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Capítulo III. ¿Cómo afectará el cambio demográfico a la economía mundial?

Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
November 2004
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Es posible, al parecer, que una sociedad en la cual va disminuyendo la proporción de jóvenes corra el riesgo de no ser ya progresiva y de rezagarse en relación con otras comunidades, no solo en eficiencia técnica y bienestar económico sino también en materia de logros intelectuales y artísticos.

—Extraído de The Report of the Royal Comission on Population, Reino Unido, 1949

El mundo se encuentra inmerso en una transición demográfica de envergadura: no solo pierde velocidad el aumento de su población, sino que la estructura de edades está cambiando, ya que la proporción de jóvenes baja y la de los ancianos sube. Pero cada país y cada región se encuentran en una etapa distinta de esta transición demográfica. En los países más avanzados el proceso de envejecimiento se ha iniciado hace ya tiempo, y en varios países en desarrollo de Asia oriental y sudoriental, así como de Europa central y oriental, se producirá también un significativo envejecimiento a partir de 20201. Pero en otros países en desarrollo, la transición demográfica no ha avanzado tanto y, en las próximas décadas, aumentará su población en edad de trabajar.

La relación entre el aumento de la población y la economía es, desde hace tiempo, tema de debate entre los estudiosos y las autoridades que tienen a su cargo la formulación de políticas. Thomas Malthus, en su Ensayo sobre los principios de la población, publicado en 1798, sostuvo que la tasa de aumento demográfico se mantenía en equilibrio por el ritmo del crecimiento económico. Si la población crecía con excesiva rapidez, los salarios se deprimirían, provocando hambrunas o enfermedades que acrecentarían la mortalidad y haciendo que se pospusiera el matrimonio y, por ende, la procreación. Por otra parte, una expansión económica más veloz con el consiguiente incremento de la prosperidad significaría una mayor fecundidad y la población volvería a aumentar rápidamente hasta su nuevo punto de equilibrio. Hoy en día, parece que se materializan las teorías de Malthus, pero al revés. A medida que se intensifica la prosperidad económica en el mundo, las tasas de fecundidad descienden (y la esperanza de vida ha aumentado mucho), con el resultado de que la población crece con más lentitud y envejece.

El aumento de la esperanza de vida que se ha logrado en los últimos años es, sin duda alguna, muy deseable y ha mejorado el bienestar de todos y cada uno. No obstante, en este aspecto, hay un interrogante clave, a saber, ¿en qué forma afectará el cambio demográfico a los resultados económicos en los años venideros? Hay quien dice que no hay mucha razón para preocuparse. En los países avanzados, el envejecimiento data ya de bastante tiempo atrás y ha coincidido con un período de fuerte alza del ingreso. Además, las personas de más edad llevan ahora una vida más sana que en cualquier época anterior, lo que les permite continuar haciendo un aporte a la sociedad mucho después de superada la edad oficial de jubilación. Otros perciben riesgos mayores, entre ellos la posibilidad de que sea más lento el crecimiento económico, menor la innovación, más inestables los mercados financieros y que haya dificultades para financiar sistemas públicos de pensiones decididamente generosos (véase, por ejemplo, Peterson, 1999; Jackson, 2002; y Center for Strategic and International Studies (CSIS) y Watson Wyatt, 1999). En verdad, estas inquietudes no son nuevas. Más de 50 años atrás, la Royal Commission on Population del Reino Unido se preocupaba por las consecuencias de la menor fecundidad y del envejecimiento de la población tanto en la economía como en la influencia de Gran Bretaña en ultramar (Reino Unido, 1949). No se ha prestado tanta atención al efecto del cambio demográfico en los países en desarrollo, pero por cierto no tiene una importancia menor, sobre todo en vista de que una porción creciente de la población mundial vivirá en esos países en el futuro.

A pesar de la incertidumbre que entrañan las proyecciones demográficas, las tendencias generales que acaban de describirse parecen bien afianzadas. Sin embargo, pasará cierto tiempo antes de que se manifiesten de lleno sus consecuencias en el comportamiento de la macroeconomía. Así pues, si se determina que las implicaciones económicas de estos cambios demográficos son significativas, las autoridades tienen la oportunidad de responder con antelación, aunque esta oportunidad está achicándose con rapidez, en especial en los países en que la transición demográfica está bien avanzada. En el ámbito de las políticas, sin embargo, la respuesta probablemente variará de un país a otro, inevitablemente implicará penosas disyuntivas y se necesitará tiempo para decidirla e implementarla.

Habida cuenta de los cambios que están ocurriendo en la estructura demográfica del mundo, en este capítulo:

  • Se identifican con mayor precisión las principales tendencias demográficas que se enfrentan.
  • Se evalúan las formas en que estas tendencias pueden afectar a las economías regionales y a la mundial.
  • Se examinan distintas respuestas en el ámbito de las políticas para hacer frente a los retos que plantea el cambio demográfico.

El capítulo está organizado en la forma siguiente: en la primera sección se analizan las tendencias demográficas actuales y proyectadas y la forma en que afectarán el tamaño y la estructura de la población mundial. En la segunda, se presentan pruebas econométricas y basadas en modelos del impacto del cambio demográfico en la economía. En la última sección se exploran posibles opciones para responder a la evolución ya en curso de la demografía.

La cambiante estructura de la población mundial

El mundo se encuentra en medio de una transición demográfica que carece de precedentes históricos y que tiene y tendrá profundos efectos en el tamaño y en la estructura de edades de su población (gráfico 3.1). Antes de 1900, la población crecía con lentitud, la estructura de edades se mantenía constante en términos generales y eran relativamente pocos los que vivían más de 65 años. Esto comenzó a cambiar durante la primera mitad del siglo XX, ya que la prolongación de la esperanza de vida impulsó el aumento demográfico, si bien al principio hubo poco cambio en la estructura de edades2; en la segunda mitad, se inició otra fase de esta transición. Las tasas de fecundidad bajaron muchísimo, en casi la mitad, ralentizando el crecimiento de la población, disminuyendo la proporción de jóvenes y aumentando la de personas de mayor edad. No obstante, también subió moderadamente la proporción que corresponde a la gente en edad de trabajar.

Gráfico 3.1.La transición demográfica mundial, 1700–2050

El cambio demográfico que vemos hoy carece de precedentes. Después de haberse mantenido casi constante durante siglos, la estructura de edades de la población mundial está modificándose ahora en forma drástica. El crecimiento de la población también pierde velocidad, tras el rápido aumento que mostró en la segunda mitad del siglo XX.

Fuente: Lee (2003).

Esta evolución mundial encubre una considerable variación entre países y entre regiones que es atribuible a unas tasas muy distintas de fecundidad y mortalidad y a tendencias de migración diferentes (gráfico 3.2). Por ejemplo, aunque las tasas de fecundidad han descendido en casi la totalidad del mundo en las últimas décadas, siguen siendo mucho más altas en los países en desarrollo que en los avanzados, donde en general se encuentran por debajo de la tasa de reemplazo3. Incluso entre los países en desarrollo hay diferencias considerables, la fecundidad es alta en África y Oriente Medio pero está por debajo de la tasa de reemplazo en Asia oriental y Europa central y oriental. Análogamente, la esperanza de vida ha aumentado en el mundo entero en los últimos 50 años—y en general en valores más altos en los países en desarrollo—pero sigue siendo mucho mayor en los países avanzados. En este incremento generalizado de la esperanza de vida hay excepciones: la de África, donde como resultado de la pandemia de VIH/SIDA, ha declinado más del 25% en algunos países, y la de los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI). Por último, cabe mencionar que la inmigración neta ha efectuado una contribución importante al aumento observado en años recientes en la población de América del Norte, en tanto Europa y Japón han tenido tasas de inmigración mucho más bajas.

Gráfico 3.2.Tendencias demográficas clave, 1950–2050

Las tasas de fecundidad están descendiendo, la esperanza de vida va en aumento y la migración se convierte en un factor de mayor peso en las economías avanzadas.

Fuentes: Naciones Unidas, World Population Prospects: The 2002 Revision(2003) y World Population Prospects: The 2000 Revision (2001).

Como consecuencia de todas estas tendencias, el crecimiento demográfico es mucho mayor en los países en desarrollo—sobre todo en África y Oriente Medio—que en los países avanzados. De hecho, en Japón y en Europa se aproxima a cero. La proporción de jóvenes en la población total también es más alta en los países en desarrollo, en tanto que a las personas de más edad les corresponde una porción mayor de la población de las naciones avanzadas.

De cara al futuro, las proyecciones demográficas actuales de las Naciones Unidas (que van hasta 2050) estiman que las tasas de fecundidad de los países en que son bajas se recuperarán un poco, que seguirán descendiendo en otros países, que habrá otros aumentos de la esperanza de vida en regiones tanto avanzadas como en desarrollo y que la migración contribuirá cada vez más al aumento de la población total de los países avanzados, pero solo se traducirá en una moderada reducción en los países en desarrollo4, con las consecuencias siguientes.

  • El aumento de la población mundial continuará perdiendo velocidad. Se proyecta que en 2050 este aumento apenas será de ¼% al año, frente a 1¼% en la actualidad. En realidad se espera que disminuya la población de varios países en los próximos 50 años, hasta en más del 30% en algunos de Europa central y oriental, 22% en Italia y 14% en Japón. En otros países, sobre todo de África y Oriente Medio, pero también en partes de Asia, el crecimiento de la población seguirá siendo sólido pero más lento, en razón de sus tasas más altas de fecundidad, tendencias que llevarán a una redistribución contínua de la población mundial que se irá alejando de los países desarrollados (gráfico 3.3.). De hecho, en 2050, el 19% de la población mundial vivirá en los países que hoy son los menos adelantados, en comparación con 11% en 2000.

    Gráfico 3.3.¿Dónde vive la población mundial?1

    El porcentaje de la población mundial que habita en países desarrollados está disminuyendo, en tanto que se incrementa la que vive en los países menos adelantados.

    Fuente: Naciones Unidas, World Population Prospects: The 2002 Revision(2003).

    1En este gráfico, se utilizan las definiciones de los grupos de países en desarrollo, desarrollados y menos adelantados de las Naciones Unidas.

  • La población mundial seguirá envejeciendo. La tercera edad constituirá una proporción creciente de la población—si bien el ritmo de esta etapa de envejecimiento y el momento en que se producirá son muy distintos según los países y regiones—y se prevé que, en el mundo, la mediana de la edad aumentará en más de diez años durante 2000–50 hasta llegar a 37 años. Según las proyecciones, la tasa de dependencia de los ancianos, que muestra la población de 65 años y más como porcentaje de la población en edad de trabajar (15–64 años), subirá notablemente en Japón y Europa, pero se incrementará menos en Estados Unidos (gráfico 3.4)5. Además, la tercera edad también envejece. El número de personas de 80 años y más está creciendo a casi el doble de la velocidad del grupo de más de 65 años. En las regiones en desarrollo, el envejecimiento ya ha comenzado en Europa central y oriental, proceso que previsiblemente se acelerará más o menos a partir de 2015, algo que también ocurrirá en Asia y América Latina más o menos para esta fecha—y con especial rapidez en China—pero la proporción de ancianos en África y Oriente Medio, aunque creciente, seguirá siendo relativamente reducida.

    Gráfico 3.4.Estructura de la población, 1950–2050

    En los países avanzados, se proyecta que la población en edad de trabajar se reducirá, pero aumentará la constituida por personas de más edad. En los países en desarrollo, las proyecciones indican que la población en edad de trabajar se incrementará, antes de que se inicie el proceso de envejecimiento.

    Fuente: Naciones Unidas, World Population Prospects: The 2002 Revision(2003).

  • La proporción de la población en edad de trabajar irá bajando en los países avanzados, pero aumentará en muchos países en desarrollo. En Japón y en algunos países europeos, esta declinación ya comenzó y se prevé que cobrará más velocidad. En Estados Unidos, la elevada tasa de inmigración y la más alta de fecundidad proyectan una disminución más moderada hasta 2025, y a partir de esa fecha la población en edad de trabajar se estabiliza. En los países en desarrollo, se prevé que esta población aumentará hasta 2015 y luego se mantendrá en este nivel alto, ya que la disminución de la proporción de jóvenes se compensa con un porcentaje en aumento de ancianos. Pero el porcentaje en edad de trabajar comenzará a reducirse en algunas regiones antes de 2050, primero en Europa central y oriental y después en Asia y América Latina. En Oriente Medio y en África, se proyecta un aumento de esta población hasta 2050. Al considerar países específicos, se prevén grandes disminuciones de la porción en edad de trabajar en Rusia y en China, en tanto se espera un aumento constante en India y Nigeria.

Los cambios demográficos que tendrían lugar en los años venideros, según las proyecciones, son asombrosos y la pregunta importante, pero difícil, es si dichas proyecciones sirven de guía útil en cuanto a la probable evolución futura. Es evidente que cuando se usan proyecciones a largo plazo debe actuarse con cautela y, en el caso de las demográficas cualquiera sea su tipo, la incertidumbre va acrecentándose cuanto más nos adentramos en el futuro (gráfico 3.5.). Sin embargo, como se analiza en el recuadro 3.1, las tendencias básicas que se esbozan en esta sección—hacia una proporción creciente de gente de mayor edad y otra decreciente de jóvenes en la población—aparecen en los escenarios más probables. La cuestión principal es, entonces, el grado en que envejecerá la población mundial en los próximos 50 años (y después). Si bien no es posible decir de qué lado es más probable que caigan los errores del futuro, una característica clara de las anteriores proyecciones demográficas ha sido la tendencia a subestimar el porcentaje de ancianos en la población total de los países avanzados, dando un valor menor tanto a la disminución de la fecundidad como al aumento de la esperanza de vida. De continuar esta tendencia en el futuro, tendrá repercusiones importantes en especial para los sistemas públicos de jubilación de estos países.

Gráfico 3.5.La incertidumbre en las proyecciones demográficas

Las proyecciones demográficas son inciertas. En ocasiones anteriores, han mostrado una clara tendencia a subestimar la proporción de personas mayores que integran la población.

Fuentes: Naciones Unidas; Consejo Nacional de Investigaciones y cálculos del personal técnico del FMI. 1Proyecciones efectuadas en 1963 de las proporciones de la población de 2000.

El impacto económico del cambio demográfico

Los cambios demográficos que se proyectan en el curso de los próximos años son grandes, pero ¿es probable que tengan un efecto importante en las economías de los países avanzados y en desarrollo? En esta sección se utilizan dos métodos—el análisis econométrico y las simulaciones con un modelo macroeconómico de varios países—para investigar este interrogante.

Resultados econométricos

Para investigar la relación entre las variables demográficas y el aumento del PIB per cápita, el ahorro, la inversión, la cuenta corriente y los saldos fiscales se utilizó un conjunto de datos de panel grande, de 115 países. Los resultados más importantes del análisis, que se muestran en el cuadro 3.1 y se describen con más detalle en el apéndice 3.1, muestran lo siguiente una vez neutralizados los efectos de otros factores explicativos6.

Cuadro 3.1.Impacto macroeconómico de los cambios demográficos: Regresiones de variables instrumentales para datos de panel1
Aumento del PIB real per cápitaAhorro/PIBInversión/PIBCuenta corriente/PIBSaldo presupuestario/PIB
Efecto de:
Proporción de la población en edad de trabajar20,080,720,310,050,06
Proporción de la población de edad avanzada2−0,041−0,35−0,14−0,25−0,46

Todas las regresiones son de efectos fijos en forma de panel. La muestra incluye 115 países; para cada uno de ellos los datos corresponden al promedio de cada década. Todas las variables demográficas, así como otros controles, se instrumentan usando sus valores rezagados. Véanse en el apéndice los detalles acerca de los controles e instrumentos usados en cada regresión. Los valores en negrita son estadísticamente significativos al nivel del 10%.

Se define a la población en edad de trabajar como el grupo de 15 hasta 64 años inclusive. La población de edad avanzada se define como el grupo de 65 años de edad y más. Se establece que el aumento de la proporción de cualquiera de las dos se produce a expensas del grupo de edades 0–14 inclusive. Estas proporciones de población aparecen como crecimiento en la regresión correspondiente al aumento del PIB real per cápita y como niveles en otras partes, salvo en la regresión del coeficiente cuenta corriente/PIB, en la que se expresan como desviaciones del promedio mundial.

Todas las regresiones son de efectos fijos en forma de panel. La muestra incluye 115 países; para cada uno de ellos los datos corresponden al promedio de cada década. Todas las variables demográficas, así como otros controles, se instrumentan usando sus valores rezagados. Véanse en el apéndice los detalles acerca de los controles e instrumentos usados en cada regresión. Los valores en negrita son estadísticamente significativos al nivel del 10%.

Se define a la población en edad de trabajar como el grupo de 15 hasta 64 años inclusive. La población de edad avanzada se define como el grupo de 65 años de edad y más. Se establece que el aumento de la proporción de cualquiera de las dos se produce a expensas del grupo de edades 0–14 inclusive. Estas proporciones de población aparecen como crecimiento en la regresión correspondiente al aumento del PIB real per cápita y como niveles en otras partes, salvo en la regresión del coeficiente cuenta corriente/PIB, en la que se expresan como desviaciones del promedio mundial.

  • El crecimiento del PIB per cápita guarda una correlación positiva con las variaciones del tamaño relativo de la población en edad de trabajar y otra negativa con las variaciones de la proporción de ancianos (gráfico 3.6). Este resultado, que concuerda con estudios realizados, en parte refleja el efecto productivo directo de una fuerza laboral más grande7. Además, como se ve más adelante, las menores relaciones de dependencia tienden a aumentar el ahorro, que a su vez ayuda a financiar más inversiones e incrementa el producto8. Ciertos datos sugieren que cuanto menor sea el nivel inicial del ingreso per cápita, mayor será el impacto positivo neto de una disminución de la fecundidad (Bloom, Canning y Sevilla, 2001). Otros estudios dan a entender que el efecto de la demografía en el crecimiento está vinculado a la solidez del marco institucional y de políticas que se tenga. Por ejemplo, los mercados competitivos y relativamente abiertos, las sustanciales inversiones en educación básica, la disciplina fiscal y el sector financiero relativamente desarrollado tal vez hayan ayudado a los países de Asia oriental a beneficiarse del dividendo demográfico9. Se determinó asimismo que el crecimiento per cápita tiene una asociación positiva con la esperanza de vida, que puede afectar en forma directa a la productividad de la mano de obra y a los incentivos para la inversión en capital humano y físico, aunque esto podría ser consecuencia en parte de la dificultad de medir debidamente y neutralizar los efectos de variables como la calidad institucional, que pueden estar correlacionadas tanto con el crecimiento como con la esperanza de vida10.

    Gráfico 3.6.Crecimiento per cápita y población en edad de trabajar

    Hay una relación clara y positiva entre el crecimiento del producto per cápita y el tamaño relativo de la población en edad de trabajar, que es válida tanto para las economías avanzadas como para las que se encuentran en desarrollo.

    Fuentes: Penn World Tables; Banco Mudial, Indicadores del desarrollo mundial, y cálculos del personal técnico del FMI.

  • Hay una asociación estadísticamente significativa entre las variables demográficas y el ahorro. De acuerdo con la hipótesis del ciclo de vida acerca del ahorro, la gente trata de mantener una modalidad de consumo uniforme durante toda su vida, lo que significa que cuando el ingreso corriente es reducido en relación con el promedio del ingreso de toda la vida, también lo será el ahorro y cuando el primero es alto, también lo será el segundo. Los jóvenes suelen ser prestatarios netos; las personas de más edad en el punto máximo de su potencial de ingreso tienden a ser ahorristas netos y los ancianos se inclinan a desahorrar o, como mínimo, a ahorrar menos que en sus años de trabajo. Si bien hay cierto debate acerca de la validez de la hipótesis del ciclo de vida—sobre todo si las personas de edad avanzada realmente gastan lo acumulado cuando se jubilan—los resultados que figuran en el cuadro 3.1, así como la mayoría de los estudios comparativos de países, indican que los factores demográficos (junto con el aumento del ingreso, las tasas de interés real y el ahorro público) cumplen un papel en lo que se refiere a influir en el comportamiento del ahorro11. Específicamente, el ahorro aumenta cuando lo hace la proporción de la población en edad de trabajar y disminuye cuando se acrecienta la proporción de ancianos.
  • La proporción de la población en edad de trabajar también guarda correlación con la inversión. El cambio demográfico influye en la inversión por medio de su efecto en el ahorro y porque las modificaciones de la oferta de mano de obra afectan al rendimiento de la inversión.
  • Los saldos en cuenta corriente aumentan con el tamaño relativo de la población en edad de trabajar y disminuyen cuando se eleva la tasa de dependencia de los ancianos12. Aunque tanto en el ahorro como en la inversión influye la estructura de edades de la población, de modo que no se evidencia de inmediato cuál es el impacto que deberían tener los cambios demográficos en la cuenta corriente, casi todos los estudios empíricos coinciden en este resultado13.
  • Los factores demográficos también influyen en el saldo fiscal. En concreto, los presupuestos del gobierno se ven afectados adversamente por el envejecimiento de la población en razón del mayor gasto en pensiones, atención de la salud y atención domiciliaria prolongada (véase en Heller, 2003, un análisis de las dificultades fiscales a largo plazo que plantea el envejecimiento de la población). Casey y otros (2003) estiman que en los países de la OCDE el gasto vinculado con la mayor edad subirá, en promedio, casi un 7% del PIB entre 2000 y 2050, y que el gasto adicional en atención de la salud superará el de las pensiones en varios países14. Si la población en edad de trabajar es menor, también lo será el ingreso tributario.

Los cambios demográficos pueden asimismo tener consecuencias importantes para la evolución de los mercados financieros. Como se expresa en el recuadro 3.2, el envejecimiento de las poblaciones puede ejercer, con los años, una presión a la baja en los precios reales de las acciones en países avanzados, si los jubilados comienzan a vender sus activos15. En el capítulo II de esta edición de Perspectivas de la economía mundial, también se determina que los cambios demográficos han influido en el aumento de los precios de la vivienda en varios países.

Recuadro 3.1.Proyecciones demográficas: Metodología e incertidumbre

Las Naciones Unidas han liderado la tarea de preparar proyecciones sobre la población mundial, y el análisis que se realiza en este capítulo se basa en el escenario de la “variante media” utilizado en su publicación “World Population Prospects: The 2002 Revision” (Naciones Unidas, 2003). Además, el Banco Mundial, la Oficina del Censo de los Estados Unidos y el Instituto Internacional de Análisis Aplicados de Sistemas (IIASA) también preparan este tipo de proyecciones que revelan, hoy en día, pocas diferencias. Según las Naciones Unidas, en 2050 la población mundial será de 8.900 millones de personas; la Oficina del Censo de los Estados Unidos dice 9.000 millones y el IIASA y el Banco Mundial, 8.800 millones (en 2000 la población mundial era de 6.100 millones). En cambio, las proyecciones correspondientes a los distintos países muestran diferencias más amplias. Con respecto a la estructura de edades de la población, se espera que en 2050 la proporción de personas mayores—definidas aquí como las de más de 60 años—sea de 21,4% según las Naciones Unidas, 21,9% de acuerdo a las estimaciones del IIASA y 22,2% para la Oficina del Censo de los Estados Unidos.

Es fundamental saber si esas proyecciones sirven para dar una orientación razonable respecto de la futura evolución demográfica. Aunque es evidentemente difícil responder este interrogante dado que cualquier conjunto de proyecciones solo puede ser juzgado a posteriori, una evaluación de las realizadas con anterioridad puede aportar información útil sobre la probabilidad de que las actuales sean correctas y, en general, las proyecciones anteriores de la población mundial han probado ser bastante exactas. Según un estudio realizado en 2000 por el National Research Council, las Naciones Unidas tendían a sobreestimar más que a subestimar la población futura del mundo, pero con un error pequeño (en promedio menos del 3% en las proyecciones elaboradas entre 1957 y 1998). De hecho, en la proyección de 1957 se sobreestimó la población mundial de 2000 en un 3½%, pero con respecto a los países considerados individualmente, los errores han sido mayores, en especial en horizontes muy lejanos; cuando hay agregación, estos errores tienden a compensarse entre sí, lo cual explica la mayor exactitud de las proyecciones a escala mundial. En general, las proyecciones de la población han dado valores excesivos en casi todas las regiones excepto en Oriente Medio y el Norte de África, con un grado menor de error en el caso de los países desarrollados que en el de los que se encuentran en desarrollo y también en el caso de los países grandes frente a los pequeños. Otra característica de las proyecciones anteriores, según se señala en el texto principal, es la tendencia a subestimar la proporción de personas de edad avanzada dentro de la población total de los países desarrollados.

En las proyecciones demográficas, los errores se producen por tres razones principales. Primero, puede que la estimación de la población correspondiente al año base haya sido incorrecta y deba ser revisada posteriormente. Segundo, tal vez no se hayan proyectado bien las tendencias subyacentes en materia de fecundidad, mortalidad y migración. Tercero, quizás haya ocurrido algo inesperado, como guerras, hambrunas o la propagación de enfermedades, que tiene consecuencias demográficas. La pandemia del VIH/SIDA, por ejemplo, ha alterado significativamente el perfil demográfico de África. El National Research Council determinó que el error de los pronósticos de largo plazo acerca de países se debe en su mayor parte a proyecciones erróneas sobre fecundidad y migración. A juzgar por las experiencias del pasado, las tasas de fecundidad proyectadas para la mayoría de las regiones del mundo han sido sistemáticamente sobreestimadas, las proyecciones de la esperanza de vida en general han resultado excesivamente pesimistas (excepto en el caso de África y de los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI)) y la migración neta ha probado ser sumamente difícil de predecir.

De cara al futuro, la evolución de las tendencias de la fecundidad y de la esperanza de vida suscita incertidumbre, y los supuestos empleados en las proyecciones resultan cruciales: aun los pequeños errores de proyección, sobre todo en el caso de las tasas de fecundidad, pueden producir resultados muy diferentes en el largo plazo. En las últimas proyecciones de las Naciones Unidas se prevé una recuperación gradual de las tasas de fecundidad en los países desarrollados, mientras que continuarían decreciendo hacia el nivel de reemplazo en los países en desarrollo. Quienes prevén un repunte de la fecundidad en los países desarrollados señalan que se está elevando la edad media de procreación, lo cual significa un menor número de nacimientos en cada año de esta etapa de transición. Una vez completada la transición, las mediciones deberían volver a subir. Esos analistas destacan, además, que en una serie de países—Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia y Noruega—la tasa de fecundidad ha registrado un cierto aumento en los últimos años, al tiempo que, según encuestas realizadas en Europa, las mujeres entrevistadas declaran sistemáticamente que desean tener dos hijos, aspiración que, de concretarse, elevaría la actual tasa de fecundidad1. Otros, no obstante, consideran que la disminución de la fecundidad no habrá de revertirse porque representa un ajuste ante el cambio de las expectativas sociales, entre ellas la mayor inclinación de las mujeres a desarrollar una carrera profesional y la mayor cantidad de tiempo, atención y dinero que se dedica a cada hijo. También hay opiniones encontradas en cuanto a las proyecciones de la expectativa de vida. Hay quienes sostienen que la esperanza de vida tiene un límite biológico, que a menudo se calcula en alrededor de los 85 años de edad, mientras que otros prevén que el incremento que se ha observado en ese indicador en las últimas décadas se habrá de prolongar en el futuro (véase Oeppen y Vaupel, 2002, por ejemplo).

Incertidumbre en las proyecciones demográficas

(Población de 60 años o más como porcentaje de la población total)

Fuentes: Naciones Unidas e Instituto Internacional para Análisis Aplicado de Sistemas (IIASA).

1La superficie sombreada representa la proyección media del IIASA, más y menos dos desviaciones estándar.

La manera más frecuente de calificar la incertidumbre propia de las proyecciones demográficas consiste en considerar escenarios alternativos en torno a la proyección central. Las Naciones Unidas, por ejemplo, publican diferentes escenarios, además de sus proyecciones de variante “media”. En los escenarios de variante “baja” y variante “alta”, se supone que la fecundidad se estabilizará en medio nacimiento por debajo y medio nacimiento por encima, respectivamente, del nivel previsto en el escenario de la variante “media” (los supuestos sobre mortalidad y migración neta permanecen invariables). Estos supuestos conducen a resultados muy diferentes, especialmente en el largo plazo. Según el escenario de fecundidad baja, la población mundial crece solo moderadamente hasta llegar a 7.400 millones en 2050, mientras que en el de variante alta aumenta a 10.600 millones. En 2050 la proporción de la población integrada por personas mayores—definidas aquí como las de más de 60 años de edad para que sean coherentes con las proyecciones del IIASA que se mencionan a continuación—también varía mucho según el escenario considerado, pero en ambos casos es mayor que en 2000 (véase el gráfico).

Una crítica que se le formula al enfoque de los escenarios es que no brinda indicación alguna acerca de la probabilidad de que efectivamente se produzca cualquiera de los resultados previstos. Las proyecciones probabilísticas, como las elaboradas por el IIASA y Lee, Anderson y Tuljapurkar (2003), procuran resolver este problema; reconocen que existe incertidumbre acerca de las tendencias futuras de la fecundidad, la mortalidad y la migración, y utilizan un rango de posibles resultados para derivar una distribución de probabilidad respecto del tamaño y la estructura etaria de la población futura. De las proyecciones del IIASA se deduce que, con un nivel de confianza de 95%, en 2050 la población mundial se ubicará entre 6.400 millones y 11.300 millones y que la población mayor de 60 años de edad representará entre el 15% y el 29%.

En suma, en las proyecciones de las tendencias demográficas futuras hay una manifiesta incertidumbre, que debe ser considerada con cuidado cuando se las utiliza para fines relacionados con la formulación de políticas. No obstante, cualquiera sea el escenario en los próximos 50 años, se producirá un envejecimiento de la población mundial (y también después de ese lapso), y el principal interrogante es el alcance que tendrá ese proceso. Es preciso que las autoridades se preparen para enfrentar este envejecimiento, si bien la magnitud de la respuesta que se dará a través de esas políticas deberá ser revaluada constantemente a medida que se vaya obteniendo más información sobre la manera en que evolucionan las tendencias demográficas.

Nota: El autor principal de este recuadro es Tim Callen.1Las causas de la recuperación de la tasa de fecundidad en estos países no resultan claras, aunque la importancia dada por los países escandinavos a las medidas destinadas a compatibilizar la maternidad y la participación de la mujer en la fuerza laboral—como los servicios de guardería, los horarios de trabajo flexibles y las liberales licencias por maternidad y enfermedad—puede haber sido un factor importante (véase Demeny, 2003).

Los resultados econométricos sugieren que los cambios demográficos proyectados podrían tener un impacto importante en la evolución futura de la economía. Si se combinan los coeficientes estimados que figuran en el cuadro 3.1 con las proyecciones de población de las Naciones Unidas es posible tener una idea de las posibles magnitudes y de la forma en que pueden variar de una región a otra.

En los países avanzados, el efecto que los cambios demográficos venideros tendrán en el crecimiento puede ser sustancial. La asociación histórica entre variables demográficas y macroeconómicas parece indicar que el aumento proyectado de las tasas de dependencia de los ancianos y la disminución prevista de la proporción de la población en edad de trabajar podrían tener como consecuencia un crecimiento más lento del PIB per cápita, así como menos ahorro y menos inversión. Por ejemplo, las estimaciones sugieren que estos cambios demográficos podrían reducir el crecimiento real anual del PIB per cápita de los países avanzados en ½% punto porcentual en promedio en 2050, es decir, el crecimiento sería ½% punto porcentual más bajo de lo que sería si la estructura demográfica se hubiese mantenido tal como en 200016. Japón sentirá el efecto más fuerte, en tanto que en Estados Unidos el impacto será relativamente reducido (gráfico 3.7).

Gráfico 3.7.Efecto del cambio demográfico en el crecimiento y en los saldos en cuenta corriente, 2000–50

Es probable que el envejecimiento de la población deprima las tasas de crecimiento de las economías avanzadas; en cambio, los países en desarrollo que tienen una población relativamente más joven tal vez experimenten un período de auge a medida que aumenta la población en edad de trabajar. También es probable que en los países con envejecimiento más rápido se observe una reducción de los saldos en cuenta corriente, ya que los mayores gastan sus activos cuando están jubilados.

Fuentes: Penn World Tables; Naciones Unidas, World Population Prospects: The 2002 Revision(2003), y cálculos del personal técnico del FMI.

Recuadro 3.2.¿Cómo incidirá el envejecimiento de la población en los mercados financieros?

Aun después del estallido de la burbuja tecnológica, las cotizaciones de las acciones son, en términos reales, cuatro veces superiores a las registradas a principios de 1980. En Estados Unidos, este incremento coincidió con un alza espectacular de la proporción de habitantes entre 40 y 64 años de edad, a medida que la generación nacida desde 1946 hasta 1964—durante la explosión demográfica de la posguerra—entraba en su etapa de mayor capacidad de ahorro. En trabajos de divulgación como el de Passell (1996), se han vinculado estos dos fenómenos, argumentándose que las entradas de ahorros del sector privado aportados por los miembros de esa generación al alcanzar la edad mediana han provocado un alza del mercado accionario. En esos trabajos se advierte que las fuerzas demográficas conspirarán contra el mercado bursátil después de 2010, cuando las personas de más edad de esa generación comiencen a cumplir 65 años. Se conjetura que, más allá de ese momento, los miembros de esa generación venderán sus acciones a otra generación de compradores mucho más pequeña, lo que hará bajar sus cotizaciones. Durante el período de posguerra, los precios reales de las acciones en Estados Unidos, de hecho, han estado relacionados en forma positiva con la importancia relativa de la población que se encuentra en la edad de mayor capacidad de ahorro (panel superior del gráfico). Dada la trayectoria prevista de ese segmento de la población, para determinar cuánto retrocederían los precios reales de las acciones con posterioridad a 2010 es preciso, entonces, saber si tal relación es empíricamente sólida y conocer además qué factores podrían estar impulsándola.

En este recuadro se analizan los recientes avances que se mencionan en las publicaciones académicas acerca de la vinculación entre la demografía y el mercado bursátil. En términos generales, se observan dos grandes corrientes: una empírica y otra teórica. La primera emplea una diversidad de técnicas para comprobar la solidez de la vinculación entre los factores demográficos y el mercado accionario, mientras que la segunda utiliza modelos económicos para comprender de qué manera los cambios en la distribución de edades inciden en el mercado bursátil en un contexto controlado1.

El cambio demográfico y los mercados bursátiles

Fuente: Shiller (2003) y Oficina del Censo de Estados Unidos.

1Índice Standard and Poors 500, deflactado por el índice de precios al consumidor.

2Como porcentaje de la población de 0–39 años y de 65 años y más.

3Como porcentaje de la población de 40–64 años.

En los trabajos empíricos se llega a menudo a la conclusión de que existe una fuerte vinculación entre la proporción de personas que son grandes ahorristas netos dentro de la población y los precios de los activos, lo cual parece indicar que el envejecimiento de la generación de posguerra podría hacer bajar los precios reales de las acciones. Bergantino (1998) utiliza encuestas de hogares de Estados Unidos para trazar perfiles de demanda específicos por edades de los valores y otros activos financieros y observa que el mayor nivel de demanda se da en los hogares integrados por personas cuya edad oscila entre 40 y 60 años. A partir de estas observaciones, construye una tabla de demanda agregada de activos financieros, que explica alrededor de las tres cuartas partes del incremento anual observado en los precios reales de las acciones entre 1986 y 1997. Brooks (1998) explora la vinculación entre los precios reales de las acciones y los bonos y la demografía en un marco internacional. Basándose en datos correspondientes a 14 economías avanzadas durante el período de posguerra, llega a la conclusión de que esos precios guardan una relación positiva con la proporción de la población que tiene entre 40 y 64 años de edad, aun después de tener en cuenta otras variables fundamentales que impulsan la evolución de los mercados financieros. Davis y Li (2003) dan a conocer resultados similares en el caso de siete países integrantes de la OCDE: un incremento en la fracción de la población que tiene entre 40 y 64 años de edad tiende a elevar los precios reales de los activos. Más recientemente, Geanakoplos, Magill y Quinzii (2004) observaron que en Estados Unidos la relación precio-ganancia de las acciones—una medida normalizada del nivel de esas cotizaciones que tiene la ventaja de eliminar de la ecuación el factor de crecimiento—guarda una relación positiva con la importancia relativa de los trabajadores de edad mediana dentro de la población.

Tales datos, sin embargo, deben interpretarse con precaución. En primer lugar, el número de observaciones efectivamente realizadas es reducido. La importancia relativa de las personas con mayor capacidad de ahorro aumenta a finales del decenio de 1940, decrece a mediados de los años ochenta al entrar la generación de posguerra en el extremo de la curva de distribución etaria correspondiente a los jóvenes y después crece al llegar esas personas a sus años de mayor capacidad de ahorro. En ese mismo lapso, los acontecimientos más importantes que se producen en el mercado bursátil son el auge de posguerra durante los años cincuenta y sesenta, el derrumbe inducido por la crisis petrolera de los años setenta y principios de los ochenta y el auge posterior que se inició a mediados de esa última década. No solo son pocas las observaciones efectivas, sino que además hay escasa vinculación sistemática entre los precios reales de las acciones y la situación demográfica anterior al período de posguerra. En segundo lugar, en un horizonte prolongado se producen conmociones comunes, concretamente la Gran Depresión de la década de 1930 y la segunda guerra mundial, que inciden tanto en la demografía como en el mercado bursátil. Debido a que dichas conmociones son mundiales, los datos de los demás países no representan observaciones independientes. En otras palabras, los estudios comparativos entre diferentes países no añaden demasiada fuerza efectiva como explicación. De hecho, Poterba (2001) alega que ninguno de los resultados empíricos aporta una medida sólida y convincente del grado en que variarán los precios de los activos como consecuencia del envejecimiento de la población.

Debido en parte a las limitaciones de los análisis empíricos, los investigadores han recurrido cada vez más a los modelos económicos como un entorno controlado en el cual estudiar los efectos de la demografía sobre el mercado bursátil. Abel (2003) y Geanakoplos, Magill y Quinzii (2004) resuelven un interrogante que quizá se cuente entre los más desconcertantes en estos trabajos: ¿cómo puede haber una relación contemporánea entre las variaciones de la distribución por edades—un proceso lento y altamente predecible—y los precios de las acciones, cuando los mercados financieros son racionales y se mueven en función de expectativas? En ambos estudios se emplean representaciones estilizadas de la distribución por edades y de los mercados de capitales para mostrar que los precios reales de las acciones muestran una vinculación contemporánea con la distribución etaria aun cuando los inversionistas sean racionales y actúen movidos por las previsiones. Ello se debe a que solo las generaciones vivas operan en los mercados financieros en un momento determinado, lo cual significa que las diferencias entre la oferta y la demanda de activos financieros—reflejo de las diferencias de tamaño de las diferentes generaciones—no pueden ser arbitradas antes de tiempo. Por otra parte, en el segundo trabajo mencionado se demuestra que virtualmente toda la variación entre crestas y valles de la curva de los precios de las acciones durante el período de la posguerra se explica por las fluctuaciones demográficas, cuando se toma en cuenta el ciclo económico.

Por último, se emplean cada vez más los enfoques teóricos para estudiar la vinculación entre la demografía y la prima de riesgo de las acciones, es decir, la rentabilidad adicional que obtienen los inversionistas por ahorrar en acciones en lugar de hacerlo en bonos públicos. Constantinides, Donaldson y Mehra (2002) utilizan un modelo económico para mostrar que los jubilados están menos dispuestos que los trabajadores activos a invertir en acciones porque ya no pueden contar con los ingresos salariales para compensar el efecto que tiene sobre el consumo un movimiento negativo en el mercado bursátil. Este modelo parece indicar que esa prima debería ser más alta cuanto mayor sea la fracción de personas de edad avanzada dentro de la población, en concordancia con el análisis de Bakshi y Chen (1994). En Estados Unidos, por cierto, al aumentar la importancia relativa de la población mayor de 65 años de edad después de 1970, también subió la prima de riesgo futuro de las acciones a un plazo de 20 años (indicador que mide el exceso de rentabilidad que podrían haber obtenido los tenedores de acciones en condiciones de previsión perfecta; véase el panel inferior del gráfico). No obstante, cualquier vinculación empírica entre la prima de riesgo de las acciones y la demografía es poco sólida (véase además Ang y Maddaloni, 2003).

En general, de las corrientes empírica y teórica de estas obras se desprende que las cotizaciones de las acciones podrían evolucionar en forma desfavorable para los integrantes de la generación de posguerra cuando estos se jubilen, de modo que la rentabilidad anterior no debe considerarse como un parámetro de los rendimientos que podrían devengar los ahorros jubilatorios de esta generación. Por otra parte, ciertos datos parecerían indicar que la prima de riesgo de las acciones podría elevarse cuando se vaya jubilando la generación de posguerra, lo que tendría importantes implicaciones para las reformas de los sistemas públicos de jubilación basados en un régimen de cuentas individuales, en los que a menudo se presume que dicha prima permanece constante durante el lapso que abarca la reforma.

Nota: El autor principal de este recuadro es Robin Brooks.

1Puede encontrarse una reseña más exhaustiva de las obras empíricas y teóricas en Young (2002) y en Bosworth, Bryant y Burtless (2004).
  • En el caso de los países en desarrollo, el efecto variará según las regiones. En África y Oriente Medio puede que aumente el crecimiento per cápita en razón de la mayor proporción de población en edad de trabajar17. Los resultados parecen señalar que el crecimiento per cápita en 2050 podría ser, respectivamente, 0,3 y 0,1 punto porcentual más alto en estas regiones, pero es poco probable que tomen debidamente en cuenta el impacto de la pandemia del VIH/SIDA, que continuará repercutiendo de manera significativa en los resultados macroeconómicos de los países en los que se observan tasas elevadas de prevalencia (véase el recuadro 3.3). En cambio, es probable que los cambios demográficos incidan en el crecimiento de Europa central y oriental y, en menor medida, en Asia y América Latina en 2050 (aunque en estas dos últimas regiones, en cada país acontecerá algo distinto).
  • Los cambios demográficos futuros podrían producir grandes modificaciones en los saldos en cuenta corriente. En las economías avanzadas, el impacto negativo del envejecimiento de la población en el ahorro provocará, en general, un deterioro del saldo en cuenta corriente; de hecho, en el caso de Japón, los datos sugieren que dicho deterioro podría ser del orden de 2½ puntos porcentuales del PIB. La excepción principal es Estados Unidos donde, en materia de población, la evolución apunta a una mejora de la posición en cuenta corriente de más de 1 punto porcentual del PIB. Entre los países en desarrollo, el cambio demográfico podría ayudar a mejorar los saldos en cuenta corriente en África y Oriente Medio, pero se traducirá en un deterioro en Europa central y oriental.

El efecto del cambio demográfico en un modelo de varios países

El análisis econométrico es una guía útil para averiguar de qué forma el cambio demográfico podría afectar a las variables económicas clave, pero tiene el inconveniente de que cada variable se considera por separado, no como parte de un sistema económico integrado y que las correlaciones históricas que se identifican entre las variables tal vez no reflejen causalidad. A fin de tratar de superar estos obstáculos, se examinó el impacto potencial del cambio demográfico utilizando un modelo macroeconómico multi-rregional denominado INGENUE (equipo de INGENUE, 2001) que capta explícitamente las interacciones entre variables y entre países dentro de un marco integrado y consistente.

Recuadro 3.3.VIH/SIDA: Consecuencias demográficas, económicas y fiscales

La epidemia del VIH/SIDA ha provocado un incremento sustancial de la mortalidad, y la consiguiente pérdida de esperanza de vida, en muchos países, concretamente en África subsahariana. Además de sus devastadores costos en términos humanos, el VIH/SIDA altera la actividad económica y resta a los gobiernos capacidad para suministrar servicios públicos cuando en realidad la demanda de ellos, en especial en el sector de la salud, va en aumento.

El impacto demográfico del VIH/SIDA

El VIH/SIDA es hoy la causa primaria de defunción en África, la región más afectada: se le atribuye alrededor del 20% del total de las muertes, el doble de las causadas por la malaria y 10 veces más que las que provocan la violencia y las guerras sumadas (OMS, 2004). En el caso de África subsahariana, la tasa de prevalencia del VIH entre la población en la edad laboral de mayor capacidad productiva (entre 15 y 49 años) era de 7,5% en promedio a fines de 2003, pero superaba el 20% en seis países, entre ellos Botswana y Swazilandia, cuyas tasas eran superiores al 30%. En el caso de los países más afectados, la mortalidad entre la población en edad de trabajar ha crecido sustancialmente y, en algunos, el VIH/SIDA causa el 90% de las muertes registradas dentro de este rango etario (véase el cuadro). En algunos países, la esperanza de vida al nacer ha disminuido en más del 25% en los últimos años, y en Botswana y Zimbabwe es actualmente menor que el nivel de 1950. Por último, a causa del VIH/SIDA el número de huérfanos se ha elevado hasta alcanzar alrededor del 20% de los jóvenes en los países más afectados. En un plano internacional más amplio, se está prestando más y más atención a países como China o India—donde vive la mayor cantidad de personas afectadas por el VIH, dejando de lado Sudáfrica—y donde las bajas tasas agregadas de prevalencia enmascaran epidemias de mayor gravedad a nivel regional.

El impacto económico del VIH/SIDA

El impacto económico del VIH/SIDA en los hogares no es uniforme, ya que depende de que algún miembro de la familia esté o no infectado. Cuando alguna persona se enferma o muere, el ingreso familiar cae porque se deja de percibir lo que esa persona ganaba y porque los demás integrantes deben dejar de lado su trabajo para dedicar tiempo al cuidado del enfermo. Además, los hogares deben reasignar recursos para destinarlos a la atención del enfermo. De una encuesta realizada en Sudáfrica se infiere que el gasto en salud asciende a una tercera parte de los gastos de los hogares afectados por el VIH/SIDA, en comparación con un promedio nacional de solo 4% (Steinberg y otros, 2002). A su vez, ese gasto reduce lo que se dedica a otros conceptos, entre ellos la educación, y al ahorro. Los huérfanos de las víctimas del SIDA constituyen un grupo especialmente vulnerable porque en muchos casos viven en hogares más pobres y tienen tasas de escolarización menores que las de quienes no son huérfanos, situación que perjudica la formación de capital humano.

El VIH/SIDA tiene repercusiones adversas en las empresas del sector privado porque perturba sus actividades, eleva el costo de las prestaciones al personal, reduce la productividad e incrementa los costos de capacitación, ya que es preciso reemplazar a los trabajadores que se retiran o fallecen. Si bien los problemas debidos a casos de enfermedad o muerte son el costo primario del VIH/SIDA para las pequeñas empresas y el sector informal, en el caso de las empresas más grandes es mayor el impacto sobre las prestaciones médicas y de defunción. En vista de los crecientes costos y del deterioro e incertidumbre del panorama que enfrentan, es posible que las empresas incluso decidan trasladar su producción a otros lugares o, si se trata de una inversión extranjera, dejen de invertir en países gravemente afectados por epidemias de VIH/SIDA.

Existe una amplia gama de estimaciones del impacto global del VIH/SIDA en el crecimiento. En algunos estudios referidos a Botswana y Swazilandia, por ejemplo, se estima que el VIH/SIDA hará disminuir el crecimiento del PIB en alrededor de un 1,5% al año. Según un estudio empírico de mayor alcance basado en datos de 41 países, el crecimiento del PIB registraría una caída más pronunciada, de hasta el 4% anual (véase Dixon, McDonald y Roberts, 2002). El VIH/SIDA de hecho no solo destruye el capital humano existente sino que además perjudica gravemente su formación (véase Bell, Devarajan y Gersbach, 2004).

Impacto demográfico del VIH/SIDA
Tasa de prevalencia del VIH 15–49 años, fines de 2003 (porcentaje) (1)Esperanza de vida al nacer (años)Mortalidad 15–39 años, 2003 (porcentaje)Huérfanos de edad 0–17 (porcentaje de la población joven)
1990–1995 (2)2002 (3)Total (4)Del cual: SIDA (5)2003 (6)
Botswana37,365,040,44,34,120,0
Côte d’Ivoire7,048,345,31,81,313,4
Sudáfrica21,561,850,73,12,912,9
Zambia16,544,239,72,72,118,3
Zimbabwe24,653,337,92,72,518,6

Fuentes: ONUSIDA (2004) para la columna (1); Naciones Unidas (2003) para la columna (2); OMS (2004) para la columna (3); estimaciones del Centro de Programas Internacionales de la Oficina del Censo de los Estados Unidos para las columnas (4) y (5), y ONUSIDA/UNICEF/USAID (2004) para la columna (6).

Fuentes: ONUSIDA (2004) para la columna (1); Naciones Unidas (2003) para la columna (2); OMS (2004) para la columna (3); estimaciones del Centro de Programas Internacionales de la Oficina del Censo de los Estados Unidos para las columnas (4) y (5), y ONUSIDA/UNICEF/USAID (2004) para la columna (6).

El ingreso per cápita, no obstante, dista mucho de constituir una medida cabal del impacto económico del VIH/SIDA. Como muestran en su estudio Crafts y Haacker (2004), la pérdida de bienestar que provoca esa enfermedad es mucho mayor que la reducción del ingreso per cápita, debido a la necesidad de gastar más en servicios de atención sanitaria y al mayor nivel de pobreza. En un plano más general, el mayor riesgo de enfermedad y muerte significa una disminución del nivel de vida (por ejemplo, según el Índice de desarrollo humano del PNUD).

Consecuencias del VIH/SIDA para el sector público

El VIH/SIDA tiene importantes implicaciones para los presupuestos de los gobiernos y la prestación de servicios. Una mortalidad más alta merma la base de recursos humanos del Estado, reduce la recaudación, eleva los costos y altera la prestación de servicios públicos. Muchos de esos efectos son similares a los que ocasiona en el sector privado, aunque quizás el impacto sobre los costos de personal del gobierno sea mayor porque, por lo común, ofrece prestaciones más amplias y completas, tales como seguro de salud y pensiones para los supérstites a cargo de la persona fallecida. Al tiempo que reduce la capacidad del gobierno en materia de prestación de servicios públicos, el VIH/SIDA incrementa la demanda de una amplia variedad de esos servicios, sobre todo y en especial en el sector de la salud. La epidemia del VIH ya ejerce un profundo efecto sobre los servicios de salud de los países en desarrollo. Un trabajo de Over, publicado en 2004, estima que una tasa de prevalencia del VIH de 5% podría ocasionar un aumento del 26% en la demanda de servicios de salud solamente para el tratamiento de las infecciones oportunistas. Dado el índice de prevalencia del VIH de un 20% a un 30% en algunos países, ello significaría una duplicación de la demanda de servicios de salud como consecuencia de la epidemia de VIH/SIDA. Los datos disponibles sobre la proporción de camas de hospital ocupadas por pacientes seropositivos, que frecuentemente se ubica en un rango del 50% al 70%, concuerdan en términos generales con este panorama e indican que se está desplazando a otros tipos de pacientes.

La instrumentación de una respuesta amplia al VIH/SIDA continúa representando un reto considerable. Ante la sustancial disminución del costo de los fármacos antirretrovirales, en el plano internacional se hace ahora más hincapié en facilitar el acceso a tratamientos de ese tipo. La iniciativa “3 por 5” de la OMS, por ejemplo, tiene por finalidad suministrar estos tratamientos a tres millones de personas de países en desarrollo para fines de 2005, a un costo estimado entre $5.000 millones y $6.000 millones (Gutierrez y otros, 2004), lo cual significa que muchos países pueden ahora comenzar a tratar a los pacientes afectados por el VIH. Sin embargo, en países donde el sector publico solo presta servicios básicos de atención de la salud, donde la disponibilidad de personal sanitario es limitada o donde el gasto en salud se incrementaría—y a veces se duplicaría holgadamente—a partir de una base sumamente baja, la prestación de una atención adecuada a los pacientes continúa siendo todo un desafío (Over, 2004). Es necesario que la comunidad internacional incremente los recursos disponibles para dar una respuesta adecuada al VIH/SIDA, para ayudar a los países a organizar estrategias sostenibles y eficaces de lucha contra la enfermedad y para colaborar en el fortalecimiento de sus capacidades para poner esas estrategias en práctica (ONUSIDA, 2004).

Nota: El autor principal de este recuadro es Markus Haacker.

El modelo INGENUE desagrega la economía mundial en seis regiones: América del Norte y Oceanía, Europa, Japón y tres regiones en desarrollo que se definen según sus características demográficas concretas18. El modelo incorpora explícitamente la estructura de edades de la población y adopta la hipótesis del ciclo de vida del ahorro como una de sus piedras angulares. El modelo también toma en cuenta los costos que entraña para los padres la crianza de los hijos e incorpora un sistema jubilatorio en cada país o región. El capital puede moverse con libertad de una región a otra, pero se supone que la mano de obra permanece inmóvil (ya que la migración es un cauce importante para que la economía mundial pueda ajustarse a la evolución demográfica, en la sección siguiente se examina un modelo que permite el desplazamiento de los trabajadores).

Los resultados del modelo sugieren que los cambios demográficos que se proyectan en el curso de los próximos 50 años harán descender el crecimiento del producto en todas las regiones si bien, en vista del aumento más lento de la población, el impacto en las tasas de crecimiento per cápita no será tan fuerte (gráfico 3.8). Estas tasas se desacelerarán en relación con los niveles actuales en todas las regiones de países avanzados en tanto que, al principio, aumentarán en las de países en desarrollo porque el cambio demográfico impulsa la oferta de mano de obra19.

Gráfico 3.8.Repercusiones del cambio demográfico proyectado según el modelo INGENUE

(Variaciones en relación con el resultado previsto por el modelo en 2000)

El envejecimiento de la población probablemente reducirá el crecimiento del producto en todas las regiones del mundo y podría ocasionar grandes variaciones en los saldos en cuenta corriente, ya que los distintos tipos de envejecimiento que se observan en el mundo producen perfiles diferentes de ahorro-inversión entre las distintas regiones.

Fuentes: Equipo del INGENUE y cálculos del personal técnico del FMI.

Un aspecto importante de estos resultados es que las tasas de ahorro en Europa y Japón—y en menor medida en la región en desarrollo con envejecimiento rápido—bajarán marcadamente a medida que aumenta la proporción de ancianos en la población y disminuye la de personas en edad de trabajar. Los sistemas jubilatorios en verdad contribuyen bastante a este descenso, porque es menester aumentar los aportes a la seguridad social para financiar el gasto adicional en pensiones que entraña el mayor número de jubilados, lo que efectivamente transfiere recursos de la población en edad de trabajar, quetiene una mayor propensión al ahorro, a las generaciones de más edad, cuya propensión es menor20. Las variaciones del comportamiento en materia de ahorro son mucho menores en otras partes. En América del Norte, el ahorro al principio aumenta cuando la generación de posguerra se encuentra en la etapa en que más ahorra y luego comienza a bajar moderadamente después de 2010. En forma agregada, el ahorro mundial cae en forma pronunciada. Como disminuye el tamaño relativo de la población en edad de trabajar (y por lo tanto el producto marginal del capital), lo mismo ocurre con la inversión (en relación con el PIB) y los cambios más marcados ocurren en las regiones de envejecimiento más rápido.

A largo plazo, el cambio demográfico podría provocar una reasignación sustancial del capital mundial21. En el modelo, los menores montos del ahorro producen un gran deterioro en la cuenta corriente de Japón y de Europa (inicialmente, estas variaciones producen un menor superávit en cuenta corriente, que aproximadamente en 2020 se convierte en un déficit cuando se repatría el capital del extranjero). En otros países hay incrementos en cuenta corriente que actúan como compensación, aunque en las regiones de países en desarrollo con envejecimiento moderado y lento, este cambio no ocurre de inmediato. Una implicación importante de los resultados es que los países en desarrollo pueden tener acceso a menos capital externo en el futuro, si bien las reformas orientadas a mejorar el clima para las inversiones en estos países pueden ayudar a aliviar este problema (véase a continuación).

El modelo y el análisis econométrico llegan a conclusiones similares, en términos generales, acerca del probable impacto del cambio demográfico proyectado para los próximos 50 años. Específicamente, es probable que disminuyan las tasas de crecimiento per cápita de las economías avanzadas, pero que suban las de los países en desarrollo en los cuales está aumentando el porcentaje de población en edad de trabajar. El ahorro y la inversión se verán afectados en todos los países, pero en los que tienen envejecimiento más rápido—Japón y Europa—habrá menos cabo de su posición en cuenta corriente, que será neutralizado por las mejoras en otros países.

No obstante, en estos resultados hay una incertidumbre sustancial y los diferentes modelos proyectan resultados distintos. Por ejemplo, las simulaciones usando el modelo MSG3—véase Batini, Callen y McKibbin (2004)—parecen revelar un efecto en el PIB per cápita en general similar al examinado antes, pero una distinta trayectoria futura en el caso de la cuenta corriente22. Específicamente y según las proyecciones, Europa experimentará una mejora de su posición en cuenta corriente porque la inversión declina más que el ahorro, mientras que en otras regiones se ve un deterioro correspondiente. El comportamiento del ahorro es muy crítico para los resultados, pero es muy difícil saber cómo responderán los hogares ante el cambio demográfico. ¿Desahorrarán los ancianos cuando se jubilen como se supone en el modelo INGENUE o tratarán de mantener su riqueza frente a la duda en cuanto a la duración de su vida? Además, si las personas piensan que en el futuro su ingreso será menor en razón del cambio demográfico ¿ahorrarán más a corto plazo de lo que proyecta el modelo INGENUE con el fin de suavizar su consumo futuro? Estos interrogantes son decisivos para el resultado macroeconómico, pero dependen mucho de lo que entiendan las personas en cuanto a las implicaciones del cambio demográfico y sus expectativas acerca del futuro, dos aspectos que no son fáciles de observar.

Medidas para enfrentar los desafíos del cambio demográfico mundial

¿Qué puede hacerse de cara a los retos económicos que plantea el cambio demográfico? Es evidente que son muchas las posibles respuestas—en el plano nacional y en el internacional—y algunas ya se están debatiendo, sobre todo en los países que enfrentan las presiones demográficas más significativas e inmediatas. Si bien los retos son distintos para los países adelantados y para los que se encuentran en desarrollo, en términos amplios, para que una política ayude a responder al cambio demográfico, debe fomentar la oferta de mano de obra, el ahorro o la productividad.

Suponiendo que las tasas de participación no varíen, la evolución de la población tendrá como resultado una disminución de la oferta de mano de obra en muchos países avanzados en los próximos 50 años. Las estimaciones de Burniaux, Duval y Jaumotte (2003) sugieren que esta oferta puede reducirse hasta 35% en Japón, 30% en Italia y 17% en Alemania. En consecuencia, las medidas orientadas a acrecentar las tasas de participación en la fuerza laboral y la oferta de mano de obra, en especial entre las mujeres y los ancianos (de ambos sexos), incluso por medio de la reforma del sistema jubilatorio y otros incentivos laborales, han suscitado un considerable interés (véanse Casey y otros, 2003; Burniaux, Duval, y Jaumotte, 2003, y McMorrow y Roeger, 2004)23. El aumento de la tasa de participación en la población en edad de trabajar que se necesitaría para mantener la relación entre la fuerza de trabajo y la población en su nivel actual es grande (gráfico 3.9). En el caso de los países avanzados, esta tasa debería subir, en promedio, 11 puntos porcentuales; el aumento requerido es mucho mayor en los países europeos y en Corea que en Estados Unidos; para Japón, incluso un incremento de 100% de la tasa de participación no bastaría de por sí para compensar la reducción prevista de esta población. También podría ampliarse la fuerza laboral permitiendo una mayor inmigración. Pero una vez más, las corrientes migratorias que se necesitarían para mantener dicha relación constante en los valores de hoy son muy grandes, sobre todo si se las observa con el trasfondo de los niveles de migración en general bajos de los últimos años24. El aumento de la edad de jubilación también ayudaría a neutralizar el efecto del envejecimiento de la población en la fuerza laboral, y dicho aumento debería ser de unos siete años en promedio en los países avanzados para mantener constante en el nivel actual la población en edad de trabajar, si bien una vez más difiere mucho lo que necesita cada país.

Gráfico 3.9.Algunas medidas para responder a la disminución de la fuerza laboral en economías avanzadas

En el caso de muchas economías avanzadas, el mantenimiento de una relación constante entre la fuerza laboral y la población en los próximos 50 años requerirá grandes aumentos de las tasas de participación y de la edad de jubilación y/o una inmigración muy sustancial.

Fuentes: Naciones Unidas, World Population Prospects: The 2002 Revision(2003), y cálculos del personal técnico del FMI.

1Aumento de la tasa de participación necesaria para mantener la relación entre la fuerza laboral y la población total en 2050 en el nivel que tenía en 2000.

2En el caso de Japón, incluso si la tasa de participación laboral subiera de su valor de 78,8% en 2000 al 100%, el tamaño relativo de la fuerza laboral igual declinaría.

3Inmigración acumulada durante 2000–50 necesaria para mantener la relación entre la fuerza laboral y la población total en 2050 en el nivel que tenía en 2000.

4Aumento de la edad de jubilación necesario para mantener la relación entre la fuerza laboral y la población total en 2050 en el nivel que tenía en 2000.

También se han sugerido medidas que alienten un aumento de las tasas de fecundidad como forma de compensar los actuales cambios demográficos, aunque pasaría mucho tiempo antes de que aumentara la fuerza laboral, incluso si fueran eficaces para incrementar la fecundidad. Se ha comprobado en buena medida que las políticas oficiales han cumplido un papel importante en la reducción de las tasas de fecundidad de los países en desarrollo, pero queda mucho por debatir acerca de la posibilidad de que la política oficial aumente la fecundidad en países que tienen tasas bajas (véase Demeny, 2003). Quienes proponen una política activista para incrementarla suelen señalar el caso de los países escandinavos, donde se han implementado medidas orientadas a compatibilizar más la maternidad y la participación de la mujer en la fuerza laboral, en los que hubo un alza de la tasa de fecundidad en los últimos años (si bien cabe mencionar que estas políticas tienen un objetivo social más amplio que el mero logro explícito de una fecundidad más alta). Por supuesto, es difícil decir si estas medidas han dado lugar al aumento de la fecundidad, sobre todo porque las tasas de los Estados Unidos también han subido en años recientes sin que se apliquen tales políticas. Pero en este país el sector privado ha respondido al aumento de la demanda de atención infantil, y esto ha facilitado la participación de la mujer en la fuerza laboral.

En cambio, en los países en desarrollo, las políticas relativas al mercado laboral tendrán que asegurar fundamentalmente que la mayor población en edad de trabajar sea absorbida en la fuerza laboral, lo que requerirá la realización de reformas que mejoren la flexibilidad de los mercados de trabajo, así como una mejor instrucción y capacitación que faciliten las aptitudes necesarias para el empleo (véanse la edición de abril de 2003 de Perspectivas de la economía mundial y Fasano y Goyal, 2004, donde figuran datos sobre los mercados laborales de Oriente Medio).

Si se equipa al resto de la población económica activa con un capital mayor que utilice la mano de obra con mayor eficiencia, se podría compensar en parte el efecto de la disminución de la oferta de trabajadores. Para hacerlo, habría que incrementar el ahorro y una forma de lograr esto es que el Estado mismo ahorre más antes de que la población comience a envejecer. La conveniencia de tener un superávit fiscal primario y, de esta manera, reducir la deuda pública en los países avanzados, se examinó en la edición de mayo de 2001 de Perspectivas de la economía mundial y en Heller (2003). Sin embargo, como se señala en el recuadro 3.4, el envejecimiento de la población y los factores no demográficos—como el costo de nuevas tecnologías y medicamentos—probablemente producirán un aumento sustancial de los gastos en atención de la salud en años venideros y dificultarán aún más esta tarea fiscal. La reforma de las jubilaciones, además de ayudar a contener los desembolsos del sector público, quizá contribuya asimismo a acrecentar el ahorro privado, aunque esto dependerá de la naturaleza de las propias reformas y de la intensidad de las señales que se envíen a los integrantes de la fuerza laboral en el sentido de que aumenten sus ahorros para cuando llegue la jubilación (véase el recuadro 3.5). En los países en desarrollo, contar con un marco macroeconómico sólido y estable—que permita tener baja inflación y un nivel sostenible de deuda pública—y realizar reformas institucionales son elementos importantes de un clima propicio al ahorro interno, las entradas de capital y la acumulación de capital25.

La utilización más eficiente del capital y del trabajo existentes podría contrarrestar la esperada disminución de la disponibilidad de mano de obra (y posiblemente de capital) en los países avanzados y en los países en desarrollo con envejecimiento más rápido. Por lo tanto, serán importantes las reformas estructurales que procuran acrecentar la productividad por medio de la reducción de los impedimentos que se oponen a la competencia, mejorar el mercado laboral y la flexibilidad de los precios y estimular la innovación (si bien es evidente que hay poca certeza en cuanto a la repercusión exacta que tendrían esas reformas)26. Sin embargo, un aumento más decidido de la productividad no ayudará a aliviar las presiones financieras que sufren los sistemas jubilatorios si los pagos de las prestaciones están indexados a los salarios (que aumentan junto con la productividad), aunque, al aumentar el ingreso global, creará un entorno que facilitará la ejecución de las reformas (véase el recuadro 3.5). En otros países en desarrollo, una mayor productividad sería también un complemento importante del efecto positivo que puede tener el cambio demográfico en el crecimiento per cápita en los próximos años.

Recuadro 3.4.Las repercusiones del cambio demográfico en los sistemas de atención de la salud

Buena parte del debate acerca de las políticas frente al envejecimiento de la población se ha centrado en la posibilidad de que este signifique crecientes desembolsos por concepto de pensiones. Sin embargo, este proceso tendrá además importantes implicaciones para los sistemas de atención de la salud, tanto en los países industriales como en los de mercados emergentes y de ingreso mediano. Si bien el envejecimiento de por sí elevará los gastos en atención de la salud, el principal desafío para los gobiernos en los años venideros será abordar los factores clave no demográficos que han continuado elevando los costos de la atención médica. En este recuadro se analizan algunos de los aspectos principales del impacto del envejecimiento poblacional y de otros factores en los sistemas de atención de la salud.

¿Consumen los mayores más atención médica?

En los países industriales, la población integrada por personas mayores—de más de 65 años de edad—gasta más en atención médica que quienes no han alcanzado esa edad. Por lo tanto, la existencia de una mayor proporción de ancianos dentro de la población total importaría, ceteris paribus, un mayor nivel medio del gasto en atención médica. Pero esta inferencia puede ser engañosa, ya que ese mayor nivel medio de gasto podría deberse simplemente al hecho de que se incurre en una proporción significativa de los gastos médicos de todo el ciclo de vida en el último o los últimos años. Si la existencia de una proporción más alta de personas de edad avanzada no tuviera efecto alguno sobre la tasa de mortalidad, entonces esa mayor proporción solo afectaría los gastos médicos si esos mayores que no están en la etapa final de su vida gastaran más, en promedio, que la población en edad de trabajar.

Según parecen señalar algunas manifestaciones incipientes, hoy las personas efectivamente tienen vidas más prolongadas y saludables, en parte porque hacen más ejercicio, fuman menos y controlan su peso1. El acceso a una atención médica de alta calidad para prevención, diagnóstico y tratamiento y la disponibilidad de nuevos medicamentos también están contribuyendo a prolongar los años de vida en buen estado de salud. Pero aun así las personas mayores parecen generar, en promedio, una mayor demanda de atención médica en sus últimos años de vida (excluido el último), en términos de atención ambulatoria, hospitalización y cuidado de largo plazo de pacientes crónicos, que los menores de 65 años de edad. Cuando las personas alcanzan edades muy avanzadas, parecen estar expuestas a trastornos que acarrean una mayor incapacidad y que pueden requerir atención durante mucho tiempo (situación que, a su vez, puede exigir tiempo a quienes de lo contrario estarían plenamente dedicados a su trabajo). Además, el posible aumento de la tasa de mortalidad que se produce al crecer la proporción de ancianos (que incrementará el peso de esos años de altos costos médicos) dependerá del equilibrio entre una creciente proporción de personas de edad avanzada en la población y una esperanza de vida en aumento (que de hecho reduce la proporción de personas mayores que están en el último año de su vida)2.

¿En qué medida contribuirán los factores demográficos a elevar el gasto en atención médica?

En estudios realizados recientemente se ha procurado estimar de qué manera los factores demográficos incidirán en el gasto en atención médica. Los estudios de la OCDE y la Unión Europea parecen indicar que los factores demográficos considerados en forma aislada elevarían ese gasto entre dos y tres puntos porcentuales del PIB en el período de 2000 a 20503. Si se incluye la prolongada atención que requieren los pacientes crónicos, esas estimaciones resultarían aún más elevadas. Pero en estos estudios se mantiene la hipótesis de que la creciente proporción de personas mayores dentro de la población gastará más en salud, independientemente del hecho de que su salud sea, en realidad, mejor. Los análisis más complejos que están realizándose en la Comisión Europea seguramente permitirán evaluar con más precisión el impacto de los factores demográficos.

La mayoría de los economistas especializados en salud sostienen que los principales responsables del brusco aumento de los costos de atención médica a partir de la década de 1960 son los factores no demográficos y que tendrán igual preponderancia en las próximas décadas. Muchos señalan el caso de Estados Unidos, donde los desembolsos para atención médica figuran entre los más elevados del mundo y el gasto nacional en salud ha crecido a un ritmo de alrededor del 2,5% anual, con mayor rapidez que el PIB real, desde 1960. Pero la presión que hace subir los costos de atención médica más velozmente que el PIB real per cápita también se manifiesta en casi todos los otros países de la OCDE, aun cuando en ellos el nivel de este gasto es menor (OCDE, 2004). Es interesante destacar que los esfuerzos por mejorar la conducta de los individuos en materia de salud (controlar la obesidad, dejar de fumar) no frenarían drásticamente el ritmo de incremento del gasto, dado que el resultado sería una mayor esperanza de vida, una mayor demanda y una diferente composición de la atención que en un escenario con menos cambio de conducta (Wanless, 2002).

Los factores determinantes del fuerte crecimiento de los costos de la atención sanitaria son el aumento relativamente más lento de la productividad en este sector (que es consecuencia del alto porcentaje que representan los costos laborales), la ampliación de la cobertura del seguro de salud, el riesgo moral vinculado a la cobertura a cargo de terceros (dado que los hogares soportan solo una pequeña parte de los costos del aumento de la demanda), el desarrollo de medicamentos nuevos pero más costosos, las innovaciones tecnológicas en el campo del diagnóstico y tratamiento y la creciente demanda de estos nuevos fármacos y tecnologías por parte de los hogares y los prestadores. Estas innovaciones también han facilitado un aumento de la esperanza de vida en condiciones saludables y reducido los costos no médicos que se vinculan con el tratamiento y la atención de los pacientes, aun cuando los resultados médicos no mejoren (Glied, 2003). No obstante, actualmente pocos analistas prevén hoy que en un plazo cercano se modere la presión que empuja los costos médicos al alza (Oficina del presupuesto del Congreso de Estados Unidos, 2003).

La contención de los costos médicos en una sociedad que envejece

La proporción del PIB que puede destinarse a atención médica no es ilimitada y, por ende, hay cierta inquietud en cuanto al monto que puede financiarse y la posibilidad de lograr un acceso equitativo a la atención. Todos los países industriales están lidiando con el problema de contener el incremento de los costos de atención médica, especialmente en vista de las demás cargas fiscales que soportan los gobiernos cuyas sociedades envejecen. Para ello se han adoptado dos tipos de enfoque.

  • El primero es imponer restricciones presupuestarias globales al gasto en atención de la salud, como precios regulados para los fármacos y los trabajadores, topes presupuestarios en aquellos regímenes donde el Estado es el principal prestador de servicios de salud y el traslado de los costos al sector privado mediante límites máximos a los reembolsos por compras de bienes y servicios (mayormente medicamentos).
  • El segundo procura modificar los incentivos existentes tanto para los prestadores como para los usuarios de los servicios de atención de la salud, incluso mediante el establecimiento de mecanismos de distribución de los costos, la intervención de profesionales que actúen como filtro o como control inicial para frenar los excesos de demanda y orientarla hacia prestadores más eficientes (por ejemplo, centros ambulatorios en lugar de hospitales más costosos), una mayor competencia entre los prestadores (por ejemplo, hospitales, compañías de seguros) y el incremento de la eficiencia mediante un mayor uso de las tecnologías de la información.

Los países de mercados emergentes y los de ingreso mediano se enfrentan a retos similares, pero muchos de ellos deben abordar tareas aún más complejas para facilitar la modernización de sus sistemas de salud. Los grupos sociales de ingreso mediano y alto exigirán que haya modernas y costosas tecnologías de atención médica, mientras que para muchos otros miembros de la sociedad se acrecentará la prevalencia de enfermedades no transmisibles (como consecuencia del consumo de tabaco) y el riesgo de sufrir accidentes cuyo tratamiento también exigirá la aplicación de modernas tecnologías médicas. Pero, por añadidura, los sistemas de salud de esos países deberán además atender a numerosos pacientes todavía aquejados por problemas de enfermedades transmisibles comunes en países en desarrollo. Por otra parte, a medida que también sus sociedades vayan envejeciendo, comenzarán a experimentar problemas similares a los de los países industriales para financiar los costos médicos del segmento de su población de edad más avanzada.

Nota: El autor principal de este recuadro es Peter Heller.

1En Europa se trabaja mucho sobre este tema en este momento, en el contexto de un proyecto sobre envejecimiento, salud y jubilación auspiciado por la Unión Europea (AGIR, 2003a, 2003b), una labor que está aportando datos sobre los aspectos biodemográficos del envejecimiento y el uso de los servicios de atención sanitaria y geriátrica por parte de las personas de edad avanzada.2Véase Wise (2003), Wanless (2002) y AGIR (2003a, 2003b).3OCDE (2001) y Comisión Europea (2001).

Es probable que se necesite una combinación de muchas medidas para abordar las consecuencias del cambio demográfico, ya que la magnitud de las reformas que se necesitarían en cada esfera es tan grande que será difícil lograrlas desde el punto de vista tanto político como económico. Por ejemplo, en el gráfico 3.9 puede verse que, para las economías avanzadas en conjunto, la aplicación por separado de una de estas medidas requeriría grandes aumentos de las tasas de participación, de la inmigración o de la edad de jubilación para estabilizar la relación entre la fuerza laboral y la población en el nivel que tiene actualmente, aumentos de una magnitud jamás observada con anterioridad. Pero si las reformas se realizaran conjuntamente en estas tres esferas, los cambios requeridos serían mucho menores; un incremento de la tasa de participación de 3¾ puntos porcentuales, una inmigración del 10% de la población y un aumento de 2,3 años en la edad de jubilación, bastarían, sumados, para mantener en 2050 la actual razón fuerza laboral/población. Estos cambios, no fáciles, se encuentran dentro de los valores observados en algunos países avanzados durante los últimos 40 años o, en el caso de la edad de jubilación, de lo que se ha establecido por ley en algunos países conforme a las recientes reformas jubilatorias. Además, las políticas que se adoptan suelen estar relacionadas y ser complementarias, lo que puede ayudar a maximizar el efecto de cada reforma, el aumento de la edad de jubilación no solo mitigará la carga en este régimen sino que también fomentará la oferta potencial de mano de obra, ya que las personas de edad permanecen más tiempo en actividad y es posible que influyan en el comportamiento del ahorro.

Las medidas que se tomen en el plano internacional serán importantes para enfrentar el cambio demográfico. El ajuste mundial a las diferencias en el ritmo del envejecimiento de la población tendrá lugar por medio del desplazamiento de bienes, capital y mano de obra entre los países, unos flujos que podrían ser grandes. La reasignación de los recursos mundiales se realizará con mayor eficiencia si se deja operar sin obstáculos a todos estos cauces y, cuanto más se comparta el ajuste entre ellos, menor será la carga que tendrá que soportar cada uno27. Pero las autoridades tendrán que contrapesar las consideraciones económicas, políticas y sociales. Por ejemplo, si los países avanzados permiten una mayor inmigración, esta medida ayudaría a amortiguar el efecto del envejecimiento de la población en su población activa, pero también es menester tener en cuenta las implicaciones sociales, entre ellas, la capacidad para integrar un gran número de migrantes en la sociedad y el impacto que tendría dicha migración en la densidad de población (que ya es alta en Europa y Japón)28. La liberalización de la cuenta de capital podría permitir a los países en desarrollo atraer más financiamiento externo y, por lo tanto, les daría la oportunidad de impulsar la inversión y el crecimiento, pero también puede aumentar el riesgo de que se desaten crisis financieras, sobre todo si las políticas económicas y las instituciones no son suficientemente sólidas. La movilidad de los trabajadores puede ser una fuente importante de ingreso para estos países a través de las remesas, pero también puede provocar una “fuga de cerebros”: cuando se van los habitantes con mayor educación de un país, ocasionan un efecto perjudicial en el producto. Se necesitará una cooperación internacional más intensa para supervisar estas corrientes transfronterizas y asegurar que los riesgos que conllevan se minimizan todo cuanto sea posible.

Recuadro 3.5.El impacto del envejecimiento en los planes públicos de jubilación

Los sistemas públicos de jubilación cumplen una función de vital importancia como medio de sostén de los jubilados y de las personas de más edad. En los países más grandes de Europa, una alta proporción del ingreso jubilatorio proviene del sistema público. En Estados Unidos, la seguridad social aporta un porcentaje menor de ese ingreso que el régimen público de muchos países europeos, pero no obstante es importante para millones de ciudadanos de edad avanzada. En una serie de países de mercados emergentes, el sistema público suele ser una fuente importante de ingresos, y a menudo prácticamente la única, para muchas personas mayores. En otros países, la cobertura que ofrece el sistema jubilatorio suele ser sumamente reducida.

La mayoría de los regímenes públicos de jubilación son sistemas de reparto con prestaciones definidas, en los cuales el monto de la pensión está determinado por la cantidad de años trabajados y el salario o sueldo percibido en los últimos años en actividad1. En un sistema de reparto, las prestaciones del período corriente se financian con ingresos corrientes, por lo general mediante un impuesto sobre la nómina salarial. A diferencia de lo que sucede en el caso de un plan de prestaciones definidas a cargo del empleador, no se acumula ningún fondo de reserva.

El envejecimiento de la población tiene un impacto financiero directo en un régimen de reparto. Para que los ingresos de este sistema sean iguales a los egresos, la tasa del impuesto sobre la nómina debe ser igual al gasto en jubilaciones dividido por la masa salarial, lo cual es equivalente a la relación entre los jubilados y los aportantes activos multiplicada por la relación entre el haber jubilatorio medio y el salario medio. El envejecimiento incrementa la relación entre jubilados y empleados y, de no haber variación en la relación entre la pensión y el salario, es menester elevar el impuesto sobre la nómina para mantener el equilibrio entre ingreso y gasto. En muchos países industriales, las tasas de este impuesto han sufrido incrementos sustanciales en los últimos 40 años que, en parte, fueron necesarios para financiar los aumentos de la jubilación real media; estos a su vez se debieron en cierta medida a lo que se conoce como el efecto de maduración, por el cual el período medio durante el que aportan los nuevos jubilados se va incrementando cuanto más tiempo se aplique el plan. Pero una porción considerable del incremento es atribuible a la mayor relación entre jubilados y empleados, es decir, al envejecimiento de la población. Los aumentos del impuesto sobre la nómina necesarios para mantener el equilibrio financiero de los sistemas de reparto han contribuido a generar distorsiones en el mercado de trabajo, especialmente en Europa, y han agravado el problema del envejecimiento al reducir las tasas de participación de la fuerza laboral.

Este fenómeno del envejecimiento es consecuencia tanto de tasas de natalidad decrecientes como de una mayor esperanza de vida en todas las edades, pero sobre todo de las personas mayores. En los países avanzados, la esperanza de vida cuando llega el momento de jubilarse es mucho mayor que la registrada incluso 50 años atrás. Cuando las tasas de natalidad comenzaron a descender en muchos países después de la segunda guerra mundial, esa disminución no fue registrada por los estadísticos dedicados a las cuentas nacionales como una reducción de la inversión—en formación de capital humano—pero efectivamente lo era. Desde el punto de vista de la sociedad, si bien no del de los padres, los hijos son una inversión económica. No obstante, la retracción de la inversión en futuros trabajadores que entrañaba las decrecientes tasas de natalidad no fue compensada por inversiones en otras esferas.

Los problemas económicos y fiscales que trae aparejado el envejecimiento pueden ser considerados como un juego intergeneracional de “suma cero”. Hay más bocas para alimentar por cada persona económicamente activa, y la necesaria contracción del consumo debe ser compartida entre las diferentes generaciones. No obstante, un incremento en el ahorro y en la inversión, que dotará de más capital a la generación que habrá de financiar a los integrantes de la generación de posguerra cuando estos se jubilen, aumentará el crecimiento y el producto per cápita y atenuará las ventajas y desventajas generacionales. El aumento de la inversión exige una disminución inicial del nivel de consumo, que deben compartir de alguna manera las diferentes generaciones, pero puede fomentar niveles más elevados en etapas posteriores. Análogamente, toda reforma que eleve la productividad puede mitigar el problema de financiar las pensiones de la masa de población que envejece.

Algunos economistas han sostenido que la instauración de un plan de aportaciones definidas habría evitado las dificultades que actualmente enfrenta el típico sistema público de jubilación2. Ese es el tipo de plan que se contempla cuando se considera la privatización del sistema jubilatorio o la reforma del sistema jubilatorio de cuentas individuales. No obstante, ese argumento pasa por alto el hecho de que, en una sociedad que envejece, la población en edad de trabajar tiene que financiar a una mayor cantidad de personas, independientemente de la forma que adopte el sistema jubilatorio. La adopción de un plan de aportaciones definidas no reducirá los efectos del envejecimiento de la población a menos que haga subir la tasa de ahorro, pero quizás esto lo pueda lograr una reforma bien diseñada que establezca un sistema de cuentas individuales, siempre que tenga como objetivo explícito el aumento del ahorro.

Al considerar las distintas opciones para la reforma del sistema jubilatorio, es útil distinguir entre la reforma convencional o paramétrica, en la cual se mantiene el sistema vigente pero se modifican sus parámetros, y la reforma estructural, en la cual se establece un nuevo tipo de mecanismo, como un régimen de cuentas individuales. La reforma convencional exige alguna combinación de incremento de los montos que ingresan y disminución de las pensiones. En muchos países, el impuesto sobre la nómina salarial es ya elevado, y es probable que si se lo incrementa más se genere alguna distorsión en el mercado de trabajo. Queda entonces la alternativa de bajar las pensiones, lo cual puede lograrse de diversas maneras. Una de ellas sería posponiendo la edad de jubilación normal, opción que puede justificarse mediante el argumento de que en la actualidad las personas mantienen su buena salud por más tiempo, pero que exige que las personas próximas a alcanzar la edad de jubilación normal puedan continuar trabajando o encontrar empleos alternativos. Lograr este objetivo bien puede requerir tanto una modificación de la actitud y las prácticas de los empleadores como una reforma del mercado laboral. Una segunda opción consiste en indexar la pensión inicial (la que se paga en el primer año de la jubilación) según los precios al consumidor en lugar de hacerlo según los salarios, como se hace en el Reino Unido, pero esto exigiría modificar la fórmula de las prestaciones. Una tercera opción supone reducir el factor de acumulación (véase la nota 1). Por consideraciones tanto de índole política como de equidad, es conveniente que tales modificaciones no se introduzcan de manera precipitada sino gradualmente.

Las reformas paramétricas reducen la tasa implícita de rentabilidad del sistema público de jubilación3. Quienes abogan por la privatización del sistema de jubilación destacan la disminución en el tiempo de la tasa implícita derentabilidad como una de las razones que la justifican. Al privatizar se crea una cuenta individual para cada participante del régimen público y una fracción de lo que aporta como impuesto sobre la nómina va a esa cuenta—o quizá se imponga una contribución adicional—y los fondos de esa cuenta se invierten en los mercados financieros, de acuerdo con los límites que determine la reforma. Al llegar el momento de la jubilación, esos fondos y las utilidades que han acumulado pueden emplearse para financiar la adquisición de una renta vitalicia o una serie de desembolsos graduales. Las cuentas individuales pueden reemplazar íntegramente el antiguo sistema de jubilación estatal o bien simplemente complementarlo o suplementarlo.

La reforma del sistema de jubilaciones no busca tan solo aumentar la tasa de ahorro para fomentar la inversión y el crecimiento, pero eso es lo que tiene que hacer como mínimo si la reforma significa algo más que una mera redistribución entre generaciones. Ese aumento del ahorro puede lograrse mediante modificaciones en el sistema jubilatorio en sí mismo, un ajuste fiscal o ambas cosas. Por ejemplo, una reforma que contemple el uso de cuentas complementarias puede incrementar el ahorro si quienes aportan no responden recortando otras formas de ahorro hasta neutralizar por completo tal incremento. Una reforma convencional puede acrecentar el ahorro mediante aumentos de los impuestos que gravan la nómina salarial, los cuales reducen el consumo de la actual generación activa, o una reducción de las prestaciones jubilatorias. El efecto en el ahorro no es la única prueba de una reforma del régimen de jubilaciones: el sistema de cuentas individuales tiene otras diferencias importantes con el sistema público convencional, por ejemplo, en el nivel de riesgo que asumen los aportantes. De todos modos, tanto las reformas convencionales como las basadas en un régimen de cuentas individuales deben ellas mismas incrementar el ahorro o ir acompañadas de medidas que lo aumenten o acrecienten la productividad, si su finalidad es ayudar a mitigar las consecuencias financieras y macroeconómicas del envejecimiento de la población4.

Nota: El autor principal de este recuadro es Sandy Mackenzie.1A modo de ejemplo, un jubilado podría percibir 1,3% del promedio de los últimos tres sueldos anuales por cada año trabajado. Treinta y cinco años de trabajo determinarían una tasa de reemplazo (la relación entre la pensión y el sueldo computable a efectos de la jubilación) de 45,5%. También puede haber topes máximos y mínimos, y el factor de acumulación (en este ejemplo, 1,3%) puede variar según el número de años trabajados.2En un plan de aportaciones definidas se establecen las contribuciones que efectúa el participante, generalmente como una proporción fija de su sueldo, pero no se garantiza una prestación específica.3La tasa implícita de rentabilidad es la tasa de descuento que iguala lo que el integrante medio de un determinado grupo etario puede esperar percibir en prestaciones jubilatorias en función del valor acumulado de su aportación sobre el salario y de las contribuciones efectuadas por su empleador en su nombre.4Véanse otros análisis de los méritos de los sistemas de cuentas individuales desde diversos puntos de vista en Barr (2001), Orszag y Stiglitz (2001) y Samwick (1999).

En el resto de esta sección, se examinan detenidamente tres cuestiones relacionadas con las medidas que requiere el cambio demográfico y se evalúan las potenciales implicaciones nacionales y mundiales de las reformas. Ellas son: 1) las reformas de los planes jubilatorios en los países avanzados; 2) la función de la movilidad de los trabajadores (migración) en el proceso de ajuste mundial, y 3) la mejora del acceso a los mercados internacionales de capital en el caso de los países en desarrollo para maximizar las oportunidades que ofrece el dividendo demográfico. La elección de estos tres temas por cierto no significa que son más importantes que otros, como por ejemplo el ajuste fiscal y la reforma del mercado laboral, para hacer frente a los retos que plantea el cambio demográfico.

Reforma de los sistemas jubilatorios en los países avanzados

Como ya se analizó anteriormente, el financiamiento de las prestaciones jubilatorias prometidas en muchos países avanzados requeriría, en el futuro, un alza sustancial de los aportes. En vista de la enorme carga que supondría dicho incremento para la población en edad de trabajar y el efecto perjudicial que tendría en los incentivos para trabajar, los gobiernos están considerando activamente una serie de reformas para mejorar la sostenibilidad de los sistemas públicos de jubilación. Por ejemplo, en Francia, Italia y Japón se aumentará la edad de jubilación, mientras que en Estados Unidos la edad normal en el caso de la seguridad social ha venido subiendo poco a poco de 65 a 67 años de edad desde que se pusieron en práctica las recomendaciones de la Comisión Greenspan de 1983. Pero las modificaciones que están realizándose son muy moderadas y hay que considerarlas teniendo presente el sustancial aumento de la esperanza de vida logrado en los últimos 40 años y la tendencia general a abandonar la fuerza laboral antes de llegar a la edad oficial de jubilación (gráfico 3.10). Las reformas de las pensiones anunciadas en Alemania han adoptado un enfoque diferente, a saber, se reducirán las prestaciones futuras pero no se modificará la edad de jubilación.

Gráfico 3.10.Esperanza de vida y edad de jubilación correspondientes a varones en algunas economías avanzadas

Si bien la esperanza de vida ha aumentado, hubo poca variación de la edad de jubilación oficial, y la edad efectiva de retiro de la fuerza laboral ha descendido.

Fuentes: Scherer (2002); Naciones Unidas, World Population Prospects: The 2002 Revision(2003), y Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Social Security Programs Through the World (varias ediciones).

Se evaluó el efecto potencial de dos posibles reformas en los sistemas públicos de jubilación europeos utilizando el modelo INGENUE29.

  • En el primer escenario, la tasa de reemplazo de la pensión baja a 50% en 2050 (de 70% en 2000) y los aportes se mantienen en el nivel que tenían al final de 2000.
  • En el segundo escenario, la edad de jubilación se aumenta gradualmente de 60 a 65 años de edad entre 2000 y 2020, pero la tasa de reemplazo no se modifica, lo que significa un incremento menor de los aportes que el que se produciría de no ejecutarse la reforma.

Estos dos escenarios de reforma se comparan con el de referencia—en el que se apoyan los resultados de la sección anterior—en el cual es necesario aumentar sustancialmente los aportes, de 22½% a 37½%, para que los planes jubilatorios puedan financiar las obligaciones que tienen con los actuales parámetros de prestaciones. En los escenarios se supone que las reformas se aceptan plenamente cuando se las anuncia y, por lo tanto, las personas comienzan a ajustar de inmediato su comportamiento.

Hay diferencias importantes en el efecto macroeconómico que tienen estos dos tipos de reforma jubilatoria en el modelo. En el caso en que se reducen las prestaciones, aumenta el ahorro privado en Europa porque los hogares se ajustan cuando notan que tendrán que contribuir más para su propia jubilación (gráfico 3.11)30. Pese a que este aumento del ahorro hace descender las tasas de interés real y acrecienta la inversión, también reduce el consumo y, de hecho, en el modelo, es poca la influencia en las tasas de crecimiento del PIB real. El efecto del aumento de la edad de jubilación no es tan directo. Al principio, el ahorro privado disminuye porque los trabajadores observan que, como jubilados, tendrán que financiar el consumo futuro durante un período más corto, y esto acentúa el consumo y el crecimiento. Pero a la larga, el aumento de las tasas de interés real actúa reduciendo un poco las tasas de crecimiento real. En Europa, los cambios de comportamiento en materia de ahorro atribuibles a la reforma jubilatoria tienen repercusiones en los flujos de capital, la tasa de interés real mundial y el saldo externo. El aumento del ahorro cuando se reducen las prestaciones de los planes públicos hace bajar la tasa de interés real mundial—lo que tiene un pequeño efecto positivo en la actividad mundial—y lleva a una mejora sustancial del saldo en cuenta corriente de Europa. Por otra parte, si se aumenta la edad de jubilación, el modelo sugiere que este saldo se deterioraría al principio por la disminución del ahorro y que las tasas de interés mundiales subirían en forma moderada. Luego, cuando el ahorro se recupera, el saldo en cuenta corriente mejora y desciende la tasa de interés real mundial.

Gráfico 3.11.Impacto de la reforma de las jubilaciones en Europa según el modelo INGENUE

(Diferencia en puntos porcentuales con respecto al valor de referencia)

La reforma de las jubilaciones en Europa es esencial para mantener la sostenibilidad fiscal y tal vez ayude a sostener el ahorro y el crecimiento frente al envejecimiento.

Fuente: Equipo de INGENUE.

Los resultados que da el modelo plantean una serie de interrogantes importantes con respecto a la reforma jubilatoria. Primero, los distintos enfoques pueden afectar a la macroeconomía de diferentes maneras. Las reformas que aumentan la edad de jubilación parecen ser más propicias para el crecimiento que las que reducen las prestaciones y, por lo tanto, su diseño es importante. Segundo, las que se realicen en países grandes tendrán repercusiones para la economía mundial en razón de su impacto en las tasas de interés y los flujos de capital. Aunque en los escenarios que se examinan aquí el impacto no es tan fuerte, si todos los países avanzados implementaran esta reforma al mismo tiempo, el efecto en la economía mundial sería mucho más significativo.

Una dinámica importante en el caso de las reformas jubilatorias es que el cambio demográfico, al aumentar el peso político de la tercera edad que quizá sea la que más tiene que perder, probablemente hará que la implementación de estas reformas sea cada vez más difícil en el futuro. Las personas de mayor edad—las que tienen más de 50 años—pronto constituirán la mayoría de los votantes activos en muchos países avanzados, una vez que se toman en cuenta las distintas proporciones en que se vota según los grupos de edades (gráfico 3.12)31.

Gráfico 3.12.El último tren para la reforma de las pensiones parte en…1

(Año en el cual los votantes de 50 años y más representan al menos 50,1% del total)

En muchos países, las personas de edad avanzada pueden llegar a representar dentro de poco tiempo a la mayoría de los votantes, lo que dificultará más la implementación de toda reforma que los afecte en forma adversa.

Fuentes: Institute for Demographic and Electoral Assistance, Youth Voter Participation (1999); Statistisches Bundesamt, Voter Behavior in the Federal Elections 2002 by Gender and Age (2003); Oficina del Censo de Estados Unidos (2003), y Naciones Unidas, Population Prospects: The 2002 Revision(2003).

1Número de votantes de 50 años y más ajustado en función de la tasa de participación por edades.

El papel de la movilidad de los trabajadores en el proceso de ajuste mundial

El modelo INGENUE, y la mayoría de los otros modelos macroeconómicos grandes y de varios países, no toma en cuenta la posibilidad de que haya movilidad de la mano de obra entre los países. Pero de hecho, una movilidad más intensa de este tipo es un mecanismo potencialmente importante que la economía mundial puede utilizar para responder al cambio demográfico, y es una alternativa interesante para los flujos de capitales. Aunque la migración en general no ha sido en los últimos años una fuente de peso para el crecimiento de la población de casi todos los países avanzados—en verdad, ha estado muy restringida por las políticas de inmigración—en épocas anteriores hubo, en ciertos períodos, sustanciales corrientes de mano de obra, sobre todo durante 1820–1913, cuando un gran número de migrantes se desplazó de Europa a Estados Unidos y otros países del nuevo mundo.

El papel que podría desempeñar esta movilidad en lo que se refiere a ayudar a las economías a responder ante el cambio demográfico fue estudiado en un modelo sencillo de dos países y dos períodos que amplía los trabajos realizados por Tosun (2003). El modelo incorpora un país avanzado y otro en desarrollo, cada uno de ellos con una población integrada por dos grupos de edades (trabajadores y jubilados). Las características demográficas de cada país se han fijado de modo de representar proyecciones reales de las Naciones Unidas para países avanzados y en desarrollo, de modo que el país avanzado envejece más rápido que el que se encuentra en desarrollo. En el modelo, el sistema de seguridad social es de reparto, el gasto público en educación aumenta la productividad de los trabajadores, los impuestos que se aplican tanto a los trabajadores como a los jubilados financian estos gastos y el sistema de votación es simple: la gente vota la tasa tributaria preferida y, así, determina el monto de bienes destinado a acrecentar la productividad que proporcionará el gobierno32. La migración de los trabajadores se produce en respuesta a las diferencias de salario real que hay entre los países (los jubilados no se trasladan a otro país), en tanto el capital se desplaza en razón de las diferencias en las tasas de interés real (véanse más detalles en apéndice 3.1)33.

El resultado de permitir una plena movilidad del capital (sin movilidad de los trabajadores) fue comparado con lo que ocurre cuando hay plena movilidad de la mano de obra (sin movilidad del capital)34. Las consecuencias—en términos de consumo per cápita, que sirve como aproximación al bienestar del hogar—de tener plena movilidad del capital son bastante semejantes a las examinadas antes. Concretamente, el cambio demográfico reducirá el aumento del consumo per cápita en los países avanzados y lo aumentará en los países en desarrollo durante los próximos 50 años (gráfico 3.13).

Gráfico 3.13.Repercusiones de la movilidad de la mano de obra y del capital para el consumo per cápita, 2000–60

(Variación porcentual total del consumo per cápita durante 2000–60)

La movilidad del capital y la de la mano de obra tienen implicaciones diferentes para las economías avanzadas y en desarrollo. Este modelo sencillo sugiere que las economías avanzadas se benefician más de la movilidad de los trabajadores, y las economías en desarrollo, de la movilidad del capital.

Fuente: Cálculos del personal técnico del FMI.

Si hay movilidad de mano de obra pero no del capital, los resultados varían. Específicamente, el país avanzado se beneficia de esta movilidad de la mano de obra y su pérdida de consumo per cápita es mucho menor que cuando no la hay, porque este país ya tiene su capital y si no hay migración hacia él, la reducción de su fuerza laboral, a medida que va envejeciendo su población, hace que el capital se torne menos productivo. En consecuencia, la migración amortigua el efecto de la reducción de la fuerza laboral, aunque el crecimiento sigue siendo ligeramente negativo durante el período.

Sin embargo, el país en desarrollo está en una situación un poco mejor cuando hay movilidad del capital, pese a que crece más decididamente que el avanzado en ambos escenarios. Se beneficia más de esta movilidad porque tiene una fuerza laboral grande, con baja productividad porque su capital es insuficiente. Por lo tanto, lo favorecen las entradas de capital que le permiten invertir más e ir agrandando su capital, lo que llevará al aumento de la productividad laboral y al crecimiento. Este modelo no toma obviamente en cuenta algunos de los otros posibles cauces por los cuales la migración beneficia a este país en desarrollo, entre ellos el aumento de las remesas de los emigrados o el menor desempleo interno si hay excedente de mano de obra35. A nivel mundial, en el modelo el aumento del consumo per cápita es un poco más alto cuando hay movilidad de la mano de obra que de capital.

Los resultados que figuran en esta sección parecen indicar que la migración hacia el país tiene potencial para ayudar a responder ante los efectos del envejecimiento de la población en los países avanzados, aunque—de acuerdo con los datos examinados antes—la entrada de migrantes al país avanzado es grande (un número de inmigrantes equivalente al 13% de la población autóctona en edad de trabajar se traslada al país avanzado durante el período de 60 años del modelo). Si bien una migración de esta escala puede tener que enfrentar barreras sociales y políticas, es probable que un cierto incremento de las corrientes de trabajadores entre los países en comparación con los niveles actuales sea una parte importante del ajuste mundial frente al cambio demográfico36. Los resultados también indican que la movilidad del capital y de la mano de obra puede beneficiar en forma diferente a los países avanzados y en desarrollo, de modo que es probable que, en última instancia, se necesite cierta nivelación en el ajuste que tiene lugar por medio de estos dos cauces.

La migración es, por supuesto, solo un remedio “transitorio” para el envejecimiento de las poblaciones. A largo plazo, este envejecimiento es un acontecimiento mundial que la migración por sí sola no puede resolver, dado que los inmigrantes mismos envejecen y, con el tiempo, tienden a adoptar los niveles de fecundidad del país que los acoge. Los resultados también destacan que los flujos de capital serán importantes para los países en desarrollo si quieren maximizar las oportunidades que ofrece su creciente población en edad de trabajar.

Mejora del acceso de los países en desarrollo a los mercados de capital

En el futuro, una porción creciente de la población mundial en edad de trabajar residirá en los países en desarrollo. Hoy en día, empero, los flujos internacionales de capital hacia estas economías son relativamente reducidos y en general están dirigidos hacia unos pocos países, algunos de los cuales—como China que, en 2003, atrajo casi el 40% de estas inversiones extranjeras directas—se encuentran en una etapa más bien avanzada del proceso de envejecimiento. De hecho, los resultados mencionados en la sección anterior parecían indicar que la disminución del ahorro mundial podría en realidad reducir la disponibilidad de capital para los países en desarrollo en el próximo período. Si hay falta de acceso al capital, será más difícil para estos países maximizar los beneficios económicos que se derivan del aumento del tamaño relativo de su población en edad de trabajar.

¿Qué pueden hacer los países en desarrollo para mejorar su acceso al capital internacional? Ciertamente es necesario fortalecer la confianza de los inversionistas en las políticas y las instituciones, incluso con medidas orientadas a mejorar la sostenibilidad de la deuda pública y externa, reforzar los sectores financieros y tratar de resolver los problemas de gestión de gobierno. Es muy difícil modelar el efecto que tendrían tales reformas, aunque el éxito logrado por Chile en lo relativo a mantener un margen bajo para su deuda externa y un acceso ininterrumpido a los mercados mundiales de capital indica sin lugar a dudas la importancia de ese tipo de reformas.

Aquí se supone que las reformas orientadas a mejorar el clima de inversiones tienen como resultado una reducción de la prima de riesgo asociada con la inversión en activos de los países en desarrollo (en el gráfico 3.14 puede verse el impacto que tiene en el modelo MSG3 una reducción puntual de 1 punto porcentual en su prima de riesgo que es, actualmente, de un 5% medida por el margen del índice EMBI). Esta disminución de la prima de riesgo alienta los flujos de capital hacia los países en desarrollo, lo que reduce las tasas de interés real y tiene un efecto considerable en el PIB real. El ahorro interno también aumenta porque, en vista de las reformas, mejora la tasa de rendimiento del capital nacional, reforzando más el efecto positivo en el crecimiento. La posición en cuenta corriente de los países en desarrollo se deteriora, en tanto que las regiones de países avanzados—las proveedoras de capital a los países en desarrollo—exhiben mejoras en sus saldos externos.

Gráfico 3.14.Implicaciones de una disminución de 1 punto porcentual en la prima de riesgo de los países en desarrollo según el modelo MSG3

(Desviación de la proyección de referencia)

Una reducción del riesgo que entraña invertir en los países en desarrollo podría aumentar las entradas de capital, la inversión y el crecimiento.

Fuente: Estimaciones del personal técnico del FMI.

Observaciones finales

El mundo se encuentra en medio de una transición demográfica que está produciendo un envejecimiento sin precedentes de su población, pero los países se hallan en distintas etapas de esta transición. En los más avanzados, el proceso de envejecimiento se ha iniciado hace ya un tiempo y, según las proyecciones, el porcentaje de la población en edad de trabajar disminuirá en una medida bastante significativa en los próximos 50 años. En cambio, en muchos países en desarrollo, el tamaño relativo de esta población irá creciendo durante los próximos años antes de que se inicie el proceso de envejecimiento.

Estos cambios demográficos tendrán repercusiones en muchas esferas. En los países avanzados, el envejecimiento presionará las finanzas de los gobiernos, sobre todo los sistemas jubilatorios y de atención de la salud, al tiempo que es probable que se reduzcan las tasas del crecimiento per cápita. Pero en los países en desarrollo, los aumentos del tamaño relativo de la población en edad de trabajar podrían producir un crecimiento per cápita más sólido, siempre y cuando se utilicen con eficacia los recursos laborales adicionales. También se verían muy afectados los flujos internacionales de capital. Los resultados que se presentan en este capítulo han indicado que en los próximos 50 años puede haber grandes modificaciones del ahorro, la inversión y los saldos en cuenta corriente.

Sin embargo, hay una considerable incertidumbre y no comprendemos cabalmente la forma en que el cambio demográfico influirá en la evolución de la economía. Por ejemplo, si bien es evidente que el envejecimiento de la población significará presiones para los sistemas jubilatorios y de atención de la salud de los países avanzados, la magnitud del impacto financiero dependerá de lo que ocurra en materia de demografía, algo que es difícil de proyectar. Si el envejecimiento es más rápido que lo previsto, como ha ocurrido antes en los países avanzados, la tarea de reformar dichos sistemas será aún mayor de lo que se piensa hoy en día. La incertidumbre prevalece todavía más en lo que se refiere al efecto del cambio demográfico en los saldos externos y los flujos de capital. En este aspecto, mucho dependerá de la reacción del ahorro privado pero no se advierte con claridad en qué grado los hogares ajustarán su comportamiento a medida que vaya produciéndose la transición demográfica.

En los países avanzados, el desafío clave para el diseño y la implementación de medidas eficaces que respondan al cambio demográfico es identificar una combinación amplia de ellas—es probable que los cambios políticamente factibles en una única esfera resulten insuficientes—que tenga toda la flexibilidad posible ante la incertidumbre que persiste. El objetivo básico de estas reformas debe ser incrementar la oferta de mano de obra, el ahorro y la productividad. En muchos países se ha comenzado ya a abordar algunos aspectos críticos, entre otras cosas por medio de la modificación de los planes jubilatorios y las reformas estructurales que incentivan la productividad, aunque debe hacerse mucho más, por ejemplo para mejorar la situación presupuestaria del gobierno y reducir la deuda pública antes de que comience el proceso de envejecimiento. Habrá que considerar con especial esmero al sector de atención de la salud, en el cual el envejecimiento se sumará a las presiones de otro origen que ya se ejercen en este gasto.

En vista de la dimensión de la tarea, las reformas que ayuden a abordar múltiples aspectos de estos desafíos merecen especial atención; el anuncio de un presunto aumento de la edad de jubilación no solo aminorará la carga que entrañan las pensiones, sino que también aumentaría la oferta potencial de mano de obra. Evidentemente, diseñar reformas que puedan adaptarse a la incertidumbre acerca del futuro es una tarea muy difícil, pero una forma de abordar la que atañe a la esperanza de vida en los sistemas jubilatorios sería vincular los aumentos de la edad de jubilación y los de la esperanza de vida, o bien relacionar las pensiones a la esperanza de vida (como en Suecia). Por último, el envejecimiento puede tener repercusiones importantes para los mercados financieros si, al jubilarse, las personas de edad gastan sus activos, y las entidades de regulación deberán asegurar que los sistemas financieros tengan flexibilidad suficiente para hacer frente a esos posibles cambios (véase la edición de septiembre de 2004 de Global Financial Stability Report).

No se ha prestado tanta atención a la forma en que deberían reaccionar las políticas frente al cambio demográfico en los países en desarrollo, pero es un tema muy importante, sobre todo porque estos países constituirán una fuente cada vez más significativa de crecimiento mundial en los años venideros. Para estos países, la prioridad es contar con un marco de políticas que garantice la maximización de los potenciales beneficios del dividendo demográfico, al tiempo que preparan el terreno para el envejecimiento de la población que finalmente sobrevendrá. Es menester fortalecer los sistemas jubilatorios y de atención de la salud, para asegurar que proporcionan una red de protección para los ancianos que sea a la vez suficiente y sostenible en el aspecto fiscal. Al hacerlo, será importante que los gobiernos aprendan de lo que está sucediendo en muchos países avanzados y no se comprometan a otorgar prestaciones que serán difíciles de financiar.

El desplazamiento de bienes, capital y trabajo de un país a otro será parte integral del ajuste mundial frente a las tasas diferenciales de envejecimiento de la población. Habrá que decidir cómo se permite que operen los distintos cauces, y las autoridades tendrán que contrapesar las consecuencias económicas, políticas y sociales de cada uno. Cuanto más se reparta el ajuste entre los distintos cauces, menor será la carga impuesta a cada uno y tal vez esto ayude a reducir los riesgos que podrían acompañar a los grandes flujos de capital. En el plano internacional, se necesitará una mayor cooperación para manejar estos flujos transfronterizos y asegurar que se minimizan todo lo posible los riesgos consiguientes. En este aspecto, será importante avanzar hacia una mayor libertad del comercio—entre otras cosas, por medio de la exitosa finalización de la Ronda de Doha—y el fortalecimiento de la arquitectura financiera mundial.

Por último, algunas de las políticas para abordar el impacto del cambio demográfico inevitablemente significarán disyuntivas difíciles, se necesitará tiempo para acordarlas e implementarlas, y habrá que ir incorporándolas gradualmente a fin de dar a la gente tiempo suficiente para que ajusten su comportamiento. Esto es muy cierto en el caso de la reforma jubilatoria, que afecta al bienestar de los mayores y amenaza prestaciones a las que ellos consideran tener pleno derecho, pero también lo es en el caso de la atención de la salud. Por lo tanto, si bien el pleno impacto del cambio demográfico no se sentirá hasta dentro de varios años en la mayoría de los países, no debe demorarse el proceso de planificar una respuesta. Esto ocurre sobre todo en el caso de los países avanzados, en los cuales la reforma de los sistemas jubilatorio y de atención de la salud será cada vez más difícil de poner en práctica a medida que envejece la población. Las autoridades deben, entonces, aprovechar la firme reactivación actual de la economía mundial para adelantar los planes de reforma antes de que se acabe esta oportunidad.

Apéndice 3.1. El cambio demográfico y la economía mundial: Datos y estrategia para la preparación de modelos

Los autores principales de este apéndice son Nicoletta Batini, el equipo de INGENUE, Warwick McKibbin, Nicola Spatafora y Mehmet Tosun.

En este apéndice se proporcionan más detalles acerca de los datos y la estrategia utilizada para la preparación de los modelos que se emplean en este capítulo a fin de analizar el efecto del cambio demográfico en la economía mundial.

Análisis econométrico

En este análisis se examina un gran número de datos de panel de 115 economías avanzadas y en desarrollo que representan a la totalidad de las principales regiones geográficas, en un período que abarca desde 1960 hasta 200037. En el caso de todas las variables y de cada país, los datos se promedian en cada década. El análisis se concentra en el efecto del cambio demográfico en cada una de las siguientes medidas del desempeño macroeconómico: crecimiento del PIB per cápita; ahorro/PIB; inversión/PIB; saldo en cuenta corriente/PIB; y saldo presupuestario del gobierno central/PIB.

El cambio demográfico se mide utilizando las siguientes variables:

  • Razón población en edad de trabajar/población total y razón población de mayor edad/población total, cuando se examina cualquier medida del desempeño económico salvo el crecimiento del PIB per cápita38.
  • Variación de la razón población en edad de trabajar/población total y variación de la razón población de mayor edad/población total, cuando se analiza el crecimiento del PIB per cápita.

Las estadísticas resumidas de las variables clave que se usan en el análisis figuran en el cuadro 3.2. Para examinar la importancia del cambio demográfico como determinante del desempeño económico, se estimó la ecuación siguiente:

Cuadro 3.2.Algunas estadísticas resumidas, 1960–20001(Porcentaje, salvo indicación contraria)
VariableTodos los países de la muestra
Variables económicas
Crecimiento del producto per cápita1,7 (6,3)
Ahorro/PIB16,9 (15,0)
Inversión/PIB21,8 (8,4)
Cuenta corriente/PIB−4,1 (10,4)
Saldo presupuestario/PIB−3,4 (7,0)
Variables demográficas
Población en edad de trabajar/población total57,4 (6,3)
Población de edad avanzada/población total5,7 (3,8)
Variación en (población en edad de trabajar/población total)20,11 (0,32)
Variación en (población de edad avanzada/población total)20,05 (0,11)
Fuentes: Banco Mundial, Indicadores del desarrollo mundial; Naciones Unidas, World Population Prospects: 2002 Revision; y FMI, cálculos del personal técnico.

Los valores son promedios con una frecuencia anual; entre paréntesis al lado de cada valor se indican las desviaciones estándar de panel.

Puntos porcentuales.

Fuentes: Banco Mundial, Indicadores del desarrollo mundial; Naciones Unidas, World Population Prospects: 2002 Revision; y FMI, cálculos del personal técnico.

Los valores son promedios con una frecuencia anual; entre paréntesis al lado de cada valor se indican las desviaciones estándar de panel.

Puntos porcentuales.

en que Y es la variable macroeconómica específica que interesa; Demo son las medidas pertinentes del cambio demográfico; Z es un conjunto de variables de control y los subíndices i y t indican el país y el período, respectivamente. Esta ecuación se calcula usando el estimador de efectos fijos del panel. Específicamente:

  • En la regresión del crecimiento, los controles incluyen: ingreso inicial; coeficientes de matrícula en la escuela secundaria; inversión/PIB; saldo presupuestario/PIB; tasa de inflación; comercio exterior/PIB y riesgo país (medido por la International Country Risk Guide (ICRG)).
  • En las regresiones correspondientes al ahorro/PIB, inversión/PIB y cuenta corriente/PIB, los controles son: ingreso inicial; saldo presupuestario/PIB; activos externos netos/PIB; M2/PIB; la desviación estándar de un índice de la relación de intercambio; comercio exterior/PIB y una variable ficticia productorpetróleo.
  • En la regresión del saldo presupuestario, los controles incluyen: ingreso inicial; desviación estándar de la relación de intercambio y comercio exterior/PIB.

Con el fin de neutralizar los efectos de posibles problemas de endogeneidad, todas las variables demográficas, así como varios otros controles, se instrumentan usando sus valores rezagados (para todas las décadas, a excepción de la primera, el valor rezagado se define como el valor en la década anterior; en el caso de la primera, este valor se define como el del primer año)39.

Modelos macroeconómicos

En esta sección se describen en detalle los tres modelos de múltiples generaciones (MGM) que se utilizan en este capítulo40. En el cuadro 3.3 se resumen y comparan las características más importantes de cada modelo.

Cuadro 3.3.Características principales de los modelos de múltiples generaciones
CaracterísticaINGENUETosunMSG3
Número de países/bloques1624
Optimización intertemporal/generaciones superpuestas
ExpectativasRacionalRacionalRacional y empírica
Sectores113
Cohortes de edades4 de jóvenes 15 de adultos (incluidos ancianos)0 de jóvenes 1 de adultos 1 de ancianos1 de jóvenes 1 de adultos (incluidos ancianos)
Extensión del período (años)5301
La vida termina en fechaFija a los 60–94 añosFija a los 60 añosFija con probabilidad “p
RigidecesNoNo
Movilidad del capital
Movilidad de la mano de obraNoNo
Transferencias intergeneracionalesAdultos a jóvenes Adultos a ancianosAdultos a ancianosAdultos a jóvenes
Sector públicoSí (plan público de jubilación simple)Sí (articulado con plan público de jubilación)Sí (articulado sin plan público de jubilación)

Las regiones utilizadas en INGENUE son: 1) Europa occidental; 2) América del Norte: Australia, Canadá, Estados Unidos y Nueva Zelandia; 3) Japón; 4) países en desarrollo con envejecimiento rápido; 5) países en desarrollo con envejecimiento moderado, y 6) países en desarrollo con envejecimiento lento. Las regiones del modelo de Tosun abarcan un bloque de países avanzados y otro en desarrollo. Las regiones del MSG3 son: 1) Estados Unidos; 2) Japón; 3) otras economías de la OCDE, y 4) el resto del mundo.

Las regiones utilizadas en INGENUE son: 1) Europa occidental; 2) América del Norte: Australia, Canadá, Estados Unidos y Nueva Zelandia; 3) Japón; 4) países en desarrollo con envejecimiento rápido; 5) países en desarrollo con envejecimiento moderado, y 6) países en desarrollo con envejecimiento lento. Las regiones del modelo de Tosun abarcan un bloque de países avanzados y otro en desarrollo. Las regiones del MSG3 son: 1) Estados Unidos; 2) Japón; 3) otras economías de la OCDE, y 4) el resto del mundo.

El modelo INGENUE

Este modelo (equipo de INGENUE, 2001) es multirregional y mundial y sigue la idea de los que elaboraron Obstfeld y Rogoff (1996), en los cuales la estructura de cada economía regional es similar a la que se aplica a otros modelos de equilibrio general OLG como los de Auerbach y Kotlikoff (1987) o los de Cazes y otros (1992, 1994), con la excepción de que la oferta de mano de obra es exógena41.

El mundo está dividido en seis regiones, tres avanzadas (Europa, América del Norte y Japón) y tres en desarrollo que se ordenan según la etapa en que se encuentran en la transición demográfica (una zona “con envejecimiento rápido”, otra “con envejecimiento moderado” y una tercera “con envejecimiento lento”) (cuadro 3.4). Cada región del mundo abarca tres categorías de agentes económicos: los hogares, las empresas y el sector público, que se describen a continuación.

Cuadro 3.4.Modelo INGENUE: Países que integran cada zona demográfica
Nombre de la regiónPaíses de la región
Europa occidentalUnión Europea, Suiza, Noruega e Islandia.
América del Norte y OceaníaEstados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelandia
JapónJapón
Países en desarrollo: envejecimiento rápidoArmenia, Bahrein, Belarús, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, China, Chipre, Emiratos Árabes Unidos, Estonia, Federación de Rusia, Georgia, Hungría, Letonia, Lituania, Macao, Moldova, Polonia, Qatar, RAE de Hong Kong, Rep. de Corea, Rep. Dem. Popular de Corea, República Checa, República Eslovaca, Rumania, Singapur, Tailandia, Ucrania y Uruguay
Países en desarrollo: envejecimiento moderadoAlbania, Argentina, Azerbaiyán, Bahamas, Brasil, Brunei, Chile, Colombia, Dominica, Guyana, India, Indonesia, Israel, Jamaica, Kuwait, Líbano, Malasia, México, Panamá, Perú, Sri Lanka, Suriname, Trinidad y Tabago, Turquía, Vietnam y zona del Caribe
Países en desarrollo: envejecimiento lentoAfganistán, África, Arabia Saudita, Bangladesh, Bhután, Bolivia, Camboya, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Fiji, Filipinas, Guatemala, Haití, Honduras, Iraq, Jordania, Kazajstán, Melanesia, Micronesia, Mongolia, Myanmar, Nepal, Nicaragua, Omán, Pakistán, Papua Nueva Guinea, Paraguay, Polinesia, Rep. Dem. Popular Lao, Rep. del Yemen, Rep. Islámica del Irán, República Árabe Siria, República Kirguisa, Ribera Occidental y Gaza, Samoa, Tayikistán, Timor-Leste, Turkmenistán, Uzbekistán, Vanuatu y Venezuela

Hogares

En cada región, el sector de los hogares consta de 15 cohortes superpuestas de cinco años de adultos de edades 20–94 y cuatro cohortes de “jóvenes” que dependen de sus padres: se considera que son adultos cuando cumplen 20 años y se mantienen en la fuerza laboral hasta la edad de jubilación obligatoria estipulada por ley, que es distinta en cada región. La defunción se produce, con certeza, entre las edades de 60 y 94 años, pero está modelada en una forma que reproduce supuestos probabilísticos realistas correspondientes a las diversas regiones del mundo.

Se supone que los hogares proporcionan mano de obra, en forma inelástica y localmente, durante los primeros períodos de su vida adulta (juventud y madurez) y luego se jubilan. Además, los adultos jóvenes asumen los costos de la educación de los niños, que en el modelo se representa como un “impuesto” al consumo de los padres, proporcional al número de nacimientos. Los hogares maximizan la utilidad del ciclo de vida, con previsión perfecta: cuando trabajan, ahorran e invierten en participaciones en el capital de empresas de producción que se venden en un mercado de capitales mundial y unificado con el fin de financiar su consumo cuando estén jubilados, período en el que desahorran. No hay ninguna motivación de legado, de modo que al final de la vida de cada hogar, su ahorro acumulado es cero.

Empresas

En el modelo se supone que hay empresas idénticas ubicadas en distintas regiones del mundo, que son perfectamente competitivas, están equipadas con una tecnología de rendimiento constante Cobb-Douglas con dos factores (capital y trabajo) y producen un único bien que puede ser usado para consumo e inversión. En el modelo, este bien se usa como numerario y se comercia con libertad sin costo alguno en un mercado mundial. Este supuesto de un bien único comerciado sin costo en un mercado mundial implica que los tipos de cambio reales regionales son constantes y siempre iguales a uno. En el modelo, el capital también es perfectamente móvil y el mercado financiero mundial es perfecto, de modo que, a la larga, las tasas de interés regionales se igualan. Si bien se supone que la tecnología de producción es idéntica en todas las regiones, en la simulación se supone que hay una gran brecha inicial en el nivel de la productividad total de los factores entre las regiones, que a su vez es inducida por un proceso exógeno de crecimiento y convergencia. Se especifica un mecanismo de difusión internacional exógena del progreso tecnológico por el cual las distintas regiones del mundo van convergiendo con lentitud hacia el nivel de la productividad total de los factores de la economía norteamericana, el líder mundial en tecnología, de modo que a la larga todas las regiones crecen con la misma tasa.

Sector público

El sector público se reduce a un plan público de jubilación en régimen de reparto, que se financia con un impuesto a los sueldos y salarios sobre todo el ingreso laboral y paga pensiones a los hogares jubilados. La tasa de reemplazo del salario deducidos los impuestos es fija, y el impuesto sobre la nómina es endógeno con el fin de hacer cumplir la norma de un presupuesto balanceado. La calibración adoptada permite al modelo reproducir transferencias intergeneracionales regionales que son realistas.

Equilibrio

El equilibrio general de la economía mundial se resuelve igualando, en cada región, la demanda óptima de mano de obra que proviene de las empresas ubicadas en ella con la oferta de trabajo local exógena, y la suma de la oferta regional de ahorro con la suma de la demanda regional de inversión. Estas condiciones de equilibrio dan respectivamente las seis tasas de salario real regional y la tasa de interés real mundial, que a su vez determinan el PIB regional, el consumo agregado y el ahorro, así como su distribución entre las cohortes vivientes en las diversas regiones. En cualquier período dado, la diferencia entre los flujos de ahorro interno y de inversión interna en cualquiera de las seis regiones da la entrada o la salida de capitales que corresponde a cada región, en tanto que la relación entre el stock de riqueza acumulada de los hogares residentes y el stock de capital productivo acumulado en una determinada región, definida como el coeficiente de propiedad, mide su posición externa neta, es decir, los activos externos netos o la deuda externa neta.

Calibración

Las tasas de fecundidad y la esperanza de vida de los hogares del modelo se han fijado de modo de imitar las proyecciones demográficas de las Naciones Unidas del escenario de fecundidad mediana hasta 2050. Se obtiene la evolución de las poblaciones regionales con posterioridad a esa fecha determinando las tasas de reproducción de modo que la población sea estacionaria después de 2100. Los valores de los parámetros que rigen el comportamiento de los hogares y de las empresas, junto con los supuestos acerca de las tasas de crecimiento exógeno, el grado de convergencia tecnológica internacional y las tasas de aportes y reemplazo de los planes de jubilación de las varias regiones del mundo se basan en datos históricos para hacer corresponder lo mejor posible la dinámica observada de variables económicas fundamentales, principalmente los saldos en cuenta corriente y las tasas de interés.

El modelo MSG3

Este modelo comprende tres sectores—de energía, no de energía y de producción de capital—y es una versión del modelo G-cubed desarrollado por McKibbin y Wilcoxen (1998) ampliando el modelo anterior MSG2 de McKibbin y Sachs (1989) y el de Jorgenson y Wilcoxen (1990). El modelo divide el mundo en cuatro regiones: Estados Unidos, Japón, el resto de la OCDE y el resto del mundo (esencialmente, el bloque en desarrollo). Combina el enfoque moderno de optimización intertemporal para los modelos del comportamiento económico (como se encuentra en Blanchard y Fischer, 1989; y Obstfeld y Rogoff, 1996) con el comportamiento empírico de corto plazo y, al hacerlo, une las características de los modelos del ciclo económico real—con un análisis plenamente articulado de productores y consumidores prospectivos—y los modelos macroeconómicos modernos que describen los efectos de las contracciones de la demanda frente a la inflexibilidad de los salarios (y precios). Las características principales del modelo son las siguientes.

  • Demografía. El modelo comprende consideraciones demográficas, por ejemplo los agentes económicos del modelo tienen vidas finitas y su ingreso varía a medida que envejecen. Específicamente, utilizando mucho Faruqee (2000a, 2000b), quien amplió el modelo de Blanchard (1985) de agentes de vida finita para incluir consideraciones relativas al envejecimiento, en el MSG3 los agentes económicos pasan de ser niños financieramente dependientes a ser adultos financieramente responsables de sus propios hijos. La defunción ocurre con una probabilidad fija.
  • Optimización explícita. El modelo se basa en una optimización intertemporal explícita por los agentes (consumidores y empresas) en cada economía. Así pues, el tiempo y la dinámica tienen una importancia fundamental en el modelo MSG3, lo que hace que su estructura teórica básica sea como la de los modelos del ciclo económico real.
  • Agentes empíricos. Con el fin de seguir la dinámica inercial de algunas variables macroeconómicas fundamentales, se modifica el comportamiento de los agentes para permitir desviaciones breves del comportamiento óptimo, debido a una óptica miope o a restricciones en la capacidad de los hogares y de las empresas para endeudarse a la tasa de los bonos sin riesgo de la deuda del gobierno.
  • Limitaciones de pagos adelantados. Las tenencias de activos financieros, incluido el dinero, se modelan explícitamente. En concreto, el dinero se introduce en el modelo por medio de la restricción de que los hogares lo necesitan para adquirir bienes.
  • Rigideces nominales. El modelo permite la rigidez del salario nominal por plazos cortos (en diferentes grados en distintos países) y, por lo tanto, permite períodos prolongados de desempleo, dependiendo de las instituciones del mercado laboral de cada país.
  • Dos tipos de capital. El modelo establece una distinción entre la inflexibilidad del capital físico dentro de sectores y dentro de países y la flexibilidad del capital financiero que puede desplazarse de inmediato cuando la rentabilidad esperada es mayor. Esta distinción produce una diferencia entre la cantidad de capital físico que se dispone en cualquier momento para producir bienes y servicios y la valoración de ese capital como resultado de las decisiones relativas a la distribución geográfica del capital financiero.
  • Estimación/calibración. Se estiman los parámetros clave del modelo—como las elasticidades de sustitución en las decisiones de producción y consumo—incrementando su capacidad para reproducir la dinámica de los datos históricos.

En consecuencia, el modelo exhibe un rico comportamiento dinámico, impulsado por una parte por la acumulación de activos y, por la otra, por el ajuste de los salarios a un estado estable neoclásico. Los detalles del modelo pueden consultarse en Internet en www.gcubed.com.

El modelo OLG de dos regiones de Tosun con movilidad internacional de la mano de obra

Este modelo de dos períodos y dos países se apoya en el marco estándar de generaciones superpuestas y economía cerrada desarrollado por Diamond (1965). El modelo destaca la movilidad del capital o bien de la mano de obra, de acuerdo con los trabajos de Galor (1986, 1992) y Crettez, Michel y Vidal (1996, 1998). En la versión que se usa aquí, los dos países representan las regiones avanzadas y en desarrollo del mundo, cada una de ellas integrada por dos grupos de edades (trabajadores y jubilados). Las características de la población de cada país se calibran conforme a las proyecciones reales de las Naciones Unidas para el bloque avanzado y el bloque en desarrollo del mundo, de modo que los países avanzados envejecen con mayor rapidez que los que se encuentran en desarrollo. El modelo incorpora la interacción del comportamiento de los hogares, el comportamiento de las empresas, el proceso político y las corrientes internacionales de la mano de obra, que se describen más detenidamente a continuación.

Hogares

Las personas viven dos períodos (de 30 años) y durante su vida procuran maximizar la utilidad que derivan del consumo. Para pagar el consumo, los hogares proveen mano de obra de acuerdo con una distribución de capacidades que se repite en cada nueva generación. El trabajo efectivo es el producto del capital humano que se acumula a partir de la interacción del nivel de capacidad de la persona y el gasto del gobierno por joven en un bien público que aumenta la productividad, como la educación. El ingreso derivado tanto del trabajo como del capital está gravado para financiar el suministro de bienes públicos.

Empresas

Cada país produce un bien único, con una tecnología Cobb/Douglas. Los mercados de factores competitivos requieren que se igualen el salario real y la tasa de interés real al producto marginal del trabajo y el capital, respectivamente.

Proceso político

El gobierno proporciona dos bienes públicos: un bien que aumenta la productividad (educación) y la seguridad social. Se supone que hay un nivel “consignado” y determinado previamente de gasto en seguridad social. Entonces, el impuesto para la seguridad social es determinado, simplemente, por la restricción presupuestaria del gobierno en la que el gasto en seguridad social por trabajador es fijo. Sin embargo, el gasto en el bien público que aumenta la productividad se establece por medio de un proceso político para el cual se utiliza un marco de votante medio con heterogeneidad de votantes, que se introduce suponiendo una distribución de niveles de capacidad genética para la generación que trabaja. El nivel de capacidad de la persona determinará, a su vez, el valor del bien público que recibe el individuo.

La tasa tributaria preferida es creciente según el nivel de capacidad del individuo y el ingreso por trabajador y decreciente según la tasa del impuesto para la seguridad social. Puesto que los jubilados no derivan ningún beneficio de este bien público, incurren en un costo sin disfrutar de beneficio alguno. Por lo tanto, la tasa tributaria que preferirán siempre será cero, dejando de lado su capacidad. Al aumentar el coeficiente de dependencia, los jubilados necesitarán menos votantes que trabajen para lograr una mayoría. Dado que estos votantes que trabajan se encuentran en el extremo inferior de la distribución de capacidad, prefieren impuestos más bajos que las personas que tienen más capacidad porque es menor el rendimiento que obtienen del bien público que aumenta la productividad. En consecuencia, el votante medio se convierte en una persona con menor capacidad y baja la tasa tributaria preferida del votante medio. La migración de los trabajadores aumenta el número de votos de personas que trabajan, y el resultado es una tasa tributaria preferida más alta del votante medio y, en consecuencia, un mayor suministro del bien que aumenta la productividad. A su vez, esto apoya el ingreso laboral y el crecimiento en comparación con un escenario de envejecimiento en el que no hay migración.

Equilibrio

Si no hay movilidad del capital internacional, el equilibrio del mercado de capitales requiere que el ahorro de cada período sea igual al capital acumulado en el período siguiente. También se contemplan dos alternativas para cerrar el modelo dinámico. El capital tiene plena movilidad internacional (de modo que se igualan las tasas de rendimiento entre los distintos países) o bien la mano de obra tiene movilidad perfecta entre los dos países (de modo que se equiparan los salarios reales deducidos los impuestos de los países, dado que el modelo usa impuestos al ingreso basados en la fuente para ambos países).

En el caso de una movilidad perfecta de la mano de obra, se supone que solo se desplazan entre ambos países las personas en edad de trabajar y, además, que la migración no tiene efecto alguno en la distribución de la capacidad en ambas regiones; esto significa que, en ellas, la migración de los trabajadores afecta más al tamaño que la composición de la generación en edad de trabajar.

Referencias

    Abel, Andrew,2003, “The Effects of a Baby Boom on Stock Prices and Capital Accumulation in the Presence of Social Security”, Econometrica, vol. 71 (marzo), págs. 551–78.

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Nota: Los autores principales de este capítulo son Tim Callen, Nicoletta Batini y Nicola Spatafora, quienes contaron con el apoyo de los consultores Jean Chateau, Warwick McKibbin y Mehmet Tosun. Bennett Sutton se encargó de la investigación.

1

En este capítulo, la expresión países en desarrollo abarca los de mercados emergentes y a otros en diversas etapas de adelanto.

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En unos cuantos países de Europa, la transición comenzó mucho antes. Lee (2003) estima que en el noroeste de este continente la mortalidad comenzó a declinar aproximadamente en 1800. El crecimiento de la población de Estados Unidos y Canadá también se desaceleró en el siglo XIX.

3

Se estima que la fecundidad de reemplazo es, en los países avanzados, de 2,1 nacimientos por mujer y de 2,4 en los países en desarrollo. El nivel es de más de dos nacimientos en parte porque nacen más niños que niñas y, en parte, porque algunos niños no sobreviven hasta el final de la edad de reproducción.

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Las proyecciones examinadas en esta sección se refieren a la “variante media” de las Naciones Unidas (2003). El hecho de que la migración se convierta en una fuente de importancia cada vez mayor para el aumento de la población de los países avanzados se debe a que la tasa de aumento natural perderá velocidad o disminuirá. Según las proyecciones, el nivel de inmigración en las economías avanzadas será algo más bajo durante 2000–50 de lo que ha sido en años recientes.

5

Estas tasas de dependencia de los ancianos representan solo una aproximación de la necesidad de sustento que tendrá una población de edad avanzada. Hay quienes siguen trabajando después de haber cumplido los 65 años, mientras que no todos los integrantes del grupo de edades 15–64 están empleados, quizá todavía sean estudiantes, estén desempleados o no pertenezcan a la fuerza laboral. Además, en algunos países hay niños de menos de 15 años que tienen un empleo de tiempo completo. Es posible elaborar una medida de la dependencia económica que se ajuste en función de estos factores, pero es difícil calcularla, en especial en los países en desarrollo.

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Los resultados econométricos deben interpretarse con cierta precaución ya que las correlaciones históricas tal vez no reflejen causalidad. Concretamente, el análisis econométrico de temas demográficos está supeditado a problemas de endogeneidad y de variables omitidas. Por ejemplo, el ingreso en sí es un determinante importante de la fecundidad, la mortalidad y, por ende, de la estructura de edades de las poblaciones (Lee, 2003); esto puede introducir sesgos en los coeficientes estimados. El análisis procura minimizar estos problemas recurriendo a los instrumentos que se describen en el apéndice.

7

Véanse Kelley y Schmidt (2001); Bloom, Canning y Sevilla (2001); y Gómez y Hernández de Cos (2003). En cambio, los aumentos del tamaño relativo de la proporción de jóvenes o de ancianos tienen una asociación negativa con el crecimiento.

8

La asociación entre la disminución de la fecundidad y la mayor participación de la mujer en la fuerza laboral también afianza el impacto de la menor dependencia de los jóvenes—la relación entre los que tienen 0–14 años y la población en edad de trabajar—en el crecimiento per cápita.

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Con Meltzer (1992) comienzan las publicaciones modernas sobre las vinculaciones entre la mortalidad y el crecimiento. Entre otras publicaciones más recientes cabe mencionar a Zhang y otros (2003), Kalemli-Ozcan y otros (2000) y Kalemli-Ozcan (2002, 2003). Véase Acemoglu, Johnson y Robinson (2003), donde se adopta un punto de vista más escéptico.

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Entre los análisis teóricos y empíricos recientes de la vinculación entre el cambio demográfico y el ahorro figuran los de Faruqee (2002), Futagami y Nakajima (2001), Deaton y Paxson (2000), Loayza, Schmidt-Hebbel y Servén (2000), Disney (1996), Masson, Bayoumi y Samiei (1995), Malmberg (1994) y Horioka (1991).

12

Puesto que se estiman ecuaciones diferentes para el ahorro, la inversión y la cuenta corriente, la suma de los efectos de las variables demográficas en el ahorro y la inversión no da el efecto agregado en la cuenta corriente.

13

Feroli (2003) analiza lo ocurrido en los países industriales del Grupo de los Siete (G-7); Chinn y Prasad (2003), Higgins (1998) y Luhrmann (2003) proporcionan un panorama comparativo más amplio de los países.

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También realizaron estudios del efecto fiscal que tiene el envejecimiento de la población la Comisión Europea (2001), la OCDE (2001), el Grupo de los Diez (1998) y muchos países, entre ellos los de Australia (Australian Treasury, 2002), Estados Unidos (U.S. CBO, 2001) y Nueva Zelandia (Janssen, 2001). Entre otros estudios cabe mencionar los de Bohn (1999), Bryant (2004), el equipo de INGENUE (2001) y Heller (1997).

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El efecto del cambio demográfico en los fondos de pensiones se examina en la edición de septiembre de 2004 de Global Financial Stability Report.

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Este resultado no sugiere que el crecimiento per cápita real será 1/2 punto porcentual más bajo en 2050 que en 2000. Muchas de las demás variables que influyen en el crecimiento también experimentarán, en los próximos 50 años, variaciones que podrían neutralizar el efecto de los factores demográficos.

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El descenso de las tasas de fecundidad en el mundo en desarrollo también podría tener un efecto importante en la pobreza. Si bien la causalidad vale en ambos sentidos, una fecundidad alta incrementa la pobreza absoluta al reducir el crecimiento económico y modificar la distribución del consumo en perjuicio de los pobres, por ejemplo, precios de alimentos que suben y salarios que bajan (Eastwood y Lipton, 2001). Por lo tanto, si se concretan las proyecciones de las Naciones Unidas en cuanto a una pronunciada disminución de la fecundidad en los países menos adelantados, se facilitaría en estos países la lucha contra la pobreza.

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Las tres regiones de países en desarrollo de este modelo son las economías que se encuentran en una etapa bien avanzada de la transición demográfica, como China, Corea y Rusia (denominados “países en desarrollo con envejecimiento rápido”); las economías que se encuentran en una etapa anterior de la transición demográfica, como India y muchos países latinoamericanos (“países en desarrollo con envejecimiento moderado”); y, por último, esas economías que apenas comienzan o no han iniciado aún la transición demográfica, entre ellas casi todos los países africanos y Pakistán (“países en desarrollo con envejecimiento lento”).

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La disminución más moderada del crecimiento per cápita en Europa y en Japón frente a la de América del Norte y Oceanía en buena medida es consecuencia del supuesto adoptado en el modelo, a saber que los primeros cierran la brecha de su productividad con Estados Unidos durante el período que abarca la proyección.

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Incluso si no hay un sistema oficial de jubilación, habrá transferencias de los jóvenes para sustentar a las personas de más edad.

21

Cuando la población de las regiones con envejecimiento rápido se encuentra en la etapa en que más ahorra, puede invertir parte del ahorro adicional en regiones que tienen una fuerza laboral más grande y una tasa más alta de rendimiento del capital. Cuando esta población se jubila, dicho capital debería ser repatriado para financiar la pensión. Estos movimientos del capital cumplen un papel importante en el proceso de ajuste mundial porque permiten a los residentes de regiones que están envejeciendo con distintas velocidades tomar y dar en préstamo los unos a los otros y amortiguan el efecto de un cambio demográfico en comparación con lo ocurre en el caso de una economía cerrada. Véase en McKibbin y Nguyen (2004) una evaluación del efecto relativo del cambio demográfico en un modelo de economía cerrada y en otro de economía abierta.

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El modelo MSG3 está menos desagregado regionalmente que el INGENUE y no incorpora un sistema de seguridad social. Sin embargo, tiene sectores más avanzados tanto financiero como de producción. El modelo se describe en el apéndice 3.1.

23

Véase en el capítulo IV de la edición de abril de 2003 de Perspectivas de la economía mundial un examen de la reforma del mercado laboral en Europa. Para incrementar la participación de los ancianos, es probable que se necesiten también medidas para asegurar que tengan las aptitudes necesarias para trabajar y que no se los discrimine en el empleo.

24

Véase en Naciones Unidas (2000) un análisis detallado acerca de si la migración podría o no ayudar a neutralizar las poblaciones en disminución o que envejecen en los países avanzados.

25

La importancia que tiene la solidez de las instituciones para el crecimiento se examina en el capítulo III de la edición de abril de 2003 de Perspectivas de la economía mundial, y en la edición de septiembre de ese mismo año, y también en el capítulo III, se considera la viabilidad de la deuda pública en las economías de mercados emergentes.

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El envejecimiento de la población en sí podría afectar a la productividad aunque no hay consenso en publicaciones sobre economía acerca de la dirección que tendría este impacto. Según una corriente de investigación, es probable que el envejecimiento de la población sea perjudicial para el aumento de la productividad si una población económicamente activa de mayor edad resulta menos dinámica e innovadora que otra más joven (Jones, 2002; Romer, 1990). Otros, sin embargo, opinan que puede propiciarse el cambio tecnológico cuando se da una prima por innovación para compensar las repercusiones negativas de la escasez relativa de trabajadores (Cutler y otros, 1990).

27

En un análisis de Japón, Dekle (2003) encuentra que se reducirían mucho los movimientos de capital inducidos por el envejecimiento de la población si los gobiernos permitieran un gran aumento de la inmigración.

28

En algunos países, las consideraciones en cuanto a la seguridad nacional pueden llegar a cumplir una función de importancia creciente cuando se decide la política de inmigración.

29

La ventaja de estudiar la reforma jubilatoria con un modelo macroeconómico de varios países como INGENUE es que permite analizar sus efectos nacionales e internacionales, pero tiene el inconveniente de que los sistemas jubilatorios están estilizados y, en consecuencia, no incluyen todos los detalles institucionales específicos del país. Véase un análisis más detallado del efecto de la reforma jubilatoria en Europa en Rother, Catenaro y Schwab (2003). El caso de Estados Unidos se examina en Diamond y Orszag (2004) y Samwick (1998) y el de Japón en Faruqee y Mülheisen (2001). En la edición de septiembre de 2004 de Global Financial Stability Report se examina la reforma de los sistemas jubilatorios del sector privado en varios países avanzados.

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Esta respuesta, inducida por el modelo, no es segura. Puede que los hogares no ajusten su comportamiento en materia de ahorro frente a la reforma si, por ejemplo, creen que el Estado tendrá que asegurar en última instancia que tengan un nivel razonable de vida cuando se jubilen.

31

Esta aseveración depende de una serie de supuestos, incluso el de que los mayores de 50 años votan en su propio beneficio en lugar del de la sociedad, y que los porcentajes de votantes por edades se mantienen en el futuro iguales a los del pasado.

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En el modelo, los trabajadores se benefician directamente con el efecto de la educación en la productividad, de modo que tienden a votar por más impuestos y más gastos que los jubilados, quienes no reciben beneficio directo alguno del aumento de la productividad y del ingreso de los trabajadores. En consecuencia, como la migración modifica la proporción de personas en edad de trabajar, también altera la forma en que se vota, lo que produce cambios en el gasto público en bienes destinados al aumento de la productividad y puede tener efectos importantes en el crecimiento y en el bienestar.

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En la práctica, las corrientes migratorias reales parecen impulsadas por una diversidad de factores, no solo las diferencias salariales; véanse, entre otros, Greenwood (1985) y Carrington, Detragiache y Vishwanath (1996).

34

Por supuesto, es probable que la movilidad del capital y de la mano de obra marchen juntas. Pero considerar que son algo totalmente opuesto no solo facilita la determinación de los mecanismos que intervienen sino que también simplifica mucho la construcción del modelo.

35

Cardarelli y Ueda (2004) encuentran que la migración a Estados Unidos ha acrecentado en medida significativa el bienestar de varios países en desarrollo en los últimos años, cuando se toma en cuenta el ingreso producido por los nacionales que residen en el país y en Estados Unidos. Además, Ratha (2003) estima que las remesas de los trabajadores que van a los países en desarrollo son muy grandes y, en general, superan los montos de asistencia oficial para el desarrollo destinados a los países de bajo ingreso. Las remesas respaldan el crecimiento y representan una forma más estable de financiamiento que los flujos de capitales privados.

36

Véase en Borjas (1999, 2001) un análisis general del impacto de la inmigración en las economías avanzadas, en especial en Estados Unidos, incluidas las consecuencias para la distribución del ingreso.

37

Dichos países son: Albania, Alemania, Argelia, Argentina, Armenia, Australia, Austria, Azerbaiyán, Bangladesh, Barbados, Belarús, Bélgica, Benin, Bolivia, Botswana, Brasil, Bulgaria, Burkina Faso, Burundi, Camerún, Canadá, Chad, Chile, China, Chipre, Colombia, Congo, Rep. del, Congo, Rep. Dem. del, Corea, Costa Rica, Côte d’Ivoire, Croacia, Dinamarca, Ecuador, Egipto, El Salvador, Eslovenia, España, Estados Unidos, Etiopía, Filipinas, Finlandia, Francia, Gabón, Gambia, Georgia, Ghana, Grecia, Guatemala, Guinea-Bissau, Guyana, Haití, Honduras, Hungría, India, Indonesia, Irán, Rep. Islámica del, Irlanda, Israel, Italia, Jamaica, Japón, Jordania, Kenya, Madagascar, Malasia, Malawi, Malí, Marruecos, Mauricio, Mauritania, México, Moldova, Nepal, Nicaragua, Níger, Nigeria, Noruega, Nueva Zelandia, Países Bajos, Pakistán, Papua Nueva Guinea, Paraguay, Perú, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Árabe Siria, República Centroafricana, República Checa, República Dominicana, República Kirguisa, Rumania, Rusia, Rwanda, Senegal, Sierra Leona, Singapur, Sri Lanka, Sudáfrica, Suecia, Suiza, Tailandia, Togo, Trinidad y Tabago, Túnez, Turquía, Ucrania, Uganda, Uruguay, Venezuela, Vietnam, Yemen, Zambia, Zimbabwe.

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La población en edad de trabajar se define como el grupo de 15–64 años de edad inclusive; la población de mayor edad se define como el grupo que tiene 65 años de edad o más. Cuando se analizan los determinantes de la cuenta corriente, las variables demográficas de cada país se expresan como desviaciones del promedio mundial.

39

Específicamente, matrícula en la escuela secundaria; inversión/PIB; saldo presupuestario/PIB; tasa de inflación; comercio exterior/PIB y riesgo país.

40

Los modelos de múltiples generaciones fueron propuestos por primera vez por Samuelson (1958) y Diamond (1965). En su forma más pura de generaciones superpuestas (OLG) constituyen una innovación de la hipótesis de Ramsey del consumidor representativo con horizonte de vida infinito, introduciendo, en cada punto en el tiempo, a personas de distinta generación. Los trabajos de Blanchard (1985), Buiter (1988), Weil (1989) y, más recientemente, Faruqee (2000a, 2000b, 2003) sugieren alternativas simplificadas para los modelos OLG puros. Siguiendo la tradición de los OLG, entre las ampliaciones de múltiples países cabe mencionar los trabajos de Buiter (1981), Cutler y otros (1990), Attanasio y Violante (2000), el equipo de INGENUE (2001), Börsch-Supan, Ludwig y Winter (2003) y Fehr, Jokisch y Kotlikoff (2003). Faruqee, Laxton y Symanski (1997) y Bryant y McKibbin (2004) propusieron ampliaciones de múltiples países siguiendo la tradición de modelos de múltiples generaciones de Blanchard-Buiter-Weil.

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En la actualidad se está construyendo una versión nueva y más compleja del modelo INGENUE, con 10 regiones, mercados financieros imperfectos, dos sectores, proyecciones de población autónomas basadas en los métodos de coeficientes de las Naciones Unidas, esperanza de vida estocástica y motivos de legado.

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