). En segundo lugar, un crecimiento más lento ejercerá presiones cada vez más fuertes sobre los sectores financieros y empresariales de varios países, especialmente en Japón, donde los bancos siguen expuestos a lo que sucede en los mercados bursátiles y de bonos. Tercero, si bien los mercados emergentes se benefician de la reducción de las tasas de interés mundiales, las condiciones del financiamiento siguen siendo volátiles, en parte como reflejo de la continua incertidumbre que impera en Argentina y Turquía. Por último, aún no queda claro cuáles serán las repercusiones de una desaceleración más aguda en los países industriales sobre el financiamiento a mercados emergentes, cuya estructura fue cambiando del financiamiento bancario a la inversión en mercados bursátiles y de bonos en los años noventa. Por último, como ya se mencionó, los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos agudizaron todos estos riesgos y añadieron la incertidumbre y la volatilidad de los precios del petróleo.

Estas perspectivas tienen que verse contra el telón de fondo de los grandes desequilibrios que se registraron en la economía mundial durante la reciente expansión, entre ellos el acusado déficit en la cuenta corriente de Estados Unidos ante posiciones relativamente fuertes en la cuenta corriente de varios otros países principales (cuadro 1.4); la sobrevaluación del dólar de EE.UU., sobre todo frente al euro; bajos índices de ahorro personal en Estados Unidos, y mercados bursátiles muy sobrevaluados—por lo menos antes del ataque terrorista—en comparación con su desempeño histórico. Cabe preguntarse si las políticas y la evolución a corto plazo permitirán una resolución ordenada de estos desequilibrios, o si en realidad podrían empeorarlos, lo que elevaría el riesgo de que se produzca un ajuste más acusado y desordenado más adelante. Esas inquietudes se agudizan con la debilidad del crecimiento fuera de Estados Unidos y—en parte en relación con ello—la actual constelación de tipos de cambio. Pese a lo ocurrido recientemente, la continua solidez del dólar frente al euro puede inhibir la recuperación de ese país y a la vez reducir el margen de maniobra para adoptar una política monetaria más expansiva en la zona del euro. Esta situación limita la posibilidad de reequilibrar, como sería conveniente hacerlo, las fuentes externas e internas de crecimiento en ambas regiones y dificulta la resolución ordenada de los desequilibrios mundiales.

Cuadro 1.4.Saldo en cuenta corriente en algunas economías(Porcentaje del PIB)
1999200020012002
Economías avanzadas−0,5−1,0−0,9−0,8
Principales economías avanzadas–1,0–1,6–1,5–1,4
Estados Unidos–3,5–4,5–4,0–3,8
Japón2,42,52,22,6
Alemania–0,9–1,0–0,8–0,5
Francia2,61,82,52,6
Italia0,5–0,5–0,10,1
Reino Unido–1,1–1,7–1,7–2,0
Canadá0,22,51,90,9
Otras economías avanzadas2,02,12,12,1
España–2,1–3,2–2,3–2,1
Países Bajos4,14,44,84,6
Bélgica-Luxemburgo5,04,84,64,8
Suecia3,52,62,22,1
Austria–3,2–2,9–2,9–2,6
Dinamarca1,51,72,22,5
Finlandia6,07,45,95,3
Grecia–4,1–6,8–6,5–6,4
Portugal–8,8–10,1–9,4–8,7
Irlanda0,4–0,7–1,2–2,2
Suiza11,612,910,710,9
Noruega4,014,315,014,4
Israel–3,0–1,3–3,1–2,7
Islandia–7,0–10,3–9,6–6,5
Chipre–2,4–5,0–3,6–3,0
Corea6,02,42,62,1
Australia–5,8–4,0–3,0–2,8
Taiwan, provincia china de2,92,92,52,6
Hong Kong, RAE de7,35,46,67,5
Singapur25,923,721,019,8
Nueva Zelandia–6,7–5,6–4,0–3,8
Partida informativa
Unión Europea0,3–0,30,1
Zona del euro10,4–0,10,30,4

Calculado como la suma de los saldos de cada uno de los países de la zona del euro.

Calculado como la suma de los saldos de cada uno de los países de la zona del euro.

Recuadro 1.2.¿Cuánto debe preocuparnos un nivel más alto de inflación general?

Dado que se está desacelerando la inflación en todo el mundo, cabe preguntarse ¿cuán expansiva debería ser la política monetaria para impulsar la actividad económica? En realidad, eso depende de las perspectivas de inflación a corto plazo y de las inquietudes a más largo plazo sobre la credibilidad de las medidas antiinflacionarias. Además, la situación se complica porque la evolución de la inflación ha quedado oculta tras conmociones de precios que han subido el nivel general de inflación en muchos países (entre ellos los de la zona del euro y Estados Unidos) pese a que es más lento el crecimiento real. Si se hace abstracción de esas conmociones, se observa que las presiones inflacionarias se han mantenido débiles. ¿Deberían preocuparse las autoridades por el aumento de la inflación general o sería mejor que se centraran en medidas relativas a los precios subyacentes?

La decisión de centrar la atención en la inflación subyacente y no en la inflación general depende de los factores que impulsan a los precios en los distintos mercados1. En algunos, sobre todo los de productos primarios, tiende a asociarse una abrupta fluctuación de los precios con oscilaciones de la oferta y la demanda que son específicas de esos mercados pero que no reflejan presiones inflacionarias generalizadas. Los mercados de trabajo, en cambio, tienden a ajustarse con lentitud ante desequilibrios más amplios entre la oferta y la demanda agregadas. Por ende, las conmociones que son peculiares de los mercados de productos primarios tenderán a modificar una sola vez el nivel de precios, en tanto que los desequilibrios de los mercados de trabajo pueden vincularse a períodos mucho más largos de variaciones de precios.

Resultados de la regresión del nivel general de inflación y de la inflación subyacente del IPC
Parámetro de la inflación desfasada 12 meses1
Variable dependienteGeneralSubyacente
1965M1–1982M12
General en Estados Unidos1,51 (6,7)–0,94 (3,6)
Subyacente en Estados Unidos1,22 (7,9)–0,54 (3,1)
1983M1-2001M4
General en Estados Unidos0,14 (0,5)0,15 (0,6)
Subyacente en Estados Unidos0,14 (0,6)0,40 (1,6)
1997M1-2001M2
General en la zona del euro0,30 (1,0)–1,40 (2,0)
Subyacente en la zona del euro0,26 (0,4)–0,37 (2,3)

Entre paréntesis figuran los valores absolutos del estadístico t, ajustados en función de los términos de error de MA(12). Se omitieron los términos constantes en las regresiones.

Entre paréntesis figuran los valores absolutos del estadístico t, ajustados en función de los términos de error de MA(12). Se omitieron los términos constantes en las regresiones.

También se ha sugerido la conveniencia de considerar el nivel general de inflación. En primer lugar, las conmociones del nivel de precios pueden dar lugar a un mayor aumento de los salarios si se ven afectadas las expectativas de quienes determinan los salarios. En segundo lugar, las que parecen ser conmociones aisladas de precios podrían reflejar condiciones generales de exceso de demanda que se manifiestan primero en mercados donde los precios son flexibles. Estos fenómenos se observaron en los años setenta, cuando hubo sacudidas de precios en determinados mercados acompañadas de una aceleración de la inflación subyacente que persistió hasta los años ochenta.

Desde entonces se ha establecido mejor la credibilidad de las medidas antiinflacionarias de las autoridades monetarias, dado que éstas han respondido con firmeza para contrarrestar cualquier señal de presiones en ciernes. Cuando es mayor la credibilidad de las medidas adoptadas, las conmociones específicas de precios—como en el caso del petróleo durante la guerra del golfo Pérsico—no desataron una inflación generalizada. Es más, durante los años noventa los países industriales registraron las tasas más bajas de inflación sostenida desde los años cincuenta, lo que sugiere que las sacudidas de precios deben preocupar hoy en día menos que en algunos períodos pasados.

Las pruebas estadísticas de la relación entre la inflación general y la subyacente también sustentan el punto de vista de que las conmociones de precios preocupan menos en la actualidad. Durante 1965-82, el principal factor que explicaba la inflación en Estados Unidos (general o subyacente) era la inflación general pasada, en tanto que el efecto de la inflación subyacente desfasada era en realidad negativo (véase el cuadro). En otras palabras, las conmociones de precios que abrieron un diferencial cada vez mayor entre la inflación general y la subyacente tendieron a provocar incrementos más duraderos en ambas medidas de inflación. Los resultados para 1983-2001 son muy diferentes: los parámetros de ambas tasas de inflación desfasada son pequeños y estadísticamente insignificantes, salvo el parámetro de la de inflación subyacente desfasada en su propia ecuación. Si bien las limitaciones de datos para la zona del euro impiden una comparación en los mismos periodos, en una muestra relativamente breve de 1997-2001, la inflación general desfasada en la zona del euro vuelve a desempeñar un papel mucho menos importante que durante el período 1965-82 para Estados Unidos.

¿Qué significan estos resultados para la política monetaria? El cambio que se observó en el comportamiento de la inflación desde principios de los años ochenta señala que debe darse poca importancia al efecto de las conmociones en el nivel general de precios. Es más, los indicadores de expectativas de inflación sugieren que las recientes sacudidas de precios tendrán efectos temporales: la mayoría de los pronósticos tiende a indicar reducciones significativas en la inflación de Estados Unidos y la zona del euro el próximo año, los pronósticos de los mercados sobre la inflación a largo plazo implícita en los rendimientos de los bonos vinculados a un índice siguen previendo un nivel bajo (véase el gráfico), y otros indicadores tradicionales de la inflación, como los precios del oro y de los productos primarios, no han sugerido presiones inflacionarias. Al mismo tiempo, el cambio de comportamiento de la inflación desde principios de los años ochenta también refleja cambios en el proceso de formulación de la política económica, sobre todo la decisión de los bancos centrales de frenar la inflación resistiendo los efectos de segunda vuelta de las conmociones temporales de los precios. Esa política seguirá gozando de credibilidad si las autoridades están dispuestas a aplicar medidas más restrictivas ante las primeras señales de que las conmociones de precios están alimentando las presiones inflacionarias subyacentes.

Expectativas de inflación derivadas de bonos vinculados a un índice

(Porcentaje)

Fuentes: Bloomberg Financial Markets, LP y cálculos del personal técnico del FMI.

1Según se define aquí, la inflación subyacente es el IPC general menos los precios de los alimentos y la energía para aislarlos de las perturbaciones temporales de la oferta en esos mercados. Esta medida también puede verse influida por conmociones de precios. Por ejemplo, la debilidad del euro elevó los precios de los productos importados en la zona del euro, en tanto que en Estados Unidos ocurrió exactamente lo contrario.

Como se plantea en varias ediciones recientes de Perspectivas de la economía mundial, un factor importante que está debajo de estos desequilibrios parece ser la creencia de que la tasa subyacente de productividad estadounidense creció en relación con otros países, lo que hace de Estados Unidos un entorno relativamente más atractivo para las nuevas inversiones. Esto, a su vez, dio lugar a una mayor afluencia de capitales, cotizaciones bursátiles en aumento y una apreciación del dólar, lo que acrecentó el déficit en cuenta corriente y provocó una caída en el ahorro personal de ese país. En la medida en que estos desequilibrios hayan tenido origen en esos factores, su evolución futura—y los riesgos vinculados con ellos—dependerá mucho de cómo avance el incremento previsto y efectivo de la productividad en Estados Unidos y en el resto del mundo. No cabe duda de que este asunto está—y seguirá estándolo—sujeto a debate y a una considerable incertidumbre. En Estados Unidos, si bien una parte del incremento reciente de la productividad efectiva fue probablemente cíclico, cierta proporción bien puede ser de índole más duradera y reflejar los beneficios de la revolución de la tecnología de la información (capítulo III). En la mayoría de los demás países avanzados—con la importante excepción de Australia—hay muchas menos pruebas de un incremento subyacente de la productividad, lo que indica que lo que ocurra en el futuro dependerá en gran medida del avance de la reforma estructural.

Pese a estos riesgos e incertidumbre, sigue siendo razonable esperar un repunte del crecimiento mundial en el futuro, aunque a un ritmo más lento del que se preveía antes, sobre todo después de los atentados terroristas. Es muy importante señalar que en la mayoría de los países avanzados se adoptaron políticas macroeconómicas más flexibles desde principios de año, y en Estados Unidos especialmente se ha acumulado un fuerte impulso. Al mismo tiempo, es probable que la actividad se vea cada vez más impulsada por un abatimiento de las conmociones de precios del petróleo y los alimentos que, según se observa, han tenido efectos particularmente importantes en la zona del euro; la conclusión de los ajustes de las existencias y, al desvanecerse el exceso de inversión del pasado, una recuperación en el sector de tecnología de la información (aunque no se sabe bien cuándo ocurrirá esto). Con este panorama y según el escenario de referencia del FMI, se proyecta que el aumento del PIB en Estados Unidos y la zona del euro comenzará a fortalecerse levemente en el futuro, aunque se atenuará el ritmo debido al efecto retrasado de las pérdidas pasadas de la riqueza en el consumo, así como a la contracción continua del exceso de inversión en TI, sobre todo en Estados Unidos, y al impacto de la ofensiva terrorista. Una demanda más fuerte de los países industriales, aunada a la recuperación del sector de TI, sustentaría un crecimiento más vigoroso en las economías de mercados emergentes y una mejora paulatina de las condiciones de financiamiento externo. Como resultado, se proyecta un aumento del crecimiento mundial a 3,5% en 2002, pero se advierte que es posible que no se concreten estas previsiones, sobre todo si se retrasa la recuperación en los principales países o si la confianza se debilita marcadamente como resultado de los atentados terroristas.

En este escenario de referencia sería limitada la moderación de los desequilibrios mundiales a corto plazo, y el déficit en cuenta corriente de Estados Unidos bajaría sólo en forma moderada en 2001-02. Mientras sigan percibiéndose como favorables las perspectivas de crecimiento futuro de Estados Unidos, sería razonable prever que se mantenga la afluencia de capitales. Y si se llevan a cabo reformas estructurales para impulsar el crecimiento y la productividad potenciales en Japón y la zona del euro, es probable que las oportunidades de inversión fuera de Estados Unidos se vuelvan cada vez más atractivas. Se reducirían, entonces, los flujos de capital dirigidos a Estados Unidos y el tipo de cambio del dólar, idealmente de manera gradual, lo que no atentaría contra una resolución ordenada de los desequilibrios mundiales5.

Con todo, dados los riesgos descritos, sigue existiendo un significativo peligro de que empeoren los resultados. Por ejemplo, si fuese decepcionante el aumento de la productividad de Estados Unidos y el exceso de inversión durante el reciente auge resultara ser más amplio y más difundido de lo que se cree actualmente, podrían debilitarse sensiblemente los mercados bursátiles en ese país, lo que vendría acompañado de una abrupta caída de la inversión fija y del consumo privado (que hasta ahora ha mantenido una relativa capacidad de recuperación). Como se explica en el apéndice II, esto podría dar lugar a una desaceleración mundial mucho más profunda y prolongada—similar a la que se registró a principios de los años ochenta y principios de los noventa—sobre todo si simultáneamente continúan las deficiencias estructurales y el crecimiento proyectado de la productividad en Europa y Japón es más débil que el que se supone en las proyecciones. También existiría la posibilidad de una fuerte turbulencia en los mercados financieros, que en algunas circunstancias incluye un posible descenso abrupto del valor del dólar. El impacto en los países en desarrollo sería considerable porque se produciría un nuevo deterioro de las condiciones del financiamiento externo; esto podría agravar los riesgos específicos de los países, lo que a su vez empeoraría la situación.

En este entorno, las autoridades de todos los países confrontan un reto particularmente difícil. Ante una sincronización cada vez mayor de la desaceleración, y con significativos riesgos de que los resultados concretos sean menos favorables de los previstos, las políticas macroeconómicas a corto plazo tienen que seguir sustentando la actividad económica y la confianza, y en algunos casos sería conveniente adoptar una postura más activa:

  • En Estados Unidos, los recientes recortes impositivos y la flexibilización de la política monetaria—junto con un aumento del gasto tras los atentados terroristas—deberían respaldar la actividad en el segundo semestre de 2001 y después, aunque esas medidas quedaron en parte contrarrestadas por la fortaleza del dólar. Las autoridades monetarias ya han reducido sensiblemente las tasas de interés, pero sigue habiendo un limitado margen para imponer nuevas reducciones si hubiese un nuevo deterioro de las perspectivas.
  • En Japón sigue siendo limitado el alcance de un nuevo estímulo por parte de la política macroeconómica. Se considera favorable la reciente orientación más expansiva que se imprimió a la política monetaria, pero aún hay margen para explotar con mayor dinamismo la flexibilidad que ofrece el nuevo marco monetario, aun si esto provoca una nueva depreciación del yen. En el frente fiscal, se está considerando un moderado presupuesto suplementario, medida que se considera adecuada porque las autoridades deberán evitar un retiro demasiado rápido del estímulo (cuadro 1.5).
  • En la zona del euro se consideran apropiados los recientes recortes de las tasas de interés. Si hubiese un nuevo y considerable deterioro de las perspectivas, y siempre que la inflación siga evolucionando favorablemente, podría concebirse una nueva flexibilización. Los recortes de impuestos que se pusieron en práctica en algunos países están dando un apoyo moderado a la actividad económica, y se deberá dejar que funcionen plenamente los estabilizadores automáticos para amortiguar los efectos de una actividad más débil.
Cuadro 1.5.Saldo fiscal y deuda del gobierno general en las principales economías avanzadas1(Porcentaje del PIB)
1985-94199519961997199819992000200120022006
Principales economías avanzadas
Saldo efectivo–3,8–4,1–3,4–2,0–1,3–1,0–0,8–0,70,6
Brecha de producción2–0,5–2,2–2,0–1,4–1,2–0,8–1,4–2,1–0,1
Saldo estructural–3,4–3,2–2,6–1,3–0,8–0,7–0,5–0,40,10,7
Estados Unidos
Saldo efectivo–4,7–3,3–2,4–1,30,71,91,21,21,3
Brecha de producción2–1,3–3,2–2,8–1,6–0,50,41,3–0,5–1,4
Saldo estructural–4,2–2,3–1,5–0,70,20,61,51,31,61,5
Deuda neta51,459,659,257,053,448,943,640,938,025,8
Deuda bruta65,772,972,870,366,763,457,354,150,735,9
Japón
Saldo efectivo0,6–3,5–4,2–3,2–4,5–7,0–8,2–7,4–6,5–1,3
Excluida la seguridad social–2,5–6,3–6,7–5,8–6,5–8,8–9,5–8,2–7,0–2,3
Brecha de producción21,1–1,20,40,4–2,5–3,1–3,1–4,8–5,7–0,2
Saldo estructural0,3–3,2–4,3–3,4–3,6–6,0–7,3–5,9–4,7–1,3
Excluida la seguridad social–2,9–6,0–6,9–5,9–6,0–8,2–9,0–7,4–6,1–2,4
Deuda neta13,512,716,017,529,536,043,551,057,259,6
Deuda bruta70,687,192,596,8110,2120,4130,7142,1150,9150,3
Zona del euro
Saldo efectivo–4,9–5,3–4,4–2,7–2,2–1,30,2–1,0–1,00,3
Brecha de producción2–0,3–1,3–2,0–1,9–1,3–1,1–0,1–0,8–1,2
Saldo estructural–4,3–3,1–1,5–1,3–0,7–0,7–0,7–0,40,2
Deuda neta46,165,265,865,664,063,060,759,658,450,4
Deuda bruta60,876,777,776,975,073,971,469,768,458,6
Alemania3
Saldo efectivo4–1,9–3,3–3,4–2,7–2,2–1,61,2–2,2–1,8
Brecha de producción2–0,20,2–0,9–1,4–1,3–1,4–0,3–1,5–1,7
Saldo estructural–1,4–3,3–2,7–1,6–1,2–0,7–1,1–1,4–0,8
Deuda neta24,949,451,152,252,052,451,650,950,944,9
Deuda bruta43,858,359,860,960,761,160,359,659,653,6
Francia
Saldo efectivo4–3,3–5,5–4,1–3,5–2,6–1,6–1,4–0,8–1,60,6
Brecha de producción2–0,3–2,7–3,3–3,1–1,8–1,2–0,3–0,8–1,2
Saldo estructural–2,9–3,7–1,9–1,5–1,4–0,9–1,1–1,0–1,00,6
Deuda neta28,345,848,149,649,848,948,048,847,441,5
Deuda bruta36,954,657,159,359,558,557,557,857,851,8
Italia
Saldo efectivo4–10,5–7,6–7,1–2,7–2,8–1,8–0,3–1,3–0,9–0,3
Brecha de producción2–0,1–1,1–2,0–2,3–2,4–2,7–1,8–2,0–2,0
Saldo estructural–10,4–7,0–6,2–1,7–1,8–0,6–0,7–0,5–0,1–0,2
Deuda neta93,2116,6116,0113,7110,1108,4104,4101,999,984,8
Deuda bruta99,5123,2122,6120,1116,2114,5110,2107,6105,689,8
Reino Unido
Saldo efectivo4–3,2–5,4–4,1–1,50,31,54,00,70,2
Brecha de producción20,4–1,1–0,9–0,4–0,10,3–0,3–0,6–0,2
Saldo estructural–2,5–4,4–3,4–1,00,51,51,60,70,50,2
Deuda neta26,637,046,545,042,339,535,131,529,426,1
Deuda bruta43,552,052,249,947,044,441,338,636,331,6
Canadá
Saldo efectivo–6,9–5,3–2,80,20,51,63,22,82,92,3
Brecha de producción2–2,0–4,4–5,3–3,6–3,3–1,60,2–0,6–1,3–0,7
Saldo estructural–5,6–2,80,12,12,12,53,13,23,62,6
Deuda neta66,388,687,884,181,274,966,360,054,736,3
Deuda bruta98,0120,4120,3117,6115,7112,3102,695,388,564,3
Nota: La metodología y los supuestos específicos para cada país se analizan en el recuadro A.1.

Los datos sobre la deuda se refieren al final del año; en el caso del Reino Unido se refieren al final de marzo.

Porcentaje del potencial.

Los datos anteriores a 1990 se refieren a Alemania occidental. En lo que respecta a la deuda neta, la primera columna se refiere a 1988-94. A partir de 1995, el gobierno general se hizo cargo de las obligaciones de amortización y servicio de la deuda del Fondo Fiduciario Alemán (y de varios otros organismos). Esta deuda es equivalente al 8% del PIB, y el correspondiente servicio de la deuda representa entre ½% y 1% del PIB.

Incluye ingresos de carácter excepcional provenientes de la venta de licencias de telefonía móvil equivalentes al 2,5% del PIB en 2000 en el caso de Alemania, 0,5% del PIB en 2001 en Francia, 1,2% del PIB en 2000 en Italia y 2,4% del PIB en 2000 en el Reino Unido.

Nota: La metodología y los supuestos específicos para cada país se analizan en el recuadro A.1.

Los datos sobre la deuda se refieren al final del año; en el caso del Reino Unido se refieren al final de marzo.

Porcentaje del potencial.

Los datos anteriores a 1990 se refieren a Alemania occidental. En lo que respecta a la deuda neta, la primera columna se refiere a 1988-94. A partir de 1995, el gobierno general se hizo cargo de las obligaciones de amortización y servicio de la deuda del Fondo Fiduciario Alemán (y de varios otros organismos). Esta deuda es equivalente al 8% del PIB, y el correspondiente servicio de la deuda representa entre ½% y 1% del PIB.

Incluye ingresos de carácter excepcional provenientes de la venta de licencias de telefonía móvil equivalentes al 2,5% del PIB en 2000 en el caso de Alemania, 0,5% del PIB en 2001 en Francia, 1,2% del PIB en 2000 en Italia y 2,4% del PIB en 2000 en el Reino Unido.

Al mismo tiempo, será importante que las medidas que se adopten no impidan una resolución ordenada de los desequilibrios mundiales en el mediano plazo. Si bien éstos han sido más pronunciados e inquietantes en Estados Unidos, no quiere decir que ese país deba asumir toda la responsabilidad de corregirlos. Por el contrario, como se indica previamente, son un reflejo no sólo del vigoroso crecimiento de Estados Unidos—y algunos excesos relacionados con él—sino también de un crecimiento relativamente débil en el resto del mundo, en parte porque no se resolvieron a tiempo problemas estructurales de larga data. Por consiguiente, desde una perspectiva nacional y mundial, las autoridades—sobre todo en la zona del euro y Japón, pero también en otras regiones—deben actuar con diligencia para poner en práctica las reformas estructurales que se requieren si se han de lograr tasas de crecimiento potencial sosteniblemente más elevadas. El anuncio del cronograma del proceso de reforma por parte del Gobierno japonés es, por lo tanto, particularmente alentador, aunque para ello deba incurrirse en costos a corto plazo en el crecimiento del producto.

En las economías de mercados emergentes, inevitablemente las perspectivas siguen dependiendo mucho de lo que suceda en los principales países industriales, lo que subraya la necesidad de que éstos implementen políticas conforme a las pautas descritas. En la actual coyuntura, las autoridades de los mercados emergentes tienen que encontrar un difícil equilibrio entre la necesidad de contrarrestar—en la medida de lo posible—el impacto de la desaceleración mundial y mantener la confianza del exterior en un entorno cada vez más frágil. Aunque en la mayoría de los casos se ha reducido la vulnerabilidad después de las crisis de 1997-98, inclusive gracias a la adopción generalizada de regímenes cambiarios flexibles, sigue habiendo riesgos significativos. Del lado macroeconómico, en algunos casos sería posible aplicar políticas anticíclicas, pero en muchos países no hay tanto margen de maniobra para ello, sobre todo cuando existen fuertes necesidades de financiamiento externo o desequilibrios fiscales. Probablemente un crecimiento más lento añada presiones sobre los sectores empresariales y los sistemas financieros y será esencial seguir adelante con las reformas estructurales en estas áreas, especialmente en los países que se han quedado rezagados en ese proceso. Es menester que la comunidad internacional esté dispuesta a respaldar estos esfuerzos y a ayudar a aliviar las presiones del contagio si se llegaran a intensificar, entre otras cosas apoyando conjuntos reforzados de medidas de política y mediante la utilización de las líneas de crédito contingente del FMI.

La experiencia nos sugiere que un crecimiento más lento probablemente tenga un impacto desproporcionado en los pobres, por lo que los esfuerzos de todo el mundo para reducir la pobreza cobran una prioridad aún más alta. La responsabilidad central de luchar contra la pobreza, por supuesto, debe corresponder a los gobiernos nacionales de los países en cuestión, y en este sentido la Nueva Iniciativa Africana anunciada por la Organización de la Unidad Africana—y respaldada por el Grupo de los Ocho en la cumbre de Génova—es un excelente paso al frente. Esos esfuerzos deberán estar acompañados por un mayor apoyo de los países industriales, que incluya una mayor liberalización del comercio exterior, alivio de la deuda en el marco de la Iniciativa para los PPME, una estrategia con los recursos financieros necesarios para combatir la pandemia de SIDA y otras enfermedades, y un nuevo impulso para cumplir la meta de los flujos de asistencia oficial fijada por las Naciones Unidas, los cuales en el último decenio disminuyeron ininterrumpidamente como porcentaje del PIB de los países donantes (gráfico 1.5).

Gráfico 1.5.Desembolsos netos de ayuda al extranjero de los principales países del Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD)1

(Porcentaje del PNB)

Los flujos de asistencia han disminuido ininterrumpidamente como porcentaje del PNB en los últimos años, y—además de Dinamarca, los Países Bajos y Suecia—la mayoría de los países se encuentra muy por debajo de la meta fijada por las Naciones Unidas.

1Con base en los montos totales suministrados por donantes, excluida la condonación de la deuda por créditos que no constituyen AOD. Los datos para 2000 son provisionales.

En este sentido, un aumento de 0,1 punto porcentual de asistencia sobre el nivel promedio actual de 0,24% del PNB superaría con creces los $10.000 millones que las Naciones Unidas consideran necesarios para iniciar un programa integral de prevención y tratamiento de la infección por el VIH/SIDA6. Además, si se considera que únicamente una quinta parte de las corrientes totales de asistencia para el desarrollo se dirige hoy en día a los países menos avanzados, debería ser posible encausar una porción mayor de un monto superior de asistencia hacia las naciones más pobres.

Por último, el lanzamiento exitoso de una nueva ronda de negociaciones comerciales multilaterales, posiblemente en la próxima reunión ministerial de la OMC que tendrá lugar en Doha, mejoraría las perspectivas de crecimiento mundial y ayudaría a fortalecer el sistema de comercio internacional. Como se señala en el capítulo II, las ganancias potenciales para los países avanzados y en desarrollo de una nueva liberalización del comercio exterior son enormes (en el caso de los países en desarrollo se estima que duplican el nivel actual de flujos de asistencia oficial). Si no se avanza hacia una nueva ronda podría reducirse la confianza en el sistema de comercio multilateral, lo que lesionaría sobre todo a los países más pobres. Por otra parte, en un entorno de desaceleración del crecimiento mundial, las presiones proteccionistas—que nunca yacen lejos de la superficie, y cuyas señales ya comenzaron a surgir—serán bastante más difíciles de contener.

¿Cuán rápidamente puede repuntar el crecimiento en América del Norte?

La aguda desaceleración de la actividad económica de Estados Unidos que comenzó a mediados de 2000 continuó durante los primeros ocho meses de 2001, y los atentados terroristas del 11 de septiembre exacerbaron los riesgos de que no se cumplan las proyecciones, aunque a la fecha en que se redactó este informe era demasiado pronto para evaluar las consecuencias económicas. La fase descendente que se extendió hasta principios de septiembre se debía principalmente al significativo debilitamiento de la inversión empresarial, marcado por una brusca caída de las compras de equipo y software y un rápido agotamiento de las existencias. Las exportaciones se debilitaron en forma acusada aunque con el concomitante descenso pronunciado de las importaciones se redujo el efecto negativo del comercio exterior neto sobre el crecimiento. Por el contrario, el aumento del consumo privado—aunque en disminución—se mantuvo relativamente robusto, y últimamente también repuntó el crecimiento de la construcción de viviendas, ayudado por la reducción de las tasas de interés a largo plazo desde mediados de 2000. Hasta ahora la contracción del crecimiento fue más o menos la misma que la disminución promedio entre el valor más alto y el más bajo en épocas previas de desaceleración, con aportes relativos bastante semejantes del consumo, la inversión y otros componentes de la demanda (gráfico 1.6). Con respecto a la inversión, la contribución del equipo y software de empresas a la desaceleración fue mucho mayor que en el pasado, como resultado de la fase descendente en el terreno de la tecnología, y la de la construcción (de viviendas y de otro tipo) fue un poco menor7.

Gráfico 1.6.Estados Unidos: Pronunciada desaceleración económica en el sector empresarial

(Variación porcentual con respecto a cuatro trimestres antes, salvo indicación contraria)

La actual desaceleración se caracteriza por una abrupta caída de la inversión empresarial, sobre todo en equipo y software. La inflación subyacente se mantiene en un nivel bajo.

Fuentes: Dirección de Estadísticas Laborales de Estados Unidos del Departamento del Trabajo de Estados Unidos; Dirección de Análisis Económicos del Departamento de Comercio de Estados Unidos, y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Los datos para 2001 del IPC, IPC básico y GCP (gasto de consumo personal) se refieren a la variación porcentual entre julio de 2000 y julio de 2001; el ICE (índice del costo del empleo) se refiere a la variación entre el T2 de 2000 y el T2 de 2001.

2índice del costo del empleo, variación del cuarto trimestre al cuarto trimestre.

3Las tasas de inflación subyacente excluyen las variaciones de los precios de los alimentos y la energía.

4Variación porcentual de diciembre a diciembre.

5Índíce de precios tipo cadena del gasto de consumo personal,

6Diferencia en la contribución porcentual promedio al crecimiento, comparando el año previo a los últimos cinco valores cíclicos máximos con el período comprendido entre esos valores máximos y los valores mínimos subsecuentes.

7Diferencia en la contribución porcentual entre los períodos T2 de 1999 a T2 de 2000 y T2 de 2000 a T2 de 2001. anualizada.

En la proyección de referencia, que se preparó antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre, se prevé una recuperación moderada en el futuro, contemplándose que el aumento del 1,3% del PIB para todo el año repunte al 2,2% en 2002. Si además mejora el crecimiento en otros países principales y se produce una depreciación ordenada del dólar, ese escenario no impediría la reducción paulatina del déficit en cuenta corriente a niveles más sostenibles, acompañada de una mejora sostenida en el coeficiente de ahorro de los hogares. Pero como se indicó previamente, también hay significativos riesgos de que no se cumplan las expectativas, como resultado general de la incertidumbre consecuente sobre el exceso de inversión en la economía, la óptica a mediano plazo para el incremento de la productividad y la solidez del balance de los hogares, la confianza y el gasto de los consumidores. El ataque terrorista del 11 de septiembre tendrá un efecto a corto plazo en la actividad económica y evidentemente ha exacerbado estos riesgos, sobre todo en lo que se refiere a la confianza y el gasto de los consumidores (en el recuadro 1.3 se consideran algunos paralelos posibles entre las consecuencias económicas de este ataque y el terremoto de Kobe, Japón).

Se dio un fuerte giro expansionista a la política macroeconómica. Desde principios de año, la Reserva Federal redujo las tasas de interés en 350 puntos básicos, 50 de ellos parte de una flexibilización monetaria global que se dispuso el 17 de septiembre, acompañada de otras medidas destinadas a asegurar la liquidez en los mercados financieros para fines de liquidación de transacciones. También se adoptó una política fiscal menos restrictiva, inicialmente con la puesta en práctica de recortes impositivos a mediados de año y la reciente aprobación de $40.000 millones en gastos por razones de emergencia tras los actos terroristas. Este impulso macroeconómico debería sustentar la actividad en el futuro, permitiendo una recuperación moderada de la demanda para finales de año, tal como se supone en el escenario de referencia. No obstante, los atentados terroristas han sacudido aún más la confianza, agravando los riesgos de una desaceleración en el ritmo de la recuperación debido a los efectos desfasados en el consumo de la caída del mercado bursátil en el último año—posiblemente compensada en parte por el aumento de los precios de las viviendas—así como a la necesidad de corregir el exceso de inversión del pasado en el sector tecnológico.

Recuadro 1.3.Analogía histórica entre el ataque terrorista contra Estados Unidos y el terremoto de Kobe

El terremoto que sufrió Kobe, Japón, el 17 de enero de 1995 fue el desastre natural más costoso de la historia moderna. Cobró más de 5.000 vidas, hubo 35.000 heridos y se produjeron daños a la propiedad por valor de unos $120.000 millones (o aproximadamente el 2½% del PIB anual de Japón). Además del impacto directo sobre la vida y la propiedad, la economía regional (que representa un 4% del producto total japonés) se vio gravemente perjudicada por los problemas de transporte y el cierre de las importantes instalaciones portuarias de la ciudad. En lo que se refiere al impacto financiero, cayeron un 6% las cotizaciones de las acciones japonesas tras el sismo.

Con todo, el impacto directo sobre la actividad, medido en función de indicadores como la producción industrial, fue relativamente pequeño. El golpe más fuerte que padeció el producto general fue la contracción del gasto de los consumidores en el primer trimestre de 1995, lo que provocó una reducción del PIB real de 0,3% (tasa trimestral). No obstante, en los siguientes trimestres se recuperó la actividad y el PIB para todo el año aumentó 1½% en comparación con poco más del ½ % registrado en 1994.

Si se compara el terremoto de Kobe con los atentados terroristas recientes en Estados Unidos, el impacto directo del sismo fue mayor, tanto en términos absolutos como en relación con la economía japonesa. Los efectos de segunda vuelta sobre otras industrias son más difíciles de evaluar. El terremoto provocó enormes trastornos en la zona circundante, pero el ataque terrorista puede tener repercusiones de mayor alcance al perturbar la actividad financiera y el transporte aéreo. Por otra parte, el atentado terrorista fue una acción deliberada con implicaciones de largo plazo para la seguridad y eso hace muy difícil comparar los efectos en la sicología del consumidor.

Como en la mayoría de los demás países industriales, también aumentó en Estados Unidos el nivel general de inflación, sobre todo porque aumentaron los costos de la energía y se incrementaron algunas medidas de la inflación subyacente (aunque otras, especialmente el deflactor del consumo personal, permanecieron relativamente inmóviles). Al mismo tiempo, la combinación de una productividad más débil a medida que entraba en la fase descendente la actividad y el repunte de los costos del empleo provocó un brusco aumento de los costos unitarios de la mano de obra desde mediados de 2000. Dado que los precios de la energía están bajando, los mercados de productos siguen siendo muy competitivos, y la actividad económica se está desacelerando, en la coyuntura actual parecen ser relativamente moderados los riesgos de que se produzcan presiones inflacionarias sostenidas. Esas presiones podrían ser preocupantes, sin embargo, si el crecimiento subyacente de la productividad—que ha desempeñado un papel crucial en la absorción de incrementos salaríales en los últimos años—se desacelerase bruscamente y, sobre todo, si viniese acompañado de un fuerte ajuste a la baja del dólar.

Con la contención de la inflación subyacente habría margen de maniobra para dar otra vez más flexibilidad a la política monetaria a fin de dar apoyo a la economía en caso de que persista la debilidad. En el ámbito fiscal, se prevé que la política sea más expansionista como resultado de los $40.000 millones adicionales aprobados en gastos extraordinarios y otras medidas que puedan adoptarse para hacer frente a las necesidades de asistencia y reconstrucción y a los gastos de las acciones estadounidenses para combatir el terrorismo tras la ofensiva del 11 de septiembre. También se podría dejar que funcionen los estabilizadores automáticos para amortiguar el impacto de una economía estadounidense más débil. Pero por el momento no quedan claras ni la necesidad ni la posible eficacia de otras medidas fiscales discrecionales. Más allá de la secuela inmediata de los recientes sucesos, tanto los recortes impositivos en varios años como los incrementos de gastos tendrán que implementarse de manera flexible en el mediano plazo a fin de que se pueda disponer de recursos suficientes para financiar esas medidas y cumplir con las obligaciones fiscales vinculadas con el envejecimiento de la población.

Según las previsiones, el crecimiento de Canadá se desaceleraría al 2% en 2001 y al 2,2% en 2002, lo que en gran medida obedece a los estrechos vínculos comerciales y financieros que mantiene el país con Estados Unidos. El gasto de los hogares se mantuvo relativamente sólido, sustentado por recortes de impuestos a principios del año y condiciones firmes, en general, en el mercado de trabajo, en tanto que la inversión de las empresas—sobre todo en maquinaria y equipo—bajó acusadamente. Como reflejo de esta última tendencia también cayeron las importaciones, compensando con creces la contracción de las exportaciones y llevando el saldo en cuenta corriente a un superávit sin precedentes. Si se produjera una nueva desaceleración de la actividad, la respuesta más conveniente seguiría siendo la flexibilización de la política monetaria; cabe señalar que las tasas de interés oficiales ya bajaron 175 puntos básicos entre enero y agosto de 2001 y otros 50 puntos básicos el 17 de septiembre. Además, teniendo en cuenta que el superávit fiscal canadiense sigue siendo proporcionalmente el más elevado de los países del Grupo de los Siete, deberá permitirse plena libertad de operación a los estabilizadores automáticos durante la actual fase descendente. En el mediano plazo, es menester seguir insistiendo en la reducción de la deuda y prepararse para hacer frente a los crecientes costos de la atención médica y los planes de jubilaciones públicos debido al envejecimiento de la población.

Japón: Las perspectivas son sombrías a corto plazo, pero se abre una nueva oportunidad de reforma

En Japón siguió deteriorándose la situación económica y ahora es probable que, por cuarta vez en los últimos 10 años, la economía haya entrado en una recesión. En todo el año 2000 la actividad aumentó 1,5%, porcentaje muy cercano al promedio de los años noventa. Esta expansión se apoyó en la solidez relativa del incremento de las inversiones y las exportaciones gracias al incremento de las utilidades y al auge del sector de alta tecnología. No obstante, si bien es difícil interpretar el perfil de crecimiento porque hay problemas de datos8, parece haberse desacelerado el ritmo subyacente de la actividad económica desde mediados de 2000 debido al debilitamiento de la demanda externa y a la caída de la demanda de productos electrónicos en todo el mundo. Aunque el PIB real aumentó ligeramente en el primer trimestre de 2001, como resultado del empuje temporal que recibió el consumo privado al aumentar las compras de electrodomésticos en anticipación a las disposiciones de protección ambiental introducidas el 1 de abril de 2001, el producto bajó visiblemente en el segundo trimeste, y las fuertes caídas de la inversión pública y privada contrarrestaron el aumento del consumo privado. Estas perspectivas poco optimistas, aunadas a la preocupación en torno al ritmo de la reestructuración empresarial, dieron lugar a un agudo debilitamiento de los mercados bursátiles, situación que empeoró tras los atentados terroristas del 11 de septiembre, y el desempleo se ubicó en un nivel sin precedentes del 5%. El yen también se depreció significativamente desde fines de 2000, aunque esta tendencia se ha revertido parcialmente desde julio.

Para el resto del año, las perspectivas son muy inciertas. Desde una óptica positiva, la adopción del nuevo marco monetario en marzo—que redujo otra vez a cero las tasas de interés de los préstamos día a día—fue favorable, y los incrementos de agosto y septiembre de la meta de reservas depositadas en el banco central son también medidas bien recibidas, como lo son los planes de un présupuesto suplementario moderado. Pero el consumo privado se mantiene muy débil debido al descenso de los ingresos y a las inquietudes sobe el creciente desempleo y la futura reestructuración empresarial; la confianza de las empresas sigue deteriorándose; el crédito privado mantiene una trayectoria descendente, y persiste una deflación moderada. Según las proyecciones, el PIB bajaría 0,5% en 2001—muy por debajo del incremento de 0,6% previsto en la edición de mayo de 2001 de Perspectivas de la economía mundial—seguida de una recuperación moderada de 0,2% en 2002. Sigue habiendo considerables riesgos de que los resultados sean menos favorables aún, en virtud de la posibilidad de una recuperación más lenta en todo el mundo y de la dirección futura de las políticas nacionales—fiscales y estructurales—que se examinan más adelante. Esto es motivo de inquietud en un clima en el que se está debilitando el crecimiento en las otras zonas monetarias principales, lo que afectará al resto de la región (recuadro 1.4).

Si bien los desalentadores resultados que registró Japón en los últimos 10 años se han visto agravados por una serie de embates macroeconómicos, una de las causas radicales de sus problemas es no haber corregido los montos excesivos de capital y de deuda que se crearon en los años de la burbuja especulativa y otra, más amplia, el lento ritmo del ajuste ante la globalización y el cambio en la tecnología. La situación financiera del sistema bancario sigue siendo difícil: los bancos mantienen una fuerte exposición a riesgos financieros por las tenencias de participaciones de capital y efectos del Estado, situación que se agrava debido a la nueva y fuerte caída de los mercados bursátiles en las últimas semanas y a la introducción de un sistema contable en el cual se ajustan las posiciones a precios de mercado a finales de septiembre; persisten riesgos de crédito en los llamados préstamos de “zona gris”, para los cuales hasta ahora se han contemplado limitadas provisiones, y es débil la rentabilidad básica. En el sector empresarial se produjo cierto desplazamiento hacia los sectores más dinámicos, sobre todo la alta tecnología, la maquinaria eléctrica y repuestos para transportes y telecomunicaciones, pero poco se ha avanzado en la corrección del exceso de deuda y capital y en la reducción de los costos de la mano de obra, ni en el logro de una mayor rentabilidad (gráfico 1.7).

Gráfico 1.7.Japón: Sector bancario y empresarial

La posición financiera del sistema bancario sigue siendo muy débil, sobre todo debido a los riesgos crediticios por los préstamos con clasificación desfavorable, y el progreso ha sido lento en la reestructuración de las empresas.

Fuentes: Ministerio de Hacienda; Ministerio de Comercio Internacional e Industria; Nikkei Telecomm; base de datos Nomura, y cálculos del personal técnico del FMI.

1Por definición, la suma de los préstamos en observación (clase 2), préstamos de cobro dudoso (clase 3) y préstamos incobrables (clase 4), descontadas las garantías y las disposiciones sobre pérdidas de préstamos específicos.

2Datos desestacionalizados.

Pese a este sombrío panorama, el nuevo gobierno reformista que asumió recientemente el poder cuenta con un fuerte apoyo popular, lo que representa una renovada oportunidad para el cambio. En marzo, las autoridades anunciaron un paquete de reformas bancarias y empresariales, en virtud de las cuales los principales bancos se apresuran a deshacerse de los préstamos en situación irregular, se toman medidas para reducir las tenencias de participaciones de capital de los bancos y se adoptan pautas para ayudar a la reestructuración de las empresas y a la condonación de deudas. En junio se presentó un plan de acción de siete puntos centrado en el saneamiento y la reforma de las finanzas públicas, y distintas mejoras en la reglamentación. En septiembre se anunció el cronograma concreto de aplicación de una serie de medidas estructurales. Todavía faltan afinarse muchos detalles, pero las autoridades tendrán que resistir a las presiones de los intereses creados y aprovechar plenamente esta oportunidad para atacar con firmeza los problemas estructurales que padece Japón. En lo que se refiere a los sectores bancario y empresarial, las prioridades son extender la cancelación contable de las deudas a los bancos regionales, fortalecer más la aplicación de las normas de clasificación y constitución de reservas, sobre todo para préstamos de la “zona gris”, inyectar capital público con fines específicos cuando sea necesario para evitar problemas sistémicos, y asegurar que los planes de reestructuración sean suficientemente rigurosos como para obligar a una rehabilitación total de las empresas en dificultades. Estas medidas deberán ir acompañadas de reformas para impulsar la flexibilidad y la productividad, fortalecer la política sobre competencia y acrecentar la movilidad laboral.

Recuadro 1.4.Efecto de la desaceleración de la economía japonesa en Asia oriental

Desde mediados de 2000 se fueron deteriorando las perspectivas a corto plazo para Japón, a medida que la expansión, apoyada en la alta tecnología, fue sucumbiendo ante la caída de la demanda mundial de productos electrónicos. Se prevé que el PIB baje 0,5% en 2001 pero que se recupere moderadamente en 2002 gracias al repunte del crecimiento mundial. Esto representa un cambio significativo respecto a las expectativas de hace un año, cuando se tenía la impresión de que era probable que continuase la recuperación en 2001 y el FMI pronosticaba un crecimiento de 1¾%. Dada la magnitud de la economía japonesa, este descenso de 2¼ puntos porcentuales tiene importantes repercusiones para el mundo, y en particular para Asia oriental, a través de los siguientes canales:

Comercio exterior. Si bien en los últimos años la región viene dependiendo cada vez menos del comercio con Japón, sigue habiendo vínculos fuertes; alrededor del 12% de las exportaciones de Asia oriental se destinan a Japón y el 20% de la importaciones proceden de este país (véase el cuadro). La desaceleración de la economía japonesa reduciría el comercio con los países de la región y afectaría sus perspectivas de crecimiento. Indonesia es el país de la región con los mayores vínculos comerciales con Japón (el petróleo representa aproximadamente la mitad), seguido de cerca por China (que vende principalmente bienes de bajo precio a Japón). La RAE de Hong Kong y Singapur, por su parte, son los que más dependen del comercio con Japón.

Indicadores de vínculos entre Japón y Asia oriental(Porcentaje, datos de 2000 salvo indicación contraria)
Proporción de las exportaciones a JapónExportaciones a Japón (Porcentaje del PIB)Deuda extema/PIBProporción de la deuda denominada en yenesCorrelación con el mercado bursátil1Proporción del financiamiento de bancos japonesesProporción de la IED de Japón
Indonesia22897210,032513
Tailandia16966320,213725
Corea114281720,321816
Hong Kong, RAE de670,4032
Malasia1313483020,122714
Filipinas14776270,09187
Singapur7110,302723
China164141620,00187
Fuentes: Base de datos de CEIC; EFI; Perspectivas de la economía mundial, y cálculos del personal técnico del FMI.

Correlación diaria con el índice Nikkei 225 tras descontar el impacto del S&P 500, usando datos del período enero de 1999 a junio de 2001.

Se refiere a la deuda a largo plazo en 1998.

Fuentes: Base de datos de CEIC; EFI; Perspectivas de la economía mundial, y cálculos del personal técnico del FMI.

Correlación diaria con el índice Nikkei 225 tras descontar el impacto del S&P 500, usando datos del período enero de 1999 a junio de 2001.

Se refiere a la deuda a largo plazo en 1998.

Caída del mercado de valores. En vista de los vínculos relativamente fuertes que existen entre Japón y varios mercados de Asia oriental, una nueva baja en los mercados bursátiles japoneses, que ya están deprimidos, podría ejercer presiones a la baja sobre las bolsas regionales, y los inversionistas retirarían parte de sus inversiones en activos en forma de participaciones de capital de la región de Asia oriental. La relación es particularmente estrecha con la RAE de Hong Kong, pero Corea, Singapur y Tailandia también tienen vínculos fuertes. No obstante, si los inversionistas perciben diferencias en las perspectivas de Japón y el resto de Asia oriental, es posible que retiren fondos de aquel país y los coloquen en otros mercados asiáticos, y de esa manera impulsarían las cotizaciones bursátiles de esos mercados.

Problemas relacionados con el sector bancario. A medida que la economía entra en una fase descendente, es probable que la capacidad crediticia de los bancos se vea restringida por las limitaciones de capital a medida que aumentan los cargos por pérdidas derivadas de préstamos incobrables. Dado que los bancos japoneses siguen siendo los principales prestamistas de la región, cualquier indicio de que surgen nuevos problemas en el sector bancario tendrá efectos desestabilizadores, y Tailandia sería el país más expuesto.

Estancamiento o contracción en el sector empresarial. Japón, aunque redujo la inversión extranjera directa (IED) y sus bancos disminuyeron el crédito a muchos países de Asia oriental desde la crisis asiática, sigue siendo una importante fuente de capital. Las dificultades que puedan presentarse en las empresas podrían lesionar la IED japonesa en el resto de la región.

El efecto de la economía japonesa en Asia oriental puede analizarse por medio de modelos macroeconómicos de varios países, como el modelo de Oxford (OEM) y el modelo G al cubo para Asia y el Pacífico (Callen y McKibbin, de próxima publicación). Los resultados de la simulación del modelo OEM, que destaca los vínculos comerciales entre los países, sugieren que una contracción de 2 puntos porcentuales en las perspectivas de crecimiento de Japón en 2001 (con respecto al escenario de referencia de octubre de 2000) reduciría las tasas de crecimiento de las economías de Asia oriental de punto porcentual en China, Corea, Filipinas y Malasia, a aproximadamente ⅓ en Indonesia, Hong Kong, Singapur y Tailandia. Los resultados del modelo G al cubo, que incorpora el comportamiento optimizador intertemporal de los agentes y vínculos explícitos con los mercados financieros, destacan que son cruciales los factores que explican la desaceleración del crecimiento, dado que las conmociones de la demanda, como el saneamiento de las finanzas públicas, puede tener repercusiones negativas a corto plazo para la región, pero en definitiva serían beneficiosas porque reducirían las tasas de interés y estimularían la demanda. Si la desaceleración se debe a un embate por el lado de la oferta, como una contracción de la productividad, la dinámica comercial de la región podría sufrir durante un período prolongado.

Un crecimiento más débil en Japón también tiene implicaciones para el tipo de cambio del yen, aunque desde la crisis asiática la disminución de los niveles de deuda externa y la adopción de mecanismos cambiarios más flexibles redujeron la vulnerabilidad a los choques externos. Es posible que la depreciación del yen ejerza presión sobre las monedas regionales, especialmente en países que compiten con Japón en otros mercados o con una fuerte exposición en yenes. No obstante, un yen más depreciado tendría el efecto positivo de reducir el componente en yenes de la deuda externa de los países de Asia oriental.

Los resultados de las simulaciones con el modelo OEM indican que la depreciación del yen tendría un impacto negativo inicial moderado en la región, pero repercusiones positivas posteriormente a medida que repuntan el crecimiento de Japón y el comercio regional. El efecto podría ser diferente si la depreciación es inducida por un aumento de la prima de riesgo de Japón. La incorporación de este canal en el modelo de G al cubo muestra un impacto positivo neto en la región, y las repercusiones negativas sobre las exportaciones netas (debido a la presión de la competencia) queda contrarrestada con creces por la reducción del costo del capital y el aumento de la afluencia de capitales (copia virtual de las corrientes de capital que saldrían de Japón tras el aumento de su prima de riesgo).

Como han subrayado las autoridades, es probable que un programa de esa índole tenga repercusiones nocivas sobre el crecimiento y el empleo en el corto plazo, aunque se reduciría el impacto si una reforma más rápida y cabal incrementa la confianza en las perspectivas a largo plazo y, además, algunas reformas (por ejemplo, en el sector de la propiedad inmobiliaria) podrían favorecer el crecimiento. En este entorno, las políticas macroeconómicas deberán brindar apoyo, aunque claramente es limitado el margen de maniobra, dado que las tasas de interés a corto plazo ya son cercanas a cero y la deuda pública es muy elevada. Aunque la flexibilidad monetaria que prevén las medidas de agosto y septiembre deberían servir de apoyo para la actividad económica, aún es posible emplearla de manera más dinámica para poner fin rápidamente a la deflación, aunque esto provoque un nuevo debilitamiento moderado del yen. En el ámbito fiscal, será importante ver que siga siendo moderado el retiro del estímulo fiscal hasta que haya comenzado claramente la recuperación. Se considera, por lo tanto, favorable la intención de las autoridades de introducir un moderado presupuesto suplementario en el cuarto trimestre. En este sentido, sería conveniente modificar la composición del gasto, dejando de lado las obras públicas y asignando prioridad a los gastos que sustenten la reestructuración, como una red de protección social más fuerte. Las pautas sobre el gasto público anunciadas recientemente incluyen un importante paso hacia esa dirección. Esto debería ir acompañado de la elaboración y el anuncio de un plan a mediano plazo claro y creíble para afianzar los cimientos de las finanzas públicas, lo que podría abarcar una meta de deuda a mediano plazo, la enunciación de los objetivos y las direcciones generales de las políticas de impuestos, gastos y seguridad social, y una mayor transparencia fiscal.

¿Cuán seria es la desaceleración en Europa occidental?

En la zona del euro continuó y se propagó más ampliamente en 2001 la desaceleración del crecimiento que comenzó en el segundo semestre de 2000, muy particularmente en Alemania. La interpretación de lo que ocurrió se complica a causa de las recientes revisiones de datos, sobre todo en Alemania, pero aun así se observa que la desaceleración se debió a un crecimiento más débil de la demanda interna, que a su vez fue en parte resultado de la compresión de los ingresos reales por el aumento de los precios del petróleo y de los alimentos; la baja en los mercados bursátiles y en el sector de tecnología (específicamente las telecomunicaciones) y, en algunos países, un menor aumento del empleo (gráfico 1.8). En el frente externo, se desaceleró el incremento de las exportaciones ante una demanda mundial más débil, tanto en Estados Unidos como en Asia, pero el aumento de las importaciones también se desaceleró acusadamente. Además del impacto directo de la contracción mundial a través de los canales del comercio exterior, es probable que la actividad económica se haya visto afectada por efectos secundarios a través de los vínculos empresariales y financieros, entre ellos la expansión de las operaciones en Estados Unidos de empresas de la zona del euro y el rápido aumento de las tenencias de participaciones de capital estadounidenses en manos de inversionistas europeos (capítulo II). A medida que se deterioraban las perspectivas, el euro volvió a debilitarse en el primer semestre de 2001 y bajó a un tipo de cambio sin precedentes frente al dólar, aunque se recuperó desde julio. Pese a que aún no se entienden bien las razones de la persistente debilidad del euro, recientemente se recogieron pruebas que indican que han jugado un papel importante las diferencias en los resultados económicos en la zona del euro y en Estados Unidos y los ajustes de las carteras como resultado de la introducción del euro.

Gráfico 1.8.Zona del euro: Crecimiento más débil, inflación en aumento

(Variación porcentual con respecto a cuatro trimestres antes, salvo indicación contraria)

La confianza de las empresas y la demanda interna se debilitaron notoriamente en la actual desaceleración, y se elevó la inflación.

Fuentes: Eurostat; Banco Central Europeo; Comisión Europea, FMI, Estadísticas financieras internacionales, y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Índice armonizado de precios al consumidor (IAPC).

Debajo de estas tendencias generales se han encontrado acusadas divergencias en la evolución de las distintas economías que conforman la zona del euro (véase el recuadro 1.5). En las tres economías más grandes, la inversión bruta fija se debilitó muy marcadamente en Alemania, donde hubo una significativa caída de la actividad en el sector de la construcción. Más recientemente, la utilización de las existencias contribuyó al estancamiento de la actividad general en Alemania, y quizá también en Italia, donde la acumulación de existencias provocó un crecimiento relativamente firme en el primer trimestre. Al parecer, en un principio la economía francesa estaba resistiendo relativamente bien la desaceleración mundial, apoyada en los recortes de impuestos y el aumento del empleo. No obstante, como la confianza de los consumidores y las empresas registró un cambio sustancial y volvió a elevarse el desempleo, ha aminorado el ritmo de la actividad y se prevé que sea similar al de Alemania e Italia durante el segundo semestre de 2001 y en 2002. En la periferia, las perspectivas de crecimiento siguen siendo, en general, más firmes, sobre todo en Grecia y en Irlanda; en este último país cabe destacar que la fase de contracción mundial ha ayudado—de manera un tanto fortuita—a reducir el peligro de recalentamiento. Según las previsiones, el déficit en cuenta corriente seguirá siendo relativamente elevado en Grecia y en Portugal en 2001, y descenderá paulatinamente en 2002.

Recuadro 1.5.Crecimiento relativo en la zona del euro: ¿Por qué Alemania e Italia van a la zaga de Francia?

Desde mediados de 2000, el crecimiento de la demanda interna fue más endeble en Alemania e Italia que en Francia (véase el gráfico)1. Esto refleja un perfil de divergencia entre las tres principales economías de la zona del euro. Desde la última recesión que tuvo lugar en toda la zona en 1992-93, el crecimiento del producto registró un promedio de aproximadamente 2% en Francia, 1,7% en Italia y 1,5% en Alemania. Las pequeñas diferencias en el crecimiento en este horizonte—importantes cuando se acumulan—pueden atribuirse en gran medida a diferencias en el crecimiento potencial, lo cual está vinculado, entre otros factores, a la tasa de crecimiento de la población activa, que en Francia duplicaba la de los otros dos países, además de una eficacia un poco mayor en la aplicación de reformas estructurales que no alterasen la oferta. Por otra parte, el decepcionante crecimiento potencial que se registró en casi todo el decenio de los noventa sugiere que Alemania aún no se ha sacudido del todo los efectos rezagados de la unificación.

Ante estas circunstancias, puede analizarse lo sucedido centrándose en cuatro subperíodos:

  • Del punto mínimo a la fase 3 de la UEM: Desde el punto mínimo cíclico de 1993 hasta principios de 1997, Francia y Alemania—ligados a través del tipo de cambio fijo de facto en el mecanismo de tipos de cambio (MTC)—se movieron casi siempre al unísono. En cambio, la depreciación de la lira cuando Italia abandonó el MTC en septiembre de 1992 impulsó las exportaciones. Todos los países sufrieron una presión a la baja sobre el crecimiento a causa de las políticas macroeconómicas encaminadas a promover la desinflación y la convergencia con los criterios de Maastricht. El impulso fiscal negativo fue de unos 2 puntos porcentuales del PIB en Alemania y en Francia, y más de 3% en Italia. El crecimiento del empleo fue frágil en los tres países, pero especialmente en Alemania, debido a la falta de reformas en el mercado de trabajo, a los efectos sobre la confianza y a un producto que no fue precisamente ejemplar.

Zona del euro: Crecimiento

Desaceleración reciente del crecimiento1

1Se comparan las diferencias del crecimiento promedio anualizado durante los cuatro últimos trimestres (2000:T3–2001:T2) con los cuatro trimestres precedentes (1999:T3-2000:T2).

  • La crisis de los mercados emergentes: Después de cuatro años de recuperación vacilante, a fines de 1997 se reanudó el crecimiento. Francia, en particular, se benefició de una firme demanda interna a raíz del auge de las inversiones—vinculado con una mayor rentabilidad y una mayor utilización de la capacidad instalada—y un alivio fiscal que impulsó el consumo sin afectar el nivel de empleo. El crecimiento alemán continuó su marcha intermitente dado que no hubo moderación salarial y las reformas del mercado de trabajo prolongaron los despidos de trabajadores de principios de los años noventa. A Italia también le fue peor que a Francia, porque los efectos desfasados de la adopción anterior de medidas fiscales más restrictivas, la falta de avance en las reformas estructurales y la incertidumbre inicial sobre la adhesión a la unión monetaria se combinaron para debilitar la demanda. Para mediados de 1998 había comenzado a cobrar fuerza la recuperación en todos los países, pero se detuvo en Alemania y en Italia cuando llegaron hasta Europa los efectos de las crisis de los mercados emergentes. Estos efectos fueron nocivos para Alemania e Italia porque sus sectores manufactureros son relativamente más grandes y dependen más de las exportaciones de fuera de la zona del euro a los mercados emergentes, así como de los bienes de capital y bienes de inversión intermedios que son sensibles a las variaciones cíclicas.
  • Recuperación renovada: Cuando repuntó la actividad mundial tras las crisis de Asia y de Rusia, la expansión volvió a despegar a mediados de 1999 y mantuvo su dinamismo durante aproximadamente un año, sustentada en precios más bajos de la energía y la depreciación continua del euro. La política fiscal ya se había vuelto más o menos neutral en los tres países, en tanto que las condiciones monetarias siguieron siendo acomodaticias, dado que el ciclo restrictivo que inició el Banco Central Europeo (BCE) había quedado contrarrestado por nuevas bajas del euro. No obstante, los indicadores de competitividad en términos de costos—que incluyen tipos de cambio efectivos reales basados en los costos unitarios de la mano de obra, la participación de las exportaciones y los índices de rentabilidad—sugieren que los tipos de conversión vigentes en el lanzamiento del euro pudieron haber dado a Francia una ventaja competitiva relativa frente a Alemania e Italia.
  • La crisis del petróleo y la desaceleración mundial: Para mediados de 2000, el persistente alza de los precios de la energía comenzó a debilitar la recuperación en las tres economías. La demanda interna final se mantuvo frágil en el segundo semestre de 2000, sobre todo en Alemania e Italia, porque los aumentos de los precios del petróleo y los alimentos erosionaron el ingreso disponible y paulatinamente fueron degradando la confianza de las empresas2. Con la contracción de la economía mundial en el segundo semestre de 2000, cayeron las exportaciones de Alemania y Francia, aunque a partir de tasas relativamente altas, pero resistieron sorprendentemente bien las de Italia, donde las fluctuaciones favorables de la competitividad externa sustentaron ganancias en la participación en el mercado. En la mayoría de los casos, los recortes de impuestos legislados previamente se aplicaron casualmente en el momento justo y ofrecieron cierto respaldo anticíclico. Al mismo tiempo, continuó el ciclo restrictivo en el BCE y eso hizo que la desaceleración se sintiese en toda la zona del euro en el primer semestre de 2001.

De cara al futuro, a medida que se disipen los efectos de las conmociones externas y se intensifique la integración económica europea, deberían reducirse gradualmente las diferencias en el crecimiento de Alemania, Francia e Italia. Pero, al mismo tiempo, debido a las disparidades en el ritmo de las reformas estructurales, sobre todo en los mercados de trabajo, seguirán existiendo posibilidades de nuevas divergencias en la evolución económica ante los nuevos embates que podrían incidir en la zona del euro.

1Deben analizarse con cuidado las tendencias a corto plazo en las tasas de crecimiento. Por ejemplo, el rápido repunte del crecimiento de Alemania a principios de 2000 creó, hasta cierto punto, efectos de base que tienden a exagerar la desaceleración actual.2La pérdida de la relación de intercambio en 2000 fue equivalente al 1,7% del PIB en Alemania y en Italia, pero sólo de 0,9% en Francia.

Los datos recientes indican que la actividad y la confianza siguen debilitándose en los principales países y, en contraste con Estados Unidos, es relativamente poca la flexibilización que se contempla en la política económica. No obstante, desde mayo se redujeron en 100 puntos básicos las tasas de interés. Por otra parte, aunque la política fiscal es, en general, neutra en toda la región, los recortes de impuestos en algunos países están impulsando el consumo. También es probable que la demanda se vea impulsada por el alivio de las conmociones previas por los aumentos de precios del petróleo y los alimentos, la conclusión de la corrección de las existencias, un tipo de cambio que sigue siendo favorable, y un fortalecimiento moderado de la actividad en Estados Unidos. En esta coyuntura, se proyecta que el aumento del PIB en la zona del euro se situará en un promedio de 1,8% en 2001—que sigue siendo el más alto de las tres principales zonas monetarias—y se elevará a 2,2% en 2002. Pero los atentados terroristas del 11 de septiembre acrecentaron los riesgos de que no se cumplan estas expectativas, sobre todo si la recuperación mundial es más lenta de la prevista o continúa debilitándose la confianza de los consumidores. Los fuertes vínculos intrarregionales transmitirían estos riesgos en toda la zona del euro. Por otra parte, algunos países de la región confrontan riesgos específicos: por ejemplo, Finlandia e Irlanda son vulnerables a la fase descendente en el sector de alta tecnología.

El impacto de los aumentos de precios del petróleo y los alimentos que hicieron disminuir la demanda interna también provocaron un acusado incremento del nivel general de inflación, que llegó a su nivel máximo de 3,4% en mayo. La inflación subyacente también aumentó, aunque con más moderación, a poco más del 2%. Algunas de las fuerzas que impulsan el nivel general de inflación—especialmente los elevados precios de la energía y los alimentos—parecen estar disipándose, y como también menguan las presiones por el lado de la demanda, se prevé una caída del nivel general de inflación y de la inflación subyacente a menos del 2% en 2002. Basándose en una perspectiva favorable de los precios, en agosto, el BCE redujo en 25 puntos básicos las tasas de interés (además del corte de similar magnitud que introdujo en mayo) y el 17 de septiembre dispuso, conjuntamente con otros bancos centrales principales, una nueva reducción de 50 puntos básicos. Cabría la posibilidad de adoptar reducciones adicionales si se sigue debilitando sensiblemente la demanda y la inflación sigue evolucionando favorablemente. El margen de flexibilidad de la política monetaria también dependerá de las perspectivas de que se mantenga la moderación salarial—sobre todo en las rondas de negociaciones alemanas a principios de 2002, que son clave—y de cómo evolucionen los tipos de cambio.

En el ámbito fiscal, se prevé que el saldo estructural en la zona del euro se mantenga más o menos constante, y que el estímulo fiscal que se aplique en algunos países (sobre todo en Alemania) se contrarreste con una postura más restrictiva en el resto (entre ellos Austria, España y Grecia). Según las proyecciones, se debilitará el saldo fiscal efectivo porque el crecimiento sería más lento y se dejaría operar libremente a los estabilizadores automáticos. En algunos países—entre ellos Alemania, Francia e Italia—será difícil cumplir las metas fiscales para 2001 que se fijaron en los programas nacionales de estabilidad. Desde una perspectiva cíclica de corto plazo, en general sería inadecuado por el momento adoptar una política fiscal más restrictiva, pero al mismo tiempo es esencial mantener la credibilidad del marco fiscal en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, especialmente dados los acuciantes problemas fiscales que planteará el envejecimiento de la población en los próximos años. Una manera de resolver este dilema sería dejar que los ingresos fluctúen con el ciclo económico, en tanto se acentúan y se mantienen metas de gastos en los programas de estabilidad a mediano plazo, lo que implica centrar más la política económica en los saldos estructurales y no tanto en los saldos fiscales efectivos. Al adoptar ese enfoque no se fomentarían impulsos fiscales procíclicos; y si se hubiese aplicado antes, esta política habría alentado una reducción más rápida del déficit estructural en 1999 y 2000, cuando las condiciones cíclicas eran más favorables.

El crecimiento relativamente decepcionante en la zona del euro, donde la tasa de desempleo parece estabilizarse muy por encima de la marca del 8%, destaca la necesidad de fortalecer el potencial de producción redoblando los esfuerzos de reforma estructural. Si bien se ha avanzado de manera importante, aún queda mucho por hacer, por ejemplo, la reforma de los mercados de trabajo, especialmente de los sistemas de impuestos y prestaciones, además de la necesidad de establecer una relación más directa entre los salarios y la productividad; la promoción de una integración efectiva de los mercados de capital de la zona del euro, y el refuerzo de mecanismos para manejar crisis financieras; la reforma de los mecanismos de jubilaciones y seguro de salud, así como el logro de una competencia eficaz y la integración total del mercado interno. Las medidas adoptadas recientemente no han tenido todas el mismo efecto. Se promulgaron en Alemania importantes reformas del sistema de jubilaciones. Pero hubo otras medidas—como las nuevas restricciones al mercado de trabajo en Alemania y Francia, y retrasos en la reforma del mercado de productos en Francia—que tienden a emitir las señales contrarias con respecto a las perspectivas de ajuste estructural.

En el Reino Unido, la demanda interna se mantuvo sorprendentemente vigorosa, lo que permitió contrarrestar parcialmente los efectos de un sector manufacturero débil y de la desaceleración de las exportaciones. La firmeza del aumento de la demanda y la confianza de los hogares tienen origen en un nivel de desempleo extraordinariamente bajo y un vigoroso incremento del ingreso, en tanto que las medidas fiscales constituyen un nuevo respaldo al gasto. La inflación, que estuvo disminuyendo, volvió a subir acercándose a la meta del 2½%; la oferta de mano de obra sigue siendo escasa, y los precios de los bienes raíces aumentaron rápidamente. Con todo, ante el debilitamiento de la demanda mundial y la persistente solidez de la libra esterlina, el Banco de Inglaterra redujo en 25 puntos básicos las tasas de interés en agosto, y en otros 25 puntos el 18 de septiembre, tras los atentados terroristas, lo que representa un recorte total de 1¼ puntos porcentuales en lo que va del año. Se logró un delicado equilibrio en la política monetaria: si se debilita más la demanda interna o se produce un nuevo deterioro de las perspectivas en el sector externo, habría que dar aún más flexibilidad, pero si la demanda interna se mantiene firme y se endurecen las condiciones en el mercado de trabajo, podría justificarse un aumento de las tasas de interés.

Conforme a las previsiones, en Dinamarca, Noruega y Suecia se desaceleraría el crecimiento a menos de 2% en 2001, en gran medida como respuesta a condiciones más endebles de los mercados de exportación. También repuntó la inflación, en parte como resultado de los aumentos de los precios de la energía y los alimentos, y esto ha limitado el aumento del ingreso real. Aunque las inquietudes en torno a la inflación impidieron una nueva flexibilización, el 17 de septiembre se redujeron las tasas de interés en 50 puntos básicos en Dinamarca y Suecia, conjuntamente con otros bancos centrales. Suecia—que está particularmente expuesta a la desaceleración del sector electrónico en todo el mundo (en gran medida a través del sector de las telecomunicaciones)—registró acusadas caídas de las cotizaciones bursátiles y debilidad en la moneda nacional. El Banco de Suecia, preocupado por los mayores riesgos de inflación, intervino directamente en el mercado cambiario varias veces desde junio de 2001, y en julio elevó su tasa de interés oficial. No obstante, la sustancial participación extranjera en el capital social del sector de alta tecnología de Suecia, como en Finlandia, debería ayudar a limitar la contracción de la riqueza y la demanda nacionales. En Noruega, los elevados precios del petróleo constituyen un importante contrapeso a la debilidad de la economía no petrolera, inclusive a través del resurgimiento de inversiones relacionadas con la explotación petrolera. En cuanto al resto de Europa, se espera que el crecimiento de Suiza baje a menos del 2% en 2001 y 2002, en gran medida debido a que se redujeron las exportaciones y se contrajo la actividad en materia de inversiones. El Banco Nacional Suizo, ante una inflación que sigue siendo baja, pudo reducir las tasas de interés, inclusive el 17 de septiembre, pero se justificarían nuevos recortes si persisten pruebas de una acusada desaceleración de la actividad. Será necesario mantener la austeridad en el gasto público para financiar los recortes planeados en los impuestos y el aumento de los costos vinculados con el envejecimiento de la población, además de nuevas reformas estructurales—inclusive en las industrias que forman parte de una red—para elevar la tasa tendencial de crecimiento. En Islandia, las proyecciones indican una abrupta desaceleración del crecimiento, debida principalmente a la contracción del consumo privado, lo que debería contribuir a cierta reducción del déficit en cuenta corriente, que sigue siendo elevado. Las autoridades deberían continuar fortaleciendo la capacidad de absorción de choques del sistema financiero.

América Latina: ¿Cómo afectará a la región la crisis de Argentina?

En América Latina, tras una firme recuperación en 2000, se proyecta que el incremento del PIB descenderá 2,5 puntos porcentuales para ubicarse en 1,7% en 2001, es decir, 2 puntos porcentuales más bajo que lo que indicaban las proyecciones de la edición de mayo de 2001 de Perspectivas de la economía mundial (cuadro 1.6). Se han revisado a la baja las proyecciones de crecimiento de la mayoría de los países debido a las crecientes repercusiones de la desaceleración económica mundial, sobre todo en México y Chile, a las dificultades económicas de Argentina, que han afectado a varios países vecinos, y a factores exógenos, como la incertidumbre política y la crisis de energía de Brasil. Como reflejo de esas circunstancias, en el primer semestre del año se redujeron los flujos de capital que llegaron a la región y—con la importante salvedad del peso mexicano—la mayoría de las monedas de la región padecieron presiones a la baja. Desde principios de julio se profundizó la crisis argentina, y hubo señales de contagio dentro de la región, por lo que se intensificaron significativamente esas presiones. En los mercados financieros la actitud sigue siendo frágil, sobre todo después de los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos y, en relación con ellos, la posibilidad de una fuga hacia activos de calidad. Existe, por lo tanto, un fuerte riesgo de que los resultados concretos sean peores de lo que prevén las perspectivas.

Cuadro 1.6.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos países de América(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
199920002001200219992000200120021999200020012002
América0,24,21,73,68,88,16,24,9−3,2−2,5−3,0−3,0
Mercosur3−0,33,11,43,23,45,04,53,9−4,5−3,8−4,2−3,8
Argentina–3,4–0,5–1,42,6–1,2–0,9–0,60,6–4,2–3,2–2,9–2,8
Brasil0,84,52,23,54,97,06,24,8–4,8–4,2–5,0–4,5
Uruguay–2,8–1,31,02,55,74,85,49,5–2,4–2,9–2,7–2,2
Región andina−3,33,52,73,513,012,88,96,80,83,20,3−0,1
Chile–1,15,44,04,73,33,83,43,3–0,1–1,4–2,2–2,3
Colombia–4,12,82,12,810,99,27,86,6–0,2–2,3–2,7
Ecuador–7,32,34,04,052,296,240,611,96,95,3–1,3–3,0
Perú0,93,10,54,03,53,83,12,6–3,8–3,1–2,9–3,4
Venezuela–6,13,23,32,823,616,212,812,93,610,84,94,6
América Central y el Caribe3,96,41,44,114,08,96,54,8−3,4−3,5−3,1−3,5
Guatemala3,53,32,03,75,36,06,24,0–5,6–4,5–4,9–4,3
México3,76,90,84,016,69,56,34,8–2,9–3,1–2,8–3,3
República Dominicana8,07,83,05,66,57,79,74,7–2,5–5,4–4,1–4,4

De acuerdo con la práctica habitual en Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluidos Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay.

De acuerdo con la práctica habitual en Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluidos Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay.

En muchos países, la vulnerabilidad central sigue siendo la gran necesidad de financiamiento externo, en casi todos los casos debido a un amplio déficit del sector público y a una elevada deuda pública (gráfico 1.9). Habida cuenta de que una porción sustancial de la deuda pública está denominada en moneda extranjera, y en algunos casos una proporción considerable vence en el corto plazo, la depreciación de los tipos de cambio y el aumento de las tasas de interés—además de la desaceleración del crecimiento—ejercieron presiones adicionales sobre la situación fiscal en toda la región. Dada la necesidad de mantener la confianza del exterior, la mayoría de los países tienen poco margen de maniobra para dejar que funcionen los estabilizadores automáticos y algunos tendrán que adoptar una política fiscal más restrictiva para evitar una dinámica de deuda adversa. Al mismo tiempo, como se han debilitado los tipos de cambio, en varios casos también quedó limitada la libertad para imprimir más flexibilidad a la política monetaria, lo que lamentablemente añadirá presiones sobre la actividad económica y exacerbará el nivel de por sí elevado de desempleo en gran parte de la región.

Gráfico 1.9.Déficit global del sector público y deuda pública en algunos países de América

(Porcentaje del PIB)

En muchos países de América Latina sigue siendo esencial la necesidad de sanear las finanzas públicas, sobre todo en los países que mantienen una deuda interna elevada y son vulnerables a las fluctuaciones cambiarías.

Fuente: Estimaciones del personal técnico del FMI.

1Aproximadamente 4 puntos porcentuales del déficit de Brasil en 1999 se debieron al impacto de la depreciación del real en la deuda del sector público.

2Salvo indicación contraria, los datos se refieren a los saldos brutos de deuda pública, que incluye la de las empresas públicas, pero no los pasivos del banco central.

3Incluye también los pasivos del banco central (base monetaria), descontados los activos líquidos en moneda extranjera.

4Si se suma la deuda del banco central descontados los activos líquidos en moneda extranjera se elevaría considerablemente el componente de deuda interna, y a su vez adquiriría signo negativo el componente vinculado con el tipo de cambio (neto). Las cifras no incluyen los bonos de reconocimiento relacionados con la conversión del sistema de jubilaciones.

La situación de Argentina sigue siendo el foco de atención en la región. Tras la crisis de noviembre de 2000 mejoraron temporalmente las condiciones económicas, pero el sentimiento se deterioró otra vez y en forma acusada en marzo de 2001 debido a un nuevo debilitamiento de la situación fiscal, los disturbios políticos y renovadas preocupaciones sobre las fuertes necesidades de financiamiento externo del país, además de un agudo aumento de los diferenciales, que también afectó a los países vecinos. El deterioro de la situación de la región, y en particular la depreciación del real brasileño, a su vez, tuvieron efectos nocivos en Argentina. Como respuesta, las autoridades volvieron a fortalecer su programa adoptando medidas relativas al ingreso y al gasto con el fin de volver a encarrilar la situación de las finanzas públicas, y emprendieron una serie de iniciativas encaminadas a reforzar la productividad y la competitividad; efectuaron un canje de deuda por valor de $29.500 millones que dejó fijas las tasas vigentes en el mercado y redujo notoriamente las necesidades de financiamiento en 2001-05 y, a fines de junio, pusieron en práctica un paquete de reformas tributarias, que incluía medidas de comercio exterior que dieron como resultado una moderada depreciación efectiva del peso en el comercio de mercancías no vinculadas con energéticos, y fijaron el valor de la moneda con respecto a una canasta constituida por dólares de EE.UU. y euros.

El programa de las autoridades, junto con la mejora más general del sentimiento de los mercados internacionales desde abril, trajo aparejada una reducción de los diferenciales hasta mediados de junio. Sin embargo, a comienzos de julio se debilitó gravemente la confianza, en un principio debido a la preocupación por las reformas de finales de junio y últimamente como resultado de las crecientes dificultades que se experimentaron para captar financiamiento dentro del país. En consecuencia, se elevaron abruptamente los diferenciales de tasas de interés, se produjo una fuerte salida de depósitos del sistema bancario y se desplomó el mercado de valores. Las autoridades, como respuesta, se comprometieron a intensificar el saneamiento de las finanzas públicas y a asegurar una situación fiscal sostenible en el mediano plazo, para lo cual pusieron plenamente en efecto la ley de déficit cero que aprobó el Congreso el 29 de julio, introdujeron leyes para reformar el acuerdo de coparticipación de ingresos con las provincias, y adoptaron medidas destinadas a fortalecer la administración tributaria y los bancos públicos. Todo esto se apoyó en un aumento de recursos en el marco del programa con el FMI, parte de los cuales podrán girarse para financiar una operación voluntaria y basada en el mercado que permita dar más viabilidad al perfil de la deuda argentina. No obstante, aunque comenzaron a recuperarse los depósitos del sector privado, la actividad económica y la confianza siguen siendo débiles. La situación es todavía muy difícil, por lo que será ahora crucial centrarse en una implementación pronta y plena de las medidas anunciadas.

Después de la firme recuperación tras la recesión de 1998-99, Brasil sufrió el impacto de una serie de conmociones adversas en el primer semestre de 2001, como el contagio de Argentina, la incertidumbre política y una grave crisis de energía que exige un estricto racionamiento de la electricidad. Aunque es difícil evaluar el impacto de estas conmociones—la duración del racionamiento de la electricidad, por ejemplo, dependerá en parte de las lluvias del otoño—el producto cayó en el segundo trimestre y existe el riesgo de que la actividad sea menos dinámica de lo previsto en el futuro. También se debilitó la confianza externa, lo que se reflejó en diferenciales más altos de los rendimientos y una desaceleración de la afluencia de capitales. Por otra parte, siguió depreciándose el real, lo que ejerció una presión alcista sobre la inflación. Las autoridades reaccionaron adecuadamente elevando las tasas de interés, pero también contrataron empréstitos externos adicionales para incrementar el nivel de reservas y respaldar la moneda. Al empeorar la situación argentina a principios de julio se acrecentaron visiblemente estas presiones, los diferenciales superaron los 1.000 puntos básicos y el real se desplomó a nuevos niveles mínimos frente al dólar. En esta coyuntura, las autoridades adoptaron medidas fiscales y monetarias aún más restrictivas, por ejemplo, elevando la meta del superávit primario de 3% a 3,35% para 2001 y a 3,5% para 2002, y acelerando las reformas estructurales. Estas medidas encontraron sustento en un nuevo acuerdo de derecho de giro por $15.000 millones con el FMI, y las autoridades indicaron que no tienen intenciones de girar contra los recursos del FMI a menos que cambien las condiciones económicas y de los mercados financieros externos y sea necesario hacerlo. En cuanto a Uruguay, también se deterioraron las perspectivas debido a lo que sucede en Argentina y Brasil, además de que hubo un grave brote de fiebre aftosa. Las autoridades, en el ánimo de absorber los choques externos y proteger la competitividad, ampliaron la banda cambiaría y aceleraron su depreciación. También habrá necesidad de imprimir nuevamente un giro más restrictivo a la política fiscal para controlar la dinámica de la deuda pública, y de intensificar las reformas estructurales.

El punto más vulnerable de México sigue siendo la posibilidad de un nuevo debilitamiento de la actividad económica en Estados Unidos. En los tres primeros trimestres de 2000, en que el crecimiento superó el 7%, la principal inquietud de la política económica era evitar el recalentamiento; pero desde entonces comenzó a debilitarse en forma acusada el aumento del PIB y de la demanda interna debido a la brusca contracción del aumento de las exportaciones a Estados Unidos, que representan el 25% del PIB. El PIB cayó en los dos primeros trimestres de 2001 en cifras desestacionalizadas, por lo que se proyecta que el incremento del producto bajará a menos del 1% para todo el año y que se recupere en paralelo con la actividad estadounidense. Según las últimas previsiones, el déficit en cuenta corriente bajará al 2,8% del PIB en 2001. Las entradas de capital se mantuvieron firmes porque, como México es parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, aumentó la inversión directa, e inclusive un banco extranjero adquirió un importante banco nacional. El peso, en consecuencia, se apreció significativamente y se aliviaron las presiones inflacionistas, lo que permitió cierta flexibilización de la política monetaria. Ahora bien, tras haberse reavivado la crisis en Argentina se revirtió parte de esa apreciación y hubo un aumento moderado de los diferenciales. La disminución del crecimiento produjo una insuficiencia de ingresos, y las autoridades adoptaron medidas compensatorias para proteger sus objetivos fiscales; sigue siendo crucial que se apruebe lo antes posible la reforma tributaria a fin de reducir la vulnerabilidad fiscal a mediano plazo.

Se espera asimismo que el aumento del PIB en la región andina sea moderado como resultado del deterioro externo y regional, además de que algunos países han padecido efectos moderados de contagio de Argentina. En Chile se desaceleró el crecimiento y las perspectivas siguen siendo vulnerables a una nueva fase descendente de la economía mundial (lo que también deprimiría los precios de las exportaciones). Las inquietudes en torno al financiamiento externo son menos intensas que en el resto de la región, y por esa razón el diferencial de rendimientos sigue siendo relativamente bajo. Las autoridades bajaron las tasas de interés, y la nueva práctica de fijar una meta para el saldo fiscal estructural dejará que funcionen los estabilizadores automáticos. No obstante, la reciente depreciación de la moneda puede impedir que se adopte una política monetaria más expansiva en el futuro (aunque hasta ahora esto no parece haber afectado las expectativas inflacionarias). En cuanto a los países andinos más pequeños, se prevé un crecimiento más sólido en Ecuador, ayudado por la construcción del nuevo oleoducto, y a medida que se va afirmando la dolarización se va abatiendo la inflación. Pero se requieren nuevas medidas para corregir las debilidades del sector bancario, que siguen siendo una importante fuente de vulnerabilidad. La reciente decisión del Tribunal Constitucional de derogar el incremento de la tasa del IVA dispuesto previamente exacerbó la incertidumbre fiscal. En Venezuela, el crecimiento también se mantuvo, pero dependiendo excesivamente del rápido crecimiento del gasto público, a su vez financiado por cuantiosos ingresos del sector petrolero. Son escasas la inversión privada y la confianza de las empresas, y persisten amplias salidas de capital, lo que hace que la economía siga siendo vulnerable a la reducción de los precios del petróleo. En Colombia, en cambio, se prevé una contracción del crecimiento porque bajaron los precios del café y la inversión no llegó a los montos esperados. En general, la orientación de la política macroeconómica se considera prudente, pero mucho depende aún de que se avance en el proceso de paz y de que se mantenga el ritmo de la reforma estructural en el período inmediatamente anterior a los próximos comicios. Perú registró una acusada desaceleración del crecimiento, sobre todo por la incertidumbre política que precedió a las recientes elecciones. La tarea más difícil que debe enfrentar el nuevo gobierno es restablecer la confianza en un complicado entorno externo mediante políticas macroeconómicas prudentes y reformas aceleradas, sobre todo en el ámbito de la privatización.

Los países de la región del Caribe, aunque registraron menos ingresos en el rubro del turismo, siguen experimentando un sólido crecimiento y una baja inflación en 2000, gracias a la aplicación de políticas macroeconómicas en general acertadas e inversiones en la producción de gas natural y productos petroquímicos (Trinidad y Tabago), y turismo e infraestructura (Granada y Saint Kitts y Nevis). Las perspectivas para la región en 2001 y en el mediano plazo pueden ser menos propicias debido al impacto de la fase cíclica descendente de Estados Unidos en el turismo; la erosión del acceso preferente al banano y al azúcar en la Unión Europea, y la contracción de la industria de servicios financieros extraterritoriales debido a que se ha intensificado la supervisión internacional y se ha fortalecido el marco normativo de ese tipo de servicios. Se prevé que Trinidad y Tabago siga registrando un sólido crecimiento, basándose en el gas natural y en los servicios, y que esté concluyendo el prolongado período de estancamiento económico de Jamaica, gracias al repunte de la minería, el turismo y otros servicios, además de una disminución constante de las tasas de interés. En el resto de la región, y sobre todo dentro de la Unión Monetaria del Caribe Oriental, los países deberán apresurarse a fortalecer sus finanzas públicas, sobre todo conteniendo el gasto en salarios de la administración pública, porque es un factor crucial para mejorar la competitividad, y sigan adelante con las reformas a la privatización y otras reformas estructurales para contrarrestar el deterioro del medio externo. Asimismo, deberá intensificarse la reglamentación y la supervisión de los centros financieros extraterritoriales.

Países emergentes de Asia: Muy afectados por los embates externos

Continuaron deteriorándose las perspectivas para los mercados emergentes de Asia. Desde mediados de 2000 se desaceleraron bruscamente la producción industrial y las exportaciones a causa del giro desfavorable que tomó la evolución económica mundial, sobre todo en el sector de alta tecnología, y más recientemente debido al débil crecimiento de Europa y Japón (gráfico 1.10). El deterioro de las perspectivas de crecimiento es más notorio en la mayoría de los países recientemente industrializados y miembros de la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN), y se deriva de otras conmociones previas, como el aumento de los precios del petróleo, la incertidumbre política y en algunos casos el debilitamiento de la confianza como resultado del atraso en las reformas estructurales (cuadro 1.7). Hubo asimismo una caída de los mercados de valores, salidas de capital y presiones periódicas sobre los tipos de cambio. El comercio exterior ocupa una proporción más baja de la actividad en las dos economías más grandes de la región—China e India—pero, en tanto que se espera que se comporte relativamente bien la economía china, se proyecta que en 2001 será más endeble el crecimiento indio debido a diversos embates internos y a la contracción de las exportaciones.

Gráfico 1.10.Débil crecimiento de las exportaciones en algunos países de Asia y el Pacífico1

(Variación porcentual; dólares de EE.UU.)

Las economías recientemente industrializadas y los países miembros de la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN) están registrando una demanda externa mucho más débil, especialmente de tecnología.

Fuente: Estimaciones del personal técnico del FMI.

1Exportaciones de bienes.

Cuadro 1.7.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos países de Asia(Variación porcentual anual; salvo indicación contraria)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
199920002001200219992000200120021999200020012002
Países emergentes de Asia36,47,05,15,92,11,82,73,13,83,02,11,6
Economías asiáticas recientemente industrializadas7,98,21,04,31,22,12,17,14,95,04,8
Corea10,98,82,54,50,82,34,43,46,02,42,62,1
Hong Kong, RAE de3,010,50,64,0−4,0−3,7−1,40,67,35,46,67,5
Singapur5,99,9−0,24,00,11,41,51,725,923,721,019,8
Taiwan, provincia china de5,46,0−1,04,00,21,30,10,82,92,92,52,6
ASEAN–42,85,02,44,110,23,06,65,09,28,04,83,9
Indonesia0,84,83,04,320,73,810,87,04,15,23,22,0
Filipinas3,44,02,53,56,64,36,55,710,012,56,47,2
Malasia6,18,31,04,82,71,51,52,015,99,46,65,7
Tailandia4,24,42,04,00,31,52,52,710,27,54,43,2
Asia meridional46,45,84,55,64,84,03,85,5−1,1−1,1−1,0−1,1
Bangladesh5,46,05,55,06,42,33,15,5−1,4−1,2−1,7−1,8
India6,86,04,55,74,74,03,65,5−0,7−0,9−0,8−0,9
Pakistán4,13,93,94,64,14,45,15,1−2,8−2,1−2,0−2,0
Antiguas economías de planificación centralizada57,07,97,47,1−1,10,41,01,61,61,80,90,1
China7,18,07,57,1−1,40,41,01,51,61,91,00,2
Vietnam4,25,54,56,04,1−1,70,64,34,52,11,3−2,7

De acuerdo con la práctica habitual en Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de presentarlos como variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Países en desarrollo de Asia, economías asiáticas recientemente industrializadas y Mongolia.

Bangladesh, India, Maldivas, Nepal, Pakistán y Sri Lanka.

Camboya, China, Mongolia, República Democrática Popular Lao y Vietnam.

De acuerdo con la práctica habitual en Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de presentarlos como variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Países en desarrollo de Asia, economías asiáticas recientemente industrializadas y Mongolia.

Bangladesh, India, Maldivas, Nepal, Pakistán y Sri Lanka.

Camboya, China, Mongolia, República Democrática Popular Lao y Vietnam.

Para 2002 se prevé un repunte del crecimiento en la mayoría de los países asiáticos, apoyado en una fase ascendente de la actividad mundial y del ciclo del sector electrónico. Es alentador el hecho de que persistan los compromisos de inversión extranjera directa. Con todo, hay muchas probabilidades de que no se cumplan estas previsiones, sobre todo habida cuenta de que existe una mayor incertidumbre en los mercados económicos y financieros mundiales tras la ofensiva terrorista del 11 de septiembre en Estados Unidos. Son varias las inquietudes presentes: la posibilidad de que la fase de contracción en Estados Unidos sea más prolongada; la lenta recuperación del sector de tecnología, y perspectivas menos favorables para Japón (recuadro 1.4). Además, un nuevo deterioro de las condiciones financieras externas podría traer dificultades para algunas economías de la región. Dada la mejoría de los fundamentos económicos que se produjo desde la crisis de Asia—un gran superávit en cuenta corriente, un nivel más alto de reservas, reducciones de la deuda externa a corto plazo y la adopción generalizada de tipos de cambio flexibles—la mayoría de los países están en mejor posición de hacer frente a esos riesgos, pero si vuelve a debilitarse el crecimiento se exacerbarán las presiones que se ejercen sobre sectores financieros y empresariales que ya son frágiles, se agravará el déficit fiscal en India y se complicarán los esfuerzos de reforma en China. Si bien el margen de maniobra de la política económica es variable, las medidas macroeconómicas deben seguir sustentando la actividad en la medida de lo posible, y deberá acelerarse el avance de las reformas financieras y empresariales, especialmente en países donde se han registrado retrasos en este sentido.

La contracción económica más acusada sigue siendo la de las cuatro economías recientemente industrializadas y Malasia, que son las que más avanzaron en la senda de la recuperación a partir de la crisis de 1997-98, se caracterizan por su gran apertura y—con excepción de la RAE de Hong Kong—están muy expuestas al sector tecnológico (véase el recuadro 3.4 del capítulo III). En las cinco economías bajó drásticamente el aumento de las exportaciones, y se produjo una rápida contracción de la producción industrial, sobre todo en Malasia, Singapur y la provincia china de Taiwan. Además de esto, la demanda interna entró en una fase recesiva porque se redujo la confianza de los consumidores y los empresarios—en algunos casos debido a las deficiencias en los sectores bancario y empresarial—y bajaron los precios de los activos. En la provincia china de Taiwan, donde se prevé una disminución del PIB en 2001, la aguda contracción de la actividad agitó las inquietudes en torno a la salud del sistema financiero, entre otras cosas debido a la baja rentabilidad del sector bancario y el creciente número de préstamos en situación irregular. No obstante, el alto nivel de reservas en divisas y la baja cuantía de la deuda pública limita la vulnerabilidad de la economía en el sector externo. En Corea se mantiene razonablemente bien la confianza de las empresas y los hogares y la tasa de desempleo sigue siendo baja, pero el descenso de la producción industrial y las exportaciones hace prever un nuevo deterioro de la actividad económica en 2001. Los países miembros de la ASEAN (con excepción de Malasia) son un poco menos abiertos, y el efecto principal de lo que ocurre a nivel interno y en el mundo ha sido un nuevo debilitamiento en una recuperación que ya era titubeante. En Filipinas y Tailandia, el crecimiento se ha visto lesionado por la contracción del sector electrónico, las fragilidades del sistema bancario, la vulnerabilidad de las empresas (en Tailandia) y un cuantioso déficit presupuestario (Filipinas). En Indonesia mejoró el sentimiento de los mercados tras la reciente resolución pacífica de la crisis política, que se reflejó, entre otras cosas, en una apreciación de aproximadamente 25% de la rupia. La orientación más restrictiva que se imprimó hace poco a la política fiscal y monetaria y la intención del nuevo gobierno de acelerar las reformas resultan alentadoras, pero sigue siendo necesario resolver las inquietudes en torno a la descentralización y la sostenibilidad fiscal, contener la inflación y acelerar el avance de la reestructuración de bancos y empresas.

Son de índole muy variada las medidas que pueden adoptarse para combatir la prolongada fragilidad de la demanda interna y de la producción. La mayoría de los países optaron por reducir las tasas de interés pero, si fuera necesario, en muchos todavía es posible tomar medidas más expansivas, a la vez que se mantienen bajas las tasas de inflación. En Tailandia, el aumento de las tasas de interés decretado por las autoridades a principios de junio generó incertidumbre sobre el curso de la política monetaria, pero el banco central aclaró su intención de mantener una política que sirva de apoyo y anunció que no volvería a elevar las tasas de interés en el corto plazo. Los riesgos de inflación son más acuciantes en indonesia, y el banco central tuvo que incrementar las tasas de interés para mitigarlos. En varios casos, entre ellos Corea, Malasia, la provincia china de Taiwan y Tailandia, se han introducido recientemente generosos paquetes fiscales para sustentar el crecimiento; en otros, entre los que cabe destacar Indonesia y Filipinas, el margen de maniobra se ve limitado por elevados niveles de déficit o deuda pública.

En lo que se refiere a China, se prevé que continúe un sólido crecimiento en 2001, en parte porque las exportaciones totales, y sobre todo las exportaciones de bienes de alta tecnología, constituyen una proporción mucho más baja del PIB que en la mayoría de las demás economías emergentes de Asia. Por otra parte, si bien se han desacelerado sensiblemente las exportaciones en 2001—lo que indica que China no es inmune a la contracción mundial—la actividad general mantuvo su firmeza en el primer semestre de 2001, apoyada en un abundante consumo privado y en una fuerte inversión pública como resultado del paquete fiscal de septiembre de 2000. El alto nivel de reservas en divisas y la cuantiosa afluencia de inversión extranjera directa—que ha oscilado en torno a los $40.000 millones anuales desde 1996 y ha recibido un fuerte aumento de compromisos durante el año pasado—limitan la vulnerabilidad a corto plazo de China ante los embates externos. Los principales problemas económicos que deben resolverse, ahora con mayor urgencia por el inminente ingreso a la Organización Mundial del Comercio, siguen siendo el refuerzo del sector bancario porque, a pesar de que recientemente se transfirieron los préstamos a empresas que se ocupan de gestionar activos, ese sector todavía está agobiado por altos niveles de préstamos en mora; el avance de la reestructuración de las empresas y, en el mediano plazo, el fortalecimiento de la posición fiscal para cubrir los costos de las reformas bancarias y empresariales y los pasivos por concepto de jubilaciones y pensiones. En su momento, también sería conveniente pasar gradualmente a una administración más flexible del tipo de cambio.

India también está relativamente aislada de la desaceleración mundial dada la índole de su sector de TI (que se orienta hacia los servicios, actividad en la que los bajos costos de India le ofrecen una ventaja competitiva) y su economía relativamente cerrada. Aun así, hubo una aguda contracción de la actividad económica como resultado de la sequía, los aumentos de precios de la energía, la disipación de los efectos del estímulo fiscal de fines de los años noventa y el devastador terremoto de Gujarat. Por estas razones se prevé una caída del crecimiento de alrededor del 4,5% en 2001 (o del 5% en el ejercicio 2001/02), muy por debajo de los niveles considerados necesarios para avanzar en la lucha contra la pobreza (véase el recuadro 1.6). Todo parece indicar que la temporada de monzones de este año será propicia, por lo que se espera una recuperación paulatina de la economía en el segundo semestre de 2001 y en los primeros meses de 2002. En cuanto a la balanza de pagos, las proyecciones señalan que mantendrá una posición cómoda. Con todo, la reciente fase descendente—y la insuficiencia resultante de ingresos fiscales—podría hacer que el déficit del sector público suba a más del 11% del PIB en el ejercicio 2001/02. Es crucial la necesidad de tomar medidas para asegurar la sostenibilidad fiscal y sentar las bases de un crecimiento vigoroso y sostenido, incluso avanzando con el proyecto de ley sobre responsabilidad fiscal y poniendo en práctica el ambicioso programa de reforma estructural presentado recientemente en el Consejo de Asesores Económicos del Primer Ministro.

Recuadro 1.6.Crecimiento y pobreza en India

El índice de pobreza de India se fue reduciendo apreciablemente en los últimos tres decenios. Mejoraron asimismo los indicadores de desarrollo social, como la esperanza de vida, la alfabetización y la tasa de mortalidad infantil. No obstante, unos 260 millones de personas (26% de la población) sigue viviendo por debajo del umbral de pobreza, lo que sigue siendo un enorme problema para la política económica1.

Entre 1974 y 2000, el porcentaje de la población que vivía debajo del umbral de pobreza cayó de 55% a 26% (véase el gráfico). El descenso fue bastante uniforme en las zonas rurales y urbanas. La pobreza rural—que abarca aproximadamente las tres cuartes partes de los pobres del país—bajó de 56% en 1974 a 27% en 2000, y en el mismo período la pobreza urbana bajó de 49% a 24%. También disminuyeron las diferencias entre los estados, aunque siguen siendo amplias; por ejemplo, en Punjab, el 6% de la población vive debajo del umbral de pobreza, pero en Bihar el porcentaje asciende a alrededor del 43%. El índice de reducción de la pobreza durante este período se ha mantenido, en general, estable, y la reducción más acusada tuvo lugar entre 1994 y 2000.

No obstante, el análisis de las tendencias de la pobreza en India se ha complicado debido a problemas estadísticos. Se cree que los datos sobre la pobreza en India son los más favorables entre los países en desarrollo, pero hay algunos aspectos que inquietan, sobro todo los relacionados con la cobertura y la frecuencia de las encuestas nacionales por muestreo, que son las fuentes de las que se obtienen las estimaciones de pobreza2. Además, se plantearon objeciones respecto a la precisión de los deflactores de precios utilizados para calcular el gasto de consumo real y el uso de procedimientos de estimación que no reflejan la creciente monetización ni el cambio de las preferencias de los consumidores, sobre todo en la economía rural. Más recientemente se cuestionaron las estimaciones de pobreza de 2000. Algunos analistas advirtieron que la confusión por parte de los encuestados y los compiladores debido a los cambios introducidos en los cuestionarios de las encuestas pueden haber provocado errores de medición y un posible sesgo a la baja en el índice de pobreza.

Tendencias de la pobreza

(Porcentaje de la población que vive debajo del umbral de pobreza)

Fuente: Estimaciones del grupo de expertos oficiales.

Pese a todo, pueden hacerse algunas generalizaciones a partir del gran cúmulo de investigaciones sobre la pobreza en India. En primer lugar, a nivel macroeconómico, los índices de pobreza parecen ser más elevados en la mujer, los analfabetos, los trabajadores agrícolas sin tierras y los que pertenecen a castas inferiores (véase National Council of Applied Economic Research, 1996). Segundo, a nivel macroeconómico, el crecimiento ha sido una gran influencia en la pobreza. Los estudios empíricos demuestran que los altos rendimientos agrícolas y los aumentos de la producción no agropecuaria redujeron en forma significativa los índices de pobreza. Además del crecimiento, la baja inflación, la educación, el gasto público en favor del desarrollo y las reformas agrarias—sobre todo en lo que atañe a la tenencia de la tierra—han desempeñado funciones cruciales en la lucha contra la pobreza. Por último, los programas de alivio de la pobreza (subsidios a los alimentos, trabajos en zonas rurales y planes para trabajar por cuenta propia) no fueron muy eficientes teniendo en cuenta sus costos, en gran medida porque no estuvieron bien focalizados, hubo fugas de recursos y se abusó de ellos. Con todo, recientemente se logró cierto avance en la racionalización y focalización de estos programas (Banco Mundial, 2000).

En los últimos años, algunos analistas plantearon la inquietud de que en los años noventa se hubiesen debilitado los vínculos positivos entre el crecimiento y la lucha contra la pobreza que se habían manifestado previamente. Los críticos aducen que, aunque las reformas de principios de los años noventa elevaron visiblemente el crecimiento económico, los beneficios en cuanto a la reducción de la pobreza fueron relativamente nulos. Hace poco se llevó a cabo un análisis en el que se complementaron estimaciones sobre la pobreza de las encuestas quinquenales de muestras amplias con las encuestas anuales de muestras pequeñas para el período 1974-97. En dicho análisis se demuestra que, aunque la pobreza aumentó en los primeros años de las reformas (1991-92), la tendencia se revirtió claramente en los últimos años, en la medida en que comenzaron a filtrarse en la economía los beneficios de las reformas3. No obstante, se observa que otros factores que previamente reducían la pobreza, como la baja inflación y el alto nivel de gasto público en favor del desarrollo, fueron menos eficaces durante este período.

Los datos de la encuesta de 2000—que muestran un acusado descenso del índice de la pobreza después de 1997, en un período de crecimiento relativamente vigoroso—suministran nuevas pruebas de que el crecimiento ha favorecido a los pobres en India. Además, esta conclusión parece confirmarse por el hecho de que el consumo per cápita—basado en las estadísticas de las cuentas nacionales—creció rápidamente durante el último decenio, a un ritmo aún más rápido que el crecimiento calculado a partir de las encuestas por muestreo, en tanto que la distribución del ingreso se deterioró apenas marginalmente.

1Se ha determinado que el umbral oficial de pobreza de India, basado en una norma nutricional, equivale a un gasto mensual de 49 rupias per cápita a precios de 1973–74 en zonas rurales y 57 rupias por mes en zonas urbanas. Estos valores son inferiores al umbral de pobreza de un dólar por día (según la paridad de poder adquisitivo), según el cual el 47% de la población del país vivía en la pobreza en 1994, en comparación con la estimación oficial de 35% en el mismo año.2Estas encuestas son de dos tipos: una encuesta anual con una cobertura y tamaño de muestra limitados, y una encuesta más amplia con una muestra más numerosa que se realiza aproximadamente cada cinco años. Si bien las estimaciones derivadas de las muestras más pequeñas se dan a conocer públicamente, no se emplean para elaborar las estimaciones oficiales de pobreza. No obstante, en la mayoría de los análisis de las propiedades de la pobreza en series cronológicas se complementaron las estimaciones de las encuestas con muestras más grandes con las de muestras más pequeñas.3Véase Aziz (de próxima publicación), quien examina la experiencia con la pobreza a nivel estatal en 1974–97, usando estimaciones de las encuestas quinquenales y anuales.

Las condiciones agrícolas están creando una divergencia en las perspectivas económicas a corto plazo de Pakistán y Bangladesh. La gran sequía que asoló a Pakistán impidió el crecimiento y debilitó la balanza comercial, lo que se suma a una vulnerabilidad financiera que ya era grave—bajo nivel de reservas, elevada deuda pública y un déficit de financiamiento, entre otras cosas—en tanto que en Bangladesh, la producción y el comercio exterior de productos agrícolas repuntaron tras la contracción debida a las inundaciones en 2000. En parte como resultado de estas tendencias, los ingresos tributarios fueron inferiores a los previstos en Pakistán, pero se incrementaron apreciablemente en Bangladesh. En ambos países es menester seguir mejorando los saldos presupuestarios en el mediano plazo, y mejorar también la administración tributaria y la disciplina del gasto. Una nueva ronda de privatizaciones de bancos y empresas públicas, aunada a la liberalización del sector de la energía y de otros sectores clave también respaldaría la inversión, la diversificación y el crecimiento sostenido.

Las proyecciones señalan una significativa desaceleración del crecimiento en Australia y Nueva Zelandia en 2001—aunque mucho menor que en otros países de la región—acompañada de una inflación en descenso y menores déficit en cuenta corriente. Las exportaciones de ambos países se han comportado bien, apoyadas en tipos de cambio reales más depreciados, pero si siguen empeorando los mercados externos es posible que no se sostenga el reciente incremento de las exportaciones. La situación de la demanda interna fue más despareja: la inversión—sobre todo en la construcción de viviendas—ha sido endeble, aunque los datos más recientes señalan un vigoroso repunte en Australia, en tanto que la confianza y el gasto de los consumidores se ha mantenido relativamente bien en ambos países. En Australia hubo un sustancial recorte de las tasas de interés, lo que impulsó una recuperación de la actividad tras la contracción registrada en el segundo semestre de 2000, en parte originada porque comenzó a decrecer la acumulación de la demanda en anticipación a los cambios del régimen tributario de mediados de 2000. En Nueva Zelandia, ante la escasez de mano de obra y una elevada utilización de la capacidad instalada, las reducciones de las tasas de interés fueron más moderadas. Pese a todo, si la inflación sigue siendo baja, en ambos países hay margen para volver a reducir las tasas, en especial si se debilita la demanda interna y externa como resultado de la contracción mundial.

La evolución económica de los países insulares del Pacífico varió mucho con los años, reflejando diferencias en la firmeza de la implementación de la política económica, el entorno político, el momento en que se produjeron conmociones externas concretas y su gravedad. Por todo ello, se registró una aguda contracción del PIB real en Fiji y en las Islas Salomón en 2000, donde la confianza fue seriamente sacudida por disturbios políticos y civiles, pero repuntó vigorosamente en Samoa, que se benefició de la aplicación continua de políticas acertadas y del turismo que antes se dirigía a Fiji. Es probable que la fase descendente de la economía mundial amortigüe el crecimiento en 2001, sobre todo en países que dependen de una actividad turística relativamente importante.

Países emergentes de Europa: Difícil equilibrio entre los objetivos de corto y mediano plazo

El aumento del PIB de la región, que mostró un fuerte repunte en 2000, bajaría al 1,1% en 2001 según se prevé en las proyecciones (cuadro 1.8), en gran medida debido a la aguda contracción del producto en Turquía. En la mayoría de los demás países de la región se prevé un debilitamiento moderado del aumento del PIB—que hasta ahora se había comportado relativamente bien, impulsado por la inversión extranjera directa y la reestructuración empresarial—dado que la contracción de la demanda en Europa, sobre todo en Alemania, impide cada vez más que aumenten las exportaciones (gráfico 1.11). Por eso es que se prevé poco avance en la reducción del déficit de la balanza de pagos en cuenta corriente, lo cual, pese a que se financia en gran medida con inversión extranjera directa, sigue siendo una fuente de vulnerabilidad. Hasta ahora ha sido limitado el contagio de la crisis turca, aunque algunos países—entre ellos Polonia y Hungría—padecieron algunas presiones sobre el tipo de cambio a medida que se deterioraban las condiciones en Argentina a principios de julio. En la mayoría de los países también preocupa seriamente el problema del desempleo, que está vinculado con las rigideces del mercado de trabajo y con altos impuestos a la renta del trabajo.

Gráfico 1.11.Crecimiento de las exportaciones de los países emergentes de Europa1

(Variación porcentual con respecto a cuatro trimestres antes, salvo indicación contraria)

Las exportaciones de los países emergentes de Europa han crecido vigorosamente en los últimos años, en parte como resultado de la reestructuración de las empresas y de la inversión extranjera directa. No obstante, recientemente el crecimiento de las exportaciones se debilitó bajo el efecto de la contracción mundial.

Fuentes: FMI, Direction of Trade Statistics, y varios sitios en Internet de bancos centrales.

1Únicamente exportaciones de bienes.

Cuadro 1.8.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos países candidatos a ingresar en la Unión Europea(Variación porcentual anual; salvo indicación contraria)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
199920002001200219992000200120021999200020012002
Países candidatos a ingresar en la Unión Europea−0,14,91,14,725,324,320,514,7−4,1−5,1−2,8−3,6
Turquía−5,07,5−4,35,964,954,951,932,7−0,7−4,93,0−0,4
Excluido Turquía2,13,83,44,211,212,98,87,5−5,7−5,3−5,3−5,0
Países bálticos−1,75,14,55,21,82,22,33,1−9,3−6,3−6,7−6,4
Estonia−0,76,94,55,03,34,05,73,8−4,7−6,4−7,2−6,8
Letonia1,16,66,06,02,42,62,33,0−9,7−6,8−6,3−5,8
Lituania−3,93,33,64,70,81,00,62,8−11,2−6,0−6,7−6,6
Europa central3,13,93,14,06,98,65,35,0−5,7−5,2−5,1−4,9
Eslovenia5,24,94,54,06,28,97,05,0−3,9−3,2−2,7−2,4
Hungría4,55,24,54,510,09,89,46,4−4,3−3,6−4,8−4,8
Polonia4,14,12,53,77,310,15,75,7−7,5−6,3−5,2−5,0
República Checa−0,42,93,33,92,14,03,93,8−2,9−4,6−5,0−4,9
República Eslovaca1,92,23,04,410,712,07,26,0−5,7−3,7−7,3−6,4
Europa meridional y sudoriental−0,72,84,24,630,932,924,118,2−4,0−5,1−5,7−5,2
Bulgaria2,45,84,55,02,610,46,83,2−5,3−5,8−6,0−5,7
Chipre4,55,14,24,01,84,12,22,5−2,4−5,0−3,6−3,0
Malta4,04,74,14,32,12,41,82,0−3,4−14,5−5,9−5,1
Rumania−2,31,64,14,545,845,733,826,0−4,1−3,9−6,0−5,5

De acuerdo con la práctica habitual en Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de presentarlos como variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

De acuerdo con la práctica habitual en Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de presentarlos como variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

En cuanto a toda la región, la atención se centró en la crisis de Turquía, donde la combinación de fundamentos económicos cada vez más débiles, desviaciones de la política económica y una mayor incertidumbre política culminó en un fuerte ataque especulativo y la flotación de la libra turca a fines de febrero. El nivel excesivamente elevado de las tasas de interés durante el período de crisis, aunado a la cuantía de los préstamos día a día de los bancos estatales y el apoyo oficial a los bancos privados intervenidos, dio como resultado un incremento considerable de la deuda pública y un rápido acortamiento de su vencimiento. Si bien menguaron las tasas de interés inmediatamente después de la crisis, siguieron manteniendo altos niveles, lo que atentó contra la sustentabilidad y la recuperación económica. Además de la extrema incertidumbre sobre los tipos de cambio y la inflación, las altas tasas de interés reales fueron un obstáculo para la economía real y avivaron las presiones que se ejercían sobre un sistema bancario ya endeble. La tarea principal que debió acometer el nuevo equipo económico fue restablecer la confianza y reducir las tasas de interés rápidamente y en forma sostenible. Para ello, el programa revisado de las autoridades se centra en corregir las deficiencias estructurales básicas, sobre todo en los bancos; reducir las necesidades de financiamiento del sector público y ayudar a asegurar la sostenibilidad de la deuda, en tanto se orienta la política monetaria hacia la reducción de la inflación, además de fortalecer el diálogo social a fin de promover la moderación salarial y la protección social. El programa se apoya en un cuantioso financiamiento externo adicional y en recursos de instituciones financieras internacionales, entre ellas el FMI.

Hasta la fecha se han recibido distintos resultados. Como se preveía, el aumento del producto descendió rápidamente, aunque hay señales de que puede nivelarse la confianza de los empresarios, y se espera a su vez un notorio repunte de las exportaciones y del turismo gracias a la depreciación de la moneda. Las autoridades han logrado un gran avance en la reestructuración del sistema bancario; el resultado fiscal fue mejor de lo previsto; la inflación mostró señales de moderación y, pese a algunas desviaciones previas, mejoró significativamente la puesta en práctica de la política económica. Aun así, aunque bajaron un poco las tasas de interés internas, siguen siendo superiores a los niveles programados porque el mercado continúa percibiendo un alto riesgo y existen también factores externos (como los efectos de contagio de la crisis de Argentina). Dado que la situación económica todavía es difícil y es necesario fortalecer aún más la confianza externa, no deja de ser esencial una impecable puesta en marcha del programa con apoyo político pleno y sin divisiones.

En otros países de la región, las políticas macroeconómicas y estructurales siguieron centrándose en el ingreso anticipado a la Unión Europea y, entre otras cosas, la adopción de un acervo comunitario (conjunto detallado de leyes y reglamentos que rigen la Unión Europea). Debido a la continua incertidumbre sobre la fecha en que se dispondrá su ampliación y a las señales de que podría erosionarse el apoyo popular tanto en los países candidatos a ingresar como en los que ya son miembros, se recibe con particular satisfacción el acuerdo al que llegaron los líderes de la UE en la cumbre de Gotemburgo, en junio, en virtud del cual se procurará concluir las negociaciones con los países más avanzados para fines de 2002, previéndose su ingreso en 2004. Sin embargo, dado que aún no ha terminado el debate de los aspectos más difíciles, queda mucho por hacer—en los países candidatos y en los miembros—si se ha de lograr este objetivo.

En Europa central, las principales tareas son determinar la mejor combinación de medidas fiscales y monetarias en vista de las condiciones cíclicas y avanzar hacia la consecución de la meta a mediano plazo de reducir los déficit fiscales y externos. En Polonia, donde la actividad se ha debilitado acusadamente y está bajando la inflación, se redujeron las tasas de interés—la última vez en agosto—y se dio una flexibilización cíclicamente neutra a la meta del déficit fiscal. Las tasas de interés todavía siguen siendo muy altas en términos reales, pero al parecer es posible reducirlas. En el presupuesto del próximo año será necesario evitar nuevos compromisos de gasto y exenciones tributarias para que no surjan desequilibrios y se reanude el avance hacia el saneamiento de las finanzas públicas en el mediano plazo. En Hungría, en cambio, la expansión sigue siendo razonablemente robusta y la inflación regresó a niveles de dos dígitos. La reciente ampliación de la banda cambiaría está facilitando el necesario endurecimiento de las condiciones monetarias pero es necesaria también una orientación fiscal más restrictiva. En la República Checa, la demanda y la actividad siguieron siendo firmes en el primer trimestre pero posteriormente mostraron señales de debilitamiento. El banco central decretó un aumento de la tasa de interés por primera vez desde marzo de 1998 debido al aumento del nivel general de inflación y la expansión proyectada del déficit presupuestario (excluidas las reservas de la privatización y los gastos vinculados con la reestructuración de los bancos). En el mediano plazo, todos los países confrontan serias dificultades fiscales debido al envejecimiento de la población, la elevada carga tributaria sobre la renta del trabajo y los gastos necesarios para ingresar a la UE, todo lo cual destaca la necesidad de racionalizar otros gastos corrientes, por ejemplo, mediante la reestructuración de la administración pública y una mejor focalización del gasto social (véase Christou y Daseking, de próxima publicación).

Las proyecciones señalan que la actividad económica en los países bálticos se mantendrá relativamente robusta, con una contracción moderada en Estonia—en parte como reflejo de su exposición al sector electrónico—contrarrestada hasta cierto punto por la continua recuperación de Lituania tras la recesión que padeció en 1999. Sin embargo, si se tiene en cuenta que se trata de economías abiertas, sigue habiendo una vulnerabilidad en caso de que baje la demanda externa, sobre todo en Europa. Los tres países bálticos recortaron drásticamente el déficit presupuestario en los dos últimos años, lo que contribuyó a reducir el déficit en cuenta corriente en toda la región. Si bien el déficit externo sigue siendo alto—en parte debido a que aumentaron los precios del petróleo—la vulnerabilidad es menor gracias al alto nivel de inversión extranjera directa y, en general, una deuda externa baja. En el mediano plazo, lo más importante es consolidar este avance en tanto se absorben gastos más elevados en relación con la adhesión a la UE, y reformar el sistema de jubilaciones y pensiones y, en Lituania y en Letonia, apoyar el proceso que permita volver a fijar las paridades de sus monedas con el euro (en Lituania, esto está previsto para 2002).

En lo que se refiere a Europa sudoriental, la expansión que registró Bulgaria se sustentó en la aplicación de políticas macroeconómicas acertadas, aunque la desaceleración que tuvo lugar en Europa y la crisis de Turquía comenzaron a afectar los ingresos de exportación. El nuevo gobierno tendrá que mantener el impulso necesario de la reforma estructural para establecer una economía de mercado competitiva y en pleno funcionamiento. En Rumania, que optó por alternar rápidamente medidas de reforma y de estabilidad macroeconómica en los últimos años, el aumento del PIB se impulsó cada vez más en la demanda interna, y estuvo acompañado de una ampliación significativa del déficit en cuenta corriente. Para abatir estas presiones y sustentar una nueva reducción de la inflación, será necesario endurecer la política fiscal, tomando medidas para reforzar el desempeño financiero de las empresas públicas. También es esencial revitalizar el proceso de reforma, por ejemplo, avanzando con mayor rapidez en la privatización y en la mejora de la gestión de gobierno.

La República Federativa de Yugoslavia confronta la enorme tarea de reconstruir su economía y está agobiada por una cuantiosa deuda externa. El nuevo gobierno actuó con asombrosa velocidad y compromiso para formular y comenzar a implementar un ambicioso programa de estabilización y reforma. Las medidas macroeconómicas se centran en la lucha contra la inflación, que subió a un nivel máximo de más del 100% a finales de 2000, mediante una severa restricción de la expansión crediticia—sobre todo de préstamos cuasifiscales a empresas estatales—en tanto se depende cada vez más de fuentes no inflacionarias de financiamiento, como la asistencia privada y los ingresos procedentes de la privatización. Esto viene acompañado de reformas estructurales de amplia cobertura, como la liberalización casi completa del sistema de comercio exterior y cambios, reformas fiscales, y la iniciación de una estrategia de resolución bancaria. Pero todavía queda mucho por hacer, y es de suma importancia mantener el impulso de la reforma, sustentado en la continua y generosa asistencia de la comunidad internacional y la reestructuración de sus deudas.

Comunidad de Estados Independientes (CEI): Continúa la recuperación pero se retrasan las reformas

La CEI experimentó una vigorosa y amplia recuperación en 1999-2000 tras sufrir la recesión inducida por la crisis de Rusia en 1998. En Rusia y los países exportadores de energía, la combinación de precios más altos del petróleo y tipos de cambio muy depreciados provocó un fuerte repunte en el aumento del PIB al 8,6% en 2000 (cuadro 1.9), acompañado de un cuantioso superávit fiscal y de balanza de pagos. Pese a que se deterioró la relación de intercambio por el aumento de los precios del petróleo, el crecimiento del PIB también parece haber repuntado sensiblemente en los países importadores de energía, gracias a la sólida demanda de importaciones de Rusia, la depreciación del tipo de cambio y otros factores que son específicos de cada país.

Cuadro 1.9.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en la Comunidad de Estados Independientes(Variación porcentual anual; salvo indicación contraria)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
199920002001200219992000200120021999200020012002
Comunidad de Estados Independientes4,67,94,44,070,625,021,613,01,53,52,51,7
Rusia5,48,34,04,085,720,822,112,911,718,011,57,9
Excluido Rusia2,86,95,44,142,134,820,613,1−0,10,20,1
Países en una etapa más avanzada de la reforma1,46,76,14,716,919,711,59,4−0,73,21,40,3
Armenia3,36,06,56,00,7−0,84,53,0−16,6−14,6−14,1−12,1
Azerbaiyán7,411,18,58,5−8,51,82,52,5−13,2−2,7−6,1−17,3
Georgia3,01,83,53,819,14,05,95,2−7,9−6,0−5,6−4,9
Kazajstán2,89,56,05,08,413,39,47,51,08,05,04,3
Moldova−3,41,95,05,039,331,312,810,0−2,6−8,4−6,9−5,3
República Kirguisa3,75,05,04,535,918,79,17,8−22,9−15,6−8,5−6,0
Ucrania−0,25,86,24,022,728,214,912,32,64,72,92,6
Países en una etapa menos avanzada de la reforma5,77,44,13,0111,971,241,520,9−0,1
Belarús3,45,92,52,2293,7169,069,023,7−1,6−1,3−1,3−1,8
Tayikistán3,78,35,05,027,532,939,910,7
Turkmenistán16,017,610,06,023,58,015,015,0−16,02,72,02,0
Uzbekistán4,34,03,02,029,125,026,122,2−1,01,41,42,1
Partida informativa
Exportadores netos de energía35,58,64,34,275,319,620,712,49,916,710,77,2
Importadores netos de energía41,65,24,73,556,144,925,014,90,1

De acuerdo con la práctica habitual en Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de presentarlos como variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye Azerbaiyán, Kazajstán, Rusia y Turkmenistán.

Incluye Armenia, Belarús, Georgia, Moldova, República Kirguisa, Tayikistán, Ucrania y Uzbekistán.

De acuerdo con la práctica habitual en Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de presentarlos como variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye Azerbaiyán, Kazajstán, Rusia y Turkmenistán.

Incluye Armenia, Belarús, Georgia, Moldova, República Kirguisa, Tayikistán, Ucrania y Uzbekistán.

Según las proyecciones, el crecimiento regional del PIB en 2001 será de 4,4%, 3,5 puntos porcentuales menos que en 2000. Este descenso en 2001 refleja en gran medida la reversión parcial de los factores que habían impulsado previamente el crecimiento, como la apreciación del tipo de cambio real—sobre todo en países donde la ventajosa posición de la balanza de pagos contribuyó a un rápido crecimiento monetario y a presiones inflacionistas cada vez más fuertes—, una actividad más débil de la prevista en Europa occidental, y precios más bajos de la energía. Por esas razones, se proyecta que el aumento del PIB en Rusia y los países exportadores de energía—que han sido gravemente afectados por todos estos factores—se reducirá a la mitad (4,3%) pero el descenso será menor en el crecimiento del PIB de los países importadores de energía. Hasta la fecha, el contagio de las crisis de Turquía y Argentina ha sido relativamente moderado: en todo el año cayeron los diferenciales en los eurobonos de Rusia y Kazajstán, ayudados por los altos precios de la energía y limitadas necesidades de financiamiento (aunque surgieron temporalmente algunas presiones a fines de junio por el deterioro de la situación argentina y la reducción de los precios del petróleo). No obstante, probablemente se vean perjudicados durante el año los países a los que Turquía destina una proporción significativa de sus exportaciones (entre ellos Georgia).

En el ámbito macroeconómico varían ampliamente los problemas que debe atender la política económica. En Rusia, aunque bajaron los precios del petróleo en relación con sus valores máximos de fines de 2000 y continuaron las fuertes salidas de capital, se espera que la cuenta corriente y la balanza de pagos global mantengan un acusado superávit. Las autoridades confrontan la difícil tarea de crear condiciones debidamente restrictivas de liquidez dentro del país para restringir la inflación y a la vez evitar una apreciación excesivamente rápida del rublo que podría poner en peligro el crecimiento económico. Pese a que el superávit fiscal es más sólido de lo previsto, la inflación es mayor que lo que indican las proyecciones, lo que señala la posibilidad de que se vuelva necesario adoptar una política monetaria más restrictiva. Kazajstán enfrenta problemas similares. El país está gozando de un crecimiento rápido impulsado por el dinamismo de las exportaciones de petróleo, y creó un fondo de estabilización para gestionar los ingresos derivados del petróleo. En Ucrania, el crecimiento, la inflación y la balanza de pagos registraron valores mucho mejores de los previstos gracias a la aplicación de medidas macroeconómicas acertadas, un gran exceso de capacidad instalada, e índices salariales y tipos de cambio favorables. Las reformas estructurales que tuvieron lugar, sobre todo en el sector agrícola, tuvieron efectos muy favorables en 2001.

La inflación siguió bajando en toda la región, pero se mantiene a niveles elevados en algunos países, sobre todo en Belarús, Tayikistán y Uzbekistán. En estos casos será esencial evitar nuevas desviaciones de la política macroeconómica manteniendo una estricta disciplina fiscal y recurriendo menos al crédito directo, lo que sigue atentando contra la eficacia de la política monetaria en varios casos. En Armenia, Georgia, Moldova, la República Kirguisa y Tayikistán, el drástico incremento de la deuda externa registrado en el último decenio constituye una grave amenaza a la sostenibilidad externa y fiscal (gráfico 1.12) y esto inquieta sobre todo porque estos países tienen un ingreso per cápita muy bajo y niveles de pobreza altos. El incremento parece derivarse de bruscas alzas de los precios de la energía y la pérdida de transferencias del gobierno central de la antigua U.R.S.S. a principios de la transición, lo que provocó cuantiosos déficit en cuenta corriente. Los conflictos regionales e internos, los fallos políticos y la gestión inadecuada de gobierno, así como las agudas devaluaciones tras la crisis de Rusia de 1998 también fueron factores importantes9. A estos factores se sumó la sobreestimación de la capacidad de implementación y la subestimación de las dificultades de la transición para los gobiernos, las instituciones financieras internacionales y otros acreedores. Además, en algunos casos, el financiamiento recibido por estos países no fue debidamente concesionario, y las inversiones relacionadas padecieron de una planificación inadecuada de los proyectos. Si bien las políticas destinadas a fortalecer el ajuste y el crecimiento internos ayudarán a aliviar la situación, varios de estos países podrían confrontar graves dificultades si se deteriora el entorno externo o si el crecimiento económico no responde a las reformas como se esperaba. En este caso será necesario contar con más asistencia de la comunidad internacional a fin de evitar un ajuste abrupto que pueda tener graves repercusiones para los pobres.

Gráfico 1.12.Comunidad de Estados Independientes (CEI): Continúa la recuperación pero no es suficiente el avance de la reforma1

(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)

El crecimiento del PIB real repuntó desde la crisis de Rusia, y está bajando la inflación, aunque sigue siendo elevada en varios países. Sin embargo, el avance de la reforma estructural fue desalentador, y en algunos países preocupa el alto nivel de deuda externa.

Fuente: Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, Transition Report 2000.

1La franja sombreada indica proyecciones del personal técnico del FMI.

2Belarús, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán.

3Armenia, Azerbaiyán, Georgia, Kazajstán, Moldova, República Kirguisa y Ucrania.

4Promedio simple de ocho indicadores de reforma del BERD. Una puntuación de 1 significa condiciones antes de la reforma en una economía de planificación central; 4⅓indica características comparables a las de las economías avanzadas.

5Armenia, Georgia, Moldova, República Kirguisa y Tayikistán.

Con una óptica a largo plazo, la clave del crecimiento sostenible de la CEI sigue siendo la revitalización del proceso de reforma estructural, sobre todo el desarrollo institucional y una mejor gestión de gobierno, la reestructuración de las empresas, el sector financiero y la transformación de la función del Estado. Los indicadores de reforma estructural que preparó el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) sugieren que entre 1998 y 2000, pese a que las condiciones macroeconómicas eran relativamente favorables, se avanzó poco (gráfico 1.12) (y en algunos casos se dio marcha atrás con la reforma). Ante esas circunstancias, el programa de reforma a 10 años anunciado por el Gobierno ruso resulta alentador, y la reforma tributaria que acaba de ponerse en marcha es un importante paso (aunque será necesario vigilar cuidadosamente las repercusiones del ingreso generado, sobre todo si siguen bajando los precios del petróleo). La Duma está considerando nuevos proyectos de ley en una amplia gama de temas, entre ellos propuestas sobre la simplificación de la reglamentación empresarial, el lavado de dinero, el código agrario y la reforma del sistema de jubilaciones y pensiones. Además, el Gobierno aprobó estrategias para reformar dos servicios fundamentales: la generación de energía eléctrica y los ferrocarriles. En el resto de la región, los resultados son variados. Si bien en algunos países cobró impulso la reforma (en Armenia y Azerbaiyán, por ejemplo), en otros—muchos de los países que menos avanzaron en la transición—el proceso sigue estancado. En varios de éstos, donde la liberalización está bloqueada por intereses creados que se benefician de una situación de reforma parcial, será necesario emprender una fuerte iniciativa política nacional para poder avanzar.

África: Respaldo al crecimiento y a la lucha contra la pobreza

Se proyecta que el crecimiento de África se acercará al 4% este año gracias a la notable mejora de la región del Maghreb—sobre todo porque Marruecos se recupera de la sequía—y al moderado incremento de la actividad en África al sur del Sahara (cuadro 1.10)10. Se espera que la inflación se mantenga baja en el Maghreb, así como en la mayoría de los países subsaharianos, pero sigue siendo un problema en algunos países—en particular en Angola, la República Democrática del Congo y Zimbabwe, pero también en Ghana y Nigeria. Aunque el déficit en la cuenta corriente regional sigue siendo pequeño—debido al cuantioso superávit de los países productores de petróleo y gas—muchos países subsaharianos siguen registrando un gran déficit, en parte por los bajos precios de los productos primarios no combustibles, los altos precios del petróleo y los costos del servicio de la deuda externa que son aún elevados.

Cuadro 1.10.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos países de África(Variación porcentual anual; salvo indicación contraria)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
199920002001200219992000200120021999200020012002
África2,52,83,84,411,513,612,68,0−3,60,5−0,9−1,4
Maghreb2,52,45,05,02,01,33,14,8−0,67,24,92,8
Argelia3,22,43,84,92,60,33,06,816,812,08,0
Marruecos−0,70,86,04,50,71,93,43,0−0,5−1,7−2,1−1,9
Túnez6,25,06,26,12,73,02,92,7−2,1−3,7−3,1−3,1
Al sur del Sahara32,82,93,84,519,123,520,211,0−7,2−2,4−4,6−5,3
Camerún4,44,25,35,52,90,82,02,0−4,1−1,7−2,0−1,3
Cote d’lvoire1,6−2,3−1,03,50,72,54,03,6−4,2−5,4−5,5−4,3
Ghana4,43,74,05,012,425,033,019,0−11,5−9,2−6,9−4,9
Kenya1,3−0,21,32,06,17,15,05,0−2,3−2,1−5,6−6,2
Nigeria1,13,83,12,26,66,921,117,1−9,54,9−0,8−4,6
Tanzania4,85,15,96,26,36,25,24,4−3,9−0,7−2,8−3,6
Uganda7,94,44,96,3−0,26,34,35,0−7,6−8,8−7,6−10,4
Sudáfrica1,93,12,83,45,25,46,14,5−0,4−0,30,11,4
Partida informativa
Importadores de petróleo2,62,83,94,411,013,511,86,7−2,9−2,7−3,0−2,7
Exportadores de petróleo2,22,93,74,213,313,815,412,5−5,89,74,82,1

De acuerdo con la práctica habitual en Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como Promedios anuales en lugar de presentarlos como variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Excluido Sudáfrica.

De acuerdo con la práctica habitual en Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como Promedios anuales en lugar de presentarlos como variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Excluido Sudáfrica.

Como las exportaciones representan más de un tercio del PIB africano, la desaceleración mundial debilitará las condiciones del comercio exterior, sobre todo con la Unión Europea, que absorbe aproximadamente el 40% de las exportaciones de la región. No obstante, para los saldos externos y la actividad económica de la mayoría de los países africanos son más significativas las condiciones de los mercados de los productos primarios individualmente, que no siempre guardan una buena correlación con el ciclo mundial (gráfico 1.13; véase también el apéndice I). En los países productores de energía, entre ellos Argelia y Nigeria, el alto nivel de los precios del petróleo y el gas siguen sustentando el crecimiento de la demanda interna y mejoras de los saldos fiscales y de balanza de pagos, pero al mismo tiempo existe el riesgo de que la aplicación deficiente de políticas macroeconómicas—sobre todo en Nigeria, pero también en otros países—interrumpa este avance, especialmente si se debilitase más el mercado petrolero.

Gráfico 1.13.Algunos países africanos sensibles a los mercados de productos primarios1

(Variación porcentual; los países están agrupados según las fuentes principales de ingresos de exportación)

La evolución de los mercados de productos básicos tuvo un fuerte impacto en la actividad económica general de muchos países africanos.

1La franja sombreada indica proyecciones del personal técnico del FMI.

2Argelia, Angola, Camerún, Gabón, Guinea Ecuatorial, Nigeria y República del Congo.

3Burundi, Comoras, Cote d’lvoire, Etiopía. Guinea-Bissau, Kenya, Mauritania, Mauricio, Rwanda, Santo Tomé y Príncipe, y Uganda.

4Ghana, Guinea, Mozambique, Namíbia, Niger, República Centroafricana, Sierra Leona, Sudáfrica y Zambia.

5Benin, Chad, Malawi, Malí, Sudán y Zimbabwe. Esta categoría incluye algodón y tabaco.

Casi todos los precios de los productos primarios no combustibles siguen siendo bajos (como se indica en el apéndice I, las principales excepciones son los precios de la madera y de la carne). En lo que respecta a los alimentos y bebidas, lo más significativo ha sido el desplome de los precios del café—que bajaron más de 60% desde 1997—porque ha restado vigor al crecimiento de las exportaciones y provocado fuertes déficit de comercio exterior en Kenya y Uganda. Los precios de los productos primarios de origen agropecuario también bajaron sensiblemente desde 1997, destacándose el caso del algodón (exportación clave de Benin, Chad y Malí) y del tabaco (importante para Malawi y Zimbabwe). Los precios del aluminio y el cobre—metales de singular importancia para Mozambique y Zambia, respectivamente—se redujeron desde comienzos de 2001 y podrían volver a bajar a medida que se contrae la demanda mundial, aunque los aumentos recientes del volumen de exportaciones de estos países están ayudando a contrarrestar el efecto de la baja de precios. El prolongado descenso de los precios del oro sigue siendo un lastre para los ingresos de exportación de Sudáfrica.

Independientemente de lo que suceda en los mercados mundiales y de productos primarios, las influencias locales siguen desempeñando el papel protagónico en las perspectivas económicas de la mayoría de los países africanos. Las perspectivas para la inversión privada, la diversificación económica y el crecimiento a largo plazo son, en general, más optimistas en países que han aplicado medidas macroeconómicas y estructurales bien concebidas. Como resultado se espera que continúe el crecimiento relativamente vigoroso—5% y más—de Botswana, Camerún, Mozambique, Tanzania y Uganda. En cambio, la orientación inadecuada de la política económica, a menudo combinada con la incertidumbre política o los conflictos, tuvo efectos muy perjudiciales en las perspectivas de crecimiento sostenido y de lucha contra la pobreza (véase el recuadro 1.7). En Zimbabwe, por ejemplo, se cree que el turbulento programa de reforma agraria y la aplicación de políticas macroeconómicas desacertadas provocarán una contracción de la economía de alrededor del 8½% en 2001 y una inflación de más del 90% para fin de año; en Côte d’Ivoire, la reciente incertidumbre política lesionó las finanzas públicas y contribuyó a un clima de inversión precario y a una caída del producto. Las condiciones meteorológicas locales también pueden tener fuerte impacto en las variaciones del producto y los precios de un año a otro, sobre todo si se tiene en cuenta la importancia de la explotación agrícola en muchas economías africanas. El repunte previsto en Kenya, Marruecos y Mozambique, por ejemplo, refleja en parte el retorno de condiciones climáticas más normales tras el mal tiempo que prevaleció en 2000.

Recuadro 1.7.Crecimiento económico, conflictos civiles y reducción de la pobreza en África al sur del Sahara

Los esfuerzos de lucha contra la pobreza en África al sur del Sahara fueron desalentadores en los dos últimos decenios, y se amplió visiblemente la brecha de pobreza con el resto del mundo. Si bien la proporción de la población subsahariana que gana menos de $1 por día bajó 1½ puntos porcentuales en el período 1990-98 (véase el cuadro), el descenso fue de 4 puntos en Asia meridional y 12½ puntos en Asia oriental (Chen y Ravallion, 2000). En los países de bajo y mediano ingreso, la reducción de la pobreza durante los años noventa siguió de cerca las tendencias del crecimiento económico per cápita.

Esta relación queda confirmada en varios estudios empíricos recientes. Ravallion y Chen (1997), por ejemplo, observan que la proporción de la población que vive con menos de $1 por día baja 3% por cada incremento de 1% del ingreso per cápita medio, en tanto que Dollar y Kraay (2000) encuentran que un aumento de 1 % del crecimiento económico está vinculado con un aumento de 1% del ingreso de los pobres. Cabe aclarar que esos estudios no se centraron específicamente en África debido a la calidad deficiente de los datos sobre el ingreso de los pobres, aunque las tendencias que se observan en los indicadores de la pobreza más amplia (sobre el desarrollo humano)—más fáciles de obtener para África al sur del Sahara—también siguen de cerca las variaciones del crecimiento económico.

Las tasas de mortalidad infantil cayeron 20% en la región entre 1980 y 1998, lo que representa una mejora relativamente moderada en comparación con los descensos de 30% a 50% registrados en otras regiones del mundo. La esperanza de vida aumentó sólo 4% en África al sur del Sahara durante este período y se mantiene muy por debajo del promedio de otras regiones; esto se explica por la elevada incidencia de infección por el VIH/SIDA en varios países subsaharianos. En análisis empíricos comparativos entre países se destaca el importante papel del crecimiento para explicar la reducción de la pobreza más amplia, no relacionada con el ingreso, en África al sur del Sahara1. Se ha calculado que un 10% de aumento del PIB per cápita está vinculado con un 1% de aumento en la esperanza de vida, un 3% a un 4% de disminución en las tasas de mortalidad infantil y un 3½% a 4% de aumento en la tasa de matrícula en la enseñanza primaria2. En el análisis también se observa que los conflictos civiles, la distribución del ingreso y la prestación de servicios sociales también son factores significativos que afectan a la pobreza en África. La puesta en práctica de programas de ajuste estructural no incide mucho en la esperanza de vida ni en las tasas de mortalidad infantil—aunque tiende a elevar la tasa de matrícula en la enseñanza primaria—pero el crecimiento económico resultante de los programas de ajuste sí reduce la pobreza.

Indicadores de pobreza y crecimiento
Esperanza de vida al nacer (años)Tasa de mortalidad infantil (por 1000)Proporción de la población que vive con menos de $1 diarioTasa de aumento del PIB real per cápita (Promedio)
1980199819801998199019981980-901990-99
Países de bajo y mediano ingreso586587591,31,4
África al sur del Sahara4850115924846−1.0−0,2
América Latina y el Caribe657061311716−1,30,9
Asia meridional54621197544403,93,2
Asia oriental y el Pacífico69553528155,75,9
Europa y Asia central68694122251,9−3,3
Oriente Medio y Norte de África5968954522−1.1−0,1
Fuente: Banco Mundial, World Development Indicators, 2000; Chen y Ravallion (2000).
Fuente: Banco Mundial, World Development Indicators, 2000; Chen y Ravallion (2000).

En un estudio de seis países africanos que padecieron fuertes pérdidas económicas durante prolongados disturbios civiles en los años ochenta y noventa, tras considerar con mayor detenimiento el impacto de una escalada de los conflictos civiles, se encontró que el PIB real per cápita al final del período del conflicto se situó, en promedio en sólo el 55% del nivel previo al de las confrontaciones3. Es más, si bien hubo un repunte inicial de la producción agropecuaria al solucionarse los conflictos, la destrucción de la base de capital—humano y físico—limitó las ganancias a mediano plazo. En consecuencia, cinco años después de lograrse la paz, el PIB real per cápita había aumentado, en promedio, a apenas 75% de los niveles previos.

En términos más generales, al comparar las tendencias de la pobreza y el ingreso en países con y sin conflictos en África al sur del Sahara entre 1972 y 19974 se observa lo siguiente:

  • La tasa de mortalidad infantil en los países sin conflictos cayó 361/2%, frente a 25½% en los países con conflictos. Si se excluyen los países donde hubo problemas bélicos, la tasa de mortalidad infantil de África al sur del Sahara es mucho más baja (82 por 1000 en 1997) que la de Asia meridional.
  • La esperanza de vida aumentó 17½% en países sin conflictos y 9½% en países con conflictos, pese a que se estancaron las mejoras en la esperanza de vida en los años noventa debido a la propagación de la infección por el VIH/SIDA.
  • La tasa bruta de matrícula en la enseñanza primaria aumentó de 61% a 89% de 1972 a 1992 en los países sin conflictos, pero sólo de 46% a 66% en los países con conflictos.
  • La economía, que registró un repunte inicial en los años setenta, también tuvo un comportamiento muy diferente entre los dos grupos de países: el PIB real per cápita (en términos de paridad de poder adquisitivo) creció a una tasa promedio anual de 5½% en los países sin conflictos en el período 1972-97 y 3% en los países con conflictos. El PIB real per cápita (en dólares de EE.UU., convertidos a los tipos de cambio de 1990) aumentaron en promedio 1% por año en los países sin conflictos, en tanto bajaron 1½% por año en los otros países.
1Véase en Moser e Ichida (2001) una explicación más detallada.2Con base en el cálculo de una ecuación de pobreza de formato reducido, en la que se emplea un grupo de 46 países subsaharianos en el período 1972-97.3Moser, Staines y Engstrom (de próxima publicación).4Angola, Burundi, Chad, Etiopía, Guinea-Bissau, Liberia, Mozambique, Nigeria, República Democrática del Congo, Rwanda, Sierra Leona, Sudán y Uganda. Estos países representaban el 55% de la población subsahariana en 1990.

El problema más difícil sigue siendo hallar la mejor manera de ofrecer un entorno favorable para el crecimiento y la inversión, sobre todo mejorando la prestación de los servicios públicos, como la educación y el alivio de la pobreza, fomentando la resolución y la prevención de conflictos; fortaleciendo la infraestructura; liberalizando el comercio exterior, para revertir la participación decreciente de África en el comercio mundial, y mejorando la gestión de gobierno. Por supuesto, en los gobiernos mismos recae la principal responsabilidad de esos avances: lo ocurrido recientemente es alentador en este sentido. Cabe citar la Nueva Iniciativa Africana, que hace hincapié en los principios de la identificación africana, el liderazgo y la responsabilización para eliminar obstáculos propios al crecimiento sostenido. Estos esfuerzos se apoyan en la Iniciativa reforzada para los países pobres muy endeudados (PPME); hasta junio de 2001, 23 países, la mayoría africanos, reunían los requisitos para recibir alivio de la deuda por un total de $34.000 millones, lo que significa que, en promedio, se redujo a la mitad la razón deuda/PIB11. El ahorro anual del servicio de la deuda promediará alrededor de $1.000 millones en los primeros años, superado ampliamente por el aumento del gasto social de más de $1.500 millones, sobre todo en educación y en salud (entre otros, los programas de lucha contra la infección por el VIH/SIDA). Para muchos países subsaharianos, la pandemia de VIH/SIDA representa la mayor amenaza para el crecimiento a mediano plazo. Además de la Iniciativa para los PPME hubo alentadores avances en la reducción de los costos de la terapia antirretroviral y se apoyó la Alianza Internacional contra el SIDA en África, que reúne a gobiernos africanos, las Naciones Unidas y sectores públicos, privados y comunitarios a nivel internacional. Sin embargo, dada la magnitud del problema, queda un enorme esfuerzo por realizar, entre otras cosas para crear la infraestructura del sector salud que permita ofrecer tratamientos de avanzada, brindar mayor respaldo financiero a los países afectados e intensificar las acciones de concientización y prevención de la infección por el VIH/SIDA.

Analizando las tres economías más grandes de la región, se observa que la vulnerabilidad de Sudáfrica a los embates externos se ha reducido notablemente gracias a la aplicación de políticas macroeconómicas acertadas, la austeridad en el gasto público y la limitación del déficit presupuestario en torno al 2½% del PIB. Se prevé asimismo que la inflación regrese a la gama del 3% a 6%. Estas medidas dieron sustento a los avances recientes de la competitividad externa y permitieron al Banco de Reserva reducir las tasas de interés de referencia en 100 puntos porcentuales en junio. Por otra parte, una mayor afluencia de capitales privados—que incluye el producto de la venta de De Beers—hizo que el Banco de Reserva redujese su posición cambiaría a término de $22.500 millones en 1998 a $5.000 millones a mediados de 2001. No obstante, la fase descendente de la economía mundial hizo empeorar las perspectivas a corto plazo dados los vínculos comerciales y financieros relativamente fuertes entre Sudáfrica y las economías avanzadas. Se agudizó asimismo la incertidumbre regional como resultado de las constantes dificultades económicas y políticas que padece Zimbabwe, y los desafíos que aún no confronta. Como en muchas otras economías africanas, el altísimo desempleo (más del 35% en Sudáfrica) y el mínimo avance en la elevación del ingreso per cápita subrayan la necesidad de emprender reformas estructurales de amplio alcance para mejorar el clima de inversión, impulsar el empleo y elevar el crecimiento a una tasa que permita avanzar sensiblemente en la lucha contra la pobreza. Se requiere, en particular, seguir progresando con medidas encaminadas a mejorar la educación y la capacitación, incrementar la eficiencia del mercado de trabajo, reestructurar y privatizar empresas estatales, y liberalizar el comercio exterior.

En Nigeria, el gasto de las ganancias inesperadas por el aumento de los precios del petróleo generaron un fuerte impulso a la actividad. Pero esas ganancias están amenazadas por graves desequilibrios macroeconómicos: un gasto público mucho más alto, sobre todo a nivel estatal y local, acompañado de una rápida expansión monetaria, un repunte de la inflación y desorden en los mercados cambiarios. Siguen siendo prioritarios y urgentes los esfuerzos por recuperar la estabilidad macroeconómica, sobre todo restringiendo el gasto público a todos los niveles y ahorrando una mayor proporción de los ingresos del petróleo. Estas medidas tendrán que apoyarse en reformas institucionales y estructurales de gran alcance que tengan por objeto mejorar el entorno para la inversión privada y la diversificación económica. Los pasos fundamentales son, entre otros, seguir adelante con los planes de privatizar las empresas estatales; desarrollar la capacidad del sector público para formular e implementar reformas, y mantener el empeño por detectar y eliminar la corrupción.

Los saldos fiscal y externo de Argelia también mejoraron en forma significativa como resultado del acusado incremento de los ingresos del petróleo. Además, como se deposita una gran parte de los ingresos petroleros en un fondo de estabilización—cuyo monto total, según se prevé, ascenderá casi al 20% del PIB para fines de 2001—y se mantiene la disciplina monetaria y una baja inflación, Argelia estaría en condiciones de evitar la misma magnitud del ciclo de auge y caída que afecta actualmente a Nigeria. No faltan, sin embargo, motivos de inquietud, como el aumento repentino del gasto en salarios públicos y de capital y un repunte del crecimiento monetario que puede avivar las presiones inflacionarias. Si se mantienen políticas macroeconómicas prudentes y se acelera el ritmo de la privatización, la liberalización del comercio y otras reformas estructurales, podrá fomentarse la inversión y el crecimiento impulsados por el sector privado, que son tan necesarios, no en el sector de la energía, sino particularmente en los demás sectores de la economía.

Oriente Medio: Volatilidad de los precios del petróleo

Las economías del Oriente Medio están sometidas a diferentes presiones externas e internas. Cabe mencionar en particular lo que sucede en el mercado petrolero, como la creciente incertidumbre tras los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos; la orientación de las políticas nacionales, sobre todo la política fiscal, la situación de la seguridad en la región, y la desaceleración económica mundial, especialmente—en el caso de Israel—en el sector de alta tecnología. Se prevé que toda la región registre un crecimiento relativamente robusto de 4,5% en 2001 y 4,4% en 2002, pero las perspectivas a corto y mediano plazo varían mucho de un país a otro (cuadro 1.11).

Cuadro 1.11.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos países del Oriente Medio(Variación porcentual anual; salvo indicación contraria)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
199920002001200219992000200120021999200020012002
Oriente Medio33,05,54,54,412,09,49,68,93,111,68,96,1
Exportadores de petróleo42,65,95,04,515,812,112,311,05,215,912,48,6
Arabia Saudita−0,84,52,22,7−1,3−0,6−0,60,90,39,08,13,6
Irán, Rep. Islámica del3,15,85,05,020,412,616,013,06,413,07,35,8
Kuwait−0,63,60,83,03,01,72,52,517,039,335,330,8
Mashreq54,14,13,24,22,02,22,33,2−3,5−2,9−3,1−2,3
Egipto6,05,13,34,83,82,82,43,0−1,9−1,2−0,2−0,7
Jordania3,13,93,54,50,60,71,42,15,00,7−2,7−2,5

De acuerdo con la práctica habitual en Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de presentarlos como variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye Arabia Saudita, Bahrein, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Iraq, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Ornar, República Árabe Siria, República Islámica del Irán, República de Yemen y Qatar.

Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Libia, Omán, Qatar y República Islámica del Irán.

Egipto, Jordania, Líbano y República Árabe Siria.

De acuerdo con la práctica habitual en Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de presentarlos como variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye Arabia Saudita, Bahrein, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Iraq, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Ornar, República Árabe Siria, República Islámica del Irán, República de Yemen y Qatar.

Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Libia, Omán, Qatar y República Islámica del Irán.

Egipto, Jordania, Líbano y República Árabe Siria.

Si bien es probable que en 2001 se acelere el crecimiento del sector no petrolero, en parte debido a las reformas estructurales que se han iniciado, se prevé una moderación del crecimiento total en la mayoría de los países productores de petróleo de la región, principalmente debido a los límites impuestos a la producción conforme a las cuotas acordadas por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y a que los precios son un poco más bajos. En Irán, este efecto se contrarresta en parte con el vigoroso crecimiento de las actividades no petroleras, que está parcialmente impulsado por la recuperación de la explotación agrícola tras la sequía del año pasado y el repunte de la demanda interna. Dada la necesidad de sustentar un crecimiento relativamente alto para generar empleo para una población activa en rápido crecimiento, es necesario hacer hincapié en la estabilización macroeconómica y seguir adelante con los esfuerzos de reforma dirigidos a la liberalización y apertura de la economía. Se está restringiendo el gasto público en la mayoría de los países productores de petróleo, porque tratan de mitigar los ciclos de auge y caída que registraron en previas fluctuaciones de los precios del petróleo y, en Arabia Saudita, para reducir la elevada deuda interna (gráfico 1.14). Además, siguieron aumentando los activos externos netos oficiales. Todos los países exportadores de petróleo reconocen la necesidad de diversificación económica, de manera que si mantienen en vigor firmes políticas macroeconómicas y reestructuran y privatizan el sector dominante de empresas de propiedad estatal, podrán establecer un entorno más propicio para la inversión privada.

Gráfico 1.14.Se observa una austeridad fiscal en algunos países del Oriente Medio productores de petróleo1

Al recibir mayores ingresos de exportación, la mayoría de los países productores de petróleo están restringiendo el gasto público para evitar los ciclos de auge y caída del pasado.

1Los datos para 2001 y 2002 son proyecciones del personal técnico del FMI. Entre los países productores de petróleo figuran Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Kuwait, Libia, Omán y Qatar.

2Aumento (en dólares de EE.UU.) en los tres años posteriores a cada crisis de precios del petróleo en comparación con los tres años precedentes.

En lo que respecta a los países del Mashreq (véase el cuadro 1.11), se proyecta un crecimiento económico un poco más bajo que en todo el Oriente Medio, en parte como resultado de las difíciles condiciones de seguridad. En Líbano es aguda la vulnerabilidad económica: el déficit y la deuda del Estado alcanzaron niveles muy elevados. Es menester adoptar una estrategia de amplio alcance para atender esos problemas de inmediato. En Egipto, las proyecciones indican una reducción del crecimiento del PIB real a 3,3% en 2001, en gran medida reflejo de la reciente desaceleración de la expansión del crédito, que registraba tasas insostenibles. A principios de agosto, se devaluó un 6½% la banda de fluctuación de la libra, ampliándose a su vez de +/—1½ % a +/—3%. La depreciación del 25% de la moneda frente al dólar desde mediados de 2000 ayudará, con el tiempo, a estimular el sector de bienes comerciados, pero habrá que mantener flexibilidad para evitar restricciones de balanza de pagos a medida que se reactive el crecimiento. Las perspectivas de recuperación durante el próximo año dependerán, en parte, de la velocidad con que se refuerce la confianza de los inversionistas y de lo que ocurra dentro de la región. En toda la zona del Mashreq, las mejoras encaminadas a una mayor liberalización del comercio y a la creación de un entorno empresarial propicio mejorarán las perspectivas de crecimiento a largo plazo.

La actividad económica de Israel se debilitó sensiblemente en el último trimestre de 2000, a causa de la caída de las inversiones y las exportaciones, y se prevé un descenso del aumento del PIB de 6,2% en 2000 a 0,7% este año. Esta desaceleración se debe sobre todo a la contracción mundial del sector de alta tecnología y al deterioro de la seguridad de la región, lo que redujo el número de turistas extranjeros, empeoró el clima para la inversión y, debido a la escasez de mano de obra, causó problemas en los sectores de la construcción y la explotación agropecuaria. Con todo, como Israel en general estuvo aplicando políticas macroeconómicas acertadas durante el último decenio y logró reducciones apreciables en la inflación y la deuda pública, Israel tiene cierto margen de maniobra en el terreno macroeconómico. Además, las firmes medidas en el ámbito bancario que se pusieron en práctica en ese mismo período fortalecieron la capacidad de recuperación de este sector ante las sacudidas. Bajaron los resultados y las expectativas en materia de inflación, lo que da cabida a una política monetaria mucho más expansiva sin poner en peligro las metas de inflación fijadas. Deberá permitirse la operación de los estabilizadores fiscales automáticos, pero habrá que abstenerse de una nueva flexibilización discrecional de la orientación fiscal porque el gasto y la deuda del Estado siguen siendo elevados (como proporción del PIB) en comparación con la mayoría de las demás economías avanzadas.

Apéndice I. Mercados de productos primarios y semiconductores

La desaceleración del crecimiento económico mundial está reduciendo la demanda de semiconductores y de varios productos primarios, provocando una baja de precios que ya estaban deprimidos. Por ejemplo, se registró una baja general de los precios de los metales desde principios de año y, a mediados de 2001, también bajaron los precios del crudo y de los productos derivados del petróleo. Si bien es probable que al contraerse la demanda mundial se contengan las presiones que se ejercen en general sobre los precios de los productos primarios, en muchos casos—la mayoría de los rubros de alimentos y bebidas—se perciben las repercusiones de los movimientos bruscos de la oferta, como los cambios en los perfiles de producción (que provocan, por ejemplo, una fuerte reducción de los precios del café) y las enfermedades de los animales (que elevan los precios de la carne). La incertidumbre sobre las perspectivas económicas mundiales, inclusive las proyecciones sobre los mercados de petróleo y otros productos primarios, se exacerbó tras el ataque terrorista del 11 de septiembre y sus posibles secuelas.

Petróleo

En 1998, como resultado de la crisis financiera asiática, la desaceleración del crecimiento de la demanda de energía y los fuertes incrementos de la producción (por encima de la meta fijada) de los países de la OPEP, los precios del petróleo cayeron a aproximadamente $11 el barril, valor que no se daba, ni siquiera en términos nominales, desde mediados de los años ochenta. La rápida y abrupta reducción de precios reavivó los esfuerzos de la OPEP para controlar el abastecimiento del mercado petrolero. Al principio fue difícil para los países miembros de esa organización volver a aplicar los controles que prácticamente habían abandonado en el decenio anterior pero, como los precios siguieron bajando, se redoblaron los esfuerzos para llegar a un acuerdo viable. Durante el primer semestre de 1999, la creciente demanda de crudo, reflejo del vigor del crecimiento económico mundial y de la necesidad de acumular existencias, así como el estricto cumplimiento de los países miembros de la OPEP con las metas de producción acordadas contribuyeron a un repunte significativo de los precios del crudo, que llegaron a $25 el barril para finales de año y se ubicaron en un promedio de $28 el barril en 2000 como resultado del continuo aumento de la demanda y de la observancia de las metas fijadas (gráfico 1.15).

Gráfico 1.15.Producción meta y real de petróleo de la OPEP

(Millones de barriles diarios salvo indicación contraria)

Fuente: Bloomberg Financial Markets, LP.

1Los círculos indican aumentos y los cuadrados reducciones de la producción fijada como meta de la OPEP.

De enero a julio de 2001, los precios se mantuvieron dentro de la banda fijada por la OPEP de $22 a $28 el barril, aunque con acusadas fluctuaciones. A principios de año y a fines de mayo se acercaron al límite superior. Pero el ritmo cada vez más lento que está adquiriendo la actividad económica en todo el mundo, aunado al aumento de las existencias de crudo y productos derivados del petróleo provocó un marcado deterioro de los precios en junio y julio (gráfico 1.16). En Estados Unidos, concretamente, los precios de la gasolina para entrega inmediata y a corto plazo registraron un fuerte descenso a medida que se acumularon las existencias a niveles que no se veían desde mediados de 1999, situación alentada a su vez por un aumento de las importaciones de gasolina, mayores existencias de crudo (6% por encima de los niveles de mediados de 2000) y una alta utilización de la capacidad instalada en las refinerías. Justo después de los atentados terroristas del 11 de septiembre, los precios del crudo de entrega inmediata registraron inicialmente un incremento, pero después volvieron a los niveles de la semana previa al ataque, porque los países miembros de la OPEP volvieron a garantizar aumentos de la producción si fuese necesario, y porque bajó la demanda de crudo y productos derivados, sobre todo de combustible para aviones a raíz de las restricciones impuestas al transporte aéreo.

Gráfico 1.16.Existencias comerciales y precios

Fuentes: Organismo Internacional de Energía, Oil. Market Report.

1El precio del crudo es el precio indicador del FMI, que es un promedio de las variedades West Texas Intermediate, U.K. Brent y Dubai.

2Productos de los cuales gran parte se utiliza para calefacción (diesel, otros tipos de gasoil y gas licuado de petróleo).

En la vertiente de la oferta, la OPEP redujo la producción de petróleo para apoyar el precio fijado como meta—para lo cual disminuyó la producción en aproximadamente 1.5 millones de barriles diarios el 1 de febrero y en otro millón más el 1 de abril—y a fines de julio anunció que en septiembre habría otra reducción de un millón de barriles diarios. La producción de los países que no son miembros de la OPEP, sobre todo de Rusia, aumentó moderadamente en 2001, e Iraq reanudó las exportaciones de petróleo tras suspender brevemente los embarques en señal de protesta contra las sanciones económicas impuestas por las Naciones Unidas12.

La evolución futura de los precios del petróleo también depende mucho del crecimiento de la economía mundial, sobre todo en los principales países industriales, y de las perspectivas de que continúe la cohesión dentro de la OPEP. Los futuros del petróleo (a fines de julio) indican que los participantes del mercado prevén, en general, que se mantendrá la banda fijada como meta por la OPEP. Tras los atentados terroristas del 11 de septiembre aumentaron ligeramente los futuros del petróleo para contratos a corto plazo y bajaron para los de largo plazo. A mediados de septiembre, las previsiones de los precios del crudo rondaban los $27 para fines de 2001 y los $22 para fines de 2002. Además de la incertidumbre económica y política que caracteriza al mercado petrolero, será necesario prestar más atención a la vulnerabilidad de los mercados de productos derivados ante las fluctuaciones de la producción y la distribución. Por ejemplo, si se considera que la utilización de la capacidad instalada en las refinerías estadounidenses es actualmente del 93% y que en los últimos tiempos hubo pocas inversiones para mejorarla, los mercados de productos derivados del petróleo tienen poco margen de maniobra en caso de que se produzca una interrupción imprevista de la producción u otros problemas de oferta.

Productos agropecuarios

La producción de la mayoría de los productos primarios de origen agropecuario no se ajustó al crecimiento más lento de la demanda en 1997-98 y, tras varías buenas cosechas sucesivas, fue difícil absorber las existencias acumuladas en esos dos años. El resultado fue que los precios se mantuvieron, en general, muy por debajo de los niveles de mediados de los años noventa (gráfico 1.17). Si bien la desaceleración actual de la demanda mundial puede debilitar aún más los precios, la mayoría de estos productos tienden a bajar de precio más por las condiciones de la oferta que por efectos de la demanda. En los últimos años, en particular, las reducciones de precios dieron lugar a cierta rotación estratégica de cultivos anuales, pero en general no disminuyó la producción total. La situación fue más grave para los cultivos arbóreos y otros cultivos perennes, sobre todo el café, pero también el cacao, el azúcar, el aceite de palma, el aceite de coco y el caucho natural. Los precios de la madera y de la carne fueron notables excepciones en la baja generalizada de los mercados de productos agropecuarios. La madera mantuvo sus precios gracias a la firme demanda del sector de la construcción, sobre todo en Estados Unidos, y a factores institucionales como los contingentes y los controles al comercio exterior. En cuanto a la carne, las enfermedades del ganado en Europa y América del Sur y las medidas adoptadas para controlarlas influyeron en sus precios.

Gráfico 1.17.índices de precios de productos primarios

(Promedio de 1995 = 100)

Fuentes: Yellow Sheets, Urnerbarry Publications; The National Business Review; Bloomberg Financial Markets; LP; Tropical Timbers Journal; U.S. Forest Service, USDA; London Metals Exchange, Banco Mundial y cálculos del personal técnico del FMI.

El caso más extremo de reducción de precios de un producto agrícola es el del café. En los primeros siete meses de 2001, los precios de las variedades robusta y arábica bajaron a un nivel de apenas el 30% y el 50%, respectivamente, de los promedios ajustados por inflación de los 30 años precedentes. El deterioro del precio del café se produjo en los tres últimos años, porque el crecimiento de la demanda fue insuficiente para absorber una oferta cada vez más abundante, sobre todo de Brasil y Vietnam, y esto generó una acumulación de existencias. En ocasiones anteriores hubo heladas en Brasil, lo que atenuó las consecuencias de esta situación, pero esta “solución” es cada vez menos probable porque se abrieron nuevas zonas cafetaleras que no están tan expuestas a las heladas. Brasil es ahora el principal productor de la variedad robusta—que se cultiva en zonas sin heladas—además de mantener su posición tradicional como principal productor de la variedad arábica. Vietnam incursionó agresivamente en el mercado en los dos últimos decenios y logró ubicarse en el segundo lugar como productor de robusta. Del lado de la demanda, el crecimiento del consumo fue poco dinámico. No tuvieron mucho éxito los intentos de fomentar la demanda de café en mercados con bajo consumo per cápita ni tampoco dieron resultado los esfuerzos de la Asociación de Países Productores de Café para establecer un mecanismo de retención de ventas de exportación.

Metales

Las existencias y los precios de los metales reaccionaron con agilidad en los últimos años ante las señales de debilitamiento o fortalecimiento de la actividad mundial. Las grandes existencias de metales que se acumularon como secuela de las crisis financieras y económicas de 1997—98 disminuyeron en 2000, pero volvieron a acumularse en 2001 tras un nuevo debilitamiento de la producción industrial. Por ejemplo, los precios del aluminio y del cobre bajaron 15% y 18% respectivamente entre enero y finales de agosto de 2001 (gráfico 1.17). Se prevé un repunte en 2002 del precio de casi todos los metales, a medida que se vaya afianzando la recuperación, pero en el corto plazo, existe el riesgo de que vuelva a deteriorarse la situación e, incluso con el repunte previsto en 2002, es probable que los precios se mantengan muy por debajo de los niveles de mediados de los años noventa. Los precios del oro registraron inicialmente un brusco aumento en respuesta al ataque terrorista del 11 de septiembre, pero volvieron a bajar, ubicándose sin embargo por encima de su nivel del primer semestre de 2001.

Semiconductores

Los microchips están cobrando cada vez más importancia en el comercio internacional y, si bien no son productos primarios, tienen muchas de sus características. La desaceleración mundial lesionó gravemente a la industria electrónica. Los precios de los semiconductores bajaron drásticamente, y las ventas a todos los mercados principales se debilitaron mucho desde mediados de 2000, tras haber registrado un rápido crecimiento el año previo (gráfico 1.18). Se redujeron o cancelaron pedidos de nuevo equipo, pero pese a ello la oferta se ajustó con lentitud—en parte por las dificultades de operar las plantas a una capacidad que no es la óptima—y se produjo una acumulación excesiva de existencias.

Gráfico 1.18.Ventas y precios de semiconductores

(Variaciones porcentuales de un año a otro en promedios de tres meses, salvo indicación contraria)

Fuentes: CEIC Data Company Limited y Primark Datastream.

1Incluye Corea, Filipinas, Indonesia, Malasia, provincia china de Taiwan, RAE de Hong Kong, Singapur y Tailandia.

Como se indicó previamente, los países miembros de la ASEAN y las economías asiáticas recientemente industrializadas (ERI), con excepción de Indonesia y la RAE de Hong Kong, estuvieron muy expuestas a las recientes fluctuaciones de la industria electrónica. Habida cuenta de que las exportaciones de productos electrónicos representan de aproximadamente un tercio del total de exportaciones de Tailandia a alrededor de dos tercios en Malasia y Filipinas, la creciente demanda mundial de esos productos contribuyó a la vigorosa recuperación del crecimiento de las economías asiáticas emergentes después de las crisis de 1997-98, y el colapso de la demanda iniciado a mediados de 2000 provocó una acusada contracción de la actividad regional. La producción industrial de esos dos grupos de economías fue mucho más volátil en el último decenio que en las grandes economías industriales, como reflejo de las oscilaciones de las ventas mundiales de semiconductores y de la creciente concentración de la producción de Asia en la industria electrónica (cuadro 1.12).

Cuadro 1.12.Medidas de la volatilidad
Desviación estándar de las tasas de crecimiento mensual
Producción industrial1
Países del G-70,5
Economías recientemente industrializadas de Asia27,0
ASEAN-433,7
Índice de precios de productos primarios no petroleros41,7
Ventas mundiales de semiconductores414,7

Calculada para una serie sin media, 1993M2-2001M3.

Comprende Corea, provincia china de Taiwan, RAE de Hong Kong y Singapur.

Comprende Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Calculadas para una serie sin media, 1991M1-2001M4.

Calculada para una serie sin media, 1993M2-2001M3.

Comprende Corea, provincia china de Taiwan, RAE de Hong Kong y Singapur.

Comprende Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Calculadas para una serie sin media, 1991M1-2001M4.

Apéndice II. Escenarios alternativos: ¿Cómo puede el aumento de la productividad a mediano plazo afectar las perspectivas a corto plazo?

Habida cuenta de que la adopción de políticas macroeconómicas bien concebidas estabilizaron las expectativas de inflación, la percepción del crecimiento futuro que tiene el sector privado es un factor que adquiere cada vez más importancia en el ciclo económico. Por esa razón preocupa tanto a la economía mundial la tasa subyacente de aumento de la productividad. En Estados Unidos, la incertidumbre se centra en la magnitud del aumento de la productividad como resultado de la revolución de la tecnología de la información (tema del capítulo III), pero también se cuestiona si el auge de fines de los años noventa generó un exceso significativo de inversiones. En otros países, la incertidumbre en torno a la tasa de crecimiento del producto potencial está vinculada con la velocidad con que avanza la tecnología y, sobre todo en la zona del euro y en Japón, con las repercusiones de las futuras reformas estructurales.

Algunas de estas cuestiones ya fueron analizadas en ediciones previas de Perspectivas de la economía mundial. En el capítulo II de la edición de octubre de 2000 se describieron algunas simulaciones para ilustrar qué ocurrió por el hecho de que hace cinco años no se sabía si el aumento de la productividad total de los factores se había acelerado o desacelerado. Esas simulaciones, que combinan una variación del aumento futuro de la productividad con una revaluación de la posición cíclica actual, demuestran cómo la evaluación desacertada de tendencias pasadas y futuras de crecimiento pueden crear disturbios cíclicos significativos. En el gráfico 1.19 se ilustra la trayectoria de la producción real y de la inflación en dos situaciones en que la población percibe, en un caso correctamente y en el otro erróneamente, que la productividad se ha acelerado ½% (si la percepción es incorrecta, se supone que se da cuenta del error después de cinco años). El objeto de la simulación es reflejar las consecuencias prácticas que surgen de la dificultad para identificar tendencias de productividad a largo plazo, sobre todo en presencia de ciclos, revisiones de datos y otros efectos. Como puede verse, es difícil distinguir las dos trayectorias en el período inicial de cinco años, pero en el escenario de la percepción errónea se produce una caída significativa de la actividad una vez que se detecta el error, dado que se vuelve necesario corregir los excesos vinculados con la exuberancia previa. Los escenarios alternativos que se presentan a continuación amplían este tipo de análisis estudiando de qué manera podrían otros supuestos posibles sobre el crecimiento potencial pasado y futuro del producto afectar a la economía mundial en los próximos años.

Gráfico 1.19.Escenario de un país hipotético: Incertidumbre sobre la productividad

(Porcentaje, desviaciones con respecto al escenario de referencia)

Fuente: Edición de octubre de 2000 de Perspectivas de la economía mundial, pág. 62.

Antes de describir esos escenarios, sin embargo, conviene caracterizar los supuestos incorporados en el pronóstico actual que se describe en el texto del capítulo. En el cuadro 1.13 se presenta la tasa promedio de crecimiento del producto potencial que se supone para las tres principales zonas monetarias y las demás economías avanzadas. En Estados Unidos, se supone que el crecimiento del producto potencial se mantiene en 3¼% en los próximos cinco años, es decir, cercano al límite inferior de la gama generalmente aceptada de 3%-4%13. En Japón, donde el crecimiento del producto potencial se fue reduciendo durante fines de los años noventa, se supone que aumentará de su valor actual de 1¼% a 13/4% para 2006, a medida que se ponen en práctica las reformas estructurales. En la zona del euro, se supone que el avance en las reformas estructurales y de la tecnología de la información propicien un aumento del crecimiento del producto potencial de ¼ % entre 1996-2001 y 2002–06. Se supone un nivel e incremento similares para el Reino Unido, el miembro más importante del otro grupo de países avanzados, aunque el crecimiento agregado del producto potencial de los otros países industriales se mantendría en torno al 2¾%.

Cuadro 1.13.Tasas de crecimiento del producto potencial en el escenario de referencia
1996-20012002-2006Aumento
Estados Unidos3,23,2
Zona del euro2,42,60,2
Japón1,61,6
Otros países industriales2,82,8

¿Cómo pueden las variaciones de estas tasas de crecimiento del producto potencial afectar las perspectivas económicas de los próximos años? En este apéndice se analizan dos posibilidades, y se suponen que ambas situaciones ocurren a comienzos de 2002.

  • El aumento de la productividad total de los factores en Estados Unidos es½ % más alto que en el escenario de referencia. Esto lleva al producto potencial de la parte inferior a la superior de la gama actual de estimaciones, sobre todo una vez que se factorea en la ecuación la acumulación de capital adicional que resulta del aumento de la productividad. Dado que las pruebas de un mayor crecimiento en Estados Unidos se acumulan gradualmente en los próximos cinco años y se incorporan en las expectativas, se supone que el dólar y los mercados bursátiles de ese país se fortalecen gradualmente.
  • En los países industriales no se logra el crecimiento esperado del producto potencial. En el escenario de una “menor productividad de los países industriales”, se supone que la productividad total de los factores en Estados Unidos estuvo creciendo ¼% menos que en el escenario de referencia desde 1996. Como resultado, además de una desaceleración de la productividad futura, actualmente existe un exceso considerable de inversiones debido a la reducción del producto potencial, y por lo tanto un nivel deseado más bajo de capital. Al mismo tiempo, se supone que el aumento de la productividad desde 2002 en adelante es ½% más bajo que en el escenario de referencia en el resto de las economías avanzadas, porque no se obtienen las ganancias esperadas de las reformas estructurales y no avanzó lo suficiente la tecnología de la información. Por esa razón, para 2006 la productividad total de los factores es 2½ % más baja que en el escenario de referencia en todas las economías avanzadas. Se formulan dos supuestos separados sobre las expectativas de los mercados financieros. En el escenario de “reconocimiento inmediato”, los mercados se dan cuenta inmediatamente de la nueva realidad, y de la necesidad de corregir las inversiones en Estados Unidos, lo que provoca una caída abrupta del dólar frente al euro y la mayoría de las monedas de las otras economías avanzadas a medida que cambian de sentido los flujos de capital (también caen abruptamente los mercados bursátiles de Estados Unidos). Pero eso no ocurre con respecto al yen, por falta de opciones de política monetaria ante las continuas dificultades de la economía japonesa. En el escenario de “ajuste gradual”, se percibe con más lentitud lo que está sucediendo, y esto da lugar a un ajuste más lento de los tipos de cambio y de los mercados bursátiles.

En todos los escenarios se supone que la política monetaria sigue una regla de Taylor a futuro, respondiendo a las variaciones de la inflación subyacente futura y a la brecha de producción actual, en tanto que las autoridades fiscales permiten que operen los estabilizadores automáticos pero no ponen en práctica políticas discrecionales.

En el cuadro 1.14 y en el gráfico 1.20 se muestran los resultados de un mayor crecimiento del producto potencial en Estados Unidos. A medida que se acumulan pruebas de que la productividad aumenta vigorosamente y de que siguen obteniendo rendimientos reales elevados, se producirá un firme empuje al alza en el dólar y en el mercado de valores de Estados Unidos. Las optimistas expectativas futuras sobre las utilidades y los salarios incrementan la inversión y, en un grado un poco menor, el consumo, elevando al mismo tiempo la demanda y el producto interno más que lo que aumenta el producto potencial, con la compensación parcial de una política monetaria más restrictiva a medida que surgen presiones inflacionarias. El repunte resultante de las importaciones de Estados Unidos sustenta la actividad en el resto del mundo, aunque en todas partes cae la inversión en el mediano plazo porque los capitales se dirigen hacia ese país. Con Estados Unidos como locomotora del mundo, se acentúan los desequilibrios que ya existen. Crece en ese país unos $90.000 millones el déficit en cuenta corriente y el ahorro privado neto pierde más de ½ punto porcentual del PIB. En breve, este escenario es una continuación de la expansión encabezada por Estados Unidos que fue característica de los últimos años del decenio de los noventa y de los desequilibrios e incertidumbre financiera que se crearon.

Cuadro 1.14.Escenario alternativo: Aumento más rápido de la productividad en Estados Unidos(Desviación porcentual con respecto al escenario de referencia, salvo indicación contraria)
20022003200420052006
PIB real mundial0,30,50,70,91,3
Estados Unidos
PIB real0,81,11,82,43,2
Producto potencial0,61,21,82,53,3
Demanda interna real0,91,32,02,83,8
Inversión real2,32,64,05,57,9
Tipo de cambio efectivo real0,40,40,71,01,4
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)−11,5−22,5−37,8−59,1−89,7
Ahorro sectorial privado neto (puntos porcentuales del PIB)−0,2−0,1−0,2−0,4−0,6
Inflación del IPC (puntos porcentuales)0,10,10,10,2
Tasa de interés a corto plazo (puntos porcentuales)0,30,20,30,40,6
Zona del euro
PIB real0,20,20,20,30,5
Producto potencial−0,1
Demanda interna real0,1−0.1−0,1−0,2
Inversión real0,2−0,2−0.6−1,1−1,8
Tipo de cambio efectivo real−0,2−0,3−0,5−0,8−1,3
Tipo de cambio real del dólar de EE.UU.−0,5−0,5−1,0−1,5−2,4
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)4,67,913,621,230,7
Ahorro sectorial privado neto (puntos porcentuales del PIB)0,10,20,30,3
Inflación del IPC (puntos porcentuales)0,10,20,30,4
Tasa de interés a corto plazo (puntos porcentuales)0,20,40,60,90,9
Japón
PIB real0,20,20,20,30,4
Producto potencial−0,1
Demanda interna real0,10,1−0,1
Inversión real0,3−0,0−0,4−0,7−1,3
Tipo de cambio efectivo real−0,4−0,5−0,9−1,4−1,9
Tipo de cambio real del dólar de EE.UU.−0,5−0,7−1,3−2,0−2,7
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)2,25,88,913,720,3
Ahorro sectorial privado neto (puntos porcentuales del PIB)0,10,20,20,3
Inflación del IPC (puntos porcentuales)0,10,10,20,3
Tasa de interés a corto plazo (puntos porcentuales)0,10,30,40,71,1
Otras economías industriales
PIB real0,20,20,30,40,5
Demanda interna real0,10,1−0,1−0,2
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)4,88,514,823,336,4
Países industriales
PIB real0,40,60,81,11,5
Demanda interna real0,40,50,81,01,4
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)0,2−0,2−0,6−0,9−2,3
Países en desarrollo
PIB real0,10,20,30,40,6
Demanda interna real0,20,30,40,70,9
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)−0,20,20,60,92,3

Gráfico 1.20.Impacto de las variaciones del aumento de la productividad

(Desviación porcentual con respecto al PIB real de referencia)

Fuente: Simulaciones del modelo MULTIMOD del FMI.

¿Podría mantenerse una situación así durante un largo período? En el período comprendido entre 1880 y 1913, varias áreas de recientes asentamientos europeos, entre ellas Australia y Canadá (pero no Estados Unidos) registraron déficit significativos de un orden de magnitud que no difería de la que impera actualmente en Estados Unidos, y bajas tasas de ahorro. Pero en aquella época, en las zonas de nuevos asentamientos se estaba explotando un recurso (nuevas tierras) que no existía en los centros europeos que suministraban el capital, además de que existía el complemento de una gran afluencia de mano de obra. Estados Unidos, en cambio, está explotando una tecnología cuyos componentes son objeto de un intenso comercio (véase el capítulo III). Incluso si, como se supone en este escenario, Estados Unidos pudiera ampliar más su ventaja actual en cuanto a su productividad con respecto a los demás países industriales, es poco probable que la situación dure mucho, sobre todo si se introducen reformas estructurales. A medida que se vaya ampliando la diferencia entre el potencial de producción de Estados Unidos y el resto del mundo, también es probable que aumenten las oportunidades de ponerse a la par copiando técnicas de organización estadounidenses. En un momento dado cambiarían de sentido el rendimiento real esperado en Estados Unidos, y por lo mismo los flujos de capital y la fortaleza del tipo de cambio, idealmente en forma gradual.

En el segundo conjunto de escenarios se analizan las consecuencias de una desaceleración del aumento de la productividad en todo el mundo, junto con el reconocimiento de que los supuestos demasiado optimistas sobre las recientes tasas de crecimiento del producto potencial han provocado grandes excesos de inversión y consumo dentro de Estados Unidos.

Más específicamente, cuando se detecte que el producto potencial actual de Estados Unidos es 1½% más bajo de lo que se supuso inicialmente, cae la inversión para restablecer la razón deseada entre el capital y el producto. En términos más generales, la desaceleración del aumento de la productividad en Estados Unidos y en otras partes también contrae la riqueza, y de allí la inversión y el consumo. La versión más drástica de este escenario, que se muestra en el cuadro 1.15, es cuando los mercados financieros revalúan la situación correctamente y de inmediato, lo que da lugar a una reducción significativa de los desequilibrios internacionales que existen y que suponen costos considerables en el corto plazo para el producto y la demanda mundiales. En este caso, el mercado bursátil de Estados Unidos cae 20% porque se detectan claramente las consecuencias de una inversión excesiva, y el dólar cae en un porcentaje similar frente al euro y alrededor del 15% frente a otras monedas salvo el yen, porque se reconocen las consecuencias para los flujos de capital, lo que impulsa las exportaciones reales y reduce las importaciones reales. Debido a la depreciación del tipo de cambio real, para 2003 cae la demanda interna en Estados Unidos 4¼% en comparación con el escenario de referencia y se mantiene a partir de ese año más o menos en el mismo nivel. Esto es resultado de la resolución de los excesos del auge previo basado en supuestos demasiado optimistas sobre el producto potencial, lo que da lugar a una rápida reducción de la inversión (que a su vez reduce la tasa de crecimiento del producto potencial) y, en menor grado, a una contracción del consumo privado. Las condiciones monetarias son mucho menos restrictivas, aunque la reducción de las tasas de interés a corto plazo está limitada por el impulso inflacionario de la depreciación del dólar. El PIB real muestra una caída similar, aunque menos drástica, de 2½% para 2003. Tras la contracción de la demanda interna real de más de una vez y media la caída del producto real, mejora ininterrumpidamente la cuenta corriente, en alrededor de $160.000 millones en 2006, en tanto el endeudamiento del sector privado baja ¾ puntos porcentuales del PIB. Estos efectos serían más acusados si se supone un crecimiento más vigoroso de la productividad en el resto del mundo. Otro escenario alternativo presentado en la edición de octubre de 2000 de Perspectivas de la economía mundial sugiere que si el crecimiento en la zona del euro y Japón es ½ % por año más alto que en el escenario de referencia, la cuenta corriente de Estados Unidos se elevaría en alrededor de $50.000 millones después de cinco años.

Cuadro 1.15.Escenario alternativo: Reconocimiento inmediato de un aumento más lento de la productividad(Desviación porcentual con respecto al escenario de referencia, salvo indicación contraria)
20022003200420052006
Crecimiento real mundial−1,2−1,6−1,8−2,1−2,3
Estados Unidos
PIB real−2,2−2,7−2,8−2,8−2,6
Producto potencial−1,6−2,1−2,6−3,1−3,5
Demanda interna real−3,3−4,2−4,5−4,6−4.6
Inversión real−2,7−7,0−7.7−8,2−8,4
Tipo de cambio efectivo real−7.1−7.3−7.4−7,9−8,7
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)40,186.4119,3144.2160.5
Financiamiento privado (puntos porcentuales del PIB)0,40,70,80,80,8
Inflación del IPC (puntos porcentuales)0,50,1−0,1−0,10,1
Tasa de interés a corto plazo (puntos porcentuales)−0.4−0,7−0,5−0,10,1
Zona del euro
PIB real−1.0−1,4−1,8−2,4−3.0
Producto potencial−0.5−0,9−1,4−1,8−2,3
Demanda interna real0,70,70,60,3
Inversión real1,22,62,62,72,8
Tipo de cambio efectivo real10,410.19,99,89,6
Tipo de cambio real del dólar de EE.UU.17,817.717,517.617,9
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)−9,5−35,3−55,2−72,6−88,2
Financiamiento privado (puntos porcentuales del PIB)−0,2−0,9−1,2−1,4−1,2
Inflación del IPC (puntos porcentuales)−1,6−0.8−0,5−0,4−0,3
Tasa de interés a corto plazo (puntos porcentuales)−1,6−1,9−2.2−2,3−2,3
Japón
PIB real−1.0−1,5−1.8−1.9−2,0
Producto potencial−0,5−1,0−1,6−2,1−2,7
Demanda interna real−1,4−2,0−2,4−2,6−2,8
Inversión real−0,9−2,3−2,7−3,0−3,1
Tipo de cambio efectivo real−6.2−6.2−6.4−6,6−6,8
Tipo de cambio real del dólar de EE.UU.0,20,2−0,1−0,2−0,2
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)−2,3−2,3−1,51,310,1
Financiamiento privado (puntos porcentuales del PIB)−0,1−0.2−0.3−0,7−0.2
Inflación del IPC (puntos porcentuales)0,40,0−0,1−0,1−0.1
Tasa de interés a corto plazo (puntos porcentuales)−0,2−0,2−0,20,1
Otras economías industriales
PIB real−0,6−0,9−1,3−1,8−2.4
Demanda interna real−0,20,30,2−0,2
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)−21,8−49.3−62,2−73,5−84,4
Países industriales
PIB real−1,4−1,8−2,1−2,4−2,5
Demanda interna real−1,3−1,7−1,9−2,2−2,3
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)6,4−0,50,3−0,1−2,0
Países en desarrollo
PIB real−0,5−0.7−1.0−1,2−1,3
Demanda interna real−0,5−1,0−1,3−1,5−1,8
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)−5,40,5−0.30,12,0

Pasando al resto del mundo, pese a la significativa reducción del aumento de la productividad, la demanda interna real se eleva por encima del escenario de referencia en la zona del euro y se mantiene cerca del nivel de referencia en el grupo de otros países industriales. En respuesta a la apreciación del tipo de cambio y de la inflación más baja resultante, las autoridades de esas regiones reducen las tasas de interés a corto plazo, lo que da un poco más de flexibilidad a las condiciones monetarias. Esto impulsa la inversión y el consumo, que también están sustentados por la disminución de los flujos de capital hacia Estados Unidos. No obstante, el impacto de la apreciación del tipo de cambio y de la poca demanda en Estados Unidos sobre las exportaciones reales netas es tal que el producto se mantiene moderadamente por debajo de la trayectoria (más débil) del producto potencial. En cambio, en Japón, no hay mucho margen para una flexibilización monetaria y la demanda interna no puede sustituir la pérdida de demanda externa. La demanda interna baja 2% en comparación con el escenario de referencia y el PIB real en l½% después de dos años, situación que está vinculada con una rápida reducción de las importaciones reales, y continúa deteriorándose en lo sucesivo a una tasa más lenta. En los países en desarrollo, el recorte de la demanda interna es ligeramente mayor que el del PIB real, porque la reducción de la demanda de las economías avanzadas lleva al producto a ubicarse debajo del valor de referencia, situación que podría verse exacerbada por la gran turbulencia financiera de los mercados emergentes. Como contrapartida de la contracción del déficit en cuenta corriente de Estados Unidos se deterioran los saldos en la zona del euro y en el grupo de otros países industriales.

Si los mercados financieros se dan cuenta con más lentitud de la caída de la productividad, las respuestas de la demanda interna, el PIB real y la cuenta corriente son más graduales en el tiempo (cuadro 1.16). En el caso en que se aprecie el dólar, para 2006 los resultados del PIB real a más largo plazo son similares al caso en que hay un “reconocimiento inmediato”, aunque las divergencias en la demanda interna real y la cuenta corriente son menos drásticas. En consecuencia, mejora el saldo en cuenta corriente de Estados Unidos en $90.000 millones para 2006, unos dos tercios del valor en el caso de “reconocimiento inmediato”, aunque puede ser posible que aún no hayan tenido lugar algunos de los efectos de los precios relativos. Por último, cuando se repite este escenario pero se mantiene el dólar a los valores aproximados de referencia, las variaciones en las exportaciones netas son menos marcadas, y la trayectoria del PIB real y de la demanda interna mantiene una correlación más estrecha en Estados Unidos y en otras partes del mundo. Para 2006, el PIB real y la demanda interna real son significativamente más bajos en Estados Unidos pese a que la caída de la productividad total de los factores es idéntica en todos los países, hecho que obedece mucho a una menor inversión en Estados Unidos en los cinco años transcurridos. El resultado es que, aun en este caso, mejora la cuenta corriente en Estados Unidos en aproximadamente $75.000 millones para 2006.

Cuadro 1.16.Escenario alternativo: Reconocimiento gradual de un aumento más lento de la productividad(Desviación porcentual con respecto at escenario de referencia, salvo indicación contraria)
20022003200420052006
Estados Unidos
PIB real−1,3−1,8−2,1−2,4−2,6
Producto potencial−1,5−1,9−2,3−2,8−3,2
Demanda interna real−1,6−2,4−3,0−3,6−4,2
Inversión real−1,4−3,8−4,8−5,8−6,9
Tipo de cambio efectivo real−1,9−3,6−5,1−6,7−8,6
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)13,028,845,566,187,8
Ahorro sectorial privado neto0,10,20,30,40,6
Inflación del IPC (puntos porcentuales)0,20,30,40,50,7
Tasa de interés a corto plazo (puntos porcentuales)0,00,10,20,50,9
Zona del euro
PIB real−0,6−1,1−1,7−2,4−3,3
Producto potencial−0,5−1,0−1,4−1,8−2,3
Demanda interna real−0,2−0,3−0,5−0,6−0,7
Inversión real0,61,62,33,03,8
Tipo de cambio efectivo real2,13,76,08,110,9
Tipo de cambio real del dólar de EE.UU.3,56,810,213,818,4
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)−4,1−9,1−15,7−27,0−39,5
Ahorro sectorial privado neto−0,2−0,3−0,5−0,6
Inflación del IPC (puntos porcentuales)−0,3−0,5−0,6−0,8−1,0
Tasa de interés a corto plazo (puntos porcentuales)−0,3−0,6−1,0−1,6−1,9
Japón
PIB real−0,4−0,7−1,1−1,6−2,0
Producto potencial−0,5−1,0−1,5−2,02,5
Demanda interna real−0,4−0,8−1,3−1,9−2,6
Inversión real0,30,5−0,1−0,7−1,5
Tipo de cambio efectivo real−1,4−2,7−3,9−5,1−6,6
Tipo de cambio real del dólar de EE.UU.
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)−3,5−5,2−4,8−2,24,2
Ahorro sectorial privado neto−0,1−0,3−0,3−0,3−0,2
Inflación del IPC (puntos porcentuales)0,10,10,10,10,2
Tasa de interés a corto plazo (puntos porcentuales)−0,10,10,2
Otras economías Industriales
PIB real−0,6−1,1−1,6−2,1−2,6
Demanda interna real−0,3−0,5−0,8−1,1−1,3
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)−7,2−15,2−23,1−32,8−45,3
Países industriales
PIB real−0,8−1,3−1,7−2,2−2,6
Demanda interna real−0,81,2−1,6−2,0−2,4
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)−1,70,71,53,25,5
Países en desarrollo
PIB real−0,3−0,5−0,7−1,0−1,2
Demanda interna real−0,4−0,6−0,9−1,2−1,6
Cuenta corriente (miles de millones de dólares de EE.UU.)1,70,7−1,5−3,2−5,5
Referencias

    AzizJahangirIndia’s Interstate Poverty DynamicsIMF Working Paper (Washington: Fondo Monetario Internacional, de próxima publicación).

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    ChenShaohua y MartinRavallion2000How did the World’s Poorest Fare un the 1990s?World Bank Policy Research Working Paper No. 2409 (Washington: Banco Mundial).

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    ChristouCostas y ChristinaDasekingBalancing Fiscal Priorities: Challenges for the Central European Countries on the Road to EU Accession” en The Road to EU Accession a Collection of Papers Covering the Czech Republic Hungary Poland the Slovak Republic and Slovenia documento preparado por un equipo de funcionarios del FMI a cargo de RobertA. Feldman y C. Maxwell Watson (Washington: Fondo Monetario Internacional).

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    MoserGary y ToshihiroIchidaNicholasStaines y LarsEngstomEconomic Development in Post-Conflict Countries in Sub-Saharan AfricaIMF Working Paper (Washington: Fondo Monetario Internacional, de próxima publicación).

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1En Perspectivas de la economía mundial, el crecimiento mundial se calcula utilizando ponderaciones de la paridad del poder adquisitivo. En el cuadro 1 del apéndice estadístico se presentan las tasas de crecimiento mundial utilizando ponderaciones basadas en el tipo de cambio de mercado, lo que da cifras más bajas, sobre todo porque se asignan ponderaciones relativamente más bajas a China y a otros países en desarrollo que registran un rápido crecimiento.
2Por definición, dos trimestres de crecimiento negativo del PIB real indican una recesión.
3Véase “¿Cuáles son las causas de la debilidad del curo y la solidez del dólar?”, en el capítulo II de la edición de mayo de 2001 de Perspectivas de la economía mundial.
4Debtseñalarse, sin embargo, que esto refleja en parte el enorme superávit en cuenta corriente de los países productores de petróleo, y las correspondientes salidas netas de capitales privados.
5Dado que en las proyecciones de referencia de Perspectivas de la economía mundial, como en otros sistemas de pronóstico, se supone que se mantienen constantes los tipos de cambio reales, solo se da una pequeña reducción de los desequilibrios en el escenario de referencia. Véase una explicación más detallada en el apéndice II.
6“A Global Parnership for African Economic Development”, discurso pronunciado por Horst Kóhler, Director Gerente del FMI, ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, en Ginebra, el 16 de julio de 2001. El texto completo en inglés puede consultarse en http://www.imf.org/external/np/speeches/2001/07l601.htm.
7Además, las recientes revisiones de los datos históricos de las cuentas nacionales del período 1998-2000 dieron lugar a una significativa reducción del crecimiento estimado del PIB en 2000, que pasó de 5% a 4,1%, debido a la reducción de las existencias y la inversión en software. Estas mismas revisiones también elevaron la tasa de ahorro personal de −0,1% a 1% gracias a la reducción de las utilidades de las empresas y al aumento del ingreso personal.
8Véase en el recuadro 1.2 de la edición de octubre de 2000 de Perspectivas de la economía mundial una explicación de los problemas de medición en las cuentas nacionales japonesas.
9Véase una explicación detallada en “Armenia, Georgia, Kyrgyz Republic, Moldova, and Tajikistan: External Debt and Fiscal Sustainability”, documento preparado conjuntamente por el Departamento de Europa II del FMI y la Región de Europa y Asia Central del Banco Mundial. El documento puede consultarse en: http://www.imf.org/external/np/eu2/2001/edebt/eng/index.htm.
10No obstante, los pronósticos del FMI sobre el crecimiento de África han sido hasta ahora demasiado optimistas y no se cumplieron debido a la combinación de conmociones adversas, conflictos y deficiencias en la aplicación de medidas de política.
11Véase el recuadro 1.4 “Iniciativa reforzada para los PPME de África” de la edición de mayo de 2001 de Perspectivas de la economía mundial
12El acuerdo celebrado entre las Naciones Unidas e Iraq, que le permite al país exportar petróleo a cambio de alimentos y medicamentos, vence el 30 noviembre de 2001, y esto crea incertidumbre con respecto a la oferta en el corto plazo.
13En estos datos se incorporan las revisiones recientes de las cuentas del PIB de 1998-2000, que redujeron significativamente el crecimiento del producto y el aumento de la productividad en 2000.

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