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Capítulo I. Perspectivas de la economía y cuestiones de política económica

Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
November 2003
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Tras una serie de perturbaciones negativas en el primer semestre de 2003, cada vez se aprecian más indicios de recuperación, al tiempo que la balanza de riesgos —que en abril se inclinaba claramente a la baja—ha mejorado notablemente. No obstante, considerando que el ritmo y el vigor de la recuperación siguen siendo inciertos y que las presiones inflacionarias aún son bajas, conviene seguir aplicando de momento políticas monetarias acomodaticias; la política fiscal ha de centrarse cada vez más en el ajuste de las finanzas públicas en el mediano plazo, sobre todo habida cuenta de las presiones demográficas que se alzan en el horizonte. El aumento de los desequilibrios mundiales y el hecho de que el crecimiento de la economía mundial siga dependiendo de la situación en Estados Unidos, subrayan la necesidad de acelerar las reformas estructurales en muchos países y adoptar medidas para frenar el déficit presupuestario de Estados Unidos en el mediano plazo y, en algunos casos, de permitir paulatinamente una mayor flexibilidad de los tipos de cambio.

Cuando se publicó la edición de Perspectivas de la economía mundial de abril de este año, las proyecciones del FMI indicaban que, suponiendo que la guerra en Iraq fuese corta y limitada, la recuperación de la economía mundial se reiniciaría en el segundo semestre del año y que la tasa de crecimiento mundial repuntaría hasta casi un 4% en 2004 (cuadro 1.1 y gráfico 1.1). En realidad, al concluir rápidamente las hostilidades más graves, los indicadores anticipados, en general, se recuperaron y los mercados bursátiles registraron una acusada mejora, que vino acompañada de un cierto repunte de la confianza de las empresas y de los consumidores, sobre todo en Estados Unidos (gráfico 1.2). Inicialmente, los datos contemporáneos siguieron siendo poco favorables, observándose una fuerte desaceleración de la producción industrial y el crecimiento del comercio en el segundo trimestre (gráfico 1.2), como consecuencia de la incertidumbre geopolítica y de las secuelas del estallido de la burbuja de las cotizaciones bursátiles —que aún persistían—y, especialmente en Asia, del impacto del síndrome de insuficiencia respiratoria aguda (SARS). Sin embargo, últimamente se han apreciado señales cada vez más claras de que se está produciendo una recuperación de la actividad —incluida la inversión—sobre todo en Estados Unidos, Japón y algunos países de mercados emergentes, en particular de Asia. Dado que las presiones inflacionarias son muy moderadas, se han aplicado políticas macroeconómicas mucho menos restrictivas en todo el mundo. Se han recortado las tasas de interés en Europa y Estados Unidos, así como en varios otros países industriales y de mercados emergentes, y se ha flexibilizado aún más la política fiscal tanto en Estados Unidos como en algunos países de Asia. Con todo, el grado de estímulo macroeconómico en los países industriales sigue siendo muy dispar: mientras que en Estados Unidos y el Reino Unido las medidas en preparación pueden imprimir un notable estímulo, en la zona del euro y Japón dicho estímulo será relativamente escaso (gráfico 1.3).

Cuadro 1.1.Panorámica de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial(Variación porcentual anual, salvo indicación en contrario)
Proyecciones

actuales
Diferencia con las proyecciones de abril de 20031
200120022003200420032004
Producto mundial2,43,03,24,1
Economías avanzadas1,01,81,82,9–0,1
Estados Unidos0,32,42,63,90,40,3
Zona del euro1,50,90,51,9–0,6–0,4
Alemania0,80,21,5–0,5–0,4
Francia2,11,20,52,0–0,7–0,4
Italia1,80,40,41,7–0,7–0,6
Japón0,40,22,01,41,20,4
Reino Unido2,11,91,72,4–0,3–0,1
Canadá1,93,31,93,0–0,9–0,2
Otras economías avanzadas1,62,71,73,0–0,8–0,2
Economías asiáticas recientemente industrializadas0,84,82,34,2–1,8–0,3
Países en desarrollo4,14,65,05,6–0,2
África3,73,13,74,8–0,2–0,4
Subsahariana3,53,03,15,0–0,7–0,4
Países en desarrollo de Asia5,86,46,46,50,1
China7,58,07,57,5
India4,24,75,65,90,5
ASEAN-422,94,34,14,40,20,1
Oriente Medio y Turquía32,04,85,14,6–0,3
América0,7–0,11,13,6–0,4–0,6
Brasil1,41,51,53,0–1,3–0,5
Países en transición5,14,24,94,70,90,6
Europa central y oriental3,13,03,44,1–0,2
Comunidad de Estados Independientes y Mongolia6,44,95,85,01,41,0
Rusia5,04,36,05,02,01,5
Excluido Rusia9,25,95,45,00,10,1
Partida informativa
Crecimiento mundial según tipos de cambio de mercado1,31,92,33,20,1
Volumen del comercio mundial (bienes y servicios)0,13,22,95,5–1,8–0,7
Importación
Economías avanzadas–1,02,22,84,8–1,9–1,1
Países en desarrollo1,66,05,17,80,4–0,2
Países en transición11,96,36,68,10,55,0
Exportación
Economías avanzadas–0,82,21,65,2–2,2–0,6
Países en desarrollo2,76,54,36,90,6–0,7
Países en transición6,06,35,85,6–0,12,9
Precios de los productos básicos (dólares de EE.UU.)
Petróleo4–14,02,814,2–10,5–10,08,8
No combustibles (promedio basado en ponderaciones de la exportación mundial de productos básicos)–4,00,65,02,4
Precios al consumidor
Economías avanzadas2,21,51,81,3–0,1–0,4
Países en desarrollo5,85,35,94,90,1–0,2
Países en transición16,211,19,79,10,31,7
Tasa interbancaria de oferta de Londres a seis meses (LIBOR, porcentaje)
Sobre los depósitos en dólares de EE.UU.3,71,91,32,0–0,4–1,5
Sobre los depósitos en euros4,23,32,22,4–0,1–0,1
Sobre los depósitos en yenes japoneses0,20,10,10,2–0,1
Nota: Se ha partido de la hipótesis de que los tipos de cambio efectivos reales se mantienen constantes a los niveles vigentes durante el período comprendido entre el 1 y el 28 de julio de 2003.

Utilizando ponderaciones actualizadas de la paridad del poder adquisitivo (PPA), que se resumen en el cuadro A del apéndice estadístico.

Incluye Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Incluye Malta.

Promedio simple de los precios de entrega inmediata de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai y West Texas Intermedíate. En 2002 el precio medio del petróleo fue $24,96 el barril; se supone que el precio será $28,50 en 2003 y $25,50 en 2004.

Nota: Se ha partido de la hipótesis de que los tipos de cambio efectivos reales se mantienen constantes a los niveles vigentes durante el período comprendido entre el 1 y el 28 de julio de 2003.

Utilizando ponderaciones actualizadas de la paridad del poder adquisitivo (PPA), que se resumen en el cuadro A del apéndice estadístico.

Incluye Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Incluye Malta.

Promedio simple de los precios de entrega inmediata de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai y West Texas Intermedíate. En 2002 el precio medio del petróleo fue $24,96 el barril; se supone que el precio será $28,50 en 2003 y $25,50 en 2004.

Gráfico 1.1.Indicadores mundiales1

(Variación porcentual anual, salvo indicación en contrario)

Se prevé que el crecimiento de la economía mundial seguirá siendo moderado, pero volverá a aproximarse a la tendencia en 2004.

1La franja sombreada indica proyecciones del personal técnico del FMI. Los agregados se calculan tomando como base ponderaciones de la paridad del poder adquisitivo, salvo indicación en contrario.

2Tasas de crecimiento medio en los distintos países, agregadas usando ponderaciones de la paridad del poder adquisitivo; las cifras globales varían con el tiempo a favor de los países de crecimiento más rápido, debido a lo cual la línea adquiere una tendencia ascendente.

3Promedio ponderado en función del PIB de las tasas de rendimiento de los bonos del Estado a 10 años (o el vencimiento más próximo a 10 años) descontada la tasa de inflación en Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Italia, el Reino Unido y Canadá. No se incluye Italia antes de 1972.

4Promedio simple de los precios de entrega inmediata de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai y West Texas Intermedíate.

Gráfico 1.2.Indicadores corrientes y anticipados

(Variación porcentual interanual respecto de un trimestre antes, salvo indicación en contrario)

En el segundo trimestre de 2003 el crecimiento de la producción industrial y del comercio mantuvo su atonía, en particular en los países industriales; los indicadores anticipados han mejorado en cierta medida, sobre todo en Estados Unidos.

Fuentes: Confianza de las empresas: Estados Unidos, Asociación Nacional de Gerentes de Compras; zona del euro, Comisión Europea: Japón, Banco de Japón. Confianza de los consumidores: Estados Unidos, The Conference Board; zona del euro, Comisión Europea; Japón, Cabinet Office (Agencia de Planificación Económica). Otros indicadores: Haver Analytics.

1Australia, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Japón, Nueva Zelandia, Noruega, Suecia, Suiza, el Reino Unido y la zona del euro.

2Argentina, Brasil, Chile, China, Colombia, Corea, Filipinas, RAE de Hong Kong, Hungría, India, Indonesia, Israel, Malasia, México, Pakistán, Perú, Polonia, República Checa, Rusia, Singapur, Sudáfrica, Tailandia, provincia china de Taiwan, Turquía y Venezuela.

3Los datos correspondientes a China, India, Pakistán y Rusia se han interpolado.

Gráfico 1.3.Distensión de las políticas monetarias y fiscales en los principales países avanzados

(Porcentaje)

Las políticas monetarias y fiscales siguen siendo mucho más expansivas en Estados Unidos y el Reino Unido que en la zona del euro y Japón.

Fuente: Estimaciones del personal técnico del FMI.

1En el caso de Japón, excluye el respaldo bancario.

En los mercados financieros desarrollados, la combinación de varios factores —holgada liquidez, políticas monetarias más expansivas y la expectativa de que las tasas de interés de intervención se mantendrán en niveles bajos durante más tiempo de lo previsto en un principio—ha hecho que las tasas de interés a largo plazo registraran, a mediados de junio, el nivel más bajo de los últimos 40 años. Desde entonces, se ha producido un repunte, más acusado en Estados Unidos (gráfico 1.4, pág. 6), que podría ser consecuencia de una mayor confianza en la recuperación, un aumento de las expectativas inflacionarias y la solidez sostenida de la oferta de valores del Estado1. Aún así, el reciente repunte solo ha tenido un efecto limitado en los mercados bursátiles, que han mantenido los abultados aumentos registrados desde marzo, y en los diferenciales de los bonos empresariales, a los que han favorecido los avances reales y previstos de los procesos de reestructuración de las empresas y el hecho de que los inversionistas hayan mantenido la disposición a asumir riesgos. En los mercados de divisas, el dólar de EE.UU. siguió depreciándose hasta mediados de mayo, como consecuencia de la combinación de dos factores —los niveles relativamente bajos de las tasas de interés y la persistente inquietud de los inversionistas por el elevado déficit en cuenta corriente de Estados Unidos—aunque desde entonces se ha revalorizado un poco. En conjunto, con respecto al máximo registrado a principios de 2002, el dólar de EE.UU. se ha depreciado en torno a un 12% en términos efectivos nominales, al tiempo que se han apreciado significativamente el euro, el dólar canadiense y las monedas de algunos otros países industriales.

Gráfico 1.4.Evolución de los mercados financieros maduros

Las tasas de interés a largo plazo se han recuperado desde mediados de junio, pero se mantienen bajas con respecto a los niveles históricos. Los mercados bursátiles han seguido subiendo, al tiempo que se han reducido los diferenciales de las tasas de interés.

Fuentes: Bloomberg Financial Markets, LP; State Street Bank; HBOS ple.; Office of Federal Housing Enterprise Oversight: Instituto de Bienes Inmuebles de Japón, y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Indicadores de apetito de riesgo del FMI/State Street.

2índice Halifax de la vivienda calculado a partir del valor de todas las viviendas.

3índice del precio de la vivienda calculado a partir del valor de las viviendas unifamiliares.

4Índice del precio del suelo urbano: promedio de todas las categorías en seis zonas urbanas importantes.

En los mercados emergentes, se produjo una notable distensión de las condiciones de financiamiento hasta el final de junio, debido en parte a las bajas tasas de interés de los países industriales y a una mejora de las percepciones respecto a varios de los principales mercados, sobre todo Brasil. Los costos del financiamiento han aumentado desde entonces, como consecuencia de la subida de las tasas de interés en Estados Unidos, pero los diferenciales han seguido reduciéndose (gráfico 1.5, pág. 7). Y, si bien han disminuido las emisiones en el mercado primario, esta disminución parece haber sido en gran medida discrecional y apenas hay evidencia de una contracción fundamental del acceso a los mercados. Dado que las salidas de capital se están desacelerando en muchos países, se prevé que las entradas netas de capital privado a los mercados emergentes aumentarán a más de $110.000 millones en 2003, el nivel más alto registrado desde mediados de los años noventa (cuadro 1,2, pág. 8). En general, a las monedas de los mercados emergentes no les ha afectado mucho la depreciación del dólar de EE.UU.; de hecho, la mayoría de ellas se han depreciado en términos efectivos nominales desde que el dólar alcanzó la cotización máxima (gráfico 1.6, pág. 9). En Asia, en donde se han seguido registrando grandes superávit en la cuenta corriente y en la cuenta de capital, se ha producido al mismo tiempo un incremento muy acusado de las reservas (véase, en el capítulo II, el ensayo titulado “¿Es demasiado alto el nivel de reservas en divisas de Asia?”).

La evolución geopolítica, la situación cíclica y las perturbaciones de la oferta han seguido afectando en gran medida a los mercados de productos básicos. Tras registrar un máximo de $34 el barril antes de la guerra, los precios del petróleo sufrieron una acusada caída en abril, pero a finales de agosto volvían a situarse en $30 el barril, como consecuencia de varios factores: el hecho de que la recuperación de la producción de crudo en Iraq fuese más lenta de lo previsto, la persistente escasez de las existencias en los países industriales y la inquietud respecto a la viabilidad de mantener los niveles actuales de producción en Nigeria y Venezuela. A principios de septiembre se produjo una nueva caída de precios y —si bien se prevé que seguirán siendo altos de aquí a final de año—según las proyecciones, podrían bajar hasta un promedio de $25,50 el barril en 2004 como resultado de un aumento de la oferta, incluso de petróleo iraquí; de hecho, un gran número de analistas consideran posible que la caída de precios sea incluso mucho mayor (véase el apéndice 1.1, “Perspectivas de los precios del petróleo a largo plazo”). Por el contrario, se prevé que los precios de los productos no combustibles se incrementen moderadamente al aumentar la actividad mundial y corregirse anteriores conmociones en la oferta (véase el apéndice 1.2, “Precios de los productos básicos no energéticos y mercados de semiconductores”).

En la coyuntura actual, son varias las cuestiones que aún revisten importancia para calcular la velocidad y la naturaleza de la recuperación:

  • ¿Durante cuánto tiempo se dejarán sentir las secuelas de la burbuja, definidas en sentido amplio, como se analiza más adelante? Como ya se destacó en la anterior edición de Perspectivas de la economía mundial, los problemas recientes de la economía mundial no son consecuencia únicamente de la guerra. El auge de las cotizaciones bursátiles a finales de los años noventa fue el mayor de la historia moderna: la corrección de sus efectos es territorio sin explorar, y quizá no resulte sorprendente que a la mayoría de los observadores, incluida esta publicación, les resulte difícil calibrar el alcance de las secuelas. Si bien el mayor impacto directo de las pérdidas de dichos mercados sobre el crecimiento del consumo de los hogares ya debería haberse producido en algunos países —especialmente en Estados Unidos—se mantienen las tensiones en los balances de los hogares, y es improbable que los precios de la vivienda —estimulados en parte por la agresiva flexibilización de la política monetaria en los tres últimos años—respalde la recuperación actualmente en marcha con la misma intensidad que en el pasado. Además, al proceso de ajuste que atraviesan el sector empresarial y, en menor medida, el sector financiero —eliminación del exceso de capacidad, reestructuración de los balances y reconstrucción de los fondos de pensiones de prestaciones definidas—todavía le queda camino por recorrer, sobre todo en Europa; por otra parte, los recientes escándalos contables siguen afectando a la confianza en las empresas.
  • ¿Volverá a depreciarse el dólar de EE. UU. ? Y, si eso ocurre, ¿seguirá el euro soportando la carga del ajuste compensatorio? Hasta la fecha, la depreciación del dólar ha sido relativamente ordenada y, habida cuenta de las dimensiones del déficit en cuenta corriente de Estados Unidos, ha sido bien recibida hasta cierto punto; además, el Banco Central Europeo (BCE) ha compensado, en gran medida, el consiguiente endurecimiento de las condiciones financieras en la zona del euro recortando las tasas de interés (véase el recuadro 1.1, “Cambios recientes de las condiciones monetarias y financieras en las principales zonas monetarias”, pág. 10). Si bien las proyecciones que se publican en Perspectivas de la economía mundial se basan, como es habitual, en el supuesto de que los tipos de cambio efectivos reales se mantengan constantes, no puede descartarse la posibilidad de que el dólar vuelva a depreciarse, lo que afectaría significativamente a las perspectivas, sobre todo si la correspondiente apreciación para compensar este movimiento siguiera recayendo en la zona del euro en lugar de hacerlo sobre un grupo más amplio de países.

En una línea de coherencia con las señales de recuperación analizadas anteriormente, el escenario de referencia preparado por el personal técnico del FMI sigue proyectando un repunte a partir del segundo semestre de 2003 (gráfico 1.7, pág. 13). Se prevé que el crecimiento del PIB mundial será del 3,2% en 2003 y del 4,1% —cifra próxima a la tendencia—en 2004, como consecuencia de la disminución de la incertidumbre geopolítica, las medidas de estímulo en preparación, la recuperación de las existencias, el descenso previsto de los precios del petróleo y la paulatina atenuación de las secuelas de la burbuja (véase el recuadro 1.2, “¿Cómo deberíamos medir el crecimiento de la economía mundial?”, pág. 16). Se prevé que se seguirán aplicando políticas monetarias acomodaticias, si bien no es previsible que antes de 2004 se inicie una gradual retirada del estímulo; en Japón, se espera que continúe la política de expansión cuantitativa. Por países y regiones, el análisis es el siguiente:

Gráfico 1.5.Condiciones financieras en los mercados emergentes

En los mercados emergentes los diferenciales se han reducido considerablemente y los mercados bursátiles se han revitalizado en consonancia con la evolución de los mercados maduros.

Fuentes: Bloomberg Financial Markets, LP; Capital Data, y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Promedio sobre un perÍodo móvil de 60 dias de correlación cruzada entre los mercados de deuda emergentes.

Gráfico 1.6.Evolución de los tipos de cambio y las tasas de interés de algunos países

(Movimiento desde febrero de 2002; porcentaje)

La caída del dólar de EE.UU. desde que alcanzó su nivel máximo en febrera de 2002 ha coincidido con la apreciación de las monedas de la zona del euro, Canadá y algunos países industriales más pequeños; en la mayoría de este último grupo, el impacto contractivo se ha contrarrestado en parte o totalmente con la aplicación de una política monetaria más expansiva. En general, las monedas de los países de mercados emergentes se han depreciado.

Fuentes: Bloomberg Financial Markets, LP, y Global Insight.

1Australia y Nueva Zelandia.

2Dinamarca, Noruega y Suecia.

3Corea, RAE de Hong Kong, provincia china de Taiwan y Singapur.

4Chile, Colombia, Perú y Venezuela.

5Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

6Hungría, Polonia y República Checa.

Gráfico 1.7.Perspectivas mundiales

(PIB real; variación porcentual respecto de cuatro trimestres antes)

Tras la desaceleración registrada a partir de finales de 2002, se prevé una recuperación de la economía mundial en el segundo semestre de 2003, impulsada por Estados Unidos.

Fuentes: Haver Analytics, y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Australia, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Japón, Nueva Zelandia, Noruega, Suecia, Suiza, Reino Unido y la zona del euro.

2Corea, RAE de Hong Kong, provincia china de Taiwan y Singapur.

3Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

4Hungría, Israel, Pakistán, Polonia, República Checa, Rusia, Sudáfrica y Turquía.

5Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela.

  • En los países industriales, Estados Unidos seguirá impulsando la recuperación, ya que, a pesar de las deficiencias del mercado de trabajo y el considerable exceso de capacidad, los datos más recientes muestran señales alentadoras de mejora, los indicadores anticipados son los más favorables y las medidas de estümulo en preparación son las más rigorosas (cuadro 1.3, pág. 14). En la zona del euro las previsiones, una vez más, se han corregido significativamente a la baja, como consecuencia de la decepcionante evolución de la demanda interna privada y de la apreciación del euro. En vista de que la orientación general de las políticas es menos propicia y que las dificultades que persisten en Alemania han afectado a las perspectivas de la zona en su conjunto, se espera que el repunte proyectado sea relativamente gradual y que se apoye sobre todo en una paulatina recuperación del consumo privado (a la que contribuirán las tasas de interés más bajas y el funcionamiento de los estabilizadores automáticos) y de las existencias y en la mejora prevista de la demanda externa. En Japón, dados los resultados del segundo trimestre —que han sido mejores de lo esperado—, el repunte del mercado bursátil y el mayor optimismo respecto a la recuperación en Estados Unidos, se han revisado considerablemente al alza las proyecciones, tanto para 2003 como para 2004. Sin embargo, considerando que la deflación y las deficiencias del sector empresarial y el sistema bancario siguen empañando las perspectivas, todavía se prevé que la recuperación mantendrá un ritmo moderado.
  • Por lo que respecta a los mercados emergentes, las perspectivas siguen dependiendo —en distinta medida—de la evolución en los países industriales, las condiciones del finaciamiento externo, los factores geopolíticos y la situación concreta de cada país. En los mercados emergentes de Asia, una vez superados los efectos de la epidemia de SARS, se prevé que el crecimiento repunte en el segundo semestre del año en curso y que siga siendo vigoroso en 2004, gracias a la oportuna flexibilización de las políticas y al sólido crecimiento que sigue registrando China. Sin embargo, ello dependerá en gran medida de que se produzca una pronta reactivación de la demanda interna y del ritmo de la recuperación de la economía mundial, así como de que se mantenga la incipiente reactivación del sector de tecnología de la información. En gran parte de América Latina, la actividad parece estar estabilizándose y la confianza de los inversionistas extranjeros ha aumentado notablemente, sobre todo en Brasil. Con todo, la recuperación sigue siendo incierta y, dado que varios países tienen graves problemas de deuda e incertidumbre política, la región sigue siendo vulnerable a un cambio de actitud de los mercados financieros. En Oriente Medio, pese a que la celeridad con que concluyó el conflicto armado en Iraq ha estimulado la confianza, la precaria situación de seguridad sigue siendo un importante factor de incertidumbre. Las previsiones de crecimiento del PIB de la región se han revisado al alza en 2003 debido al aumento de la producción de petróleo, pero el descenso de los precios del crudo afectará a las perspectivas para 2004. La atenuación de los problemas geopolíticos también beneficia a Turquía aunque, para no perder la confianza de los inversionistas, las autoridades tendrán que mantener la viabilidad de las finanzas públicas. En las economías en transición, con Rusia y Ucrania a la cabeza, el crecimiento sigue siendo vigoroso; los países candidatos a la Unión Europea (UE) siguen beneficiándose de la notable afluencia de inversión directa, aunque la debilidad de la demanda en la zona del euro continúa siendo un riesgo importante.
  • En cuanto a los países más pobres, en África subsahariana (excluida Sudáfrica) se prevé que el crecimiento del PIB ascienda a 3,6% en 2003, aunque los efectos positivos de políticas macroeconómicas más acertadas, la subida de los precios de los productos básicos y el alivio de la deuda en el marco de la Iniciativa para los países pobres muy endeudados (PPME) quedarán contrarrestados en parte por la persistente inestabilidad política y las desfavorables condiciones climáticas (que, unidas a la elevada incidencia de los casos de VIH/SIDA, han contribuido a la grave escasez de alimentos en el Cuerno de África y la zona meridional del continente). Para el año 2004 se prevé un acusado repunte del crecimiento del PIB pero, como en otras ocasiones, este escenario de referencia depende esencialmente de un aumento significativo de la estabilidad política y de una mejora de las condiciones climáticas2.
Cuadro 1.2.Flujos netos de capital a las economías de mercados emergentes1(Miles de millones de dólares de EE.UU.)
1995199619971998199920002001200220032004
Total2
Flujos netos de capital privado3192,9226,5132,677,886,747,142,780,3113,193,8
Inversión privada directa neta101,5116,2143,9156,0175,4165,7180,9142,9143,9145,2
Inversión privada de cartera neta23,983,263,311,019,5–3,8–51,2–52,9–22,9–16,8
Otros flujos netos de capital privado67,427,1–74,6–89,2–108,2–114,9–87.1–9,7–8,0–34,6
Flujos oficiales netos49.5–1,842,657,67,6–12,821,17,110,1–16,0
Variación de las reservas4117,9–104,6–71,1–49,7–88,4–117,2–122,4–211,6–255,1–148,5
Partida informativa
Cuenta corriente4–95,2–89,0–71,1–51,134.5126,779,1133,2128,982,3
África
Flujos netos de capital privado311,310,14,28.112,20,25,25,08,19,5
Inversión privada directa neta1,93,67,86.89,77,924,011,213,311,6
Inversión privada de cartera neta2,52,87,03,78,2–2,2–8,8–0,7–0,70,2
Otros flujos netos de capital privado6,93,7–10,6–2,4–5.8–5,5–10,0–5,5–4,5–2,3
Flujos oficiales netos5,6–2,33,95,64,55,13,53,54,84,4
Variación de las reservas4–3,1–6,6–11,22,7–3,5–13,1–12,6–7,2–13,9–11,0
América
Flujos netos de capital privado343,476,474,474,453,455,329,87,828,341,8
Inversión privada directa neta24,540,356,161,076,368,169,039.629,136,3
Inversión privada de cartera neta3,548,029,125,32,58,7–3,8–7,93,77,0
Otros flujos netos de capital privado15,4–11,9–10,8–12,0–25,5–21,5–35,3–23,9–4,5–1,4
Flujos oficiales netos19,7–4,89,210,2–2,8–10,223,413,612,7–13,0
Variación de las reservas4–22,9–28,3–14,47,88,6–2.81,1–1,8–29,0–8,9
Oriente Medio y Turquía7
Flujos netos de capital privado38,19,717,09,6–1,2–14,1–33,6–15,1–17,0–8,0
Inversión privada directa neta6,45,05,36,24,97,911,26,39,38,5
Inversión privada de cartera neta2,01,8–0,8–13,0–1,9–11,1–19,5–16,6–10,8–6,1
Otros flujos netos de capital privado–0,32,912,616,4–4,3–10,8–25,4–4,9–15,4–10,3
Flujos oficiales netos4,86,56,24,02,4–5,89,61,82,42,2
Variación de las reservas4–11,8–22,6–20,59,3–6,9–28,7–8,2–10,1–22,5–11,3
PaÍses en desarrollo de Asia6
Flujos netos de capital privado399,3124,610,8–42,14,6–3,325,257,062,413,7
Inversión privada directa neta55,855,059,860,960,658,450,957,866,559,6
Inversión privada de cartera neta22,330,07,3–17,211,54,3–13,5–21,1–10,9–16,5
Otros flujos netos de capital privado21,239,6–56,3–85,8–67,5–66,0–12,220,26,8–29,4
Flujos oficiales netos3,8–13,017,126,13,91,9–9,7–9,9–7,1–7,6
Variación de las reservas4–42,9–46,9–15,1–67,8–78,9–49,0–84,9–167,1–159,9–93,7
Partidas informativas
RAE de Hong Kong
Flujos netos de capital privado3–3,5–7,110,8–8,51,14,2–6,6–24,9–27,7–25,6
Países en transición8
Flujos netos de capital privado330,75,626,127,817,79,016,025,631,236,7
Inversión privada directa neta12,912,314,921,223,823,425,927,925,829,2
Inversión privada de cartera neta–6,40,520,712,1–0,9–3,4–5,7–6,7–4,2–1,4
Otros flujos netos de capital privado24,2–7,2–9,4–5,5–5,2–11,0–4,24,49,68,9
Flujos oficiales netos15,611,86,211,7–0,4–3,8–5,6–1,9–2,7–2,1
Variación de las reservas4–37,2–0,2–10,0–1,7–7,7–23,7–17,8–25,4–29,8–23,5
Partidas informativas
Exportadores de combustibles
Flujos netos de capital privado35,0–20,29,52,6–27,9–55,5–37,2–52,6–37,8–20,2
Exportadores de productos no combustibles
Flujos netos de capital privado3187,9246,7123,175,1114,6102,579,8132,9150,9114,0

Los flujos netos de capital comprenden la inversión directa neta, la inversión de cartera neta y otros flujos netos de inversión a largo y corto plazo, incluidos los empréstitos oficiales y privados. Los mercados emergentes incluyen los países en desarrollo, los países en transición, Corea, Singapur, la provincia china de Taiwan e Israel.

No incluye la RAE de Hong Kong.

Debido a las limitaciones de datos, “otros flujos netos de capital privado» podr“a incluir algunos flujos oficiales.

EI signo menos indica un aumento.

La suma del saldo en cuenta corriente, los flujos netos de capital privado, los flujos oficiales netos y la variación de las reservas equivale, con signo contrario, a la suma de la cuenta de capital y financiera y los errores y omisiones. Los saldos en cuenta corriente por región figuran en el cuadro 27 del apéndice estadistico.

En este cuadro, pertenecen a este grupo Corea, Singapur y la provincia china de Taiwan.

Incluye Israel y Malta.

Se han revisado los datos históricos a fin de reflejar las revisiones de los datos acumulativos correspondientes a Rusia y la resolución de varias cuestiones relacionadas con la interpretación de los datos.

Los flujos netos de capital comprenden la inversión directa neta, la inversión de cartera neta y otros flujos netos de inversión a largo y corto plazo, incluidos los empréstitos oficiales y privados. Los mercados emergentes incluyen los países en desarrollo, los países en transición, Corea, Singapur, la provincia china de Taiwan e Israel.

No incluye la RAE de Hong Kong.

Debido a las limitaciones de datos, “otros flujos netos de capital privado» podr“a incluir algunos flujos oficiales.

EI signo menos indica un aumento.

La suma del saldo en cuenta corriente, los flujos netos de capital privado, los flujos oficiales netos y la variación de las reservas equivale, con signo contrario, a la suma de la cuenta de capital y financiera y los errores y omisiones. Los saldos en cuenta corriente por región figuran en el cuadro 27 del apéndice estadistico.

En este cuadro, pertenecen a este grupo Corea, Singapur y la provincia china de Taiwan.

Incluye Israel y Malta.

Se han revisado los datos históricos a fin de reflejar las revisiones de los datos acumulativos correspondientes a Rusia y la resolución de varias cuestiones relacionadas con la interpretación de los datos.

Cuadro 1.3.PIB real, precios al consumidor y desempleo en economías avanzadas(Variación porcentual anual y porcentaje de la población activa)
PIB realPrecios al consumidorDesempleo
200120022003200420012002200320042001200220032004
Economías avanzadas1,01,81,82,92,21,51,81,35,96,46,76,6
Estados Unidos0,32,42,63,92,81,62,11,34,85,86,05,7
Zona del euro11,50,90,51,92,42,32,01,68,08,49,19,2
Alemania0,80,21,51,91,31,00,67,98,69,59,8
Francia2,11,20,52,01,81,91,91,78,58,89,59,7
Italia1,80,40,41,72,72,62,82,09,59,09,09,0
España2,72,02,22,82,83,63,12,710,511,411,411,0
Países Bajos1,20,2–0,51,45,13,92,62,02,02,34,24,5
Bélgica0,80,70,81,92,41,61,41,46,77,38,18,3
Austria0,71,00,71,52,31,71,31,23,64,14,44,4
Finlandia0,71,61,32,62,72,01,81,79,19,19,39,3
Grecia4,14,04,03,93,73,93,83,010,49,99,89,7
Portugal1,60,4–0,81,64,43,73,12,04,15,16,56,7
Irlanda6,26,91,03,84,04,74,02,63,94,45,15,6
Luxemburgo1,00,51,54,02,72,12,01,72,62,83,23,3
Japón0,40,22,01,4–0,7–0,9–0,3–0,65,05,45,55,4
Reino Unido22,11,91,72,42,12,22,82,55,15,25,25,2
Canadá1,93,31,93,02,52,32,81,77,27,67,97,7
Corea3,16,32,54,74,12,83,33,03,83,13,43,3
Australia2,73,63,03,54,43,02,92,36,76,36,16,0
Taiwan, provincia china de–2,23,52,73,8–0,20,10,84,65,25,35,0
Suecia1,11,91,42,03 01,61,52,04,04,04,54,2
Suiza0,90,1–0,41,41,00,70,40,51,92,84,23,8
Hong Kong, RAE de0,52,31,52,8–1,6–3,0–2,6–1,95,17,37,87,5
Dinamarca1,42,11,21,82,42,32,52,04,94,95,75,6
Noruega1,91,00,62,33,01,32,71,03,63,94,64,7
Israel–0,9–1,00,72,11,15,71,10,29,410,310,810,6
Singapore–2,42,20,54,21,0–0,40,61,23,34,44,94,2
Nueva Zelandia32,64,42,62,92,72,72,02,05,35,25,45,3
Chipre4,12,22,03,82,02,83,63,53,03,23,43,3
Islandia2,9–0,52,33,76,64,82,22,11,42,53,02,5
Partidas informativas
Principales economías avanzadas0,81,61,82,82,01,31,81,15,96,56,86,7
Unión Europea1,71,10,82,02,42,32,21,87,47,78,28,3
Economías asiáticas recientemente industrializadas0,84,82,34,21,91,01,51,74,14,14,44,2

Basados en el índice Armonizado de Precios al Consumo de Eurostat.

Los precios al consumidor se basan en el índice de precios al por menor, excluidos los intereses hipotecarios.

Precios al consumidor, excluidas las tasas de interés.

Basados en el índice Armonizado de Precios al Consumo de Eurostat.

Los precios al consumidor se basan en el índice de precios al por menor, excluidos los intereses hipotecarios.

Precios al consumidor, excluidas las tasas de interés.

Recuadro 1.1.Cambios recientes de las condiciones monetarias y financieras en las principales zonas monetarias

Los tipos de cambio entre los países industriales se han realineado considerablemente desde que el dólar de EE.UU. registró su nivel máximo (en términos efectivos reales y nominales) en febrero de 2002. Se destaca sobre todo la depreciación de esa divisa frente al euro —un 20% entre comienzos de 2002 y finales de agosto de 2003—pero también cabe señalar su debilitamiento frente al yen, la libra esterlina y el dólar canadiense (del 10% al 12% en cada caso) y frente al dólar australiano (un 20%). En el presente recuadro se evalúa la incidencia de estos movimientos en las perspectivas a corto plazo en las principales regiones, especialmente cuando también se tiene en cuenta la evolución de las tasas de interés, los valores de las acciones y los precios inmobiliarios.

Los movimientos de las monedas ponderados según el comercio exterior han sido menos acentuados que las variaciones bilaterales (gráfico 1.4). El valor efectivo nominal del dólar de EE.UU. se ha reducido en un 11% desde febrero de 2002, debido en parte a que alrededor de la mitad de los intercambios comerciales de ese país se realiza con países en desarrollo, cuyas monedas en algunos casos se han mantenido estables o se han depreciado frente al dólar en los últimos años. Por ejemplo, después de Canadá, los principales proveedores de importaciones a Estados Unidos son China y México: el primero mantiene un tipo de cambio fijo de facto frente al dólar y la moneda del segundo se ha depreciado alrededor del 17% frente al dólar desde febrero de 2002. Individualmente, las economías de la zona del euro también han experimentado apreciaciones del tipo de cambio efectivo muy inferiores a las que se desprenden de la evolución del tipo de cambio del euro con respecto al dólar, lo cual evidencia la importancia del comercio intraeuropeo, junto con el volumen creciente de comercio con Europa central y oriental. Por ejemplo, Alemania y Francia han registrado una apreciación del tipo de cambio efectivo nominal de apenas 5% a 6% desde comienzos de 2002.

Además, en general las recientes fluctuaciones de las divisas han estado en consonancia con los parámetros fundamentales a mediano plazo. Como se ha señalado repetidamente en Perspectivas de la economía mundial (y en otras publicaciones) en los últimos años, es probable que la disminución del valor de la moneda estadounidense se deba a las inquietudes del mercado acerca de la viabilidad de los desequilibrios en cuenta corriente en las principales regiones, en especial el abultado déficit de Estados Unidos. A la larga, los desequilibrios mundiales en cuenta corriente tendrán que solventarse reconfigurando de alguna forma los tipos de cambio y las tasas de aumento de la demanda relativa. Los ajustes del tipo de cambio en los últimos 18 meses se han orientado hacia la reducción de esos desequilibrios, a pesar de que, desde una perspectiva a largo plazo, el dólar aún parece estar bastante sobrevaluado y, por lo tanto, es probable que se produzcan nuevos ajustes a la baja en el futuro. Por ejemplo, las proyecciones actuales parecen indicar que el déficit en cuenta corriente de Estados Unidos podría reducirse solamente alrededor de 1 punto porcentual —de 5% a 4% del PIB—a lo largo de los próximos cinco años, y que los efectos de un dólar más débil se verán contrarrestados en parte por la recuperación que, según las previsiones, será más rápida en Estados Unidos que en la zona del euro y Japón.

En la mayoría de las regiones, los cambios de política monetaria han afianzado, o han ayudado a neutralizar, el efecto de la evolución reciente del tipo de cambio en las condiciones monetarias en general (un promedio ponderado del tipo de cambio, las tasas de interés a corto plazo y las tasas a largo plazo). En Estados Unidos y el Reino Unido, las condiciones monetarias se han flexibilizado sustancialmente desde comienzos de 2002 al bajar las tasas de interés y debilitarse las monedas (véase el gráfico). En la zona del euro, las condiciones monetarias se han mantenido estables en términos generales durante ese período, debido a que las reducciones de las tasas de interés han compensado el efecto de la apreciación del euro. En Japón, a pesar de la intervención masiva en el mercado de divisas, las autoridades solo han logrado frenar la apreciación del yen y no han formulado las medidas necesarias para flexibilizar las condiciones monetarias con el fin de combatir la deflación arraigada. Cabe señalar asimismo que en los países en desarrollo de Asia, cuyos índices de crecimiento y saldos externos relativamente sólidos los situarían en una situación favorable en comparación con la zona del euro y Japón para absorber en cierta medida la apreciación, los vínculos implícitos o explícitos con el dólar de EE.UU. han limitado el grado de apreciación de las monedas locales desde que el dólar alcanzó su nivel máximo. Por lo tanto, en general, las regiones en situación más desfavorable en el ciclo económico parecen haber sido las más afectadas por los recientes movimientos de las monedas.

Índice de las condiciones monetarias1

(2 de enero de 2001 a 29 de agosto de 2003, 2003= 100)

Fuentes: Bloomberg Financial Markets, LP; Global Insight, Inc., y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Promedio ponderado de las tasas de interés nominales a corto y largo plazo y del tipo de cambio efectivo nominal.

Este efecto asimétrico de los cambios de las condiciones monetarias en las principales regiones se ha intensificado en algunos casos con los movimientos de los precios de las acciones y los inmuebles. En general, la incidencia de las fluctuaciones de los precios de los activos en el consumo y la inversión suele ser mayor en los sistemas financieros que se basan en mayor medida en el mercado de capitales, como los de Estados Unidos y el Reino Unido, en comparación con los sistemas predominantemente bancarios de Europa continental y Japón1. En los últimos años, el aumento de los precios inmobiliarios en Estados Unidos y, sobre todo, en el Reino Unido ha contrarrestado las presiones a la baja en el gasto de los hogares ocasionadas por el desplome de los mercados bursátiles (véase el primer cuadro). Si bien parece que lo mismo ocurre en el caso de Francia, los precios inmobiliarios en Alemania poco han hecho para compensar la fuerte reducción de la capitalización del mercado bursátil; y en Japón, el descenso de los precios inmobiliarios ha exacerbado los efectos de riqueza negativos provocados por caídas anteriores de los mercados bursátiles.

Efecto de las variaciones del precio de los activos en el gasto de los hogares(Variación porcentual)
Estados UnidosZona del euroAlemaniaFranciaJapónReino Unido
Mercados bursátiles
Capitalización1–6–21–26–195–15
Efecto en el gasto–0,4–0,2–0,2–0,2–1,4
Ajustes por valoración2717–830
Efecto en el gasto0,600,3–0,42,4
Fuentes: Autoridades nacionales; Data Stream International; Office of Federal Housing Enterprise Oversight; HBOS plc; Japan Real Estate Institute, y cálculos del Bundesbank basados en datos de Bulwein.

Variación porcentual entre febrero de 2002 y agosto de 2003.

Los datos de Estados Unidos y Japón corresponden al período comprendido entre el primer trimestre de 2002 y el primer trimestre de 2003; los de Alemania y Francia, al período comprendido entre el cuarto trimestre de 2001 y el cuarto trimestre de 2002, y los del Reino Unido, al período comprendido entre febrero de 2002 y junio de 2003.

Fuentes: Autoridades nacionales; Data Stream International; Office of Federal Housing Enterprise Oversight; HBOS plc; Japan Real Estate Institute, y cálculos del Bundesbank basados en datos de Bulwein.

Variación porcentual entre febrero de 2002 y agosto de 2003.

Los datos de Estados Unidos y Japón corresponden al período comprendido entre el primer trimestre de 2002 y el primer trimestre de 2003; los de Alemania y Francia, al período comprendido entre el cuarto trimestre de 2001 y el cuarto trimestre de 2002, y los del Reino Unido, al período comprendido entre febrero de 2002 y junio de 2003.

Efecto de las variaciones del tipo de cambio en el IPC(Febrero de 2002 al 31 de agosto de 2003)
Elasticidad

de traslado
Variación del

tipo de

cambio

efectivo

nominal
Efecto

en el

IPC
Estados Unidos,03−110,3
Zona del euro,0215–0,3
Japón,034–0,1
Reino Unido,08–70,6
Fuentes: Estimaciones del personal técnico del FMI, y Gagnon e Ihrig (2002).Nota: Elasticidades de traslado correspondientes a Estados Unidos, Japón y el Reino Unido según Gagnon e Ihrig (2002). La elasticidad de la zona del euro es la que calcula el FMI (2003a) y puede no ser estrictamente comparable; se elabora a partir de una metodología distinta y corresponde al IPC básico y no al general.
Fuentes: Estimaciones del personal técnico del FMI, y Gagnon e Ihrig (2002).Nota: Elasticidades de traslado correspondientes a Estados Unidos, Japón y el Reino Unido según Gagnon e Ihrig (2002). La elasticidad de la zona del euro es la que calcula el FMI (2003a) y puede no ser estrictamente comparable; se elabora a partir de una metodología distinta y corresponde al IPC básico y no al general.

¿En qué medida debería la reciente evolución de los tipos de cambio influir en la política monetaria? El efecto directo de los tipos de cambio en los precios al consumidor parece haber disminuido en las últimas décadas, especialmente al reducirse el nivel y la variabilidad de la inflación, y es posible que en la actualidad sea muy pequeño. Si bien varían mucho las estimaciones de las elasticidades de traslado —es decir, la disminución (aumento) porcentual de los precios al consumidor derivados de una apreciación (depreciación) del tipo de cambio en un 1%—en algunos estudios recientes parece indicarse que éstas podrían ser ahora de apenas 0,02 a 0,03 en algunas economías avanzadas (como Estados Unidos, la zona del euro y Japón)2. Los precios de importación tienden a reaccionar más marcadamente ante las variaciones del tipo de cambio (se estima, por ejemplo, que en la zona del euro la reacción es de uno a uno), pero la repercusión de estas variaciones en los precios al consumidor se ve moderada por la incidencia sustancial de los costos locales de distribución y las estrategias de fijación de precios según el mercado. En estas circunstancias, cabe prever una disminución de los precios básicos al consumidor en la zona del euro de alrededor del 0,3%, suscitada por la apreciación del euro desde comienzos de 2002, con una materialización total del efecto hacia finales de 20043. En otras regiones, los aumentos del IPC (en respuesta a las depreciaciones del tipo de cambio) también serían más bien pequeñas (véase el segundo cuadro).

Sin embargo, el argumento a favor de ajustar la política monetaria en función de las variaciones del tipo de cambio se vería corroborado por los efectos indirectos de esas variaciones en los precios, especialmente a través de la demanda. En la zona del euro concretamente, el efecto que podría tener el fortalecimiento del euro en las exportaciones —el motor habitual del crecimiento en las etapas iniciales de las reactivaciones europeas—puede debilitar aún más la demanda, postergar las perspectivas de recuperación y agravar las presiones a la baja sobre la inflación. Por lo tanto, las variaciones recientes del tipo de cambio podrían crear un margen para reducir aún más las tasas de interés oficiales en la zona del euro. En cambio, en Estados Unidos y el Reino Unido, el debilitamiento de los tipos de cambio y de las condiciones monetarias globales durante el ciclo actual tendería a apuntalar la recuperación y dar paso a una coyuntura que permita retirar en forma sostenida el estímulo monetario.

Nota: El autor principal de este recuadro es Maitland MacFarlan.1Véase el ensayo titulado “¿Está la riqueza impulsando en mayor medida el consumo?” en el capítulo II de la edición de abril de 2002 de Perspectivas de la economía mundial. Los efectos estimados sobre el gasto de consumo a causa de las variaciones de la riqueza están distribuidos a lo largo de varios años.2Véase Gagnon e Ihrig (2002) y FMI (2003b).3El efecto en el nivel general de inflación es menos trascendente para la política monetaria, pero superaría esta cifra, debido principalmente a un mayor efecto de traslado de las variaciones del precio del petróleo.

Las presiones inflacionarias siguen siendo muy bajas. En los países avanzados, se prevé que la inflación se mantendrá por debajo del 2% en 2003 por segundo año consecutivo y que se reducirá al 1,3% en 2004, el nivel más bajo de los últimos 30 años; en los países en desarrollo se espera que la inflación baje al 5%, también un mínimo histórico. En este contexto, y teniendo en cuenta que la recuperación de la economía mundial aún no se ha afianzado, se ha prestado creciente atención a la posibilidad de que se produzca deflación3. Recientemente solo se ha observado deflación manifiesta en unos pocos países, entre los que se destaca Japón; sin embargo, en varios países avanzados se prevén tasas de inflación inferiores al 1 % en 2004, niveles peligrosamente cercanos a cero (sobre todo, teniendo en cuenta el sesgo general alcista respecto a la inflación sujeta a medición). El riesgo de que se produzca una espiral deflacionaria a escala mundial parece remoto y, últimamente, las expectativas inflacionarias han aumentado como consecuencia de las mejores perspectivas de recuperación y de las medidas de política adoptadas recientemente. Sin embargo, en un entorno de baja inflación, la posibilidad de que bajen los precios durante un período transitorio en caso de producirse una perturbación adversa sigue siendo bastante real en varios países, sobre todo en Alemania, lo que refuerza los argumentos para seguir aplicando una política monetaria relativamente acomodaticia.

Las previsiones de referencia sobre el crecimiento mundial han variado poco respecto de hace unos meses, pero la balanza de riesgos ha mejorado de forma apreciable. Ante el rápido desenlace de la guerra, la probabilidad de que se concreten las hipótesis más pesimistas ha disminuido mucho desde la última publicación de Perspectivas de la economía mundial, a la vez que se han adoptado políticas más expansivas. De hecho, tal como lo corrobora la evolución reciente en los mercados financieros, es posible que el crecimiento se reactive más pronto de lo esperado, particularmente en Estados Unidos, donde el aumento de la productividad ha sido más dinámico, la reestructuración del balance de las empresas parece ser la más avanzada y el estímulo programado es particularmente importante (y tenderá a ir en aumento, dado el presupuesto complementario previsto para el financiamiento de los gastos en Iraq y Afganistán). Si bien es muy cierto que un crecimiento más vigoroso en Estados Unidos beneficiaría al resto del mundo, el costo implícito sería el empeoramiento del ya ingente déficit en cuenta corriente de ese país, lo cual subrayaría la necesidad de acelerar la adopción de medidas para atenuar los consiguientes riesgos a mediano plazo, como se analiza más adelante. La posibilidad de que en 2004 y los años subsiguientes los precios del petróleo sean más bajos de lo previsto también significa que la actividad mundial podría superar las proyecciones.

Sin embargo, persiste el riesgo de que suceda lo contrario, sobre todo de 2004 en adelante. Los riesgos geopolíticos han disminuido desde abril, pero bajo ningún punto de vista han desaparecido, como lo demuesutran los sucesos trágicos acaecidos en varios países. Por otro lado, más allá de los riesgos concretos de Japón y, en menor medida, Alemania, hay ciertas inquietudes fundamentales:

  • Los desequilibrios en cuenta corriente en la economía mundial y, junto con ellos, la continua dependencia mundial de las perspectivas de Estados Unidos sigue siendo una preocupación grave (cuadro 1.4). A pesar de la depreciación del dólar, se proyecta que el déficit en cuenta corriente de Estados Unidos equivaldrá al 5% del PIB en 2003, y apenas se reducirá al 4% para 2008, lo que significa que para lograr la sostenibilidad a mediano plazo se precisarán más ajustes. Aunque resulta imposible predecir el alcance, el carácter y el momento de los posteriores ajustes del dólar, la historia hace suponer que incluso un ajuste ordenado probablemente implicará una desaceleración del crecimiento en Estados Unidos, y lo mismo sucederá con el crecimiento mundial si se mantiene la atonía en el resto del mundo4. Por otro lado, un ajuste desordenado —o excesivo—no deja de ser un riesgo importante, sobre todo si la apreciación compensatoria permanece concentrada en unas pocas monedas. La volatilidad entre las principales divisas —que suele estar ligada a un desajuste de los tipos de cambio—también podría ser un motivo de preocupación, en especial para los países en desarrollo con tipos de cambio fijos o descalces considerables entre las estructuras monetarias del comercio y la deuda externa (véase el tercer ensayo del capítulo II, “¿En qué medida deberían preocuparse los países en desarrollo por la volatilidad cambiaría de las tres grandes monedas del mundo?”).
  • Es posible que el reciente resurgimiento de la inversión no sea duradero, lo cual depende en parte del grado en que persistan las secuelas de la burbuja. Más allá de los costos directos, si se dilata el período de crecimiento lento se agudizaría la vulnerabilidad de la economía mundial a nuevas perturbaciones adversas, sobre todo en vista de la aún exagerada dependencia de la evolución de Estados Unidos, el nivel relativamente bajo de inflación en algunos países y el margen de maniobra cada vez más reducido de las políticas en muchos países.
Cuadro 1.4.Saldo en cuenta corriente en algunas economías (Porcentaje del PIB)
2001200220032004
Economías avanzadas–0,8–0,7–0,9–0,8
Estados Unidos–3,9–4,6–5,1–4,7
Zona del euro10,20,90,80,8
Alemania2,32,42,1
Francia1,71,81,21,6
Italia–0,1–0,6–1,1–0,9
España–2,8–2,4–2,7–2,7
Países Bajos2,11,33,83,3
Bélgica4,04,74,04,4
Austria–2,20,70,1–0,2
Finlandia7,16,96,15,8
Grecia–6,2–6,1–6,6–6,6
Portugal–9,6–7,3–4,9–4,2
Irlanda–0,7–0,7–1,7–1,1
Luxemburgo9,310,410,09,8
Japón2,12,82,92,9
Reino Unido–1,3–0,9–1,0–0,9
Canadá2,42,01,61,6
Corea1,91,31,61,8
Australia–2,4–4,4–5,2–4,8
Taiwan, provincia china de6,49,18,58,8
Suecia3,94,54,53,6
Suiza9,112,310,510,5
Hong Kong, RAE de7,510,813,914,3
Dinamarca2,62,74,24,2
Noruega15,613,212,511,4
Israel–1,6–1,2–0,7–0,8
Singapur19,021,523,723,0
Nueva Zelandia–2,6–3,7–3,7–4,1
Chipre–4,3–5,6–4,9–4,7
Islandia–4,0–0,1–0,9–2,1
Partidas informativas
Principales economías avanzadas–1,4–1,4–1,6–1,5
Unión Europea2–0,20,50,50,5
Zona del euro2–0,30,80,70,7
Economías asiáticas recientemente industrializadas5,76,87,27,3

Calculado como la suma de los saldos de cada uno de los países de la zona del euro.

Con corrección de discrepancias en las declaraciones sobre transacciones entre áreas.

Calculado como la suma de los saldos de cada uno de los países de la zona del euro.

Con corrección de discrepancias en las declaraciones sobre transacciones entre áreas.

  • En los mercados financieros, como se señala en la edición de Global Financial Stability Report de sefitiembre, otro aumento marcado del rendimiento de los bonos podría perjudicar la recuperación, especialmente si no estuviera impulsada por expectativas de mayor crecimiento. Esta circunstancia, que sería especialmente cierta en los países donde el precio de la vivienda se ha disparado en los últimos años (concretamente, el Reino Unido, Australia, Irlanda, Países Bajos y, en menor medida, Estados Unidos), socavaría el apoyo que en la actualidad se está dando a la demanda en la mayoría de estos países y podría hacer más probable un desplome del mercado de la vivienda. Además, si el crecimiento económico y las utilidades de las empresas fueran desalentadores, el reciente repunte de los mercados bursátiles podría ser pasajero, lo cual ejercería nuevas presiones en los balances de los hogares, las empresas y las instituciones financieras.
  • En los mercados emergentes, las mejoras recientes de las condiciones de financiamiento obedecen en gran medida a factores cíclicos transitorios y podrían revertirse si las tasas de interés en los países industríales se elevaran con rapidez. Esto destaca la necesidad de aprovechar las actuales condiciones de financiamiento relativamente ventajosas para seguir avanzado con las medidas orientadas a subsanar importantes vulnerabilidades a mediano plazo. En tal sentido, la deuda del sector público en los mercados emergentes, cuyo promedio como porcentaje del PIB ha superado al de los países industriales, es una preocupación grave, y en muchos casos está muy por encima del nivel que sería sostenible si en los países no se registran mejoras en relación con la evolución histórica del crecimiento y el presupuesto (véase el capítulo III, “¿Es demasiado grande la deuda pública de los mercados emergentes?”).

Recuadro 1.2.¿Cómo deberíamos medir el crecimiento de la economía mundial?

Considerando que las estimaciones del crecimiento de la economía mundial son un producto esencial de los pronósticos mundiales, como los presentados en Perspectivas de la economía mundial, resultan algo sorprendentes las grandes variaciones que existen entre los tipos de cambio usados por los distintos analistas de coyuntura para obtener datos agregados sobre el crecimiento, lo cual tiene efectos importantes en las cifras calculadas. En Perspectivas de la economía mundial, al igual que en la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y en diversas organizaciones del sector privado, se utilizan los tipos de cambio basados en la paridad del poder adquisitivo (PPA), es decir, un tipo de cambio que permite igualar el costo de una canasta “normal” de productos en varios países. En cambio, el Banco Mundial y otras entidades del sector privado utilizan los tipos de cambio de mercado, es decir, el tipo de cambio en que tienen lugar las transacciones en los mercados cambiarios. Otros organismos usan diversas combinaciones de estas dos opciones principales.

Naturalmente, el sistema de ponderación adecuado puede depender del problema que se desee considerar. Las ponderaciones de mercado son apropiadas cuando el resultado está estrechamente vinculado con el tipo de cambio vigente, por ejemplo, las cuentas corrientes. Además, la bien conocida identidad de que la suma de la balanza global en cuenta corriente deberá ser cero solo es válida cuando se utilizan tipos de cambio de mercado. Se aplican otras consideraciones similares a muchos de los conceptos nominales, así como a algunas variables reales, como la demanda efectiva para un país determinado, puesto que la rentabilidad de los exportadores depende de los tipos de cambio vigentes. En vista de estas consideraciones, en Perspectivas de la economía mundial se agregan muchas de las variables utilizando tipos de mercado, y en el cuadro 1 del apéndice estadístico se presenta un índice alternativo del crecimiento de la economía mundial sobre esta base. La principal des ventaja de usar los tipos de cambio vigentes en el mercado es su inestabilidad a lo largo del tiempo. Por ejemplo, desde principios de 2002, el valor de mercado del euro se ha apreciado más de la cuarta parte en términos reales frente al dólar de EE.UU. El uso de tipos de cambio de mercado para obtener datos agregados del PIB mundial implicaría que los trabajadores de la zona del euro han logrado un aumento extraordinario de su productividad en comparación con sus contrapartes de Estados Unidos durante un período en que este país parece experimentar una recuperación más vigorosa.

En parte como consecuencia de esto, se considera, en general, que los tipos de cambio basados en la PPA son mejores indicadores de las variaciones de la situación de la economía mundial. La mayor estabilidad de los tipos de cambio reales derivada de utilizar la PPA significa que la consiguiente estimación del crecimiento de la economía mundial (por ejemplo) se ve menos afectada por los cambios a corto plazo en la importancia relativa de los países y regiones. Además, se considera, en general, que los tipos de cambio basados en la PPA proporcionan una estimación más equilibrada de la importancia relativa de los países ricos y pobres. Cuando se usan tipos de cambio de mercado se crea la impresión de que la mayor parte del producto mundial proviene de los países avanzados, lo que se atribuye, en general, al hecho de que los tipos de cambio de mercado solo son equivalentes a los precios de los bienes comerciados, y a que los bienes no comerciados son relativamente más caros en los países ricos. Por ejemplo, es mucho más caro cortarse el pelo en Nueva York que en Bombay, aunque el resultado es similar. Los tipos de cambio basados en la PPA permiten efectuar ajustes a fin de tener en cuenta este sesgo, de modo que el peso relativo de los países avanzados en el producto mundial se reduce de alrededor de las cuatro quintas partes a poco más de la mitad (véase el recuadro Al de la edición de mayo de 2001 de Perspectivas de la economía mundial).

Las ponderaciones basadas en la PPA muestran un crecimiento mucho mayor de la economía mundial que las basadas en los tipos de cambio de mercado. Considerando que, en general, los países en desarrollo crecen a un ritmo más rápido que los países industrializados, el uso de tipos de cambio basados en la PPA se traduce en una tasa subyacente de crecimiento de la economía mundial más elevada (véase el gráfico). En los últimos años esta diferencia ha aumentado considerablemente, registrando un promedio de casi el 1% anual desde 1990, en gran medida debido al rápido crecimiento de China y a la falta de dinamismo económico en Japón, los principales países cuyas ponderaciones se ven más afectadas por la substitución de los tipos de cambio de mercado por los basados en la PPA. La participación de Japón en el producto mundial se reduce del 15% al 7’/2% al reemplazar las ponderaciones de mercado por ponderaciones basadas en la PPA, en tanto que la participación de China aumenta del 3½% al 11½%1. Cuando se excluyen China y Japón, la diferencia entre ambas estructuras de ponderación se reduce en más de la mitad.

Crecimiento de la economía mundial: Tipos de cambio basados en la PPA o de mercado

(Porcentaje anual)
Crecimiento de la economía mundial utilizando diferentes ponderaciones 1990–99(Porcentaje anual)
Muestra

completa
Excluidos

China y

Japón
Ponderaciones de Penn World
Tables basadas en la PPA3,43,0
Ponderaciones de Perspectivas de la economía mundial basadas
en la PPA3,63,0
Tipos de cambio de mercado2,62,7
Fuentes: Penn World Tables, base de datos de Perspectivas de la economía mundial y cálculos del personal técnico del FMI.
Fuentes: Penn World Tables, base de datos de Perspectivas de la economía mundial y cálculos del personal técnico del FMI.

Uno de los problemas de utilizar los tipos de cambio basados en la PPA es que, aunque el tipo de cambio se ajusta para tener en cuenta las distorsiones entre los bienes comerciados y los nos comerciados, es difícil hacer ajustes similares en el caso de los datos nacionales. En consecuencia, la tasa de crecimiento en China (por ejemplo), podría estar basada en precios de mercado internos que asignan demasiada importancia a los bienes objeto de comercio exterior, que aumentan rápidamente, y muy poca a los servicios, cuyo aumento es más lento. Esto significa que el uso de tipos de cambio basados en la PPA podría sobreestimar el crecimiento de la economía mundial, a menos que estas ponderaciones se ajusten a lo largo del tiempo para tomar en cuenta la evolución de la estructura de los precios internos. Afortunadamente, se dispone de una fuente de datos —Penn World Tables —en que el producto de los distintos países se agrega convirtiendo sus componentes en dólares utilizando precios relativos de Estados Unidos, con lo cual se evita este sesgo. Desafortunadamente, estos cálculos son complejos. No obstante, aunque no tienen utilidad práctica para Perspectivas de la economía mundial, pueden proporcionar un parámetro de referencia útil para otros sistemas más flexibles.

Si se supone que los tipos de cambio basados en la PPA son apropiados, el sesgo derivado de utilizar tipos de cambio basados en la PPA que no fluctúan es pequeño comparado con el que se crea al usar valores de mercado. En el cuadro se indica la tasa de crecimiento del PIB agregado de todos los países sobre los cuales se presenta información en el sitio Penn World Tables para el período de 1990–99 utilizando las ponderaciones de la PPA de Perspectivas de la economía mundial y las derivadas de los tipos de cambio de mercado. Si bien la agregación en base a la PPA de Perspectivas de la economía mundial crea un sesgo por exceso del 0,2% anual, es mucho menor que el sesgo por defecto derivado de usar tipos de cambio de mercado, que es del 0,8% anual. De hecho, al excluir a China y Japón, el cálculo basado en la PPA de Perspectivas de la economía mundial no crea un sesgo apreciable, mientras que los tipos de cambio de mercado siguen mostrando un crecimiento más bajo que el parámetro de referencia.

En general, si se quiere calcular el crecimiento de la economía mundial utilizando ponderaciones basadas en la PPA, el actual enfoque aplicado en Persftectivas de la economía mundial proporciona una estimación relativamente exacta del crecimiento de la economía mundial. Sin embargo, la introducción de nuevos métodos perfeccionados podría contribuir a reducir el sesgo por exceso que sigue produciéndose en comparación con los cálculos realizados utilizando ponderaciones basadas en la PPA calculadas de manera más minuciosa, aunque menos práctica.

Nota: El autor principal de este recuadro es Tamim Bayoumi.1La ponderación basada en la PPA correspondiente a China es objeto de cierta controversia, como se indica en el apéndice publicado en el sitio Penn World Tables en Internet http://pwt.econ.upenn.edu.

En general, cada vez hay más señales de que el repunte esperado de la actividad mundial está cobrando forma, pero todavía no se sabe cuán amplio y dinámico será. Con estos antecedentes, y ante presiones inflacionarias bastante moderadas, el respaldo de las políticas macroeconómicas no debe desfallecer. Al mismo tiempo, las autoridades tienen por delante considerables desafíos a mediano plazo: hacer que el crecimiento mundial dependa menos de Estados Unidos; promover una reducción ordenada de los desequilibrios mundiales, y afianzar las situaciones fiscales a mediano plazo, especialmente en vista de las presiones que conlleva para el futuro el envejecimiento de la población. La política monetaria sigue siendo, por lo general, el instrumento a corto plazo de preferencia, y si bien algunos desequilibrios podrían agravarse en cierta medida a causa de las tasas de interés de intervención sostenidamente bajas —sobre todo en el mercado de la vivienda—éstas tienen que compaginarse con la necesidad de impulsar la actividad y aminorar los riesgos deflacionarios. En el ámbito fiscal, la gran cantidad de países que enfrentan fuertes presiones a mediano plazo obliga a hacer sacrificios. En general, se debería dejar que los estabilizadores automáticos cumplan su función, pero de ahí en adelante mucho dependerá de la coyuntura y las limitaciones de cada país. Un ritmo más lento de reordenamiento a corto plazo —o incluso un deterioro subyacente del presupuesto—es sin duda menos preocupante si va acompañado de planes sólidos de ajuste a largo plazo, ya sea mediante reformas estructurales para estimular el crecimiento futuro o, quizá lo más importante, con medidas que tengan en cuenta el costo futuro que implica el envejecimiento de la población (estas últimas tienen la ventaja de incidir solo de manera limitada y transitoria en la demanda).

Así, las prioridades básicas de las políticas parecerían ser las siguientes:

  • En los países industriales, las políticas monetarias tienen que seguir siendo acomodaticias. En Estados Unidos, la tasa de los fondos federales se ha situado en el nivel más bajo de las últimas cuatro décadas. Aún así, como la actividad sigue siendo débil y hay riesgos de deflación, la Reserva Federal ha señalado con acierto que las tasas podrían permanecer bajas por un período prolongado. Las medidas fiscales han afianzado la demanda, pero el costo ha sido un deterioro grave de las perspectivas a largo plazo; por consiguiente, ha surgido una necesidad acuciante de establecer un marco fiable a mediano plazo para restablecer el equilibrio (exceptuando el de la seguridad social) y colocar los planes de seguro social y de asistencia médica para ancianos e incapacitados (Medicare) sobre una base firme (cuadro 1.5). En la zona del euro, donde las presiones inflacionarias han menguado en medio de una actividad floja y la apreciación del euro, la reducción de 50 puntos básicos en las tasas de interés que el BCE efectuó en junio tuvo buena acogida. Se precisará otra reducción si la inflación amenaza con situarse por debajo de las previsiones: por ejemplo, si la actividad no se reactivara pronto o si el euro se apreciara notablemente. En los países europeos más grandes, el reordenamiento fiscal a mediano plazo sigue siendo una prioridad. En estos casos, un ajuste básico de 1½% del PIB al año, o si se lo respalda con medidas y gestiones acertadas de saneamiento y reforma estructural que sean tangibles y creíbles, un ajuste acumulativo de 1½% del PIB durante 2004-06, probablemente permitiría conciliar, dentro de lo razonable, las políticas a mediano y corto plazo. Se debería dejar que los estabilizadores automáticos actúen libremente en el proceso de ajuste, incluso si al hacerlo el déficit rebasa el límite del 3% del PIB. En Japón, a pesar de que los datos recientes son más alentadores de lo previsto, una política monetaria mucho más enérgica —unida a una estrategia de comunicación clara y un compromiso de poner fin a la deflación en poco tiempo—continúa siendo decisiva para hacer retroceder las expectativas deflacionarias. Como el déficit y la deuda pública son muy altos, un ajuste estructural leve de las finanzas públicas parecería suficiente. En casi todos los países, son esenciales reformas adicionales en los sectores de pensiones y salud para abordar las presiones causadas por el envejecimiento de la población.
  • En los mercados emergentes, las prioridades en materia de política económica varían mucho según la región. En América Latina, la reciente apreciación de las monedas ha incrementado el margen de maniobra para aplicar una política monetaria más expansiva en algunos países. Sin embargo, a pesar de la mejora de las condiciones financieras, es de importancia decisiva asegurarse de que se mantenga el ritmo de saneamiento fiscal y de las reformas estructurales. En Asia hay mayor margen de maniobra en lo que se refiere a las políticas y, de hecho, se han aplicado políticas macroeconómicas menos restrictivas en varios países, en parte para contrarrestar el efecto del SARS. Como se señala en el capítulo III, en muchos países de mercados emergentes y en desarrollo, una prioridad fundamental es desplegar esfuerzos de amplia base para mejorar la viabilidad de la deuda pública a mediano plazo. (Las medidas incluyen la reforma tributaria, un control más eficaz de los gastos, el fortalecimiento institucional y las reformas estructurales para impulsar el crecimiento.)
  • Teniendo presente que es preciso reduár la dependencia de la economía mundial respecto del creámiento de Estados Unidos y convgir los desequilibrios mundiales, es cada vez más urgente adoptar refonnas estructurales. Como se ha señalado en muchas oportunidades en Perspectivas de la economía mundial, las prioridades son, entre otras, las siguientes: en Europa, reformas de los mercados de trabajo y de productos para impulsar el crecimiento potencial; en Japón, la reestructuración de los sectores empresarial y financiero; en los mercados emergentes de Asia, una mayor dependencia de la demanda interna, respaldada por la reforma de los sectores empresarial y financiero, y en Estados Unidos, la adopción de medidas para incrementar el ahorro nacional, sobre todo reforzando la situación fiscal a mediano plazo. Durante los últimos años, lamentablemente, los avances en estos ámbitos han sido limitados, y algunos aspectos, sobre todo las perspectivas fiscales de Estados Unidos, han sufrido un deterioro. A diferencia de los años ochenta (última vez que Estados Unidos registró un déficit en cuenta corriente de esta magnitud), ni Japón, ni en menor medida Europa, están en condiciones de compensar una desaceleración del crecimiento en Estados Unidos. Ello subraya la necesidad de desplegar esfuerzos acelerados para abordar los problemas mencionados. En ese sentido, las recientes iniciativas asumidas en Europa, especialmente la Agenda 2010 en Alemania y la reciente reforma del sistema de pensiones en Francia, son alentadoras, aunque todavía queda mucho por hacer. En muchos países también se requieren esfuerzos adicionales para fortalecer la gestión empresarial.
  • Las autoridades responsables de la política económica deben estar listas para enfrentar los efectos de una mayor depreciación del dólar de EE.UU., si ésta ocurriese. Hasta la fecha, la mayor carga del ajuste por la depreciación del dólar ha sido soportada por el euro, el dólar canadiense y varias monedas de países industriales más pequeños. Como se señala en el recuadro 1.1, esto es, en general, congruente con los parámetros fundamentales a mediano plazo y, en la mayoría de los casos, ha existido la posibilidad de aplicar, como compensación, una política monetaria más expansiva. Si el dólar de EE.UU. se depreciara mucho más, la mayoría de estos países todavía tendría cierto margen de maniobra para aplicar las políticas necesarias; sin embargo, debido a que el grado de subvaluación es mucho menor que antes, convendría que la apreciación se distribuyera de manera más amplia entre las monedas. La necesidad crucial de adoptar una política monetaria más decisiva para enfrentar la deflación en Japón podría, en su caso, ejercer cierta presión a la baja sobre el yen. En estas circunstancias, una mayor flexibilidad cambiaría al alza en los mercados emergentes de Asia (que ya se encuentran en una situación relativamente buena desde el punto de vista cíclico) facilitaría considerablemente el proceso de ajuste mundial, dada la importancia de la región en el comercio mundial. Dicha flexibilidad convendría además por motivos internos (capítulo II).
Cuadro 1.5.Saldo fiscal y deuda del gobierno general en las principales economías avanzadas1(Porcentaje del PIB)
1987–96199719981999200020012002200320042008
Principales economías avanzadas
Saldo efectivo–3,8–2,1–1,6–1,2–0,3–1,8–3,8–5,1–4,7–2,8
Brecha de producción2–0,3–0,3–0,20,11,0–0,7–1,4–2,0–1,6
Saldo estructural–3,6–1,8–1,4–1,2–1,1–1,7–3,3–4,2–3,8–2,8
Estados Unidos
Saldo efectivo–4,2–1,3–0,10,51,2–0,7–3,8–6,0–5,6–3,0
Brecha de producción2–1,2–0,50,41,21,8–1,0–1,6–2,1–1,4
Saldo estructural–3,8–1,1–0,20,6–0,5–3,2–5,1–4,9–3,0
Deuda neta54,456,452,748,243,342,644,949,152,254,5
Deuda bruta68,469,865,962,757,157,058,862,565,064,8
Zona del euro
Saldo efectivo–2,6–2,3–1,30,1–1,7–2,3–3,0–2,8–0,7
Brecha de producción2–1,2–0,50,11,20,5–0,7–2,2–2,4–0,1
Saldo estructural–1,6–1,8–1,2–1,5–2,0–2,0–1,7–1,4–0,6
Deuda neta62,961,460,858,658,458,459,560,056,2
Deuda bruta75,473,772,670,269,369,270,470,765,4
Alemania3
Saldo efectivo–2,4–2,7–2,2–1,51,3–2,8–3,5–3,9–3,9–1,2
Brecha de producción20,4–0,5–0,4–0,10,90,3–0,9–2,4–2,5
Saldo estructural4–2,5–2,0–1,7–1,2–1,6–2,9–2,9–2,3–2,3–1,2
Deuda neta31,953,453,354,952,853,555,457,860,159,2
Deuda bruta46,461,060,961,260,259,560,863,265,564,6
Francia
Saldo efectivo–3,6–3,0–2,7–1,8–1,4–1,4–3,1–4,0–3,5–0,2
Brecha de producción2–0,8–3,1–1,7–1,00,70,4–0,6–2,1–2,4
Saldo estructural4–3,0–1,0–1,6–1,1–1,8–1,8–2,8–2,7–2,1–0,2
Deuda neta32,649,649,848,847,548,249,251,653,249,3
Deuda bruta41,659,359,558,557,156,858,961,362,959,0
Italia
Saldo efectivo–10,0–2,7–2,8–1,7–0,6–2,6–2,3–2,8–2,6–1,7
Brecha de producción20,2–0,3–0,11,00,6–1,0–2,3–2,3
Saldo estructural4–9,9–1,9–2,8–1,8–2,4–3,1–2,7–2,1–1,7–1,7
Deuda neta101,5113,8110,1108,4104,5103,7101,0100,999,893,0
Deuda bruta107,3120,2116,4114,6110,4109,5106,7106,6105,498,3
Japón
Saldo efectivo–0,9–3,8–5,5–7,2–7,4–6,1–7,5–7,4–6,5–6,2
Excluida la seguridad social–3,7–6,0–7,2–8,7–8,5–6,3–7,8–7,6–6,3–5,5
Brecha de producción20,91,1–1,5–2,5–1,1–1,9–2,8–2,0–1,7–0,1
Saldo estructural–1,1–4,2–5,0–6,2–7,0–5,4–6,5–6,7–5,9–6,2
Excluida la seguridad social–3,9–6,2–6,9–8,1–8,2–5,9–7,1–7,1–6,0–5,5
Deuda neta18,935,346,252,858,663,772,280,086,9103,7
Deuda bruta77,6105,5117,1130,5138,7148,4158,4166,8174,1183,2
Reino Unido
Saldo efectivo–3,6–2,20,21,14,00,9–1,3–2,5–2,7–2,5
Brecha de producción2–0,20,20,5–0,30,2–0,4–1,1–1,20,1
Saldo estructural4–3,5–2,11,01,70,8–1,2–2,1–1,9–2,4
Deuda neta28,845,442,440,334,433,033,133,534,838,3
Deuda bruta43,050,447,344,841,938,738,339,040,243,7
Canadá
Saldo efectivo–6,10,20,11,63,01,40,81,51,51,6
Brecha de producción20,2–0,9–0,80,62,00,40,4–0,9–0,8–0,1
Saldo estructural–6,10,80,51,42,11,20,82,12,01,6
Deuda neta73,985,883,174,864,759,156,151,747,833,6
Deuda bruta105,8118,6116,2110,8101,899,696,089,583,963,4
Nota: La metodología y los supuestos específicos para cada país se analizan en el recuadro A1 del apéndice estadístico.

Los datos sobre la deuda se refieren al final del año. No siempre es posible comparar los datos de la deuda de los distintos países. Por ejemplo, los datos de Canadá incluyen una partida no capitalizada de las jubilaciones de los funcionarios públicos que ascendía a casi el 18% del PIB en 2001.

Porcentaje del PIB potencial.

Los datos anteriores a 1990 se refieren a Alemania occidental. En lo que respecta a la deuda neta, la primera columna se refiere a 1988-94. A partir de 1995. el gobierno general se hizo cargo de las obligaciones de amortización y servicio de la deuda del Fondo Fiduciario Alemán (y de varios otros organismos). Esta deuda es equivalente al 8% del PIB, y el correspondiente servicio de la deuda representa entre ½% y 1% del PIB.

No incluye ingresos de carácter excepcional provenientes de la venta de licencias de telefonía móvil equivalentes al 2,5% del PIB en 2000 en el caso de Alemania, 0,1% del PIB en 2001 y 2002 en Francia, 1,2% del PIB en 2000 en Italia y 2,4% del PIB en 2000 en el Reino Unido. Tampoco incluye ingresos de carácter excepcional provenientes de transacciones de activos sustanciales.

Nota: La metodología y los supuestos específicos para cada país se analizan en el recuadro A1 del apéndice estadístico.

Los datos sobre la deuda se refieren al final del año. No siempre es posible comparar los datos de la deuda de los distintos países. Por ejemplo, los datos de Canadá incluyen una partida no capitalizada de las jubilaciones de los funcionarios públicos que ascendía a casi el 18% del PIB en 2001.

Porcentaje del PIB potencial.

Los datos anteriores a 1990 se refieren a Alemania occidental. En lo que respecta a la deuda neta, la primera columna se refiere a 1988-94. A partir de 1995. el gobierno general se hizo cargo de las obligaciones de amortización y servicio de la deuda del Fondo Fiduciario Alemán (y de varios otros organismos). Esta deuda es equivalente al 8% del PIB, y el correspondiente servicio de la deuda representa entre ½% y 1% del PIB.

No incluye ingresos de carácter excepcional provenientes de la venta de licencias de telefonía móvil equivalentes al 2,5% del PIB en 2000 en el caso de Alemania, 0,1% del PIB en 2001 y 2002 en Francia, 1,2% del PIB en 2000 en Italia y 2,4% del PIB en 2000 en el Reino Unido. Tampoco incluye ingresos de carácter excepcional provenientes de transacciones de activos sustanciales.

En los países donde la pobreza sigue siendo motivo de gran inquietud, el crecimiento del PIB ha sido relativamente resistente a pesar de la debilidad de la economía mundial. Sin embargo, persisten diferencias considerables de un pais a otro. En China, y en menor medida en India, el crecimiento del PIB per cápita es bastante robusto; pero en los países de África subsahariana sigue siendo inferior a 1%, nivel demasiado bajo para alcanzar las metas de reducción de la pobreza establecidas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. En este sentido, es notable observar que el crecimiento del PIB per cápita ha sido mucho más vigoroso en países Áfricanos que han alcanzado la estabilidad política y que más han avanzado en cuanto a la estabilidad macroeconómica y las reformas estructurales e institucionales. Ello subraya la necesidad de proceder a la implementación, en toda la región, de la Nueva Asociación para el Desarrollo de África (NEPAD), que consagra plenamente estos objetivos.

Si bien en África es de importancia crucial aplicar políticas internas más eficaces, ello no es suficiente; también es esencial contar con asistencia financiera adicional de la comunidad internacional, siempre que se apliquen políticas internas apropiadas para que dicha asistencia pueda absorberse de manera eficaz (véase el recuadro 1.3, “la gestión de los crecientes flujos de asistencia a los países en desarrollo”). Tras la Cumbre de Monterrey se han registrado avances, entre otros, la creación de la Cuenta del Reto del Milenio y la concesión de financiamiento adicional por parte de Estados Unidos para luchar contra la pandemia del SIDA. Asimismo, Reino Unido ha planteado propuestas innovadoras con respecto a la creación de un Servicio de Financiamiento Internacional para financiar la implementación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Aunque es difícil medir de manera precisa el efecto que tienen la asistencia y otras políticas macroeconómicas clave aplicadas por los países industrializados, un análisis reciente llevado a cabo por el Centro para el Desarrollo Mundial parece indicar que, en la mayoría de los casos, la asistencia dista mucho cié respaldar realmente el desarrollo. Ello subraya la necesidad de avanzar aún más para ayudar a los países en desarrollo a cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (gráfico 1.8).

Gráfico 1.8.¿En qué medida ayudan las políticas de los países desarrollados a los países en desarrollo?1

(Compromiso con el índice de desarrollo)

Las políticas de los países desarrollados solo contribuyen en forma moderada al desarrollo, en particular en los países más importantes.

Fuente: Centro para el Desarrollo Mundial

1EI índice mide el impacto de las políticas de los países avanzados en el desarrollo en el ámbito del comercio, la asistencia, la inversión y la migración; el nivel máximo en cada categoría es 10. Véase un análisis más detallado de los cálculos en Birdsall y Roodman (2003).

Un desafío crucial e inmediato para la comunidad mundial es lograr una mayor liberalización del comercio multilateral en el marco de la Ronda de Doha. Esto sería de evidente y enorme beneficio para todo el mundo. Tal como lo subrayó el Director Gerente del FMI, “… la reducción de las barreras al comercio … ha sido la base de la tremenda ampliación del comercio y prosperidad mundiales durante la segunda mitad del siglo XX”5. Además, dado que casi tres cuartas partes de los pobres del mundo trabaja en el sector rural, la competencia con los agricultores de los países industriales (para quienes una tercera parte de sus ingresos provienen de subsidios y otros tipos de protección) también es de importancia decisiva y evidente en la lucha contra la pobreza. A los países en desarrollo les queda mucho por hacer para reducir sus propias barreras comerciales, pero ganarían mucho con ello. No obstante, para llevar adelante la Ronda de Doha se requiere el liderazgo de los principales países industriales, así como el claro compromiso de los países en desarrollo de avanzar en la integración comercial como elemento fundamental de su estrategia de desarrollo. Lamentablemente, hasta la fecha, el progreso en ese ámbito ha sido, en general, decepcionante. Sin embargo, aunque las medidas adoptadas recientemente por la Unión Europea en relación con las reformas agrícolas han sido solo parciales, se han acogido con gran interés. En la Cumbre del G-7, celebrada en Evián en el mes de mayo, los dirigentes de los países industriales renovaron su compromiso de llevar a feliz término la Ronda de Doha. Se espera que la reunión ministerial de la OMC, celebrada en Cancún en el mes de septiembre (en curso cuando se imprimió la presente edición de Perspectivas de la economía mundial), constituya la oportunidad de que las palabras se traduzcan en hechos.

Recuadro 1.3.

La gestión de los crecientes flujos de asistencia a los países en desarrollo

En la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, celebrada en septiembre de 2000, la comunidad internacional adoptó los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que comprenden ocho metas socioeconómicas relacionadas con la reducción de la pobreza —entre ellas la salud, el género, la educación, el medio ambiente y las alianzas internacionales para el desarrollo—con el objeto de reducir el número de pobres a la mitad entre 1990 y 2015. Conscientes de que la consecución de estos objetivos requerirá un sustancial volumen de recursos externos adicionales, en el Consenso de Monterrey de marzo de 2002, se instó a los países industriales a que adoptaran medidas concretas para que el nivel de asistencia oficial para el desarrollo (AOD) se sitúe en el 0,7% del PNB, meta propugnada desde hace tiempo que hasta ahora solo han cumplido unos pocos países industriales.

Si todos los países industriales aumentaran su AOD hasta el 0,7% del PNB, los flujos de asistencia a los países en desarrollo se incrementarían sustancialmente (véase el gráfico). La asistencia, que en la actualidad asciende en promedio al 0,24% del PNB de los países industriales, prácticamente se triplicaría y podría llegar hasta el 70% o el 90% del PIB de algunos países receptores1. Estos flujos alcanzarían un volumen sin precedentes, muy superior, por ejemplo, al nivel máximo de los flujos de capital hacia los mercados emergentes a mediados de los años noventa (14%—15% del PIB). La asistencia también ha sido, en general, volátil. Por ejemplo, en los años noventa en algunos países la variación absoluta de los flujos de asistencia fue superior al 30% del PIB en un solo año. Dado que los mercados financieros no están suficientemente desarrollados y que la cuenta de capital es relativamente cerrada, ¿cómo deberían las economías de los países receptores hacer frente a los grandes volúmenes y a la volatilidad de los flujos de asistencia?

Una inquietud que con frecuencia se ha planteado con respecto a los flujos de asistencia es el llamado “síndrome holandés”. Por lo general, un aumento de la asistencia incrementa la demanda de bienes comerciados y no comerciados. Dado que la oferta de bienes no comerciados es menos elástica, al aumentar la demanda se eleva su precio en relación con los bienes comerciados, ocasionando una apreciación del tipo de cambio real, lo que a su vez, desplaza recursos del sector de bienes comerciados y hace que éste se contraiga, creando inquietudes si el sector de bienes comerciados constituye la principal fuente de aumento de la productividad en la economía y los flujos de asistencia son volátiles2.

Distribución del 0,7% del PNB en asistencia oficial para el desarrollo (AOD) en diferentes escenarios

(AOD como porcentaje del PNB)

Fuente: Heller y Gupta (2002).

1Asignación de asistencia en 1996.

2Basado en la asignación de asistencia orientada a reducir de forma eficiente la pobreza de Collier y Dollar (1999). ajustada en función del mayor nivel de asignación que implica el 0.7%. China e India no pueden recibir un monto que sobrepase su participación en la asistencia total en 1996.

3Todos los países reciben la AOD que obtuvieron en 1996 más un monto adicional asignado de acuerdo con los criterios de Collier y Dollar (1999). China e India no pueden recibir un monto que sobrepase su participación en la asistencia total en 1996.

Sin embargo, no debe exagerarse la preocupación con respecto al síndrome holandés. Los resultados preliminares obtenidos recientemente por Prati, Sahay y Tressel (2003) parecen indicar que si se duplicaran los flujos de asistencia del 10% al 20% del PIB, se produciría una apreciación real de solo un 6%. Este efecto puede variar de un país a otro, y podría ser incluso menor si la asistencia se traduce principalmente en un aumento de las importaciones. Además, en varios casos, los países han podido intervenir en el mercado de divisas para limitar el impacto de los flujos de asistencia externa en el tipo de cambio (mediante la compra de divisas) y esterilizar el impacto monetario de la intervención (vendiendo títulos públicos). Estas intervenciones esterilizadas pueden constituir una forma eficaz de evitar una apreciación real en los países en que la cuenta de capital es relativamente cerrada, aunque pueden resultar costosas, ya que las tasas de interés internas suelen ser más altas que los intereses devengados por los activos externos.

Para gestionar el aumento de flujos de asistencia también es necesario elegir la modalidad más apropiada. Las donaciones, en contraposición a los préstamos, constituyen la forma óptima de asistencia cuando lo que se trata es aumentar el consumo de los segmentos más pobres de la población, hacer frente a desastres naturales o escasez de alimentos y proporcionar ayuda humanitaria para contribuir al proceso de paz en situaciones de conflicto. Las donaciones también resultan apropiadas cuando la magnitud de la inversión pública y el momento en que producirá su rentabilidad son muy inciertos y cuando la capacidad del gobierno para recuperar los recursos a través de los impuestos a fin de atender el servicio de la deuda es limitada. No ha de sorprender que la tasa de crecimiento del PIB no se incremente en respuesta a este tipo de asistencia. Sin embargo, las donaciones contribuirían a evitar que las deudas se trasladen a las generaciones futuras y a reducir la necesidad de condonar la deuda3.

En general, el aspecto clave sigue siendo la eficacia con que se utiliza la asistencia. Las mayores dificultades provienen de la falta de capacidad administrativa para gestionar y utilizar eficientemente los recursos, la volatilidad y la incertidumbre de los flujos de asistencia, y su potencial para estimular la corrupción. Si la asistencia se utiliza para financiar inversiones que incrementen la productividad —por ejemplo, en educación, salud o infraestructura—se reduce por consiguiente la inquietud por el síndrome holandés. Sin embargo, no basta con incrementar esporádicamente el gasto en educación y salud, sino que además habrá que focalizarlo y controlarlo adecuadamente. Por otra parte, dado que mejorar la calidad del capital humano requiere tiempo, habrá que diseñar algunos mecanismos para poder mantener, al menos durante 10 ó 15 años, un mayor nivel de recursos.

Si la gestión pública no es buena, la transferencia de recursos caerá, fácilmente, en manos de las minorías privilegiadas y no tendrá un efecto positivo sobre la productividad, con el consiguiente deterioro de la distribución del ingreso en el país receptor. Los donantes pueden enfrentar a veces un dilema si la asistencia contribuye a reducir el número absoluto de pobres en un país pero, al mismo tiempo, empeora la distribución del ingreso (lo que puede ocurrir cuando las clases privilegiadas reciben un volumen de transferencias mucho mayor que los sectores pobres). En esta situación, puede aumentar el bienestar general de la población, pero también la corrupción. Mientras que en el pasado parece haberse otorgado asistencia tanto a gobiernos corruptos como no corruptos (Alesina y Weder, 2002), en el futuro, a la hora de decidir habrá que prestar más atención a la calidad de las instituciones nacionales. La asistencia externa deberá concentrarse cada vez más en respaldar a los países que implementan reformas relacionadas con la gestión pública e inviertan en capital físico y humano de calidad, en el fortalecimiento de las instituciones a través de la asistencia técnica y en promover una mayor identificación de los países con los programas y proyectos a través del proceso de los documentos de estrategia de lucha contra la pobreza (DELP).

¿Qué ocurre cuando no pueden fortalecerse a corto plazo los resultados de las políticas y las instituciones? En vez de suspender la asistencia, los donantes deberán anunciar compromisos multianuales en los que se condicionen los desembolsos a la obtención de resultados políticos y económicos satisfactorios y a las necesidades extremas de los sectores pobres, creando así incentivos para que los países receptores emprendan reformas y contribuyan a que los futuros flujos de asistencia sean más previsibles. Al mismo tiempo, deberá permitirse que los países con políticas e instituciones adecuadas ahorren parte de la asistencia para reducir las consecuencias adversas de su volatilidad y hacer que los desembolsos se ajusten a la capacidad de absorción del país. Es de esperar que, a medida que los países de bajo ingreso logren sus objetivos de desarrollo, dependan menos de la asistencia externa.

Nota: El autor principal de este recuadro es Ratna Sahay.1Véase Heller y Gupta (2002).2Véase Bulir y Hamann (2001).3Hclbling, Modv y Sahay (de próxima publicación).

Estados Unidos y Canadá: ¿Puede continuar Estados Unidos como motor del crecimiento mundial?

Tras un año de recuperación, el aumento del PIB estadounidense comenzó a perder impulso en forma notable a mediados de 2002, aproximadamente, por dos razones: la creciente incertidumbre geopolítica que precedió a la guerra con Iraq y las secuelas persistentes que produjo el estallido de la burbuja bursátil. Frente a la atonía de la demanda y a un excedente de capacidad constantemente elevado, la inflación ha bajado en una proporción considerable: la inflación básica medida según el IPC está aún muy por debajo del 2%. Como la depreciación sustancial que experimentó el dólar de EE.UU. a lo largo del último año recién ahora está comenzando a sentirse, el déficit de la cuenta corriente externa ha seguido superando las marcas anteriores; a diferencia de otros años, está financiado principalmente con ventas de títulos públicos y privados —a bancos centrales asiáticos, entre otros—en lugar de entradas de capital.

Concluida la guerra con Iraq, la recuperación ha vuelto a cobrar ímpetu. El PIB del segundo trimestre superó las expectativas gracias a un marcado aumento del gasto público y a indicios cada vez más numerosos de aumento de la inversión privada y el consumo (aunque en este último caso debido en parte a ventas muy fuertes en el sector de automotores). Si bien los mercados laborales siguen mostrándose poco dinámicos y continúa el exceso sustancial de capacidad, los indicadores anticipados —sobre todo la confianza de los consumidores y las empresas—han mejorado, al igual que las condiciones monetarias y financieras. La aprobación de nuevos recortes tributarios y el aumento del gasto en defensa han intensificado el estímulo fiscal; los precios bursátiles han experimentado un fuerte aumento; el dólar ha sufrido una baja significativa respecto del máximo anotado a principios de 2002, y las tasas de interés a largo plazo se mantienen en niveles bajos históricos, aun habiendo recuperado mucho terreno desde mediados de junio. Dada la coyuntura, el personal técnico del FMI mantiene su proyección de que la recuperación continuará durante el segundo semestre de 2003 y en 2004 a un ritmo un poco más fuerte que el previsto, y que el PIB superará su nivel potencial a partir del tercer trimestre.

Como existen estímulos muy sustanciales, no solo macroeconómicos, se plantea sin duda alguna la posibilidad de que la reactivación económica sea más fuerte. Sin embargo, también es posible que el ritmo y el alcance de la recuperación de la inversión se vean limitados por un exceso de capacidad relativamente elevado y por la cautela con que actúa aún el sector empresarial a raíz de los recientes escándalos contables; los balances de las empresas y los hogares han mejorado, pero siguen estando sujetos a tensiones (gráfico 1.9); es poco probable que el sector de la vivienda pueda mantener el respaldo sustancial que viene brindando al consumo, y persiste la situación de exceso de oferta en los mercados de trabajo. A un nivel más general, el nivel sin precedentes que ha alcanzado el déficit en cuenta corriente —que ahora está acompañado de un déficit del gobierno general de iguales proporciones (gráfico 1.10)—es aún un foco de vulnerabilidad importante. Aunque se ha depreciado a lo largo del último año, el dólar aún parece estar sobrevaluado desde una perspectiva a mediano plazo, y no se puede descartar el riesgo de que el ajuste sea desordenado o excesivo.

Gráfico 1.9.Estados Unidos: Balances de los hogares

(Porcentaje del ingreso disponible)

Gracias a que los precios de la vivienda se mantienen elevados, los balances de los hogares han dejado de empeorar, aunque siguen estando sujetos a tensiones El aumento del ahorro de los hogares ha estado financiado íntegramente por la reducción de los impuestos.

Fuente: Haver Analytics.

1Excluidas las participaciones en fondos mutuos de inversión, a precios de mercado.

Gráfico 1.10.Estados Unidos: Reaparición del doble déficit

(Porcentaje del PIB) El marcado empeoramiento de las cuentas públicas estadounidenses ha hecho reaparecer el doble déficit de los años ochenta. Como está previsto que persistan los déficit fiscales, no será posible reducir la deuda pública antes de la jubilación de la generación de posguerra.

1Según ediciones anteriores de Perspectivas de la economía mundial.

Dadas estas condiciones, las autoridades estadounidenses se han enfrentado a la dificultad de equilibrar la necesidad de brindar respaldo a la economía a corto plazo y evitar en la medida de lo posible el riesgo de que se agraven los problemas a largo plazo. A esa dificultad se suma la debilidad de la demanda en el resto del mundo. La política monetaria ha sido sumamente acomodaticia y la Reserva Federal ha señalado —acertadamente—que puede mantenerla durante un período considerable; la adopción de una meta de inflación a mediano plazo podría contribuir a anclar las expectativas inflacionarias y reducir el riesgo de una sacudida negativa que cause una presión bajista no deseada sobre la inflación. Las reducidas tasas de interés continúan empujando al alza los precios de la vivienda, que, aun ajustados por la inflación, se han incrementado alrededor de un 30% con respecto a los últimos máximos registrados; de ahí la inquietud de que este estímulo termine en un colapso del sector de la vivienda, con graves repercusiones para el consumo y el crecimiento. Sin embargo, a esa inquietud hay que contraponer la certeza de que la debilidad económica actual se acentuará a falta de distensión de las condiciones monetarias, y los riesgos que ello presentaría para Estados Unidos —y la economía mundial—en esta coyuntura. Además, como las previsiones contemplan el aumento de las tasas de interés de intervención recién cuando la recuperación sea firme, el impacto de un posible ajuste del precio de la vivienda probablemente queda compensado por la solidez de otros sectores de la economía. Con todo, el nivel elevado del precio de la vivienda podría crear riesgos, sobre todo si las tasas de interés a largo plazo siguen en marcado aumento.

En el plano fiscal, el déficit del gobierno general (es decir, tanto el gobierno federal como los estados) se situará por encima del 6% del PIB en 2003, conforme a las proyecciones, frente a un superávit de más del 1% en 2000. Esta es la variación trienal más grande de las finanzas públicas en por lo menos 30 años. Aunque esta situación significa un respaldo a corto plazo para la reactivación, la contrapartida ha sido un empeoramiento sustancial de la situación fiscal a mediano plazo. En la práctica, el panorama bien podría empañarse, ya que las proyecciones de gasto e ingresos del Gobierno estadounidense parecen ser relativamente optimistas y se espera un nuevo presupuesto complementario para cubrir los gastos vinculados a Iraq. De mantenerse, un déficit más profundo neutralizaría los beneficios a largo plazo de los recortes tributarios —que ya se han reducido como consecuencia de reglas complejas y falta de transparencia en cuanto a escalonamiento y vencimiento—y dificultaría el ajuste ordenado del déficit en cuenta corriente. Además, al no proyectarse ya una disminución de la deuda pública en los próximos años, no habrá amortiguación fiscal para hacer frente a las presiones que puedan surgir cuando se jubile la generación de la posguerra. Esta situación sería menos preocupante si se planificaran medidas para reducir a tiempo los costos futuros del envejecimiento de la población, pero ese no parece ser el caso (de hecho, hace poco han surgido propuestas para aumentar el gasto del plan de asistencia médica para ancianos e incapacitados). Por lo tanto, la creación de un marco verosímil a mediano plazo para restablecer el equilibrio presupuestario general (sin tomar en consideración la seguridad social) dentro del ciclo económico se ha hecho aún más apremiante, junto con medidas para fortalecer el sistema de seguridad social y el plan de asistencia médica para ancianos e incapacitados.

El aumento sólido e ininterrumpido de la productividad de la mano de obra sigue siendo uno de los factores más alentadores. Aunque refleja en parte los efectos de una supresión reciente de puestos, el aumento de la productividad debería mantener su vigor en los próximos años —aunque no al ritmo de fines de los años noventa—gracias al avance constante de la tecnología de la información y la difusión paulatina del aumento de la productividad de ese sector a otros6. Esta coyuntura no habría sido posible sin la flexibilidad de la economía estadounidense y las condiciones propicias que ofrece para la inversión, puntos fuertes que se deberían afianzar en el futuro, por ejemplo reforzando aún más el saneamiento del gobierno de las empresas y las normas contables. Con todo, y como ya se ha señalado, no han desaparecido todos los riesgos negativos: la experiencia demuestra que incluso un ajuste ordenado de la cuenta corriente probablemente vaya acompañado de un aumento más débil del PIB y, aun en mayor medida, de la demanda interna. Si bien un fuerte aumento de la productividad sin duda aminorará estos riesgos, parece poco probable que Estados Unidos pueda o deba darle a la economía mundial a mediano plazo el mismo respaldo que le ha dado en el pasado.

Tras registrar un aumento extraordinario durante los tres primeros trimestres de 2002, el PIB canadiense ha perdido considerable vigor en los últimos meses como resultado de la apreciación rápida y sustancial del dólar canadiense, el debilitamiento de la demanda externa, y la menor acumulación de existencias, además de los efectos pasajeros del SARS y la enfermedad de las “vacas locas”. Como consecuencia de esos factores y de la disminución de la inflación básica, que ahora está dentro de la banda de 1%-3% fijada como objetivo, enjulio y septiembre el Banco de Canadá dejó sin efecto en parte los aumentos que había aplicado a las tasas de interés. Gracias al fortalecimiento proyectado de la actividad estadounidense, al afianzamiento de la confianza y al desvanecimiento de los efectos de las últimas perturbaciones desfavorables, se prevé un repunte del crecimiento hacia fin de año. El presupuesto de 2003/04 continúa orientado a la prudencia fiscal; la proyección de pequeños superávit para los dos próximos años significa que la deuda pública debería reducirse a menos del 40% para 2004/05.

Europa occidental: Prolongada atonía con incipientes señales de cambio

La desaceleración en la zona del euro ha sido más profunda y prolongada de lo previsto, aunque los indicadores recientes, sobre todo el aumento de las cotizaciones bursátiles y de la confianza empresarial, podrían presagiar una mejora de las perspectivas económicas. No obstante, los indicios de una recuperación más general de la actividad real son todavía relativamente escasos: el PIB se redujo en el conjunto de la zona del euro en el segundo trimestre de 2003, incluso en Alemania, Francia e Italia, lo que significa que Alemania e Italia, junto con los Países Bajos entraron en una fase de recesión; pese a una reciente y relativa mejora de las expectativas, los indicadores de la confianza de las empresas y de los hogares se mantienen en general en niveles deprimidos, el desempleo sigue aumentando y la producción industrial no muestra todavía una tendencia ascendente sostenida. La economía alemana mantiene su atonía por tercer año consecutivo, lo cual contribuye al deslucido desempeño de la zona del euro en su conjunto y pone en peligro las perspectivas de recuperación de la región. Como consecuencia, las proyecciones de crecimiento de la zona han vuelto a revisarse a la baja —en torno a ½% en 2003 y 2004—y, en algunos países, parece persisür el riesgo de que empeore la situación.

¿Cuál es la causa de estos problemas? Examinando los principales componentes de la demanda se observa que el gasto en inversión ha sido uno de los principales puntos débiles en los últimos años, que se ha reducido debido al excesivo apalancamiento que, en general, registraron los balances de las empresas en los años de la burbuja de los precios de los activos —a finales de los años noventa—y la consiguiente lentitud del ajuste. Esta reducción se ha visto exacerbada por los bajos niveles de confianza empresarial y —en el caso de Alemania—por la continua reabsorción del auge del sector de la construcción que siguió a la reunificación del país. Las dificultades de las empresas y la herencia más amplia que representa la burbuja de las cotizaciones bursátiles a escala mundial, también han afectado a las instituciones financieras de la zona del euro. Por ejemplo, el aumento de las reservas para préstamos incobrables desde el año 2000 ha reducido las reservas de capital de los bancos de la zona. El año 2002 ha sido especialmente difícil para el sector financiero alemán y, aunque últimamente se han observado indicios alentadores de que este deterioro ha llegado a su fin —gracias a la evolución más positiva de los mercados financieros—si la recuperación se retrasara, el sistema, de por sí afectado, se vería sometido a presiones adicionales.

Aunque todavía de forma desigual, el consumo repuntó lentamente en la zona del euro durante el pasado año y, a medida que baje la inflación, el incremento de los ingresos reales debería imprimirle un mayor impulso. Los balances de los hogares parecen, en general, saneados, con niveles de endeudamiento más bajos y tasas de ahorro más elevadas que en Estados Unidos, pero estos elementos positivos se han visto contrarrestados por la escasa confianza de los consumidores, en la que ha influido el aumento del desempleo. La evolución de los intercambios comerciales tampoco ha favorecido al crecimiento. Si bien las exportaciones han seguido siendo bajas, debido sobre todo a la escasa demanda en las grandes economías, la notable apreciación del euro en los dos últimos años podría tender a reducir las posibilidades de una recuperación inducida por las exportaciones tan vigorosa como la registrada en la región en anteriores fases de recuperación (gráfico 1.11). No obstante, esta apreciación es coherente con la dirección que indican los parámetros fundamentales a mediano plazo, y su impacto en las condiciones monetarias de la zona se ha compensado con una bajada de las tasas de interés (recuadro 1.1).

Gráfico 1.11.Zona del euro: Recuperación cíclica relativamente débil

Durante el último ciclo las exportaciones de la zona del euro han repuntado con menos vigor que en recuperaciones anteriores y la inversión ha mostrado especial debilidad debido al lento ajuste de los balances de las empresas.

Fuentes: Banco Central Europeo; Reserva Federal de Estados Unidos, y estimaciones del personal técnico del FMI.

1El último punto mínimo cíclico corresponde al cuarto trimestre de 2001.

En conjunto, aunque lo peor puede haber pasado ya, las perspectivas de recuperación a corto plazo de la zona siguen siendo bastante sombrías, ya que dependen básicamente de un repunte de la demanda externa, de un bajo nivel de las tasas de interés y de la liquidación de los ajustes de los balances de las empresas. Las fallas tanto internas como externas parecen especialmente graves en Alemania y, si bien el reciente repunte en el principal índice IFO de confianza empresarial es alentador, no se prevé que la economía crezca en 2003, aunque se espera una moderada recuperación en 2004. En Francia podría registrarse un crecimiento de ½% este año y de alrededor del 2% en 2004, y en el caso de Italia se prevé un crecimiento menor. No obstante, teniendo en cuenta que la confianza aún no se ha recuperado del todo y que el entorno externo no es muy propicio, es muy probable que la recuperación económica en estos países siga siendo vacilante y desigual durante algún tiempo. Por lo que se refiere a los países más pequeños, la depresión de la actividad interna es particularmente acusada en los Países Bajos y Portugal; en Austria y Bélgica pueden persistir las bajas tasas de crecimiento —1% o menos en 2003 por tercer año consecutivo—mientras que en Irlanda el crecimiento ha sufrido una fuerte caída este año. Sin embargo, otros países como España, y especialmente Grecia, muestran una capacidad de resistencia algo mayor, gracias al relativo auge de la demanda interna (incluidos el impacto de la inversión asociada a los Juegos Olímpicos en el caso de Grecia y el incremento de las inversiones en España). La inflación subyacente en la zona del euro se ha reducido por debajo del 2% y se prevé que lo hará aún más en 2004. Cabe incluso la posibilidad de que, durante un tiempo, los precios bajen ligeramente en Alemania, al tiempo que se reducirán las tasas de inflación, superiores a la media, que registran algunas de las economías más pequeñas, como Irlanda, los Países Bajos y Portugal, en donde se prevé que las caídas sean considerables.

En un contexto de descenso de la inflación y atonía de la actividad económica, la decisión del BCE de bajar las tasas de interés en ½% en junio fue sumamente apropiada. Quizá sea necesario un nuevo recorte en caso de grave riesgo de no alcanzar el objetivo de inflación por un margen importante, situación que podría ocurrir, por ejemplo, si no se produce una rápida recuperación del crecimiento o si el euro se aprecia significativamente. La explicación del banco central en el sentido de que su objetivo de mantener la estabilidad de precios es compatible con una meta de inflación inferior pero cercana al 2% indica el deseo de la institución de evitar la deflación, dando cabida, al mismo tiempo, a los diferenciales de inflación entre los distintos países. De forma más general, pese a que la política monetaria ha de centrarse en la situación de la zona del euro en su conjunto, quizá se justifique adoptar un enfoque más activista en algunos casos, sobre todo cuando las perturbaciones negativas que sufra un país puedan contagiarse al resto de la zona.

Más allá del respaldo que brindan los estabilizadores automáticos, ha habido muy poco margen de maniobra para que la política fiscal contrarreste las actuales deficiencias económicas, sobre todo en las economías más grandes. Las proyecciones indican que en Alemania y Francia el déficit presupuestario sobrepasará con creces el umbral del 3% del PIB este año y el próximo y que se mantendrá en niveles cercanos a este umbral en Italia, a pesar de las medidas extraordinarias de gran alcance adoptadas. En Alemania, se han anticipado las reducciones impositivas a 2004, a fin de contrarrestar la debilidad de la economía y se prevén recortes duraderos de los programas de prestaciones y subvenciones. De cara al futuro, todas las economías de la zona del euro enfrentan presiones fiscales intensas como consecuencia del envejecimiento de la población, sobre todo a partir del año 2010. El gasto público en pensiones de vejez podría aumentar entre el 4% y el 5% del PIB en varios países de la zona del euro en los próximos 50 años, mientras que, en algunos casos, el incremento del gasto público en atención de la salud y servicios médicos prolongados ascendería a otro 3%–4% del PIB. De no adoptarse medidas de política que contrarresten esta tendencia, esos incrementos podrían ejercer presiones insostenibles sobre las finanzas públicas y la carga de la deuda. En esas circunstancias, se justifica claramente reforzar los saldos fiscales a mediano plazo. Al respecto, los países en situación más precaria, incluidas las economías más grandes, deberían esforzarse por lograr un saneamiento básico del ½% del PIB al año o —si pudieran respaldarlo con medidas de ajuste y reformas estructurales de alta calidad tangibles y creíbles—un ajuste acumulativo de 1½% del PIB durante el período 2004—06; en cualquiera de los casos, debe permitirse el pleno funcionamiento de los estabilizadores automáticos en torno a la trayectoria de ajuste. Estos objetivos deberían permitir a los países alcanzar un compromiso razonable entre las opciones de corto y mediano plazo en materia de políticas.

Las reformas estructurales siguen siendo un factor clave para mejorar el desempeño económico de la zona del euro, incluida la necesidad de hacer frente al problema que entrañará el envejecimiento de la población para la situación fiscal a más largo plazo, la oferta de trabajo y el crecimiento económico. Como se analiza en la edición de abril de 2003 de Perspectivas de la economía mundial, las reformas encaminadas a aumentar la competitividad de los mercados europeos de trabajo y productos podrían generar notables dividendos para la producción a escala regional. Varios países han adoptado recientemente, o al menos han propuesto, reformas significativas, entre otras una mayor liberalización de los mercados de trabajo y productos en Alemania y la reforma de las pensiones en Francia, Italia y Austria. La total implementación de estas medidas, pese a ser un paso importante y alentador, representaría solo el comienzo de un necesario programa de reformas. Por ejemplo, las reformas recientes de las pensiones en Francia —adoptadas a pesar de la fuerte oposición del público—solo permitirán hacer frente a unas dos quintas partes del impacto presupuestario que se prevé tendrá el envejecimiento de la población en los sistemas públicos de pensiones. Además, para poder alcanzar los objetivos establecidos en la Cumbre de Lisboa en 2000, habrá que mantener e intensificar las mejoras en el desempeño de los mercados de trabajo europeos registradas desde mediados de la década de los años noventa. Por ejemplo, la tasa de ocupación de los trabajadores mayores se sitúa todavía por debajo del 40% (y en solo un 32% en Francia y un 28% en Italia), cifras muy inferiores al objetivo del 50%. Aumentar la edad efectiva de jubilación y crear oportunidades de empleo para este grupo son elementos clave de toda estrategia encaminada a reforzar la oferta de trabajo y el crecimiento potencial en los próximos años.

En cuanto a los países que no pertenecen a la zona del euro, el crecimiento en el Reino Unido se debilitó en el primer semestre de 2003, debido a una desaceleración de la inversión y —en menor medida—del consumo privado, así como a un deterioro de la demanda externa. Los indicadores recientes, incluidas las encuestas empresariales y las ventas del comercio minorista, indican una mejora de las perspectivas. La tasa de inflación interanual del precio de la vivienda se ha moderado en los últimos meses, pero sigue siendo alta: casi un 17% en los doce meses transcurridos hasta agosto. Así pues, todavía no puede descartarse el riesgo de que se produzca una brusca corrección. El mercado de trabajo ha dado muestras de resistencia, con un descenso sostenido de las tasas de desempleo y un aumento relativamente estable de las remuneraciones. En julio de 2003, el Banco de Inglaterra rebajó la tasa de interés de intervención en un ¼% hasta situarla en el 3½%. Este recorte fue una medida adecuada para hacer frente al deterioro de las perspectivas económicas, aunque la inflación se mantuvo ligeramente por encima del objetivo del 2½% debido a factores transitorios. La política fiscal ha sido uno de los pilares de la actividad durante la actual fase de desaceleración, ya que ha permitido aprovechar el margen de maniobra acumulado en los años anteriores. Estas políticas macroeconómicas de apoyo, unidas a un clima interno relativamente favorable y a una mejora paulatina del comercio exterior, deberían coadyuvar a estimular el crecimiento en el próximo período.

En Dinamarca, Noruega y Suecia se han revisado a la baja las proyecciones de crecimiento para el año 2003, como consecuencia del deterioro de la confianza, el aumento del desempleo y la desfavorable evolución del entorno internacional. Los bancos centrales de estos tres países han recortado las tasas de interés desde comienzos de junio y, en vista del descenso de la inflación, podría contemplarse la posibilidad de proceder a nuevas reducciones si persiste la atonía de la actividad. No obstante, se prevé que las medidas de apoyo en preparación, junto con una mejora del entorno externo, permitan un lento repunte del crecimiento en el segundo semestre de 2003 y en 2004. En Suiza se espera una contracción en 2003, aunque en 2004 debería producirse una mejoría moderada gracias a un incremento del comercio internacional y a la implementación de políticas macroeconómicas de apoyo. Si la recuperación, una vez más, resultase vacilante, quizá sea necesario adoptar una política monetaria aún más expansiva para reducir los riesgos de deflación, recurriendo, probablemente a medidas cuantitativas, ya que las tasas de interés se sitúan en niveles próximos a cero; esta acción en el frente monetario debería complementarse con políticas estructurales para imprimir más dinamismo y vigor al crecimiento.

Japón: Medidas audaces para acelerar la reestructuración y poner fin a la deflación

La estimación inicial del crecimiento en Japón en el segundo trimestre excedió considerablemente las expectativas, lo que, unido a una nueva revisión al alza de la evolución del PIB en el primer trimestre, la mejora del entorno externo y el repunte de las cotizaciones bursátiles, ha dado lugar a un incremento considerable en las proyecciones del crecimiento para 2003 y 2004. Sin embargo, desde una óptica algo más prudente, se observa que los datos mensuales han sido heterogéneos: las exportaciones han crecido a un ritmo vigoroso y la producción industrial aumentó en julio (tras el descenso registrado en el segundo trimestre), pero las ventas al por menor siguen descendiendo y la aparente fortaleza de la inversión fija de las empresas que se desprende de los datos de las cuentas nacionales parece contradecir las tendencias menos favorables de los embarques de bienes de capital y materiales de construcción. La situación financiera también está contribuyendo de forma desigual a la recuperación: si bien los recientes aumentos de las cotizaciones bursátiles son alentadores, los rendimientos de los bonos han repuntado considerablemente respecto a los mínimos sin precedentes registrados a principios de año.

De cara al futuro, si bien los riesgos son ahora más equilibrados, la arraigada deflación y las persistentes deficiencias de los balances de las empresas, las instituciones financieras y el sector público siguen ensombreciendo las perspectivas. Aunque una recuperación más vigorosa a escala mundial podría impulsar en cierta medida la actividad económica en el resto de 2003 y 2004, la economía sigue siendo vulnerable a una serie de perturbaciones internas y externas. En vista de los limitados avances en la reestructuración de los bancos y las empresas, las posibles caídas de las cotizaciones de las acciones o de los bonos podrían debilitar los balances de las empresas y las instituciones financieras, lo que daría lugar a un rápido recorte de las concesiones de préstamos bancarios y reduciría la inversión. Entre otros riesgos cabe mencionar, además, el impacto que tendría una apreciación sostenida del yen en los beneficios de las empresas, la inversión, la deflación y la exportación neta; el posible repunte de las tasas de ahorro de los hogares si aumenta la incertidumbre en torno a las perspectivas, y la posibilidad de que un incremento de la deuda pública (si no se aplica una estrategia para restablecer la viabilidad fiscal) provoque una acusada subida de las tasas de interés reales.

Para hacer frente a estos riesgos, es preciso adoptar una estrategia audaz que permita corregir las deficiencias fundamentales de la economía. Dicha estrategia podría basarse en una serie de medidas rápidas y drásticas para acelerar la liquidación de los préstamos en mora y tratar de resolver el problema de la baja calidad del capital de los bancos (basándose en el programa de reactivación financiera anunciado en octubre de 2002), y promover una reestructuración más rápida de las empresas (por ejemplo, recurriendo en forma efectiva a la nueva Corporación para la Revitalización Industrial de Japón (CRIJ)); por su parte, el Banco de Japón debería comprometerse públicamente a poner freno a la deflación, adoptando una política de expansión cuantitativa más decidida y comunicando con claridad esa estrategia. Finalmente, habría que formular un plan detallado y de amplio alcance para restablecer la viabilidad de las finanzas públicas.

La reestructuración de las empresas y las instituciones financieras sigue siendo esencial para dar un giro duradero a las perspectivas económicas. En ambos sectores se ha progresado algo en la solución de los problemas, pero aún persisten algunas dificultades graves. Los principales bancos, por ejemplo, han seguido reduciendo los préstamos en mora y la exposición al riesgo para su patrimonio, pero la debilidad de la economía y del mercado de valores ha dado lugar a la aparición de nuevos préstamos dudosos y pérdidas bursátiles que han elevado las pérdidas de los grandes bancos hasta un nivel de casi el 1% del PIB en el ejercicio que concluyó en marzo de 2003. Además, la calidad del capital de los bancos sigue siendo baja, ya que una gran proporción del capital de nivel 1 está constituido por activos de impuestos diferidos (que solo se pueden utilizar cuando un banco registra beneficios, pero no para enjugar pérdidas en caso de quiebra). Una auditoría externa que limitó el uso de dichos activos en el capital declarado fue el detonante de la crisis, y de la consiguiente recapitalización con fondos públicos, del Banco Resona en mayo. Esta recapitalización, que fue la primera que se realiza en virtud de la nueva Ley de Seguros de Depósitos, parece haber avanzado sin tropiezos ya que no se ha producido ninguna falla persistente en los mercados financieros, pero es necesario respaldarla con reformas de mayor alcance para fortalecer la gestión de los bancos y el gobierno de las empresas, identificar con más precisión los préstamos en mora y facilitar su liquidación y fomentar el saneamiento de las instituciones bancarias. Para poner fin al deterioro que, desde hace una década, sufre el sector bancario, es esencial acelerar la liquidación de dichos préstamos y destinar fondos públicos a fines concretos como la recapitalización de los bancos de importancia sistémica que atraviesan una situación difícil. En el resto del sector financiero, se requiere un marco reglamentario más eficiente para las compañías de seguros de vida, que incluya normas de solvencia más estrictas para fomentar una evaluación más precisa de la situación financiera de las aseguradoras.

Las reformas del sector financiero deben complementarse con una reestructuración más rápida de las empresas. Si bien los beneficios empresariales han aumentado en conjunto en el último año y se ha reducido la razón deuda/capital, muchas empresas siguen sufriendo problemas de alto apalancamiento, baja rentabilidad y exceso de capacidad. La reestructuración ha sido especialmente lenta en las empresas pequeñas y medianas y en los sectores de la construcción y el comercio minorista. También contribuye a estas demoras el hecho de que los bancos carezcan de incentivos para avanzar en la reestructuración de las empresas debido a sus deficientes bases de capital. A los propios bancos les ha resultado difícil coordinar con otros acreedores los planes de reestructuración y, en este sentido, podría resultar útil la ayuda de la CRIJ. Para que dicha ayuda sea eficaz, la CRIJ deberá estar libre de interferencias políticas.

Si bien la política de expansión cuantitativa del Banco de Japón ha permitido mantener las tasas de interés a corto plazo en cero y ha contribuido a estabilizar el sistema financiero, no ha podido acabar con la deflación, reducir las expectativas deflacionarias ni fomentar el crecimiento del dinero en sentido amplio ni el del crédito bancario (gráfico 1.12). En vista de estas dificultades, es evidente que se requieren políticas más contundentes, entre ellas, la formulación y la divulgación de un calendario para eliminar la deflación, la fijación de una meta de inflación transparente a mediano plazo y la adquisición de un gran volumen de activos más diversificados, lo que podría coadyuvar a que la política monetaria opere a través de los precios de los activos y del canal de la liquidez, a elevar el nivel de precios y lograr una fuerte expansión de la base monetaria. Las compras adicionales de bonos del gobierno japonés tendrían la ventaja añadida de reducir las tenencias de deuda pública del sector privado y, por ende, los pagos futuros de intereses del sector público al sector privado. No se debe permitir que la preocupación por las posibles pérdidas del Banco de Japón en las tenencias de esos bonos desvíen la atención del objetivo de la estabilidad de precios; en todo caso, esa inquietud puede atenuarse mediante acuerdos de distribución de pérdidas entre el banco central y el Ministerio de Hacienda.

Gráfico 1.12.Japón: Indicadores monetarios, financieros y fiscales

Continúa el descenso de los préstamos bancarios, pese al acelerado crecimiento de la base monetaria y las tasas de interés muy bajas, en tanto que la deuda pública está alcanzando niveles insostenibles.

Fuentes: Bloomberg Financial Markets; Cabinet Office; Nomura Security, y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Fin de periodo.

2Deflactadas al IPC ajustado en función de los cambios de los impuestos indirectos y los precios administrados.

La rápida acumulación de deuda pública en el último decenio y las inminentes presiones creadas por el envejecimiento de la población subrayan la necesidad de proceder a un saneamiento fiscal. Habida cuenta de estos problemas, resulta apropiada la pequeña reducción del déficit estructural (excluido el respaldo a los bancos) que se contempla para el ejercicio de 2003. No obstante, aún más crucial es la necesidad de formular una estrategia clara a mediano plazo orientada a restablecer la viabilidad de las finanzas públicas, que quizá tenga que sobrepasar las metas oficiales de mantener el gasto en su nivel actual en relación con el PIB hasta el ejercicio de 2006 y eliminar el déficit primario (sin incluir la seguridad social) para principios de la década de 2010. Una estrategia de este tipo conllevaría reducciones del gasto público y medidas encaminadas a incrementar los ingresos, incluida la ampliación de la base tributaria. También podrían adoptarse medidas específicas como nuevos recortes en los proyectos de inversión pública de escaso valor, la reforma de los sistemas públicos de pensiones y atención de la salud, el fortalecimiento de las bases del impuesto sobre la renta de las sociedades y de las personas físicas y el aumento del impuesto al consumo.

América Latina: La incipiente estabilidad brinda la oportunidad de acelerar la resistencia a las crisis

En muchos países de América Latina parece observarse una incipiente recuperación, aunque la tasa de crecimiento varía considerablemente de un país a otro y, en algunos casos, la incertidumbre política sigue constituyendo una carga importante. La recuperación obedece a diversos factores, entre ellos un repunte de las exportaciones, favorecido por un crecimiento mundial más vigoroso y notables depreciaciones de los tipos de cambio reales; una mayor propensión a asumir riesgos, que ha provocado un repunte en los mercados emergentes de bonos y en ciertos casos ha llevado a las primas en el mercado secundario a niveles históricos mínimos, y en otros ha dado lugar a expectativas de que mejorarán las variables fundamentales de política.

No obstante, la recuperación continúa siendo frágil, incluso ante la gradual mejora del crecimiento mundial. Un riesgo clave es que el repunte de los mercados emergentes de bonos no se sostenga, y esto afecte negativamente las perspectivas de crecimiento y de estabilidad macroeconómica. Tales efectos podrían derivarse de una disminución en la propensión a asumir riesgos, un incremento de las tasas de interés en los países industriales, o mejores perspectivas de inversión en los mercados maduros. El sentimiento del mercado también podría verse afectado por desviaciones de política en la región o por una calificación soberana aún más desfavorable en las economías muy dolarizadas. Si bien en tales circunstancias es posible el contagio regional, los prestatarios con grado de inversión como México y Chile serían menos vulnerables. Por último, en algunos países la inestabilidad política podría socavar los avances logrados en materia de reforma estructural y la mejora gradual de la situación económica.

La fragilidad de la recuperación pone de relieve la necesidad de adoptar reformas destinadas a incrementar la capacidad de recuperación de la región tras conmociones económicas; en definitiva, a hacer las economías latinoamericanas “a prueba de crisis”. Este programa de trabajo comprende la adopción de una gama de medidas, entre las cuales es fundamental —como se sugiere en el capítulo III—reducir la deuda pública a niveles más robustos que permitan resistir mejor las perturbaciones adversas (gráfico 1.13), pero también fortalecer los sistemas bancarios y la autonomía del banco central con el objeto de reducir la inflación; la adopción de reformas comerciales, del mercado laboral, normativas y judiciales, así como de reformas institucionales para mejorar la equidad social y la gobernabilidad. En algunos países, como Brasil, resulta obvio que los mercados financieros prevén que tales reformas continuarán aplicándose en el período venidero (véase más adelante). Los beneficios de la adopción de reformas de gran envergadura son evidentes: México y Chile pudieron capear las consecuencias de la crisis argentina, en gran parte debido a los esfuerzos de ambos países por establecer instituciones fiscales, monetarias y bancarias más sólidas. Al mismo tiempo, sin embargo, es probable que los mercados penalicen a los países que no adopten las medidas necesarias mediante primas más altas o cerrándoles el acceso a nuevo financiamiento, lo que demorará aún más la transición a un crecimiento estable y multiplicará el costo de la desaceleración.

Gráfico 1.13.Actividad económica, indicadores financieros y deuda pública de algunos países de América

Después de la desaceleración más marcada en dos décadas, está observándose una frágil recuperación. La mayor resistencia de las economías latinoamericanas a las conmociones, incluso reduciendo la deuda pública, constituye un desafio clave de politica.

Fuentes: Bloomberg Financial Markets, LP; Haver Analytics, y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela. Ponderada en función de la paridad del poder adquisitivo.

2Índice EMBI*en puntos básicos.

3Índice MSCI en dólares de EE.UU.

4Deuda externa e interna total. Los datos correspondientes a 2003 son proyecciones del personal técnico del FMI.

5Gobierno general y empresas públicas.

En cuanto a los distintos países, en Argentina se está recuperando la actividad económica (incluidas la producción industrial y la construcción) a partir de una base muy reducida; la inflación mensual se mantiene baja, y la balanza comercial ha registrado significativos superávit, debido inicialmente a la compresión de las importaciones, pero en una etapa posterior al vigoroso crecimiento de las exportaciones (cuadro 1.6). En abril se eliminaron las restricciones a los depósitos a plazo (el corralón) sin que ello tuviera mucho impacto en los depósitos bancarios. De hecho, los indicadores del mercado se mantuvieron estables en términos generales, el peso se apreció sustancialmente desde fines de 2002, las tasas de interés a corto plazo se redujeron un poco y se incrementaron las reservas internacionales brutas. Si bien las políticas macroeconómicas —entre ellas un superávit fiscal primario superior al previsto en el primer trimestre—propiciaron la estabilidad financiera, la incipiente recuperación sigue siendo vulnerable a varios factores, como la situación insostenible de las finanzas públicas, la falta de avance en la situación de los bancos débiles, el alto nivel de atrasos de pagos de las empresas, la falta de seguridad jurídica y la amplitud de la pobreza. El nuevo gobierno debe llevar adelante un plan creíble para reordenar las finanzas públicas y reestructurar la deuda soberana, fortalecer el sistema bancario, avanzar en la reestructuración de la deuda de las empresas privadas y asegurar la adecuada protección de los pobres durante el período de transición que seguirá a la implementación de estas medidas. En Uruguay, el exitoso canje de deuda contribuyó a reducir las necesidades de financiamiento a corto plazo y a mejorar el perfil de la deuda; subsisten importantes desafíos en materia fiscal y bancaria, como la necesidad de controlar firmemente el gasto para cumplir las metas establecidas por el gobierno en cuanto al superávit fiscal primario, acelerar la reestructuración operativa y la venta de activos con el fin de reducir las fragilidades que aún afectan al sector bancario.

Cuadro 1.6.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos países de América(Variación porcentual anual, salvo indicación en contrario)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
200120022003200420012002200320042001200220032004
América0,7–0,11,13,66,48,710,97,0–2,7–0,9–0,8–1,1
Mercosur3–1,12,23,24,911,614,86,7–3,50,40,5–0,2
Argentina–4,4–10,95,54,0–1,125,914,37,7–1,710,35,44,5
Brasil1,41,51,53,06,88,415,06,2–4,6–1,7–0,8–1,5
Chile3,12,13,34,53,62,53,43,0–1,7–0,8–1,0–1,2
Uruguay–3,4–10,8–1,04,54,414,021,618,9–2,81,61,81,3
Región andina2,0–0,6–2,94,910,610,113,313,70,41,61,31,4
Colombia1,41,52,03,37,86,36,95,3–1,5–2,2–2,4–2,4
Ecuador5,13,43,15,037,712,68,24,4–2,4–4,2–3,8–2,4
Perú0,65,34,04,02,00,22,52,5–2,2–2,1–2,0–1,5
Venezuela2,8–8,9–16,77,712,522,434,040,83,18,29,28,2
México, América central y el Caribe0,31,11,43,26,65,15,94,5–3,1–2,6–2,5–2,7
Guatemala2,32,22,43,58,96,35,04,0–5,9–5,1–5,5–4,4
México–0,20,71,53,56,45,04,63,4–2,9–2,2–2,2–2,7
República Dominicana3,24,1–3,00,58,95,226,120,1–3,4–4,01,01,0

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay; además de Bolivia y Chile en calidad de Estados Asociados.

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay; además de Bolivia y Chile en calidad de Estados Asociados.

En Brasil, los avances logrados en materia de política contribuyeron a reforzar la confianza, como puede observarse en la nueva apreciación del real, la marcada disminución de las primas y el rápido reingreso de los bonos soberanos en los mercados de capital (la fortaleza del real permitió reducir la proporción de deuda vinculada al tipo de cambio). No obstante, el crecimiento sigue siendo débil —el PIB desestacionalizado se contrajo en el segundo trimestre y la demanda interna aún no ha repuntado—y el país sigue siendo vulnerable a los cambios de actitud ante las desviaciones de política, dadas las voluminosas necesidades de endeudamiento externo, la desaceleración de los flujos de inversión extranjera directa, y al hecho de que en términos absolutos las primas son aún elevadas. La disciplina fiscal sigue siendo esencial para sustentar la confianza, especialmente el cumplimiento de la meta de un superávit presupuestario primario del 4¼% del PIB fijada para este año y a mediano plazo. El cambio reciente hacia una política monetaria menos restrictiva ha sido apropiado, dado el impacto que tiene en la inflación futura la débil actividad económica y la apreciación del real. También es preciso mantener los avances logrados recientemente en materia de reforma tributaria y del sistema de pensiones.

En Venezuela, aunque después de la huelga de febrero se recuperó la producción petrolera, se prevé que este año el PIB real se reducirá un 17%, acumulándose una caída del 26% en los dos últimos años. El restablecimiento macroeconómico dependerá de que se aborden las vulnerabilidades fiscales y bancarias, especialmente mediante una reforma del sector público que permita reducir el déficit fiscal no petrolero y una estrategia para aguantar el impacto de la recesión que experimenta el sector no petrolero en la calidad de los activos de los bancos. Es preciso aplicar una política monetaria más restrictiva con el fin de contener las presiones que se ejercen sobre el tipo de cambio y la inflación. Sigue siendo crucial aplicar controles cambiarios más flexibles y medidas estructurales que estimulen el sector no petrolero para restablecer la confianza de los inversionistas, reactivar la economía, generar empleos y reducir la pobreza.

En los otros países de la región andina, las perspectivas dependen de que puedan superarse las vulnerabilidades fundamentales. En Colombia, la implementación del programa de alivio de la deuda pública adoptado por las autoridades (incluida la meta de un déficit fiscal del 2½% del PIB para este año) y los avances en materia de reforma de los sistemas de pensiones y de salud resultarán esenciales para lograr un crecimiento más rápido y reducir la inflación; otra prioridad fundamental es abordar el problema de los préstamos en mora de los bancos hipotecarios. En Perú, la incierta situación política pone de relieve la necesidad de mantener un volumen adecuado de reservas, conservar la flexibilidad del régimen cambiario, preservar la credibilidad de la política monetaria y perseverar en las reformas —incluida la reforma tributaria y la protección jurídica a los organismos de supervisión bancaria—para hacer frente a las vulnerabilidades derivadas del elevado nivel de deuda pública y el alto grado de dolarización financiera. La contención de las vulnerabilidades fiscales y bancarias constituye también un importante desafío en Ecuador, donde la fragmentación política está socavando la implementación de las reformas, y las tendencias salariales y de los precios son incongruentes con las limitaciones que impone la plena dolarización. En Bolivia, aunque la situación financiera se ha estabilizado a pesar de las persistentes tensiones políticas, es necesario seguir reduciendo el déficit del sector público (permitiendo al mismo tiempo un cierto incremento del gasto destinado a reducir la pobreza) y poner en práctica medidas para corregir las deficiencias de los sectores bancario y empresarial.

México y Chile se han mostrado en gran medida inmunes a las dificultades que han afectado en los últimos dos años a muchos países latinoamericanos. En términos generales mantuvieron el acceso a los mercados internacionales de capital en condiciones favorables; se redujeron las presiones a la baja sobre el tipo de cambio, y a principios de este año México realizó una exitosa emisión de bonos con cláusulas de acción colectiva. En el caso de este país se prevé que la recuperación adquirirá impulso en el segundo semestre de este año, coincidiendo con un repunte del crecimiento en Estados Unidos y los efectos de la política monetaria menos restrictiva aplicada recientemente. Después de las elecciones de diputados celebradas en julio, deberá aprovecharse la oportunidad de poner en práctica reformas estructurales (especialmente la flexibilización del mercado laboral, el marco de resolución bancaria y la participación del sector privado en el sector de la electricidad). También se procurará lograr consenso en tomo a un marco fiscal a mediano plazo para sustentar la consolidación fiscal. En Chile, los recortes de las tasas de interés determinados por la política económica están contribuyendo a la recuperación de la demanda interna. La política monetaria debe seguir centrándose en la fijación de metas explícitas de inflación, dejando que el tipo de cambio fluctúe libremente, salvo en circunstancias excepcionales. En términos generales, la meta fiscal es apropiada y permite el adecuado funcionamiento de los estabilizadores automáticos. Si bien se ha logrado contener las vulnerabilidades gracias a la solidez del sistema bancario y la reducida magnitud de la deuda pública, las voluminosas necesidades de financiamiento externo del sector privado constituyen una fuente potencial de riesgo en el futuro, aunque la mayor parte de la deuda externa de las empresas corresponde a filiales con casas matrices en el exterior, las cuales recientemente tendieron a respaldar a las filiales que se hallaban en dificultades. Además, los activos líquidos del sector privado cubren una porción significativa de sus pasivos externos a corto plazo, y la sólida posición de las reservas del banco central es un apropiado respaldo.

Región de Asia y el Pacífico: Se requiere mayor flexibilidad del tipo de cambio para lograr un crecimiento más equilibrado

Pese a la desaceleración sufrida desde principios de 2003, los países de Asia y el Pacífico podrían registrar nuevamente el crecimiento más acelerado del mundo este año, y se prevé que las cifras mejorarán aún más en 2004 (cuadro 1.7). Una característica notable de la evolución reciente ha sido que el crecimiento del producto se ha visto respaldado por la exportación neta, incluso si no se tiene en cuenta el período de crisis, en el cual las fuertes depreciaciones reales generaron una altísima contribución de la demanda externa a dicho crecimiento (gráfico 1.14). Si bien la demanda interna a todas luces desempeña ahora una función más importante en la región que en el período inmediatamente posterior a la crisis, el ciclo mundial sigue siendo un factor determinante de la evolución cíclica en la región, como se analizó en la edición de abril de 2003 de Perspectivas de la economía mundial. En la presente coyuntura, sin embargo, con un descenso del dólar de EE.UU. que requiere reequilibrar la demanda mundial, la necesidad de impulsar la demanda interna como componente del crecimiento de Asia es aún más apremiante. Si bien la aceleración de las reformas estructurales debe ser el puntal de la estrategia encaminada a lograr esta meta, también sería útil flexibilizar aún más el régimen cambiario en algunos países. La mayor acumulación de reservas en divisas en el período 2002-03 (véase el segundo ensayo del capítulo II, “¿Es demasiado alto el nivel de reservas en divisas de Asia?”) y la depreciación de los tipos de cambio efectivos en varios países que han establecido vínculos implícitos o explícitos con el dólar de EE.UU. constituyen por lo menos una indicación de que, en algunos casos, los incentivos para un crecimiento basado en fuentes internas pueden resultar aún menos eficaces. Además, desde el punto de vista de la política económica, una mayor flexibilidad del tipo de cambio ofrecería varias ventajas, entre otras, disminuiría el riesgo de crisis en el futuro, lo cual contribuiría a reducir la dependencia del crecimiento interno de los altibajos del ciclo mundial, rebajaría los costos de mantener reservas oficiales y elevaría las oportunidades de consumo para los residentes locales en los casos en que los tipos de cambio pudiesen estar subvaluados, ayudando al mismo tiempo a corregir los desequilibrios mundiales.

Cuadro 1.7.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos países de Asia(Variación porcentual anual, salvo indicación en contrario)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
200120022003200420012002200320042001200220032004
Países emergentes de Asia35,16,25,96,22,61,82,32,72,83,83,22,9
Economías asiáticas recientemente industrializadas0,84,82,34,21,91,01,51,75,76,87,27,3
Corea3,16,32,54,74,12,83,33,01,91,31,61,8
Hong Kong, RAE de0,52,31,52,8–1,6–3,0–2,6–1,97,510,813,914,3
Singapur–2,42,20,54,21,0–0,40,61,219,021,523,723,0
Taiwan, provincia china de–2,23,52,73,8–0,20,10,86,49,18,58,8
ASEAN-42,94,34,14,46,65,93,93,35,25,64,43,6
Filipinas4,54,44,04,06,13,13,03,41,85,42,61,9
Indonesia3,43,73,54,011,511,96,65,44,94,32,71,9
Malasia0,34,14,25,31,41,81,72,28,37,68,27,1
Tailandia1,95,35,05,11,50,61,40,15,46,05,34,8
Asia meridional44,04,65,55,83,84,24,04,7–0,21,20,80,3
Bangladesh4,84,95,45,81,53,84,54,1–0,80,50,50,3
India4,24,75,65,93,84,34,04,8–0,21,00,60,3
Pakistán2,74,45,45,13,12,93,64,00,44,13,31,0
Antiguas economías de planificación centralizada57,47,97,47,50,7–0,60,91,61,52,71,31,1
China7,58,07,57,50,7–0,80,81,51,52,81,41,3
Vietnam5,05,86,07,0–0,44,04,03,52,2–1,1–3,6–3,2

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye países en desarrollo de Asia, economías asiáticas recientemente industrializadas y Mongolia.

Incluye Bangladesh, India, Maldivas, Nepal, Pakistán y Sri Lanka.

Incluye Camboya, China, Mongolia, República Democrática Popular Lao y Vietnam.

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye países en desarrollo de Asia, economías asiáticas recientemente industrializadas y Mongolia.

Incluye Bangladesh, India, Maldivas, Nepal, Pakistán y Sri Lanka.

Incluye Camboya, China, Mongolia, República Democrática Popular Lao y Vietnam.

Gráfico 1.14.Asia: Composición del crecimiento, volatilidad del tipo de cambio y reservas

Si bien la demanda interna desempeña una función más importante que en el período inmediatamente posterior a la crisis, la exportación neta sigue siendo un factor clave para el crecimiento en gran parte de la región. Los considerables superávit en cuenta corriente y la importante afluencia de capital no se han traducido en notables apreciaciones del tipo de cambio efectivo real, incluso ante la pérdida de valor del dólar de EE.UU. ocurrida desde febrero, sino que han dado lugar a una acumulación sin precedentes de las reservas oficiales.

Fuentes: CEIC Data Company Limited y cálculos del personal técnico del FMI.

1Fin de período. Promedio de 1995-96 en el caso de Indonesia.

En estas circunstancias, genera inquietud la desaceleración que se observa en la región desde principios de 2003, debida principalmente a la menor pujanza de la demanda interna. Ésta se desaceleró en forma acusada, inicialmente a raíz de la incertidumbre en torno a la guerra y el aumento de los precios del petróleo, y posteriormente por el impacto del SARS. Otros factores fueron el descenso del crédito a los hogares en Corea, debido al endurecimiento de las reglas prudenciales, la desaceleración del incremento de los precios de la vivienda y el aumento de la tasa de incumplimiento en el pago de las tarjetas de crédito. Pese a la rápida expansión del comercio intrarregional, el crecimiento de la exportación se desaceleró en los primeros meses del año en varios países, entre ellos Corea y Filipinas, como consecuencia principalmente de la atonía del sector de los productos electrónicos, aunque se prevé que las exportaciones mejorarán considerablemente el próximo año en vista del repunte previsto en Estados Unidos. Si bien la actividad económica de China aumentó acusadamente en el primer trimestre (con un crecimiento interanual del PIB del 10%), impulsada por la exportación y el fuerte aumento de la inversión, el crecimiento se desaceleró en el segundo trimestre, principalmente a raíz del impacto del SARS.

Los efectos de la epidemia se aprecian en mayor medida en las cifras de llegada de turistas y las ventas al por menor, especialmente en la RAE de Hong Kong y Singapur (pese al mayor número de casos ocurridos en China), pero podría haber efectos retrasados sobre el producto debido al aplazamiento de la inversión, y nuevos efectos si la epidemia reapareciese en el invierno. Si bien en la actualidad el SARS parece haber sido contenido en gran medida, el escaso dinamismo del sector informático (pese a la resolución de los factores de incertidumbre relacionados con la guerra) sigue siendo otro riesgo clave, principalmente debido a la reciente desaceleración de la exportación de productos electrónicos y a la atonía de los indicadores anticipados, entre ellos, la relación pedidos/facturación. Por útimo, si las condiciones crediticias dejan de ser favorables para los mercados emergentes, los países con niveles muy elevados de deuda pública (por ejemplo, Filipinas) podrían verse en dificultades, sobre todo si las políticas no tienen en cuenta adecuadamente el riesgo de una evolución desfavorable de las primas, que históricamente han sido bajas.

En su mayor parte, las medidas de política para hacer frente a la atonía del crecimiento han sido apropiadas. Con la inflación controlada, se ha aplicado una política monetaria mas expansiva en varios países, aunque la continua acumulación de reservas oficiales parece indicar que se han postergado en gran medida las reformas orientas a flexibilizar aún más el régimen cambiario. En varios países el impacto del SARS en los sectores más afectados también se ha compensado con un estímulo fiscal. No obstante, las posibilidades de aplicar políticas fiscales más expansivas son mucho más limitadas en los países que registran niveles crónicamente elevados de deuda pública, como India y Filipinas, o considerables deficiencias en el sector bancario. Además de las políticas macroeconómicas, las cuestiones clave siguen siendo: resolver los problemas relacionados con los préstamos dudosos (China, Filipinas, Indonesia, Tailandia); fortalecer las leyes de insolvencia para facilitar la renegociación de los préstamos y la reestructuración de las empresas (Corea, Filipinas, India, Tailandia); aplicar nuevas reformas para mejorar el gobierno de las sociedades, tales como fortalecer las prácticas contables y de auditoría (Corea) y reprivatizar los bancos para asegurar la aplicación de prácticas de intermediación basadas en el mercado (Corea, Indonesia).

En cuanto a los países con economías recientemente industrializadas, a nivel individual, la demanda interna sigue registrando poco dinamismo en Corea, lo que podría requerir un nuevo estímulo fiscal, aunque el resultado sea un pequeño déficit (excluido el balance de la seguridad social) en el presente año. La persistente deflación y el alto nivel de desempleo en la RAE de Hong Kong subrayan la necesidad de aplicar reformas para impulsar la competitividad, en tanto que se requiere un saneamiento fiscal a mediano plazo para reforzar la confianza en la paridad cambiaría. Entre los países de ASEAN-4, la actividad económica en Malasia y Tailandia parece bien sustentada, en parte debido a la aplicación de políticas macroeconómicas propicias. En Filipinas, si bien se han moderado las presiones del mercado, se requieren medidas vigorosas que permitan alcanzar la meta de un presupuesto equilibrado incluso para 2009, y liquidar con más rapidez los préstamos bancaríos en mora. En Indonesia, el consumo privado sigue estimulando el crecimiento y persiste un bajo nivel de la inversión. Para consolidar la reactivación, sigue siendo crucial mantener el ímpetu de las reformas estructurales (incluidas las medidas encaminadas a fortalecer el clima de inversión).

En China, persiste la expectativa de que el SARS constituirá una perturbación temporal, que no tendrá un impacto duradero sobre las perspectivas de crecimiento a mediano plazo, y la actividad económica podría repuntar a partir del tercer trimestre, favorecida por el continuo auge de la inversión y la expansión acelerada del crédito, incluido el crédito de consumo. La solidez de la situación externa, el interés en orientar en mayor medida la política monetaria hacia objetivos de estabilización interna y la necesidad de facilitar la adaptación a las transformaciones estructurales que se produzcan a mediano plazo subrayan la importancia de incrementar gradualmente la flexibilidad cambiaría. El saneamiento fiscal sigue siendo un objetivo clave a mediano plazo, en vista del elevado volumen de pasivos contingentes relacionados con los problemas de los bancos, los costos de la reforma del sistema de pensiones y la necesidad de mejorar las redes de protección social y los programas de salud. La reforma bancaria, la liquidación más acelerada de los activos por parte de las empresas que los administran, y la reestructuración y privatización de las empresas estatales siguen siendo prioridades básicas de la reforma estructural.

En India, si bien se prevé que el crecimiento repuntará a fines del presente año gracias a la recuperación del sector agropecuario después de la sequía del año pasado, la expansión sigue muy por debajo de la tasa del 8% que las autoridades se plantearon como meta, lo cual ha socavado las metas oficiales de reducir la pobreza y las disparidades regionales. Un aspecto fundamental sigue siendo el ritmo lento de la reforma fiscal y estructural. Considerando que el déficit del gobierno general podría llegar al 10% del PIB por quinto año consecutivo y la deuda más los pasivos contingentes registrados podrían alcanzar un nivel cercano al 100% del PIB, la trayectoria de la política fiscal es a todas luces insostenible. La ausencia de planes de saneamiento en el presupuesto del presente año y las demoras en la introducción del impuesto al valor agregado (IVA) son, por ende, motivo de profunda preocupación. Recientemente, el Parlamento de la India aprobó una nueva ley de responsabilidad fiscal, en la que se establece un marco para que el gobierno central formule un plan claro y con plazos fijos a fin de equilibrar el presupuesto corriente, para lo cual se ha fijado como objetivo el año 2008. Además, el grado limitado de flexibilidad del tipo de cambio, ante la persistencia de una fuerte afluencia de divisas, ha contribuido a una acumulación sin precedentes de reservas internacionales, lo que dificulta la aplicación de la política monetaria. La aceleración de las reformas estructurales, entre ellas, la abolición de los obstáculos reglamentarios que impiden el ajuste de las industrias que hacen uso intensivo de mano de obra, las reformas del mercado laboral y de la ley de quiebra, y la liberalización del comercio y la agricultura, siguen siendo esenciales para estimular el crecimiento potencial y reducir la pobreza. En el resto del subcontinente, si bien el crecimiento ha repuntado en Pakistán, se requieren medidas audaces para reducir la deuda pública, entre ellas, mejorar el cumplimiento de las obligaciones tributarias y reducir los subsidios a las empresas públicas y a los consumidores, al tiempo que se deja margen para el gasto en desarrollo humano con miras a corregir la enorme brecha social. Si bien la recuperación económica en Bangladesh avanza por buen camino, gracias en parte al fortalecimiento de las políticas macroeconómicas, las reformas estructurales —entre ellas, por el lado fiscal, un esfuerzo sostenido por mejorar los ingresos y reorientar el gasto hacia la infraestructura y el capital humano, la reforma de los bancos comerciales nacionalizados y las empresas estatales, y la reforma del comercio exterior—son cruciales para elevar el crecimiento potencial y reducir la pobreza con miras al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Se prevé que el ritmo de crecimiento económico en Australia y Nueva Zelandia se desacelerará en 2003, debido a varios factores, entre ellos la considerable apreciación del dólar australiano y neocelandés ocurrida en los dos últimos años, el descenso de los precios de los productos básicos y la persistencia de los efectos de la sequía. En Australia, si bien la política monetaria ha mantenido una orientación restrictiva desde que se retrajo el estímulo inicial a mediados de 2002 (entre otras razones, por la preocupación de que un nuevo recorte de las tasas de interés pudiese alimentar nuevos aumentos de los precios de la vivienda); en Nueva Zelandia, el banco de la reserva rebajó la tasa de interés de los prestamos a un día en 25 puntos básicos en tres ocasiones (abril, junio y julio de 2003), debido al impacto de la desaceleración de la actividad económica y la fuerte apreciación de la moneda en las perspectivas de inflación. Las perspectivas a corto plazo de Australia están sujetas a considerables riesgos, entre ellos la reanudación de la apreciación del dólar australiano, la incertidumbre con respecto a la recuperación frente a la sequía y una rápida pérdida de impulso en el mercado de la vivienda tras el auge de los últimos tres años. La política fiscal continúa siendo acertada en ambos países, y la deuda pública se sigue pagando en consonancia con los principios establecidos en las leyes de responsabilidad fiscal de cada país. En el ámbito estructural, las prioridades incluyen la reforma de la asistencia social a fin de mejorar los incentivos para el trabajo tanto en Australia como en Nueva Zelandia y medidas para flexibilizar el mercado laboral (entre ellas la liberalización de la protección al empleo) en Australia.

Candidatos a la Unión Europea: Enfrentarse a los problemas de la zona del euro

En los países candidatos a la adhesión a la Unión Europea (UE), se está produciendo un repunte del crecimiento y las perspectivas a corto plazo son, en general, favorables (cuadro 1.8). Recientemente, el crecimiento en la mayoría de los países se ha visto respaldado por las exportaciones y el consumo privado. Se prevé una aceleración del PIB en 2004, impulsada por las exportaciones, que, unidas al aumento de los beneficios de las empresas, estimularán también el gasto de inversión. Si bien las exportaciones han sido hasta ahora vigorosas, las perspectivas de crecimiento en los países candidatos dependen en gran medida del ritmo de la recuperación en la zona del euro, ya que las exportaciones de mercancías a los países de la zona representan entre el 10% y el 35% del PIB de la mayoría de los países candidatos (gráfico 1.15). Otra amenaza para el crecimiento es la apreciación del euro desde febrero de 2002, que ha dado lugar a una relativa apreciación de los tipos de cambio efectivos reales en los países cuya moneda está estrechamente vinculada con el euro. En los países cuyas exportaciones a la zona del euro representan un porcentaje más alto y que han registrado apreciaciones mayores del tipo de cambio efectivo real se ha observado también una contribución mucho más negativa de las exportaciones netas al crecimiento en el período 2002-03.

Cuadro 1.8.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos países candidatos a la Unión Europea(Variación porcentual anual, salvo indicación en contrario)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
200120022003200420012002200320042001200220032004
Países candidatos a la Unión Europea4,33,94,321,115,810,17,3–2,8–3,4–4,1–3,6
Turquía–7,57,85,35,054,445,026,013,42,3–0,9–3,2–1,9
Excluido Turquía3,12,93,34,19,85,74,14,8–4,5–4,3–4,5–4,4
Estados bálticos6,66,35,55,92,71,51,32,5–6,6–7,6–7,5–6,8
Estonia5,05,85,05,15,83,61,72,0–6,1–12,4–12,6–9,2
Letonia7,96,15,56,02,51,93,03,0–9,6–7,8–7,3–6,8
Lituania6,56,75,86,21,30,32,5–4,8–5,3–5,7–5,9
Europa central2,22,22,73,66,32,82,33,6–4,2–4,2–4,2–4,2
Eslovenia2,93,22,23,08,47,55,95,00,21,70,90,4
Hungría3,83,33,03,59,25,34,75,5–3,4–4,0–5,7–5,4
Polonia1,01,42,94,15,51,90,82,2–3,9–3,5–3,3–3,8
República Checa3,12,01,72,64,81,80,63,5–5,7–6,5–5,7–5,1
República Eslovaca3,34,44,04,07,33,38,58,1–8,6–8,2–6,3–5,0
Europa meridional y sudoriental5,14,64,65,025,116,911,29,5–5,4–4,0–4,7–4,7
Bulgaria4,14,85,05,57,55,82,64,2–6,2–4,4–4,6–4,4
Chipre4,12,22,03,82,02,83,63,5–4,3–5,6–4,9–4,7
Malta–1,21,22,83,82,92,22,02,0–4,5–3,9–3,4–3,4
Rumania5,74,94,75,034,522,515,112,0–5,5–3,4–4,8–4,8

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Gráfico 1.15.Impacto de la situación en la zona del euro y de la apreciación del euro en algunos países candidatos a la Unión Europea

Las perspectivas de crecimiento económico de los países candidatos a la Unión Europea dependen en gran medida del ritmo de la recuperación en la zona del euro y las variaciones del valor del euro. Las exportaciones a la zona del euro representan una proporción cada vez mayor del PIB y los tipos de cambio de algunos países están estrechamente vinculados al euro, lo que repercute en la contribución de la exportación neta al crecimiento.

Fuentes: Haver Analytics y estimaciones del personal técnico del FMI.

Si bien las reformas estructurales y el acceso a la UE afianzarán el crecimiento a mediano plazo, existen no obstante varios riesgos en torno a un escenario de referencia básicamente favorable, incluso haciendo abstracción de la posibilidad de que la demanda externa sea más débil de lo previsto. La situación de las finanzas públicas es ya difícil en muchos países y se verá exacerbada por el envejecimiento de la población y las presiones sobre el gasto como consecuencia de la observancia de las normas ambientales de la UE y de la absorción de los fondos para el desarrollo proporcionados por la UE (que requieren cofinanciamiento fiscal interno). Los sistemas bancarios parecen sólidos en su mayoría, pero el crédito privado ha crecido con gran rapidez últimamente y es probable que el ingreso en la UE endurezca la competencia entre los bancos y genere presiones sobre los márgenes. Los déficit de la balanza en cuenta corriente son en general grandes y, en algunos países, ya han alcanzado niveles preocupantes. Por último, cabe el riesgo de que se produzcan salidas súbitas de capital, habida cuenta que algunas de las entradas registradas recientemente se han basado en consideraciones de corto plazo, incluida la expectativa de que haya una convergencia de las tasas de interés a los niveles vigentes en la zona del euro a medida que se aproxime la fecha de adopción de la moneda única.

En vista de estos riesgos, es esencial lograr sin demora avances sustanciales en el saneamiento de las finanzas públicas, realizar un seguimiento más escrupuloso de los sistemas bancarios y emprender con determinación reformas estructurales que promuevan el crecimiento. El favorable entorno económico que aún persiste en los países candidatos es propicio para poner en marcha esas reformas. Dado que, en la mayoría de los países, la adhesión a la UE está prevista para mediados de 2004, el objetivo de los candidatos de adoptar el euro podría ser un importante elemento de disciplina para aplicar medidas de política que fomenten la estabilidad macroeconómica, aunque no conviene apresurar el proceso de adopción de la moneda única.

En lo que se refiere a la situación por países, en Polonia se prevé durante este año y el próximo una aceleración del crecimiento, impulsada por un repunte de la inversión (al incrementarse los beneficios de las empresas) y de las exportaciones (a medida que la recuperación en Europa occidental cobre impulso). También se prevé que, dada la magnitud de la brecha de producción, la inflación subyacente se mantenga en niveles moderados, lo que podría permitir un nuevo recorte de las tasas de interés en el marco del mecanismo de fijación de metas de inflación para la formulación de la política monetaria. No obstante, persisten algunos riesgos importantes, entre otros, la dependencia respecto al crecimiento en Europa occidental, el abultado déficit fiscal y el deterioro de la calidad de los créditos. Para mejorar las perspectivas de crecimiento sostenible y reducir los factores de vulnerabilidad también es de vital importancia emprender sin demora la reforma fiscal para reducir significativamente el déficit presupuestario estructural en el mediano plazo. Asimismo, es necesario revitalizar el proceso de privatizaciones para fomentar la reestructuración de las empresas y reducir las subvenciones fiscales. Por último, es esencial realizar un estrecho seguimiento de la situación financiera de los bancos.

En Hungría, la devaluación del forint hasta finales de julio y las subidas de las tasas de interés subrayan el dilema de la política monetaria, que por sí sola no puede al mismo tiempo reducir la inflación y respaldar la competitividad externa. Como el rápido crecimiento de los salarios ha intensificado las presiones inflacionarias y ha debilitado la competitividad externa, la moderación salarial —sobre lodo en el sector público—es un elemento esencial; en este sentido es necesario mantener los incrementos salariales por debajo de la meta de inflación y promover una cooperación más estrecha entre los interlocutores sociales. También es crucial proceder sin demora a un saneamiento significativo de las finanzas públicas, incluida una mayor austeridad en el gasto procurando que el Parlamento apruebe la imposición de límites en partidas básicas. Si bien el sistema financiero es en general sólido, es necesario realizar un seguimiento más atento de los riesgos, incluidos el rápido crecimiento del crédito y la suficiencia de la cobertura frente al riesgo cambiario.

En la República Checa, el crecimiento se está manteniendo gracias a un aumento del déficit del gobierno general, pero este estímulo fiscal es insostenible. La reciente decisión de las autoridades de reducir el déficit al 4% del PIB para el año 2006 es muy acertada. Es importante que la carga más pesada del ajuste recaiga en la restricción del gasto, puesto que los niveles impositivos son ya altos en comparación con los países del entorno. En vista del reciente auge del crédito de los hogares, sería deseable una supervisión más estrecha de los sistemas internos de gestión de riesgos de los bancos. Para lograr un aumento duradero del crecimiento hay que llevar adelante las reformas estructurales, en particular, fortaleciendo el marco jurídico y reduciendo las fricciones en el mercado de trabajo. En Eslovaquia los abultados déficit en cuenta corriente y del gobierno general subrayan la importancia de reducir permanentemente el gasto fiscal, complementando esas reducciones con una reforma del sistema de pensiones. Se espera que la próxima reforma impositiva redundará en una mayor transparencia y simplicidad del código tributario, aunque las autoridades deberían estar preparadas para hacer frente a posibles desviaciones en el ámbito fiscal.

En los países bálticos, las favorables perspectivas de crecimiento e inflación reflejan el sólido historial de políticas orientadas al logro de la estabilidad macroeconómica y a la reforma estructural. Si bien las entradas de inversión extranjera directa han seguido siendo significativas, los grandes déficit en cuenta corriente son un motivo de preocupación. Como la política monetaria está limitada en gran medida por el régimen de tipos de cambio fijos, es necesario centrar la política fiscal en la reducción sostenida de las partidas de gasto no prioritarias, a fin de dejar margen para los gastos asociados al ingreso en la UE, y actuar con cautela en lo que se refiere a los recortes de impuestos, bien asegurando la neutralidad de las reformas respecto al ingreso (reduciendo las exenciones fiscales y mejorando la administración tributaria) o procediendo a las reducciones de gastos correspondientes. Aunque el sistema bancario sigue estando saneado, el rápido crecimiento del crédito —sobre todo el aumento de la razón entre préstamos y depósitos en moneda extranjera—subraya la importancia de que los bancos evalúen con atención el riesgo crediticio y la supervisión bancaria sea eficaz.

En Bulgaria y Rumania, se espera que la solidez de la demanda interna estimule el crecimiento pero, según las proyecciones, los déficit en cuenta corriente aumentarán en 2003. En Bulgaria el vigoroso crecimiento del crédito al sector privado está estimulando la demanda interna, por lo que las autoridades deberán mantenerse alertas y realizar un seguimiento más riguroso de la cobertura y del riesgo cambiario de las empresas. El rápido crecimiento del crédito y el aumento del déficit en cuenta corriente subrayan la necesidad de mantener una política de austeridad fiscal en lo que resta de 2003 y en 2004. Las mejoras en la administración y el cumplimiento tributarios, así como la implementación de reformas estructurales en los sectores de salud, ferrocarriles y energía son esenciales para alcanzar el equilibrio del presupuesto del gobierno general para el año 2005. En Rumania el rápido crecimiento de los salarios y el crédito están estimulando la demanda interna y la inflación. Es preciso redoblar los esfuerzos para mantener la expansión del crédito bajo control, moderar los salarios del sector público y, en general, aplicar restricciones presupuestarias más estrictas, especialmente en el sector de la energía, que habrán de complementarse con un redimensionamiento o la liquidación de las empresas estatales que produzcan pérdidas.

En otros países de Europa sudoriental, las perspectivas económicas también han seguido mejorando, aunque en la mayoría de ellos persisten las tensiones políticas. Albania, Bosnia y Herzegovina, Croacia, la ex República Yugoslava de Macedonia y Serbia y Montenegro han avanzado significativamente en el restablecimiento del crecimiento económico y la reducción de la inflación, pero los abultados déficit en cuenta corriente constituyen un importante factor de vulnerabilidad. El aumento de los déficit externos en los últimos meses se debió a una caída de la demanda de exportaciones como consecuencia de la desaceleración en Europa occidental y —en algunos países—a un repunte de las importaciones asociado al rápido crecimiento del crédito. Para frenar este crecimiento, se ha aplicado una política monetaria más restrictiva y se ha fortalecido la supervisión prudencial del sistema bancario, pero es necesario mantener un atento seguimiento. Además, para estimular el crecimiento y la inversión y lograr la viabilidad de las cuentas externas es esencial avanzar aún más en el saneamiento de las finanzas públicas y la reforma estructural.

En Turquía, han mejorado tanto la situación financiera como las perspectivas económicas a corto plazo. Han bajado las tasas de los bonos de referencia, se ha apreciado la moneda y se ha reducido el diferencial con respecto a los Eurobonos. Además, dadas la vigorosa recuperación del producto y la desinflación sostenida registradas en lo que va de año, un crecimiento del producto del 5% y una inflación del 20% son objetivos alcanzables en 2003. Aunque el final de la guerra en Iraq ha sido un factor a tener en cuenta, estos resultados se deben también en parte a la determinación con que han actuado las autoridades turcas en lo tocante a las reformas asociadas a su candidatura a la Unión Europea y, en el ámbito económico, a las medidas que han permitido concluir el quinto examen del programa respaldado por el FMI a principios de agosto. No obstante, las tasas de interés reales siguen siendo altas, lo que denota la existencia de deficiencias básicas e inquietud respecto a la implementación de las medidas de política. Para disipar esa inquietud, las autoridades tendrán que establecer un historial de puntualidad en la implementación de políticas y plena identificación con el programa. Al respecto, un elemento clave será el mantenimiento de la disciplina fiscal para preservar el objetivo previsto, a saber, un superávit primario equivalente a un 6½% del PNB.

La Comunidad de Estados Independientes: Las reformas estructurales son fundamentales para sostener la recuperación del crecimiento

Los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) han continuado capeando en forma considerablemente mejor de lo previsto la desaceleración del crecimiento en los países avanzados y la consiguiente recuperación desigual. Durante el período 1999-2002, se registró un crecimiento del PIB de alrededor del 7½% en promedio, favorecido inicialmente por el repunte experimentado en Rusia después de la crisis financiera de 1998, el aumento de los precios del petróleo y de las exportaciones de energía y —como consecuencia de esta alza—el incremento del gasto público y la inversión en el sector energético. Durante 2002, el crecimiento del PIB se vio impulsado además por el vigoroso crecimiento del consumo privado, sustentado por un aumento considerable de los salarios y las pensiones —sobre todo, aunque no solamente en Rusia y Ucrania—y el fuerte crecimiento del crédito a medida que continuó la remonetización y, en los últimos meses del año, por el rápido crecimiento de las exportaciones en la mayoría de los países. En contraste, sin embargo, fuera del sector energético la inversión se ha mantenido moderada, debido en parte a la disminución de las utilidades como consecuencia de los aumentos salariales, pero más fundamentalmente a la persistencia de un entorno desfavorable a la inversión privada.

Los indicadores corrientes señalan que a principios de 2003 la actividad económica seguía siendo dinámica y, según las proyecciones, el crecimiento del PIB de la región será del 5,8% para la totalidad del año, es decir, 1,4 puntos porcentuales más alto de lo previsto en la última edición de Perspectivas de la economía mundial (cuadro 1.9). Ello se debe en gran parte a que el crecimiento se ha mantenido vigoroso en los países exportadores netos de energía, principalmente en Rusia (donde las expectativas de crecimiento se han revisado marcadamente al alza, debido a un impulso mayor de lo previsto provocado por el fuerte aumento de los salarios reales, la favorable situación de liquidez en los mercados financieros internos y el mayor acceso a los mercados internacionales de capital). Con pocas excepciones —principalmente la República Kirguisa, donde se prevé que el crecimiento repunte después de los desastrosos deslizamientos de tierra ocurridos en 2002—se espera que el crecimiento del PIB se moderará ligeramente en otros países como consecuencia del debilitamiento del consumo en comparación con las elevadas tasas registradas anteriormente. Se prevé que el crecimiento del PIB disminuirá aún más en 2004 al retraerse el impulso que recibió la producción en 2003 a través del mercado petrolero y registrarse tasas más sostenibles de crecimiento del consumo. De cara al futuro, si bien la región debería beneficiarse del repunte previsto de la actividad mundial, subsisten varios riesgos, entre ellos los relacionados con las perspectivas del mercado petrolero (aunque estas perspectivas son asimétricas en la región, ya que los países más pobres se benefician sustancialmente de los menores precios del petróleo); los excesivos aumentos salariales en varios países, y la debilidad de la inversión que sigue observándose en los sectores no energéticos.

Cuadro 1.9.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en la Comunidad de Estados Independientes(Variación porcentual anual, salvo indicación en contrario)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
200120022003200420012002200320042001200220032004
Comunidad de Estados Independientes6,44,95,85,020,414,513,111,77,97,06,53,8
Rusia5,04,36,05,020,616,014,412,910,88,98,45,2
Excluido Rusia9,26,05,45,019,911,610,49,4–0,71,0–1,1
Países en una etapa más avanzada de la reforma9,96,66,65,99,92,95,65,1–0,21,60,1–1,2
Armenia9,612,97,06,03,11,12,23,0–9,5–7,5–6,5–6,3
Azerbaiyán9,910,69,29,11,52,82,72,5–0,9–12,4–30,5–32,6
Georgia4,75,34,84,54,75,64,45,0–5,6–6,2–11,5–10,9
Kazajstán13,59,59,08,08,35,96,45,9–4,0–1,91,3
Moldova6,17,26,05,09,85,38,14,5–6,1–6,9–6,0–5,4
República Kirguisa5,4–0,55,64,06,92,03,33,8–3,3–3,9–3,0–3,7
Tayikistán10,29,16,04,038,612,214,55,0–7,1–2,8–5,0–4,8
Ucrania9,24,85,34,812,00,85,55,33,77,75,64,0
Países en una etapa menos avanzada de la reforma34,44,12,42,955,740,925,922,6–2,3–0,5–0,2–1,1
Belarús4,74,74,03,261,142,629,024,1–3,6–2,5–2,8–3,4
Uzbekistán4,13,20,32,548,938,721,920,7–1,02,54,63,1
Partidas informativas
Exportadores netos de energía46,24,96,25,219,114,813,412,19,47,77,34,3
Importadores netos de energía57,14,84,44,124,913,712,010,70,33,22,11,0
CEI-766,15,74,14,622,516,911,210,2–2,9–4,3–9,4–10,2

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

No se dispone de datos actualizados sobre Turkmenistán.

Incluye Azerbaiyán, Kazajstán, Rusia y Turkmenistán.

Incluye Armenia, Belarús, Georgia, Moldova, República Kirguisa, Tayikistán, Ucrania y Uzbekistán.

Incluye Armenia, Azerbaiyán, Georgia, Moldova, República Kirguisa, Tayikistán y Uzbekistán.

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

No se dispone de datos actualizados sobre Turkmenistán.

Incluye Azerbaiyán, Kazajstán, Rusia y Turkmenistán.

Incluye Armenia, Belarús, Georgia, Moldova, República Kirguisa, Tayikistán, Ucrania y Uzbekistán.

Incluye Armenia, Azerbaiyán, Georgia, Moldova, República Kirguisa, Tayikistán y Uzbekistán.

Se prevé que el superávit de la cuenta corriente externa de la región se debilite en 2003-04, debido al crecimiento robusto de la demanda, la reciente caída de los precios del petróleo y la mayor demanda de importaciones relacionada con la inversión extranjera directa (Azerbaiyán, Georgia y Kazajstán). En este contexto, se prevé que Rusia seguirá registrando superávit, aunque decrecientes. Al aumentar los flujos netos de capital en varios países, las reservas se han incrementado sustancialmente en algunos casos, sobre lodo en Rusia y Kazajstán. En cambio, se proyecta que los países importadores netos de energía —con la excepción de Ucrania, que se ha beneficiado del fuerte aumento de las exportaciones y de mayores transferencias—registrarán déficit crecientes, y en ciertos casos considerables, lo que preocupa particularmente a varios de los países pobres muy endeudados de la CEI (Armenia, Azerbaiyán, Georgia, Moldova, la República Kirguisa, Tayikistán y Uzbekistán). Aunque estos países deben aplicar políticas fiscales adecuadamente restrictivas, varios de ellos también requieren asistencia internacional adicional para lograr la viabilidad de la deuda externa.

Las tasas de inflación han seguido disminuyendo en la región, aunque continúan siendo relativamente altas en comparación con las de otros países en desarrollo. En este contexto, sin embargo, la situación varía notablemente de un país a otro. En la mayor parte de los países que más han avanzado en la reforma, la inflación registra niveles de un solo dígito. En Rusia, sin embargo, se ha reducido el ritmo de la desinflación, debido en gran medida al constante dilema que representa controlar la inflación y procurar limitar la apreciación del rublo ante el gran volumen de ingresos de balanza de pagos y el aumento de la productividad, sobre todo en el sector de bienes transables. Una política cambiaría más flexible dejaría que se produjera la inevitable apreciación real y permitiría al banco central concentrarse adecuadamente en la fijación de metas de inflación; la propuesta de crear un fondo de estabilización del petróleo (como en Azerbaiyán y Kazajstán) podría contribuir a reducir la volatilidad del tipo de cambio real vinculada con el precio del petróleo. En los países que han avanzado menos en la reforma, la inflación, si bien está disminuyendo, se mantiene muy elevada, particularmente en Belarús y Uzbekistán, lo que pone de relieve la necesidad de fortalecer la disciplina monetaria restringiendo el crédito a las empresas públicas ineficientes. En la mayor parte de los países de la CEI, el proceso de remonetización sigue representando un importante desafío. Como resulta difícil predecir el ritmo de la remonetización, las autoridades responsables de la política económica se enfrentan a una dificultad extraordinaria al evaluar la demanda monetaria subyacente —porque inevitablemente la remonetización viene acompañada de un rápido crecimiento del crédito—en el proceso de gestión de riesgos del sistema bancario, lo que destaca la necesidad de introducir nuevas mejoras en materia de supervisión y regulación prudencial.

De cara al futuro, como es probable que no se mantenga el impulso proveniente de la reciente alza del precio del petróleo y el aumento de los salarios reales, las perspectivas de crecimiento regional dependen en forma crítica de que se aceleren las reformas estructurales. En el último año, se han desacelerado notablemente los avances globales en este ámbito en la mayoría de los países (excepto en Armenia y Azerbaiyán). Si bien los países de la CEI están atrasados con respecto a los países candidatos a la UE en la mayoría de los aspectos relacionados con la reforma estructural, la brecha parece estar ampliándose en lo que se refiere al desarrollo del sector privado —la reforma de los sectores empresarial, financiero y de infraestructura—lo que resulta particularmente preocupante en vista de la atonía de la inversión en los sectores no energéticos (gráfico 1.16). Si bien las prioridades varían de un país a otro, en Rusia es preciso revitalizar las reformas destinadas a fortalecer el sistema bancario, introducir la competencia en los sectores de electricidad y transportes, y racionalizar la administración pública; en Ucrania, mejorar el clima de inversión, entre otros medios mediante una reforma tributaria, y abordar los problemas financieros de las empresas estatales del sector energético. En los países más pobres de la CEI, las reformas estructurales deben concentrarse en mejorar la gestión pública y el clima de inversión. Además, en los países más pobres sin litoral (Armenia, la República Kirguisa, Tayikistán y Uzbekistán), la demora en la implementación de las reformas de la infraestructura y las barreras comerciales dentro de la CEI —algunas de las cuales están relacionadas con el comercio de tránsito y su gravamen (informal) o la distribución de energía de los exportadores netos a los importadores netos—constituyen serios obstáculos al crecimiento que es preciso abordar de inmediato. Sin embargo, los avances en materia de desarrollo de la infraestructura representarán un desafío, en vista de las limitaciones de financiamiento externo que enfrentan estos países, y requerirán la introducción de mejoras en la política y la administración tributarias y el fortalecimiento de la gestión del gasto público.

Gráfico 1.16.PIB real, inversión y reformas estructurales en los países de la CEI1

(Promedios no ponderados)

El vigoroso crecimiento durante 1999-2002 ayudó a los países de la CEI a superar la dinámica adversa del producto en los primeros años de la transición, aunque sigue siendo objeto de preocupación el atraso en materia de reforma estructural.

Fuentes: Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, Transition Reports, y cálculos del personal técnico del FMI.

1Los datos corresponden a períodos de transición, que en los países de la CEI son los años indicados en el gráfico. Con respecto al año inicial de los otros países (comienzo de la transición), véase Fischer y Sahay (2000).

2Incluye Azerbaiyán, Kazajstán y Rusia.

Oriente Medio: Las reformas fiscales son clave para la estabilidad y un mayor crecimiento

Según las proyecciones, el crecimiento del PIB en Oriente Medio aumentará al 5,1% en 2003, es decir, 1,2 puntos porcentuales más que en 2002 (cuadro 1.10). La mayor parte de este incremento obedece al crecimiento más vigoroso de los países exportadores de petróleo, debido sobre todo al aumento de las cuotas de la OPEP y de la producción de crudo antes de la guerra (sobre todo en Arabia Saudita y en otros países del Consejo para la Cooperación en el Golfo7), a un nivel medio más alto de los precios del crudo y —sobre todo en Irán—a que continúan los efectos positivos de las recientes reformas económicas. La pronta superación de la etapa más grave del conflicto armado en Iraq es otro factor positivo, aunque la frágil situación en materia de seguridad sigue afectando la actividad económica de toda la región. En cambio, se prevé que el crecimiento del PIB en el Mashreq repuntará en forma más moderada, en parte debido a que varios países, como Jordania y Siria, mantienen vínculos económicos relativamente más estrechos con Iraq y en parte como consecuencia de los efectos desfavorables de la falta de seguridad regional en el turismo, como en el caso de Egipto y Jordania.

Cuadro 1.10.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos paÍses de Oriente Medio(Variación porcentual anual, salvo indication en contrario)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
200120022003200420012002200320042001200220032004
Oriente Medio34,83,95,14,58,08,410,110,16,54,97,03,9
Exportadores de petróleo45,04,56,05,010,110,412,612,28,96,59,05,2
Arabia Saudita1,31,04,72,1–0,8–0,61,11,05,16,210,15,4
Irán, Rep. Islámica del5,96,76,15,711,415,818,017,05,33,01,1–1,2
Kuwait–1,1–0,94,72,21,71,42,02,026,120,923,818,4
Mashreq54,02,32,53,11,82,22,93,7–1,6–0,5–1,3–1,7
Egipto3,52,02,83,02,42,53,24,20,61,30,9
Jordania4,24,93,05,51,81,82,51,8–0,14,94,60,2
Partida informativa
Israel–0,9–1,00,72,11,15,71,10,2–1,6–1,2–0,7–0,8

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye Arabia Saudita, Bahrein, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Irán (República Islámica del), Iraq, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Omán, Qatar, República Árabe Siria y Yemen (República del).

Incluye Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Irán (República Islámica del), Iraq, Kuwait, Libia, Omán y Qatar.

Incluye Egipto, Jordania, Líbano y República Árabe Siria.

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

Incluye Arabia Saudita, Bahrein, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Irán (República Islámica del), Iraq, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Omán, Qatar, República Árabe Siria y Yemen (República del).

Incluye Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Irán (República Islámica del), Iraq, Kuwait, Libia, Omán y Qatar.

Incluye Egipto, Jordania, Líbano y República Árabe Siria.

Con respecto a 2004, se prevé que el crecimiento del PIB en la región descenderá un poco, aunque nuevamente existen diferencias importantes entre los países petroleros y no petroleros. Se prevé que el crecimiento del PIB en los países del Mashreq registrará nuevamente un aumento moderado, gracias a la reactivación de la economía mundial y a la reducción de las incertidumbres geopolíticas; sin embargo, se prevé que será menor el crecimiento del PIB en los países productores de petróleo debido a la caída de los precios y de la producción. No obstante, si bien cabe prever que el crecimiento del PIB en la región seguirá siendo elevado con respecto a los niveles históricos —y la reconstrucción de Iraq debería ser un factor positivo (véase el recuadro 1.4, “Reconstrucción de Iraq en la etapa de posguerra”)—persisten varios riesgos. Concretamente, más allá de la frágil situación en materia de seguridad, las perspectivas para el mercado petrolero siguen estando sujetas a una considerable incertidumbre y muchos analistas de este mercado consideran que existe el riesgo de que los resultados sean menos favorables que los previstos en materia de precios a mediano plazo (apéndice 1.1), lo que claramente tendría consecuencias significativas para los productores de crudo de la región. En un sentido más general, la carga de la deuda pública en los distintos países de la región es elevada, sobre todo en el Mashreq, pero también en algunos países exportadores de petróleo (donde estas inquietudes se verían exacerbadas por nuevos descensos de los precios del crudo, especialmente en vista de los niveles relativamente elevados del gasto público; véase el gráfico 1.17). Muchos países de la región han tomado importantes medidas; por ejemplo, aparte de las examinadas más adelante, Arabia Saudita se fijó como meta un presupuesto equilibrado para 2003, que implica reducciones del gasto de más del 4% del PIB pese al aumento de los ingresos petroleros, mientras que en Jordania se puso en práctica un conjunto de medidas equivalentes a casi el 2% del PIB —incluido el aumento de los precios de los productos petroleros—para garantizar el cumplimiento de la meta de las autoridades de reducir el déficit para 2003. No obstante, como se examina en el capítulo III, estos esfuerzos deberán mantenerse y, en algunos casos, intensificarse a mediano plazo.

Gráfico 1.17.Ciclos del precio del petróleo y política fiscal en Oriente Medio

El ajuste del gasto público en respuesta a la fluctuación de los precios del crudo ha sido fundamental para reducir los déficit fiscales de los países exportadores de petróleo de Oriente Medio.

Fuente: Cálculos del personal técnico del FMI.

1Basándose en el análisis de los ciclos económicos y la metodología utilizada en el capítulo III de la edición de abril de 2002 de Perspectivas de la economía mundial, los ciclos del precio del petróleo se identifican tomando como base los máximos y los mínimos de los precios reales del crudo. Periodos correspondientes a los ciclos: [1]: 1981-87, [2]:1988-90, [3]: 1991-96, [4): 1997-2000 y [5]: 2001-03.

2Consejo para la Cooperación en el Golfo (CCG): Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar.

3República Islámica del Irán y Libia.

Recuadro 1.4.Reconstrucción de Iraq en la etapa de posguerra

La función del FMI en los países que han superado un conflicto armado consiste, principalmente, en ayudarlos a alcanzar la estabilidad macroeconómica a la mayor brevedad posible y preparar el terreno para un crecimiento sostenible a largo plazo. En este contexto, el FMI —en coordinación con el Banco Mundial, los organismos de las Naciones Unidas y otras entidades multilaterales y bilaterales—ha brindado amplio asesoramiento en materia de política económica y asistencia técnica para mejorar la capacidad institucional y la coordinación de las políticas, así como su propia asistencia financiera1. En lo que se refiere al asesoramiento en materia de política económica, lo primero que ha hecho el FMI ha sido ayudar a las autoridades de esos países a formular un marco macroeconómico orientado a restablecer rápidamente la estabilidad macroeconómica; en esta empresa, el Banco Mundial desempeña un papel complementario evaluando las necesidades de reconstrucción y rehabilitación sectoriales. Con respecto a la asistencia técnica, el FMI ha brindado respaldo en varios ámbitos: de banca central, supervisión bancaria, sistemas de pagos, gestión del gasto público, política tributaria, compilación de estadísticas macroeconómicas y seguimiento de la deuda externa. En cuanto a la coordinación de las políticas económicas, el FMI desempeña un papel primordial coordinando el asesoramiento con todas las instituciones interesadas y, al mismo tiempo, presta apoyo para la preparación y organización de reuniones del grupo consultivo y los donantes.

En el desempeño de esta labor en situaciones de posguerra, se han extraído algunas enseñanzas cruciales, entre otras, la importancia primordial de restablecer o reforzar la capacidad institucional y administrativa en las etapas iniciales, implantar un marco macroeconómico —basado en una orientación de política sencilla pero realista—que permita restaurar sin demora la estabilidad macroeconómica y preparar el terreno para una rápida reactivación del crecimiento, así como la necesidad de proceder a una evaluación cuidadosa y ajustada a la realidad de los flujos de asistencia externa. El FMI está aplicando estas enseñanzas a la labor que realiza en Iraq.

Si bien Iraq fue uno de los países miembros fundadores del FMI, la institución ha mantenido escasos contactos oficiales con el gobierno de ese país desde principios de los años ochenta. A partir de entonces, la economía de Iraq ha sufrido los efectos de tres guerras, la represión política, los controles y la intrusión del Estado en la propiedad y las sanciones internacionales, lo que ha hecho que resulte más difícil evaluar la situación económica del país. Además, hay muy pocas estadísticas económicas recientes sobre Iraq y las que existen no pueden ser interpretadas fácilmente. No hay un registro completo de las transacciones, y la aplicación de precios y tipos de cambio artificiales y sumamente distorsionados en la elaboración de las cuentas económicas reduce la utilidad de los datos.

La resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (1483), por la que se levantaron las sanciones impuestas previamente a Iraq (salvo las relacionadas con la venta de armas), ha facilitado la reintegración del país a la comunidad internacional. En la resolución se definen los mecanismos institucionales provisionales de Iraq. Entre sus disposiciones fundamentales, se establece la creación de una nueva estructura que regirá el tratamiento de los activos del país, los ingresos y los gastos, hasta que se constituya debidamente un gobierno internacionalmente reconocido y representativo. En ese contexto, se ha establecido un Fondo para el Desarrollo de Iraq, que ha de recibir el producto de las exportaciones de petróleo (deducidas las reparaciones de guerra) y determinados activos iraquíes, entre ellos las transferencias de saldos no utilizados del programa petróleo por alimentos de las Naciones Unidas, que se eliminará escalonadamente a más tardar en noviembre de 2003. Los recursos del Fondo para el Desarrollo de Iraq se desembolsarán de manera transparente bajo la dirección de la Autoridad Provisional de la Coalición, en consulta con la autoridad interina de Iraq. Tanto este Fondo como las exportaciones de hidrocarburos se someterán a auditoría por parte de contadores públicos independientes aprobados por una Junta Internacional de Asesoramiento y Supervisión integrada por representantes del Secretario General de las Naciones Unidas, el Director Gerente del FMI, el Presidente del Banco Mundial y el Director General del Fondo Árabe para el Desarrollo Económico y Social.

Una misión integrada del FMI visitó Bagdad en junio para llevar a cabo una evaluación inicial de la situación económica y financiera y examinar las primeras prioridades en materia de asesoramiento y asistencia técnica en los ámbitos básicos de competencia de la institución, a fin de mejorar rápidamente la capacidad institucional para formular políticas en el país. El FMI ya ha empezado a suministrar asistencia técnica en múltiples facetas: introducción de una nueva moneda, legislación del banco central; apertura de bancos comerciales y sistema de pagos; ejecución del presupuesto y gestión del gasto público y compilación y divulgación de estadísticas económicas. En lo que respecta a la política macroeconómica, el FMI está prestando asistencia para elaborar un marco macroeconómico —incluido el presupuesto fiscal para 2004 y un régimen de política monetaria y cambiaría—a fin de lograr el restablecimiento de la estabilidad macroeconómica y la reactivación del crecimiento a la mayor brevedad posible. Con respecto a la asistencia externa, el FMI apoya la labor del grupo básico de donantes que está organizando una reunión, que se celebrará en la segunda quincena de octubre, con miras a canalizar la asistencia para la rehabilitación y la reconstrucción de Iraq. Además, el FMI está ayudando a obtener información sobre la deuda externa de Iraq como primer paso para formular una estrategia de reestructuración.

Nota: El autor principal de este recuadro es Carlos Piñerúa.1Desde 1995, el Directorio Ejecutivo del FMI ha aprobado programas de asistencia económica para países en etapa de posguerra a favor de Albania, Bosnia y Herzegovina, Burundi, Guinea-Bissau, República del Congo, República Federal de Yugoslavia, Rwanda, Sierra Leona y Tayikistán. El FMI también ha participado en la reconstrucción económica de Afganistán, Kosovo y Timor Oriental.

De cara al futuro, el objetivo de política clave para los países de Oriente Medio es acelerar el crecimiento a mediano plazo a fin de reducir las tasas de desempleo, que son en general elevadas, y absorber una población activa en rápido crecimiento. Si se tiene en cuenta que los desequilibrios macroeconómicos son en general moderados con excepción de Líbano —aunque en Irán la inflación sigue siendo un poco elevada, lo que subraya la necesidad de frenar el crecimiento de la liquidez—las cuestiones fundamentales son de carácter estructural e institucional. Como se analiza detalladamente en el primer ensayo del capítulo II (“¿Cómo puede acelerarse el crecimiento económico en Oriente Medio y Norte de África?”), las prioridades varían de un país a otro, pero incluyen la reforma del Estado con miras a reducir la función del gobierno, fortalecer de manera general las instituciones y la gobernabilidad, liberalizar aún más el comercio y diversificar la economía para no depender tanto del petróleo. El avance reciente en la reforma estructural no ha sido parejo en la región; entre los principales logros cabe destacar la venta parcial de títulos públicos (Arabia Saudita, Irán, Jordania y Omán); la reducción de barreras no arancelarias (Irán); la apertura de sectores clave a la inversión extranjera directa (Irán, Kuwait, Omán y Qatar); reformas institucionales encaminadas a acrecentar la eficiencia en la prestación de los servicios públicos (Arabia Saudita, Bahrein y Jordania); la mejora de la administración y las políticas tributarias (Egipto, Irán, Jordania y Líbano), y la reforma del sector financiero (Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos). En los países del CCG, la ambiciosa meta de establecer una unión monetaria para 2010 requerirá reformas de gran envergadura a fin de reducir las divergencias entre las variables macroeconómicas fundamentales, entre ellas la situación fiscal y las diferencias en materia de instituciones, sistemas jurídicos y prácticas reglamentarias en el sector financiero a fin de preparar el terreno para establecer un marco común de política monetaria (véase el recuadro 1.5, “El Consejo para la Cooperación en el Golfo: Desafíos en el camino hacia la unión monetaria”). En Egipto, las perspectivas económicas han mejorado tras el fin de la guerra de Iraq y existen indicios de que el turismo —si bien se mantiene deprimido—está empezando a repuntar. No obstante, la confianza y el crecimiento económico siguen siendo relativamente débiles, en parte debido a la persistente escasez de divisas en el mercado oficial, pese a la depreciación escalonada que siguió a la flotación de la moneda en enero y a la aplicación de medidas administrativas para fortalecer la liquidez. Para facilitar el equilibrio del mercado, debe permitirse el ajuste necesario de la libra. En el ámbito fiscal, es prioritario adoptar un programa plurianual para asegurar la sostenibilidad a largo plazo; a este respecto, se requerirán medidas orientadas a reforzar el presupuesto recientemente adoptado para 2003/2004. En Líbano, la estrategia de las autoridades de llevar a cabo un fuerte ajuste fiscal, la privatización en gran escala, la movilización de asistencia externa en condiciones concesionarias y la distribución de la carga con el sistema bancario reducirá, de implementarse plenamente, el coeficiente de endeudamiento del sector público a un nivel considerablemente inferior al actual, que asciende a casi el 180% del PIB. Al ponerse en práctica inicialmente esta estrategia aumentó la confianza y mejoraron los indicadores financieros en 2003. Sin embargo, el altísimo nivel del saldo sigue siendo un factor de gran vulnerabilidad.

En Israel, tras la recesión más profunda de su historia, se prevé que el crecimiento del PIB se tornará ligeramente positivo en 2003. La demanda interna sigue debilitada en un entorno caracterizado por la fragilidad de la confianza y la grave situación en materia de seguridad, y ha resultado difícil mantener la moderada reactivación de la exportación —debido a la fuerte depreciación del sheqel en 2002, así como al descenso de los salarios reales—ante la débil recuperación mundial. Dada la precaria situación fiscal a mediano plazo, el nuevo gobierno puso en práctica en forma acertada nuevas medidas presupuestarias en junio a fin de contrarrestar una recaudación tributaria más baja de la prevista. Dado que se proyecta que la inflación descenderá por debajo del 1% en 2004, como resultado de la apreciación del sheqel registrada desde fines de 2002, al parecer existe margen para seguir aplicando una política monetaria más expansiva con el fin de apoyar la recuperación. La actividad económica en Cisjordania y la Franja de Gaza sigue muy deprimida, aunque existen indicios de que la economía se estabilizó a fines de 2002. No es probable que las condiciones se tornen más favorables sin una mejora duradera de la seguridad acompañada de un considerable apoyo externo para la reconstrucción de la infraestructura.

África: El crecimiento ha sido resistente pero sigue siendo muy escaso

En los últimos tres años, los países africanos han registrado un crecimiento del PIB sorprendentemente resistente durante la desaceleración de las economías avanzadas y la consiguiente recuperación desigual (gráfico 1.18, pág. 57). Ello obedeció en parte a la evolución más favorable de los precios de los productos básicos no combustibles, que no bajaron tanto como en anteriores desaceleraciones mundiales, y al alivio de la deuda otorgado en el marco de la Iniciativa para los PPME. Sin embargo, las condiciones externas no fueron el único factor; la tendencia a adoptar políticas macroeconómicas más acertadas en muchos países Áfricanos también ha sido decisiva. Concretamente, con algunas excepciones, sobre todo Zimbabwe y Angola, y en menor grado Nigeria, la inflación se sitúa en niveles relativamente bajos y los déficit presupuestarios de los gobiernos están bajo control. No obstante, los déficit de la cuenta corriente externa en muchos países de África subsahariana siguen siendo relativamente altos, en parte debido a los niveles elevados de deuda, pero también a las bajas tasas de ahorro derivadas de los escasos ingresos per cápita y los obstáculos estructurales que impiden la diversificación económica.

Gráfico 1.18.Desaceleraciones en los países avanzados y reformas y crecimiento en África subsahariana1

(Promedios no ponderados)

África subsahariana registró un resistente crecimiento del PIB durante 2000-02 como consecuencia de la evolución favorable de los precios de los productos básicos, pero también de la aplicación de políticas macroeconómicas más eficaces.

Fuente: Cálculos del personal técnico del FMI.

1Los años de nivel máximo se determinan según el nivel máximo local de crecimiento anual del PIB de los países avanzados durante períodos en que se registran desaceleraciones importantes del PIB.

2Precios de los productos básicos no combustibles normalizados según el deflactor del PIB de los países avanzados.

3Incluye los pronósticos para 2003-04.

4Los países que registran resultados favorables son los que suelen adoptar políticas macroeconómicas y estructurales sólidas: Benin, Botswana, Burkina Faso, Camerún, Malí, Mauricio, Mozambique, Rwanda, Senegal, Seychelles, Tanzanía y Uganda.

Recuadro 1.5.El Consejo para la Cooperación en el Golfo: Desafíos en el camino hacia la unión monetaria

Desde su creación a comienzos de los años ochenta, los países miembros del Consejo para la Cooperación en el Golfo (CCG) —Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar—han aprovechado las ventajas de sus vínculos y afinidades culturales, políticas, demográficas y económicas y han avanzado considerablemente hacia la integración económica. Se han eliminado las barreras a la libre circulación de bienes nacionales, mano de obra y capitales entre los países del CCG, y las personas físicas y las sociedades anónimas de la región reciben el mismo tratamiento a efectos tributarios en cada uno de los países. El 1 de enero de 2003 se puso en marcha la unión aduanera y se adoptó el arancel externo común. El objetivo es que el mercado común del CCG entre en vigor en 2007 de acuerdo con un calendario bien definido de medidas intermedias.

En enero de 2003, las autoridades del CCG dieron los primeros pasos para la creación de una unión monetaria a más tardar en 2010 y vincularon formalmente sus monedas con el dólar de EE.UU. Con las políticas macroeconómicas de apoyo adecuadas, la unión monetaria reforzará los efectos beneficiosos de las medidas ya adoptadas para potenciar la integración y las reformas estructurales en curso. Si bien el comercio intrarregional es limitado, los países del CCG se ven afectados por perturbaciones comunes derivadas de la volatilidad del precio del petróleo; la unión monetaria planeada deberá fortalecer su capacidad para hacer frente a estas perturbaciones fomentando la coordinación de las políticas. También es probable que se reduzcan los costos de transacción y aumente la transparencia de los precios, lo que permitirá crear un entorno más estable para las empresas y facilitará las decisiones de inversión en un mercado más amplio. Además, es probable que las perspectivas de crecimiento regional mejoren como consecuencia de la unificación y el desarrollo de los mercados de bonos y acciones de la región, así como de la mayor eficiencia de los servicios financieros. No obstante, dado que la dotación de recursos es similar y la complementariedad entre los países del CCG es limitada, los efectos, en términos de creación de oportunidades de comercio, podrían ser relativamente pequeños. Por último, el costo de la unión monetaria para los países miembros —en pérdida de independencia en la política monetaria y de flexibilidad del tipo de cambio—probablemente será reducido, ya que con los regímenes de tipo de cambio fijo, no se ha recurrido a estos instrumentos desde hace mucho tiempo y, dada su fuerte dependencia del petróleo, las perturbaciones externas producen efectos similares en todos los países del CCG.

Pese a los avances logrados en materia de integración, las diferencias en la evolución de la situación económica y las preferencias en cuanto a las políticas obligarán a tomar decisiones cruciales para que la unión monetaria sea eficaz. Si bien la inflación tradicionalmente ha sido baja en los países del CCG, las tasas difieren de un país a otro, lo que ha hecho que los tipos de cambio efectivos reales basados en el IPC sigan trayectorias divergentes. También se han registrado disparidades en el crecimiento real, sobre todo en los sectores distintos del de hidrocarburos. Debido a las diferencias en cuanto a la dependencia del petróleo y en los niveles de gasto, no ha habido convergencia de los saldos fiscales y algunos países registran déficit. Al mismo tiempo, la deuda pública ha aumentado considerablemente en unos pocos países. Además, aunque en los países del CCG prácticamente no se aplican restricciones a los movimientos de capital se observan importantes diferencias en los sectores financieros y, en algunos países, los mercados de capital y de valores aún están en una etapa rudimentaria. También existen diferencias con respecto a las instituciones, sistemas jurídicos y prácticas reglamentarias. En la actualidad, las autoridades están tratando de eliminar estas diferencias con miras al diseño de la unión monetaria, al tiempo que continúan los esfuerzos por diversificar las economías, las exportaciones y los ingresos fiscales del CCG a fin de reducir la dependencia del petróleo. Se han emprendido iniciativas para seleccionar criterios cuantitativos de convergencia, coordinar las políticas en aspectos esenciales y diseñar las instituciones que sirvan de apoyo a la unión monetaria.

Deberán aplicarse medidas en tres ámbitos fundamentales.

  • Orientar las políticas económicas hada la futura unión monetaria. Para ello habrá que aplicar políticas fiscales prudentes en todos los países miembros a fin de promover la convergencia fiscal. En el marco de una política monetaria centralizada, la disciplina fiscal, incluida la reducción de la deuda pública, será crucial para evitar grandes diferencias en la orientación de la política fiscal entre los distintos países, lo que podría crear tensiones susceptibles de generar desacuerdo político y entorpecer el cumplimiento de otros requisitos clave para la convergencia macroeconómica. Además —dada la fuerte dependencia de los países del CCG de recursos tan volátiles como los ingresos provenientes de la exportación de petróleo y las diferencias en los niveles de reservas petroleras, las tasas de agotamiento y la riqueza financiera del Estado—la elección de los criterios de convergencia fiscal y las reglas fiscales básicas no será fácil. En el contexto de un marco fiscal a mediano plazo, podría considerarse la formulación de criterios de convergencia en forma de razón entre el saldo primario y el PIB excluido el petróleo y de una trayectoria bien definida de reducción de la deuda pública hasta una norma acordada. En vista de la evolución de las características de los intercambios comerciales y las estructuras económicas, podría reconsiderarse en el futuro la actual decisión de vincular la moneda común al dólar de EE.UU., una política que ha resultado útil para los países miembros del CCG a título individual en el pasado. También podría contemplarse la posibilidad de establecer una paridad fija frente a una cesta de monedas, e incluso un régimen cambiario más flexible. Obviamente, cada opción entraña sus propias consecuencias en materia de políticas y requisitos operativos. También habrá que considerar la elección de los tipos de cambio a los que se fijarán irrevocablemente los tipos bilaterales.
  • Crear las reglas e instituciones en las que se fundamentará la unión monetaria. En primer lugar, hay que sentar las bases para establecer las instituciones monetarias fundamentales, entre ellas un banco central común (responsable de las decisiones de política monetaria, la supervisión de los sistemas de pagos y la coordinación de los esfuerzos en pro de la integración financiera) y un conjunto único de instrumentos de política monetaria. Estas instituciones tendrán que apoyarse en un marco reglamentario, jurídico e institucional común. Otra tarea ardua será la formulación de los procedimientos presupuestarios reforzados y de un plan de contabilidad fiscal común que promuevan la convergencia, respetando al mismo tiempo las características individuales de los países miembros del CCG.
  • Mejorar la calidad de los datos y formular normas comunes en materia de estadísticas para facilitar la medición del proceso de convergencia. Un conjunto de datos común para todos los países del CCG podría ser instrumento muy valioso para determinar las políticas económicas de la unión en su conjunto.

Para que la unión monetaria tenga éxito también se requerirá un sólido compromiso político y la capacidad de ajustar las políticas económicas internas para hacer frente a las consecuencias de una moneda única. Concretamente, pese a que la dotación de recursos es bastante homogénea, en cada uno de los países del CCG los efectos de las perturbaciones exógenas comunes sobre el crecimiento y la inflación podrían ser diferentes. La experiencia de otras uniones monetarias demuestra que una política monetaria única quizá no siempre sea óptima para todos los integrantes de la unión. Por lo tanto, en la unión monetaria planeada tendrán más importancia las políticas estructurales que fomenten la flexibilidad de los mercados de trabajo y de productos.

Nota: Los autores principales de este recuadro son Zubair Iqbal y Ugo Fasano.

Se proyecta que en 2003 el crecimiento del PIB de África se incrementará levemente y los efectos expansivos de la recuperación mundial y el alza de los precios de los productos básicos no combustibles seguirán viéndose contrarrestados por factores locales desfavorables —especialmente las condiciones meteorológicas, la inestabilidad política y los conflictos—y la incertidumbre geopolítica (cuadro 1.11). En este contexto, se prevé que el crecimiento del PIB repuntará en el Magreb (gracias a las condiciones meteorológicas benignas, la política fiscal expansiva (Argelia) y las reformas económicas (Marruecos y Túnez)), en África occidental y central (impulsado por el incremento proyectado de la producción petrolera en Nigeria), y en el sur del continente (encabezado por Botswana, donde se prevé un aumento de la producción minera). En cambio, en las otras regiones se proyecta una disminución del crecimiento del PIB, sobre todo en el Cuerno de África (donde Etiopía sigue padeciendo una hambruna catastrófica), la zona del franco CFA (donde se prevé que la actividad en Cote d’Ivoire se reducirá por segundo año consecutivo a causa de la persistente inestabilidad política), la región de los Grandes Lagos (donde el turismo se ha visto afectado por riesgos relacionados con el terrorismo) y Sudáfrica (donde se están sintiendo parcialmente los efectos transitorios de una política más restrictiva). De cara al futuro, se proyecta un repunte importante del PIB en 2004, tanto para el continente en su conjunto como para la mayoría de sus principales regiones. Esta situación, sin embargo, depende esencialmente de una evolución más favorable de las condiciones meteorológicas y una reducción sustancial de la incidencia de conflictos y disturbios.

Cuadro 1.11.PIB real, precios al consumidor y saldo en cuenta corriente en algunos países de África(Variación porcentual anual, salvo indicación en contrario)
PIB realPrecios al consumidor1Saldo en cuenta corriente2
200120022003200420012002200320042001200220032004
África3,73,13,74,812,99,310,67,7–0,5–1,3–0,7–1,4
Maghreb4,33,35,74,12,62,12,22,87,24,15,83,2
Argelia2,64,15,93,84,21,42,33,512,97,712,27,5
Marruecos6,33,25,53,40,62,82,02,04,83,01,61,2
Túnez4,91,75,55,81,92,82,52,5–4,3–3,5–3,1–3,2
Subsahariana33,83,13,65,921,412,715,711,2–4,7–4,7–4,2–4,4
Cuerno de África6,13,82,66,41,83,610,36,2–11,0–8,2–7,6–7,6
Etiopía7,71,2–3,86,7–7,1–7,214,65,5–4,2–6,0–6,1–8,3
Sudán5,35,05,86,54,98,37,05,0–16,9–11,0–10,2–9,4
Grandes Lagos2,44,23,95,254,47,58,45,2–5,0–2,5–4,7–6,7
Congo, Rep. Dem. del–2,13,05,06,0357,927,79,16,0–4,7–2,9–3,2–7,0
Kenya1,21,01,32,64,92,012,43,9–3,50,5–3,1–6,9
Tanzanía6,16,35,56,35,24,65,35,0–5,0–2,7–7,3–6,5
Uganda5,56,65,46,04,5–2,05,95,9–7,6–6,4–5,7–5,8
África meridional2,82,02,66,435,238,848,835,9–6,5–3,8–4,8–3,9
Angola3,215,34,411,4152,6108,995,230,1–15,1–5,8–4,3–3,2
Zimbabwe–8,8–12,8–11,05,176,7140,0420,0380,0–3,8–2,3–3,2–9,6
África occidental y central4,02,84,15,711,68,08,55,8–2,3–5,2–2,9–3,1
Ghana4,24,54,75,032,914,826,48,6–5,30,6–1,4–1,6
Nigeria2,80,55,22,818,013,712,310,62,7–7,0–1,0–2,3
Zona del franco CFA4,93,93,27,94,13,62,82,6–6,1–4,0–3,6–3,0
Camerún45,36,54,04,42,86,32,52,1–1,7–7,2–5,5–5,8
Cote d’Ivoire0,3–1,8–3,03,04,43,13,52,9–0,79,37,75,3
Sudáfrica2,83,02,23,05,79,17,74,9–0,30,3–0,7–0,9
Partidas informativas
Importadores de petróleo3,82,93,24,911,98,410,27,6–2,7–2,0–2,6–2,7
Exportadores de petróleo3,23,75,54,216,512,512,08,35,30,54,92,5

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

No incluye Sudáfrica.

Las variaciones porcentuales de 2002 se calculan utilizando un período de 18 meses, debido al cambio del ciclo del ejercicio fiscal (de julio/junio a enero/diciembre).

De acuerdo con la práctica habitual de Perspectivas de la economía mundial, las variaciones de los precios al consumidor se indican como promedios anuales en lugar de variaciones durante el año transcurrido de diciembre a diciembre, como se suele hacer en algunos países.

Porcentaje del PIB.

No incluye Sudáfrica.

Las variaciones porcentuales de 2002 se calculan utilizando un período de 18 meses, debido al cambio del ciclo del ejercicio fiscal (de julio/junio a enero/diciembre).

No obstante, aunque África ha registrado un crecimiento resistente, no hay duda de que sigue siendo muy escaso. Para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio —sobre todo el de reducir a la mitad la pobreza entre 1990 y 2015—el crecimiento en África subsahariana tendrá que acelerarse apreciablemente, a alrededor del 7% anual, es decir, muy por encima de las tasas alcanzadas por los países que registraron resultados económicos más favorables durante la última década (alrededor del 5%). África todavía enfrenta numerosos y enormes problemas que obstaculizan el desarrollo: conflictos armados e inestabilidad política que socavan las bases macroeconómicas y el potencial de crecimiento a largo plazo; sistemas judiciales y jurídicos deficientes que no protegen adecuadamente los derechos de propiedad y entorpecen el financiamiento privado; condiciones meteorológicas adversas y desastres naturales que provocan una gran inestabilidad del producto y afectan el crecimiento potencial a largo plazo; infraestructura y condiciones de sanidad deficientes que frenan el aumento de la productividad y agravan los efectos negativos de la escasez de ahorro e inversión, y la pandemia del VIH/SIDA y las enfermedades tropicales que acortan la esperanza de vida y han incidido en las perspectivas de crecimiento de varios países. Como se destaca en la Nueva Asociación para el Desarrollo de África, para abordar estos problemas se precisa una estrategia multidimensional que incluya la aplicación de políticas orientadas a reducir los conflictos, proteger los derechos humanos y mejorar la gestión política; medidas orientadas a fomentar la competencia, el comercio y la inversión extranjera que refuercen el marco de política macroeconómica, y un enfoque de las políticas que se centre en el desarrollo de sectores que favorezcan a los pobres, como la salud, la educación, la infraestructura y la agricultura. Como se señaló, es esencial que las reformas internas vayan acompañadas de asistencia externa adicional, que comprenda mayores flujos de ayuda, alivio de la deuda y —quizá lo más importante—la eliminación de las restricciones que los países industriales imponen a las exportaciones de los países en desarrollo.

Con respecto a la ejecución de esta estrategia, cabe hacer hincapié en dos cuestiones. En primer lugar, como se destaca en la Nueva Asociación para el Desarrollo de África y se analiza exhaustivamente en la edición de abril de 2003 de Perspectivas de la economía mundial, deben redoblarse los esfuerzos para fortalecer las instituciones débiles, que en muchos países de África siguen siendo un lastre importante para el crecimiento. Varios países están logrando avances notables, por ejemplo, a través del fortalecimiento del marco reglamentario e institucional que regula la inversión privada (Ghana, Malí, Mauricio, Mozambique, Tanzanía y Uganda); el mejoramiento de la gestión de los ingresos provenientes de los recursos naturales (Botswana, Camerún y Tanzanía), y el fortalecimiento de la capacidad fiscal (Burkina Faso, Malí y Tanzanía). No obstante, queda mucho por hacer; como las instituciones suelen estar profundamente arraigadas en la historia y la cultura de un país, es crucial que estos países se identifiquen con los programas para garantizar que las reformas se conciban de acuerdo con las condiciones y circunstancias específicas de la región.

En segundo lugar, la experiencia de los países africanos que han registrado los mejores resultados confirma que las políticas sólidas rinden fruto (gráfico 1.18). Entre los distintos aspectos de estas políticas, se destacan tres8. Primero, la apertura comercial promueve el desarrollo y la transferencia de tecnología, y los resultados de las economías más abiertas suelen ser más favorables que los de las más cerradas9; asimismo, la apertura comercial fomenta la competencia, lo que a su vez tiende a reducir las ventajas que se derivan de la búsqueda de rentas oligopólicas y la influencia de los intereses creados. Segundo, es de vital importancia que los tipos de cambio y los precios sean adecuadamente flexibles en las economías sujetas a fuertes perturbaciones de los precios de los productos básicos, incluida la mayoría de las economías subsaharianas, que deben hacer frente, en promedio, a una mayor inestabilidad de los precios de las exportaciones de productos básicos que cualquier otra región de países en desarrollo. Por último, si la comunidad internacional, como cabe esperar, concreta el compromiso que asumió en Monterrey de incrementar marcadamente los flujos de ayuda, será necesario centrar los esfuerzos en el establecimiento de los requisitos previos que permitan aprovechar de manera racional estos recursos, y en la gestión prudente de las repercusiones macroeconómicas (recuadro 1.3). En este sentido, dado que los países africanos aún soportan cargas pesadas de deuda y carecen de la capacidad suficiente para asumir más riesgos, parecería muy conveniente que esta asistencia se proporcionara en forma de donaciones en lugar de préstamos.

Con respecto a las economías más grandes del continente, el crecimiento del PIB de Sudáfrica se ha desacelerado desde finales de 2002, debido a la aplicación de una política monetaria más restrictiva para hacer frente al aumento de las tasas de inflación por encima de la banda fijada como meta y a la atonía de la recuperación en los países industriales. Considerando que las presiones inflacionarias son ahora más moderadas, gracias al repunte del rand y al descenso de los precios de los alimentos, las tasas de interés se han reducido a un nivel adecuado; la demanda interna también se verá respaldada por un leve impulso expansivo del presupuesto para 2003/04. Por lo tanto, se prevé una desaceleración limitada y pasajera y una recuperación del crecimiento del PIB hasta un nivel del 3% en 2004. Las vulnerabilidades externas se han reducido considerablemente con el reciente cierre de la posición abierta neta a plazo del banco central; sin embargo, la economía sigue siendo susceptible a las incertidumbres mundiales, la evolución regional y las preocupaciones a largo plazo respecto del VIH/SIDA. El desafío fundamental de política económica a mediano plazo sigue consistiendo en impulsar el crecimiento a largo plazo con el objeto de reducir las elevadísimas tasas de desempleo y pobreza; esto, a su vez, exigirá mejorar sustancialmente el clima de inversión, mediante reformas del mercado laboral y la reducción de las desigualdades socioeconómicas.

En Nigeria, se proyecta una reactivación pronunciada del crecimiento global en 2003, favorecida por la evolución del mercado petrolero, al tiempo que se prevé que la actividad económica se mantenga vigorosa en los sectores no petroleros. El alza de los precios del crudo, junto con el pacífico cambio de gobierno producido tras las elecciones de abril y una política cambiaría orientada en mayor medida hacia el mercado, ha estabilizado la situación de las reservas internacionales, que se habían deteriorado notablemente durante 2002. No obstante, el país continúa siendo muy vulnerable a la evolución del mercado petrolero, así como a los disturbios políticos y civiles (como lo evidencian los constantes problemas del sector petrolero). Dado que se proyecta una caída de los precios del crudo en los años venideros y un nivel muy alto de deuda pública (70% del PIB), es crucial proceder sin demora al saneamiento de las finanzas públicas, que debería venir acompañado de un enfoque de la política fiscal basado en reglas, a fin de evitar los vaivenes económicos relacionados con el precio del petróleo, y de medidas que fortalezcan la transparencia y la eficiencia del gasto público. La política monetaria, a la que se imprimió una tónica bastante más expansiva a finales de 2002 y 2003, también deberá ser más restrictiva para lograr la meta de inflación de un solo dígito fijada por las autoridades para finales de 2003.

En Argelia, a pesar del terremoto que sacudió el centro del país en el mes de mayo, se proyecta que el crecimiento se afianzará aún más en 2003 gracias a las condiciones meteorológicas favorables y al dinamismo de la demanda de construcción creado no solo por las circunstancias demográficas sino también por las necesidades de reconstrucción. El equilibrio fiscal seguirá debilitándose en 2003 a causa del aumento de los gastos relacionados con el terremoto. Ante el panorama de los precios del petróleo y el deterioro de los saldos presupuestarios desde 2001, deberá aplicarse una orientación fiscal más restrictiva a partir de 2004 a fin de mantener la viabilidad de la deuda pública. Un asunto clave sigue siendo el alto nivel de desempleo, cuya reducción requerirá redoblar esfuerzos para acelerar la privatización y la reestructuración de las empresas públicas no financieras, lo que permitirá crear las condiciones necesarias para mejorar la situación del mercado inmobiliario, llevar adelante la reforma del sector bancario y liberalizar el comercio.

Apéndice 1.1. Perspectivas de los precios del petróleo a largo plazo

Los principales autores de este apéndice son Aasim Husain, Bright Okogu y Ximena Cheetham. Paul Nicholson y Chakriya Bowman contribuyeron a la labor de investigación. El apéndice está basado en conversaciones con analistas de Deutsche Bank, Goldman Sachs, J. P. Morgan, Energy Market Consultants, Center for Global Energy Studies, Oxford Institute for Energy Studies, BP y Shell, así como con funcionarios del Organismo Internacional de Energía (OIE) y la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

Los precios del petróleo siguen siendo decisivos para las perspectivas de la economía mundial, como lo han puesto de manifiesto recientemente sus bruscas fluctuaciones y las variaciones del ritmo de la actividad económica que las acompañaron. La caída del precio del petróleo que los mercados y los analistas esperan ver a mediano plazo debería crear una perspectiva alentadora para la economía mundial, pero una perturbación fuerte en el sector petrolero podría hacer que los precios difieran mucho de lo proyectado a largo plazo, con graves consecuencias para el panorama general.

En términos reales, los precios mundiales del petróleo han registrado una baja acusada desde fines de los años setenta, a medida que se suavizó el aumento de la demanda y se incrementó la oferta (gráfico 1.19)10. La eficiencia energética se ha incrementado continuamente a causa de las crisis petroleras de los años setenta, el aumento de los impuestos, una protección ambiental más rigurosa, el avance de la tecnología y los cambios de la estructura económica. Por lo tanto, la intensidad energética de la producción mundial —es decir, la cantidad de energía necesaria por unidad producida—ha disminuido a una tasa media anual del 1% en las tres últimas décadas11. El porcentaje que ocupa el petróleo dentro del consumo energético mundial también se redujo, a la vez que se extendió el uso de combustibles que emiten menos gases causantes del efecto de invernadero (como el gas natural); también influyó el hecho de que algunos países, buscando la autosuficiencia, hayan hecho un uso más intensivo de fuentes de energía propias, como la energía nuclear y el carbón.

Gráfico 1.19.Precios y consumo de petróleo

Fuentes: Organismo Internacional de Energía; Bloomberg Financial Markets, LP, y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Precio medio del petróleo de entrega inmediata.

2Según el precio de la variedad de crudo West Texas Intermediate.

El consumo mundial de petróleo ha aumentado a una tasa media anual de alrededor del 1,2% desde 1990; es decir, a menos de la mitad del ritmo de crecimiento de la economía mundial. La proporción del consumo mundial de petróleo de los países en desarrollo se ha acrecentado, ya que sus ingresos han aumentado más rápidamente que en el mundo industrial y tienen mayor propensión marginal a consumir productos energéticos. En lo que respecta a la oferta, el alza de los precios del petróleo registrada en la década de los años setenta estimuló la inversión en exploración y desarrollo de la capacidad de producción, sobre todo en los países que no pertenecen a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Por ende, el porcentaje de la producción mundial de petróleo de la OPEP se redujo de aproximadamente la mitad a principios de los años setenta a menos de un tercio a mediados de los años ochenta. La fuerte caída de los precios del petróleo a mediados de los años ochenta hizo menguar la inversión en el sector, sobre todo en los países que no pertenecen a la OPEP, y estimuló la demanda. Como consecuencia, se redujo la producción fuera de la OPEP y esta organización, que tenía una capacidad disponible sustancial, pudo incrementar la propia, y su participación en el mercado recuperó el terreno perdido hasta superar el 40%. Sin embargo, en los últimos años, la participación de esta organización ha vuelto a reducirse debido al fuerte aumento de la producción de otros países, especialmente Rusia. La presión bajista a la que se ha visto sometido el precio real del petróleo en las tres últimas décadas también se debe al abaratamiento de la producción gracias al progreso tecnológico, que ha acrecentado las reservas petroleras mundiales recuperables, haciéndolas más accesibles.

La volatilidad de los precios del crudo se ha agudizado durante la última década. Entre las causas cabe mencionar las limitaciones de la capacidad de producción disponible —concentrada prácticamente en su totalidad en los países de la OPEP—y la disminución de las existencias de crudo y derivados en la industria privada, sobre todo en Estados Unidos pero también en otros países de la OCDE (gráfico 1.20), ya que no es tan fácil reaccionar ante sacudidas pasajeras incrementando la producción o ajustando las existencias12. La variación de los niveles de producción de la OPEP —por ejemplo, las perturbaciones temporales de la producción y exportación iraquíes en el marco del programa de canje de petróleo por alimentos desde fines de los años noventa—probablemente haya contribuido a la volatilidad de los precios mundiales del petróleo, al igual que los disturbios geopolíticos y los efectos meteorológicos sobre la demanda. La sincronía cada vez mayor entre los ciclos económicos de las principales economías, que ha intensificado la fluctuación de la demanda mundial de petróleo, posiblemente también haya incrementado la amplitud del movimiento de los precios13.

Gráfico 1.20.Existencias de petróleo

Fuentes: Departamento de Energía de EE.UU.; American Petroleum Institute; Organismo Internacional de Energía, y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Promedio de cada mes civil durante 1992-2002, más o menos 75 millones de barriles.

Se sabe desde hace tiempo que un movimiento marcado del precio del crudo tiene un efecto sustancial sobre la economía mundial (gráfico 1.21). Las crisis petroleras de los años setenta y las consiguientes desaceleraciones de la economía mundial ponen de relieve la dependencia del petróleo en el mundo entero. Lo mismo sucedió en 1990 y 2000. De hecho, el aumento tanto del nivel como de la volatilidad de los precios del petróleo en 2002 y principios de 2003 puede haber contribuido a que la recuperación mundial haya sido inferior a la prevista. En estudios cuantitativos se ha demostrado que existe una relación importante entre el precio del petróleo y la actividad económica. En un análisis reciente, el personal técnico del FMI evaluó cinco canales a través de los cuales la variación del precio del petróleo puede afectar al crecimiento mundial —la transferencia de ingresos de los consumidores de petróleo a los productores, la variación del costo de producción de bienes y servicios, los efectos sobre el nivel general de precios y de inflación, los efectos sobre los mercados financieros, y la reacción de la oferta (mediante la inversión) y la demanda de petróleo ante las variaciones del precio—y concluyó que un aumento sostenido de $5 el barril reduciría el crecimiento de la economía mundial en conjunto un 0,3% el año siguiente14. En trabajos posteriores se ha intentado evaluar también el efecto de la confianza y la incertidumbre de los mercados financieros sobre la actividad económica15. En vista de que los bruscos aumentos registrados en los precios del petróleo suelen estar vinculados a fuertes disminuciones de la confianza y de los precios de los activos financieros porque existen causas fundamentales en común, es posible que la correlación entre los precios del petróleo y la economía mundial sea aún más estrecha.

Gráfico 1.21.Crecimiento de la economía mundial y precios del petróleo

Fuente: Estimaciones del personal técnico del FMI.

Evolución reciente y perspectivas a corto plazo

Los bruscos aumentos y las rápidas caídas que han registrado recientemente los precios del petróleo han puesto de relieve su inestabilidad. En marzo de 2003, cuando no quedaba duda de que habría una ofensiva militar contra Iraq, los precios bajaron de $34 a $25,5 el barril en cuestión de dos semanas. Las perturbaciones de la oferta por causas bélicas se limitaron a Iraq, ya que los aumentos de la producción por parte de otros miembros de la OPEP compensaron en términos generales la pérdida de las exportaciones de crudo iraquí y la pérdida parcial de la producción nigeriana por disturbios civiles en marzo y abril. La recuperación de la producción venezolana tras las huelgas que afectaron al sector se produjo con más rapidez de la esperada, aunque su alcance y sostenibilidad están en duda. La producción saudita también aumentó sustancialmente entre marzo y mayo. La disminución estacional del consumo, tras el aumento de la demanda a causa de las temperaturas anormalmente bajas durante el invierno estadounidense y canadiense, también empujó a la baja los precios. Sin embargo, las existencias de la industria, que a principios de 2003 habían caído a un mínimo no registrado en décadas, siguieron siendo bajas; este factor —sumado a la mayor demanda de las plantas generadoras de electricidad estadounidenses, al anuncio de un recorte de las metas de producción de la OPEP16, y a problemas en la recuperación de la producción petrolera iraquí—hizo aumentar los precios desde mayo.

La trayectoria del precio del petróleo implícita en contratos de futuros recientes lleva a pensar que los mercados esperan que los precios se mantengan cerca de los niveles actuales hasta fines de 2003, para disminuir luego a alrededor de $25 el barril a fines de 2004. El nivel persistentemente bajo de las existencias, nuevos retrasos en la recuperación de la producción iraquí, y las dificultades que siguen aquejando al sector de la energía nuclear en Japón y del gas natural en Estados Unidos —causantes de un aumento considerable del uso de petróleo para generar electricidad durante el pasado año—podrían dar sostén a los precios a corto plazo, o incluso hacerlos subir17.

Sin embargo, muchos analistas piensan que para fines del año próximo los precios podrían sufrir una fuerte caída —ubicándose muy por debajo de lo que reflejan los precios actuales de los contratos de futuros—una vez que se hayan repuesto las existencias y que Iraq haya devuelto la producción a los niveles anteriores a la guerra. Para fines de 2004 o principios de 2005, se prevé la entrada en producción de varios proyectos importantes de inversión en plataformas de alta mar en el oeste de África, Brasil y el lado estadounidense del Golfo de México; asimismo, se espera aumentar el potencial de exportación de la región del Caspio cuando se termine el oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan. En esas circunstancias, a menos que se produzcan perturbaciones meteorológicas o de otro tipo que afecten a la demanda, o que vuelvan a brotar tensiones políticas en Nigeria, Venezuela u otros países que incidan en la oferta, el precio del petróleo podría verse sometido a una considerable presión a la baja, siempre que la OPEP y otros productores importantes no reduzcan la producción.

La divergencia entre las previsiones de precios de los analistas para el año próximo y los precios implícitos en los contratos de futuros actuales puede estar vinculada a la posibilidad —por remota que sea—de que los precios se disparen a causa de una fuerte sacudida. El precio de los futuros —que representa la expectativa del mercado en cuanto al promedio ponderado según la probabilidad de todos los precios que podrían registrarse en una fecha determinada—no se corresponde necesariamente con el desenlace más probable. Por ejemplo, si hubiera en los mercados una expectativa abrumadora (es decir, con una probabilidad del 80%) de que los precios bajen a $20 el barril, pero al mismo tiempo existiera cierta posibilidad (20%) de que una sacudida pudiera empujarlos a $40 el barril en un momento en que las existencias estén bajas, el precio de los futuros rondaría los $24 el barril; es decir, muy por encima del precio considerado más probable18. A juzgar por datos recientes de contratos de opciones, las expectativas están un poco distorsionadas: a fines de agosto de 2003, los mercados parecían calcular una probabilidad de casi el 60% de que los precios al contado a mediados de 2004 serían inferiores a los precios de los futuros de ese momento (alrededor de $26 el barril), y una posibilidad de solo el 40% de que los precios al contado estuvieran por encima de los precios de los futuros.

Perspectivas a largo plazo

Las proyecciones a largo plazo de los precios del petróleo están sujetas a un alto grado de incertidumbre. Casi todas las previsiones de 1981 contemplaban un ascenso gradual de los precios hasta una cifra superior a $100 el barril a mediados de los años noventa, cuando empezaran a disminuir las reservas mundiales de petróleo y la producción mundial de crudo alcanzase su tope (gráfico 1.22). En realidad, esos temores resultaron exagerados. Si bien las perturbaciones han contribuido al aumento de la volatilidad de los precios del crudo, los avances tecnológicos, los cambios en las políticas ecológicas y los impuestos, y las transformaciones de la estructura de las economías en todo el mundo han evitado que se materialice la tendencia alcista prevista para los precios del petróleo. De hecho, las previsiones de precios a largo plazo se han revisado constantemente a la baja. Incluso las cifras de casi todas las previsiones de 1989, que predijeron correctamente precios superiores a $30 el barril en 2000, en la actualidad parecen demasiado elevadas. Según esas previsiones, los precios del crudo en 2004—05 superarían los $35 el barril, cerca de $12 por encima del nivel implícito en los actuales contratos de futuros que vencerán en ese período.

Gráfico 1.22.Previsiones históricas de los precios del petróleo

(Dólares de EE.UU. de 2002 el barril)

Fuentes: Bloomberg Financial Markets, LP; Goldman Sachs (2002), y estimaciones del personal técnico del FMI.

1Promedio de las previsiones a largo plazo preparadas por el Departamento de Energía de EE.UU. y el Taller Internacional de Energía para 1981, 1985, 1990 y 1997, respectivamente.

2Precio de entrega inmediata de la variedad de crudo West Texas Intermediate.

Los actuales contratos de futuros del crudo que vencen en 2008 y años posteriores parecen indicar una nueva disminución de los precios del petróleo hasta un nivel de aproximadamente $22 el barril a largo plazo. Pese a los escasos volúmenes de negociaciones de contratos de futuros con vencimientos distantes, parece haberse generalizado la opinión de que los precios del petróleo probablemente seguirán disminuyendo. De hecho, muchos analistas del mercado creen que, siempre que no se produzcan graves perturbaciones de la oferta, los precios a largo plazo del petróleo fácilmente podrían bajar, quizás a una gama de $16 a $20.

Las proyecciones para el aumento de la demanda mundial de petróleo formuladas por varias entidades y analistas se sitúan en una esfera del 1%-2% al año a largo plazo. En el supuesto de que descienda constantemente la intensidad energética del producto mundial a un ritmo ajustado a la tendencia de los tres últimos decenios, y de que se produzca un nuevo descenso moderado de la participación del petróleo en el consumo primario de energía, este nivel de aumento de la demanda de petróleo sería generalmente congruente con un aumento real del PIB mundial, ponderado en función de la paridad del poder adquisitivo, del 3%–4% al año. La mayor parte del aumento de la demanda a más largo plazo provendrá de los países en desarrollo, donde la elasticidad-ingreso de la demanda de petróleo y la tasa de crecimiento del ingreso real serán, de acuerdo con las previsiones, mayores que en las economías industriales. Según las proyecciones preparadas por el OIE, por ejemplo, se prevé que la participación de la demanda primaria de energía del mundo correspondiente a los países en desarrollo subirá del 30% en 2000 al 34% en 2010. El consumo de petróleo en China, en particular, crecerá aceleradamente, según las previsiones, y sus importaciones netas de petróleo llegarán a 9,8 millones de barriles diarios (mbd) en 2030, casi el mismo nivel de importaciones netas de Estados Unidos en 200019.

Si bien el crecimiento económico mundial probablemente seguirá siendo el principal factor determinante de la demanda de petróleo, importantes avances tecnológicos o cambios en las políticas energéticas podrían producir efectos notables. La mayoría de las previsiones de la demanda tienen en cuenta las constantes mejoras de la tecnología en materia energética y la eficiencia energética, incluido un mayor uso de fuentes alternativas, como el gas natural. No obstante, los grandes adelantos técnicos y la acusada reducción de los costos en sectores que se encuentran actualmente en desarrollo —como la energía basada en el hidrógeno y las celdas de combustible—podrían alterar profundamente los perfiles de consumo del petróleo. Del mismo modo, los ajustes radicales de la política pública, entre ellos las modificaciones de las tasas impositivas aplicadas a los productos energéticos y/o las nuevas medidas que se adopten para reducir la dependencia de productos energéticos importados, o el aumento de la protección del medio ambiente, también podrían colocar a la demanda mundial de petróleo en una trayectoria muy diferente. Aun si no entra en vigor a mediano plazo el Protocolo de Kioto sobre las emisiones de gases que producen el efecto invernadero, es muy posible que algunos países endurezcan sus reglas ambientales con miras a reducir las emisiones, posiblemente a través de mayores impuestos a la energía o el uso obligatorio de combustibles que hacen uso menos intensivo del carbono20.

En cuanto a la oferta, existe un amplio consenso entre los analistas del mercado y los institutos de energía en torno a la suficiencia de las reservas mundiales de petróleo para satisfacer la demanda a largo plazo (cuadro 1.12). La tasa de reemplazo de las reservas mundiales se encuentra actualmente muy por encima del 100%, lo que significa que los nuevos descubrimientos y la ampliación de los yacimientos existentes están compensando con creces el consumo actual de petróleo. Además, se prevé que las mejoras tecnológicas facilitarán aún más el acceso a las reservas existentes —entre ellas los yacimientos petrolíferos de aguas profundas y los crudos no convencionales, como las arenas bituminosas canadienses—y una reducción adicional de los costos de producción21. No obstante, se requerirán enormes inversiones, una gran proporción de ellas en países en desarrollo, para elevar la capacidad de producción a fin de atender la demanda proyectada22.

Cuadro 1.12.Reservas y producción de petróleo
Reservas

comprobadas1

(miles de

millones de)

barriles)
Producción

de 2002

(millones de

barriles diarios)
Petróleo convencional1.04873,1
Arabia Saudita2627,6
Iraq1132,0
Emiratos Árabes Unidos982,0
Kuwait971,9
Irán, República Islámica del903,5
Venezuela782,3
Rusia607,7
Estados Unidos308,1
Libia301,3
Nigeria242,0
China183,4
Qatar150,6
México133,6
Noruega103,3
Argelia90,9
Kazajstán90,9
Brasil81,7
Indonesia51,1
Reino Unido52,5
Otros7520,2
Recursos convencionales no descubiertos939
Petróleo canadiense y crudo bituminoso pesado venezolano580
Fuente: BP; Organismo Internacional de Energía (OIE), y estimaciones del personal técnico del FMI.

El petróleo que ha sido descubierto y que se considera que será económicamente recuperable se denomina reserva comprobada. El petróleo que se cree que existe y se prevé que será económicamente recuperable se denomina recurso no descubierto. Los datos correspondientes a Arabia Saudita y Kuwait incluyen la mitad de las reservas y la producción de la Zona Neutral.

Fuente: BP; Organismo Internacional de Energía (OIE), y estimaciones del personal técnico del FMI.

El petróleo que ha sido descubierto y que se considera que será económicamente recuperable se denomina reserva comprobada. El petróleo que se cree que existe y se prevé que será económicamente recuperable se denomina recurso no descubierto. Los datos correspondientes a Arabia Saudita y Kuwait incluyen la mitad de las reservas y la producción de la Zona Neutral.

Se prevé que la participación de las principales regiones productoras de petróleo del mundo cambiará en el curso del tiempo, con un aumento de la importación de petróleo y productos petroleros por parte de los países que más lo consumen. Han cobrado impulso las tasas de declinación natural de varios yacimientos maduros de países de la OCDE, especialmente en el mar del Norte y en Estados Unidos23. Si bien el aumento de los precios del crudo y de las tasas de perforación en los últimos años podrían impulsar la producción a corto plazo, el producto de estos yacimientos probablemente empezará a disminuir a más largo plazo. Una excepción a esta tendencia descendente en los países de la OCDE podría ser el caso de Canadá, donde es muy posible que el aumento de la inversión para explotar los recursos correspondientes a las arenas bituminosas contrarreste la disminución de la producción de petróleo mediante métodos tradicionales. Según las previsiones de referencia del OIE, las importaciones netas de petróleo por parte de los países de la OCDE subirán de 23,6 mbd en 2000 a casi 30 mbd en 201024.

La producción podría aumentar en varios países que no pertenecen a la OPEP. La producción de petróleo en Rusia, que de más de 11 mbd en 1987 (alrededor del 18% de la producción mundial) había descendido a 6 mbd en 1996, ha repuntado hasta alcanzar el nivel actual de 8 mbd, principalmente gracias a las inversiones efectuadas en reparaciones y mantenimiento. Es muy probable que estas inversiones eleven aún más la producción, pero la red de transporte petrolero de Rusia está empezando a limitar su capacidad de exportación de crudo. De hecho, las exportaciones de petróleo se sitúan actualmente en sus niveles históricos más elevados debido a que el consumo interno, que también cayó en forma acusada a principios de los años noventa, no ha repuntado significativamente. Para estimular aún más el potencial de exportación se iniciaron proyectos de construcción de oleoductos, como el que conecta con China, que se encuentran en diversas etapas de planificación y ejecución. Estos proyectos, junto con la inversión futura en grandes proyectos de perforación, contribuirían a un nuevo aumento de la producción y la exportación de petróleo a largo plazo, aunque las opiniones de los analistas difieren considerablemente en cuanto a la magnitud del aumento de la capacidad de producción petrolera de Rusia y el momento en que éste se producirá. Fuera de Rusia, se prevé que otros importantes proyectos de construcción de oleoductos y de inversión, como el oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan, eleven la producción de petróleo y el potencial de exportación de los países de la región del mar Caspio, especialmente Azerbaiyán y Kazajstán. Los recientes descubrimientos de importantes reservas petroleras en el mar han mejorado las perspectivas de producción a largo plazo de Brasil y Angola, aunque la materialización de este potencial de producción dependerá de la aplicación exitosa de tecnologías avanzadas para alta mar. Las proyecciones de los analistas también contemplan aumentos de la producción en otros países de África occidental, y de petróleo no convencional en Venezuela.

Los países miembros de la OPEP, donde se concentra la mayor parte de las reservas de petróleo del mundo y se registran los costos de producción más bajos, obviamente tienen el potencial para incrementar acusadamente la capacidad de producción a largo plazo. El volumen efectivo del aumento, sin embargo, dependerá de las expectativas con respecto al aporte de la OPEP —la diferencia entre la demanda mundial de petróleo y la oferta de los países que no pertenecen a la OPEP—y la disponibilidad de fondos para inversión. En vista de la elevada tasa de crecimiento de la población y de la alta proporción de jóvenes en la estructura demográfica de muchos países de la OPEP, es probable que se intensifiquen las presiones para el aumento del gasto social. Esto podría limitar la inversión necesaria para ampliar la capacidad de producción petrolera a largo plazo, especialmente en vista de que el alcance de la inversión extranjera está restringido por la prohibición de la participación extranjera en el sector petrolero primario de varios países. También existe gran incertidumbre con respecto al aporte de la OPEP a mediano y largo plazo, sobre todo en vista de la amplia gama de previsiones de la demanda mundial de petróleo y la incertidumbre que rodea al momento y el grado de ampliación de la oferta de los países no integrantes de la OPEP. Algunos analistas consideran que la OPEP seguirá perdiendo participación en el mercado a más largo plazo, mientras que otros creen que habrá cierto aumento de la producción de la OPEP para compensar la disminución de los yacimientos maduros en otras partes del mundo.

Otro factor clave de incertidumbre es el relacionado con Iraq. En vista de las enormes reservas petroleras de este país, parece factible un aumento de su capacidad de producción, de los 2,5-3 mbd actuales a 6 mbd a largo plazo. Sin embargo, las opiniones varían mucho con respecto al tiempo que ello podría demorar y la inversión que supondría. Algunos analistas creen que con una mejora razonablemente rápida de la seguridad podría llegar inversión extranjera y podría duplicarse la capacidad de producción en cinco años. Otros observan que incluso con la mejora de la seguridad, llevará algún tiempo crear un clima favorable para la inversión y en este decenio es poco probable que se logre un aumento apreciable de la capacidad.

Repercusiones para la economía mundial

La disminución prevista de los precios del petróleo a corto plazo debería ayudar a afianzar la recuperación de la economía mundial, y las posibilidades de una nueva disminución de los precios deberían apuntalar las perspectivas para la economía mundial a más largo plazo. De hecho, las perspectivas mundiales podrían resultar más favorables de lo previsto si, como prevén muchos analistas, los precios del petróleo disminuyen a un ritmo más acelerado que el precio implícito en los contratos de futuros, en los que se basan las proyecciones macroeconómicas mundiales. Al mismo tiempo, la disminución de los precios del petróleo debilitaría las perspectivas de crecimiento de los países exportadores de crudo y, en algunos casos, afectaría su viabilidad fiscal.

Sin embargo, es probable que los precios del petróleo sigan siendo volátiles y las perturbaciones futuras podrían afectar nuevamente las perspectivas económicas. Los factores de incertidumbre que rodean a las perspectivas a corto y largo plazo de la demanda y la oferta mundiales de petróleo parecen indicar que los precios podrían desviarse considerablemente de la trayectoria implícita en los mercados de futuros. Si continúa la tendencia a la baja de las existencias del sector petrolero, el efecto de las perturbaciones sobre los precios del crudo podría amplificarse, generando una mayor volatilidad. Una nueva reducción de la capacidad de producción ociosa también tendría el mismo efecto. Además, puesto que los proyectos de inversión en el sector petrolero tienden a ser cuantiosos, la producción reacciona ante los precios con un desfase y de manera escalonada. Esta trayectoria podría explicar por qué las perturbaciones tienen efectos persistentes sobre los precios del petróleo, y quizás también podría indicar que el eventual ajuste (cuantioso) de la producción podría traducirse en un fuerte movimiento de los precios en sentido contrario.

La mayor cooperación entre los países productores y consumidores de petróleo podría ayudar a reducir la volatilidad de los precios, lo que aminoraría la incertidumbre en torno a las perspectivas del crecimiento mundial a largo plazo. A esos fines, se estableció en 1991 el Foro Internacional de la Energía (FIE) para fomentar el diálogo entre los productores y consumidores de productos energéticos. La participación en las reuniones ministeriales del FIE ascendió a 65 países en el último decenio, y pronto se establecerá una secretaría del FIE en Riyad. Entre las importantes iniciativas emprendidas por el FIE, en colaboración con varios organismos y foros internacionales, figuran el proyecto conjunto para evaluar y mejorar la cantidad, calidad y puntualidad de los datos mensuales sobre el petróleo, y los esfuerzos por acrecentar el flujo de información transparente sobre la evolución del mercado petrolero.

Apéndice 1.2. Precios de los productos básicos no energéticos y mercados de semiconductores

Los principales autores de este apéndice son Aasim Husain y Ximena Cheetham. Iván Guerra y Paul Nicholson contribuyeron a la labor de investigación.

Los precios de los productos básicos no energéticos se vieron afectados en el primer semestre de 2003 por la atonía de la demanda generada por factores de incertidumbre relacionados con la guerra y el síndrome de insuficiencia respiratoria aguda (SARS), así como por el ritmo de la actividad económica más lento de lo previsto. Además, al ceder un poco algunas de las perturbaciones de la oferta ocurridas el año pasado —principalmente las relacionadas con el clima—desapareció parte del aumento de los precios registrado en los últimos meses de 2002. En consecuencia, en el primer semestre del año, el índice de precios de los productos básicos no energéticos cayó 3,8% en términos de DEG, pero a raíz de la depreciación del dólar de EE.UU. frente a otras monedas principales, los precios de estos productos subieron en dólares 1,6% durante el primer semestre de 2003.

De cara al futuro, se prevé que el crecimiento más firme de la demanda a medida que cobre impulso la recuperación mundial originará cierto afianzamiento de los precios de los productos básicos no energéticos hacia el final de este año y en el siguiente; no obstante, en vista del descenso de los precios en lo que va del año, el índice medio anual bajará cerca de 2½% en términos de DEG (pero subirá 5% en dólares) en 2003, y se recuperará un 2% en 2004. Además de la posibilidad de que se produzcan nuevas perturbaciones de la oferta relacionadas con el clima u otros factores, las perspectivas de los precios de los productos básicos no energéticos obviamente se verán afectadas por el ritmo de la reactivación económica mundial, sobre todo los precios de los productos que más dependen de fluctuaciones cíclicas, como los metales industriales.

La evolución reciente de los precios de los metales industriales pone de manifiesto su relación con la actividad industrial mundial (gráfico 1.23). Los precios de los metales bajaron en términos de DEG durante el segundo y tercer trimestre del año pasado a medida que se deterioraban las perspectivas económicas mundiales, para repuntar moderadamente hacia el final de 2002 y el comienzo de 2003 ante el fortalecimiento de los indicadores económicos globales. No obstante, los precios de los metales industriales retrocedieron una vez más en el segundo trimestre del presente año al resultar el ritmo de la reactivación mundial más moderado de lo previsto anteriormente.

Gráfico 1.23.Productos básicos no energéticos y semiconductores

Fuentes: World Semiconductor Trade Statistics; Semiconductor Equipment and Materials International, y estimaciones del personal técnico del FMI.

Los precios de las materias primas agrícolas y los productos básicos para alimentos y bebidas también han perdido impulso durante el presente año, aunque esto parece guardar relación principalmente con el hecho de que se disiparon las principales perturbaciones de la oferta ocurridas el año pasado. Entre los productos alimenticios, los precios de los cereales han descendido acusadamente frente a los valores máximos del año pasado, que fueron inducidos por la sequía, y ahora se sitúan cerca de los niveles medios (en términos de DEG) de 2001. Los precios de los aceites vegetales y las harinas también han bajado este año, pero se han sustentado gracias a un cuantioso incremento de las importaciones de China. En lo que se refiere a las bebidas, los precios del cacao han bajado acusadamente debido a que la producción aumentó más de lo previsto y a que no se materializaron las perturbaciones que iban a afectar a las entregas de exportaciones debido a los disturbios civiles en Cote d’Ivoire. Si bien los efectos de la sequía del año pasado han empezado a disiparse, los precios del café se apuntalaron en los últimos meses debido a la destrucción de cultivos y al aumento de la retención de exportaciones en algunos países productores. En cuanto a las materias primas de origen agropecuario, los precios de la lana han descendido mucho en los últimos meses al desacelerarse fuertemente la importación de este producto en China debido a las inquietudes relacionadas con el SARS. Los precios del algodón, si bien se sitúan muy por encima de los niveles del año pasado, también han bajado en los últimos meses debido al crecimiento menos vigoroso de la demanda en EE.UU. Los precios del caucho, en cambio, subieron en el primer semestre de 2003 a raíz del aumento de la demanda de los productores de neumáticos, particularmente en China.

Las ventas mundiales de semiconductores y otros indicadores de la actividad del sector han empezado a recuperarse de los retrocesos sufridos durante los primeros meses del año a causa del débil ritmo de la actividad económica mundial y las inquietudes relacionadas con el SARS. No obstante, los indicadores anticipados, como los pedidos de equipos empleados para la producción de semiconductores y las encuestas sobre los planes de las empresas sobre inversión en tecnología de la información siguen siendo endebles. Si bien los precios de las acciones del sector tecnológico rebasaron índices bursátiles más amplios desde principios de 2003, las perspectivas para el sector siguen estando vinculadas a las de la economía global.

Referencias

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1Véase en la edición de septiembre de 2003 de Global Financial Stability Report un análisis detallado de la evolución de los mercados financieros.
2En los 10 últimos años, en la segunda edición de Perspectivas de la economía mundial se ha venido sobreestimando, en promedio, en 1,5 puntos porcentuales el crecimiento de África subsahariana durante el año siguiente, debido en parte, a que no se materializaron las expectativas.
3Véase un análisis detallado en Kumar y otros (2003).
4Véase “¿ En qué medida preocupan los desequilibrios externos?”, capίtulo II de la edición de septiembre de 2002 de Perspectivas de la economίa mundial.
5Véase “Cooperación en el comercio y la integración financiera internacional”, discurso pronunciado por Horst Kóhler, Director Gerente del FMI, en la reunión del Consejo General de la OMC en Ginebra, 13 de mayo de 2003 (publicado, en inglés, en Internet: http://www.imf.org/external/np/speeches/2003/051303.htm).
6Véase “¿Ha muerto la Nueva Economía?”, recuadro 1.2 de la edición de abril de 2003 de per spectivas de la economía mundial.
7Los países miembros del Consejo para la Cooperacion en el Golfo (CCG) son Arabia Saudita, Bahrein, los Emiratos Arabes Unidos, Kuwait, Oman y Qatar.
8Véase también Rogoff (2003).
9Véase el capítulo III de la edición de septiembre de 2002 de Perspectivas de la economía mundial y las referencias incluidas en el mismo.
10Salvo indicación en contrario, los precios del petróleo se refieren al promedio simple de los precios de entrega inmediata de las variedades de crudo West Texas Intermediate, U. K. Brent y Dubai.
11Véase OIE (2000), págs. 56–60.
12La adopción de métodos más eficientes, como la gestión de existencias “justo a tiempo”, los avances tecnológicos y la aparición de nuevos futuros y opciones que ofrecen resguardo frente al riesgo del precio del petróleo han permitido reducir en parte las existencias comerciales sin sacrificar la flexibilidad.
13El capítulo II de la edición de octubre de 2001 de Perspectivas de la economía mundial documenta el aumento de la sincronía entre los ciclos económicos.
14FMI (2000). Véase también el capítulo VI de FMI (2003c), donde se analizan los efectos que tienen en la economía estadounidense las perturbaciones de los precios de la energía.
15Véase el apéndice 1.2, “¿Cómo afectará la guerra en Iraq a la economía mundial?”, de la edición de abril de 2003 de Perspectivas de la economía mundial.
16Aunque a mediados de mayo se anunció un aumento de la meta de producción (con vigencia a partir del 1 de junio), este nuevo nivel era inferior a la producción efectiva de abril y mayo.
17El alza de los precios del gas natural en Estados Unidos durante los últimos meses y el aumento correspondiente del consumo de petróleo también han contribuido al bajo nivel de las existencias comerciales de petróleo en el país. Véase en el capitulo VII de FMI (2003c) un análisis de la tributacion de la energia en Estados Unidos.
18Los cálculos realizados con datos sobre opciones de Melick y Thomas (1997) indican que a mediados de enero de 1991, cuando se puso en marcha la ofensiva militar contra Iraq y los mercados parecían atisbar cierto riesgo de interrupcion de la oferta de petroleo, las expectativas se distorsionaron. Aparentemente, los mercados calcularon una probabilidad de tres cuartos de que los precios cayeran por debajo de $30 el barril para abril, pero también una posibilidad de alrededor del 15% de que superaran los $50 el barril.
19Véase OIE (2002), págs. 58–69, 89–94 y 237–68.
20Okugo (1995) señala que las tasas impositivas aplicadas a la gasolina, basadas en datos del OIE, se situaban entre el 60% y el 80% en la mayoría de los países de la OCDE en 1993, con la importante excepción de Estados Unidos, donde equivalía a aproximadamente el 30%.
21Según el OIE (2001), los costos totales de producción —que incluyen la extracción, producción y costos de descubrimiento y desarrollo—para las instalaciones de producción de arenas bituminosas canadienses oscilan entre $5 y $16 el barril. En comparación, el OIE (2001) y Goldman Sachs (2002) estiman que los costos totales de producción en Oriente Medio y Rusia oscilan entre $4 y $5 el barril y en Europa y Estados Unidos entre $10 y $11.
22Las proyecciones de los analistas indican que haría falta una inversión mundial de $1 billón en diversas etapas de la cadena de producción de petróleo entre 2000 y 2030 para satisfacer la demanda. De este monto, una parte importante tendría que ser invertida en países en desarrollo.
23A los países de la OCDE les correspondía alrededor del 29% de la producción mundial de petróleo de 76,6 mbd en 2002. La tasa natural de reducción se refiere a la tasa de disminución de la producción sin que se efectúen nuevas inversiones en perforación de pozos adicionales o en técnicas más avanzadas de recuperación.
24Véase OIE (2002), cuadros 3.1 y 3.4. Según las proyecciones del OIE., la importación neta de petróleo de los países de la OCDE, como porcentaje de la producción petrolera de los países que no pertenecen a la OCDE, disminuirá ligeramente, de 44% en 2000 a 43% en 2010.

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